CAPÍTULO 15
- Ey Huesos, ¿cómo te sientes?
Eran ya las 8.30 pasadas cuando por fin se fueron los médicos y enfermeras de la habitación y dejaron a Temperance con sus compañeros.
- Todo lo bien que se puede estar después de haber salido en un coma producido por una gran pérdida del volumen sanguíneo, o lo que es lo mismo, una hipovolemia severa – les respondió, ya su voz no era ronca.
- Vuelve a ser la misma de siempre – dijo Hodgins riendo al ver la cara de Booth tras la explicación tan médica de Temperance.
- Sí, no hay duda – dijo éste sonriendo.
- ¿Y tú cómo estás? – le preguntó Brennan.
- Tranquila, sobreviviré. Sólo fue una pequeña heridita de nada en la espalda – dijo enseñándole el apósito que se la cubría -. Hace falta mucho más para acabar conmigo – dijo provocándole una sonrisa.
- ¿Te has puesto colonia? – le preguntó tras percibir el aroma.
- Sí – admitió él.
- ¿Por qué? – preguntó extrañada.
- Bueno… - titubeó un poco – Oye Huesos, los hombres también podemos ser coquetos, no sólo vosotras.
- Cam, ¿se sabe algo ya de quién nos atacó? – preguntó Temperance cambiando de tema al notar a su compañero un poco incómodo tras aquella pregunta.
- Aún no, pero tranquila, lo cogeremos.
- Booth, ¿y qué pasa con el caso? Estábamos a punto de resolverlo.
- Escúchame Huesos, – dijo tomándole una mano – eso es lo menos que importa ahora, ¿de acuerdo? Lo importante es que tú te pongas bien, el caso puede esperar.
- Booth tiene razón, cielo – afirmó Ángela.
- Está bien – finalmente se resignó.
Tras pasar toda la mañana acompañándoles, finalmente el equipo de 'mirones' regresó por la tarde al trabajo. Ángela les prometió que volvería por la noche y se quedaría con ellos, pero ambos insistieron en que no era necesario, ahora ya ninguno estaba solo, se hacían compañía el uno al otro. Además, no tenían de que temer, el FBI todavía mantenía a un agente haciendo guardia a la entrada de la habitación y algunos más repartidos por la planta.
- Vamos Huesos, deja ya todos esos libros, estás enferma – dijo Booth después de que su compañera se hubiese pasado toda la tarde leyendo libros y más libros de ciencia que le había llevado Zack.
- No estoy enferma Booth, estoy convaleciente, es diferente.
- Vale Huesos, lo que tú digas, pero estás en el hospital, deberías relajarte y descansar.
- Leer me relaja, ¿a ti no?
- Sí, pero no leer libros como estos llenos de palabras incomprensibles – dijo mientras cogía uno de los tantos que tenía Temperance sobre su cama –. Tienes que aprender a desconectar del trabajo, Huesos, y creo que ya sé la manera.
- ¿Qué manera? ¿A qué te refieres?
- Primero fuera todos estos libros – dijo quitándoselos todos de la cama incluso el que tenía ella en las manos.
- ¡Booth!
- Huesos te voy a mostrar el mejor invento del ser humano: la televisión – dijo señalándole la que había en el centro de la habitación, sobre una especie de soporte que colgaba del techo.
- Te equivocas, ese no es el mejor invento del hombre, los mejores inventos de la humanidad son la rueda, la imprenta, la pólvora, la bombilla, la tabla periódica de los elementos, la fabricación y conservación de alimentos basada en biotecnología empírica, el espectrómetro de masas…
- Hey hey, ¿quieres parar ya? – la interrumpió – Vale, hay inventos más importantes que la tele, pero te aseguro que cuando la veas cambiarás de opinión. Venga Huesos, sólo por un día compórtate como una persona normal, ¿quieres? – y sin darle tiempo a réplica Booth encendió el aparato con el mando a distancia.
- Tienes suerte de que aún no pueda levantarme de la cama… - murmuró Brennan.
Booth volvió a su cama y tras acomodarse comenzó a hacer un poco de zapping con el mando a distancia.
- Veamos que están poniendo… ¡Qué bien, un partido de la NBA! Genial, hoy juegan los Lakers contra Memphis.
- Oye, ¿y por qué tenemos que ver lo que tú digas? Yo no quiero ver baloncesto – protestó Temperance.
- Está bien, ¿qué quieres ver tú?
- No sé, cambia de canal a ver qué más están poniendo.
Booth hizo zapping una vez más.
- Déjalo ahí – dijo Temperance cuando vio un documental sobre las momias mayas.
- ¿Estás de broma? ¡No pienso ver un documental de momias!
- ¿Ah sí? Pues yo tampoco quiero ver un partido de baloncesto – protestó ella con un tono de voz más alto para tratar de imponerse ante él.
- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó enfadada una enfermera que entró tras escuchar desde afuera el alboroto, y los dos se quedaron en silencio – Están en un hospital, no pueden estar gritando como niños, molestan a los demás pacientes. Además, ¿se han dado cuenta de la hora que es? ¡Son las 10 de la noche!
- Lo siento – dijeron al unísono, avergonzados.
- Como les vuelva a oír gritando cambiaré a uno de los dos de habitación – les advirtió y se fue todavía enfadada.
- ¿Has visto lo que has conseguido? – dijo Brennan susurrando.
- ¿Yo? Eres tú la que ha comenzado a discutir – dijo él también hablando bajo.
- Yo no he discutido, solamente te he dicho que no estaba de acuerdo con lo que has puesto en la tele.
- ¿Sabes? Eres tú la que no querías ver la televisión, así que no tienes derecho a elegir el canal – los 'susurros' cada vez eran más altos.
- Está bien, haz lo que te de la gana – gruñó Brennan enfadada y con cuidado se giró en la cama hasta darle la espalda a Booth. Al hacerlo le dolió un poco la herida, pero su orgullo no se le permitió emitir quejido alguno.
- Sí, eso es precisamente lo que haré – dijo él también cabreado y volvió a poner el baloncesto.
Tras unos minutos Booth no soportaba más aquel tenso silencio que se había impuesto entre los dos tras aquella discusión. Ya un poco más calmado, tomó consciencia de lo que había pasado, y se sintió un completo estúpido. Se había comportado como un completo idiota peleando con Temperance. Hacía poco más de un día que había estado a punto de perderla para siempre, estaba herida y su estado aún era delicado y sólo a él se le ocurría discutir con ella a pesar de todo eso. Booth no pudo evitar sentirse muy mal y decidió pedirle perdón a su compañera.
- Escucha Huesos, lo siento, no debí haberme puesto así contigo, lo siento mucho.
Booth se quedó esperando alguna respuesta por parte de su compañera, pero no obtuvo ninguna.
- Huesos, al menos podrías decir algo, me estoy disculpando – seguía sin recibir contestación - ¿Huesos?
Booth se levantó de su cama y se acercó a la de su compañera y vio que ésta se había estaba durmiendo, acurrucada como un bebé.
- Buenas noches, Huesos – le susurró al oído y le dio un beso en la mejilla.
Tras quedarse unos segundos mirándola ensimismado, susurró:
- Eres tan hermosa…
Aquellas palabras que escaparon de su boca le sorprendieron incluso a sí mismo.
- ¿Qué te pasa Booth? – pensó en su interior – Es tu compañera – se dijo intentando desconectar.
A continuación cerró la ventana, pues empezaba a hacer frío, apagó la tele y volvió a su cama.
