Capítulo 29
"¡Las Cazadoras de Selene! El Orgullo de las Amazonas "
El Fuego de la Casa de Sagitario se está extinguiendo Quedan 3:10 horas para la muerte de Atenea
Cumbre del Santuario, 15 de Marzo del 44 a.C
Cuando el Caballero de Altar vio como Kryon caía violentamente del cielo creando un gran hoyo manchado de sangre y recubierto con trozos de su Ropaje Divino, prácticamente sintió como si al Santuario hubiese llegado el mismo Erebo. Los sentimientos de duda y temor que asolaban la mente del Santo de Plata sólo alimentaban la oscura presencia del Berserker de Behemoth, quien se mantenía en el aire.
- ¿Ocurre algo, Kryon? No me decepciones de ese modo y levanta, pues tú fuiste una vez mi perfecto opuesto, mi rival, mi Némesis... ¡No puedo consentir que tu poder siquiera haya rebasado al de los Santos de Oro!
Altar palideció, recordando que aquel hombre había decapitado a Capricornio sin dificultad. Entonces pensó que las leyendas sobre la más alta casta de los Berserkers, que superaba incluso a la del Azote de Heracles, eran totalmente ciertas, y que incluso los Doce Santos de Oro en su conjunto la tendrían difícil de pelear contra uno sólo de ellos convertido
Pese a que tenía todo en contra Kryon se levantó, confiando nuevamente en su Cosmos y su Ropaje Sagrado con los que tantos obstáculos había superado Desplegando sus alas el Pegaso llegó a donde Caronte lanzando una tanta de golpes a la velocidad de la luz que el Berserker no se molestó en esquivar; por el contrario permitió que los ataques dieran en el blanco con el fin de tener a su rival a su merced. Los temibles Colmillos de Cancerbero azotaron todo el cuerpo del Santo a una velocidad endemoniada pero el guerrero se compuso y dio una patada giratoria que golpeó el abdomen del pelirrojo.
Kryon: ¡Ahora verás de lo que soy capaz, Berserker! ¡Puño de la Estrella Fugaz de Pegaso!
Emulando la velocidad de los dioses Gemelos del Eliseo para sorpresa del Berserker pelirrojo, Pegaso dio su temible ataque que dejaba tras de sí un brillo formado porque pequeñas luces estelares, y que golpeó directamente el peto de la armadura anaranjada de su oponente. Kryon observó satisfecho como un hilo de sangre bajaba de los labios de su enemigo, pero enseguida se alejó al ver que sonreía, aunque no sirvió de nada; una esfera oscura conocida como Bola Sombra devolvió al Caballero Alado de Atenea al suelo, a los pies de una sorprendida Atenea.
Helena: ¡Basta, Caronte de Behemoth! ¡Si sigues atacando a mis Santos me veré obligada a enviarte directamente al Tártaro! No me costaría hacerlo ahora que la voluntad de tus maestros no lo evitaría.
Caronte: ¿Vais a matarme, Atenea? Hacedlo, a mí me da igual. De todos modos, sólo lograrás que el Olimpo envíe a alguien más sádico y cruel que yo, alguien que aniquilará a todos y cada uno de vuestros Santos... ¡En cambio yo no lo hago, tan sólo me dedico a cumplir las órdenes de mis Superiores, los Superiores de todo el Universo, de hecho!
De repente Kryon agarró a Caronte por la espalda, listo para desatar el Choque Giratorio de Pegaso que le sirvió para derrotar al Juez del Infierno Aiacos de Grifo. Desafortunadamente para el Santo, el Berserker ya conocía esa técnica y pudo librarse fácilmente girando sobre sí mismo, al tiempo que lanzaba sus garras contra el peto de la Armadura Divina y remataba con una patada en diagonal que reventó la mandíbula del guerrero, haciendo que escupiera sangre más no logrando que cayera al suelo.
Kryon: ¡Tú poder se ha intensificado! ¡Tu cosmos es idéntico al de Thánatos! - exclamó sorprendido, extrañado de que su enemigo hubiese aumentado tanto su Cosmos.
Caronte: Sí, eso me dijeron Sus Majestades, pero no me gusta fundamentar mi poder en mera teoría, necesitaba probarme a mí mismo que tan poderoso me había vuelto. La verdad no me siento decepcionado... ¡Pero sé que aún puedo esperar más de ti, Kryon!
Con renovadas fuerzas el guerrero de Behemoth hizo crecer su aura, que se debatía entre las Sombras y destellos de Fuego. Con sus dos manos extendidas al frente, de una emanó la Bola Sombra, mientras que de la otra surgió una esfera de energía flamígera concentrada conocida como Bomba Estrellada. Ambos kens alcanzaron a Pegaso que sólo tuvo tiempo de defenderse. Cuando el polvo levantado por el ataque del Berserker se disipó, Pegaso vio apesadumbrado como en sus manos podía ver sangre.
Pese a que otros pudieran llamarlo loco, el Santo de Bronce agradeció aquellas heridas que lo alejaban de una cierta soberbia que había adquirido en el Elíseo. Con osadía sonrió levantando los puños, dispuesto a continuar el combate dando el todo por el todo. Rápidamente trazó los signos de su Constelación para conjurar los Meteoros de Júpiter, una técnica superior a los Meteoros de Pegaso que le enseñó su Maestro Belerofonte, pues en cada ataque estaba la fuerza de un Cometa.
La lluvia de golpes a la velocidad de la luz era tan inmensa y potente que no permitían al Berserker protegerse o evadirlas. Sin embargo, y pese a que los puñetazos lograban rasgar levemente la piel del rostro del que fuera guerrero de Ares, no lograban moverlo, pues permanecía parado, soberbio, como incitando a su oponente a que elevara más la potencia de sus golpes.
Kryon: ¡No lo entiendo! ¡Estoy seguro de que cada uno de mis ataques es más poderoso que el anterior, y que al menos debe de estar sufriendo los últimos impactos pese a su armadura! ¿Qué clase de poder le han dado a este monstruo?
Caronte: ¿... Me han dado? A mi no me han dado más que esta armadura, Kryon, una coraza que me permitía igualar tu Ropaje Divino, se suponía que eso equilibraría nuestro combate. ¿Pero de verdad piensas que alguien me ha dado poder? Toda mi fuerza, mi resistencia, mi velocidad, mi cosmos y mi inteligencia han sido el fruto de toda mi longeva vida como guerrero. ¡Siempre enfrentando a alguien más fuerte! ¡Siempre luchando en batallas desiguales! ¡Siempre superando obstáculos imposibles! Así ha sido mi camino desde mi nacimiento, y estoy orgulloso... Pues el dolor que guardo en mi ser me ha forjado, me ha formado como el Campeón que hoy reclama el Olimpo. ¿Te das cuenta Kryon? ¡Esa es la diferencia! Dolor, experiencia, sufrimiento... ¡1200 años nos separan, chico!
Kryon: ¡Cállate! ¡Me dan igual tus 1200 años! ¡Tu maldad no superará el Cosmos de la Justicia y la Paz de Atenea!
