Capítulo 30
"¡Gaia! La Comandante de los Caballeros Astrales"
El Fuego de la Casa de Sagitario se está extinguiendo Quedan 3:10 horas para la muerte de Atenea
Palacio del Soberano Celeste, Esfera de Urano
Cuentan los más antiguos mitos que cuando Cronos, el más joven y astuto de los legendarios titanes, derrocó a su omnipotente padre, Urano, la sangre que cayó fecundó a la Tierra misma, naciendo la bella Afrodita, la despreciable raza de los gigantes y... Las encarnaciones de la venganza en su lado más tenebroso: Las Erinias. Estas eran tres deidades tan antiguas, que nunca estuvieron estrictamente a las órdenes de ningún olímpico, aunque pronto congeniaron con el frío e imparcial Hades, por lo que acabaron siendo conocidas como las heraldos del Rey del Inframundo.
La derrota de su Maestro enardeció a Tisífone, sin duda la más leal al Emperador de las Tinieblas. Ella castigaba los delitos de sangre y para ello tenía un demoníaco látigo de fuego con el que fustigaba a sus víctimas con violencia sin igual. Megera, con sus artes seductoras, se ocupaba de quienes cometían infidelidad. Dos deidades terribles y diabólicas, pero no era conveniente cegarse ante la crueldad de las verdugos del Hades, pues aun quedaba Alecto. La menor de las hermanas tenía la apariencia constante de una adolescente, pero en su rostro estaba la frialdad de una máquina perfecta, guiada por la razón más pura, y tal vez aquello hacía que su maldad fuese aun más temida; ella atormentaba a quienes incurrían en delitos morales.
Alecto, de rostro cenizo con cabello corto azulado, miraba inescrutable como la Esfera Plutón se rehacía en el medio de aquella sala. Las Erinias lo habían preparado todo según su nuevo Señor les había dicho. Localizar aquellos minerales en tan poco tiempo, una semana, y sin que el Olimpo se percatara, había sido una dura tarea, pero la preparación del lugar y el recitar aquellos conjuros había sido el peor tormento, pues sus propias vidas inmortales se tambalearon ante la magia tan antigua que habían usado.
Megera: Cuando pienso que se enfrentó al barbudo siento que mi pelo se apaga. - murmuró de pronto la joven de cabello llameante.
Tisífone: Cuida tus palabras, hermana. Así estemos en una dimensión creada por el mismísimo Cronos, Zeus es omnisciente y...
Alecto: Enfrentarse a Zeus no es lo que importa, sólo haber sobrevivido es lo que le hace grande. - apuntó la más joven, en apariencia, de las tres hermanas. - "Quien al Rey ha sobrevivido una vez, mil veces triunfará sobre el Cielo y la Tierra, y a mil ángeles cortará las alas antes de alzarse por sobre sus orígenes, antes de cabalgar sobre el esperado final..."
Megera: Me acuerdo cuando esas palabras fueron escritas con la sangre de nuestro padre... ¡En nuestra cuna! Oh, Gran Voluntad, si tales palabras aplastaron a Cronos... ¿Qué no harán con un viejo pícaro con ínfulas de omnipotente?
Tisífone carraspeó; Alecto era la razón, Megera era lo contrario, la profetisa que nunca vio el futuro, pero que lo leyó escrita con la sangre del Padre de Todos los Dioses., el Rey de los Cielos, el Primer Soberano, Urano. En dicha escritura se relataba la Titanomaquia, la Gigantomaquia, la Filiomaquia y... Los Tres Juicios, la última Guerra Santa.
Alecto: Parece que está contento. - comentó la Erinia de cabello en punta. La Esfera de Plutón volvía a un estado estable, lo que hizo que Megera aplaudiera y que el rostro de Tisífone se iluminara, aunque sin permitir que sonrisa alguna se formara. - No comprendo como un sabio puede cometer tantos errores sólo por el sentimental deseo de salvar a una de sus crías. Pudiendo destruirlo átomo a átomo, Zeus destruyó con Cael una de las obras de su padre... ¿Quizá sabiendo que cuando estallan, las Esferas consumen todo el espacio que los rodea para surgir nuevamente de la nada?
Megera: El barbudo olvida lo que de verdad importa cuando su hija está en peligro. ¡Sentimientos hermana! Nunca los entenderás. - aseguró la jovial vengadora. Alecto resopló, aburrida.
Tisífone: Ahora que nuestro Señor ya se está alimentando de la Esfera Plutón, su conversión en un Dios Astral está asegurada. Sólo queda librarlo de su debilidad como mortal... Su odio desmesurado debe ser expulsado de su cuerpo, de su alma, y sobretodo de su mente.
Alecto: Eso tiene sentido. ¿No fue en eso en lo que pensó cuando aceptó nuestras exigencias? Sabía que nuestro don es el de moldear los sentimientos, las emociones y los recuerdos, de modo que podemos atormentar a quienes han cometido crímenes y no han sido castigados.
Megera: Suena irónico que usemos ese don para alguien que siente tanto odio. ¿Verdad? Es por eso que se lo sacaremos, y lo fundiremos con su coraza... ¡Apeiron!
Megera fue la primera, y Tisífone la siguió, esperanzada no sólo en el cumplimiento del final de la profecía de su padre, sino en la promesa de que recibirían la cabeza de la asesina de su Emperador. Sólo Alecto permaneció algo alejada, oyendo el arcano lenguaje que manejaban sus hermanas. Ellas le ofrecieron su habilidad y servidumbre a cambio de venganza y justicia, pero su petición era distinta, así como su ofrenda.
Alecto: Demasiado nos has dado para que ahora te fallemos. - murmuró la aparentemente racional Erinia. Sus ojos brillaban con una luz casi imperceptible al observar a un hombre rubio encadenado al fondo de la sala. Mas sus ojos giraron a un arma que guardaba entre su negra túnica, una espada que había sacado del mismo Elíseo.
Bosque Santo de los Ángeles Caídos
Admeto, bendecido o maldito por el don de la profecía, quedó sin palabras,ante algo que ya sabía, pero para lo que nunca tuvo respuesta. ¿Habría matado Dafne a Artemisa? Los posibilidades eran tan remotas que el ángel de la Compasión permitió que su corazón albergara esperanza. Su raciocinio le impedía creer las palabras de la Comandante de los Caballeros Astrales, pero estaba seguro que Touma no se pararía a pensarlo.
Su aura relampagueaba hasta quemar los alrededores, su mirada apuntaba a los ojos fríos de la ninfa, y sus puños se cerraban con sed de venganza. No pasó mucho tiempo entre el mayor estallido cósmico que sintiera el ex-ángel y el momento en que decidió pasar al ataque. La de cabello castaño rechazó con su cosmos los rayos y frenó el puño con una mano para, con el otro, tratar de romperle el brazo al recién nombrado Pájaro Celestial.
Viendo en seguida la dureza de su alba, el hermano de Marin quiso ir a por el cuello de su rival, sobre la que descargaba todo su odio con relámpagos púrpuras. La sorpresa fue colosal al ver que su ataque no servía de nada, y que incluso golpearla sólo le provocó un dolor indecible.
