Capítulo 18
"¡Excalibur! La Espada Legendaria"
El Fuego de la Casa de Libra está a punto de
extinguirse
Quedan 5:15 horas para la muerte de Atenea
Cumbre del Santuario del Sol y la Luna
Irritado, el Señor de los Vientos no cabía en su enojo en aquel Santuario que no conocía la noche, pues la presencia de Apolo bastaba para otorgar a sus dominios un eterno día soleado. El orgulloso dios no dejaba de sentir rencor ante el maltrato que recibía de aquel soberbio y arrogante hijo de Zeus, que había delegado todo su poder sobre la Tierra en manos de aquella "mujer", por encima no sólo de sus fieles heraldos, sino de su propia hermana que era a su vez una diosa del Olimpo.
Levantando la mirada mostró una sonrisa de satisfacción, al ver a uno de los rebeldes justo enfrente. Touma de Ícaro lo encaraba sin dudas, haciendo destellar su cosmos electrificante, no tardó mucho la deidad en percatarse de la presencia de aquella muchacha hermana de Pegaso, pero prefiero fingir no darse por enterado, unas indomables ganas de pelea recorrieron su cuerpo y su armadura, tan reluciente que pareciera no haber recibido ni el picotazo de un mosquito en milenios, mas bien sabía él las humillaciones que su pulcra kamei había sufrido, y ya era hora de recuperar el honor.
Touma: Te conozco, tú atacaste el hospital junto a los dioses cardinales, eres el dios del viento, Eolo.
Eolo: Así es, vaya, de modo que uno de los herejes ha escapado de un doloroso futuro de esclavitud, me complace, en verdad me complace.
Touma: ¿De qué hablas? - preguntó con agresividad, apuntando los relámpagos púrpuras de su aura alrededor del arrogante dios, que daba la impresión de tener toda la situación controlada -
Eolo: Hum, no sabéis nada, y el ver esa mirada altiva llena de vida, me hace suponer que no fuisteis presa de la maldición de Dagón. ¿Acaso esa curandera supo también salvar a la pelirroja? Sí, no pongáis esa cara ángel del Olimpo, sé bien que la hermana de Pegaso se encuentra escondida.
Touma: Esto es entre tú yo. ¡Ella no tiene nada que ver!
Eolo: ¿Hasta tal punto ha llegado vuestra soberbia Ícaro? ¿Sois en verdad capaz de blasfemar de ese modo a un ser divino, al siquiera pensar que podéis enfrentarme solo?
Touma: Nada es imposible... Eso lo aprendí de Pegaso y sus compañeros, no me amedrentarás ni harás dudar pues tan solo he de elevar mi cosmos hasta el infinito para enfrentarte, heraldo de Apolo.
El dios entornó una mirada de odio, rencor, y deseos de venganza y desquite, descargaría en ese guerrero todos sus males, pronto todo el aire empezó a agitarse, formando un tornado alrededor de Eolo, no dejando ni la silueta del poderoso señor del viento a la vista, sin dudar, Touma se lanzó a por su enemigo, sabedor de que si no lo vencía pronto, otros podían venir y la batalla se complicaría.
Cargando todas sus fuerzas en un ataque, el valiente guerrero pensó haber localizado a su enemigo, pero nada más rozar el tornado que cubría al dios empezó a resentir todo el poder de éste, aunque trataba de acercarse a Eolo cientos de vientos cortantes lo bloqueaban y rasgaban su ya de por si apaleada armadura, las glorias que portaban los ángeles olímpicos tenían una dureza envidiable incluso para el orichalcum, pero aún así no eran indestructibles.
Pronto, un fuerte golpe de viento lo empujó cientos de metros atrás, su cuerpo ardía, como si acabara de ser cremado vivo, pero su rostro estaba recubierto de escarcha, contrariado, Touma decidió contraatacar, pero una especie de polvo amarillento lo había paralizado por completo, una brisa helada empezó a cubrirlo sin llegar a congelarlo, pero verdaderamente sentía que sus órganos vitales iban a dejar de funcionar, sin querer una tos empezó a hacerse presente, mostró una mueca burlesca, acababa de coger un resfriado.
Sabedor de que si seguía así, moriría sin mover un solo pelo, el ángel de la libertad decidió escapar usando su cosmos electrificante, lo hizo de forma lateral sólo para percatarse que la brisa estaba concentrada en una línea medianamente recta, Touma sonrió, sólo debía alejarse de aquella fuerza paralizadora y buscar un punto flaco en la defensa del dios.
No tardó en empezar a dar vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj, como si las fuerzas de Eolo fueran la aguja grande que lo estaba persiguiendo, por muy rápido que corriera, el dios no dejaba de tenerlo vigilado por lo que urdió una nueva estrategia, en vez de moverse en círculos empezó a hacerlo en espiral, acercándose cada vez más a su enemigo, quien no se dio cuenta del plan de Ícaro hasta que fue demasiado tarde, pues cuando ya estaba lo suficientemente cerca del tornado, Touma descargó su aura en forma de relámpagos y saltó, saltó lo más que pudo, impulsado por los feroces vientos del tornado, sobrevoló el poderoso ken rápidamente como si de un cohete se tratara, hasta cruzar la primera capa de la atmósfera, si no fuera por su cosmos, haría muchísimo tiempo que estaría ya muerto, despedazado y cruzando la entrada del Hades, sin embargo su condición de ángel no lo haría inmune a aquella situación, ni a un inexplicable calo sofocante, así que, mediante unas maniobras inhumanas logró meterse dentro del tornado, la velocidad de la caída hizo que su cuerpo resintiera fuertes quemaduras pero ahora eso no importaba, pronto se encontró con el dios.
La sorpresa del hermano de Marin fue mayúscula al toparse con que Eolo lo miraba sonriente, preparando en sus manos cuatro esferas de distintos colores que giraban a velocidad moderada, no pasó mucho tiempo para que resintiera como un amalgama de vientos del Norte, Sur, Este y Oeste cubría todo su ser, cortando con fiereza su armadura hasta hacerla pedazos, con deleite Eolo provocó la furia de los vientos, lo que junto al tornado, el cosmos electrificante de Touma y la caída de éste hicieron que empezara a sentir una presión aterradora en su cuerpo, como si todo el universo estuviera en su contra, aplastando no sólo a él sino el espacio que cubría, el ángel soltó un grito ahogado antes de caer al piso, la atmósfera recobró su calma y Eolo relamía sus labios, saboreando la gloria de la victoria.
Eolo: Hum, que patético que, una vez recuperado, tengáis que volver de nuevo a ser curado. Ahorraré las molestias a la curandera y os mandaré directamente al Hades, que es lo que habéis estado desando desde el momento en que os levantasteis de la cama para intentar escapar.
