CAPÍTULO 23
Booth y Brennan hablaron con el profesor que impartía la asignatura optativa en la que se usaba la porcelana, y le mostraron una foto de la figura del águila calva preguntándole si recordaba si algún alumno había hecho algo similar en su clase. Como Booth había supuesto, el profesor respondió afirmativamente, y les dijo que el autor de eso era un alumno llamado Tom Dickens.
Con esto ya tenían suficiente para llevar a Tom a la sala de interrogaciones, y así lo hicieron.
- Sí, lo admito, yo hice una copia de ese águila, pero fue por una buena causa – explicó el joven.
- ¿Ah sí? – preguntó Booth, incrédulo - ¿Y cuál se supone que es esa "buena causa"?
- Mi cuñada Kelly, la mujer de mi hermano Bernie, me llamó y me dijo que había estado limpiando su casa y sin querer se le cayó una de las figuras de porcelana de mi hermano y la rompió. Verán, él es un hombre un poco violeto a veces cuando se enfada, y Kelly tenía miedo de su reacción cuando descubriese la figura rota, porque para colmo era su favorita y la que más le había costado, así que me rogó si le podía hacer una figura igual para que él no se enterase de lo que había pasado.
- Parece que aprecias mucho a tu cuñada, Tom – dijo Brennan.
- Pues sí, ¿pero qué tiene eso de malo?
- Sí, está claro que la "aprecias" mucho, tanto como para montártelo con ella a espaldas de tu hermano.
- ¿Qué? ¿Pero qué está diciendo?
- Os vimos Tom, cuando salías del instituto de arte y te metías en su coche – le contó Brennan y el muchacho palideció al saberse descubierto.
- Vaya, me pregunto qué hará tu hermano Bernie cuando se entere – dijo Booth.
- Oigan, no pueden contárselo, por lo que más quieras, no lo hagan, se los suplico. Si se enterase sería capaz de matarnos a los dos.
- Kelly es un poco mayor para ti, ¿no crees? - dijo Brennan.
- Sé que les sonará a tópico, pero en el amor lo menos que importa es la edad. Ustedes dos, por ejemplo, él parece unos años mayor que usted, pero aún así se les ve muy enamorados.
Booth y Temperance se miraron cuando el joven dijo eso, cada uno por su parte sintiéndose descubierto, pero sin saber que el otro pensaba igual.
- No compares, yo sólo tengo tres años más que ella – le dijo Booth al muchacho.
- Además nosotros no estamos… - dijo Brennan.
-¡No! Para nada – la interrumpió Booth.
- No, sólo somos…
- Compañeros – dijeron los dos al unísono.
- Nada más – aclaró Brennan.
- Exacto, sólo compañeros de trabajo – consiguió decir Booth de un tirón a pesar de su nerviosismo.
- Oh, disculpen, creí que eran... ya saben... novios – dijo Tom. – Bueno, Kelly les puede corroborar lo de la figura esa. ¿Ahora puedo irme? Verán no es que lo esté pasando mal con ustedes, pero tengo que terminar un trabajo muy importante para entregarlo mañana en el instituto.
- Sí, puedes irte - dijo Booth a desgana.
- ¡Pero Booth! – le recriminó Brennan.
- No tenemos nada para detenerlo, ¿qué quieres que haga? – le susurró Booth.
- Un momento Tom, antes de marcharte dinos donde podemos encontrar a Kelly ahora– le pidió Brennan.
Tom les dio la dirección de la empresa de arquitectura que presidía Kelly, y en menos de una hora ya estaban en ella preguntando por la mujer. Tuvieron que esperar unos minutos antes de que su secretaria los dejase pasar, pues Kelly estaba reunida con unos clientes importantes.
Kelly les confirmó lo que Tom les había dicho acerca de la figura del águila, y les rogó que no dijesen nada acerca de que los habían visto juntos a Tom y a ella, alegando que había sido algo sin importancia y que no quería destrozar su matrimonio por una aventura de nada.
- Él nos ha dicho que están muy enamorados – dijo Booth.
- ¡Por favor! Sólo tiene 20 años, aún es un crío, qué sabrá él del amor… - dijo Kelly.
Con lo que tenían tampoco podían detener a Kelly, así que regresaron al Jeffersonian. Durante el trayecto en coche Brennan sacó de su bolsillo una pequeña bolsa transparente para recogida de pruebas, con una colilla de cigarrillo en su interior.
- Le diré a Cam que compare el ADN de esta colilla con el que había en el trozo de uña.
- ¿De dónde lo has sacado? – preguntó Booth.
- ¿De dónde va a ser, Booth? Del despacho de Kelly.
- Pero… ¿cómo? ¿Cuándo?... Ni siquiera te he visto hacerlo.
- Claro, estabas muy ocupado mirándole el escote mientras ella te mostraba la maqueta de la nueva urbanización que iba a construir.
- ¿Qué? ¡No! Yo no le miraba el escote, yo… estaba simplemente observando la maqueta, ¿vale?
- Ya… Booth no tienes por qué avergonzarte, en fin, eres un hombre… es normal que una mujer con pechos grandes llame tu atención.
- Huesos, ya te he dicho que no le estaba mirando los pechos, ¿de acuerdo? – dijo él bastante incómodo por aquel tema de conversación - ¿Podemos dejar de hablar de eso? En lo que sí me fijé fue en sus uñas, y no tenía ninguna partida – dijo cambiando de tema.
- Claro que no, porque llevaba uñas postizas. Van pegadas sobre las uñas reales, así que aunque tuviese una uña partida no la podríamos haber visto.
Llegaron al Jeffersonian y Temperance le dio la colilla a Cam para que la analizase, y luego se dispuso a ir a su despacho, seguida por Booth.
- Oye Huesos, no creo que sea muy buena idea… podemos ir al despacho de Ángela o al de Cam.
- ¿Por qué lo dices Booth?
- Bueno… es que ahí sucedió… ya sabes…
- ¿Y por eso no voy a poder entrar más en mi despacho?
- No es eso Huesos, pero es que todavía está muy reciente, no creo que sea bueno para ti.
- Tranquilo Booth, estoy bien.
Temperance entró en el despacho como si nada hubiese pasado y se sentó frente al ordenador. Rebuscaba entre los papeles que tenía sobre su mesa cuando de pronto un montón de imágenes se agolparon en su cerebro, y comenzó a recordar lo que había pasado.
