CAPÍTULO 24

Booth, que no se había atrevido a entrar, observó desde la puerta como su compañera palideció y comenzaba a respirar agitadamente, y en su rostro se dibujaba el miedo y la angustia.

- Huesos, ¿estás bien? – le preguntó preocupado y no recibió ninguna respuesta - ¿Huesos? ¿Qué te ocurre? – dejando a un lado su propia angustia Booth entró en el despacho y se acercó a Temperance.

- Booth… - acertó a decir ella todavía asustada -. Lo recuerdo, recuerdo lo que pasó.

- Tranquila, estoy aquí contigo – Booth le cogió una mano mostrándole su apoyo -. ¿Qué recuerdas exactamente?

- Recuerdo que yo iba a ir a la entrada a recoger la comida que traía el repartidor, pero finalmente fuiste tú después de insistir mucho. Yo me quedé y me puse a recoger todos los papeles que tenía sobre la mesa para poder comer en ella, cuando sentí que alguien entraba. Creí que eras tú que habías olvidado el dinero.

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Flashback:

- ¿Otra vez has olvidado la cartera, Booth? – preguntó Temperance sin levantar la vista de sus papeles, pero no recibió contestación.

De pronto Temperance sintió como esa persona se colocaba justo detrás suya, y se giró para ver quien era.

- ¿Oliver? – dijo al verlo, y en cuestión de milésimas de segundo vio como éste sacaba un cuchillo y se lo clavaba en el vientre, dejándola casi sin aliento.

- Lo siento Dra. Brennan, pero no me deja otra opción. ¿Sabe? Yo la quiero, la adoro, pero no estoy dispuesto a seguir viendo como me desprecia. Me he rehabilitado por usted, le he regalado las cosas que sé que más le gustan, pero aún así usted solamente tiene ojos para ese estúpido que se las da de superhéroe… Sí, os vi cuando estábais a punto de besaros hace un instante. Si no es mía no será de nadie – dijo furioso y tras esto le sacó el cuchillo del vientre y salió del despacho.

Temperance instintivamente se llevó las dos manos al abdomen para taponar la herida, pero ésta no paraba de sangrar, y esto unido al inmenso dolor provocaron que tras dar un par de pasos, cayese desplomada al suelo.

Unos minutos después escuchó como su compañero la llamaba, pero el gran dolor que la invadía no le permitió emitir ni una palabra. Luego vio aterrorizada como Booth caía al suelo también herido, y ya todo se volvió negro.

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- Temperance – la voz de Booth la devolvió al presente - ¿Puedes recordar quién lo hizo?

- Oliver – dijo ella aún sumida en aquellos horribles recuerdos –. Fue Oliver.

- ¿Oliver? ¿El fanático?

- Sí

- Pero si está internado en un manicomio…

- Fue él Booth, te lo aseguro.

- Hey, yo te creo, tranquila – dijo abrazándola –. Es sólo que me parece extraño.

- Ohhhh, ¡qué bonito, parejita! – exclamaba Ángela, que acaba de entrar al despacho de su amiga - ¡Veo que ya os habéis reconciliado!

- Ángela, no es momento para bromas – Booth la miró muy serio.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Ángela preocupada al ver las caras de Brennan y Booth.

- Acaba de recuperar la memoria – le contó Booth.

- Oh cielo, ¿estás bien? – se acercó a ella.

- Sí – contestó Brennan un poco más tranquila -. Fue Oliver quien nos atacó a Booth y a mí.

- ¿Oliver? – preguntó Ángela - ¿Ese no es aquel fan loco que te acosaba y al que encerraron en una clínica psiquiátrica?

- Sí, ese mismo es – le confirmó Booth -. Seguro que se ha escapado de ahí.

- Booth, él dijo algo de que se había rehabilitado – le dijo Brennan.

- Huesos, es un loco, ¿qué iba a decir? Voy a investigar en qué hospital estaba, y me van a oir – dijo muy enfadado.

- Tras hacer un par de llamadas a unos compañeros del FBI, Booth obtuvo el teléfono de la institución para enfermos mentales donde habían llevado a Oliver, y les llamó. Le contaron que éste ya había mejorado mucho, que su conducta era excelente y que estaba prácticamente rehabilitado, razón por la que lo incluyeron en un grupo de reinserción social mediante la ocupación de un puesto de trabajo.

- ¿Cómo? – preguntó Booth indignado - ¿Qué lo han dejado suelto?

- Bueno señor, eso no es del todo correcto. Este tipo de pacientes luego viven en un piso tutelado y son controlados por los psiquiatras.

- Escúcheme, necesito que me diga donde han puesto a ese tío a trabajar, es muy importante.

- Sí señor, espere un segundo, miraré en el ordenador, no cuelgue… Ya lo tengo.

- ¿Y bien?

- Está ocupando un puesto de técnico de mantenimiento en el Instituto Jeffersonian, en el departamento de paleontología, 6ª planta.

- ¡¿CÓMO HA DICHO?! – gritó Booth y hasta asustó un poco a Ángela y a Brennan -. ¿ES QUE ACASO ESTÁN USTEDES LOCOS? Ese tío tiene una orden de alejamiento contra la Dra. Temperance Brennan, por la cual no puede acercarse menos de 500 metros de ella, ¡y ustedes lo ponen a trabajar en el mismo edificio!

- Lo siento, debe haber habido algún error, nosotros no teníamos constancia de ello. Además, la asignación de los puestos de trabajo a esa clase de pacientes de hace de manera aleatoria…

- ¡Escúcheme bien, gilipollas! Ese tío ha estado a punto de matar a mi compañera, y tan pronto como lo coja también iré a por ustedes, se lo juro. Vosotros tenéis la culpa de que esto haya pasado – dijo gritando y colgó sin más.

- ¿Qué ese tío trabaja aquí? – preguntó Ángela, asustada.

- Sí – contestó Booth -, es técnico de mantenimiento en paleontología.

- Claro, ahora recuerdo que llevaba un mono gris oscuro con el logotipo del Jeffersonian, – dijo Brennan – por eso pudo entrar al edificio sin problemas.

- Huesos, tenemos que irnos ahora mismo, no puedes quedarte aquí ni un segundo más y arriesgarte a que ese loco te haga algo. Vamos, te llevaré a mi casa, porque seguro que ese tío sabe donde vives.

- No tan deprisa amigos – se escuchó desde la puerta, era Oliver, encañonando una pistola y apuntándolos a los tres.