PITÁGORAS
Tortitas
Terminó el entrenamiento y Ryota regañó al pelirrojo por haber estado en las nubes durante éste. Claire dirigió una sonrisa cómplice a Rukawa, que contestó con una mirada fría. Los jugadores entraron en las duchas y las tres chicas quedaron solas. Se notaba cierta tensión entre dos de ellas.
- Haruko Akagi, encantada – dijo una, acercándose a la francesa y haciendo una pequeña reverencia.
- Claire Duran – imitó el gesto. – Igualmente.
Ayako las miró y decidió hacer lo mismo. Después de unas cuantas preguntas y respuestas triviales, vio que Miyagi salía del vestuario y despidiéndose, se marchó con él. Habían empezado a salir juntos cuando empezaron el tercer curso, para alegría del base.
Cuando Rukawa salió con el pelo mojado y vestido de nuevo con el uniforme vio a su amiga conversando con la tonta enamorada de Hanamichi Sakuragi. Aunque últimamente no le veía babear por ella a su paso, cosa que le alegró, la chica castaña nunca le había caído demasiado bien. De hecho, las chicas que le idolatraban nunca le caían bien y la hermana del ex-capitán no era una excepción. Tal vez no lo hacía descaradamente como su club de animadoras, pero sus sentimientos hacia él eran claros. Y si no fuera poco, el pelirrojo, su pelirrojo, estaba prendado de ella.
Se acercó a las dos chicas castañas y besó en la mejilla a su supuesta novia, ignorando a Haruko, quien apartó la mirada.
- Bueno, Haruko, me ha gustado mucho charlar contigo, pero nos tenemos que marchar. ¡Nos vemos mañana! - se despidió la francesa mientras el número once se la llevaba casi a rastras. – Me cae bien ésa chica. Muy amable – comentó una vez estuvieron solos.
- A mi no.
- ¿Es la chica de la cual él estaba enamorado? – obtuvo un asentimiento como respuesta. – Tranquilo, que ahora está coladito por tus huesos... – dijo riendo, como su amigo no contestó, se explicó – Te mira mucho, ya te lo dije, y se sonroja como una adolescente – más silencio. - Yo te lo digo para que lo sepas. Haz lo que quieras...
- Hum... – murmuró el muchacho; de pronto, recordó algo. - ¿No vamos a comprar comida?
- ¡Es verdad! Mañana es sábado, podría preparar tortitas para desayunar – eso pareció animar al moreno, que sonrió ligeramente y aceleró el paso.
xXxXx
El sábado por la mañana, Kaede Rukawa despertó al oler algo dulce y caliente. Recordó que ayer su compañera de piso le prometió hacer tortitas y de un salto bajó de la cama. Rápidamente se lavó la cara y bajó a la cocina para desayunar.
- ¡Tachaaan! – Claire le recibió con una gran sonrisa y poniendo un plato de tortitas en la mesa.
El moreno respondió con una pequeña sonrisa y empezó a comer. Siempre le habían gustado mucho las tortitas, desde niño.
- ¿Qué vamos a hacer hoy?
- Mymo hephm quemmdadon.
- Traga y luego habla – dijo la chica con un tono de falso reproche.
El chico hizo caso y tragó la bola de comida que tenía en la boca.
- Los sábados siempre quedo con alguien. No creo que le importe que vengas.
La muchacha castaña asintió dándole a entender que estaba conforme con el plan. Y a decir verdad, tenía curiosidad por saber quién sería la cita de su amigo.
Y aquí está este nuevo capítulo, es algo corto, pero es lo que ha salido. Tengo la sensación de que Pitágoras es mi bote salvavidas con Cruce... Cuando Cruce se hunde, recurro a ésta historia de argumento ligero. Pero estoy trabajando, en serio.
¡Gracias por leer!