Touma: Agh... No trataba de escapar... Mi intención era... Acabar con.. Apolo... - decía con respiración agitada, poco antes de vomitar sangre, pronto empezó a sentir como el aire le faltaba -
Eolo: Moriréis por falta de oxígeno, ángel traidor , no me mancharé las manos con una escoria como vos.
El rostro del dios del viento mostró signos de sorpresa al ver frente a frente a la hermana de Pegaso, Seika lo encaraba con la valentía que siempre había caracterizado a su hermano menor mas no su cosmos, aún sin tener posibilidades de vencer no iba a permitir que aquel ser maligno acabara con Touma después de que él la hubo ayudado.
Eolo: Como moscas a la luz, hermana del caballero Pegaso. ¿En verdad creéis tener alguna posibilidad en mi contra?
Sin hacer esfuerzo en contestarle al arrogante dios del viento, la valiente Seika trató de golpearle, pues pese a no haber recibido entrenamiento de amazona, a su mente venían vistazos de artes marciales, con lo que trató de golpear el pecho de Eolo, éste, divertido, permitió que lo hiciera, y mostró una siniestra sonrisa ante el nudillo sangrante de la chica pelirroja.
- Veo con pesar que ya habéis empezado a desobedecer las órdenes de tu señor, vuestra misión es la de destruir al dios hereje Poseidón, y ahora os veo maltratando a una humana que ni siquiera posee dotes cósmicas.
Las palabras de la guerrera astral de Gaia calaron hondo en el orgullo de Eolo, quien volteó a tal velocidad que una corriente arrojó al suelo a la muchacha de pelo rojizo, su rostro mostraba cierto enojo, mas como dios que era debía guardar la compostura, ante él estaban Proteo y la hija de Palas, así como la diosa de la Luna quien no hizo el menor esfuerzo por esconder su furia.
Artemisa: ¡Explícitamente dejé claro que nadie debía atacar a Ícaro! ¿Qué excusa tenéis para haber desobedecido una orden mía heraldo?
Eolo: Tan solo hice respetar la ley del Febo, este hereje trataba de incordiar a mi Señor con su minúsculo cosmos, escapó del centro donde permitimos que se recuperase y su manera de agradecérnoslo es atacando a vuestro hermano. ¿Acaso sobreponéis la seguridad de este vil mortal por encima del gran Apolo, uno de los Doce del Olimpo? - inquirió, satisfecho en sus adentros con la reacción dubitativa que tuvo la diosa de la caza -
Dafne: Si es así, yo misma como comandante de los caballeros astrales resolveré este problema, mas vos no podéis perder el tiempo, la prioridad es la eliminación inmediata de Poseidón, Proteo, Bía y una heraldo más os acompañarán.
Eolo: ¿Más? ¿Acaso existen más heraldos a las órdenes del Febo? - preguntó con cierta sorpresa, tratando de recordar quien podría ser esa diosa, en cuanto Dafne asintió el nombre de la misteriosa aliada llegó a su mente como un relámpago - ¡Selene!
Dafne: Selene, la verdadera diosa de la luna, hermana de Helios, el Sol, e hija del titán Hiperión, su poder es inconmensurable aún para un heraldo.
Salón de los Dioses, Antiguo Templo de Atenea
Para un santo dorado como Baal de Capricornio, cuya vida estuvo siempre consagrada al Santuario y a la diosa Atenea, el hecho de estar siendo vapuleado por el que consideraba un ser infame le resultaba por demás deshonroso, tanto que le removía las entrañas hasta hacerlo casi vomitar, pero no tenía tiempo siquiera para pensar en ello, pues los puños de Orestes eran más veloces que la misma luz, e incluso brillaban como si fueran estrellas hasta el punto de resultarle doloroso mirarlos.
Con suma dificultad se alejó de su enemigo, respirando agitadamente y con todos sus músculos tensos, realmente detestaba la lucha cuerpo a cuerpo, pues él siempre fue un hombre débil desde su nacimiento, con pesar recordó su pasado, el de un hombre débil en una época que se debatía entre lo antiguo y lo nuevo, recordaba los maltratos de su padre, un capataz borracho que trataba mejor a sus esclavos que a él. Por un momento pareciera que el santo dorado iba a caer rendido en aquel estado de sufrimiento, pero el recordar su pasado le hizo pensar de algún modo en el día en que fue recibido en el Santuario, el día en que conoció a aquella mujer.
Baal: ¡Bastardo! ¡Tú mataste a mi maestra! ¡No moriré hasta que pidas perdón de rodillas! - aseguró en su contraataque, que no parecía ser muy efectivo pues Orestes mantenía una calma absoluta -
Orestes: Cuan infantil llega a ser tu reclamo. ¿Acaso no os habéis percatado que esto es una guerra? En las guerras, aquellos que luchan se enfrentan de inmediato a la posibilidad de morir, vuestra maestra murió combatiendo... ¿Me culpáis de haber querido sobrevivir?
Baal lanzó un insulto lleno de odio y rencor al tiempo que golpeaba con un puñetazo el rostro del caballero de la Corona Boreal, de sus labios corrió un chorro de sangre pero no mermó la determinación y frialdad de su rostro, quien inmediatamente giró para mirar fijamente al impulsivo Capricornio, un ken de luz golpeó con rudeza la parte de su estómago que cubría su armadura, y tal fue el impacto que arrojó contra las paredes del recinto al santo dorado quien contraatacó de inmediato con sus poderes mentales, pero el coronis pudo esquivarlo con una fugaz maniobra que le permitió atacar el costado de su enemigo, quien resintió el golpe a toda potencia de modo que no pudo responder.
Baal: No caeré con esas... pequeñeces... ¡Malditos sean aquellos que atentan contra los dioses!
De pronto Orestes sintió como si una fuerza invisible lo aprisionaba, detectó la misma esencia cristalina de las técnicas lemurianas de defensa, así como un cierto olor a polvo de estrellas, sin embargo era como si aquel ken lo estuviera presionando desde todas partes, como si en principio tuviera la forma exacta de su cuerpo y estuviera reduciendo el tamaño.
Baal: Usaré todo el poder de mi mente, pues la sangre de la honorable raza de Lemuria corre por mis venas, sentirás como la verdadera fuerza de los paladines del cielo acaba con tu ya de por sí blasfema presencia. - decía elevando su cosmos más allá del Séptimo Sentido, provocando que los huesos de Orestes empezaran a crujir, mas por la presión de su propia armadura que la de la fuerza del muviano -
Orestes: Tanta palabrería para tan poca acción, no sois más que un... perro ladrador... ¡Argh!
Baal: ¡Calla perro! Sí, el único perro de esta sala, eres tú, un mugriento perro salvaje que es capaz de morder la mano que le da de comer... ¡Tú mataste a tu madre!
