Capítulo 21

"¡Júpiter! La Tempestad Celeste"

El Fuego de la Casa de Escorpio se está extinguiendo Quedan 4:45 horas para la muerte de Atenea
Río de Plata, Santuario del Sol y la Luna

Shun carraspeó por un momento al sentir todo el cosmos tan poderoso que emitía el caballero de Júpiter, pero que al mismo tiempo era un aura tranquila y sosegada, como perfectamente controlada. El santo de Andrómeda, sentía la misma sensación en su propio cosmos, nunca se había encontrado tan tranquilo ante una batalla, como si las cosas hubieran cambiado y aquello fuera realmente necesario.

Desde los nudillos a los codos del guerrero de la Tempestad, unos guanteletes dorados se formaban, al tiempo que chispas de energía puramente eléctrica surgían del cosmos de Ío, quien observaba a su rival con mirada serena.

Ío: Caballero, es el momento de luchar, espero que no me decepciones. - dijo poco antes de hacer un saludo marcial que el santo de Andrómeda respondió algo nervioso -

Las cadenas de Andrómeda empezaron a revolotear e hicieron que el santo pudiera esquivar el fuerte puñetazo que Ío le había reservado, la sorpresa era visible en su rostro al darse cuenta de que ni siquiera lo había visto.

Ío observó de reojo al santo de Andrómeda y descargas eléctricas continuas eran emitidas por todo su cuerpo, nuevamente se abalanzó contra Shun, pero éste ya había atacado con su cadena triangular, logrando parar la embestida.

Sin más, el caballero agarró la cadena y empujó con fuerza, el cuerpo de Andrómeda enseguida estuvo lo suficientemente cerca como para poder lanzarle un fuerte puñetazo. Shun escupió sangre pero mantuvo cierta firmeza, de pronto la cadena redonda empezó a cubrirle en forma de espiral y Júpiter se alejó de un salto, volviendo a su postura inicial con los brazos detrás.

Shun: Esta es la cadena de Andrómeda, que puede atacar y defender como ninguna otra cadena. Ahora estoy utilizando la "Defensa Rodante", ningún ataque podrá pasar.

Ío: Ya veo, entonces puedes atacarme con la cadena punzante al tiempo que te defiendes, es una buena estrategia caballero de Andrómeda. ¡Adelante! ¡Ataca!

Nuevamente Shun sintió esa extraña sensación, con todos los enemigos que había enfrentado había rehuido la batalla, incluso llegó a sentir piedad por Afrodita el asesino de su maestro, pero aquel guerrero le infundía la necesidad de honrarlo, combatir con él.

Shun: "¿Qué es lo que siento? Nunca había sentido la necesidad de combatir con alguien como ahora, es como si esto no fuera un acto de violencia... No sé por qué pero pareciera que tengo la necesidad de continuar este combate" - pensaba al tiempo que preparaba su ataque - ¡Onda del Trueno!

La cadena punzante rasgó el aire debido a la velocidad lumínica que alcanzo en milésimas de segundo, sin embargo se paró estrepitosamente ante la mano abierta del caballero de Júpiter, quien mantenía su otro brazo tras su espalda, una corriente energética recorrió la cadena hasta llegar al santo ateniense, el ataque hizo caer de pronto la defensa permitiendo que Júpiter empezara un mortal ataque.

Ío: ¡Tu estrategia ha fracasado santo de Andrómeda! ¡Choque de Arges!

En el guantelete del caballero astral se convirtió en una esfera blancuzca repleta de relámpagos, el ataque chocó de inmediato con el peto de la armadura de Andrómeda haciéndolo pedazos, el cuerpo de Shun se elevó por los aires y Júpiter no tardó en volver a atacar, un nuevo ken eléctrico hizo que el cuerpo de Shun cayera al río, aparentemente derrotado, nada más caer al suelo, Ío empezó a acercarse al borde de aquella corriente cristalina, observando escéptico el cuerpo del caballero de bronce.

Ío: ¿Acaso es éste tu final santo de Andrómeda? No lo creo... ¡Sé que aún guardas energías para este combate y no consentiré ningún descanso! ¡Tempestad Celeste!

De los brazos del caballero astral, que estaban levantados mirando al cielo, surgieron dos relámpagos inversos que oscurecieron el cielo, sorprendentemente, aquel ataque regresó en forma de tormenta sobre el lugar, abriendo brechas y provocando destrozos inimaginables.

Al tiempo que un pequeño cosmos rosado surgía del santo, una de las incesantes centellas se dirigió a gran velocidad contra su cuerpo, atraída por su armadura, sin embargo la cadena rodante se interpuso parando el ataque mientras la cadena punzante atacó a Ío, quien esta vez no pudo impedir que el ataque rasgara su rostro, provocando una herida repleta de sangre.

Ío: Suponía que no era tu final... Caballero de Andrómeda... Ahora podremos empezar a pelear en serio. - comentó con aparente seriedad contrastada por una mirada llena de satisfacción, la herida cicatrizó al instante y el santo de bronce volvía a mantenerse en pie -

Más allá del Tiempo y el Espacio

Los dioses del Olimpo se habían caracterizado por su soberbia y arrogancia, y Poseidón no era distinto, en aquellos momentos sólo la parte humana del avatar podía mantenerse firme ante las inquisidoras palabras de su padre, quien mantenía su impasible postura.

Poseidón: He de suponer que nunca estaremos de acuerdo... Padre.

Cronos: Eso es imposible, el orgullo hace imposible que os deis cuenta de que en realidad, somos exactamente iguales, pues esa es la herencia de Gea y Urano. En cualquier caso, no habéis venido en busca de eso. ¿Cierto?

Poseidón carraspeó, confuso al pensar en la razón desconocida que lo llevó a ese lugar, a volver a ver a su madre tras tantos milenios, y a encarar a su padre, tan sólo sentía la misma rabia de antaño por aquel ser, lo que nublaba por completo su razón.

Cronos: Vuestro corazón anhela el poder... Y poder sagrado os otorgaré...

El rostro del hermano de Zeus pareció por momentos mostrar sorpresa en medio de la inmutabilidad predominante al ver como su padre se levantaba del majestuoso trono, caminando con el porte más bien propio de un duque, dándole a su ser una sensación de absoluta superioridad, el titán paró, dejando una larga distancia entre él y el que era su hijo.