Caronte: ¿Aún no te das cuenta de que hoy yo represento a la Justicia, Santo? Debes darte cuenta que aun nosotros, que representamos una vez a opuestos Dioses del Olimpo, no somos nada ante la Voluntad Suprema de Zeus y Hera, y bajo su mandato es por lo que he venido aquí, a cesarte por tus sacrilegios
Kryon: ¡Eso lo veremos! ¡Los dioses que han bajado a la Tierra sólo han mostrado su mezquindad y ambición! ¡Yo sólo creo en Atenea y por ella lucharé con quien sea! ¡¡METEOROS DE JÚPITER!!
La violencia con la que Pegaso lanzó aquellos golpes hizo que el rostro de Caronte se bañara en sangre proveniente de su nariz y boca, pero aun así no dejaba de sonreír, disfrutando cada momento de aquel brutal duelo entre dos guerreros tan opuestos como Sombra y Luz. El Berserker sonrió cuando Kryon había llegado a estar justo frente suyo, e iluminó su mano con fuego.
Caronte: Buenos golpes, ahora llega mi turno... ¡Estallido de Flagetonte! - exclamó el pelirrojo mientras su ken de fuego consumía todo en derredor. Siquiera se habían disipado las llamas cuando aquellos dos luchadores empezaron a intercambiar golpes y contragolpes, con un equilibrio inestable donde Caronte empezaba a tomar ventaja.
.Kryon: "¿Así que esta es la diferencia? ¿Acaso no servirá de nada golpearle? ¿Será que por mucho dolor que le provoque nunca dejará de combatir?... ¡Malditos Berserker! ¡No me rendiré ahora que Hades ha sido vencido! ¡Por ti Helena aplastaré a este monstruo!" - pensó Kryon antes de cargar en su mano todo el Cosmos que guardaba - ¡¡HECATOMBE DE PEGASO!!
El impacto ente el puño de Kryon y la armadura de Caronte fue sentido en toda Grecia, casi como un temblor general que seguramente recordó a muchos las plegarias a sus dioses con el fin de calmar su aparente ira. La Hecatombe, la técnica capaz de hundir continentes enteros, un golpe que, usado por la persona indicada, podría mover el mundo. El ken fue fugaz e inevitable, y sin llegar al quebrantar la ostentosa armadura de Caronte, provocó que este escupiera prácticamente un mar de sangre, paralizando por un momento su corazón.
Kryon sudaba copiosamente, sabedor de que no había podido usar sino un cuarto del poder de aquella técnica prohibida. El sentir en su cabello la fría y fatal respiración de Caronte nuevamente hizo que rechinara los dientes con rabia, mas abrió los ojos grandemente tras oír un susurro.
Caronte: Bien Kryon, ahora comenzamos a entendernos. Esta es una batalla a muerte donde debemos dar cada uno todo lo que tenemos... - dijo el sonriente Berserker, ahora con los ojos brillando con un amarillo siniestro y mostrando sus colmillos. Rápidamente lanzó un rápido puñetazo al abdomen de Pegaso, seguido de otro en el pecho, dos en el rostro, para seguir con una lluvia de puñetazos y patadas a la velocidad de la luz - ¡Vamos! ¡Esto aun no acaba Kryon! ¡Acaba de empezar! ¡No pierdas tu tiempo levantando defensas¡ ¡Ataca, Ataca, Ataca!
Kryon quedó sorprendido y azorado, apenas una décima parte de los golpes que recibía los podía retener, pero el resto llegaba a diversas partes de su cuerpo provocándole un gran dolor que no estaba dispuesto a mostrarle a Caronte. De repente, paró el asedio, y un solo dedo del Berserker señalaba a la cabeza del Santo de Bronce.
Helena: ¡NO! ¡PARA! - exclamó la Diosa de las Guerras Justas, sorprendido a todos. Extrañamente Caronte se mantuvo estático, volteando a la Señora del Santuario, quien lo apuntaba con su lanza. - Dices que obedeces la Autoridad Suprema de los Dioses, y que sólo a ella debes excusas. ¡Pues entonces te digo! ¡Yo soy Atenea, Protectora de la Tierra, Señora del Santuario y Diosa de la Guerra! Te ordeno en el nombre de mi posición en el Consejo de los Doce, que olvides la idea de matar al Santo de Pegaso.
Caronte: Claro. - respondió sonriente el Berserker, dejando pálida a la que conocía su macabra manera de pensar. Kryon deseó decir algo, pero una fuerza negra como la noche oprimía demasiado su espíritu. - Si una Diosa del Olimpo me lo ordena, entonces el castigo al hereje no será la muerte. ¡Por las Entrañas de Nyx! - Antes de que ninguno de los allí presentes pudiera tomar conciencia de lo que pasaba, una serie de tentáculos nacieron de una base de densa oscuridad recubriendo todo el cuerpo de Kryon, ante la mirada consternada de la reencarnación de Atenea.
Cima del Santuario del Sol y la Luna
Tras un tiempo de inactividad, luego de la humillante derrota de Artemisa, el espacio en derredor del Palacio del Sol y la Luna se distorsionaba para dar paso a varias figuras de magníficas armaduras. Una de ellas, una joven y bella amazona de cabello erizado hacia atrás, con coraza celeste con motivos de color dorado escarlata que evocaban a los ángeles, y un par de alas en la espalda, cargaba en su mano a otra guerrera, que no era otra que Galatea de Mercurio. La infante cuya alba poseía el color de su planeta regente, con dos pequeñas alas en relieve en la espalda junto a otras dos en cada bota, refunfuñaba infantilmente ante la inescrutable guerrera de Urano.
La presencia de aquella mujer que había sometido a la indomable Mensajera del Fin del Mundo, cuyos cabellos mostraban claros signos de haber sido cortados con afiladas cuchillas, hacía que el gigantesco Titán de Saturno que venía detrás perdiera toda importancia. Junto al enorme caballero astral apareció el no menos ostentoso Narciso, cuya alba emulaba a un espejo. Los guerreros se miraron entre sí y luego a Titania, que soltó sin cuidado a la pequeña Mercurio.
Galatea: ¡Estaba jugando! ¡Yo quería jugar más! - gritaba la infante en rabieta.
Narciso: No te preocupes Galatea, Asgard era demasiado aburrida comparada con el juego que tenemos preparado. - aseguró el amanerado astral, logrando calmar a la pequeña.
Titania: No me agrada que hables de lo que has hecho en Asgard como si fuera un simple juego... ¿Acaso habéis olvidado los Caballeros del Interior qué somos? ¡Caballeros Astrales! La necedad de esta mocosa os ha contagiado.
Narciso: ¡Ah, Galatea ha ganado más batallas con su necedad que tú con tu absurdo honor, rojiza! - exclamó con soberbia el regente de Venus antes de que, con endiablada velocidad, Titania atrapara su cuello entre dos katanas gemelas.
Titania: ... Yo no le temo a una niña con poder, Espectro. Yo soy una guerrera, y los guerreros son más que mero poder.