El contraataque de Dafne levantó intensos vendavales de viento, de la fuerza suficiente como arrancar todo el bosque de la superficie y aniquilarlo en los cielos, mas una fuerza desconocida protegía a cada árbol del lugar. Una lluvia de puñetazos cayó sobre el Santo que, entre sorprendido y furioso, notaba que su Ropaje lo protegía. La astral pronto comprendió que la armadura del antiguo siervo de Artemisa no era tan vulnerable como las glorias, de modo que, sin dudarlo, soltó una patada que encarnó la potencia de un terremoto de escala ocho.
Admeto quedó sin palabras ante la velocidad con que el cuerpo de su reciente aliado cruzó medio bosque. Nuevamente los árboles no se movieron y en aquel momento el ángel de la Compasión se dio cuenta del por qué. Aquella información le heló la sangre pero no pudo actuar en consecuencia cuando una lluvia de lanzas fueron lanzadas contra Dafne, ninguna dio en el blanco.
Touma: Vas a pagar por lo que le hiciste Artemisa, maldita guerrera astral. - aseguró un furioso Santo. - ¿Crees que he fallado? ¡Será mejor que me digas donde está la diosa de la Luna porque no creo que la hayas podido matar!
Dafne: Tus amenazas no me afectan en lo absoluto. Nunca podrás matarme con tu absurda ira de hipócrita. - Touma carraspeó - Traicionaste a Artemisa y la arrastraste a tu lado... ¿Ahora me culpas a mí de que haya cumplido con mi deber? ¿¡Qué clase de moral es esa!?
Touma: ¡MUERE! ¡Relámpago Divino! - exclamó con rabia el hermano de Marin. Su grito no le pedía nada a los rayos que emanaron de su cosmo. En apariencia, el ataque había fallado, pero en realidad... Tanto la electricidad como las lanzas no estaban ahí por casualidad, y eso ya lo había entendido la ninfa cuando se sintió inmersa en la prisión energética que su enemigo había formado.
Maldiciendo su soberbia al no prever la estrategia de su adversario, Dafne elaboró enseguida un contraataque poniendo sus manos apuntando al suelo. Las raíces ocultas bajo la superficie ascendieron y fueron consumidas por el cuerpo de la de hombreras de hoja. La preparación de su ataque no había acabado cuando Touma ascendió al cielo de un salto y bajó cual relámpago, literalmente. La comandante, viendo que su ken aun no se había cargado decidió usar su otro puño, pensando en qué poder triunfaría: ¿La Tierra o el Cielo?
El silencio sustituyó al sonido de los relámpagos y el puño de la ninfa chocando entre sí. Por un momento, ambos rivales estuvieron en completo equilibrio, en igualdad de fuerzas y condiciones, pero entonces llegó el momento en que uno de los dos debía caer, y le tocó a Dafne. La ninfa vio que estaba atrapada; correr, así fuera a la velocidad de la luz, sería inútil debido a la prisión energética. El Santo del Pájaro Celestial vio como su ímpetu e inteligencia daban sus frutos cuando el relámpago estalló una hombrera y produjo grietas leves en derredor, pero enseguida supo que debía retirarse cuando el brazo libre de la astral empezó a brillar en oro.
Dafne: ¡FUERZA DE GAIA! - gritó la hija de la Tierra con orgullo de guerrera. El que fuera ángel no pudo retroceder y fue consumido por la colosal fuerza que se llevó consigo gran cantidad de lanzas, desintegrándolas. Ahora Dafne tenía la armadura algo dañada, pero Touma, pese a que su Ropaje indestructible estaba intacto, no hacía más que escupir sangre.
El de pelo naranja se levanta, dispuesto a seguir la pelea. Los contendientes estaban sobre un gran hoyo formado por la Fuerza de Gaia. Admeto entendía perfectamente que los intentos de Touma serían inútiles, pero prefirió callar de momento, pues apenas podía ahora prever lo que ocurriría en el minuto siguiente, sus capacidades proféticas se habían enturbiado misteriosamente.
La ira jugó con el caballero de Atenea, que trató de repetir la estrategia. Las lanzas fueron atrapadas en el aire por parras de fuerza inusitada que lograron despedazar las armas poco antes de que Dafne se ensalzara en un duelo de puños con Touma. La ninfa entendía que por muy poderosa que fuera la Fuerza de Gea, sólo era un ataque energético que no serviría de nada contra una armadura que aparentemente era imposible de destruir.
Touma entendió que Dafne pretendía vencerlo mediante un golpe mortal en el cuello, pero él no estaba dispuesto a caer. El que fuera ángel había comprendido incluso antes que su rival la dureza ilimitada de su armadura, y con dicho conocimiento se defendía del asedio de la ninfa. Los temblores del choque conmocionaron a Admeto.
Admeto: ¿Por qué los humanos son tan estúpidos? ¿Por qué la Comandante cae en ese juego? ¿No se dan cuenta de que hacen lo que yo ya he visto? Paciencia, paciencia que yo no tengo. ¡Sólo pido paciencia!
Dafne: "Sólo se defiende y no ataca. Se ha dado cuenta de lo que pretendo... ¡Sólo me queda!" - pensó Dafne.
Pese a que ambos combatían a la velocidad de la luz, por un momento una energía sobrenatural, más allá del Cosmos, recorrió todo el cuerpo de la ninfa, que soltó una fuerte patada en pleno pecho de su rival. Un corto pero brutal terremoto surgió de aquel ataque, removiendo los cimientos del bosque que, de algún modo, retuvo la potencia del fenómeno para que no llegara a afectar a todo el Santuario.
Touma sintió la fuerza más poderosa que la naturaleza podía mostrar, un terremoto de rango 10 de la escala richter, pero aquel temporal tormento desapareció de la mente del Santo cuando un puño golpeó en el mismo lugar donde impactó la patada anterior. El caballero ateniense sintió que su corazón y todo su cuerpo se paraba, al tiempo que las raíces bajo el suelo se alzaron para atraparlo de tal modo que ni siquiera un rayo de la luna que iluminaba aquel bosque rozara su piel.
Dafne: Se acabó. - sentenció la inescrutable comandante - El hereje ha sido ajusticiado. - Admeto miraba a la joven que adoptaba en aquel momento una mirada melancólica. Pronto los ojos de la ninfa regresaron a la severa firmeza de la líder de los caballeros astrales - Pero aun queda el más peligroso de todos los blasfemos en este Santuario.
Admeto: No lo haga, Comandante. - dijo el ángel de Apolo - Si se enfrenta a los caballeros astrales ahora, ellos la matarán. No hace falta siquiera ver el futro para entender eso. Además... ¿No dijo que jamás moriría por Apolo?
Dafne: No te equivoques Admeto, yo jamás decidí luchar por Apolo. - respondió la joven ninfa. - Desde un principio, odié al Dios del Sol. Desde a ese joven impetuoso, a la vez que melancólico, hasta el arrogante tirano en que se ha convertido hoy en día. Sin embargo, y como muchas de mi raza, fui acogida por la maestra Selene, la mujer más poderosa que este mundo ha conocido. Sin ser diosa, era capaz de canalizar la inconmensurable fuerza del Universo, el Tao. Su cosmos daba vida a las tierras más muertas, y su espíritu redimía a los más perversos demonios del Tártaro. Esa honorable guerrera, quien fundó junto a Ío, Campeón de Zeus, la Orden del Sol hace 10000 años, me escogió como su sucesora.