Poseidón: ¿Vais a darme poder? ¡Qué locura! ¿Por qué el monstruo que lanzó a sus hijos al infierno cuando apenas habían nacido iba a ayudar a uno de ellos?

Cronos: Carece de importancia la respuesta a esa pregunta, tan sólo otorgaré nuevamente un poder que habíais perdido, abriré el cosmos de los dioses en el cuerpo mortal que ahora guarda vuestro espíritu.

Poseidón: ¿Por qué? ¿A que jugáis? No tiene sentido... Como tampoco lo tiene el querer pretender dar poder a un ser que luchó en el pasado...

Cronos: Nuevamente os lo digo, no es relevante la respuesta a tales dudas... - cortó mientras apuntaba con la mano abierta el cuerpo del Emperador Poseidón, quien no tardó en apuntar de inmediato su tridente como respuesta -

Poseidón: Tan presuntuoso como siempre... Padre. ¿Acaso pensáis que en vuestro encierro tenéis alguna posibilidad de enfrentarme?

Pero lo que supuestamente era un ataque alcanzó de pronto al dios de los Océanos, el haz de luz atravesó el corazón del avatar sin provocarle daño alguno, como si hubiera atravesado a un fantasma, Poseidón se mostró desconcertado, pues no sintió ningún cambio.

Cronos: Creo que ya he cumplido mi cometido, tomadlo como lo primero y lo último que recibiréis de vuestro padre.

El poderoso dios no pudo responder al Emperador del Tiempo, pues no pasaron ni segundos antes de que desapareciera del lugar, al tiempo que Cronos observaba una figura cerca del trono, cubierta por una inquietante sombra.

Cima del Santuario del Sol y la Luna

Para el que fuera anteriormente el ángel olímpico más leal a Artemisa y Apolo, las recientes batallas habían sido por demás agotadoras y en cada una de ellas sintió el depravado hedor de la muerte. Primero en su batalla con el caballero astral de Plutón, y poco después con el dios Kratos, que encarnaba el vigor y la fuerza, sin embargo, algo le decía que aquellos combates no eran ni la mitad de terribles como el que le esperaba ahora, enfrentándose con la guerrera astral de Gaia.

Sencillamente su cosmos no parecía en lo absoluto humano, pues se comparaba con el de los dioses en todos los sentidos, no sólo por el incomparable poder que acompañaba a los legendarios caballeros astrales, sino porque al mismo tiempo, era un aura en absoluta comunión con el cosmos universal, como si aquella mujer fuera la encarnación de las fuerzas de la Naturaleza.

Dafne: ¡Ángel del Olimpo! Os rebelasteis en contra del Santuario uniéndoos a la indigna Atenea, como muestra de su misericordia la diosa Artemisa abogó por vuestra supervivencia. ¿Seguís insistiendo en vuestra rebelión?

La hermana de Apolo torció sus labios en una mueca de molestia, sabedora de que aquella ninfa no era como los dioses, que Dafne no obedecería una orden suya, y que si Touma decidía enfrentarla, aquella guerrera lo mataría sin dudar.

Touma: Seika... Escóndete... - murmuró en un susurro apenas audible -

Seika: Pero...

Touma: Aún puedo hacer algo... Pero si estás aquí, no podré luchar con todo mi poder...

La joven hermana de Pegaso entendía que nada podría contra un ser así, de tal modo que decidió retirarse aunque prefería estar lo más cerca posible, habiéndose alejado lo bastante como para que ambos contrincantes ni notaran su presencia, la muchacha quiso voltear hacia ellos, pero de pronto un cosmos misterioso la hundió en la tierra cual arena movediza.

Touma: Bien, ahora podré enfrentarte con todo mi cosmos, te advierto que no es a ti a quien busco, he venido a enfrentar a aquel que ha usurpado el lugar que le corresponde a la diosa Atenea.

Artemisa: ¡Touma! - exclamó preocupada, tratando de pasar más un muro de hiedra se lo impidió, luego que empezara a rodear a la astral y al que antes fue un ángel del Olimpo -

Dafne: Mi deber como caballero astral es proteger el templo del Dios Sol, de tal modo que nada impedirá que nos enfrentemos. - respondió mientras el muro de raíces terminó de cubrir un extenso campo circular de batalla - "Ni siquiera se ha percatado de que Apolo no está en el Santuario, he de acabar con él antes de que lo averigüe y los demás rebeldes tengan constancia de ello" - pensó rápidamente mientras su cosmo-energía empezaba a rodearla, con brillo divino en comunión con la Naturaleza -

Touma: "Esa mujer, sin duda no titubeará en enfrentarme, mi armadura se ha debilitado con los incesantes combates. ¡Maldición! Al menos acabaré con ella, así tenga que dejar mi vida en el camino" - pensó - ¡Estoy listo!

El antaño ángel Ícaro se abalanzo cual rayo contra Dafne, quien permanecía en suma tranquilidad como concentrando su energía, el hermano de Marin pensó por momentos que su ataque surtiría efecto pero, nada más rozar el alba de la astral, ésta desapareció, apareciendo justo detrás de él, una fuerte patada lo empujó por el suelo a los pies de Artemisa.

Dafne: Magnitud VI... En mis piernas guardo toda la furia de un terremoto, fuerza otorgada por la Madre Tierra. - dijo antes de acercarse al guerrero celeste que ahora mismo se levantaba en alarde de su incomparable voluntad y vigor -

Touma: Si eso es todo lo que pueden hacer los caballeros astrales... - respondió en el momento un hilo de sangre empezó a correr por su barbilla - Me dan bastante pena... Porque nada podrán hacer... Frente a los caballeros de Atenea...

Dafne: De nada valdrá esa estupidez que otros llamarían valor, vuestra batalla con Eolo mermó toda posibilidad de que podáis hacer nada en contra de un guerrero astral, aún siendo un ángel del Olimpo.

Artemisa: ¡Alto! Exijo que respetéis a mis guerreros... ¡Touma sigue siendo un ángel del...!

Dafne: No recibiré órdenes que contradigan los hechos, este hombre es un rebelde y debe ser castigado.

