Hola :) un poco tarde pero aquí está el capítulo de esta semana


La mansión Malfoy nuevamente era el escenario de una terrible batalla, aunque esta vez no se estuviera definiendo el futuro del mundo mágico, había dos vidas en juego, un chico y una chica serían obligados casarse si se perdía este duelo.

Después de deshacerse de las cadenas que lo aprisionaban, Albert Greengrass se quedó mirando al frente y sonrió de forma macabra

—Ahora veo que hice una buena elección, ella y tú se parecen mucho, igual de ingenuos, luchando hasta el final, una lástima que no vaya a servir para nada— levantó su varita y apuntó con elegancia —¡Voltius!

El ataque llegó tan rápido que Draco ni siquiera tuvo tiempo de preparar su defensa, una corriente eléctrica lo recorría, el dolor era bastante fuerte, apenas soportable, después de un rato la sensación de cosquilleo desapareció, era su turno, se tomó unos segundos para recuperarse y recitó su siguiente hechizo

—¡Deprimo!— el pedazo de tierra donde estaba parado Albert Greengrass se hundió, sin poder hacer nada cayó por largos segundos hasta que finalmente aterrizó con un golpe, por lo profundo que se veía el agujero y a juzgar por el ruido probablemente se habría roto al menos un hueso, según las reglas el primero en lesionar al otro ganaba el duelo, lo había conseguido, era libre

—Deberías aprender a no cantar victoria antes de tiempo

Desde el fondo del agujero, cubierto de tierra y sosteniéndose con dificultad, emergió el señor Greengrass. Al parecer ese hombre tenía más vidas que un gato, tenía que darse prisa y dejarlo fuera de combate

—¡Expe…

—¡Impedimenta!

Maldita fuera su suerte, aún estando herido era demasiado rápido. Adivinando lo que seguiría a continuación, Draco supo que tenía que preparar su defensa

—¡Pro…

— ¡Expeliarmus! ¡Crucio!

La varita de Draco salió volando y cayó unos metros delante de su dueño, quien se retorcía de dolor en el piso

—Draco, querido, olvidaste la principal regla de los duelos, nunca des el triunfo por sentado, a pesar de ello eres un buen oponente, deberíamos hacer esto más seguido— el hechizo no perdía su efecto, en ese momento era tal vez más fuerte que al comenzar

Draco seguía retorciéndose, sentía que su cabeza iba a estallar, sentía que miles de cuchillos lo atravesaban al mismo tiempo, era aún peor que el dolor causado por el sectumsempra, no podría mantener los ojos abiertos más tiempo, una sensación de vacío se apoderó de él, su mente comenzaba a apagarse, ya no habría más dolor, cerró los ojos con más fuerza y vio ante él a una encantadora chica de cabello rizado y ojos castaños.


Abrió los ojos, estaba en un jardín, verde y florido, recostado en el césped, junto a él estaba ella, su Hermione. Lo miró con dulzura y acarició su mejilla

—Tranquilo, ya todo terminó

—¿De verdad?— Hermione asintió— ¿Esto es real?

—Claro que sí, estás haciendo preguntas muy raras— le sonrió— deberías dormir un poco

—¿Vas a estar aquí cuando despierte?

—Lo prometo

Hermione se sentó y Draco acomodó su cabeza en sus piernas, ella acarició su cabello mientras él se rendía lentamente al sueño

—Buenas noches— dijo ella, se inclinó hacia él y lo besó


Cuando se despertó ya no estaba en el jardín, estaba en una cama, trató de enfocar su vista, todo estaba borroso, pudo distinguir la figura de una mujer, estaba vestida de blanco, su cabello era castaño…

—Hermione…

Ella se acercó y él volvió a parpadear

—No, Astoria, enchantée— le dijo sarcástica

Sentía que todo le daba vueltas, por fin pudo darse cuenta de que estaba en su habitación de la mansión, en su propia cama, encerrado con la hija del gemelo sangre pura de Voldemort, todo había sido un sueño, Hermione nunca estuvo ahí, pero ese beso se había sentido tan real… detuvo sus pensamientos cuando vio a la chica acercándose a la puerta y dar un par de golpes

—¡Está despierto!— gritó

Draco la miró como si estuviera loca ¿Qué rayos estaba haciendo?, una serie de ruidos comenzaron a llegar desde el exterior, no pudo distinguir lo que era hasta pasados unos segundos

—¡Déjenme entrar! ¡Es mi hijo!

Unos gritos e insultos después la puerta se abrió y pasó por ella Narcissa con semblante preocupado, le dió una extraña mirada a la chica Greengrass y se dirigió hacia su hijo

—Imagino que quieren privacidad—dijo Astoria y caminó hacia uno de los guardias que custodiaban la puerta y se fue con él

—Draco, hijo ¿Cómo te sientes?