Pese a la aparente tranquilidad de Narciso, en su interior sabía perfectamente que alguien como Titania no bromeaba jamás y que no dudaría en desollarle el pescuezo si sus siguientes palabras, que debían ser de disculpa, la ofendían. Fue en aquel momento donde Saturno decidió actuar; sus ojos brillaron con un cosmos universal, separando a los dos guerreros astrales mediante la manipulación del Espacio y el Tiempo.
Titán: ¡Debería daros vergüenza a los dos! ¡No sabemos que razones han movido a Apolo a mandarnos custodiar el Santuario! ¡Tampoco tenemos certeza de cual es la situación de Caronte! ... Por las barbas de Zeus miraos, parecéis Berserkers actuando así.
Titania: Tienes razón, Titán. - dijo la amazona, enfundando sus espadas. - Actuar bajo la esclavitud de primarios instintos, emociones y sentimientos, sólo es propio de luchadores bárbaros que no merecen el título de guerrero. - miró a Galatea, quien le respondió enseñando la lengua - El por qué de la orden de Apolo no es un problema prioritario...
- Te equivocas, amazona, sí lo es. - contradijo una voz tan fina como la de un ángel, mas a su vez tan cínica como la de un demonio. Los cuatro astrales voltearon y quedaron sorprendidos por aquella presencia. Se trataba de una mujer de un metro setenta de estatura, piel de un suave gris, y corto cabello negro que cubría su frente con algunos mechones rebeldes. Sus ojos eran de un amarillo hipnotizante, y sus blancos dientes contrastaban con la negrura que la acompañaba. Su armadura roja apenas podía ser vista debido a una capa del color del ébano que llegaba a rozar los pies. - El problema que ahora enfrenta mi tío, casi acaba con la vida del renacuajo, aunque afortunadamente para vosotros estaba Enio, Guerrera Astral de Avalon para sacarlo del problema.
La mayoría de los caballeros astrales habían quedado estupefactos, aquella era una deidad antigua descendiente de Ares que era conocida como la Destructora de Ciudades: Enio. Antes de que ninguno de los Campeones de Apolo pudiese decir algo, Galatea se adelantó.
Galatea: Tú no puedes ser Astral porque no eres hermanita de Galatea. - aseguró la Mercurio con prepotencia. - ¡Sólo los hermanitos de Galatea son Astrales!
Enio: ¿Entonces tendré que comerte para convertirme en Astral? - preguntó con cierto sadismo mostrando sus colmillos, aunque pronto cerró los labios con dejadez. - ¡Bah! No valdría la pena arriesgarme a la indigestión por eso.
Titania: ¿Quién es ese renacuajo del que hablas? - preguntó la impasible amazona, ignorando la rabieta de Mercurio que saltaba enrojecida. La palidez de Titán y el malestar de Narciso le indicaban que las noticias de Enio no eran alentadoras.
Enio: ¿El renacuajo? ¿No sabes? - preguntó sorprendida la deidad de las matanzas, como si aquello fuera algo que la amazona debía saber. - Ese muchacho humano que emana tal delicioso odio y deseo de venganza... - inmediatamente, Titania se acercó a la diosa, no amenazante, pero sí preparada para cualquier cosa. El resto miró la escena expectante. - Actualmente está cerrando un viejo trato relacionado con un Santo Blanco de la Corona del Sol en la Esfera de Urano, y me pidió que os avisara.
Sin dudar o hacer más preguntas, Titania corrió a la velocidad de la luz hacia su Esfera, seguida por Titán. Narciso sólo se quedó mirando a la Destructora de Ciudades, teniendo a Galatea agarrada de su cuello.
Enio: Te recuerdo, eres el hermano amanerado del renacuajo, el espectro de la Estrella de la Esperanza Perdida, Narciso del Ángel Sin Alas.
Narciso: Vaya, me alegro que de entre todos los enemigos a los que has mutilado, desollado, abusado y cremado, me recuerdes a mí, un humilde e inocente espectro inmortal. - dijo con ironía en su voz el de cabellos castaños - No quisiera contrariar a tan pacífica deidad pero... Sólo hay nueve planetas en el Sistema Solar... - apuntó el de transparente armadura. La hija de Ares sólo río levemente. Mientras se daba la vuelta le bastó un chasquido de dedos para que en su negruzca capa se pudiera ver la imagen de un planeta de superficie amarillenta que sin duda giraba alrededor del Sol.
Enio: Llevo 3000 años creciendo, y mi padre no sabía que obsequio otorgarme. Es mi regalo de cumpleaños, desplumado.
Venus se quedó estático por un momento, pues teóricamente si había un nuevo planeta en el Sistema Solar, lo lógico sería que hubiese otro caballero astral. Sin embargo, no era esa la razón de su sorpresa; el planeta Plutón, y todos sus satélites, habían sido destruidos.
Aldea de Pafos, Cinturón de Hipólita
El Cinturón de Hipólita era un campo extenso, tanto como gran parte de la zona occidental del Santuario, era un lugar a su vez aislado, ningún hombre podía entrar. Por otro lado, las mujeres que eran admitidas en el duro entrenamiento, debían aislarse del mismo modo, por lo que Villa Rodorio no podía abastecerlas.
Ellas debían vivir de lo que cosechaban aquellas que fracasaban en el entrenamiento. En pequeñas villas repartidas de forma irregular por el Cinturón de Hipólita, conformadas por chozas construidas sin cimiento alguno. En uno de esos poblados es que luchaba el grupo de Shaina, Geki, Spartan, y los guerreros de Poseidón supervivientes contra un grupo de guerreras con máscara.
La rabia de Shaina era palpable, fácil de sentir en el ambiente. De por sí Geki y Spartan se quedaban estupefactos, pero los marinos eran incapaces de entender como la amazona podía utilizar tal violencia contra las que debían ser compañeras de entrenamiento. Decenas de aquellas aprendices yacían inconscientes por la villa, y en la zona donde ahora combatían, cinco habían caído, con sus máscaras rotas, sangrando por nariz y boca, con heridas casi letales en el estomago.
Cuando un grupo de tres guerreras quisieron someter a Ofiuco, Isaac las congeló con su Aurora Boreal mientras Geki paralizaba a Shaina y Sorrento mantenía a raya a las diez que esperaban para actuar. Dos de este ultimo grupo trataron de golpear a traición a Spartan, quien se mantenía expectante, pero la oportuna intervención de la sirena Tetis salvó la vida del Santo de Plata, quien sonrió en respuesta.
Shaina: ¡Geki! ¡Basta de tonterías! ¡Estas infelices que se hicieron un día llamar aspirantes a la caballería, se han vendido a Artemisa! - gritaba la orgullosa, sometida por los fornidos brazos de Geki quien sudaba copiosamente.
- ¿Y no hicisteis eso tú y esos Santos de Bronce, Shaina? ¿No jurasteis lealtad a Artemisa hace menos de una semana? - preguntó una amazona de pelo verde oscuro suelto, a cuyo lado estaba una exactamente igual, aunque de musculatura más predominante.
- Sí... ¿Acaso no nos decías hace años que lo único que importaba era la fuerza? ¿Qué aquel que la tuviera debía imponer su voluntad? ¡Pues Artemisa y Apolo han demostrado ser superiores a esa diosa traidora a la que sigues mostrando lealtad! - aseguraba la gemela de la anterior, de musculatura más notable que su hermana. Su pelo era de un marrón oscuro que evocaba al Otoño.
