muchísimas gracias por sus reviews, sabía que ese capítulo os iba a gustar, sobre todo el final en el que digo que quien daba el masaje era Booth. Por cierto Kate, para el personaje de Ángelo no me basé en George Cloney, aunque tb podría encajar en ese perfil, jajaja.

Pero ¿cómo creéis que ha llegado Booth hasta ahí? Bien tranquilas que en este capítulo os lo explico todo ;-)

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CAPÍTULO 35

Booth no había soportado pasar más tiempo sin su Huesos, apenas había dormido desde que ella se había marchado al hotel. Su conciencia no paraba de repetirle lo cobarde que era por no haberle confesado aún a Temperance sus sentimientos. Tenía que habérselo dicho la última noche en la que la invitó a cenar, pero no se atrevió a hacerlo después de que, como siempre, alguien los interrumpiese en el peor momento, en esa ocasión había sido una inoportuna llamada de Rebeca. Lástima, había sido una velada fantástica, en la que incluso bailaron, después de que Booth, celoso al ver cómo un hombre invitó a bailar a su compañera, gritara a mitad de la canción "¡Cambio de pareja!" y se apoderó de Temperance antes de que otro pudiera hacerlo.

Los remordimientos por su cobardía y los celos no lo dejaban vivir tranquilo, no podía ni concentrarse en el trabajo. Sentía celos de pensar en que su amada tal vez no volviese sola de aquel lugar, tal vez conocía a un hombre y se olvidaba de él. No, eso sí que no podría soportarlo, jamás se perdonaría haberla perdido por no atreverse a decirle que la quería, así que decidió pedirle a su jefe unos días libres y se iría a buscarla. P

Por supuesto, Cullen se los dio de inmediato, estaba muy contento con el trabajo de Booth, él era uno de sus mejores hombres y además muy trabajador, y se merecía esos días. Claro que también tuvo que ver en esa decisión el que Temperance hubiera hablado con él antes de irse al balneario, para contarle que ella fue la única culpable de su escapada y que por favor no la tomara con Booth.

Sin dudarlo ni un segundo, Booth hizo las maletas ese mismo día y se fue al hotel donde había ido Brennan.

Hacía poco más de una hora que había llegado al mismo, y gracias a su placa de agente federal no le resultó difícil obtener información de en qué habitación se alojaba ella. Por suerte, la habitación de al lado estaba libre y no era muy costosa, así que la pagó y decidió alojarse ahí.

Después de dejar una pequeña propina al botones por subirle la maleta hasta la habitación, dejó la misma sobre la cama y miró por la ventana. ¡Guau! Tenía unas vistas estupendas, el paisaje era maravilloso, un suave viento mecía las hojas de los árboles, produciendo un murmullo relajante. Inspiró profundamente y el aire limpio y puro de aquel campo llenó sus pulmones. Sin embargo, la vista que tenía a la derecha le gustó mucho más: Temperance recostada en una hamaca de madera natural, en la terraza que tenía su habitación.

- Como siempre, le tocan las mejores habitaciones – pensó Booth.

Encandilado por aquella hermosa visión, tardó unos segundos en reaccionar. Cuando por fin lo hizo, volvió a meter la cabeza dentro de la habitación y cerró la ventana.

- Bien, ya estoy aquí – dijo visiblemente nervioso, caminando de un lado a otro de la habitación – Ahora sólo tengo que pensar cómo se lo diré.

Mientras daba vueltas por toda la habitación, Booth ensayaba diferentes formas de decirle a Brennan que la quería.

- Podría irrumpir ahora mismo en su habitación y decirle "Huesos, te quiero", pero no, eso no sería nada romántico. No, y tampoco puedo decírselo llamándola Huesos, si vamos a ser pareja no puedo seguir llamándola así, mejor Temperance. Claro que por otra parte, "Huesos" es algo muy mío, sólo yo la llamo así, y parece que a ella le gusta… pero tal vez no para una ocasión así… ¡Oh Dios! ¿Por qué es esto tan difícil? – exclamaba mirando al cielo.

Mientras Booth seguía ensayando multitud de formas de decírselo, una Brennan que no paraba de pensar en él, decidía bajar al balneario, sin imaginar que su compañero estaba a tan sólo unos metros de ella.

Cuando por fin Booth encontró la manera de abrirle su corazón a Temperance, se asomó nuevamente a la ventana para mirarla, pero lo único que pudo ver era que ella no seguía allí, se había ido. Rápidamente se dirigió a la puerta de la habitación y miró a ambos lados del pasillo y la vio casi al fondo del mismo, enfundada en un albornoz.

Se decidió entonces a seguirla a una distancia prudente, para que no le viera. Así la siguió hasta la sala de masajes, donde pudo ver desde su posición cómo Brennan miraba al masajista cuando éste salía a despedir a una cliente, y se puso muy celoso en ver cómo ella se lo comía con la mirada. Fue entonces cuando escuchó hablar a Ángelo y supo que era gay.

- Gracias Dios mío – sonrió mirando hacia arriba.

Luego vio cómo Brennan entraba a la habitación para que le diera un masaje, y la idea de ser él el masajista le vino sola. Mientras Temperance se acomodaba en la camilla, Booth había tocado suavemente a la puerta, Ángelo le abrió, y tras el agente explicarle la situación y lo que quería hacer, el masajista lo ayudó encantado.

Y allí se encontraba Seely Booth, recorriendo con sus manos la espalda y los brazos de la mujer que amaba provocando en ella oleadas de placer, podía sentirlo a través de su suave y delicada piel, esa piel que se moría por besar.

Booth hacía enormes esfuerzos para mantener cerrada su boca y no decirle allí mismo que la quería, pues no era el momento idóneo, no con ella media desnuda sobre una camilla. Qué podría pensar ella al descubrir que era él quien la estaba tocando… seguro que se enfadaría, por eso cuando se acaban los 30 minutos de la sesión de masaje, le hizo señas a Ángelo para que volviese y terminase de dar el masaje a Temperance, mientras él se iba para que ella no sospechase nada.

- Bueno, ya he terminado querida – le dijo el masajista a una Temperance ahora completamente relajada, que ahora comprendía por qué aquella mujer halagaba tanto las manos del hombre.

Brennan, con cuidado se volvió a poner la parte superior del biquini y, muy a su pesar, se levantó de aquella camilla. Su cara había cambiado por completo, ahora la expresión de la misma era una mezcla de felicidad, tranquilidad y relajación absolutas.

- ¿Te ha gustado? – le preguntó Ángelo.

- Ha sido… maravilloso – acertó a decir Brennan aún bajo los efectos de una droga llamaba Booth.

El masajista no pudo evitar sonreír pícaramente pensando en ese par de enamorados.

- Bueno querida Tempe, ha sido un placer – le dio un abrazo.

- Dímelo a mí – pensó Brennan.

- Puedes volver cuando desees, cari. Muac, muac – el masajista le dio dos besos fingidos a modo de despedida.

Temperance se fue de allí aún medio embobada de tanto relax, era como si estuviese bajo el efecto de alguna sustancia estupefaciente.

- Bueno, ¿qué hago ahora? – se preguntó Temperance, y finalmente decidió irse a su habitación, le era imposible pensar nada en ese momento. Realmente le resultaba muy extraño tener tiempo libre, su vida entera la había dedicado al trabajo.

Booth, que había permanecido escondido cuando salió de la sala de masajes hasta que ella saliera, volvió a seguirla a una distancia bastante prudente, aún no era el momento. Había decidido decírselo a la noche, su plan era decirle al botones del hotel que le llevase a Temperance una nota en la que le diría que la esperaba abajo, en el restaurante, para cenar. Eso sí, en la nota no pondría su nombre, para mantener la sorpresa hasta el último momento. Luego, durante la cena, se lo diría todo.