bueno aquí os dejo un nuevo capítulo, este tiene mucho de humor, seguro que os reiréis mucho al leerlo :-P
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CAPÍTULO 21
Recordó que todavía le quedaban algunas galletas de chocolate de las que había hecho, éstas serían su salvación. Fue hacia su habitación y rebuscó en uno de los cajones de su mesilla de noche, hasta que dio con lo que buscaba: un pequeño frasco que contenía un sedante cuya forma de presentación eran gotas. El médico se las había recetado antes de darle el alta por si no podía conciliar el sueño, pero sin duda le iban a servir para algo más que para dormir.
Cogió el frasco y se fue hacia la cocina. Tras leer el prospecto del medicamento echó una gota de fármaco en cada una de las galletas y dos en cada uno de los vasos de zumo que había preparado. Luego cogió unos platos con galletas y los dos vasos de zumo y abrió la puerta de su casa, donde como esperaba, continuaba el agente Mawson.
- Hola agente Mawson – le saludó.
- ¿Ocurre algo doctora Brennan?
- No, solamente venía a ofrecerle unas galletas, seguro que usted y su compañero no han comido nada en toda la mañana.
- Pues lo cierto es que no…
- ¿Les apetece un poco de zumo de piña y unas galletas de chocolate? – dijo poniendo sonrisa de niña buena con un plato de galletas y un vaso de zumo en las manos.
- Oh sí, muchísimas gracias, es usted muy amable – dijo el hombre muy contento. – Si le digo la verdad, ya mi estómago estaba pidiendo comida a gritos.
- También tengo para su compañero, para que se las lleve. Seguro que él también tiene hambre.
- Sí, pero tengo órdenes estrictas de no moverme de aquí…
- Oh, no me pasará nada, se lo aseguro, ¿cuánto va a tardar en bajar y dárselas? ¿Unos segundos? Le prometo que cerraré la puerta con llave por dentro, así nadie podrá entrar.
- No, perdóneme pero no me fio, Booth ya me avisó que usted es muy astuta y que podría intentar escapar, y creo que eso es lo que pretende. Seguramente cuando yo baje a la calle usted aprovechará y saldrá corriendo.
- ¿Cómo puede pensar eso? – dijo ella haciéndose la ofendida - ¡Sólo trataba de ser amable con vosotros y me tratáis como a una delincuente!
- No es eso doctora Brennan…
- Sí, sí que es eso. Mire, para que vea que no pienso salir corriendo, ¿por qué no le dice a su compañero que suba él a buscarlas? ¿Cree que me escaparé con dos agentes en mi puerta? Ahí tiene lo de su compañero, ya usted verá lo que hace – dijo dándole el otro plato y el otro vaso y cerró la puerta, fingiendo estar muy ofendida.
- Lo siento doctora Brennan, no quería ofenderla… - se disculpó el agente, algo avergonzado.
Temperance se quedó esperando muy cerca de la puerta a ver lo que hacía el agente, y como había supuesto, éste llamó a su compañero por la radio y le pidió que subiese a recoger las galletas. El otro agente no tardó nada de tiempo en cuanto escuchó la palabra comida, y volvió enseguida al coche con las galletas y el zumo en la mano. También pudo escuchar cómo el agente Mawson no paraba de halagar el sabor de las galletas, y comía una tras otra.
Bien, su plan estaba saliendo a la perfección. Ahora solamente tenía que esperar media hora a que el sedante hiciese su efecto, y rogar que Booth no se presentase allí durante ese tiempo.
Esta vez la suerte estuvo de su lado y nadie llegó durante ese tiempo. Cuando vio que ya habían pasado los treinta minutos, abrió la puerta de su piso con cuidado, y vio que efectivamente, el agente Mawson estaba sentado en el suelo durmiendo. Temperance sonrió satisfecha y volvió por un instante al interior de su casa y miró discretamente por una ventana de las que daban a la calle, hasta dar con el coche en el que hacía guardia el otro agente. Clavó su vista en el mismo durante unos segundos y comprobó que ese agente también estaba durmiendo. Ahora era el momento ideal para escapar sin ser vista, así que cogió su bolso y salió, cerrando la puerta tras de sí con mucho cuidado para no despertar al agente Mawson.