Isaac: ¡Shaina! ¡No les sigas el juego! ¡Estas mujeres sólo quieren irritarte y lograr que bajes la guardia! - gritaba el general tuerto.
Shaina: Isaac... ¡He aceptado la ayuda de Poseidón y la de los generales marinos por el bien de la Tierra y de Atenea! ¡Pero no consiento que tú y tus compañeros os metáis en este asunto de sedición!
Demostrando por que era conocida como la mujer más fuerte de todo el Santuario, Shaina se liberó de su captor, derrotando, a una velocidad que excedía a la de su rango, a todas y cada una de las aspirantes a caballero, quedando sólo las hermanas, quienes encararon a Ofiuco sin titubeos.
Sangre goteaba de las garras de la imparable Shaina, bañada en la cólera de ver a aquellas aspirantes a caballero, en las que puso toda su confianza cuando decidió entrenarlas luego de la muerte de Saga de Géminis. La Santa de Plata corrió dispuesta a todo, pero entonces apareció Ethel, la Cazadora de Selene.
Ethel;: Quieta, Shaina, esta escoria no es digna de ti. - afirmó la psíquica guerrera de Artemisa. Tanto las gemelas como las amazonas heridas por derredor enmudecieron.
Geki: ¿Qué... Qué... Qué dijo? - tartamudeó el Oso.
Spartan: Es ella... ¡Ahora lo recuerdo! - exclamó el Santo de Brújula para sorpresa de Geki.
Sorrento: Disculpad que me entrometa Santos de Atenea pero... ¿De qué habláis? - preguntó extrañado el General de Sirena.
Spartan: ¡Es Grethel! ¡Grethel, la aspirante a Santa de la Grulla! Recuerdo que era una guerrera muy inteligente que fue despreciada en el Cinturón de Hipólita por sus escasas capacidades físicas. - contaba el Santo de Brújula, llamando la atención de todos. - Se dijo que la muchacha desapareció y no volvió a ser vista en todo el Santuario.
Ethel: Sólo son absurdas mentiras maquinadas por un tiránico Patriarca que ocultaba a una guardia de mediocres y corruptos asesinos. Yo fue rechazada, es cierto, pero no desaparecí, fue asesinada por un salvaje llamado Jagi y acabé en el Hades.
Tetis: ¡Es horrible! ¿Tus propios compañeros te asesinaron? - decía la sirena, consternada.
Shaina: ¿Grethel? ¿Esa niña cuyos padres murieron cerca de Villa Rodorio? Ahora lo recuerdo. Sí, fui yo quien decidió que no fueras entrenada en el Cinturón de Hipólita, eras incapaz de soportar las pruebas... ¡Fracasaste! La caballería no es un juego ni para hombres ni para mujeres, es algo sagrado.
Geki: ¡Shaina! ¿Acaso insinúas qué...?
Shaina: ¡No! No fui yo quien la mandó matar... ¡Siempre creí que simplemente se había marchado! ... Pero debí desconfiar de esos mercenarios.
Ethel: No te preocupes Shaina, merecía la muerte en ese entonces, era débil. - cortó la Cazadora haciendo que todos callaron - Mi descenso al Hades acabó en el Tártaro. Al principio no sabía qué me atrajo a la fosa más profunda del Sub-Mundo, pero pronto lo supe... ¡Yo debía conocer al Maestro Fobos! - exclamó la amazona. Aquella joven no aparentaba locura, parecía muy cuerda en todo lo que decía, y aquello dejó a las aspirantes a la caballería estupefactas, sabían quien era Fobos, el Caballero Astral de las Emociones y los Espíritus, el Señor del Miedo.
- ¡Espere Cazadora Ethel! ¡Fobos de Marte es un Caballero Astral! ¡Siendo guerrera de elite de Artemisa no debió...! - decía una de las gemelas.
Ethel: Él me enseñó a sobreponerme al Hades, gracias a una habilidad que había reprimido por miedo al fracaso. Poseo vastos poderes mentales en detrimento de mis capacidades físicas, pero con eso me bastó para controlar a una de las Cazadoras de Selene en el Olimpo y reclutar a las más grandes amazonas para nuestra causa.
- ¡La Revolución de los Astros! - exclamó una voz que no era sino la de la veloz Ifigenia, que apareció al lado de Ethel. - La rebelión contra la autoridad de los Olímpicos. Esperábamos contar con la colaboración de la guerrera más fuerte de esta generación de Santos, pero cierta mala hierba había aparecido y la presencia de la Comandante Atalanta complicó las cosas.
Ethel: ... Ifigenia es una de las tantas mentes privilegiadas que supieron apreciar la visión del los Caballeros Astrales, me alegró en sobremanera que una guerrera tan eficiente no fuera desperdiciada sirviendo a semejantes mediocres. ¡Los dioses del Olimpo son el pasado, y nosotros somos el presente, y el futuro!
- ¡Capitán Ethel! ¿Qué está diciendo? ¿Traicionar a Artemisa? ¿Traicionar a la Diosa de las Amazonas? - preguntó con consternación una de las gemelas, cuya musculatura empezaba a resaltar ante los planes de las Cazadoras.
Ifigenia: ¿Qué ocurre Haruko? ¿Ni siquiera puedes controlar a tu primaria hermana Akiko? - preguntó la de casco de liebre con cierta arrogancia.
La de pelo marrón enfureció ante la provocación de Ifigenia, y aunque en un principio Haruko parecía querer detenerla pero, finalmente, ambas hermanas se lanzaron en contra de la Cazadora con una violencia y destreza que nada tenía que envidiar a la de un caballero. Todos los allí presentes notaron enseguida que la guerrera de Artemisa, que había revelado ser una traidora a su propia diosa, tan solo jugaba con sus enemigas, y aquello aterrorizaba a las demás aprendices.
Tras un intercambio de miradas, Sorrento pidió a Tetis que se uniera a la lucha, pues como guerrero de más alto rango del Ejército de los Mares, conocía la fiereza y el poder que ostentaba la elite de la Orden de la Luna.
Isaac: Sorrento, esta mujer es tan poderosa como un General Marino... ¿Acaso es...?
Sorrento: No Isaac, no es una guerrera astral como Titania de Urano. - respondió cortante el general, recordando la intervención de la temible astral durante la batalla pasada. Una amazona tan temible que pudo asesinar a Krishna de Crisaor sin esfuerzo y que fue tratada por aquel demonio de cínica sonrisa como una igual.
Geki: En anteriores batallas he vislumbrado el Séptimo Sentido pero... Dudo de poder hacerlo nuevamente, y esa guerrera es...
Sorrento: Indudablemente podría alcanzar velocidades cercanas a la de la luz, Santo del Oso.
La conversación entre los guerreros fue cortada cuando, mediante una veloz tanda de puñetazos, Ifigenia lanzó contra el suelo a sus adversarias. Las gemelas vieron sus máscaras rotas y quedaron semi-inconscientes, mientras que Tetis aguantaba sobre una rodilla con el casco destrozado y sangrando por la mejilla. Fue entonces que Shaina se unió a la lucha, elevando su cosmos como en su anterior batalla contra Gyste, logrando acertar varios golpes en las piernas de su enemiga.