La diosa de la Caza respondió las palabras de la comandante con un ataque platinado surgido de su mano derecha, el resplandor cortó el aire como si fuera la débil cuerda de una vieja guitarra y tenía como objetivo el corazón de aquella a la que deseaba las peores maldiciones, pero entonces una oleada de cosmos cortó el ataque divino, la hermana de Apolo mostró una mueca entre sorpresa y rabia, pero Touma impidió que aquella deidad siguiera atacando a la comandante.

Touma: Artemisa... No es necesario... Ahora soy un caballero de Atenea... ¡Tengo que hacerlo!

Unos relámpagos púrpuras chocaron alrededor de Dafne, trozos del suelo se elevaron alrededor de la guerrera de Gaia, pero de nuevo aquella ola de energía disipó el ataque, logrando después golpear con fuerza el abdomen del ángel.

Dafne: Mi cosmos encarna la ferocidad del Eterno Mar... Igual que un maremoto. - anunció repitiendo el ataque, haciendo que Touma prácticamente cayera al suelo, sosteniéndose sólo por la rodilla -

Touma: "Imposible... ¿Acaso esta mujer controla a la misma Naturaleza? No puedo creer que los caballeros astrales, siendo seres mortales, puedan poseer tal cosmos... " - pensaba el ángel mientras se preparaba para una nueva embestida ante la preocupada diosa lunar - ¡No podrás contra esto! ¡Gran Altura!

El ataque fue devastador, logrando elevar a la guerrera miles de metros por encima del suelo hasta prácticamente dejar de ver con claridad el Santuario, el ángel sonrió confiado, pero no duró mucho su dicha pues pronto la ninfa empezó a lanzar fuertes puñetazos en el aire, lo que hizo que ambos empezaran a caer a gran velocidad.

Los lances de aquella mujer dejaban cortantes ondas expansivas y formaban pequeños e invisibles remolinos que distorsionaban el aire, Touma pudo conocer la magnitud de los ataques al recibir en la quijada uno de ellos, escupiendo gran cantidad de sangre hasta maquillar el peto de su derruida armadura, pero el hermano de Marino no estaba dispuesto a darse por vencido y respondió con su conocido "Relámpago Divino" que claramente surtió efecto.

Al caer aquellos dos combatientes, la diosa Artemisa corrió enseguida hacia el lugar que ahora mismo ocultaba una gran polvareda, sus brillantes ojos o pudieron atravesar el humo pero distinguió la inconfundible silueta de la guerrera astral. Al disiparse el polvo, la hermana de Apolo vio que la regente temporal del Santuario daba la espalda a un malherido Touma, que pese a una gran herida en la frente y varios moretones en los brazos se mantenía de pie, haciendo enormes esfuerzos por no tambalearse.

Dafne: Inútil... Aún siendo un ángel del Olimpo seguís siendo un simple mortal que alardea poder enfrentar a los dioses... La fuerza de los huracanes es incalculable y pocas fuerzas de la naturaleza se comparan... Como veis el III nivel fue suficiente para detener vuestra absurda rebeldía...

Touma: Te equivocas en dos suposiciones... Ni ese ataque fue suficiente para detenerme... Ni soy un rebelde... Los únicos usurpadores son Apolo y los caballeros astrales, pues este es el Santuario de Atenea.

Dafne: Hum... Ángel Olímpico... Sólo la más terrible magnitud podrá con un ser tan perseverante... - comentó aún de espaldas -

Viendo un destello surgir de la mano de Dafne, Touma no dudó en jugarse el todo por el todo en un último ataque, cargando toda su cosmo-energía desató una pequeña tormenta eléctrica alrededor de su cuerpo de una potencia incalculable. Sobrepasando todas las barreras de la velocidad existentes aún para los que hubiesen alcanzado el Séptimo Sentido, Touma atacó a la guerrera que apenas si se estaba volteando, pero en el momento de la colisión fue el ángel quien sintió el mayor cosmos.

El puño de la guerrera se clavó en la quijada del ángel provocando un dolor inexplicable, fue tal la potencia del ken que tras Touma surgió una gran tempestad, que destruyó todo a su paso.

Pese a su gran poder, la diosa Artemisa tuvo que concentras su divino cosmos para protegerse de los daños colaterales del ataque que incluso partió trozos de la entrada al palacio de Apolo, la destrucción era absoluta y nada parecía poder detenerla.

El hermano de Marin pensó en resistir, buscando en su interior alguna chispa que le pudiera al menos sostenerse en pie, pero aquel ataque le estaba perforando toda protección, causando que el ángel no pudiera ni respirar.

Dafne: Es inútil resistir... ¡Ángel del Olimpo vuestra rebeldía acaba aquí! ¿¡Por qué os resistís a lo evidente!? ¡¡¡RENDÍOS!!! - exclamó contrariada al ver como pese a todo aquel hombre seguía luchando, sin entender que se estaba enfrentando a la más poderosa arma que podían usar los caballeros de Atenea, la insuperable voluntad humana que es capaz de alcanzar a los dioses -

Touma: "No... Puedo... Morir... Tengo que... ¡Agh!... Indudablemente esta mujer está utilizando la potencia VI de un huracán... Pero... Si tan sólo pudiera... Sobrevivir... Quizás..." - pensaba sin dejar de responder con firmeza al poderoso ataque -

Dafne: "Viendo a ese hombre se vuelven creíbles las historias de esos caballeros, jamás en toda la Era del Mito conocí a ningún guerrero humano, capaz de sobrepasar la voluntad de los dioses y enfrentar al poder del Sol, que sólo ostentamos los caballeros astrales, de modo qué... Ese hombre jamás se rendirá, elevará su cosmos una y otra vez hasta vencer este combate... No importa que sus sentidos desaparezcan o que rompa cada uno de sus huesos, seguirá pelando mientras una partícula de su ser permanezca en este mundo... Esa verdad es indudable, y yo que debo acabar con él, lamento tener que matar a uno de los guerreros más valientes que he conocido... ¡Pero es mi deber! ¡El deber que me otorga el alba de Gaia!" - la reflexión de Dafne se cortó por una poderosa exclamación de parte de la guerrera, que incluso en medio de la tempestad que a duras penas el ángel Ícaro podía detener, se escuchó con claridad - ¡Bien Ícaro! ¡Responderé con la misma magnitud de vuestra perseverancia! ¡¡¡SÉPTIMO HURACÁN!!!