De pronto y ante la total sorpresa del santo de Capricornio, Orestes esbozó una sonrisa siniestra, macabra, al tiempo que una fuerza mental muy superior a la de el antiguo caballero ateniense se erguía por encima de todo, una tormenta invisible de fuerzas psíquicas dominó el ambiente, y era casi imposible distinguir ilusiones de la realidad.
Orestes: Vos cometisteis un pecado de igual envergadura... Baal de Capricornio... Matasteis a tu padre... Le fracturaste el cuello... ¿No somos iguales entonces vos y yo?
Baal: ¡No... No digas estupideces! ¡No creas que tus mentiras te salvarán del Infierno!
Orestes: Él te odiaba... Vos lo odiabais a él... De modo que en cuanto el Santuario os localizó como portador del cosmo de un santo dorado... Ya era demasiado tarde... Habíais matado a vuestro padre en un ataque de rabia... Escorpio no dijo nada...
Baal: ¡Calla! ¡CALLA! ¡¡CALLATE!! - gritaba descargando toda su ira sobre el coronis, quien parecía estar diciendo una verdad que le dolí más que nada -
Orestes: Hum, yo no odiaba a mi madre... Pero admiraba a mi padre por encima de todo... Era mi ideal... En verdad fueron los mismos dioses quienes me dieron esa misión... Dioses que luego me dieron la espalda... ¿Me arrepiento? No podría responder, lo hecho, hecho está, no se puede arreglar el pasado.
Baal: ¡Tonterías! ¡No eres más que un hereje que debe ser ajusticiado! ¡Te aplastaré a ti y a tus mentiras! Caballero de la Corona Boreal... ¡Prepárate!
De nuevo, la tempestad psíquica volvió a tomar un equilibrio de fuerzas pero aún así, realmente las fuerzas mentales habían tomado forma y derruían lo que quedaba de la sala, las estatuas de los dioses, de fino mármol, oro y piedras preciosas desaparecían como si ni siquiera hubieran existido, los rostros de ambos contendientes estaban empapados de sudor tratando de encajar un golpe mortal que acabara la batalla a su favor, pero prácticamente era imposible moverse, como si el infierno invisible desatado hubiera aumentado la gravedad mil veces, de pronto, Orestes sintió el puño de Baal encajarse en su abdomen, sintiendo que, sin fuera por su armadura, aquello lo hubiera inhabilitado por meses.
Baal: Soy... Más fuerte que tú... ¡Maldito blasfemo!
Orestes carraspeó, tensó la mandíbula pues aquel golpe hizo que perdiera por segundos la concentración, provocando que el aire empezara a faltarle por un intento de Capricornio por ahorcarle, debía hacer lo que mejor sabía hacer, concentras su cosmos y desatar el poder del Sol, no pasó mucho antes que el santo de oro se percatara de aquella energía fulgente concentrada en una sola mano, nuevamente Baal aumentó sus fuerzas, sin hacer caso a las consecuencias que ocultaba con gran maestría, su cuerpo no era tan resistente a las batallas como podía serlo el de cualquier otro santo de oro, por eso legaba todas sus fuerzas al combate mental, pero el rivalizar con alguien como Orestes, que poseía un gran equilibrio entre cuerpo, espíritu y mente, lo había debilitado sobremanera, más teniendo en cuenta lo difícil que había sido crear la pasada ilusión y el daño psicológico que el coronis provocó previamente a su adversario, el rostro autoritario de su padre se formó ante él, insultándolo, acusándolo de débil y cobarde, unas lágrimas de rabia y desesperación fueron base de un torreón de fuerza en forma de muro invisible, que enseguida fue roto por un fugaz "Resplandor Solar"
Casa de Virgo, Antiguo Templo de Atenea
La presentación del santo de Cáncer no hizo trastabillar la determinación de los caballeros, sin embargo, mientras Shiryu tomó una posición reflexiva, Seiya atacó inmediatamente de forma impulsiva con sus meteoros, a pesar de las advertencias del Dragón.
Otelo: ¿Qué son estas cosquillas que siento? ¿Quizás ahora imagino mosquitos? - decía con ironía sin siquiera esquivar los meteoros, que no hicieron mella en su armadura -
Seiya: ¡No es posible! Mis meteoros no le han hecho efecto... - comentó sorprendido -
Otelo: ¿En verdad pensáis, caballero, que esos pobres meteoros pueden siquiera enturbiar la tranquilidad de un DIOS? - dijo con soberbia, estallando su cosmos dorado que lanzó al santo escaleras abajo, acabando su dolorosa caída con fuertes dolores por todo el cuerpo, más por el "ataque" que por la caída - Sois patéticos, caballeros de bronce.
Shiryu: Dime una cosa... - dijo sin más, a lo que el santo de Cáncer dio más pasos hacia delante, al parecer escuchando - ¿Cómo es que llevas una kamei de oro? Cuando nuestros Ropajes Sagrados despertaron su esencia divina gracias a la sangre de Atenea, el propio dios Hipnos aseguró haber visto tal proeza sólo una vez, y que nuestras kamei son de la misma endereza que la de los mismos dioses del Olimpo.
Con actitud burlesca, Otelo aplaudió, como si hubiera visto una obra de teatro, el caballero de Pegaso, ahora recubierto con la armadura de Sagitario, se repuso de su anterior caída listo para encarar a su enemigo, mas esta vez esperó a que aquel misterioso caballero respondiera.
Otelo: Eso es una larga historia... ¿Quizás no sea mejor verlo por ustedes mismos?
Nuevamente, los santos fueron alejados de la realidad ante una serie de imágenes que entraban a sus mentes de forma rápida, visual y clara, como si estuvieran dentro de aquella época del pasado.
Atlantis, Capital de la Atlántida
Era del Mito
La diosa Atenea, que había bajado a la Tierra por petición de su padre, había logrado, frente a su hermano Ares y su tío Poseidón, el favor de los, ahora llamados, atenienses, pudo más un olivo que una fuente del agua más pura, y pudo más la grandeza de la sabiduría y la razón que la locura belicosa del Señor de la Guerra.
Sin embargo, Poseidón no estuvo dispuesto a aceptar la decisión de aquellos mortales, a los que consideraba seres inferiores que debían adorarle y obedecerle, aún siendo el Emperador de los Océanos, una gran parte del mundo había caído en manos de una diosa a su parecer demasiado inepta para tal tarea, de tal modo que quiso impedirlo ofreciendo a los humanos la gracia de los océanos, sin embargo, éstos habían aceptado por encima de sus regalos la ofrenda de Atenea: Un olivo.
Furioso, el Señor de los Mares creó un ejército, con los minerales más raros y valiosos de aquel mundo, de tal dureza que sólo los alquimistas atlántides podían manipular, los más poderosos ejércitos hicieron lo imposible por defender las tierras atenienses, pero de nada valió la valía de aquellos campeones, cultivados por la batalla y la experiencia.