El ángel de la Compasión calló por un momento, recordando el nacimiento de la primera Orden del Sol. Su Señor Apolo le había contado que, cuando la sangre del cuerpo verdadero de Poseidón manchó las armaduras doradas de los Santos más poderosos, estos fueron corrompidos por el poder que recibieron. Rebelándose contra la diosa Atenea, los auto-nombrados Dioses de la Tierra, masacraron no sólo a la remanente del Ejército de Poseidón, sino también a los Santos de Bronce y de Plata que trataron de defender a su Señora.
Zeus y Apolo vieron aquella rebelión como un peligro mayor al que Poseidón pudo traerles si hubiera conquistado la Tierra. Entonces el hijo de Leto elaboró un plan de convergencia, buscando al único Santo de Oro Divino que seguía guardando signos de nobleza: Ío de Sagitario. El guerrero ateniense del Arquero Dorado, junto a Selene, una Vestal consagrada a Hestia de la que se había enamorado, juntó a otros siete guerreros, cada uno Campeón de un dios distinto. Apolo se maravilló de ver tanta fuerza en un solo grupo de guerreros, a los que llamó Caballeros Astrales. Hefesto forjó las increíbles albas en el interior del núcleo del Sol Amarillo, y fue entonces que surgió la Orden del Sol. Ni siquiera los poderosos Caballeros Divinos pudieron hacer nada, fracasando en sus ambiciones de posesionarse del Cielo, la Tierra y los Infiernos.
Desde aquel momento, cada vez que surgía un peligro más allá de las Guerras Santas, los dioses se reunían y daban autoridad a Apolo para que llamara de nuevo a la Orden del Sol. Muchos grandes guerreros murieron en batallas innombrables y secretas, pero siempre un nuevo caballero astral aparecía, y siempre el Olimpo había triunfado gracias a los Caballeros Astrales, sus más grandes generales, dirigidos por el noble Ío, y por la casi divina Selene.
Dafne: La Orden del Sol nació para proteger la Tierra y el Cielo del Caos, porque eso son aquellos que piensan en un universo sin dioses. ¿Por qué existen los dioses Admeto? ¿Lo sabes acaso? No se trata sólo de que todo lo que puedas ver, oír, oler, tocar, degustar y sentir, sea el resultado de la creación de los Olímpicos. La misión de los dioses va más allá de su propia comprensión, ellos sostienen el equilibrio de la Realidad. ¡Los caballeros astrales debemos proteger ese equilibrio! ¡No por los creadores, sino por la creación!
Admeto: No puedo entenderla. ¿Lucha en el nombre de la Creación? ¿Por qué? ¿Por qué los Caballeros Astrales renegáis de aquellos que os dieron la vida, el poder, y con ello la esperanza del triunfo del Cosmos sobre el Caos? ¿Por qué no os dais cuenta de que no debemos lealtad a nada de este mundo, ni siquiera a nosotros mismos, sino a aquellos que hacen posible que exista?
Dafne: Porque los dioses han olvidado lo que en verdad son. Se han encaprichado con el poder, el poder sobre el mundo que ellos mismos crearon, y con sus caprichos han hecho daño a muchos seres que los amaban, no como ellos anhelan en su lujuria, sino a través de una fe sincera en su divinidad. - entonces la ninfa giró. - Pero... ¿Crees que ahora hay sólo unos cuantos que los odian? Ángeles, centauros, sátiros, ninfas, amazonas... Siervos del Olimpo enardecidos en contra de los dioses y que sólo necesitan ya un líder, alguien que los saque de todas las pocas dudas que les quedan, y los lance a la guerra.
Admeto: ¿Y quién es ese líder? ¿Venus? ¿Marte? ¿Tal vez Plutón? - preguntaba el ángel con su característica tranquilidad - Ese hombre que juraba lealtad a los Olímpicos, y ahora conspira a las espaldas de Apolo.
Dafne: Fue leal a los dioses hasta que vinieron a buscarlo, a él y a Galatea. Todo transcurría correctamente hasta que llegó esa mujer, Calíope, Apolo empezó a actuar precipitadamente, deteniendo el Juicio de la Humanidad, y preparando sus Cortes para auto-proclamarse Emperador de los Cielos. Y Caronte, el caballero astral más leal al Olimpo, regresó con esa sonrisa, con esa mirada, como si en ese viaje el mismo demonio lo hubiera educada.
Admeto: ¿Y pretende enfrentar a Caronte usted sola? No sólo es el más poderoso de la Orden, sino que el resto es leal a Plutón, más que a mi Señor. ¿No se da cuenta de que debíamos unir fuerzas con los Santos de Atenea? Conozco a Apolo más que ninguno de sus otros guerreros y sé que estaría dispuesto a una alianza.
Dafne: El único que no se da cuenta eres tú, Admeto. No sólo Apolo jamás soltaría el poder ahora que lo tiene en sus manos, sino que aliarnos con los enemigos del Olimpo para enfrentar a unos herejes sería traicionar nuestros ideales, los ideales de mi maestra Selene. Mi deber es ajusticiar a todos los traidores, sean Santos de Atenea, Generales Marinos, Santos de la Corona o... Caballeros Astrales. Enfrentaré a todos sola si es necesario, pero así me cueste la vida, cumpliré con mi deber.
Touma: ¡No seas hipócrita! - exclamó de pronto el Santo de Atenea. Un campo de energía desintegró las parras que lo contenían. - Si de verdad fueras fiel a los dioses, no habrías atacado a Artemisa.
Admeto volteó con tranquilidad. Ya sabía que su improvisado compañero de armas se libraría de su prisión, y sabía perfectamente lo que diría. El ángel sonrió al ver que Touma estaba más calmado, pero entendía que, si realmente Dafne había matado a Artemisa, el que fuera Ícaro no cedería en su empeño de matarla.
Dafne: Es lógico que no entiendas mis actos Touma, pues tú aún crees tener derecho a dejarte llevar por tus sentimientos. Tú, al igual que el resto de Santos y aliados de Atenea, pretendes obligar a Apolo, y al Olimpo entero, a perdonar a la Humanidad. ¿Crees que Apolo os hará caso? Lo cierto es que al final sólo nos espera una guerra inevitable, por tanto, vosotros sois tan peligrosos como los Caballeros Astrales, por eso es que no estoy dispuesta a aliarme con mis enemigos, enemigos entre los que incluyo incluso a los dioses que se opongan a la autoridad del Consejo de los Doce.
Touma: ¿Son esas tus últimas palabras? - preguntó severo. Relámpagos chisporroteaban al son del afirmar de Dafne - Entonces no me queda más remedio que.. ¡Vencerte!
El cosmos del Santo se encendió intensamente, y Dafne respondió al reto elevando una infinidad de raíces que cubrieron el cielo. La etowashi de Gaia, el poderoso Arco de la Naturaleza, apareció entre las finas manos de la ninfa en cuya mirada se traducía la firme decisión de cumplir con su deber. Admeto suspiró, ya no podía quedarse al margen.