En un segundo toda esperanza que Ícaro tuviera para la victoria, se desvaneció al tiempo que todo parecía desaparecer frente a un ataque tan desolador que incluso Artemisa notó como gotas de su propia sangre recorrían su cuello, por un momento todo pareció volverse blanco, como si aquel ataque hubiese acabado con todo.

Costas del Santuario del Sol y la Luna

Los heraldos de Apolo, dioses que antaño fueron reconocidos en los mismos cielos, seres cuya innegable nobleza y divinidad era admirada por los mortales, eso pensaba Eolo observando alejado a los que deberían ser sus compañeros.

Bía, aquella impulsiva titánide, hija de uno de los seres que más había llegado a repudiar a lo largo de su prolongada eternidad, aquella mujer parecía un ser frío e inexpresivo, carente de un poder significativo que pudiera resultar un problema, pero bastaba incordiar su fría tranquilidad para que mostrara lo terrible que podía ser. El dios del viento recordó la fuerza de los puñetazos de la diosa de la violencia mientras la observaba.

Proteo, el anciano dios conocido en un tiempo lejano por su don para cambiar de forma, ahora era el último poseedor del milenario don de la profecía, el último Oráculo de Delfos, capaz de ver el futuro en las aguas, quizás era por eso que los había desviado del camino para parar unos minutos frente a la costa.

Por último estaba Selene, aquella diosa que en tiempos mitológicos era la regente de la luna, desaparecida desde milenios, ahora surgía como si nada hubiera pasado como heraldo del Febo. Tenía el cabello corto, del mismo color que la luna, y una piel serena que correspondía con sus ojos tranquilos y sosegados, una kamei curiosamente rojiza le cubría del todo, lo que extrañaba al dios.

Cerró los ojos y nuevamente se hizo la pregunta: ¿Por qué estaba en ese lugar? Siempre se había considerado independiente y no como un dios menor consagrado como heraldo de un olímpico, pero ahora servía al hijo de Zeus como tal, en cierta manera sentía que algún día, llegaría el momento de hacer pagar todas las humillaciones que había sufrido.

Selene: ¿Por qué nos miráis dios del viento? ¿Qué tienes que observar en nosotros? - dijo cortando los pensamientos de Eolo -

Bía: Sueña con el día en que sea admitido en el Consejo de los Doce... - dijo provocando que Eolo volteara, a través de su rostro se notaba su enfado - Aún sabiendo que sólo es... Un heraldo... Desea convertirse en un Olímpico.

La cara de la hija de Palas no cambió aún cuando el Señor del Viento empezó a ahorcarla, el dios apretó con fuerza el cuello de la titánide como muestra de su furia, pero nada provocaba en Bía que simplemente le observaba fríamente.

Proteo: Todo es... Oscuro.

Los tres dioses miraron de inmediato donde Proteo, quien miraba en las tranquilas aguas que bordaban el Santuario, la hija de Palas no tuvo siquiera que permanecer unos minutos para respirar, simplemente fue la primera en acercarse, lo que molestó a Eolo.

Proteo: "Cuando la estrella inmortal ahogue a la bella doncella plateada, el Astro Rey dejará de brillar, pues lo habrá perdido todo, será la oscuridad del odio y la venganza lo que consuma al soberano sin brillo, y en ese momento empezará el último ciclo..."

Aquellas palabras se hundieron en los corazones de los tres oyentes, aunque ninguno lo mostró abiertamente, Eolo se acercó al agotado profeta, quien sudaba copiosamente, al tiempo que una siniestra sonrisa se formaba en el rostro de la misteriosa Selene.

Río de Plata

El río antes calmado, ahora parecía el infinito océano en la peor de las tormentas, relámpagos caían abriendo brechas enormes en la tierra, las aguas se agitaban golpeando a dos figuras cubiertas por una densa oscuridad, por encima de aquella zona se formaban nubes negras que regían la tempestad, una fuerte llovizna empezó a azotar con rabia los cuerpos inmóviles de los contendientes.

La cadena punzante atacó rápidamente a Júpiter, pero este la esquivó y se dirigió cual bala a por el santo que se protegió con su cadena redonda, las aguas ahora furiosas del río saltaron cubriendo a los guerreros. El santo de Andrómeda trataba de atacar al caballero de Júpiter pero era demasiado veloz, incluso más que los santos de Oro u otros caballeros astrales, igualmente Ío no era capaz de atravesar la defensa inexpugnable de la cadena legendaria.

Ataques por todos los flancos estallaban provocando impactos más sonoros que los mismísimos rayos, Shun sintió que un relámpago caía sobre él como atraído por su armadura, por suerte la cadena redonda pudo retener la energía pero aquella distracción permitió al guerrero astral derribar al caballero ateniense con una cadena de puños y patadas, su etowashi que encarnaba la furia de los rayos se clavó en el peto del Ropaje fragmentándolo, varios trozos ensangrentados caían en el agua previamente a la caída del muchacho de verdes cabellos. Ío miraba impasible al que era su enemigo.

Ío: Tu valentía es realmente admirable caballero, y tu convicción para pelear aun en contra de tus ideales me ha conmovido... Sin embargo... Este será tu final. ¡Relámpago... De Estéropes!

Inversamente a la Tempestad Celeste, ahora los relámpagos caían sobre los guanteletes de Ío, cargándolos de una potencia inigualable y muy superior a la del Choque de Arges. Tras apuntar con su etowashi al santo, Júpiter descargo dos potentes ataques de la misma apariencia del rayo, calcinando al joven Andrómeda del que surgían fragmentos de armadura y gotas de sangre.

Cualquiera que hubiera visto el estado de Shun en ese momento, habría volteado seguro de su victoria, pero el caballero de Júpiter aún detectaba la chispa cósmica del Séptimo Sentido en aquel joven, la idea de rematarlo cruzó por su mente, sin embargo, cuando vio que el santo se levantaba, decidió esperar a que Andrómeda pudiera continuar el combate.

Shun: Aún... No estoy... Acabado... ¡Debo vencerte para salvar a Seika y a Atenea! - exclamó decidido -

Ío: ¿Tal es tu convicción caballero? ¿Serías capaz de matarme aún en contra de tus ideales?

Shun: ¿Matar...? - súbitamente, el cosmos del santo empezó a descender - "Es cierto, si quiero salvar a Atenea y a Seika, primero debo acabar con los cinco caballeros astrales, sólo así será destruida la barrera y podré salvar a Saori con la Mano de Dios pero..."

