Hola :) espero que estén bien :) ayer tembló muy feo aquí :( , disfruten el capítulo :)


Se detuvo, puso sus manos sobre las de ella e inhaló profundamente. Ella quitó lentamente sus manos y él volteó en cuanto sintió que ya no las tenía sobre él.

- ¿Qué fue eso?

Ella no sabía que decir.

- Sólo, quise hacerlo.

Él la observó fríamente.

- Puedes hacerlo cuando quieras.

Y en ese fugaz momento, besó su frente. En vez de separarse, sólo la abrazó. Ella, confundida correspondió. Recargó su cabeza en su pecho, como lo había hecho tiempo atrás. Escuchó como su corazón latía velozmente, como cientos de caballos galopando en un amplio campo abierto.

Él recargó su barbilla sobre su cabeza. Le encantaba oler su cabello.

- Te extraño, Hermione. – Susurró nuevamente. La separó, pero no la soltó y la miró directo a los ojos.

- Si tan sólo pudieras entrar a mis pensamientos, y supieras que todo lo que pasó fue un error…

Ella colocó su dedo sobre sus labios, sus suaves labios.

- No es momento de hablar de esto Draco. Al menos, no ahora.

Y lo abrazó. Sabía que él necesitaba un consuelo, y por supuesto sabía que no estaba mintiendo… ¿Porqué un Malfoy mentiría? Después de la guerra, para ellos ya no había motivos. Se había terminado.

- Gracias. – Dijo él, suavemente, pero con tono firme.

- Y… ¿cómo fueron las cosas con tu compañera?

Ella se acomodó para no soltarlo, pero si para poder verlo.

- Bien… mejor de lo que esperaba.

- Eso me alegra.

Draco Malfoy sintiendo empatía por otra persona habría sido toda una novedad en Hogwarts. Incluso ahora para quienes lo conocen, incluidos Harry y los Weasley.

Pero ella sabía, que eso era el verdadero heredero.

- Debes ir a dormir. – Dijo él.

- Tú también.

Hermione se alejó un poco y se acercó a la puerta. Draco quedó a veinte centímetros de ella.

- Quizá… Podríamos comer mañana juntos. – Dijo, mientras llevaba su brazo para acomodar su cabello. Ella, embobada, no podía negar que Malfoy se había puesto bueno.

- Me… Encantaría. – Dijo tímida.

Él volvió a sonreír pícaramente.

- Te veo en el comedor a las tres, entonces.

- Sí.

- Hasta entonces. – Se acercó y besó su mejilla.

Volvió a girar, pero esta vez aceleró un poco el paso, pues ya no quería que ella durmiera tarde. Ella suspiró, abrió la puerta y por fin entró a su recámara.

Se dejó caer en el colchón y llevó su almohada a su rostro. Algo invadía su cuerpo, una serie de cosquillas recorrían todo su torso. Estaba emocionada. Miró hacia un lado y lo primero que pudo ver con atención fue el saco negro.

"Mañana a las tres" repitió hasta que por fin se quedó dormida.