Con deleite Poseidón ya saboreaba su victoria, pero Atenea, en su firme creencia en la voluntad de la raza humana, y en lo que aquella fuerza era capaz de lograr, dio la vuelta a los acontecimientos, con el apoyo de la raza de los Mu, también llamados lemurianos o habitantes de Tao, pudo crear armaduras, tan resistentes como las escamas del inmenso ejército marino de Poseidón, éstas corazas, llamadas Ropajes, tenían el don de ser herederas de las estrellas, pues cada una de ellas representaba una constelación del cielo, el cielo en que gobernaba su padre, el padre de todos los dioses: Zeus.
Sin embargo nació un problema, todos los héroes, valientes campeones de gran fuerza y destreza en combate, habían perecido, su ejército fue diezmado hacía ya varios años, lo que apagaba en parte las esperanzas de enfrentar a la fuerza indomable que eran Poseidón y sus guerreros, pero una luz surgió de la mano de un joven, prácticamente un niño de sólo 12 años, pero cuya valentía se comparaba a todos aquellos guerreros que en el pasado dieron la vida por su diosa, aquel niño no sólo se convirtió en el primer caballero, ni tampoco es su único mérito haber sido escogido por la armadura de oro de Libra, forjada en el mismísimo Monte Etna, su verdadero valor estuvo en lo que inspiró en otros 88 jóvenes... La Leyenda surgió: Los Santos de Atenea habían surgido.
La guerra fue cruel, más cruel que cualquiera que el hombre hasta ahora había provocado, por lo que Atenea, siempre más seguidora de la paz que de la guerra, exigió al poderoso Poseidón que cesara aquella locura. Obtuvo por respuesta el envío de sus Siete Generales, la elite del Ejército de la Atlántida, que destruyó la orden en casi su totalidad.
Furiosa, la diosa ya no pudo compadecer más a Poseidón, y aún sabiendo que sería una batalla difícil, fue a la misma capital del Imperio de Poseidón, surgido de entre los mares como la civilización más esplendorosa, dividida en parte de Lemuria por acantilados, cordilleras y un gran río. Los Doce de Atenea, como desde ahora serían llamados, brillaron como el mismo sol, pues representaban a los Doce Signos del Zodiaco, las constelaciones que danzaban al son del Astro Rey, las más resistentes armaduras de la Orden, y los más poderosos santos también, cuyo infinito poder atemorizó a los hasta ahora invencibles generales de la Marina.
La batalla fue intensa, pero no duró más de unas horas, y así los santos de oro se disponían a destruir Atlantis para siempre, relegando a Poseidón a su reino, que desde tiempos inmemoriales había sido el profundo Océano.
El hijo de Cronos miraba con arrogancia a los santos de oro, legendarios aún apenas días después de su nombramiento como tales, miró también la firme mirada de su sobrina, altiva, soberbia como para retar a los dioses por defensa de los mortales, su único deseo ahora era ver doblegado ese orgullo, ver a aquella hermosa y a la vez altiva diosa arrodillada a sus pies, hundida, en medio de un cementerio de sus adorados santos.
Sobraban las palabras, los dos dioses miembros del Gran Consejo del Olimpo y que ostentaban cargos de emperadores de dos porciones del mundo no llenarían el silencio con palabras necias por demás innecesarias, Poseidón simplemente apuntó al contingente de santos con su afamado tridente, heredado de los milenarios cíclopes, al tiempo que Atenea, con la bendición de su fiel compañera Niké, hizo una seña que provocó el ascenso de los Doce Cosmos, los santos de oro brillaron como el Astro Rey sin llegar a amedrentar al poderoso emperador, quien de su cosmos expulsa una serie de relámpagos que hacen desaparecer todo lo que tocan.
La mirada fría de Poseidón deja sin palabras a la joven diosa olímpica, quien siente estar frente a un ser sin sentimientos, cuyos propósitos sólo podrían estar encaminados a la destrucción y al mal, aún sabiendo eso, la hija de Metis duda un momento, mas el ver como todo el cosmos del dios se concentraba en las tres puntas filosas del arma celestial, Atenea ordena lo inevitable.
Un carnero dorado, un toro, dos gemelos, un gigantesco cangrejo, un furioso león, una mujer, la balanza de la justicia, un escorpión de aguijón carmesí, un centauro, una cabra, un cántaro de aguas infinitas y un par de peces son lo último que el Emperador de Atlantis puede llegar a ver, las inconmensurables fuerzas de los Doce unidos, forman un cosmos abrasador como una estrella estallando en forma de súpernova, su escama cuartea al igual que su piel, el espectáculo de ver a un dios morir fue ignorado por los valientes santos de Atenea, cuyo único propósito era el de salvaguardar la paz del mundo y finalizar una guerra sin sentido, la mirada, siempre imperturbable, del dios se torna violenta y hace intento de acabar con aquella que ahora veía su caída, lanzó con odio inusitado su tridente pero el cosmos de los Doce junto al de la hija de Zeus hace que la alabarda se dirija a su portador, la sangre divina escurre como un torrente a presión, manchando las armaduras de oro, las doce.
Casa de Virgo, Antiguo Templo de Atenea
Otelo: La sangre de Poseidón, némesis de la Diosa desde tiempos anteriores a las guerras santas, manchó las doce armaduras del zodiaco, al tiempo que les otorgaba un poder demasiado grande, por tanto, Atenea selló las doce armaduras kamei en el Monte Etna.
El relato dejó anonados a ambos caballeros, quienes habían sido testigos de grandes revelaciones del pasado, ya Shiryu no tenía dudas, la divinidad de aquella armadura de oro era la divinidad del mismo Poseidón.
Shiryu: Una armadura manchada por la sangre de otro dios... ¿No te avergüenzas de usar un arma que fue sentenciada por tu Señora?
Otelo: ¿Mi... Señora? - repitió con tono burlesco para acabar en una desquiciante carcajada, el Dragón mostró signos de rabia por su enemigo - ¡Nosotros sólo obedecemos las órdenes del Gran Maestro! ¿Qué puede una diosa antigua en contra de la IV Dinastía?
Seiya: ¡La IV Dinastía! - repitió anonado -
Otelo: Sí... Esta armadura fue corrompida... ¿Eso tratas de decirme Dragón? Sí... Por algo las "Doce" recibieron el título de Oro Impío... - decía para sí, ignorando por momentos al caballero Pegaso - Necios, es estúpido pensar en el Bien y el Mal... ¡No existe tan estúpida división! ¡No importa de donde ni como sea el poder que obtengas! ¡Lo único que existe es el poder... Y aquellas personas demasiado débiles para obtenerlo... Sólo recibirán LA MUERTE!