Con una mirada de decepción, Ío cargó nuevamente su ataque, provocando la rápida reacción de Shun quien por inercia lanzó la Onda del Trueno sobre el que era su enemigo, pero la punzante arma se desvío súbitamente al chocar con un gran escudo invisible, formada por la intensa aura eléctrica de Júpiter.

En aquella ocasión no sólo dos rayos habían caído sobre los guanteletes, parecía que toda la tempestad asediaba el cuerpo sereno de Ío, cargándolo de una inigualable energía que asemejaba el poder de los dioses, sin duda la poderosa figura del caballero de Júpiter era la imagen exacta de la concepción mitológica de Zeus, lo que hizo que por un momento Shun dudara pero enseguida desechó sus miedos y se dispuso atacar nuevamente.

Ío: ¡Relámpago de Estéropes!

El ataque fue mil veces más brutal que el anterior, pero en aquella ocasión no buscó destruir el cuerpo o la armadura del santo de Andrómeda, aquella corriente energética en realidad era una maniobra defensiva encubierta como un ataque directo. Cuando la punta afilada de la legendaria cadena de bronce chocó contra el Relámpago de Estéropes, fue la primera quien sufrió los peores daños, siendo la electricidad, superior al poder del arma del santo, conducida hasta llegar a Shun.

Todo el cosmos de Ío de Júpiter empezó a convertirse en pura energía eléctrica que destrozaba por completo la armadura de bronce, resquebrajándola por todas partes hasta prácticamente desintegrarla, el cuerpo del caballero de bronce se elevó por los aires antes de caer estrepitosamente en una orilla del riachuelo, el guerrero astral observó la nuevamente repetida escena del levantamiento de su oponente, asombrado en el fondo de la voluntad de Andrómeda.

Shun: "Mis cadenas... Mi armadura... Ese ataque la ha destruido casi por completo... Sólo me queda una solución pero..." - pensó entrecortadamente mientras trataba de mantenerse de pie -

Ío: Ahora que tu armadura ha sido destruida, ya no podrás soportar el Relámpago de Estéropes...

Shun: "La Tempestad Nebular... Tengo que utilizarla... Por Seika... Por Atenea..."

Ío: Tu convicción para luchar es admirable caballero... Pero aún así serán las dudas que bloquean esa convicción lo que te detenga...

Shun: ¿¡Qué!? ¿Las dudas que bloquean... Mi convicción?

Ío: No sólo el poder gana las batallas caballero, tampoco aquel que pese a todo está convencido de combatir hasta el final... No se trata luchar por luchar pues... Cuando un guerrero pelea... Lo hace por un motivo.

Shun: ¿¡Un motivo!? - repitió -

Ío: Todo depende de cuanto crees en ese motivo, en tus ideales... Si de verdad crees en ellos, si de verdad no dudas de su veracidad, entonces...

Una pausa en las sabias palabras del caballero de Júpiter fueron el preludio a un nuevo ataque, el Choque de Arges provocó que Shun escupiera sangre a borbotones por la boca y la nariz, el poder del ataque fue tal que incluso rompió varias costillas provocando una temporal parálisis de algunos segundos que el guerrero astral supo aprovechar.

Ío: Nada ni nadie podrá vencerte... ¡Relámpago de Estéropes!

No hubo tiempo para que Shun se protegiera, el ken lo golpeó de lleno hasta hacerlo sangrar por todas partes, formándose varias heridas y paralizando el cuerpo el tiempo justo para que Júpiter rematara la estrategia con un nuevo Choque de Arges que envió al santo de Andrómeda lejos dejando un surco muy profundo.

Aún en el suelo, Shun resintió un nuevo ataque, no directamente de Ío pero sí de la misma intensidad, la propia tempestad parecía ser un ser viviente, que lanzaba los Relámpagos de Estéropes con absoluta fiereza.

Ío no se asombró de que el caballero de Andrómeda se levantase, ni siquiera de que fuera capaz de resistir los continuos embistes del cielo, ya no se sorprendería más pues comprendía que la voluntad de aquel santo le haría levantarse una y otra vez hasta que no quedase ni una partícula de su ser.

Las nubes negras de la Tempestad Celeste empezaron a tomar forma de lo que parecía ser un rostro, sólo que con tres gigantes agujeros que hacían de ojos.

Shun: Esa tempestad... Esta... - murmuró en un susurro apenas audible -

Ío: La Tempestad Celeste es la representación de todo el poder de Júpiter... - empezó a decir mientras cargaba un nuevo ataque - Arges, Estéropes y Brontes eran los tres cíclopes hijos del Cielo y de la Tierra... Ellos ayudaron a Zeus a derrotar a Cronos otorgándole el Relámpago, el Rayo y... El Trueno. Es por eso que el espíritu de estos seres es ahora mi fuente de poder, pues sus almas acabaron maldecidas por el Rey de los Titanes y fueron consumidas por la Esfera de Júpiter cuando el dios Apolo acabó con ellos.

Shun: "Sí... Algo así contaba el Maestro Albiore... La leyenda de cómo Zeus recibió su poder de los poderosos cíclopes, quienes fueron milenios más tarde destruidos por Apolo en venganza a que la centella que entregaron a su padre fue la que exterminó a su hijo... Asclepio" - recordó antes de tener que esquivar un ataque de Ío, por primera vez había esquivado el Choque de Arges pero en verdad las heridas ya eran demasiadas -

Ío: No ganarás esta batalla huyendo caballero. ¡Tempestad Celeste!

Tres potentes ataques descendieron del cielo al son del chasquido de dedos de Ío, por suerte la cadena redonda pudo detener parte de la potencia del impacto pero luego empezó a resquebrajarse ante el asombro de Andrómeda, quien cayó de rodillas sangrando mientras a su alrededor el ropaje sagrado se desintegraba definitivamente, sintiendo la presencia de Júpiter frente a él levantó la mirada, con el rostro completamente destrozado.

Shun: ¿Por qué esas palabras? ¿Por qué sin ser un ser malvado deseas tanto combatir conmigo? ¿Por qué quieres que pelee? ¿¡Por qué!? ¡¡Agh!!