Ifigenia: ¡Ja! ¿Tú eres la amazona más poderosa de esta era, Ofiuco? No creas que por unos golpes en las piernas hará que me vuelva más lenta... ¡Yo soy Ifigenia, Cazadora de Liebre ! ¡Soy más rápida que cualquiera de vosotros pues poseo el Séptimo Sentido!
El cosmos del color de la Luna se incendió hasta empujar a la amazona de Ofiuco varios metros lejos, aunque sin perder el equilibrio. Tetis, que predijo cual sería el siguiente movimiento de Ifigenia, se interpuso tratando de golpearla pero la Cazadora simplemente dio varias vueltas alrededor de la sirena, golpeándola con violencia y precisión.
Tetis: ¡Argh! ¡Trampa de...! - gritó la guerrera de Poseidón, mas su ataque fue detenido por una fugaz patada alta que rasgó su escama por la mitad, destruyéndola. Sabiendo de que la voluntad de su enemiga impediría que cediera a su clara derrota, Ifigenia decidió apostar sobre seguro.
El arco y flechas de pura luz, sólo propio de las 32 guerreras elite de la diosa Artemisa, se formaron en las manos de la guerrera veloz. La que había traicionado a su diosa apuntó a la desvalida sirena pero, al disparar la saeta energética, esta fue atrapada por Shaina. El brazo de Ofiuco sangraba abundantemente, pero a la guerrera de Atenea no le importaba, estaba dispuesta a acabar con aquélla que había corrompido a las aspirantes a la caballería. Con rapidez lumínica, Serpentario atravesó con el arma de luz el pecho de la amazona de Artemisa hasta saber que había alcanzado su corazón.
Ifigenia: ¡Maldita amazona! - gritó furibunda. La ira de la Cazadora de Selene fue suficiente como para hacer fluir toda la perfección del Séptimo Sentido, golpeando certeramente, destrozando el estómago de Shaina, aunque pretendía arrancarle el corazón, pero la intervención de Geki lo impidió.
Geki: ¡Shaina! ¿Estás bien? - preguntó con preocupación el Santo de Oso, viendo a la armadura de Serpentario prácticamente hecha pedazos.
Isaac: Esa mujer, está... ¡Masacrando a los Santos de Atenea y a Tetis! No creía que guerreros de otros dioses pudieran ser incluso tan poderosos como los Caballeros de Oro de la Orden de Atenea... ¡Pensaba que era el límite! - exclamó el guerrero de hielo.
Sorrento: Únete a la batalla Isaac, sé que no es honorable pero, la elite de las guerreras de Artemisa no deben ser subestimadas.
Isaac: No es honorable, y tampoco justo, pero entiendo tu posición. ¿Por qué no..?
Sorrento: Trato de impedir que esa guerrera, Grethel, Ethel o como se llame, utilice sus poderes mentales. Con mi flauta emito ondas especiales que la bloquean pero debo concentrarme para ello, no podría pelear al mismo tiempo. - asegura el general al observar a Ethel, soberbia, levitando desde un lugar donde podía observar toda la batalla.
Por su parte, Spartan también estaba alejado del combate, ya que su intención era parecida a la de Sorrento. La diferencia en la estrategia del Santo de la Brújula era que él esperaba vencerla usando todo su potencial psiónico, herencia del pueblo de los Mu que, generaciones atrás, se mezcló con sus antecesores. Pese a todo, el ateniense descubrió enseguida que las capacidades psíquicas de Ethel, ex-aspirante a la armadura de la Grilla, se equiparaban a las del fallecido Mu de Aries.
En medio de la batalla, tanto Shaina como Tetis, ambas con grandes heridas pero manteniéndose firmes, vieron como Ifigenia sometía a Geki de Oso con facilidad. La Cazadora de Selene se había subido a los hombros del guerrero de armadura de bronce pocos segundos después de haberlos rasgado con sus patadas cortantes. Aprovechando la ventajosa posición, la guerrera lanzó todos los golpes que pudo a la velocidad de la luz contra la cabeza del guerrero, sin desperdiciar ni un poco de su potencia, logrando paralizar la mente de Geki por unos instantes. Con un sadismo no disimulado, la joven golpeó las heridas de Oso, que soltó un grito desgarrador, previo a que una gran cantidad de sangre saliera a chorros. Para terminar su precisa y fatal obra, Ifigenia dio una voltereta hacia atrás para preparar una violenta patada que hizo polvo la coraza de bronce, además de romperle las cosquillas al caballero y enviarlo a los pies de las Santas de Plata.
Ifigenia: ¡Nadie podrá detenerme, soy la elite de entre las amazonas! ¡Un bárbaro como ese Santo de Bronce es menos que una vulgar rata! - aseguraba la arrogante. Su presuntuosa exclamación quedó cortada ante el estallido de su casco partido. Geki había logrado acertar un golpe y la sangre que corría por la frente de la Cazadora lo corroboraba. - ¿Sangre? ¡Un apestoso bárbaro me ha herido! ¡Lo pagarás...!
Isaac: ¡Aurora Boreal!
El poderoso ataque congelante del general marino logró sorprender a la Cazadora, quien tardó demasiado en darse cuenta del objetivo del ken del brillo de una Aurora Boreal, sus piernas. Ahora la veloz Liebre estaba paralizada y a merced de sus adversarios. Tetis e Isaac hicieron ademán de querer devolver a la guerrera todos sus golpes pero entonces Shaina se interpuso, quería ocuparse de aquel asunto personalmente.
Shaina: Ahora tu velocidad no será una ventaja, estamos igualadas, Ifigenia de Liebre. - dijo la fría Santa de Ofiuco. Kraken, que había entendido el lenguaje gestual de su aliada, lanzó un viento helado que paralizó sus piernas.
Liebre tensó su mandíbula pero mantuvo en su mirada el orgullo y la presunción que mostró desde el inicio del combate. La mujer que había traicionado a su diosa quiso golpear a Shaina pero esta última demostró su superioridad física al atacar exactamente contra el puño de su enemiga, rompiéndole el brazo. La soberbia amazona no se rendía y trató de ganar ventaja con un gancho alto pero Ofiuco supo aprovechar su guardia baja lanzando una tanda de golpes a velocidades infinitamente superiores al sonido, acariciando la de la luz.
Una vez Shaina vio a su enemiga gravemente herida, sangrando por la boca hasta teñir su armadura ónice, que pese a todo permanecía intacta, se dio cuenta de lo inútil de continuar la pelea y dio la vuelta, parecía haber decidido perdonarle la vida pero, sin que nadie pudiera notarlo, sonrió tras su máscara. Predecible como una máquina, la Cazadora de Selene había sacado su arco nuevamente y pretendía disparar una última flecha, que la italiana esquivó para luego derribar a su enemiga
La victoria fue saboreada por Shaina pero pronto ese sabor se volvió agrio cuando se percató de que la flecha perdida lanzada por Ifigenia se había convertido en cien centellas tan veloces como la luz. Ofiuco, por inercia y sin pensarlo demasiado, se dispuso a detener las saetas, usando sus Garras Trueno paró algunas, pero el resto amenazaba con segar las vidas de todos los allí presentes, y fue entonces que todas las flechas se detuvieron y explotaron en polvo de estrellas. Desde lo lejos, Spartan, sonriente, asentía, y Ofiuco fue a ayudar a sus compañeros malheridos.
