Hola :) ¿Cómo están? Aquí está el capítulo de esta semana :) lo que está en comillas y cursivas es una conversación silenciosa xD ya verán por qué :)


Hermione no ha tenido noticias de Draco, no respondió sus cartas y tampoco le escribió, en un principio creyó que el momento en que salía de viaje era una parte o la última vez que estaba arreglando las cosas con su familia, pero cuando pasaron más de 15 días comenzó a preocuparse ¿Estaría bien?

Hace una semana había vuelto de Australia con sus padres, esperaba que Draco le escribiera, pero nada. Se pasaban las tardes leyendo, de vez en cuando veía la televisión, Harry, Ginny y Luna escribían cada semana, Astoria solo le enviaban las cartas el primer mes, luego dejó de comunicarse.

Hoy no fue un día especial, se envió a la sala a leer un poco, unas pocas páginas cerró el libro, no podía concentrarse, sus pensamientos siempre volvían a él, una lechuza picoteó la ventana, su corazón dió un vuelco, se acercó, para su gran desilusión solo era la edición vespertina de El profeta, lo dejó a un lado y volvió a sentarse, suspiró. Su madre salió de la cocina, se sentó junto a ella en el sillón, la rodeó con su brazo en un gesto cariñoso

-¿Aún nada cariño?
-Nada, no responde ¿Y si le pasó algo?
-Estoy seguro de que no cariño, las malas noticias viajan rápido, probablemente volvió con su familia
-Espero que tengas razón y haya vuelto a su casa para hablar con su padre

-Ya verás que así es, ahora que estás sentado, la cena está lista

Para cuando Hermione volvió a la sala, había vuelto a la lechuza en la ventana, recogió el pergamino que llevaba la mano y lo leyó, era de él

Hermione:

Necesito verte, no sabes cuánto te extrañado, ven a mi casa mañana a las 3, es urgente. Te amo

Draco

No sonaba a algo que él escribiría, sin embargo era su letra, por otro lado ¿Ir a verlo a su casa? La carta había sido enviada desde la mansión Malfoy, volver a ese lugar no le entusiasmaba en lo más mínimo pero decía que era urgente ¿Qué debía hacer? Hermione volvió a sentarse en el sillón, tenía cosas que pensar.


Daphne estaba sentada frente al escritorio de su padre, intentaba procesar lo que acababa de pedirle, no podía estar hablando en serio

—¿Sigues ahí sentada?— preguntó Albert— ya deberías haber ido con Astoria

—No puedo hacerle eso

—Es solo un pequeño hechizo, no le hará daño

—No voy a hacerlo, es suficiente con obligarla a casarse

—Lo dices como si fuera terrible, que yo sepa nunca te ha faltado nada

—¿No lo entiendes? Un matrimonio no se trata del dinero o las cosas materiales, para que dos personas se casen debe existir amor

—Deja los dramas novelescos para después, tenemos que ir con tu hermana ¡Ahora, camina!

Después de un montón de escaleras y corredores llegaron hasta una habitación, Astoria estaba recostada en la cama, en cuanto se dió cuenta de que la puerta estaba abierta se levantó, antes de darle tiempo de hacer o decir cualquier otra cosa su padre le lanzó un imperius ante la mirada atónita e indignada de Daphne

—¿Ves que era muy sencillo?— dijo Albert dirigiéndose a su hija mayor—ahora Astoria, tu hermana va a quedarse contigo un momento, irás con ella y te ayudará a ponerte linda para hoy ¿Entendiste?— Astoria asintió

Albert caminó hacia la salida y antes de irse le habló por última vez a Daphne

—Deja de llorar ya, te advierto que si intentas hacer cualquier cosa para ayudarla la madre de Miles pagará las consecuencias— el señor Greengrass salió con un portazo

Las hermanas quedaron solas, Daphne se acercó a la cama en donde ahora Astoria estaba sentada, mirando al suelo, parecía cansada, probablemente estuviera usando toda su fuerza para resistirse a la maldición, de repente el silencio se rompió con la voz de Astoria

—Daphne ¿A dónde vamos?— le habían ordenado obedecer pero nunca le prohibieron hacer preguntas

Para ella esas eran las palabras más terribles que alguna vez podría decirle a su hermana, se le rompía el corazón de verse obligada a participar en el juego cruel de su padre

—A tu boda— dijo en voz baja y volvió a llorar.