Impasible, el caballero de Júpiter agarró del cuello a Andrómeda, levantándolo varios metros por encima y apretando con una furia no reflejada en sus ojos o su alma, por inercia el brazo del santo estuvo a punto de agarrar el de Júpiter para liberarse, pero el guerrero astral tan sólo lo atrapó y quebró, produciendo un dolor insoportable en el caballero de Atenea.

Ío: No sólo los seres malignos combaten... También son necesarios buenas almas para combatir a aquellas que atentan contra los inocentes. ¿Acaso no has comprendido nada en todas las guerras santas que has combatido, Shun de Andrómeda? - preguntó apretando fuertemente, lo que no impidió que el caballero le respondiera -

Shun: Los combates no son... Necesarios... La lucha sólo conducirá a otra más, y otra, y otra... Jamás acabará... Nunca podrás convencerme de lo contrario...

Ío: Hum. Pero teniendo ese modo de pensar, has enfrentado a mil e incluso matado... ¿Me equivoco?

Shun: ¡¡No!! Yo enfrentaba a aquellos enemigos para... Proteger a Atenea y... Ayudar a mis amigos... ¡¡¡AGH!!!

Ío: ¿Y por qué ahora no luchas con todo tu potencial caballero? ¿Por qué me aburres con esta farsa? ¿Por qué deshonras este duelo con tu compasión?

Shun: Argh... Yo...

Ío: Te diré por qué... Tu convicción no es lo suficientemente fuerte, no crees que aquello por lo que luchas merezca verdaderamente combatir conmigo... Por tanto, no eres capaz de desatar todo tu potencial porque en realidad... No te importa tanto la hermana de Pegaso ni la vida de la princesa Atenea.

Shun: Eso es... mentira... - dijo desfallecido, apesadumbrado por la certeza de las palabras de Júpiter, deseaba con todas sus fuerzas salvar a Seika y a Atenea, pero aún así no era capaz de vencer a Júpiter -

Ío: Ahora que sabes la razón de tu derrota, es hora de acabar este combate... Pues no tiene sentido enfrentar a alguien que no tiene deseos de pelear. Primero atravesaré tu corazón con el Choque de Arges... y luego haré que todo el interior de tu cuerpo muera con los Relámpagos de Estéropes... Nunca me ha gustado torturar a mi enemigo... Te prometo que será rápido.

Shun: "¿Qué? No puede ser... Mi cuerpo no me responde... No puedo morir así... Tengo que salvar a Seika y a Saori... Tengo... Que vencer..." ¡Tormenta Nebular!

El estallido cósmico fue tan tremendo que logró separar a Júpiter de Shun de inmediato, pero el astral no estaba dispuesto a darse por vencido e hizo ademán de querer acercarse, resintiendo un poderoso vendaval que se volvía más y más poderoso conforme él hacía esfuerzos por moverse.

Tal era la potencia del ken que incluso la tempestad viviente era incapaz de volver a lanzar sus relámpagos sobre el cuerpo del poderoso santo de bronce, quién encendía su cosmos más allá del Séptimo Sentido.

Shun: Esta es la Tormenta Nebular, un ataque que genera un tornado que poco a poco se transformará en una tempestad que destruirá todo lo que se cruce en su camino. Por favor... ¡Detente!

Ío: Si me detengo Shun... Si dejas que yo viva, jamás podrás alcanzar a la hermana de Pegaso ni salvar a la princesa Atenea... Sabiendo eso... ¿Tratas de salvarme?

Shun: ¡Tiene que haber otra manera!

Ío: No la hay...

Júpiter, como muestra de su absoluto poder, provocó que un tirabuzón descendiera de la nube oscura que aún trataba de quebrar la tempestad nebular de Andrómeda. La poderosa fuerza se adentró rápidamente cubriendo por completo a Ío.

Shun: ¡No lo hagas! Si te mueves... La tormenta...

Ío: Andrómeda... Tu verdadero poder hace que entienda porque te escogí a ti como mi rival, agradezco al caballero de Saturno que te haya atraído hasta aquí. Caballero, tu tormenta es realmente poderosa, y sólo puede ser contrarrestada por mi más poderoso ken, nunca pensé que alguien, siendo un mortal, me hiciera recurrir al poder de Brontes.

En medio de toda la oscuridad de la columna de nubes negras que surgía del cielo y cubría a Ío, se empezaba a denotar una luz cegadora, al tiempo que varias chispas surgían, por un momento Shun creyó que la tormenta no estaba causando daños a Júpiter pero el ver varios fragmentos de su alba sobrevolar la zona hizo que, por un momento, temiera por su vida... Pero fueron las constantes palabras de Ío las que contrarrestaron esa compasión, el caballero comenzó a entender que, si no ganaba esa batalla, no podría hacer nada para salvar a Seika y Atenea.

Shun: No tengo más remedio que hacerlo... Perdóname... ¡Que se desate la Tempestad Nebular!

Ío: ¡Por el poder de la tempestad! ¡Tormenta Celestial de Brontes!

Un aterrador choque de cosmos comenzó a provocar una gran devastación en la zona, el río desembocó mientras toda la superficie era despedazada por relámpagos y golpes furiosos del viento, no sólo eran poderosos ataques, sino que en fuerza eran exactamente iguales, lo que hacía que, al no poder superarse, destruyeran todo a su alrededor.

Shun: "Ah... No es suficiente... Tengo que... Usar todo mi cosmos o si no..."

Un nuevo ataque con forma de tirabuzón de la tempestad cayó sobre la zona, esta vez directo a por Andrómeda, provocando una fuerte presión que empequeñeció el cosmos del santo, pero el joven guerrero no se dio por vencido, recordando cada una de las razones por las que seguía peleando, a sus amigos, a sus compañeros... A su hermano.

Shun: Ikki... Siempre has podido salvarme... Pero ya no... ¡Es el momento de que luche por mí mismo!

En medio de aquella columna oscura repleta de energía eléctrica, Ío sonreía para sí al ver como la armadura de Andrómeda resurgía en su forma divina, inmediatamente las cadenas rompieron la barrera que provocaba el choque de kens rodeando la mentada columna.

Shun: Elévate cosmos... Más allá del Séptimo Sentido... Cruza las barreras y explota... ¡CICLÓN NEBULAR!

Increíblemente, toda la tempestad desatada por ambos contendientes fue regresada en contra de Júpiter, las cadenas de Andrómeda giraban alrededor de una columna llegando a palpar el cielo, alrededor de estas se formó el ataque máximo, un poderoso ciclón que barrió con todo su alrededor, cuando todo terminó, Shun cayó exhausto debido al esfuerzo, sin poder conocer el resultado del ataque.