Sin esperar, el caballero dorado mostró su aterrador poder corriendo cual bala, por momentos, el santo de Dragón sintió que su velocidad sobrepasaba a la de la luz. Como si sus manos fueran cuchillas, Otelo atacó a ambos caballeros de forma que ni siquiera pudieron defenderse, mucho menos atacar, sin embargo, Shiryu decidió valerse de su cosmos para paralizar a su enemigo, aun teniendo que aguantar sus ataques, así, el Dragón Naciente surcó el aire hasta llegar a la mandíbula del santo de Cáncer, enorme resultó la sorpresa de Seiya, quien ya preparaba su ataque, al ver como, tras muchos tropezones en las escaleras, aquel ser recuperó el equilibrio, Shiryu calló de rodillas, expulsando algo de sangre.
Otelo: Si eso es todo lo que sabéis hacer.. - murmuraba mirando por el costado a Seiya, girándose lentamente y adoptando una curiosa postura en la que sus manos parecían espadas - Creo que es mi turno... ¡La Danza... De Espadas de Heracles!
El caballero de Pegaso no supo responder al asedio, aquel hombre había hecho de sus brazos dos filosas katanas que atacaban de forma aleatoria sin seguir ningún orden, Pegaso hizo uso de la dureza de la armadura de oro para bloquear los embistes pero bastaba un mal movimiento para que las "espadas" le desollaran el cuello, por precaución, Seiya se alejó y tocó los puntos de su constelación, sin percatarse de cómo Otelo se acercaba por su espalda, divina fue su suerte pues el esquivar un terrible ken evitó que acabara como la ya de por sí derruida Casa de Virgo, de la que ya nada quedaba.
Seiya: ¿Cómo..?
Otelo: ¿Cómo he podido hacer eso? Es sencillo... Espera te enseñaré.
El fiel santo de Atenea maldijo su ingenuidad al pensar por un segundo que de verdad hablaba en serio, pues de nuevo aquel ken destructor, que lanzaba con uno sólo de sus dedos, estuvo a punto de acabar con su vida al rozar su armadura, dejando increíblemente rastro de quemadura que enseguida estalló.
Otelo: No sólo soy experto en técnicas cortantes... ¡El estallido atómico es mi especialidad!
Seiya: ¿¡Qué..!?
Antes de poder decir algo más Seiya tuvo que esquivar aquella serie de ataques que producían destrozos allá donde chocaran, cansado Seiya se dispuso a atacar rápidamente, pero pronto sintió un agudo dolor en el estómago, exaltado, vio que éste no cesaba de sangrar y que todo el trozo de la armadura que le cubría esa parte había sido destrozada de inmediato, sin ninguna dificultad.
Seiya: "Maldición... Destruye la inmutable armadura de oro como si fuera papel... Siento que no podré resistir un nuevo ataque... ¡Pero debo hacerlo! ¡Debo hacerlo por...!" - ¡¡¡SAORI!!!
Con todo el poder de su cosmos un Pegaso y un Centauro se unen para formar un destello divino de aire dorado, cual cometa Seiya choca contra el rostro de aquel siniestro personaje poniendo todas sus fuerzas en ese ataque, sin embargo al chocar contra la máscara blancuzca que lo cubría notó algo que lo dejó atónito, no había hecho mella en su enemigo, ni siquiera un rasguño, lo único que había provocado aquel ataque era que empezara a salir sangre de sus nudillos, cubriendo la máscara del santo de Cáncer dándole un aspecto por demás macabro, segundos después de emitir lo que parecía ser una ligera risa, Seiya fue golpeado nuevamente hasta chocar justo donde antes debía estar el templo de Virgo, esta vez sin daños en la armadura, pero con un dolor que sobrepasaba cualquiera que hubiera sentido en anteriores batallas, aquel ser simplemente lograba hacer estallar los átomos con un roce de su ken, no importaba la dureza, ni aún siendo el más resistente metal podría salir bien parado de esa técnica tan mortífera.
Pero Cáncer no sabía con quien se enfrentaba, y eso era fácilmente apreciado por su regocijo ante lo que parecía ser una victoria, no, ni siquiera el mayor de los poderes podría detener a alguien como Seiya, que mientras tuviera una sola gota de su sangre haría estallar su cosmos más allá del infinito y nada lo detendría, menos cuando lo que debía proteger, era lo más importante para él.
Otelo: ¡Impensable! Ese hombre se está levantando después de recibir tres veces mi ataque más temido, es... ¡Inconcebible! ¡Pero no podrás soportar otro más! - aseguró con malicia, apuntando al caballero que a duras penas podía mantenerse en pie pero que no dejaba mermar su determinación - ¡Muere Pegaso!
Un ken atravesó algo nuevo, no era ningún trozo de la dorada armadura de Sagitario, ni el cuerpo de su actual portador, el ataque había sido detenido por el escudo más resistente del mundo.
Seiya: Shi... Shiryu..
Shiryu: Seiya, olvida a este ser abominable capaz de traicionar a sus propios ideales, nuestra misión es muy clara, debemos sacar la espada sagrada de este lugar y no debemos permitir por ningún motivo que las fuerzas del mal se apoderen de un poder semejante al de los dioses. ¡Seiya! ¡Tú eres el caballero más fiel a Atenea y eres merecedor de ese poder!
La determinación en las palabras de su compañero hicieron mella en el santo de Pegaso, quien hizo acopio de todas sus fuerzas para subir la escalinata a Libra, Cáncer no hizo nada para detenerlo, incluso prácticamente lo invitó a pasar con cortesía, extrañado, el portador del Ropaje Sagrado de Sagitario cruzó la zona neblinosa, dejando a Shiryu y Otelo cara a cara en medio de la nada más absoluta.
Shiryu: Ahora sólo estamos tú y yo... Sentirás el peso de la justicia sobre tus hombros...
Otelo: Hum, una kamei, eso nos iguala... Nada menos que la armadura del Dragón... Je, que estúpido de tu parte mostrar tu escudo...
El santo ciego mostró señal de desconcierto hasta que sintió como su escudo, el más resistente del mundo y de cuya dureza se ha hablado desde hacía milenios, se deshacía como si nada, esto no hizo retroceder la voluntad del valeroso dragón, sino que provocó un aumento enorme de su cosmos, al tiempo que aparecía en su espalda la seña absoluta de su poder.
Cinturón de Hipólita, Santuario del Sol y la Luna
Habían sido muchas sus batallas pese a no poseer un gran poder como el de los santos divinos de Atenea, pero jamás se habían sentido en una situación parecida, cientos de flechas aparecían por todos lados y aunque Spartan hacía lo imposible por bloquearlas no podía con todas, si no fuera por sus reflejos aquel grupo de valientes ya hubiera caído frente al asedio.