Haruko: ¿Por qué lo ha hecho, Shaina de Ofiuco? - preguntó la dolorida aspirante a amazona, sorprendida al igual que sus compañeras. Akiko, por su parte, simplemente cuestionó con la mirada, demasiado orgullosa como para aceptar haber sido salvada por sus enemigos.
Shaina: En aquel momento recordé...
Ethel: ¿Recordaste como se esforzaban estas débiles inmundas par lograr a ser nada en el entrenamiento? ¿Acaso piensas que están a la altura de seres como tú y como yo? ¡¡SHAINA!!
Shaina: ... Recordé que la fe que tuve en ellas no nació sólo de mi... ¡Incluso cuando servía a Arles algunas de las que hoy ves aquí retaban mi modo de pensar! Aunque hoy se hayan convertido en enemigas un día su espíritu me remidió y había olvidado eso...
Akiko: Es ilógico, los enemigos son enemigo y eso no cambia, sea cual fuere el pasado, hoy éramos enemigos. - murmuró la de pelo castaño, a lo que su hermana refutó de forma enérgica.
Haruko: ¡Basta, hermana! Juramos lealtad a Artemisa creyendo en las promesas de las capitanes Ethel, Ifigenia y Brianna... ¡Atenea nos había traicionado! ... Pero no tenemos derecho a renegar del noble acto de Shaina... ¡Ella fue nuestra maestra!
Shaina: No quiero parecer una heroína ni nada por el estilo al salvar a mis enemigas. - advirtió Ofiuco de pronto - Pero esta Guerra Santa... No tiene sentido. - dijo la Santa de Plata con pesar.
Tetis: Creo que te entiendo, Shaina. Si lo que las Cazadoras de Selene dicen es cierto, entonces los Caballeros Astrales no están siguiendo las órdenes de Apolo. ¡Esto no es una Guerra Sagrada!
Las aspirantes se miraron entre ellas, asintiendo. Isaac, a la derecha del general Sorrento, veía como su compañero de armas sonreía ante la nueva situación, aunque sin perder la preocupación en los ojos del joven flautista, En verdad el temor a lo impredecible estaba dentro de todos, pues no se enfrentaban a un dios y sus guerreros, sino a algo que aspiraba a ser la más grande batalla. La oscura Filiomaquia llegó al corazón de Sirena, helando su alma.
Ethel: ¿Entonces os estáis aliando contra mí? - preguntó la psíquica. Todas las aspirantes, junto a Shaina, Tetis y la gemelas se pusieron frente a ella, así como Isaac de Kraken. Sorpresivamente Spartan se teletransportó hasta quedar al frente, encarando directamente a la Cazadora de Selene.
Spartan: La superioridad numérica es indiscutible... Grethel, atiende a las consecuencias de tus actos, no caigas en la locura de los Caballeros Astrales.
La poderosa psíquica vio a sus enemigos con soberbia: Quince aspirantes a la caballería, dos Santos de Plata, un Santo de Bronce malherido, dos Generales Marinos y una Sirena; sonrió. Con la paciencia y gracia de una diosa, apuntó lentamente a sus enemigos con un dedo extendido.
Spartan: No puedes hablar en serio, Grethel. ¡Mis poderes psíquicos...! - intentó decir Brújula, pero el ataque de la Cazadora de Selene se lo impidió; un haz de luz platinada que golpeó su pecho rompiendo la barrera psiónica que había formado para protegerse y arrasando con gran facilidad su Ropaje de Plata. El valiente psíquico salió por las aires atravesando varias de las casas del poblado fantasma.
Ethel: ... Uno menos... Sólo quedan cinco... - murmuró con presuntuosa sonrisa Todos quedaron paralizados ante tamaña demostración de poder, pero las aspirantes fueron las primeras en alzar sus puños, heridas en orgullo al no ser tomadas en cuenta por Ethel. - Os demostraré cual es el verdadero poder... ¡Especialmente a ti, Shaina! ¡Cuando pruebes esta cosmo-energía te darás cuenta de tu error al mezclarte con esa escoria!
Shaina: Eso tendrás que demostrármelo... Grethel. - respondió la orgullosa permitiendo que su cosmos surgiera en forma eléctrica - Tu palabrería no vencerá la voluntad de los... ¡SANTOS DE ATENEA!
Sorrento: Ni la de los Generales Marinos. - apuntó Sirena, que junto a Tetis e Isaac, por fin se unía a la batalla.
Esfera de Urano, Santuario del Sol y la Luna
El mundo de bolsillo creado por Cronos en referencia a Urano, su propio padre, al que había derrocado él mismo, evocaba la idea de lo que muchos verían como un auténtico paraíso celestial. Las nubes eran la única superficie y de ellas surgían pilares y otros elementos geométricos como columnas y similares, los cuales poseían un bello color platino con misteriosos símbolos místicos de brillo solar. En medio de aquel cielo, se encontraba un templo de corte griego tan inmenso en sí como el Santuario de Atenea, o eso llegaba a parecer a primera vista.
Los ojos de la disciplinada amazona astral no pudieron sino apreciar la belleza del inmutable cielo de su Esfera, decorado con pequeñas islas flotantes repletas de vegetación, tan vivas que no se podía sentir el menor rastro de muerte en ellas.
Frente a Titania, una escalera tan larga como la que hubiera en la más inmensa pirámide de Egipto, se presentaba con un mármol sin precedentes, que dejaba salir de sí mismo una luz misteriosa, mas no cegadora. El templo que coronaba su mundo, aunque fundamentado en la arquitectura greco-latina, poseía un aire a palacio medieval, con rasgos entre el Barroco y el Renacimiento. Aquella mezcolanza de artes evocaba la soberbia pretensión del Padre de Todos los Dioses, Urano, de regir el Universo eternamente.
- Fraülein Titania. Es un placer volver a verla, siempre esperé que vuestra mortalidad no impidiera un reencuentro. - dijo una voz dura y autoritaria, firme como la del más aguerrido guerrero y líder.
- Ah, no seas tan fatalista, hermana. Lady Titania Recuerda que debemos ser corteses con la hermana de nuestro Dios de la Oscuridad. - apuntó una voz más impetuosa y liberada de toda reverencia.
Titania: Infestan la Esfera de Urano con su hedor, y son ncapaces de controlar sus lenguas bífidas parar mermar su inmunda existencia - murmuró la astral mientras, con los ojos cerrados, elevaba su aura y sacaba a relucir un aura ondulada con huecos de formas delirantes en el filo, de tal forma que el daño que pudiera causar se intensificara hasta el peor de los tormentos.
Las dos recién aparecidas estaban cubiertas por la característica túnica oscura de los espectros, aunque el negror de sus capuchas destacaban, en una, un cabello incendiado, y un destellante monóculo en la otra. El aura de aquellas dos mujeres era atemorizante, como si llamaran al pesar y a la penitencia.