Cima del Santuario del Sol y la Luna

Dafne estaba conmocionada, sentimiento compartido por Artemisa, ambas habían visto lo que el ataque de la primera había causado al lugar, pero en medio de todo aquello, recubierto por una armadura pulcramente blanca, permanecía de pie el antiguo ángel de Ícaro.

Touma "¿Quién... Eres?"

- "Soy tu destino Touma... Desde tu nacimiento debías convertirte en el Caballero del Pájaro Celestial... Sin embargo los dioses lo impidieron cambiando tu destino... por el de otra persona"

La guerrera de Gaia notó enseguida que la aparente serenidad de Ícaro era fachada, y que en su interior estaba completamente agotado, por lo que decidió acabar con él antes de que se recuperase.

Bastó un amenazante paso para que el sonido de un arco al tensarse llamara la atención de Dafne, quien quedó sorprendida al ver como una soberbia Artemisa le estaba apuntando a ella, pero el asombro fue pronto superado por una inescrutable frialdad.

Dafne: ¿Qué locura hacéis... Diosa de la Luna?

Artemisa: ¡Touma, márchate!

Touma: ¿Artemisa... Por qué? - pregunto extrañado de la actitud de la diosa -

Artemisa:. ¡Huye! ¡Yo me ocuparé de esta insolente!

Touma bajó la cabeza, Artemisa seguía teniendo esperanzas en que, algún día, él abandonara a Atenea y volviera a ser un ángel del Olimpo, pero él sabía perfectamente que jamás las cosas serían como antes, no ahora que se había reencontrado con su hermana, cuyo recuerdo los dioses estuvieron a punto de arrebatarle.

Pero algo cruzó su mente en ese entonces ¡Seika! La hermana de Pegaso había desaparecido de pronto, quizás había sido atrapada de nuevo, debía alejarse aprovechando la oportunidad que Artemisa le otorgaba... Aunque en el fondo le preocupaba que aquella mujer pudiera vencer a la deidad de la Luna y la Caza.

Touma: "Ella es una diosa... Pero Seika... Me pregunto que habrá pasado con ella..."

Sin decir una palabra Touma miró por momentos a la diosa de la Luna, asintiendo, Dafne hizo ademán de querer detenerle pero la velocidad de Touma superaba incluso la de la luz, resignada a tener que enfrentar a Artemisa, miró de reojo una zona cubierta de sombras, donde permanecía expectante un ser envestido con una gloria, lo que denotaba su rango de ángel del Olimpo.

Dafne: ¿A qué esperáis? Ese traidor ha escapado cobardemente... ¡Id por su cabeza!

Sin decir nada el ángel asintió servilmente, nadie se había percatado de su presencia especialmente porque su cosmos era aparentemente muy bajo, pero en realidad aquel guerrero era la baza secreta de Apolo por si los caballeros astrales eran derrotados, aquel ángel era mucho más de lo que aparentaba pues su poder provenía directamente de Apolo, por esa razón, Dafne confiaba plenamente en que acabaría con el rebelde Touma.

Artemisa: ¿Por qué has enviado a un ser tan débil contra Touma? ¿Menosprecias el poder de aquel que ha soportado tus ataques? - preguntó sin dejar de apuntar el corazón de la astral -

Dafne: Hum, sois vos quien menosprecia su poder al rogarle que escape, al pecado de rebeldía tendrá que añadírsele la deshonra de la cobardía en su juicio... ¡Cuando esté en Hades!

Cientos de miles de raíces surgieron del suelo abalanzándose a por Artemisa, pero la diosa simplemente disparó sus poderosas flechas sagradas destruyéndolas, su velocidad y habilidad hizo que algunas saetas evadieran las destrozadas raíces y cayeran sobre la guerrera de Gaia, quien las destruyó junto a las ramas restantes con un ataque de su cosmos en forma de ola.

Artemisa: ¿A tal punto llega tu soberbia que atacas a una diosa? No eres más que una arrogante oportunista.

Dafne: Vuestra traición sólo puede ser castigada con la muerte... Artemisa, yo Dafne, como regente temporal del Santuario y caballero astral de la Naturaleza, decreto que debéis ser ajusticiada sin tener en cuenta vuestra divinidad... Yo seré vuestra juez, jurado y verdugo inmediato.

Artemisa no hizo caso de las amenazas de Dafne y lanzó una lluvia de flechas que cubrieron el cielo, pero en un alarde de velocidad la astral de Gaia las esquivó en un ataque directo contra la diosa, quien desapareció y volvió a aparecer lejos, la poderosa caballero de Apolo notó como las saetas que hacía poco habían caído sobre ella desaparecían, dando a entender que sin duda eran producto del cosmos de la hermana de Apolo, y por tanto, mortales.

Dafne mostró una mirada sombría que sorprendió a Artemisa, quien no era capaz de entender como una mortal tenía la osadía de querer enfrentarla. De pronto, el de la mano de la ninfa surgió una luz que tomó forma de arco, el arma astral de Gaia.

Dafne: Artemisa... No debisteis desafiarme.

Artemisa: Muchacha insolente... Le robaste la cordura a mi hermano pero... ¡Tu muerte cambiará eso!

Ambas mujeres se miraron directamente a los ojos, siendo Dafne la que se encontraba más serena, el rencor de la diosa de la Luna era palpable y eso hacía que la balanza estuviera a favor de la regente de Gaia.

Río de Plata

Ío: El Ciclón Nebular. ¿Acaso el verdadero poder de Andrómeda? No, estoy seguro de que ese joven es mucho más poderoso y aun así, aun habiendo usado menos partes de su poder de la que debería... Él... - la armadura de Júpiter se volvió polvo en cuestión de segundos, mientras su portador cruzaba el pequeño lago formado por la explosión, al llegar a la superficie, giró para ver nuevamente a aquel que le había derrotado - Me ha vencido... ¿Será que realmente tu convicción supera al ideal de los caballeros astrales? La caída del Olimpo... Por un mundo libre de dioses...

Las aguas empezaban a calmarse y de la tempestad surgieron dos cosmos invisibles al ojo humano, mas con un aura indudablemente divina, Ío se percató de esto, y sonrió para sí.