No podían contar ¿cómo hacerlo? Apenas si podían quedarse una fracción de segundo en la misma zona, por increíble que pareciera todas las saetas eran reales y poseían un cosmos propio, era algo verdaderamente inhumano que sólo Shaina comprendía, como guerrera al servicio de la diosa Atenea conocía bien la leyenda de las amazonas.
Grupos de mujeres, normalmente consagradas a la diosa Artemisa o a Su Majestad Hera, alejadas de los hombres a los que sólo usaban como objetos para no extinguirse, pues los repudiaban, el hecho de que aquel asedio fuera por flechas indicaba a la santa de Ofiuco que se encontraban en la mira de las legendarias: "Cazadoras de Selene", un grupo de elite entre las amazonas más poderosas que obedecía sólo órdenes directas de la diosa de la Luna y la Caza.
Por un momento Geki, quien ni se retuvo a pensar quienes eran sus atacantes, sintió la presencia de alguien desconocido, de modo que no tardó en lanzar un puñetazo que fue bloqueado por alguien, una mujer, mas no una cazadora.
Geki: ¡Eres la sirena Tetis! - exclamó con sorpresa -
Tan pronto como la rubia sirena asintió esta apartó al Oso y paró las flechas con su cosmos, una hermosa melodía paró las saetas, era Sorrento de Sirena, general marino al servicio de Poseidón, quien se encontraba junto a Isaac de Kraken, después de todo, eran los únicos supervivientes de una macabra masacre.
Shaina: ¡Sorrento! ¡Isaac! - gritó Shaina -
Sorrento: No hay tiempo para explicaciones... Debemos marcharnos o si no...
- O si no, qué.
Todos voltearon hacia aquella voz, poderosa, llena de una fuerza sólo propia de alguien que era el líder del grupo, ante ellos se mostró una de las legendarias cazadoras, provocando en el fondo una sensación de respeto en el corazón de Shaina, que sin embargo sabía que ella era su enemiga.
Tras de ella habían otras tres, pero se denotaba quien era la que las comandaba. Aquella mujer tenía el rostro tapado por una especie de casco del mismo color ónice que su armadura, que era casi idéntica a la de los ángeles, su rostro no era del todo rudo pero tampoco indicaba el mayor atisbo de feminidad, eso junto a su mirada firme y decidida le daban el aspecto de una guerrera formidable.
Spartan: Buscamos la Esfera Urano... - empezó a decir ante la mirada reprobatoria de Geki y Shaina - Si siguen interponiéndose en nuestro camino lo pagarán con sus vidas - aseguró con excesiva arrogancia -
- Hombres... Se creen los dueños del mundo. - murmuró con rencor, al tiempo que se percataba del poderío mental de aquel santo de plata - Necios, este lugar esta desde ahora consagrado a la diosa Artemisa, ningún hombre puede ni debe pisar este lugar.
Shaina: Como amazona que soy eso lo comprendo bastante bien.. - respondió de inmediato, captando la atención de la comandante de aquel pequeño grupo - Sin embargo, debemos ir a la Esfera de Urano y enfrentar a su guardián... Es vital para nosotros alcanzar al caballero de Venus y conseguir la Mano de Dios para salvar a la princesa Atenea.
La carcajada de aquella mujer hizo desconcertar a muchos, y preocupar a algunos como Sorrento e Isaac, quienes sintieron que aquella mujer mostraba signos de haber escuchado el mejor de los chistes, enseguida paró para mirar de forma arrogante a la amazona.
- Por los dioses, nunca he escuchado tanta soberbia en alguien, siquiera en un hombre. ¿Habláis de enfrentar a la guerrera astral de Urano... La Reina de las Amazonas? ¿La legendaria Titania de las Mil Espadas?
Por las palabras de aquella amazona, Shaina presintió que el poder de aquella guerra debía ser enorme como para ser tratada de Reina de las Amazonas, la santa de Ofiuco recordó que ese título solía corresponder más a una campeona de Hera, y que muy pocas mujeres lo habían alcanzado, siendo Hipólita la primera.
Sorrento: Sean cuales sean los obstáculos nosotros los pasaremos pues nada nos detendrá en nuestra misión. - dijo con auténtica firmeza -
- Necios. Ifigenia, ocúpate de esos generales marinos. Ethel, elimina a los santos. Brianna, acaba con la sirena.
Tras asentir, las tres cazadoras se abalanzaron sobre sus objetivos. La llamada Ifigenia de largos cabellos castaños ondulados tenía un casco con forma de liebre, pronto Sorrento e Isaac se percataron de que otras características de tal animal poseía, pues con su tremenda velocidad pudo noquear al Kraken en pocos movimientos para luego inteligentemente arrebatarle la flauta a Sorrento, éste, sorprendido, quiso recuperar su preciado instrumento pero antes sintió la furia de la amazona en forma de patadas giratorias en el aire.
Spartan trató de bloquear con sus poderes psíquicos a Ethel, pero no tardó en descubrir que ésta lo superaba con creces, un dolor punzante en el cerebro del santo de la Brújula producido por la intensa mirada de aquella cazadora de piel amarillenta y cabellera negra azabache, hizo que el orgulloso caballero de orejas puntiagudas cayera rendido de rodillas, tapándose los oídos como si estuviera oyendo el peor de los chirridos.
Pese a la desconfianza que le producía el ex-asesino de Saga, Geki no podía permitir que fueran derrotados, por lo que de inmediato lanzó un puñetazo contra el rostro de Ethel, que estaba cubierto por un casco sin adornos, el Osos quedó en blanco al ver como, ni aún usando una velocidad varias veces superior al sonido, pudo ser más rápido que la mente de su enemiga, quien lo mantenía estático por encima del suelo, lentamente la joven giró la cabeza, el choque de miradas propició que el gigantesco cuerpo del caballero de bronce fuera empujado por un ataque psíquico de aterradora intensidad.
La sirena no pasó desapercibido las rápidas derrotas de sus compañeros, aún teniendo a su vez que esquivar a la rápida Brianna, aquella amazona daba la impresión de ser la más peligrosa de todas, con aquella piel bronceada y esa armadura de colores vivos, rojizos como el fuego, sin duda representaba a un ave, un ave de fuego puro.
Tetis pensó por momentos que aquella cazadora no conocía el suelo, prácticamente volaba con sus ataques aéreos gracias a sus dos dagas llameantes, la sirena no lograba encontrar como contraatacar, y pronto sintió una quemadura en su hombro izquierdo, la cuchillada cruzó parte de su cuerpo y un ligero corte en su cuello la hizo caer inconsciente.
La comandante estaba tranquila, con los brazos cruzados, mirando a Shaina fijamente, sin duda aquella amazona sólo quería humillar a la santa de Ofiuco con la derrota de sus "camaradas", sin embargo aquella guerrera divina no conocía hasta donde podía llegar la mujer de cabellos verdes.