—Aún estoy adolorido pero ¿Tú te encuentras bien?

—Después de que Zippi me llevó a mi habitación no pude salir, solo escuché todo el alboroto, cuando trajeron a tu padre temí lo peor…

—¿Está herido?

—No, solo está aturdido, despertará pronto

—Menos mal

—¿Cómo se te ocurrió retar a ese hombre a un duelo?

—No lo sé, necesitaba una forma de vengarme por lo que estaba pasando, hacer justicia por mi propia mano— Draco se encogió de hombros— no iba a rendirme sin luchar

—Sé lo mucho que te molesta esta situación, pero no debiste ponerte en peligro de esa manera

—¿Y qué debía hacer? ¿Quedarme con los brazos cruzados mientras otras personas decidían qué hacer con mi vida? No pienso permitirlo, no otra vez

—Entiendo y créeme, quisiera que las cosas fueran distintas…

—Vámonos ahora, si mi padre fue capaz de hacer esto está claro que no le importamos

—Cariño, tu padre te ama, en una forma un poco extraña, pero de verdad lo hace, fue ese Greengrass quien lo llevó a tomar una decisión tan drástica

—Estoy seguro que lo habría hecho con o sin él, ahora que estás aquí conmigo podemos irnos, si tomamos la red flu podemos ir a casa de Theo donde seguramente está Hermione…

La puerta se abrió de golpe, Albert Greengrass estaba como nuevo

—Mi querido yerno está despierto, ¡Ya era hora! te estamos esperando para iniciar la ceremonia, antes de que digas nada— hizo una seña a los guardias de la puerta— estos hombres amablemente te llevarán abajo, no queremos que te lastimes ¿Verdad, Narcissa?

—Por supuesto que no

Conducido por dos enormes guardias y dos varitas clavándose en su espalda, Draco llegó hasta el jardín, estaba perfecto, como antes de que todo pasara, la única diferencia era que no había invitados, ni comida, irónicamente lo único que sobrevivió fue el pastel. Astoria ya estaba frente al altar, junto a ella su hermana Daphne, el oficiador de la ceremonia estaba a la expectativa, una venda adornaba su cabeza, Albert Greengrass se acercó a él impaciente

—¿Podemos empezar ya?

— Claro— se aclaró la garganta y empezó a hablar— Queridos hermanos, miembros de esta…

—Sí, sí, eso ya lo sabemos, ¿Puede pasar a la parte de yo los declaro marido y mujer?

—Sería una falta de respeto a la tradición...— la varita de Albert Greengrass apuntaba a su cabeza— pero por usted puedo hacer una excepción

—Así me gusta— sonrió Greengrass complacido— Continúe usted

—¿Quién es el testigo de esta unión?

—Yo— respondió Daphne con tristeza, estaba despeinada y su maquillaje ligeramente corrido

—Por favor ponga el lazo— Daphne sacó de un cofre algo que parecía ser una cadena de oro, la puso alrededor del cuello de Astoria, se alejó unos pasos para rodear a los guardias que aún no soltaban a Draco y lo envolvió también con la cadena

—Este lazo simboliza la unión, la promesa de estar juntos el resto de su vida. Astoria Greengrass, ¿aceptas a Draco Malfoy como tu esposo para amarlo y respetarlo por el resto de tus días?— su padre le dió una mirada severa, solo entonces ella respondió

—Sí acepto

—Draco Malfoy,¿Aceptas a Astoria Greengrass como tu esposa para amarla y respetarla por el resto de tus días?

No, no, no y mil veces no, no iba a casarse con Astoria Greengrass, aunque le costara la vida… fue entonces que escuchó una voz

Draco, hijo, por favor, ella estará bien, solo di que sí, encontraremos la forma de salir de esto, te lo juro

—¿Señor Malfoy?

—Sí, acepto

Daphne dió un toque a la cadena con su varita, después el oficiador hizo lo mismo, la cadena emitió un brillo dorado y después desapareció

—Lo que la magia ha unido no lo separará jamás el hombre, los declaro marido y mujer, puede besar a la novia— ninguno de los dos se movió, el oficiador sonrió incómodo y con un movimiento de su varita apareció una mesa en la que se encontraba un pergamino y dos plumas—la última formalidad, su acta matrimonial, solo firmen y ya está— Draco observó la pluma, no había tinta en ninguna parte, justo lo que había sospechado, se firmaba con sangre

Astoria miró a Daphne, después bajó los ojos hacia el pergamino, tomó la pluma e hizo un pequeño corte en su dedo índice, la gota de sangre cayó, Draco seguía viendo la pluma contemplativamente, ya estaba arruinado, ese solo era el punto final, una segunda gota de sangre cayó en el pergamino.

Albert Greengrass se acercó y los tomó a ambos por los hombros

—Y vivieron felices para siempre.