muchas gracias por los reviews!!

os dejo un nuevo capítulo ;-)

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CAPÍTULO 32

Booth regresó enseguida con una carpeta en la mano y regresó al coche. Justo cuando iba a arrancar un vecino suyo le tocó por la ventanilla y le enseñó unas cartas que llevaba en la mano.

- Hola Allan – lo saludó Booth.

- Hola Seely, aquí tienes tu correo de estos dos días – dijo el hombre dándole las cartas.

- Gracias Allan, te debo una – dijo dándole un apretón de manos -. Bueno, me tengo que ir a trabajar, luego nos vemos.

- Vaya, qué vacaciones más cortas has tenido, amigo.

- ¿Vacaciones? – preguntó Brennan extrañada dirigiéndole a Booth una mirada interrogante.

- Bueno… - intentaba explicarse un Booth muy nervioso al verse descubierto por su vecino – No han sido exactamente vacaciones…

- Venga Seely, yo también quisiera cogerme un par de días para irme a un hotel a relajarme y olvidarme de todo – le dijo el vecino, quien no se daba cuenta de las miradas que le lanzaba el agente pidiéndole que no siguiera hablando -. Bueno tío, ya nos veremos, yo también me voy a trabajar.

- Sí, hasta luego Allan – se despidió de su vecino y cuando éste se alejó, se giró hacia su compañera, que lo miraba fijamente -. Huesos, te lo puedo explicar…

- Tranquilo Booth, lo sé todo.

- ¿Lo sabes? – preguntó sorprendido.

- Sí.

- ¿Qué sabes exactamente?

- Sé que nunca hubo ninguna fumigación, Booth.

- ¿Pero cómo…? ¿Cómo lo has sabido?

- Lo supe cuando dijiste que habías pedido a Cullen mi protección como un favor personal, en ese momento me di cuenta de que te habías quedado en mi casa para protegerme – lo miró cariñosamente.

- Bueno, puse esa excusa porque si te decía que me quedaba para protegerte jamás lo habrías aceptado.

- Sí, en eso tienes razón, y te doy las gracias por ello.

- ¿Por mentirte?

- No Booth, por todo lo que haces por mí.

- No tienes por qué dármelas – le sonrió -. Eh, espera un momento.

- ¿Qué pasa?

- Si ya sabías que lo de la fumigación de mi casa era mentira, ¿por qué me dejaste quedarme también anoche?

- Bueno… es que anoche no quería estar sola… – dijo con voz baja, con un poco de vergüenza.

Booth la miró tiernamente después de que le confesara esto último, era la primera vez que su compañera le decía, aunque no directamente, que lo necesitaba. Por fin empezaba a salir un poco a la luz la sensibilidad que él siempre había visto en ella, y no pudo evitar sonreír al recordar los primeros días en los que comenzaron a trabajar juntos, su relación había cambiado mucho desde entonces.

- Huesos, ya sabes que no estás sola – la miraba a los ojos -. Yo siempre estaré aquí.

- Lo sé – dijo ella – y gracias.

Durante unos segundos se quedaron mirándose fijamente a los ojos, embrujados el uno por los del otro, y viceversa.

- Bueno – dijo Brennan interrumpiendo el bello momento -. ¿No íbamos a tu oficina?

- Sí, claro – respondió Booth y tras encender el coche condujo rumbo al edificio del FBI.

Un par de horas más tarde los dos llegaban al Jeffersonian.

- Brennan, cielo ¿otra vez por aquí? – le dijo Ángela tras saludarlos -. ¿Pero por qué te resulta tan difícil quedarte en casa como alguien normal cuando está de baja laboral?

- Ángela, ya me conoces, no sirvo para quedarme en casa sin hacer nada cuando hay trabajo pendiente.

- Además, me ha dicho que cuando resolvamos el caso se irá a un balneario rural, – le contó Booth.

- No es un balneario rural – lo corrigió Temperance – es un hotel rural con balneario.

- A ver – los interrumpió Ángela - ¿me estás diciendo que te vas a escapar unos días para relajarte como una persona normal? – preguntó a su amiga y ésta asintió con la cabeza -. Ah no, eso no me lo creo.

- Sí, yo tampoco me lo creía cuando me lo contó, pero es cierto, Ángela – afirmó Booth.

- Querida, cuánto me alegro que al final hayas entrado un poco en razón. Ya verás que cuando regreses serás una persona nueva.

- Eso es científicamente imposible, Ángela. No por el hecho de ir a descansar a un hotel me convertiré en una persona diferente.

- Cariño, no opinarás lo mismo cuando vayas al balneario y uno de esos esculturales masajistas buenorros recorra todo tu cuerpo con sus sabias y placenteras manos.

- Mjj, mjjj – carraspeó Booth un poco celoso al imaginar la escena.

- Dicen que un buen masaje puede resultar tan placentero como el sexo – siguió contando Ángela, sin hacerle caso a Booth.

- En eso te tengo que dar la razón – le contó Brennan -. Sully me daba unos masajes muy…

- ¡Mjj, mjj! –la interrumpió Booth carraspeando esta vez más fuerte -. Bueno chicas, ¿podemos cambiar de tema?

- Oh, es cierto, olvidaba que eres muy tímido para estas cosas – se rió Brennan.

- Bueno Huesos, voy a ver a Cam, a ver si ya tiene los resultados del ADN.

- Sí que los tengo – dijo Cam que venía llegando a donde se encontraban los tres -. El ADN del trozo de uña hallado en el cráneo de la víctima coincide plenamente con el de la colilla de cigarro que Brennan cogió del despacho de Kelly Dickens.

- Entonces ella es la asesina – concluyó Booth -. Caso resuelto.

- Sí, es la asesina, pero como ya dije, es físicamente imposible que ella sola trasladara al cadáver hasta el lugar donde lo encontramos, hay alguien más implicado – dijo Brennan.

- Tienes razón, – afirmó Booth – pero vamos primero a detenerla a ella, luego ya nos encargaremos de que confiese todo.