Cual trueno furioso la amazona atacó a la comandante con sus garras, quien tenía ciertas dificultades para igualar su velocidad, bajo la frialdad de su máscara de plata la santa ateniense sonrió para sí, pues había despertado su Séptimo Sentido y ya nadie podría detenerla, el asedio se hizo eterno hasta que las fuerzas de Ethel la apresaron en el aire, Ifigenia atacó a traición y la noqueó.
Brianna: Ha sido injusto, la batalla era entre esa amazona, y la comandante Atalanta.
Ifigenia: No se debe escatimar medios para lograr nuestro objetivo, esta mujer ha manchado el honor de este lugar trayendo a esos despreciables hombres. - respondió altanera, pues los adornos que la armadura de Brianna indicaban un rango superior -
Atalanta: Siempre tan liberal Ifigenia, recuerda que debes respetar el rango que ostenta aquella que desciende de la inigualable Hipólita, y que por sus venas corre la sangre de Heracles. - Brianna miró molesta a su comandante, detestaba que le recordaran su árbol genealógico y menos que la trataran como algo superior, por esa razón rechazó ser reina o comandante, aún así su destreza la hacía ser respetada -
Brianna: Ahorre esas palabras comandante. Tan sólo detesto tener compañeras que no respetan el honor de un combate singular.
Tras retirarse del lugar, Atalanta dio señas para que Ethel transportara a sus recientes prisioneros, la reina Titania había ordenado que ella se hiciera cargo y eso pensaba hacer, haría que aquellos guerreros se arrepintieran de haber osado pisar SU TERRITORIO.
Casa de Libra, Antiguo Templo de Atenea
Llevaba tiempo observándola, pero no podía dejar de hacerlo, clavada sobre un altar, posiblemente de orichalcum, con doce símbolos alrededor que eran los signos del zodiaco, estaba la legendaria espada de Urano, el poder absoluto en forma de arma, no era orichalcum, tampoco gammanium o adamantium , no era ningún metal conocido en el cielo, mar o tierra, pues su creación se compara al albor de los tiempos, Excalibur es la luz que disipó las tinieblas del caos, la que destronó al Rey Oscuro y dio origen a la I Dinastía, el reinado de Urano.
Una sensación extraña recorrió la mente del santo de Pegaso, en sus jóvenes hombros empezó a imponerse el peso del poder, un poder que a su vez conllevaba cientos de miles de almas segadas por aquella espada de empuñadura dorada en forma de serpiente, más bien de dragón.
El santo negó con la cabeza, aquella sensación de deseo de poder se desvaneció con la imagen de la diosa a la que había entregado todo su ser, el pensar en ella le trajo el recuerdo de su cosmos cálido, que le dio fuerzas para soportar lo que venía.
Tocar la empuñadura desató una fuerza aterradora, todas las almas en pena caídas por la legendaria Excalibur, el joven santo defensor de la justicia empezó a decaer al sentir una gran cantidad de recuerdos, era terrible lo que el arma sagrada había hecho, mortal protagonista de la Filiomaquia, no hubo hombre, dios o lemuriano que no sucumbiera ante su energía, la energía espectral empezó a acorralarle, como si aquellos fantasmas del pasado quisieran llevárselo al infierno, pero la voluntad del Pegaso era gigantesca y cubría todo el dolor que la espada descargaba sobre él.
Sudaba copiosamente, sus músculos estaban tan tensos que cualquiera le recomendaría unos meses de reposo, en aquel momento en sólo pensar en Atenea y en su deseo por salvarla hizo que la espada reaccionara, una luminosa energía llena de vida arrastró lejos a los espectros y reparó su armadura, sintió como el sagrado Ropaje de Sagitario volvía a obtener su majestuosidad, para de pronto desaparecer en medio de polvo de estrellas, una explosión de luz hizo desaparecer todo el lugar.
Templo de Virgo
Shiryu: ¡¡¡SEIYA!!! - exclamó sintiendo como su mejor amigo era abrasado por el infinito poder de la espada sagrada -
Otelo: ¡Oh por los dioses! Es mejor que no os desconcentréis caballero del Dragón. - advirtió sádico mientras asediaba al santo con su danza macabra -
Templo de Libra
La luz desapareció, dando paso a un guerrero, no, a un dios pues eso llegó a parecer el santo de Pegaso, quien de nuevo veía la legendaria kamei proteger su cuerpo, pero era incluso más majestuosa, con una serie de adornos que le daban un aspecto divino.
La espada empezó a separarse del altar que la había sostenido durante tantos siglos, desatando de nuevo su fuerza cósmica mas sin la brutalidad de los espectros, un nuevo poder había sido desatado, y todo el universo lo sentiría.
Templo de Virgo
Preocupado por su compañero de armas el Dragón había caído presa de la técnica cortante de Cáncer, que pese a su armadura había dejado heridas por ciertas partes que habían quedado descubiertas por el otro ken de Otelo, sin embargo, no estaba dispuesto a rendirse y lucharía hasta el final, sin dudarlo, concentró su cosmos al máximo para realizar su más poderosa técnica.
Shiryu: Da igual cuan herido esté mi cuerpo, pues mi espíritu resistirá hasta que cese mi existencia, ahora caballero de Cáncer sentirás todo el poder del... ¡Dragón Imperial del Monte Rozan!
Un destello dorado surgió, mas no pasó nada, el ataque fue detenido al tiempo que el peto de la armadura de dragón por la parte cercana al legendario puño invencible era destruido, un agudo dolor obligó al santo a dejarse caer sobre el suelo, agotado.
Otelo: Al fin y al cabo resultó un combate muy divertido... - comentó con burla mientras se acercaba a su oponente - Creo que debo compensaros con una muerte rápida... No seáis necio... - advirtió viendo como de nuevo Shiryu se levantaba -
Shiryu: No me rendiré... Mientras me quede... ¡Agh! Una gota de sangre... Lucharé con todo mi cosmos...
Otelo: Idiota, no importa que vuestra armadura sea una kamei indestructible, tan sólo tengo que lanzar mi ataque, y todos los átomos que la conforman estallarán, provocando la lógica destrucción de tu Ropaje Sagrado.
El Dragón dejó escapar varios hilos gruesos de sangre por la boca y por la nariz, realmente ese ken era terrible, como si el poder de un dios estuviera dentro de aquel asesino, con mucha dificultad quiso tratar de nuevo de lanzar su técnica, pero algo se lo impidió.
Tras su máscara blancuzca Otelo contrajo su misterioso rostro, le extrañó que el Dragón parara su ataque y pronto se le salió de la cabeza que aquello fuera porque se había dado cuenta de su error, con precaución miró de reojo hacia atrás para toparse con algo que parecía haber esperado ver.
