Cuando por fin pude concentrarme en donde estaba el pequeño demonio azulado, aún me quedaba otra cosa por pensar, que hacer. No podía quedarme ahí, no iba a ser seguro que despues me fuese solo a mi casa estando confuso. No podía ni sacar mi celular y tampoco quería que mi papá tuviera que salvarme otra vez, asique tambien descarte esa idea.
Lo único que se me ocurría era abalanzarme contra él, pero terminaria mojado y aunque fuese primavera aún podía terminar resfriado. No que importara mucho, ya que ese Lotad termino usando Pistola Agua contra mi cara. Si bien eso me sacó del estado de confusión, podía ver como el maldito se reía de la bromita que me acababa de hacer. Para su mala suerte, aproveche que se me había acercado lo agarre rápidamente de su panza y lo alcé a la altura de mi pecho.
No parecía importarle mucho mi cara de enojo, ya que solo se siguió riendo. -¿Cual es tu problema? Yo no te hice nada- Dije en un tono similar al que usa mi madre cuando me reta. El pequeño Pokémon solo sonrió mientras menaba sus patas y hacía un ruido animado. Parecía querer jugar, así que me acerqué a la zona donde estaban los Lotad y deje ahí al pequeño Pokémon azul. -Andá a jugar con ellos- murmuré molesto mientras lo dejaba en el piso.
Lotad me miró algo decepcionado, se dió vuelta y se puso a nadar en dirección a sus compañeros. Mientras se acercaba empezaba su baile de nuevo, soltando la misma aura rosada que aun me habia dejado con dolores de cabeza. No le di mucha más importancia al asunto, me di vuelta y empecé a recapitular por donde había venido. Ni un segundo después algo golpeó mi espalda y si bien no me hizo caer, estuvo cerca.
Cuando volví mi dirección al lago, encontré a un montón de Lotad que irónicamente parecían tipo Fuego del enojo que tenían, y a mis pies se encontraba el mismo Lotad de antes con algunos rasguños en su cuerpito. No se si fue instinto materno o que pero agarre inmediatamente al pequeñín, que aunque ejerció resistencia no pudo hacer mucho.
Uno pensaría que una especie tan amable atacaría sin pensar si uno de los suyos estuviese en peligro, y estarías medio correcto en este caso. Todos los Pokémon atacaron con Hoja Afilada, a lo que reaccioné algo tarde y terminé con varias heridas en los brazos, en especial las manos. Y aunque suene de locos, los Lotad no estaban apuntandome a mi, sino que a su propio compañero. Para empeorar la situación, empezó a llover, aun dudo si el pronóstico se equivocó o si los otros Pokémon del lago estaban igualmente hartos de Lotad y entonces ayudaron a los otros Lotad a deshacerse de él.
Me di vuelta y empecé a correr mientras recibía las Hojas Afiladas en mi espalda, aumentando el número de heridas en mi cuerpo, y a pesar de tener patas cortas, muchos nos estaban siguiendo el ritmo, dejando apenas unos metros de distancia. Eran tan astutos que aquellos que no tenían Nado Rápido se subieron en aquellos que sí la tenían, por lo que nos podían perseguir y atacar al mismo tiempo. Apenas fui capaz de cruzar hasta la otra cuadra y correr hasta la esquina, hasta que uno de sus ataques hirió mi pierna. Afortunadamente pensé rápido y conseguí darme vuelta mientras giraba para no aplastar al pequeño que tenía en mis brazos. El impacto contra el piso lo amortigüe con mi hombro izquierdo, el cual me empezó a doler de una manera terrible.
Me había quedado sin ideas, lo único que se me ocurrió fue empezar a gruñirles como manera de intimidarlos, pero no funcionó como con aquellos Pokémon con los que se solía pelear Manectric en los paseos. Cerré los ojos y recé que no nos hicieran tanto daño.
¿Recuerdan el viejo de la esquina que me miraba mal constantemente? Bueno, en ese momento me arrepentí de todas las historias que habré hecho sobre él a lo largo de mi vida, ya que tras escuchar unos golpes, volví a abrir los ojos y ví a todos los Lotad tirados y a una figura algo borrosa al fondo. La figura de un Pokémon grande, robusto, con enormes brazos hechos de tierra y un chaleco hecho de rocas naranja se acercó, acompañado de la imagen del viejo delgado y con bastante pelo para su edad, aunque de color gris. Me levanté lentamente mientras el viejo me hablaba en su voz grave y decrépita -No deberías meterte en asuntos familiares- y soltó una risilla.
Yo no supe qué contestarle, ni siquiera pude pensar en palabras cuando recordé a Lotad, el cual seguía en mis brazos. Lo alcé de nuevo a la altura de mi pecho, lo analicé y vi que tantas herida y un poco de mi apretón en la corrida lo habían dejado inconsciente. Apoyé mi oreja en su pecho en busca de latidos, aunque no estaba del todo seguro de donde o si siquiera tenía corazón. Mire al viejo, que tenía una mirada indiferente, a lo que sacó una Malla Ball de su bolsillo, la agrandó y levemente la tiró contra Lotad. El Pokémon no ejerció ninguna resistencia y se capturó. -Si alguna vez encontras un Pokémon salvaje malherido, llevarlo a un Centro Pokémon te resultará más fácil si lo capturas- Yo solo me le quedé mirando con una cara de tonto -Vamos, te llevo a tu casa, lo de Caro ¿No?- Asentí, esa era mi madre.
No hablamos durante el camino. Me dedique principalmente a acomodar mi pelo, no era la gran cosa. Era como cualquier otro corte, muy corto por los lados y en medio una pequeña cresta, todo de color negro. Muchos chicos en mi curso se teñían el pelo de colores extravagantes, no miento al decir que cada vez que entraba al salón tenía que escocer los ojos de tanto brillo. Por otro lado las mujeres solían tener cortes que variaba entre los estilos de un Dugtrio en Alola, aunque estaba esa chica, Malena, cuyo corte era el de su Pokémon estrella, un Piloswine.
Volviendo a lo de antes, una vez llegamos el viejo se despidió mientras yo abría la puerta, había parado de llover hace unas cuadras afortunadamente. Una vez entré mi mamá volteo, al principio se la veía cansada, pero al verme empapado y lleno de rasguños, su cara automáticamente cambió a horror. -¿¡Pero que paso Matias!?- Dijo corriendo directamente hacia mí, agarrándome de los brazos. Mi papá, que estaba en la cocina cortando verduras se acercó rápidamente con repasador en hombro.
-¿Te resbalaste?- Preguntó, a lo que mi mamá se dió vuelta algo enojada, y se volvió hacia mí. Yo solo me rei un poco.
-¿Alguien te hizo esto? ¿Ese chico Maxi otra vez?- Su tono era el de preocupación excesiva e innecesaria.
-No no, paso que…- Y en ese momento recordé ¿Como le iba a explicar que tenía un Pokémon en una Pokéball en mi bolsillo en ese mismo momento? ¿Y que podía hacer después? No podía llevarlo de vuelta al lago, tampoco podía simplemente dejarlo en adopción. Empecé a respirar más forzadamente para no tener que hablar, eso me ganó 3 segundos para pensar.
