Nada de esto me pertenece, excepto Amelia (Espero que disfruten del capítulo)

Había pasado unos días en los que no podía quitarme a Drew de la cabeza, no sabía qué hacer con él.

Era lunes y estaba sentada en la mesa de siempre donde resolvíamos los casos que le llegaban a House. Solo estábamos House y yo sentados, leyendo cada uno una copia de los recientes análisis que le habían hecho al paciente, mientras los demás estaban con el paciente.

Noté como House dejo la copia de los análisis sobre la mesa y me miraba fijamente. Yo esperaba que dijera algo sobre los análisis mientras ignoraba su mirada volviendo a leer los análisis intentado encontrar algo anormal que nos diese una pista.

Pero House se limitó a seguir mirándome. Aunque llevaba poco tiempo aquí, ya me conocía el juego de House, estaba intentando ponerme nerviosa mirándome fijamente, no se para qué, pero lo estaba consiguiendo. Dejé el informe sobre la mesa y le devolví la mirada.

-¿Alguna idea sobre lo que le pasa? - Le dije, mientras él seguía mirándome igual.

-El otro día saliste con Wilson a tomar unas copas. - Me dijo, sin cambiar su mirada. Vaya, así que eso era.

-¿Crees que eso puede tener relación con lo que le pasa a nuestro paciente? - Le dije seriamente. Pero el paso de mi pregunta.

-Ya sabes cómo es Wilson, se ve cuando está mintiendo desde lejos. Así que el otro día le pregunte que tal la noche y se puso bastante nervioso, así que al final, para mi sorpresa, descubrí que habíais estado tomando una copa, los dos solitos.

-¿Y? - No sabía a donde quería llegar con todo esto.

-Bueno, también le pregunté si os habíais acostado, me dijo que no, y ahí parece que no mentía.

-¿A dónde quieres llegar con esto House?- Le pregunté

-¿A dónde quieres llegar tu con Wilson?- El me devolvió la pregunta.

-¿Como que a donde quiero llegar?

-Sabes perfectamente a lo que me refiero. - Vaya, parecía que hablaba en serio, nunca lo había visto así.

-Somos amigos, los amigos van a tomar copas. No sé ni porque te estoy dando explicaciones.

-Amigos. Eso de amigos entre mujer y hombre no existe, es una gran mentira. ¿Sabes como acaban los "amigos"? Acaban acostándose tarde o temprano.

-Que tu no puedas tener una amiga no significa que los demás no podamos. - Le dije a modo de contraataque.

-Todas las amiguitas de Wilson han acabado casándose con él, una prueba de ello son sus 4 divorcios. -Dijo él con una risa.

-Para ser Wilson tu amigo, no lo defiendes muy bien ante las mujeres. - Le dije riéndome.

-Tal vez será porque no quiero que tu estés con él.

-No te pongas celoso House. - Le dije sarcásticamente mientras me levantaba y me iba de allí.

¿Porque House tenía que meterse siempre así en la vida de los demás? Aunque no iba a tener nada más que amistad con Wilson, que más le daba si nos acostábamos o teníamos algo. Parecía que House fuese la madre de Wilson, dejándole o no salir con ciertas personas.

Al día siguiente.

Me encontraba con el móvil en la mano, indecisa, nerviosa y con ganas de tirarlo por la ventana a la vez. Marqué llamar, ya me estaba arrepintiendo y ni siquiera lo había cogido.

-¿Amelia?

-Hola Drew.

-¿Qué tal? - Me preguntó el, sorprendido al ver que le había llamado

-Bien. Me preguntaba si te apetecía venir a mi casa esta noche. - Le dije directamente, no quería andarme por las ramas, y menos con Drew.

-¿Estás segura? - Me preguntó confuso, sabía perfectamente a lo que quería invitándole a mi casa, me conocía muy bien.

-Sí, ¿quieres?

-A las 9:30 estoy allí.

-Vale, nos vemos. - Y colgué.

Solté un suspiro en cuanto dejé el móvil encima de la mesa de la cafetería para continuar comiendo antes de volver con el paciente. Sí, le había invitado a mi casa por la noche. Y lo que quería es el polvo de despedida. Para muchos esa es la peor cosa que puedes hacer con tu ex después de un tiempo, porque pueden volver los sentimientos y esas cosas. Pero para mí, era la mejor manera de ponerle punto y final, de sentir que ya se había terminado y no tener que darle más vueltas al asunto. El sabía que no lo había invitado a mi casa para hablar.