Salió a la calle y vio que un taxi se acercaba, y estaba libre, sin duda hoy la suerte le sonreía. Levantó la mano para captar la atención del taxista y éste le paró.
Al Instituto Jeffersonian, por favor – le pidió al hombre una vez subió en el taxi.
Unos veinte minutos después el taxista dejaba a Brennan a las puertas del Jeffersonian, y ésta vio el coche de Booth aparcado frente al edificio. Sabía que su compañero se iba a enfadar mucho en cuanto descubriese lo que había hecho, pero no le importaba. ¿Acaso Booth creía que de verdad podía tener a la doctora Temperance Brennan retenida en su casa? Aún no había nacido el hombre que pudiese con ella.
En el interior del instituto, Zack y Hodgins estaban en el laboratorio, éste último miraba algo en el microscopio.
- ¡Cómo no lo he visto antes! – exclamó Hodgins - ¡Zack! ¡Ven a ver esto!
- ¿De qué se trata, Hodgins? – preguntó Brennan desde la puerta.
- ¿Brennan? – preguntó el entomólogo, sorprendido.
- ¡Doctora Brennan! – exclamó Zack igual de sorprendido.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – le preguntó Hodgins –. Creía que estabas retenida en tu casa.
- Sí, y así era hasta hace un momento que he conseguido escaparme.
- ¡No me lo puedo creer! ¿Te has podido escapar de dos agentes del FBI? ¡Cómo me pone eso!
- ¿Dónde están los demás? – preguntó Brennan.
- Están en el despacho de Ángela – se adelantó a decir Zack.
- ¿Todavía no te ha visto Booth? – rió Hodgins – Quiero ver la cara que se le queda cuando vea que te escapaste – dijo y fue tras ella, algo a lo que también se unió Zack.
En el despacho de la artista:
- ¿Cómo es posible que todavía no se sepa nada de quién nos atacó a Huesos y a mí? – preguntaba un indignado Booth a Cam.
- Lo siento Booth, pero es que por más que se han revisado las cintas de las cámaras de seguridad no encontramos nada. También hemos procesado el despacho de Brennan a fondo y nada, no hay nada.
- ¡Es imposible! Tiene que haber algo, lo que sea. No pudo haberse esfumado así como así.
- Tranquilo Seely, estamos haciendo todo lo que podemos.
- Ya, pero no es suficiente – protestó.
- ¿El qué no es suficiente? – preguntó Brennan, que acaba de entrar en ese momento, seguida por Hodgins y Zack.
- ¿¡HUESOS!? Pero, ¿qué estás haciendo aquí?
Booth, Ángela y Cam se quedaron boquiabiertos al verla allí.
- He venido a trabajar, Booth.
- ¿Qué? ¿Estás loca? ¡Te dije que te quedaras en tu casa!
- ¿De verdad creías que me mantendrías encerrada allí, Booth? Está claro que no me conoces.
- Pero, ¿y los agentes que vigilaban tu casa? Voy a llamarlos ahora mismo. Se van a enterar, les di órdenes muy claras de que no te dejaran salir por ningún motivo – dijo muy enfadado cogiendo su teléfono móvil.
- No creo que te contesten – dijo ella.
- ¿Cómo?
- Aún deben de estar durmiendo…
- ¿Qué? ¿Cómo que durmiendo? ¿Qué les has hecho Huesos?
- Oye, ¡yo no tengo la culpa! Fueron ellos quienes decidieron libremente comerse las galletas.
- ¿Galletas? ¿De qué estás hablando?
- ¡Un momento, chicos! – gritó Ángela y dio un fuerte silbido para que ambos dejasen de discutir – Temperance, ¿puedes contarnos a todos lo que está pasando? ¿Cómo te has escapado y qué es eso de las galletas?