Titania: Sin duda sois las Erinias, los inmundos deshechos del Hades. - afirmó la amazona, apuntando a las hermanas con su arma.
- ¿Deshechos? ¡Je! ¡Eres una insolente!
Actuando tal y como Urano esperaba, la de cabellos de fuego se lanzó cual bólido en su contra, dejando en la pulcra escalera una estela de fuegos que no llegó a marcar la superficie de estas. La impetuosa, vio su puño parado frente a lo que parecía una montaña, pero que no era sino Titán de Saturno. El gigante estaba dispuesto a decir algo imponente, estaba en la situación ideal APRA dejar clara su superioridad física y cósmica, pero algo lo impidió.
Galatea: ¡Ah, ya no molestes! ¡Eres mala, mala, no te quiero! ¡No te quiero de hermanita! ¡No te dejo ser astral! ¡No, no, no, no, no!
Los gritos de Galatea, que daba vueltas a velocidad súper lumínica y que saltaba de forma escandalosa, hacía que la presencia del gigantesco Saturno se perdiera. Con reflejos sobrehumanos, la guerrera de Urano paró a la niña Mercurio con su pie, la infante ejerció fuerza pero en cuanto Urano cortó el aire con su sable, quedó paralizada.
Narciso: Vaya Enio-Sama... ¿Son vuestras amigas? ¿Han venido a tomar el té con nosotros? Perdonad las hilarantes hipótesis pero la curiosidad me mata. - bromeó el Ángel Sin Alas.
Enio: Dicen que la curiosidad mató al gato, pero es una vil mentira, yo lo maté, así que sé todo lo curioso que seas Desplumado. - dijo la diosa de las matanzas con una sutil sonrisa, mas con sus fatales ojos, que eran mensajeros de muerte y desolación.
Galatea: ¡¡Galatea no sabe mal!! ¡La diosa mala dice que Galatea causa indigestión! ¡Eso no es cierto! ¡Es una mentirosa!
- Que necedades sueltas, pobre criatura inferior. - dijo con lástima la Erinia de pelo flamígero. - No sé como sepas pero tus gritos ya afectan mis oídos y si no callas...
Galatea: ¡Tú no me mandas porque eres fea! ¡Fea, Fea, Fea! - gritaba la infantil señalando a la Erinia con el dedo y enseñando la lengua.
- ¿Fea? .- repitió la deidad del Averno. - ¡No más que tú! ¡Estúpida, estúpida, estúpida!
La diosa infernal y la astral peleaban verbalmente para vergüenza de Titán, indiferencia de Titania, y diversión de Narciso. De repente Urano enfundó su sable y sacó una especie de lanza de amenazante punta, y con esa nueva arma golpeó el suelo provocando un temblor que precedió a un silencio absolto.
Titania: Vuestra discusión es una ofensa a este lugar, antes de volver a abrir la boca siquiera para respirar, os aconsejo que desaparezcáis de la Esfera de Urano.
Tanto Galatea como la Erinia enmudecieron ante la amenazante silueta de Titania, que parecía a punto de lanzarlas al Tártaro a patadas. De pronto, la deidad hermana de la Erinia de cabellos llameantes llamó la atención de la pequeña astral, pero un cosmos sobrenatural hizo que todo perdiera importancia para todos los allí presentes, que dirigieron sus miradas hacia donde parecía acabar la escalinata del templo.
- ¿Qué pasa hermana? - preguntó con preocupación la Erinia de pelo infernal. - ¿Tisífone?
Tisífone: Cálmate Megera, no has de temer a nuestro Dios.
Titania: ¿Vuestro Dios? ¿Hades está en la Esfera Urano? - preguntó la amazona con entendible precaución.
Enio: La Esfera de Plutón... - murmuró la hija de Ares con una fascinación no disimulada - Nunca creí las leyendas que hablaban de un mundo oscuro que consumía todo el sufrimiento de la Humanidad. Sin duda esta es una obra de Cronos... Tanta maldad... Es como un segundo cumpleaños.
Titán: ¿Qué hace la Esfera Plutón aquí? ¿Acaso Caronte está ahí dentro? - preguntaba el gigante con desconfianza.
Narciso: Me pregunto si Cronos pensó alguna vez que sus Nueve Mundos acabarían siendo los vehículos de unos cuantos seres humanos.
Enio: Es curioso, pensaba que Zeus la había destruido.
Titania: ¿¿ZEUS!! - exclamó la de pelo celeste abriendo grandemente los ojos. Su desconcierto no era algo extraño en aquel lugar, pues ante la mención del Rey de los Dioses todos perdieron toda capacidad de habla.
La veloz Titania no pudo llegar a dar un solo paso pues una fuerza tremenda se impuso a que cualquiera se acercara a la Esfera Plutón, que cubría la entrada al templo en lo alto de las escaleras. La energía purpúrea se concentraba en llamas y sombras, cimbrando los cimientos del templo, de modo que Galatea acabó rodando hacia abajo. La niña, por instinto puro, se agarró de la pierna del gigante Saturno, aunque eso no la alejaba de la abrumadora fuerza desatada. La única que disfrutaba aquellos era Enio, que era protegida por su aura sombría del cosmos, indudablemente divino, que estaba naciendo.
Protegiéndose con sus brazos en cruz, Titania pudo ver una mínima parte de la figura llameante que parecía estar formándose en el interior de la Esfera Plutón. La sonrisa de Narciso estaba tan marcada como la de Enio, pues él era plenamente consciente de lo que ocurría, y disfrutaba al saber como habían marchado los acontecimientos tal como habían planeado.
Poco a poco lo que antes era una inmensa dimensión de bolsillo se fue comprimiendo hasta un tamaño humano, llegándose a ver dos imponentes brazos cubiertos por una armadura negra como el ébano con motivos plateados. Las garras eran rojas como la sangre, y la coraza, que poco a poco empezaba a mostrarse tras la compresión de toda la tiniebla de la Esfera Plutón, que entraba en su cuerpo para unirse a su aura divina, era idéntica a la sapuri de Hades, aunque sin alas y con una distinta dualidad de colores: Negro y plata.
Poseía una sonrisa atrevida, cínica, y, profundamente, dotada de una poderosa irreverencia que evocaba a la soberbia. Sus cabellos eran blancos como la nieve en contraste con su aura y armadura. Finalmente, sus ojos, abiertos medianamente, eran como dos soles alumbrando toda la Esfera Urano.
Tisífone: Al fin habéis ascendido, Señor de las Tinieblas, vuestra fiel Heraldo os saluda. - dijo la del monóculo, arrodillándose con sumo respeto al ser de inigualable cosmos. Su capucha se echó para atrás, dejando ver un bello cabello rojo oscuro recogido en una larga coleta que se perdía en sus túnicas, pero que poseía mechones rebeldes por sobre las orejas. Megera imitó a su hermana, mostrando su corto, pero abundante en el rostro, cabello de fuego.