Limbo de la Esfera Neptuno
Nereo: ¡Me recuerdas! Me has dejado sin palabras, oh gran Emperador de los Océanos. - dijo el que se hacía llamar Rey de los Mares con sarcasmo. Una cínica reverencia encolerizó a Poseidón.
Poseidón: ¿De modo que estoy ante cobardes y traidores? ¿La Corte de los Océanos no era más que un nido de inmundicia y deshechos? Si es así, no dudaré en aniquilarlos uno a uno. Empezando por la más pestilente escoria que ha osado presentarse.
Nereo: Tan arrogante y presuntuoso como Cronos... ¡No! Al contrario, tanto tú como tu hermano Zeus habéis heredado la insufrible petulancia de Urano. Ese tirano de los Cielos que tantas veces se burló de los Dioses Protógonos , empezando por la Gran Madre que le dio la vida. - sentenció con severidad el póntide. - ¿No te has dado cuenta de que estás condenado? Cuando las garras de Enio causan una herida, esta se llena de partículas denominadas piraña, que se alimentan de todo cuerpo, sea mortal o inmortal, extendiendo heridas en la carne y grietas en toda armadura. Incluso aunque tuvieras tu verdadero cuerpo, ni tu resistencia ni tu inmunidad a la fatiga muscular servirían de nada. ¡No es magia Poseidón! ¡Tampoco tiene que ver con el Cosmos! ¡Ni siquiera es una enfermedad!... Poseidón... ¡Esto es el Dynamis!
Viendo con impotencia como salía a sangre a borbotones por debajo de su armadura, Poseidón tensó la mandíbula. ¿El Dynamis? Lo había olvidado completamente, al igual que el Noveno Sentido. Cerrando los puños a la mente del dios de los Mares vino la imagen del sonriente Rey de los Cielos: Zeus. ¿Un plan de él para mantenerlo retenido? Era muy posible, después de todo, se había opuesto enérgicamente a que se enfrentara a Atenea con su verdadero cuerpo y, en cada reencarnación, se sentía más y más débil, hasta el punto de que no había podido reclamar a sus 3000 sirenas ni a sus 3000 Guerreros Profundos en las últimas guerras santas. En aquel momento sintió que, pese a su lamentable estado físico, su espíritu y mente se engrandecían, fundiéndose en el flujo universal del Tao gracias al Noveno Sentido, manifestado con la bella forma del Árbol de la Vida: Sephirot. Se dio cuenta de que los atlantes no cayeron por culpa de su negligencia, sino por ciertos conspiradores como Nereo y algunos más. La ira de Poseidón se manifestó en tempestades y gigantescas olas, al tiempo que su cosmos se incendiaba hasta el infinito, cubriendo la totalidad del Universo.
Poseidón: Miles de años de traición, la muerte no es suficiente castigo, el Tártaro sería una bendición... ¡Te mostraré la esencia misma del tormento en este lugar, Nereo!
Un poderoso rayo lanzado por el arma divina de Poseidón cubrió por completo el cuerpo del Heredero de Pontos, destruyéndolo aparentemente. El hijo de Cronos no se confió y supo que Nereo planeaba algo al observar la completa tranquilidad de Dagón. Pensando y actuando a la velocidad de la luz, Poseidón lanzó un ataque cósmico que chocó con una potente luz puramente blanca. Los ojos del Rey de Atlantis observaron la silueta de Nereo, que fluctuaba como si fuera de agua. La explosión no impidió que el joven avatar buscara a su rival usando su tridente, pero el auto-denominado Rey de los Océanos actuó a una velocidad superior, convirtiendo su brazo acuático en una gruesa pica de hielo que atravesó al dios por la grieta abierta en anteriores combates.
Nereo: ¿Qué ocurre, Poseidón? ¿Acaso se acabaron tus delirios de grandeza? ¿Ya te has dado cuenta de tu situación, patético descendiente de Urano? - Preguntaba el dios marino, orgulloso de su victoria. Su voz era casi serpentina, en casi inaudibles susurros que enardecían al ahora impotente Emperador - Ha sido realmente decepcionante pero... Es imposible no sentirme orgulloso de haber hecho al fin justicia. Después de todo tú, Hades Zeus, Cronos, e incluso Urano, no sois más que la vergüenza de nuestra Gran Madre, ni ese usurpador ni sus vástagos debieron atreverse a pretender el Trono del Universo, que sólo perteneció, pertenece y pertenecerá siempre a los Protógonos. ¿Cuál fue el precio de la arrogancia? Ananké nunca ha favorecido a ningún Emperador de la Dinastía de los Uránides. El Destino está de nuestra parte y pronto el Vástago de las Tinieblas eliminará a los Hijos del Cielo... Tu tiempo y el de tu familia ha acabado, Poseidón.
Con tal sentencia, Nereo convirtió de nuevo su filo de hielo, semejante al diamante, en un sólido brazo. Poseidón había sido congelado desde el interior, empezando por sus órganos vitales y el Icor. Una sonrisa se formó en el rostro del que ya se llamaba en su interior, único y absoluto Rey de los Mares. Mas algo hizo que abandonara por momentos su gozo. Dagón había abierto una brecha en el espacio y, llevando consigo una corona de laurel color azul marino y un tridente parecido al de Poseidón, se disponía a atravesarlo.
Nereo: ¿A dónde vas, Guerrero Profundo? No creo haberte ordenado...
Dagón: No obedecía a Poseidón. ¿Crees que algo cambiará contigo? - preguntó el guerrero sin alma. La mirada de Nereo se endureció. - Sabes que yo sólo obedezco las órdenes de Ella.
El cosmos de Nereo estaba a punto de desintegrar a Dagón por su insolencia, pero al oír las últimas palabras de su subordinado, sintió que algo mucho más profundo que su maleable cuerpo físico se congelaba, que su alma se ahogaba en la oscuridad más profunda, y que su esencia era aislada de la misma Existencia. Aquella parálisis le impidió detener a Dagón, pero desde luego tampoco lo hubiera intentado siquiera, pues enfrentarse a la voluntad de la ama de aquel demonio, era la mayor locura que cualquier dios podría cometer.
Un huracán sorprendió a Nereo por la espalda, y su potencia bastó para dispersar su cuerpo, que se rehizo de forma inmediata. Nereo lanzó su temible Rayo Blanco donde notó la presencia pero sólo dio al viento. En ese instante, centenares de cuchillas invisibles cercenaron los ropajes del Heredero de Pontos, que sólo veía al dios Eolo mirándolo fijamente, al lado de una Selene dormida sobre una nube semi-sólida.
Eolo: ¿Cómo te atreviste? ¡Era mi destino matarlo! Ahora pagarás cara tu intromisión... ¡Nereo!
Las cuchillas de viento se transformaron en pequeños tornados que atraparon a Nereo en diversas partes que giraban a velocidades impensables. El Heredero de Pontos quedó sorprendido por la estrategia de Eolo, pero aún así sonrió, al tiempo que transformaba su cuerpo en gas que pasaría pronto a volver al estado sólido casi líquido que lo caracterizaba.
