Muchas gracias por todos los reviews!!
Os dejo un nuevo capítulo ;-)
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CAPÍTULO 28
Cinco minutos después Temperance lo llamaba desde la cocina.
- Booth, ya puedes venir.
- ¡Por fin! – dijo él, y tras levantarse de un brinco del sofá y apagar la tele, fue corriendo hacia allí -. ¡Vaya! – dijo al acercarse a la mesa y ver la comida – Oh Huesos, ¡esto tiene una pinta fantástica! – ansioso se sentó y cogió los cubiertos dispuesto a arrasar con aquel plato.
- Es arroz con champiñones – le dijo Brennan -. ¿Crees que me he pasado con la sal?
- ¡Mmm! Para nada, esto está de muerte Huesos – le dijo saboreando aquella exquisita comida -. Eres una cocinera estupenda.
- Gracias – sonrió agradecida y comenzó a comer ella también.
A Booth le gustó tanto aquel arroz que repitió otra vez más, y mientras lo comía no paraba de elogiar lo bueno que estaba. Cuando terminaron con el arroz, Temperance se levantó a por el postre.
- ¿Qué también has hecho postre? Vaya Huesos, no sé qué decir. Muchas gracias, me acoges en tu casa, me dejas usar tu jacuzzi, me preparas el desayuno, luego una cena fantástica…
- No hay de qué Booth, tú harías lo mismo por mí.
- Cierto, te acogería en mi casa, pero ni tengo jacuzzi ni sé cocinar – se echó a reír y ella también.
Brennan fue hacia el horno, lo abrió, sacó algo de él con cuidado y lo llevó hasta la mesa.
- Bizcocho con nueces – dijo una vez lo puso en la mesa.
- ¡No me lo puedo creer! – dijo Booth boquiabierto.
- ¿El qué?
- ¡Me encanta el bizcocho, Huesos! Hace años que no lo pruebo, el último que probé lo hizo mi madre cuando aún vivía con ella y con mi padre.
- Cuidado, aún está un poco caliente – una advertencia que a Booth poco le importó, pues estaba deseando devorar aquel bizcocho.
- ¡Dios, Huesos! – dijo aún con la boca llena - ¡Esto está delicioso!
- ¿En serio?
- En serio. Oye, si algún día te aburres de la antropología forense puedes hacerte cocinera, tendrías un gran futuro – ella sonrió tras este comentario -. ¿Puedo coger otro trozo?
- Sí claro, coge todo lo que quieras.
Después de comerse casi la mitad del bizcocho, Booth se quedó fregando los platos y recogiendo la cocina, mientras Temperance se sentó en el sofá, con el ordenador portátil sobre sus piernas cruzadas, dispuesta a escribir un nuevo capítulo de su nuevo libro.
Unas cuantas veces escribía la primera frase con la que empezar el capítulo, pero ninguna le acababa de gustar y la borraba. Tras varios intentos, finalmente no logró escribir nada. Necesitaba despejarse, así que decidió darse una ducha.
- Booth, voy a ducharme – avisó a su compañero.
- Vale Huesos, yo terminaré con esto enseguida.
Al cabo de unos minutos, cuando Booth terminó en la cocina, escuchó un grito de su compañera proveniente del interior del cuarto de baño.
- ¡¡Aaahhh!! – se volvió a oir.
- ¡Huesos! – rápidamente cogió su arma de la mesa del salón, corrió hacia el baño y de un empujón abrió la puerta.
- ¡¡AAAHHH!! – gritó Temperance, esta vez por la brusca irrupción del agente, que la sorprendió mientras se estaba duchando -. ¿Qué estás haciendo aquí? – acertó a decir tras taparse con la cortina de la ducha.
- Bu.. bu.. bueno… - Booth titubeaba – te oí gritar, creía… creía que…
- Gritaba porque el agua salió muy fría y luego hirviendo, Booth – le explicó -. ¡Pero no te quedes ahí mirando! ¡Sal de aquí! – gritaba bastante alterada.
- Eh… sí… sí… ya… ya… ya salgo, lo… lo… lo siento – tras esto salió de allí, cerrando la puerta tras de sí.
Tras la cómica situación, ambos estuvieron sin moverse durante unos segundos, Brennan en la ducha aún tapada con la cortina de la misma y Booth justo delante de la puerta del cuarto de baño.
Temperance, muy sonrojada, se preguntaba qué tanto había alcanzado a verla su compañero, pero intentaba quitarle hierro al asunto diciéndose a sí misma que no sería la primera mujer desnuda que habría visto él, aunque eso tampoco es que la tranquilizase demasiado. Por otra parte, Booth seguía impresionado por lo que acababa de ver. Aunque aquella hermosa visión sólo había durado milésimas de segundos, quedó grabada en su mente para siempre. Había comprobado en primera persona lo perfectamente estructurada que estaba su compañera, aún mejor de lo que ya él intuía al verla vestida. Definitivamente, la mejor obra de Afrodita en este mundo tenía nombre, y se llamaba Temperance Brennan.
Cuando logró reaccionar, Booth se fue hacia el salón y se sentó el sofá, aunque sin poder quitarse esa imagen de la cabeza. Ahora comenzaba a sentirse un poco incómodo sólo en pensar cómo reaccionarían ambos cuando ella saliese del baño, ¿debía disculparse o decirle algo? ¿O tal vez sería mejor actuar como si nada hubiese ocurrido? Sí, seguramente esto último fuese lo mejor, aunque también lo más difícil. Encendió el televisor y vio que estaban retransmitiendo un partido de hockey sobre hielo, bien, eso le ayudaría a distraerse un poco.
Unos pocos minutos después salió Temperance del baño vestida con el pijama, ella también había decidido ignorar lo ocurrido, así que se sentó en el sofá junto a Booth con aparente normalidad, aunque en el fondo estaba algo nerviosa por si él sacaba el tema, así que ella comenzó a hablar antes de que él pudiese hacerlo.
- ¿Qué ves?
- Oh, es un partido de Hockey sobre hielo – dijo aliviado porque ella no sacase el tema tabú.
- ¿Y en qué consiste ese juego? – preguntó fingiendo estar interesada.
- No es un juego Huesos, es un deporte – dijo bastante seco.
- Vale, ¿de qué trata ese deporte? – volvió a preguntarle.
- Los jugadores tienen que mover y pasarse un pequeño disco con esos palos que tienen en las manos, se llaman sticks, y hay que meter el disco en la portería del equipo contrario, cada vez que lo metas obtienes un punto, y el equipo que más puntos consiga es el que gana.
- Entiendo – dijo ella.
- ¿Quieres ver otra cosa? – le preguntó él.
- No, me voy a mi habitación a ver si escribo un par de capítulos más de mi nuevo libro. Nos vemos mañana – dijo levantándose del sofá y cogiendo su ordenador portátil.
- De acuerdo. Buenas noches Huesos.
- Buenas noches – tras esto se metió en su habitación y cerró la puerta de la misma.
En realidad Brennan había puesto esa excusa para marcharse por la gran tensión que reinaba entre los dos en esos momentos, y al notar a Booth algo seco y distante por la misma.
Al mismo tiempo, en el salón, Booth se arrepentía de haberse comportado así con ella, al querer fingir que nada había ocurrido se había comportado muy borde sin quererlo. Ahora se sentía bastante mal por su actitud hacia ella, y sabía que era lo que había provocado que ella se fuese.