Terminé de comer y me dirigí a la zona de quirófano, donde me esperaba una operación que ocuparía toda mi tarde. Me encontré allí a Wilson, que iba a estar en la operación ya que era paciente suya y me había pedido a mí que la operase, más bien me lo había suplicado. Wilson era de esos médicos que de verdad sufría con sus pacientes, de los que se preocupaba de verdad, no podría haberle dicho que no a operarla, aunque habían varios neurocirujanos encargados de las operaciones en el hospital, Wilson insistió en que la operase yo.

-Hola Amelia. - Me saludó con una sonrisa.

-¿La paciente ha sufrido algún cambio reciente?

-No, sigue estable.

-Perfecto, pues vamos. - Dije, terminando de lavarme las manos y poniéndome el gorro para poder entrar a quirófano.

Entramos los dos al quirófano, donde la paciente ya estaba anestesiada. Era una joven de 17 años, con un tumor cerebral que la quimioterapia no había conseguido eliminar. Así que con la operación intentaremos quitar todo el tumor o su mayoría.

La operación empezó bien, abriendo el cráneo y dejando el cerebro descubierto para poder extraer el tumor.

Sentía a Wilson a mi lado algo preocupado.

Le miré y le dije con voz tranquilizadora:

-Ahora vamos a diseccionar el tumor para extraerlo. - El simplemente asintió.

Con mi pulso de acero, estaba despegando el tumor de las paredes del cerebro de aquella chica, un mínimo movimiento, haría que esta chica de 18 años perdiese el habla o incluso olvidase quien es. Este tumor se encontraba entre dos zonas delicadas.

Me disponía a extraerlo de una vez, cuando el pulso subió, la chica empezó a convulsionar. Saqué rápidamente el bisturí para no causarle daño.

-¿Que le pasa? - Preguntó Wilson alterado.

Sujeté a la paciente por los hombros.

- 50 miligramos de Trileptal. - Le dije a la enfermera.

A los segundos de que la enfermera se lo inyectara, las convulsiones se suavizaron hasta parar.

Suspiré aliviada, al igual que Wilson. Pero no nos dio tiempo a volver a la operación, porque las pulsaciones de la paciente se empezaron a alterar.

-Está sufriendo un paro cardíaco. - Dijo la enfermera.

- El desfibrilador a 50. - Le dije inmediatamente. Nada, seguía en paro cardíaco.

-A 70. - No había respuesta.

-Carga a 100. - Y nada.

-Otra vez. - Sin respuesta. Wilson seguía bombeandole oxígeno, yo dejé los desfribiladores.

-¿Por qué paras?- Me preguntó sin entender.

-Hora de la muerte 7:07. - Dije mirando el reloj del quirófano.

-¿Pero que haces? ¿Te rindes? - Wilson me miraba con cierto odio y rabia. Se dirigió a coger los desfibriladores.

-Vamos, cargue a 100. - Le dijo a la enfermera. La cual me miró a mi sin saber que hacer. - ¡Vamos!

-Wilson... - Le quite los desfibriladores.

-Bueno, pues si nadie los carga...- Se puso a intentar reanimarla manualmente.

Yo me quedé allí, a su lado mientras el intentaba reanimarla. Estaba esperando a su lado a que se diese cuenta de que no podía hacer nada. Poco a poco sus intentos cesaron suavemente. Se quedó de pie, mirándola.

-Lo siento... - Le puse la mano en el hombro, pero el simplemente se apartó de mi contacto y salió del quirófano. Todos los allí presentes estaban en silencio, desde las enfermeras al anestesista.

-Bueno, vamos a cerrar a esta chica para que los padres la puedan ver. - Así que me quedé allí cerrándola.

Cuando salí del quirófano solo eran las 7:40. No sabía si ir a buscar a Wilson. Decidí dejarle a solas hasta que se le pasara. Fui a la sala de espera, donde me encontré con los padres de la chica, llorando. Estaba claro que Wilson ya les había dado la noticia. Me acerqué a ellos.

-Sr, Sra Evans, siento mucho su pérdida. Pueden ir a ver a su hija si lo desean. - Vi como alzaban la vista hacia mi, con una mirada de reproche, miradas rotas de dolor por la pérdida de su hija de solo 18 años, podía ver en sus miradas como me culpaban en silencio.

-Sí, nos gustaría verla. -Les acompañé hasta donde estaba y los dejé a solas.

Estaba en el ascensor, para llegar a la planta donde estaban House y los demás y así poder hacer algo en las horas que me quedaban de trabajo. Apoyé mi cabeza en la pared del ascensor, suspirando.