CAPÍTULO 16
Tras dar algunas vueltas hasta encontrar una postura cómoda en aquella cama de hospital, Booth finalmente se quedó dormido. No obstante, al cabo de unas horas se despertó al escuchar la voz de su compañero. Giró la cabeza hacia la derecha y la vio allí, en su cama, agitando la cabeza hacia un lado y otro, respirando agitadamente mientras hablaba angustiada.
- Booth sácame de aquí por favor
- Booth se levantó de su cama, se dirigió a la de Temperance y se sentó a un lado. Suavemente sujetó a su compañera por los hombros.
- Temperance, despierta – le decía -. Es sólo una pesadilla.
Tras repetirlo un par de veces más ésta se despertó, muy sobresaltada, y se abrazó a Booth con fuerza, sollozando.
- Tranquila Huesos, sólo estabas soñando.
- Oh Booth ha sido horrible. Estaba otra vez en aquel coche bajo tierra, y ya no me quedaba más oxígeno.
- Sólo fue un mal sueño Temperance, quédate tranquila, yo estoy aquí contigo, no te va a pasar nada – dijo mientras seguía estrechándola entre sus brazos -. Oye siento haberme comportado así antes, Huesos. Fui un egoísta, lo siento mucho.
- No pasa nada – dijo separándose de él después de darse cuenta que el abrazo ya se estaba alargando más tiempo de lo "correcto" entre dos compañeros.
Tras quedarse unos minutos más hablando decidieron intentar dormir de nuevo, pues todavía faltaba mucho para que amaneciese, y no tardaron mucho en lograrlo.
Una semana más tarde Brennan recibió el alta hospitalaria, cuatro días después de que se la dieran a su compañero. Pese a ello Booth no la dejó sola, e iba a visitarla todos los días durante varias horas, al igual que el equipo del Jeffersonian.
Booth se ofreció a llevarla a su casa y ella aceptó.
Un celador apareció en la puerta de la habitación con una silla de ruedas para llevar en ella a Temperance hasta la salida, pero ésta se negó en rotundo.
- No pienso ir en silla de ruedas, estoy bien, puedo caminar – protestó ella.
- Huesos no seas cabezota, todavía estás convaleciente, y además hay que caminar bastante hasta llegar a la salida.
- Cielo, Booth tiene razón, y el médico te ha dicho que no puedes hacer mucho esfuerzo durante los próximos 15 días.
- Ese médico es un exagerado – refunfuñó.
- Bueno, basta ya de quejas – dijo Booth -. Si no te sientas en esa silla por las buenas lo harás por las malas – fue hacia Brennan y la cogió en brazos ante la atónita mirada de Ángela y el celador.
- ¡Booth! – gritó Temperance.
Booth la llevó hasta la silla de ruedas y la sentó con cuidado.
- Y no te atrevas a levantarte de ahí – dijo con un tono algo amenazante.
Ante aquella sorprendente actitud de su compañero, Brennan no tuvo más remedio que aceptar y obedecerle.
- No se preocupe, yo la llevaré – dijo Booth al celador y comenzó a arrastrar la silla, seguido por Ángela, que llevaba en unas bolsas los pijamas y los libros que le había llevado a Temperance.
Tras bajar por el ascensor y caminar por varios metros de pasillos, por fin llegaron a la salida del hospital.
- Esperadme aquí un momento, traeré el coche – dijo Booth -. Ángela, vigila que no se levante de la silla – dijo mientras se alejaba hacia el parking.
- ¿Pero qué se ha creído? No soy ninguna niña a la que pueda manipular a su antojo – gruñó Temperance.
- Cariño, ¿recuerdas cuando hace tiempo me dijiste que desde que se fueron tus padres y tu hermano cuando eras pequeña echabas de menos que alguien se preocupara por ti a todas horas?
- Sí – asintió Temperance.
- ¿No te das cuenta?
- ¿De qué, Angi?
- Querida, Booth es ese "alguien", siempre está ahí, preocupándose por ti y pendiente de ti en todo momento.
Temperance se quedó callada, no podía decir nada contra eso, Ángela tenía toda la razón.
- Deberías protestar menos y dejarte mimar un poco – le recomendó Ángela.
- Supongo que no estoy acostumbrada a que me traten así – dijo Temperance.
- Por eso mismo, ahora es el momento de empezar a disfrutarlo.
En ese momento apareció Booth con la SUV, aparcó frente a ellas, se bajó y abrió la puerta del copiloto.
- Vamos Huesos – dijo acercándose a ella y tendiéndole la mano para ayudarla a ponerse en pie -. Con cuidado.
- Gracias Booth – le dijo mirándole a los ojos después de que la ayudase a subir al coche. Temperance había decidido aceptar el sabio consejo de su amiga.
- No hay de qué – dijo él tras quedarse por unos segundos embrujado por aquellos hermosos ojos.
- Bueno chicos – dijo Ángela tras dejar las bolsas en el asiento trasero – iros vosotros, yo devolveré la silla y luego me iré al Jeffersonian, tengo el coche en el aparcamiento. Brennan cielo, mañana me pasaré por tu casa a ver cómo estás, ¿de acuerdo?
- Vale Ángela, y gracias por todo.
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muchas gracias por todos los comentarios chics ;-)