Pétalos de rosas blancas caen, arpas suenan y la multitud de magos sangre pura permanece en sus asientos, mientras elfos
Domésticos llevan y traen charolas con las bebidas más finas y codiciadas del mundo mágico, en una mesa cubierta con un pulcro mantel blanco reposa un enorme pastel de bodas, tres graciosos pavo reales pasean en el jardín entre los invitados. En medio de todo ese alboroto está Blaise Zabini sentado junto a su madre, del otro lado está Theodore Nott, ninguno de los dos puede entender qué está pasando, por qué de la noche a la mañana su amigo iba a casarse, mucho menos sabían quién era la misteriosa mujer.

Las arpas dejan de tocar un momento, solo para cambiar de melodía, ahora se escucha la marcha nupcial, en uno de los lados del jardín aparece un altar, de pie bajo un arco de flores está Draco del brazo de su madre, Narcissa se ve radiante como siempre, su hijo en cambio parece que estuviera en un velorio

—Madre, no puedo hacer esto— dice Draco en voz baja

—Tranquilo hijo, encontraremos una manera de salir de esto, por ahora sigue la corriente

Del otro lado del jardín, Daphne está acomodando el velo de su hermana, Astoria se ve hermosa con su vestido blanco, es una lástima que no lo esté usando por su propia voluntad

—Toma— dice Daphne mientras le entrega un ramo de flores— no lo sueltes en ningún momento

Albert Greengrass se encontraba cerca de ahí, ultimando detalles con sus hombres, un mago bajito ajustaba lo que parecía una antena

—¿Está todo listo?

—Ya casi, señor, solo falta que me indique las características de las varitas que desea bloquear

—Son estas dos, déjame agregar una tercera— hizo aparecer una pluma y un tintero y anotó en el pergamino:

Fibra de corazón de dragón y madera de nogal

Pelo de unicornio y madera de espino

Fibra de corazón de dragón y madera de Olmo

—Esta es la lista, espero que no haya ningún error

—Por supuesto que no, señor

—Más te vale, si quieres conservar tu cabeza

El señor Greengrass caminó hacia sus hijas, tomó a Astoria del brazo y la llevó hacia el altar, los invitados volvieron la vista hacia novia, muchas mujeres derramaron lágrimas hipócritas al verla llegar junto a su futuro esposo.

El mago que oficiaría la ceremonia comenzó su discurso:

—Queridos hermanos, miembros de esta comunidad mágica, estamos aquí reunidos para celebrar la unión de dos jóvenes…

El tiempo se estaba acabando, tenía que pensar en algo pronto ¿Qué debería hacer? vamos, piensa Draco, ojalá alguien pudiera entrar en mi cabeza y darme alguna idea… espera, sí ¡eso es!, concéntrate, entonces lo escuchó, estaba pensando, gracias a Merlín, Blaise sigue siendo pésimo en oclumancia

"... pero debería ser Granger la que esté aquí"

"Es lo más sensato que has pensado en años"

Los ojos de Blaise se abrieron con sorpresa, miró a ambos lados y después al frente para comprobar que no era su imaginación, Draco seguía de pie frente al altar

"Actúa normal"

"Pero estás allá…"

"Legeremancia Blaise, veo que no aprendiste nada"

"Está bien, ahora podrías explicarme ¿Qué haces en mi cabeza?"

"Necesito que me ayudes"

"¿En qué?"

"Impide la boda"

"¿Y cómo esperas que haga eso?"

"No lo sé, haz algo, lo que sea, piensa en lo desesperado que debo estar para pedirte ayuda a ti"

"Voy a elegir no sentirme ofendido por eso, déjame pensar en… demonios, no"

"¿Qué?"

"Nada"

"Blaise…"

Draco volteó para ver a Blaise, pero en cuanto lo hizo se dió cuenta del por qué de su reacción, detrás de los invitados había una chica de cabello rizado y castaño con los ojos llorosos…

"¿Qué hace Hermione aquí?"

"¡Y yo qué sé!"

"¡Lo que sea que vayas a hacer hazlo ya Blaise! No me puedo casar, menos con ella aquí

Frente a Blaise estaba sentada una señora con una peluca espantosa, sacó su varita y murmuró incendio, la peluca comenzó a arder ante la mirada consternada de los que se encontraban alrededor

"¿Es en serio Blaise?"

"Espera y verás"

Blaise se levantó y murmuró el contra hechizo, se acercó a la mujer de la peluca

—¿Se encuentra bien señora Canterville? No pensé que la señora Murray fuera capaz de algo tan bajo

—Gracias a Merlín que estaba aquí joven Zabini… ¿Dijo que esa urraca estaba aquí?

-¿A quién le dijiste urraca, vejestorio?

Era sabido en el círculo de las sangre que Murray y Canterville tenía una rivalidad desde hace siglos, igual que los Montesco y los Capuleto ... no se supo de dónde comenzó a volar los hechizos, pronto todo estaba en el caos .