Nereo: ¡Impresionante! Así que el cortesano de Zeus sabe de estrategia. No sólo supiste que ningún ataque destructivo podría vencerme y que la mejor forma de hacerlo era dividiéndome en partes que sí pudieras destruir, sino que además esperaste a que Dagón se fuera. - felicitó
Eolo: Sé bien quien es Dagón. Un Arcángel, una creación de los dioses con un objetivo marcado. El suyo era el más miserable de los destinos, purificar al mundo del mal quedándose con todo el caos remanente de la Creación. Más tarde Poseidón decidió utilizarlo para librar a su Imperio del sufrimiento, el odio, la ira o la envidia, para crear una suerte de paraíso utópico que pudiera avanzar infinitamente más rápido que los humanos. Ahora él, sin ser Fobos, conoce todos los miedos y partes oscuras del alma de todo ser, y puede usar eso a su favor, bastándole que su enemigo tema a la muerte para matarlo de un solo pensamiento.
Nereo: ¿Y tú temes a la muerte, me equivoco? Es irónico siendo que eres inmortal. Además tu armadura es perfecta, aunque no tanto como el Ropaje Sagrado de Fénix, de la Orden de Atenea. Esa Kamei imita al viento en el sentido de que, por mucho que sea agrietada o incluso destruida, siempre volverá a rehacerse, con la única necesidad de un poco de Icor del portador.
Eolo: No necesito que me expliques el funcionamiento de mi propia armadura. No me subestimes hijo de Pontos, no dudes de que el Cielo siempre estará por encima del Océano.
Nereo: Hablaste muy firmemente de que matar a Poseidón era tu destino... Eres un necio, Eolo, en la sangre derramada de Urano nunca estuvo escrito quien mataría al Emperador resurgido. No, no había nada que hable de que alguno de sus vástagos sea quien acabe con su sacrílega vida. - Eolo elevó su cosmos encolerizado para satisfacción de Nereo, quien se sentía ahora dueño de la situación. Para el dios del Viento no había nada que lo enfureciera como el que le recordaran quien era su padre. - Realmente, Ananké está de nuestra parte... O más bien todos los Protógonos. Soy el hijo de Pontos y de Gea, el legítimo Rey de los Mares. Pero ante todo soy un leal servidor de los Protógonos, y por tanto nunca me opuse a los Emperadores que ellos eligieron para cada ciclo... Pero... Lo que hizo ese orfebre cojo sobrepasó todos los límites.
Eolo: Orfebre cojo... ¿¡Hablas de Hefesto!? - exclamó el Señor del Viento. Pese a que el saber que su enemigo era de un modo u otro un traidor a Zeus y el Olimpo, pudo controlar sus emociones e impulsos, necesitaba saber lo que planeaba antes de actuar.
Nereo: Así es. Durante la Gran Guerra contra Ares y Hades durante la Era Mitológica, murieron adalides de todos los dioses del Olimpo, pero las mayores bajas fueron entre los Santos y los Guerreros del Mar. ¿Debería odiar a Ares por asesinar personalmente a mis hijas? ¿Sería un poco necio por mi parte no? - Eolo retrocedió unos pasos. Las 50 Nereidas eran la última baza del Emperador Poseidón, deidades marinas que conformaban la Guardia Imperial de Atlantis. - Hefesto, él es el único culpable. Se aprovechó de que Hades se había auto-exiliado del Olimpo, y que el flujo de las almas estaba alterado, para manipular el espíritu de mis hijas y hacer del cosmos de ellas una fuente inagotable de energía, para sus autómatas desde luego. Poseidón me dio la espalda, ni se molestó en ayudarme, y Zeus no había vuelto al Olimpo desde hacía ya siglos, de modo que tuve que actuar. Fui al Monte Etna y destruí a todas las creaciones de Hefesto, y lo obligué a usar el único sujeto que no quería usar.
Eolo: ¿Sujeto? Creía que Hefesto no estaba interesado sino en sus cuerpos artificiales, que un cuerpo que él no había creado le parecía imperfecto e indigno de su ciencia. - Apuntó el dios. En realidad ahora mismo no se sentía de humor para tales deducciones pero su único deseo era conocer toda la verdad.
Nereo: Ya te enfrentaste a su obra maestra en el Gran Salón del Palacio del Sol y la Luna... ¿No lo recuerdas?
Eolo: Galatea de Mercurio... ¡La guerrera astral de Mercurio!
Nereo: Mi única hija, y es por eso que he dicho que Ananké está de mi parte. No precisamente porque el mediocre de Apolo os envió contra Poseidón, sino porque ahora, nuevamente, mi sangre vuelve a estar de mi lado. - Eolo no entendió que quería decir, pero la mirada maliciosa del Heredero de Pontos hizo que desenfundara su sable. Un viento prácticamente infernal, el del Sur, abrasó al dios marino, pero no impidió que se rehiciera con inigualable rapidez. - ¿No quieres saber el final? Proteo, como yo, podía leer el futuro, y pretendió evitarlo, temiendo la Era de Oscuridad que traerá esta última Guerra Santa. Una vez los tres Juicios caigan sobre la Humanidad y la Tercera Dinastía, el Vástago de las Tinieblas habrá acabado por fin con la prole Olímpica, forjando un Imperio de Hombres que enfrentará a todos los demás dioses... ¿Y sabes quien estará detrás de ese Vástago de las Tinieblas?
Eolo: Ahora lo comprendo todo... - murmuró el sorprendido dios ante la pregunta de Nereo. Su cosmos se encendió con gran magnificencia, su espada brilló como el fuego, el hielo y la tierra unidos, y un increíble huracán se fue formando por sobre ambos combatientes. - Por eso te uniste a la Corte del Sol, no para juzgar a la Humanidad ni para vengarte de Poseidón, lo que en realidad querías es estar cerca de Caronte. - El huracán cubrió por completo a Nereo, con una potencia tal que se escapaba a toda medida. Estaba incluso por encima de la Fuerza Siete y todo a su alrededor era destruido, menos la sólida figura congelada de Poseidón y Selene, cuyo cuerpo se sumergió en la nube mágica sobre la que el dios del Viento la había recostado. - ¿Ese es el Vástago de las Tinieblas, no? Sabía que los caballeros astrales no eran dignos del perdón de los dioses. ¡No son más que unos miserables perros que muerden la mano que les da de comer!
Nereo: Pero qué divertido es el bufón de la Corte. - comentó risueño el profeta. Sumido en el éxtasis de su gran poder, que manifestaba al permanecer tan tranquilo en medio de la más terrible demostración de las fuerzas de la Naturaleza, - ¿Aún no te has dado cuenta de que también eres un insurrecto? Claro que tu amo es distinto, es nada más y nada menos que Apolo, el joven melancólico que tanta lealtad juraba a Zeus, y que ahora pretende usurpar su trono.