Ío: Compañeros... Aún siendo una maldición lo que os ha atado a mí, habéis sido leales y nunca me habéis decepcionado, no os entristezcáis por esta derrota, pues yo me alegro de morir tras una batalla como esta. Id con aquel joven que ha logrado el milagro de derrotar a un caballero astral... Pues ese joven es sin duda merecedor de vuestro respeto... y poder.

Obedeciendo la petición de Júpiter, las almas de Arges y Estéropes se dirigieron al inconsciente Shun, introduciéndose cada uno en una de las cadenas, haciéndose uno con la poderosa constelación de Andrómeda, ante un satisfecho Ío, que veía el cielo como esperando algo.

Ío: Selene... El Cielo me reunirá nuevamente contigo. ¿Es ese tu deseo Brontes? ¿Desaparecer de la existencia junto a mí? Respetaré tu decisión en honor a tantas batallas que hemos vivido juntos. - hizo una pausa, en la que vio que la llovizna paraba y que los relámpagos dejaban de caer - ¡Desenlace de Brontes!

El trueno marcó el final de la tempestad, y calcinó a Ío, quien quedó firme sin gesto de dolor o pena, de su cuerpo no quedó vestigio alguno pues la fuerza de Brontes era absoluta, en otro lugar del Santuario, Caronte de Plutón recibió las últimas palabras del hombre al que consideraba su padre.

Cumbre del Delirio, Riscos de la Locura

Entre un gran montón de escombros, producto de la caída de dos poderosos guerreros, Seiya tambaleaba cansado, pero sonriente al saberse ganador de aquel combate, el sentir nuevamente el cosmos de Atenea hizo que olvidara todo lo que había a su alrededor, podía ser presa de cualquier ataque en aquel momento pero una voz firme hizo que el Pegaso volteara.

Caronte: Pegaso... ¿Acaso eso te enseñó tu maestra? ¿A dar la espalda a tus enemigos?

No tardó un segundo en voltear para atacar pero sus meteoros desaparecieron tras un ataque de oscuridad, varios espinos negros atravesaron como tentáculos el peto del santo y atrajeron al caballero hacia el inescrutable Plutón, en cuyo rostro había desaparecido todo rastro de aquella maniática sonrisa que lo había caracterizado.

Seiya trató de zafarse pero era imposible, pronto se sintió inmerso en el aura siniestra de Caronte, que cubría el alrededor del regente de la Oscuridad como si fuera un escudo pero en realidad sólo era una muestra automática del verdadero poder del astral.

Realmente parecía que aquel caballero astral iba a consumir al santo de Pegaso pero no, cuando el caballero ateniense estuvo a un solo segundo de chocar con Caronte, éste lo agarró del cuello clavándole sus filosas garras como colmillos de perro infernal, la mirada de Plutón se ensombreció aún más, consumidas por un sentimiento de rencor que ahogaba el cosmos divino de Seiya.

Caronte: Se acabaron los juegos... Ahora morirás.

Más allá del Tiempo y el Espacio

Poseidón aún se preguntaba que esperaba conseguir su padre, no, no era la primera vez que lo hacía.

Poco después de ser vencido, la diosa de la Tierra, la Anciana Gea, lanzó a los gigantes en contra del Olimpo, habitado por dioses demasiado jóvenes, fue entonces cuando el Rey de los Titanes, en alarde de su poder, abrió las puertas de la Gran Voluntad en varias deidades que, junto a los Crónidas, pasaron a convertirse en los legendarios Señores del Monte Olimpo: Apolo, Hefesto, Hermes, Atenea, Afrodita y Artemisa.

Ares fue relegado de tal bendición, por propia decisión de Cronos aquella deidad belicosa no recibió poder, irónico fue que, poco tiempo después de eso, el hijo mayor de Zeus y Hera pasó a ser el más odiado de todo el Monte Olimpo, cuya maldad y sed de sangre y poder sólo se comparaba a la del mismísimo Señor del Inframundo.

Desde aquel momento, cada vez que el destino intentaba aplastar a los dioses que habían derrocado a los titanes, el propio Cronos lo impedía, de forma indirecta salvaba a sus verdugos haciendo que ni el mismo Poseidón entendiera, que era lo que realmente buscaba su padre, muchos, como él mismo, pensaban que quizás nunca le bastó el Trono del Universo... Tal vez, eso no era suficiente para el Emperador del Tiempo.

Poseidón: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué buscas padre? ¿¡Qué buscas!?

Una onda expansiva cubrió por momentos la zona, iluminando un recinto como en medio del vacío. Unas presencias llamaron la atención del dios, cuyo cabello se movió ligeramente ante una brisa que sólo podía provenir de un ser.

Poseidón: Eolo...

Eolo: Poseidón... He venido a acabar con vuestra rebelde existencia...

Poseidón: No me hagáis reír... Siempre deseasteis eso... Destruirme para ocupar un asiento en el Consejo de Dioses... No es necesario combatir... Simplemente hazlo... Sentaos en el asiento de Poseidón... Porque muy pronto... ¡El Olimpo será destruido y yo, Poseidón, me convertiré en el Dios Supremo!

Eolo sonrió siniestramente, mientras tras de él surgían los dioses enviados por Apolo, la fría diosa de la violencia, la enigmática Selene y el misterioso profeta marino, Poseidón simplemente los apuntó con su tridente, sin mostrar asombro o preocupación.

Poseidón: ¿Cuatro dioses contra mí?... Insultáis mi poder...

Notas del Autor:

Saludos nuevamente, aquí les traigo el capítulo 21 (jajaja, disculpen el desorden de tiempos, trato de escribir cuando me llega la inspiración... Échenle la culpa del retraso a Naraku, él es el culpable jajaja). Me ha gustado como quedó el capítulo y espero saber las opiniones de los lectores sobre los grandes combates que han ocurrido, no sólo era el momento de reafirmar el poder de Touma sino de darle un cambio necesario a Andrómeda para las siguientes batallas (y que, por una vez, no lo salve Ikki). Si alguien se pregunta ¿de dónde sacaste a ese ángel misterioso? Precisamente estuvo presente cuando Apolo se encontraba en el Santuario, y era el que se ocupaba de Seika. Sin más que añadir, responderé sus comentarios, críticas en: lordomegawanadoo.es