Shiryu: No... No puede... Ser... ¿Eres tú... Seiya? - preguntó atónito, pues sentía un enorme cosmos rodeando a Seiya, que no sólo parecía venir del interior sino que también del exterior lo que extrañó al Dragón -
Otelo: Al fin... Después de tantos siglos un nuevo portador ha sacado la espada... ¿Acaso vais a auto-nombraros Rey de Gran Bretaña? - bromeó sarcásticamente, a lo que fue respondido por una haz de luz proveniente del arma sagrada, que hizo estallar el suelo que hacía apenas unos segundos estaba pisando - La leyenda era cierta... El Maestro estará...
No pudo seguir hablando el santo de Cáncer pues cientos de energías luminosas empezaron a llenar el lugar, una de ellas alcanzó al Dragón restableciendo su armadura en su totalidad ante su sorpresa, pero las fuerzas que seguían a Cáncer no eran tan saludables, pero Otelo no parecía tener miedo, era como un científico viendo un gran descubrimiento, cada vez que aquel poder estallaba reafirmaba todo lo que había escuchado y se regocijaba en aquellos 250 años de encierro, había valido la pena el sacrificio pues pronto recibiría los mayores honores.
Seiya mostraba cierto desconcierto, él siquiera había empezado a atacar pero la espada actuaba sola, o eso era lo que él creía, en realidad Excalibur predecía todo lo que su portador pensaba hacer incluso aquello que sólo imaginaba pues normalmente sería imposible, aquello podía ser una ventaja, o un verdadero peligro.
Pese a todo el santo no dudó en blandir el arma, conocedor de su potencial al tener en su mente cada muerte causada por ella, un corte horizontal formó una onda expansiva de proporciones titánicas que dividió la realidad en dos, Otelo quien casi recibió aquel golpe fue atrapado por un agujero negro que se cerró al instante.
Seiya: Increíble... ¡Shiryu! ¡Debemos salir de aquí o la Nada nos consumirá!
El Dragón no hizo preguntas, sólo se limitó a seguir a su compañero y amigo, acababa de ser testigo de un poder que lo dejó atónito y mudo, siempre fue testigo del poder de la espada a través de su espíritu, legado del caballero dorado Shura, pero lo que había presenciado en aquella dimensión sobrepasaba todas sus expectativas.
Al entrar por aquella brecha causada por Excalibur, efectivamente la Nada lo consumió todo, pues ya no había presencia en ese inhóspito lugar, ni siquiera las almas errantes de... Los bersekers de Ares.
Cumbre del Delirio, Riscos de la Locura
Caronte y su hermana observan impasibles a Kanon con su armadura del géminis intacta pero con muchas heridas y rostro magullado, el orgulloso guerrero no para de sangrar pero su determinación es inquebrantable.
Nuevamente trató, como durante todo aquel tiempo atacar a su enemigo, un puño a la velocidad de la luz fue esquivado por el caballero astral de la Oscuridad con relativa facilidad, la respuesta fue un rápido ataque de brillo carmesí pero Kanon bloqueó con el antebrazo y respondió con un gancho en la mandíbula, para luego soltar un poderoso ken en su costado que no le produjo ningún dolor al siniestro guerrero gracias a su inmutable alba.
La garras escarlata de Caronte trataron de desollar al santo de oro, pero ambos se vieron atrapados pues sus manos chocaron, ninguno parecía querer ceder y el choque cósmico distorsionó la realidad, contrariado, Kanon intentó hacer estallar la Explosión de Galaxias a costa de su vida pero un rápido movimiento del monstruoso guerrero de Apolo lo tiró contra el suelo.
Caronte: Es inútil que lo intentes caballero, jamás permitiré que un santo de oro me derrote. ¡Que las Fuerzas del Tártaro te devoren!
Una tormenta de energía oscura cubrió por completo al caballero dorado, quien pese a sus esfuerzos sintió desfallecerse, como si su alma se hubiera congelado y hubiera perdido toda esperanza, sus ojos perdieron completamente su brillo y su cabello adoptó un color grisáceo, carente de colorido, viendo su obra, el caballero astral de Plutón cesó su asedio.
Caronte: Se acabaron los preliminares. - dijo con una sonrisa macabra mientras un brillo de luz púrpura surgía entre sus manos - Etowashi... Espada de tinieblas... - un sable posiblemente sacado del infierno de desquiciante filo preparado para causar el mayor dolor se formó, el siniestro guerrero lo zarandeó en el aire mirando a la inconsciente Atenea -
- ¿Piensas matar a una diosa? - preguntó la imperturbable guerrera de Urano -
Caronte: ¿Matar? ¿Yo? - decía cínico - Tan sólo voy a hacer lo que estos herejes tanto alardean querer hacer... ¡Justicia!
Salón de los Dioses, Antiguo Templo de Atenea
Seiya y Shiryu se reúnen con Orestes, asombrados de su vigor, el caballero de la Corona Boreal había vencido a su contrincante con mucho esfuerzo, en la cintura de Pegaso, se puede ver una hermosa espada de dorada empuñadura.
Con pesar por la muerte de Arles, un ante todo fiel santo de la diosa Atenea, pero a la vez con la firme intención de cumplir su último deseo: "Caballeros pretejed a Atenea" , los dos santos salieron de inmediato del salón, donde yacía el cuerpo calcinado de Baal de Capricornio, quien nunca llegó a arrepentirse de sus actos.
Notas del Autor:
Sí, adamantium, según una vertiente de la mitología ese era el material con el que estaba constituido el Megas Drepanon, la hoz con la que Cronos castró a su padre (que normalmente se considera de pedernal).
No, no es Saurón del Señor de los Anillos, tampoco Darth Vader (Ese era Señor Oscuro o Lord Sith). Llamo Rey Oscuro a uno de los dioses protógonos, Erebo, la mitología no tiene una visión clara en esa dinastía, pues a veces es hijo de Caos y Nyx, otras hermano de Nyx. En cualquier caso según esta historia fue quien gobernaba el universo caótico primigenio, y que fue derrotado por Urano (Primera Dinastía)
Otro capítulo "corto", en el que al fin parece que muchas batallas están preparadas, tanto el Santuario como Asgard son ahora una zona muy peligrosa, como una casa llena de gas en la que está a punto de encenderse una mecha, al mismo tiempo que un oscuro complot parece suscitarse y que todo el mundo quiere matar a Apolo. Quizás muchos hayan visto extrañados que use el término muviano en vez de lemuriano, simplemente lo uso como sinónimo ya que en el Hipermito el continente de donde "supuestamente" provienen Mu, Shion y Kiki, es llamado Mu. Si tienen cualquier duda no duden en consultarla a donde siempre: lordomegawanadoo.es