La ira de Eolo estalló en forma de centenares de cuchillas y pequeños tornados. Nereo se sorprendió al notar como un polvo amarillento lo paralizaba, pero tan sólo era necesario convertirse en líquido para contrarrestar los efectos. Pero a su vez, los vientos del Norte y del Sur, armonizados por las brisas marinas del Oeste, conseguían impedir que pudiera transmutar su cuerpo con facilidad, de modo que estaba casi sometido ante un gigantesco huracán que no parecía parar, y un asedio de vientos divinos imparables e incansables. El de cabello azul sabía que debía actuar rápido, y fue entonces que decidió atacar con fuerza para así defenderse. Su cuerpo fluctuó por un segundo, expulsando una docena de estacas, tan inmensas como un cuerpo humano cada una, directas al Señor de los Cuatro Vientos. El ataque parecía mortal y Eolo no hacía el menor esfuerzo por intentar esquivarlo, pero entonces simplemente desapareció, fundiéndose en el viento, al tiempo que un portentoso rayo azul destrozaba las esquirlas de hielo y golpeaba potentemente el cuerpo de Nereo. El dios marino, en su arrogancia, rió al pensar que aquello sólo lo destruiría, y que podría rehacerse como en otras ocasiones, pero...
Poseidón: No, Nereo, he detenido el movimiento de todos tus átomos con el rayo de mi tridente, al igual que hice en su día con mi padre durante la Gran Guerra, y ya no tienes control sobre la materia que te forma, a partir de ahora, estás a mi merced.
Nereo: ¡No es posible! - Exclamó, incrédulo. Las palabras de Poseidón se hacían realidad para horror del profeta, que a su vez no podía explicarse como Poseidón podía moverse nuevamente. - Yo congelé hasta la última parte de tu cuerpo... ¡Ni el calor de tu Icor pudo haberte salvado!
Eolo: Olvidas algo muy simple, Nereo. - cortó el dios de los Vientos para sorpresa del Heredero de Pontos. Lo último que esperaba era que Eolo se hubiera aliado con su peor enemigo. - Aquellos que descendemos de Urano tenemos la gloriosa bendición de la Gran Voluntad, al igual que los Protógonos, y por tanto no sólo poseemos cuerpos infinitamente superiores a los de otras razas que hemos creado, sino que además, todo nuestro ser está formado por Éter, la Quintaesencia que ordena todos los elementos y es el pilar del Orden en todo el Universo.
Nereo: ¿Éter? Es imposible... - el dios se negaba a creerlo. Su cuerpo estaba totalmente paralizado, como si el tiempo se hubiera detenido para él. En su interior maldijo a Poseidón. - No eres más que una reencarnación... ¿Cómo puedes tener el Éter en tu ser si no eres más que un humano con el alma de un dios? ¡Hefesto estudió completamente los cuerpos en que otros dioses se reencarnaron y no encontró nada!
Poseidón: Tu necedad acabará por desatar mi ira, Nereo. El Éter es indetectable, ni siquiera los dioses podemos verlo, y tampoco podemos manipularlo o destruirlo. La Quintaesencia es de hecho inexistente, está más allá de esta Realidad, más allá de todos los planos de la Existencia y a su vez, está en todas partes, es el regalo de la Gran Voluntad al Cosmos, y las almas de todos los seres son la única prueba de su existencia.
Nereo: Entonces los hijos de Urano no sois tan diferentes a los humanos o a nosotros, todos tenemos un alma, todos fuimos bendecidos por la Gran Voluntad así que...
Eolo: Te equivocas. - cortó el Amo de los Vientos. Nuevamente Nereo recordó que aquel joven dios de cabellos blancos parecía estar de parte de Poseidón. - Cuando esa hija de Ares demostró estar poseyendo a Selene, supe que había algo extraño en todo esto y entré en contacto con Poseidón. No mentalmente, ni espiritualmente, sino a través del Éter que compartimos. Es una conexión interesante que sólo padres e hijos pueden tener... - Apuntó, con un cierto resentimiento al mencionar "padres e hijos". - Compartimos recuerdos, emociones, sentimientos, pensamientos... Y así supe que Pose... que mi padre había estado con Cronos, el Rey de los Titanes, y que este le había devuelto lo que le pertenecía, el Éter que, pese a la destrucción de su cuerpo, permanecía inmutable, esperando a regresar con el alma que había creado. Aunque todos los seres vivos de la Creación tengan un alma, y aunque aquellos destinados a convertirse en avatares de los dioses tengan un fragmento del alma original de un dios, sólo la posesión del alma divina permitió que el Éter volviera a él.
Poseidón: Y fue por eso que manipulé a Julián Solo para que creyera que su entrenamiento le ayudaría a contenerme. Sólo un humano arrepentido podría convencer a Atenea para que abriera la urna, aunque lo que menos esperé es que mi propio padre me ayudara a reencontrarme con el Éter que un día me formó.
Nereo: Cronos... Ese arrogante Titán que traicionó a la Gran Madre después de que le ayudara a hacer justicia contra el tirano. - reflexionó entre susurros y maldiciones a toda la descendencia de Urano - Entonces por mera sospecha te aliaste con el dios a quien, según dices, debes matar.
Eolo: Mis actos como heraldo de Apolo han sido deshonrosos hasta más allá de los límites que puedo tolerar, pero fuel el saber que se formaban conspiraciones contra Zeus lo que me hizo recapacitar. Así tenga que aliarme con aquel a quien más odio, no consentiré que nadie ensucie los Cielos del Padre con su inmunda existencia. ¡Antes los destruiré con toda la fuerza de mi Cosmos!
Poseidón: Enesidaone... "Agitador de Tierras". - murmuró Poseidón. Eolo bajó la intensidad de su cosmo-energía al notar como el pecho de Nereo empezaba a girar hacia dentro hasta dejar una especie de agujero negro. - Sé que he sido víctima de una conspiración de mi hermano Zeus, y sé que tú formaste parte. De todos los traidores eres quien peor castigo merece, pues toda mi confianza puse en ti al convertirte en Guardián de mi Reino por sobre los demás miembros de mi Corte. Ahora volverás a convertirte, por última vez, en el portal hacia Atlantis y juro por Estigia que todos los traidores pagarán caro sus acciones. Díselo a ese Vástago de las Tinieblas a quien tanto veneras, pues yo, Poseidón, haré que sienta en sus carnes mortales toda la furia de los Océanos.
Tras tal sentencia, Poseidón entró por el portal dimensional seguido por Eolo, quien sostenía a Selene. Nereo sólo apretó los dientes fuertemente... Había fracasado. La Revolución de los Astros había acabado antes de comenzar.
Bosque Santo de los Ángeles Caídos
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Touma y Admeto esquivaban a duras penas las saetas de energía dorada de la ninfa. El Santo del Pájaro Celestial recordó la intensidad de la Fuerza de Gea cuando una de las flechas le rozó la muñeca, provocando un notable derrame de sangre que cortó con su Séptimo Sentido. Verdaderamente la potencia de su arco no parecía ser tal hasta que la sentía, pues al no chocar contra ellos, y hacerlo contra el bosque, los haces de energía no provocaban el menor temblor.
Admeto: Touma, la fuerza de la Comandante viene de la Madre Tierra. Mientras sus pies pisen el suelo, el bosque le otorgará la fuerza de la Naturaleza, en un intercambio en el que ella da su propio cosmos.
La explicación de Admeto no pudo adelantarse al azote de una serie de raíces que empujaron a Touma contra un árbol, del cual emergió una figura energética color verde que chocó contra la espalda del que fuera ángel, que enseguida sintió como una tanda de flechas golpeaban su pecho. Pese a todo, el Santo se mantenía en pie gracias a su armadura, su cosmos, y su incomparable fuerza de voluntad, pero incluso así, el sudor de su frente y su continua y sonora respiración acelerada dejaban ver su cansancio. Resultaba realmente aterrador que incluso una hoja cualquiera pudiera golpearle con la potencia cósmica de un Caballero Astral.