El irreverente dios sólo pasó entre sus auto-proclamadas heraldos con la vista puesta en los caballeros astrales, que estaban expectantes, incluso Enio, cuya mirada denotaba bastante interés sobre aquella deidad. Galatea estaba callada y Narciso asombrado en cierto modo. Pero los más sorprendidos eran Titán y Titania, y esta última, con su incomparable orgullo, no lo demostró al tener frente a frente al de ojos dorados, hasta que un pensamiento cruzó su mente.
Titania: ¿Caronte? - preguntó dudosa, a la que el dios asintió.
Torre del Vino y la Libertad, Gran Ciudadela del Fanes
En lo alto de una inmensa torre circular en el centro de una ciudadela de misma estructura geométrica, Dioniso pensaba en lo irónico de su palacio, una torre desde la cual se podía ver y controlar todos los alrededores y que, sin embargo, debía representar la libertad del individuo. Tan curiosa ironía permitía que el dios de nobles vestimentas sonriera mientras sus finos dedos acariciaban la piedra rojiza que constituía toda la edificación.
Sus ojos observaban cada centímetro de la Ciudadela del Festejo y la Vegetación, donde sus habitantes, ninfas y sátiros en su mayoría, disfrutaban de una eterna y agradable fiesta sin que nadie se lo impidiera, siquiera sus propias responsabilidades divinas. Una noche mágica amparaba la libertad de aquel paraíso donde Dionisio era reverenciado como dios omnisciente, pues aquella parte del Cielo Empíreo le correspondía sólo a él, el Príncipe del Olimpo, el más digno de entre la Nobleza Olímpica.
- Hermano, Dioniso. - saludó una voz suave. El Dios del Vino no tuvo siquiera que voltearse para saber que se trataba de la reencarnación de Atenea, Saori Kido. Una mueca entre la risa y el malestar llegó a su rostro al recordar como su padre simplemente apareció con aquella joven de cabellos lila en brazos y le ordenó que la cuidara, poco antes de desaparecer. Ni siquiera había tenido tiempo de preguntarse que hacía Zeus vivo luego de la terrible batalla que habían sostenido poco tiempo atrás contra El Destructor.
Dioniso: Atenea, es un placer ver que estás recuperada. - dijo con sinceridad mientras daba la vuelta para saludar a su hermana - Aunque aún es necesario que reposes, el Caos que hay en tu cuerpo es lo opuesto a la Quintaesencia que nos otorga el poder divino, si no lo expulsamos...
Saori: Agradezco tu preocupación pero... Mis Santos están en peligro de muerte, ya Shiryu ha caído, y no puedo permitir que...
- ¿Otro Santo de Atenea en el Death Note de mi querido hijo adoptivo? - Dioniso se puso inmediatamente frente a Atenea formando con su Icor una brillante espada carmesí. - ¡Oh, Gran Voluntad! ¿Por qué mis hermanos son tan violentos conmigo? ¿Es mi destino ser tan... Feliz?
La mente del avatar de Atenea reaccionó ante la teatral voz, recordando a uno de sus más temibles enemigos. Un cosmos rojo como la sangre mostraba una silueta humanoide de más de dos metros de altura. Al tomar física, Dioniso carraspeó ante el ser de capa negra, prácticamente viviente que llegaba a ennegrecer el suelo como una sombra sin fin, y con un casco rojizo como su aura. Al quitarse el yelmo, Saori pronunció el nombre del recién llegado.
Saori: Ares... Deberías avergonzarte de haber logrado que un ser humano sea consumido por un odio tan intenso. Sin embargo te enorgulleces de tu obra como veo en tu rostro sonriente... ¿Dónde está tu lealtad, hermano?
Ares: Tienes razón hermana, estoy avergonzado de mi ahijado... Tanto odio, tanta crueldad, tanto sufrimiento... Y la estuvo reprimiéndolo durante milenios, convirtiéndose en un Campeón de los Dioses. Ah, pero la vergüenza ya se me pasó al saber que uno de tus Santos fue asesinado por él, realmente me siento orgulloso. Respecto a mi lealtad... Creo que la perdí junto al sonajero cuando era un infante, en las guerras uno debe librarse del lastre.
Saori: ¿Te llena de orgullo forjar a un demonio? - preguntó sorprendida la diosa de las Guerras Justas..
Ares: Los padres somos así, nos alegran los logros de nuestros hijos. Si tuvieras lo sabrías... ¿Quieres saberlo?
Dioniso, cansado de las insolencias del irreverente Dios de la Guerra, lanzó una estocada hasta acariciar la nuez de su cuello, pero Ares sólo sonreía divertido ante la amenaza de su hermano menor.
Dioniso: Incluso siendo un dios, no se te está permitido ofender a una miembro del Consejo de los Doce.
Saori: Espera Dioniso, no es necesaria la violencia. Presiento que pese a su teatralidad mi hermano no se ha aparecido en este lugar sin motivo. - apuntó la diosa de la Sabiduría.
Ares: Qué suspicaz resulta ser la Diosa de la Sabiduría. - comentó el hijo de Hera. El de cabellos vino deshizo su arma y se colocó a la derecha de Saori, quien sostenía Niké con firmeza sin amedrentarse ante el Dios de la Guerra. - He venido a decirte, Atenea, que ya no es necesario que regreses al Santuario, nuestro padre se ha ocupado de Apolo.
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Recordad el capítulo 26, donde Caronte empieza a transformarse ligeramente. Se trata del Modo Berserk que todos los Berserkers (52 en la Antigüedad) poseen. En esta transformación su piel se endurece, se vuelven más rápidos, fuertes y adquieren un instinto animal que excede a los sentidos humanos.
Jagi era ese gigante "tan inteligente" que enfrentó a Marin mientras esta iba hacia Star Hill durante la Batalla de las Doce Casas.
Villa Rodorio es un pueblo cercano al Santuario, por mi parte predispongo que suministraba a los Santos de víveres. Es el pueblo donde Seika estuvo una vez perdió la memoria.
Las Cazadoras de Selene están protegidas por las 28 Constelaciones Chinas. Ifigenia representa a la constelación Kui. Ifigenia posee las cualidades de la Liebre, un animal del Zodíaco Chino, que se traducen una alta velocidad. (¿Rebuscado, cierto?)
Notas del Autor:
Saludos nuevamente. Aquí vengo trayendo un capítulo de transición aunque, sin continuar las batallas divinas de los anteriores, no está exento de acción. Por fin sabemos que Shaina y compañía no se habían perdido en las corrientes del tiempo sino que siguen batallando, y notan, sin conocer el fatal plan de Caronte, que esta batalla ha perdido todo sentido o que, más bien, nunca lo tuvo realmente pero lucharan, ya sea por Atenea, por Poseidón, por Artemisa pero, finalmente, por la Tierra y el Cielo, contra un hombre que, al parecer, ha logrado convertirse en un dios. ¿Curioso final? ¿Lo esperaban? ¿Será cierto que Apolo murió? ¿Qué tan poderoso puede ser un hombre que se ha convertido en un dios? Algunas de estas preguntas se responderán en... El capítulo 31, pero en el 30 también esperan grandes sorpresas. Recordad lo de siempre: Críticas, sugerencias y opiniones a:
