muchísimas gracias por los reviews!! no sabéis lo feliz que me hacéis!!
Bueno me alegro que de os haya gustado el capítulo anterior, ya era hora de que se dieran ya el tan esperado beso, no? Que tanta tensión sexual me estaba matando incluso a mí que soy la que lo escribo, jajaja
Bueno, aquí os dejo otro capítulo más de estos dos lindos enamorados, a ver qué os parece
y seguid comentando please ;-)
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CAPÍTULO 38
- ¿Sí, Booth? – preguntó intrigada.
- Bueno, puede que te parezca una tontería, pero ahora que tú y yo… ya sabes… - le dio miedo continuar la frase por si ella no opinaba lo mismo.
- Somos pareja – completó ella.
- Sí – suspiró aliviado después de escuchar eso de sus labios.
- ¿Qué es lo que ocurre?
- Bueno, es que ahora no sé cómo debo llamarte, si Huesos o Temperance, Tempe, Tempi… Ya sabes que yo siempre te he llamado Huesos, pero tal vez ahora no sea lo más adecuado, no sé, a lo mejor no te gusta que te siga llamando así porque…
- Shhh… - Brennan lo hizo callar con un beso en los labios – Booth, puedes llamarme como quieras, el nombre no me importa mientras estemos juntos. Aunque si te soy sincera me gusta más que me llames Huesos, porque es algo nuestro, tú eres el único que me llama así – le dijo sonriéndole.
- ¿En serio? – dijo aliviado – Menos mal, porque si te digo la verdad, después de tanto tiempo llamándote Huesos me resultaría extraño dejarte de llamar así, porque tú eres y siempre serás MI HUESOS – la besó.
- Oye, ¿y tú como prefieres que te llame, Seeley o Booth? – le preguntó ella.
- Como tú quieras Huesos, aunque la verdad preferiría que me dijeras "cariño" o "mi amor" – bromeó.
- ¡Booth! – rió ella – Sabes que eso no va conmigo, así que te seguiré llamando como siempre, Booth.
- Está bien, pero sí me dejarás que yo te lo diga a ti – poniendo una sonrisita irresistible.
- Sí – dijo ella devolviéndole la sonrisa -. Oye, dime una cosa.
- ¿Sí, cariño?
- ¿Desde cuando estás aquí en el hotel?
- Oh, desde hace unas horas.
- ¿Y cómo supiste que yo estaba en el bosque?
- Bueno, digamos que te vi salir de tu habitación y decidí seguirte a ver dónde ibas.
- ¿Ya sabías que esta era mi habitación?
- Pues… sí.
- ¿Cómo?
- Bueno… podría decirse que usé mi placa del FBI en la recepción.
- Eres increíble – dijo ella sonriendo y sacudiendo ligeramente la cabeza -. Pero, ¿por qué no hablaste conmigo en lugar de seguirme? Me diste un buen susto en el bosque.
- Oye, ¡y tú a mí también! – los dos rieron al recordar la situación – Bueno, no hablé contigo porque no sabía cómo decirte que había venido aquí por ti, porque te amo. Tenía que esperar al momento adecuado.
- ¿Ah sí? ¿Y qué momento era ese? – preguntó, melosa, mientras le robaba un beso en los labios.
- Pues verás, había reservado una mesa en el restaurante esta noche, y pensaba mandarte una nota anónima con el botones, pidiéndote que nos encontráramos en el restaurante a la hora de la cena. Allí pensaba decírtelo todo, pero ya ves que nada he salido como lo había planeado.
- No, ha salido mucho mejor – lo volvió a besar -. ¿Entonces todavía tienes la reserva?
- Sí, ¿por qué?
- Porque ya se acerca la hora de la cena, y se me ocurre que podríamos aprovecharla. Con tanto 'ejercicio' se me ha abierto el apetito – mirándolo de forma traviesa.
- Eso es una gran idea, Huesos. Sí, lo cierto es que yo también tengo hambre.
- Bueno, entonces será mejor que nos levantemos de aquí y nos vayamos a preparar – dijo Brennan y mientras se disponía a sentarse en el borde de la cama.
- Eh, no tan deprisa – Booth la detuvo agarrándola por la cintura y la atrajo nuevamente hacia él – Aún queda más de una hora, ven, quedémonos aquí abrazaditos un poco más – le dijo rodeándola con sus brazos y estrechándola contra sí.
- Mmmm – disfrutando del momento – sí, me gusta la idea.
Tras permanecer un rato más en la cama, abrazados y dedicándose varios besos y arrumacos, a falta de poco más de media hora para la cena los dos se levantaron para prepararse para la misma.
- Bueno Huesos, voy a mi habitación a cambiarme, te recojo en un rato.
- Está bien – dijo y dándole besos lo acompañó hasta la puerta -. No te tardes mucho.
- De acuerdo – dijo Booth y tras darle un último beso, caminó unos metros a la izquierda hasta dar con la puerta de su habitación.
- ¿Esa es tu habitación? – preguntó Brennan sorprendida tras haberlo observado.
- Sí – sonrió él.
- ¿Cómo lo has hecho para alojarte al lado de la mía?
- Bueno… - Booth con cara de pillo le mostró su placa meneándola un poco en el aire.
- ¿Otra vez usando la placa fuera de tu trabajo? – bromeó Brennan.
- ¿No irás a amenazarme otra vez con contárselo a Cullen, verdad?
- Bueno, eso ya lo veremos… - rió Brennan – Tendrás que portarte bien.
- Te prometo que seré un chico muy bueno – sonrió siguiéndole el juego.
- Anda, ve y prepárate – le dijo ella sin dejar de sonreír.
- Hasta ahora cariño – le dijo Booth antes de entrar a su cuarto.
- Hasta ahora – repitió ella y cada uno se metió en su respectiva habitación.
Ninguno de los dos podía concebir tanta felicidad junta. Les parecía increíble que por fin estuviesen juntos después de tanto tiempo deseándolo en secreto. Era como estar en el más dulce de los sueños, con la diferencia de que todo era real. Ambos podían sentir como el mundo era un lugar mejor ahora que los dos estaban juntos.
Habían esperado tanto tiempo ese momento que eso lo hizo mucho más especial de lo que ya era. Ninguno de los dos había sentido algo como aquello antes por nadie.
Brennan se sentía la mujer más amada del mundo, y eso era algo que le provocaba una inagotable sonrisa. Nunca antes había sido tan feliz.
Tras quedarse cada uno detrás de sus respectivas puertas de habitación suspirando de amor y felicidad como dos adolescentes con la llegada del primer amor, los dos fueron a arreglarse para la cena.
Brennan abrió el armario y removió varias veces las perchas en busca de algo bonito que ponerse, pero al ser un hotel rural sólo se había llevado ropa cómoda e informal y algunos biquinis para cuando fuese al balneario.
Estaba un poco frustrada por no conseguir lo que quería, cuando de pronto se le ocurrió bajar a la tienda del hotel, tal vez allí tendrían algo.
A toda prisa bajó a la tienda, que por suerte seguía abierta y echó un vistazo. La suerte estuvo de su lado cuando vio al fondo un pequeño perchero con algunos vestidos sencillos pero bonitos. Tras ojearlos rápidamente, vio uno que le encantó.