De pronto, una lluvia de hojas cayó de los árboles dispuesta a despedazar a Touma, pero Admeto profetizó tal movimiento y lanzó de su cuerpo un bólido con forma humana, cuyo calor abrasó el ataque, mas no detuvo una lluvia de saetas de energía que golpeó de forma inmisericorde a los guerreros.
Admeto se alejó prudentemente del lugar pero el Santo no tenía la misma capacidad profética que su aliado, por lo que no pudo predecir cuando la guerrera astral, en un alarde de su inconmensurable poder, estallaba la imponente Fuerza de Gea a quemarropa, empujando al muchacho de pelo anaranjado contra el suelo dejando un surco, que levemente se llenó por un pequeño río de sangre que venía de su boca.
El ángel de la Compasión miró a los ojos a Dafne, y vio una mirada determinada a acabar con Touma. Para Admeto combatirla era esclavizarse a los hilos de las Moiras aun conociendo el futuro, pero sabía que no había otra solución. Una lluvia de estrellas grises despedazó las raíces que protegían a la Comandante sin dejar siquiera el polvo, al tiempo que de su cosmos surgían esferas de color flamígero que quemaron todo el alrededor, con el objetivo de neutralizar así a la poderosa astral.
Dafne: El fuego de la destrucción es el peor enemigo de la Naturaleza, que sólo crea. Mas no derrotaran las llamas del Sol a la que lleva en su ser toda la fuerza de la Madre Tierra.
Una ola cósmica de color azulado disipó las llamas, pero aquello no sorprendería tanto al ángel como el hecho de que, una vez sintió como aquel ataque misterioso lo atravesaba, sus llamas se apagaron sin explicación. Una serie de hiedras repletas de espinas se abalanzaron sobre él pero enseguida fueron aniquiladas por el relámpago del hermano de Marin.
Touma: ¿Qué ocurre? ¿Ya no puedes predecir ni siquiera ataques tan simples? - preguntó el anaranjado con cierta osadía.
Admeto: Puedo ver el futuro, y por tanto puedo saber como y cuando atacará este bosque viviente pero... Cuando se trata de los ataques de la Comandante es difícil, tan sólo veo retazos a corto plazo de lo que va a hacer.
Antes de poder seguir hablando, una lluvia de flechas amarillentas salieron... ¡De debajo del suelo! Admeto vio en pocos segundos como su poderosa gloria se agrietaba, pero gracias a su velocidad y reflejos pudo alejarse antes de que quedara hecha polvo. Fue entonces que vio como su poderoso aliado agarraba a Dafne por la espalda y ejecutaba su técnica Gran Altura.
Admeto: Impresionante para un Santo de Atenea el pensar una estrategia por una vez... Ahora la Comandante no tiene con qué... ¡Qué!
El bosque viviente lanzó rápidamente sus raíces para proteger a su ama para sorpresa del ángel, que conforme pasaba el tiempo parecía perder la capacidad de predicción, mas no la intuición. Dispuesto a terminar cuanto antes con aquella inútil batalla, Admeto lanzó el bólido con forma de ángel de fuego para detener el asedio de la Naturaleza.
Touma: Ahora no podrás invocar la Fuerza de Gea... E imagino que tampoco podrás golpear tan fuertemente como antes. Es el momento de que pagues por la muerte de Artemisa. ¡Relámpago Divino! - exclamó el Santo de Atenea. El ken eléctrico recorrió todo el cuerpo de la ninfa agrietando ligeramente partes de su alba, pero entonces una ola cósmica azulada dispersó la cosmo-energía del ateniense.
Dafne: ¿A quién crees que enfrentas, humano... - preguntó la ninfa, que al igual que el de cabello anaranjado se mantenía en el aire con gracilidad angelical, casi divina, como bendecida por todas las fuerzas de la Naturaleza. - ... al gigante Anteo?
Tras hacer aquella burlesca pregunta, la astral lanzón una serie de puñetazos a velocidad increíble. Aunque la armadura del Pájaro Celestial no fue dañada, el portador no pudo más que caer al suelo cual relámpago, dejando un gran hoyo. Admeto vio el rostro de Touma, lleno de moretones y sangre, y se interpuso sin dudas entre su compañero caído y la determinada Dafne de Gaia.
Admeto: Basta, Comandante. Deje de satisfacer a las titiriteras de Ananké y escuche mis palabras. - ordenó el ángel con la firmeza digna de su posición como ángel olímpico - Si mata a Touma, perderá la única posibilidad de lograr una oposición fuerte a los Caballeros Astrales.
Dafne: Tales palabras ya las he escuchado una y otra vez en este día, y mi respuesta, digna sierva de la lógica, ha sido siempre la misma. Al final, venzan los Caballeros Astrales o Atenea y sus aliados, uno de ellos será el enemigo de Apolo, nuestro enemigo.
Admeto: ¿Y si juro que jamás los Santos de Atenea se enfrentarán Apolo? La Oscuridad de estos Caballeros Astrales ha enturbiado mis habilidades pero sé bien que, una vez toda esta conspiración salga a la luz, mi Señor regresará a los Cielos y esta guerra absurda acabará. Tan sólo tienes que decir la verdad, que Artemisa no ha muerto.
Touma: ¿¡Cómo!? - exclamó el ex-ángel antes de ser atrapado nuevamente por las raíces del bosque. La fuerza que aquellas parras ejercían sobre el cuerpo del maltrecho Santo era tal que hasta el mismo Heracles tendría problemas para liberarse.
Dafne: Artemisa se atrevió a proteger a un hereje que ha traicionado a los dioses, ese ángel caído que ahora me enfrenta cegado por la ira y la furia. Como regente temporal del Santuario decidí mantenerla cautiva hasta la venida de quien la juzgará. Pero el veneno que segregan las parras que yo controlo ya ha debido de pudrir su cuerpo físico, de ella sólo debe quedar su alma inmortal, así como la Quintaesencia y el Dynamis.
Touma: ¿Cómo es posible que alguien que haya actuado así frente a una diosa, pueda juzgar los actos de aquellos que han visto en Atenea la verdadera esencia de los dioses? - preguntó el Santo desatando los rayos divinos de su cosmos, que eran neutralizados por el poder de la Tierra, traducido en un aura amarillenta que rodeaba las parras que lo sujetaban.
Dafne: Mi deber es proteger a los dioses, incluso de ellos mismos. - respondió sin titubeos. El Arco de Gaia se formó en sus manos nuevamente, formando una saeta de energía.
Admeto: ¡Ellos no han venido a matar a Apolo, Comandante! Su único fin es salvar a la Humanidad del Juicio Divino de los Dioses. ¡Esto no tiene por qué ser una guerra! - exclamó Admeto con una intensidad que Touma no recordaba del ángel sabelotodo con el que se había topado horas antes. Dafne dudó por un momento ante la seguridad de Admeto. - Soy el Ángel de la Compasión, porque he visto que en el fondo de quien para muchos es el dios más soberbio del Monte Olimpo, existe ese sentimientos: La Compasión, la Piedad. Si dejamos de bailar esta triste comedia que tanto han de disfrutar las Moiras, los Caballeros Astrales serán detenidos y los hombres serán perdonados.
Dafne bajó el arma, dudosa. Las parras soltaron al agotado Touma, mas se mantuvieron rodeando al joven Santo y al ángel. En la mente de la ninfa había un gran duelo entre su deber y aquello que le rodeaba. Las palabras de Admeto gozaban siempre de estar acompañadas por su sabiduría y determinación y, realmente, si los aliados de Atenea y los fieles a Apolo se unían entonces...
Los pensamientos de Dafne fueron cortados, así como su vida, pues una flecha con el brillo de la luna en la energía que la formaba, atravesó su corazón. Antes de caer al suelo, la ninfa vomitó sangre hasta dejar prácticamente un charco, siniestramente negro, sobre el que cayó, inerte. Los sorprendidos Admeto y Touma vieron el suceso de distintas maneras, uno sumido en la melancolía y la decepción ante el implacable Destino, y otro sin palabras al ver a una diosa con el vestido completamente ensangrentado y desgarrado, repleta de heridas en todas las partes de su cuerpo, que se mostraba más entrenado de lo que tras sus vestidos parecía. Era Artemisa.
Poblado de Sinope, Norte del Cinturón de Hipólita
Brianna de Suzaku, descendiente de la sangre de Heracles y de Hipólita, y por tanto heredera de la sangre divina, caminaba prudentemente entre los escombros de un pequeño pueblo totalmente quemado. La joven Cazadora sintió que la cosmo-energía tan poderosa que sintió cuando estaba junto a la Comandante Atalanta se había apagado repentinamente. La de cabello corto no supo la razón exacta hasta que, tras dar unos pasos, vio a una serie de guerreras de elite como ella junto a varias aprendices a caballero apaleando a una muchacha prácticamente muerta.
La amazona elevó enseguida su cosmo-energía flameante logrando que las traidoras a Atenea se alejaran rápidamente, pero sus compañeras sólo la miraron con aburrimiento. Brianna frunció el entrecejo mientras su mirada se centraba en la mujer en la que se habían ensañado todas las guerreras allí presentes, y no tardó en descubrir que se trataba de una Cazadora de Selene. Sospechando lo peor, la de sangre heroica estalló una llama en forma de Ave Fénix que alejó a todas las demás Cazadoras.
- Tú... Tú también... ¿Estás con esos... Caballeros Astrales? - preguntó la moribunda. Brianna no tardó en reconocerla como una de las tres comandantes de las Cazadoras de Selene. No sabía su nombre pero sí conocía que representaba a Byakko, el tigre blanco. - No... Tú tienes la mente pura... Fobos... Ese miserable no ha entrado en ti...
La portadora de la armadura de Byakko no pudo hablar más. Brianna cerró los ojos de su compañera de armas. Con severidad juzgó a las demás guerreras, sabiendo enseguida que sus mentes habían sido manipuladas de alguna manera, aunque no estaban plenamente controladas a nivel psíquico. Aquellas amazonas actuaban conscientemente.
Brianna: ¿¡Qué traición es esta!? ¿Cómo os atrevéis a asesinar a una Cazadora, y más aún, a una comandante?
- Ja. Eran órdenes de Fobos-Sama. Nos ordenó la búsqueda del Cinturón de Hipólita que controla la armadura de Ofiuco, y a cambio elevó nuestras mentes a un nivel sin igual. La comandante se opuso estúpidamente y tuvimos que callarla. Espero que no tengamos que hacer lo mismo contigo, Brianna.
Brianna palideció. Fobos, dios del miedo, era parte de los Caballeros Astrales Interiores, la guardia personal del dios del Sol Apolo. Para ella no era difícil imaginar que si las Cazadoras habían matado a Byakko, era porque estaban conspirando contra los dioses, y aquella sospecha crecía sin límite al saber que lo que buscaban era el único objeto capaz de controlar la Armadura de Ofiuco, el origen de las 88 armaduras de Atenea y del Oro Impío. ¿Cuántos Caballeros Astrales estaban inmersos en aquella tiniebla de traición y sedición? No lo sabía, no podía saberlo...
... y estaba dispuesta a sacarles la información a las asesinas de Byakko al costo que fuera necesario.
Las Erinias son también conocidas como Furias. En la mitología clásica nacieron de la sangre (o el semen, depende de la versión) de Urano al ser castrado por su hijo Cronos. Estas tres diosas no están sometidas a las leyes de ningún dios, ni siquiera a las de Zeus.
En la mitología griega la sangre de Urano sólo provocó el nacimiento de Afrodita, las Erinias, y los gigantes y la meliades (ninfas de los fresnos). Habitualmente es Urano mismo el que le dice a Cronos que lo van a derrocar Yo trastoqué eso afirmando que en el lugar donde nacieron todos estos seres fue escrito todo lo que les iba a pasar a los dioses (Las Profecías de Urano).
Calíope es un personaje del fic Crisis Universal de la autoría de Acuario Káiser. Es un fanfic que reúne a diversos personajes de distintos fics entre los que se encuentra Caronte de Plutón, así como Galatea de Mercurio.
Los Protógonos son los primeros nacidos, los dioses primordiales de la mitología griega, implicados en la Creación a partir del Caos. Los más notables son Chrono (Dios de las Edades y del Zodíaco), Ananké (La Necesidad o Destino) y Tique (El Azar). Inalcanzables para todos los Reyes que ha habido.
El Dynamis. El Dynamis es lo que diferencia a hombres y dioses. Es un poder extraordinario que permite, entre otras cosas, manipulación de átomos para recrear un brazo destruido. Aparece en el Episodio G y se hablará de sus alcances conforme avance el fic.
Enesidaone es uno de los epítetos de Poseidón que quiere decir "Agitador de Tierras", refiriéndose a su papel como provocador de terremotos. En este capítulo, es una técnica capaz de formar portales dimensionales. Tomando "Tierras" como "Mundos"
Notas de Autor:
Saludos cordiales. 30 capítulos ya, y la situación (tan enrevesada últimamente, lo sé) empieza a esclarecerse aunque aún quedan muchas lagunas. Poseidón ya ha lanzado su sentencia respecto a aquellos que lo traicionaron, entre los que incluye no sólo a Nereo, que se muestra aliado de Caronte (Quien, como ya sabemos, es ahora un dios) sino también a su hermano Zeus. ¿Y qué mejo lugar que su antiguo Imperio para iniciar su cruzada? Poseidón parece esta a punto de recuperar a su verdadero ejército pero... ¿Le seguirán siendo fieles los atlantes? ¿O guardarán el mis rencor que le tuvo Tritos de Neptuno? Por otra parte, se nos esclarece el nacimiento de la Orden del Sol, así como el origen de la pequeña Galatea. Finalmente, la batalla de Touma y Admeto con Dafne llega a su fin con la llegada de... ¿Artemisa? Mientras Brianna de Suzaku se topa con la oscura conspiración que ya muchos, a medias, conocen. Este nudo se irá liberando en próximos capítulos, esperemos, y no olvidéis que, cualquier duda, crítica o comentario será bien recibida en:
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