Agua de Jengibre
El club del té era su lugar. Hacía tiempo había llegado a la rotunda conclusión de aquel sitio era uno de los pocos espacios que podía llamar suyo. Independientemente de los motivos que habían orientado su creación, el club se había transformado en el único rincón donde podía ser Shizuru, fuera lo que fuera que eso significase. Aunque dudaba mucho que las florecillas que revoloteaban por allí con ella se enteraran, el hecho de que todo el mundo pareciera contento al tan solo avistar aquel plazuela, en medio del ya espectacular invernadero, era algo que le parecía refrescante. Era imposible sentirse mal entre las plantas y la tenue luz que se colaba entre las hojas y los cristales. O bueno… eso pensaba hasta hacía unos minutos.
Aquella joven, la belleza que había encontrado durmiendo campante en sala de profesores el otro día, parecía encontrar su santuario personal absurdo. Ella que parecía una flor más para decorar el jardín parecía ser ajena a la paz de aquel lugar. Casi le parecía una tragicomedia. Aunque debía reconocer que la situación en sí le parecía graciosa, pocas personas se habían atrevido en los veintitrés años que llevaba de vida a contrariar sus opiniones. Era toda una oportunidad para enseñarle modales a una flor rebelde.
Cerró los ojos por un momento y se dejó llevar por el sabor del matcha y el aroma del lugar. A veces pensaba que estar sentada allí en medio de todo aquello era como su ritual de reivindicación con el mundo. O mejor, el ritual por el cual el mundo se reivindicaba con ella. Fuera lo que fuera, se permitió sonreír con el sabor amargo aún en los labios. Sí, definitivamente el club excedía las expectativas de cualquiera que lo visitase, incluso de ella misma. Aquella sensación de recuerdo y la posibilidad de entregarse a las artes tradicionales, la vista de las doncellas pintando, interpretando melodías o llevando a cabo la ceremonia del té, todo era tan majestuoso que habría que ser ciego para no sentirse cautivado. Ya se daría cuenta aquella joven…
Ay las jóvenes de hoy en día… pensar en eso ya la hacía sentir mayor. A decir verdad siempre había tenido horarios llenos de compromisos y demás así que la vida adulta no había significado un gran cambio. Lo que sí la hacía sentir a años luz de sus estudiantes era la responsabilidad que tenía con ellas. Su misión en Fuuka la había llevado a darse cuenta de que quisiera o no, muchas jovencitas dependían de ella. Si tan solo ella pudiera encontrar un poco más de empatía con aquel sentimiento…
-…Si aumentamos la presión hidráulica, el balance de la temperatura debería poder regularse con cantidades moderadas provenientes del tanque C.- Ante la mirada complacida de Natsuki, Nina le dictaba un conjunto de detalles a la pelirroja de hacía un rato que con mucho esmero parecía anotar el sinfín de palabras en una libretita.
Esa chica definitivamente podría ser una gran ingeniera en el futuro. Se preguntaba cómo había llegado al club de planticas y no al de mecánica o al de circuitos cuando era obvio que tenía un don para los números. Quizás las respuestas le llegarían con el tiempo; por ahora solo podía concentrarse en no pensar en aquella extraña mujer. Le producía una sensación enervante, era como si ya la conociera de algo y aun así no recordaba jamás a alguien con ese aire de conocer hasta sus últimos secretos. Además, por más que lo pensara, era un personaje extraño. Desde que tenía memoria Saeko era la persona más quisquillosa en cuanto a su espacio de trabajo. Ni siquiera ella misma había tenido permiso de entrar al laboratorio hasta el día que le demostró que podía manejar los instrumentos sin romperlos como la vajilla de la abuela. Estaba más que segura que la tal Shizuru-sama no podría diferenciar un crisol de un mortero. Tenía la típica apariencia de maestro contratado para dictar talleres por horas con su kimono limpio y su actitud de frescura.
Entre más lo pensaba, hasta le daba algo de enojo por su garganta deshecha. Hacía un par de días que su voz había empezado a sonar incluso más grave de lo usual. Ya hasta parecía camionero resfriado. En cambio ella… no sabía por qué pero le recordaba a esas muñecas perfectas que siempre hacían todo bien pero que escondían un montón de vergas. Porque sí, desde muy pequeña había aprendido que nada podía ser tan bueno y la tal Shizuru se pasaba de…
-Kuga-sensei, ¿Qué le parece el sistema de riego?- Los ojos dorados de Nina la miraban con una curiosidad completamente genuina. Definitivamente era una estudiante modelo que llegaría lejos.
-Es excelente, Wong-san. El control del flujo del agua y las temperaturas está muy bien diseñado.
-Muchas gracias, Kuga-sensei. El mantenimiento del sistema está a cargo de todos los estudiantes, el diseño original fue realizado por Saeko-san y Viola-sensei hace un año. Desde entonces hemos realizado un par de ajustes de acuerdo con las necesidades de las plantas.
-Espero conocer a Viola-sensei, ha de ser un gran ingeniero.-Ante esto, Arika se cubrió la boca con la libretita mientras dejaba salir una risita.
-Shizuru-sama no es un ingeniero aunque es buena en todo. Kuga-sensei la conocerá en un rato, después de todo.-En los ojos de Arika saltaban estrellitas mientras Nina se llevaba la palma al rostro.
-Viola-sensei fue una persona bastante importante en la construcción del invernadero. Tal como Arika manifestó, desde su llegada a la institución ha hecho parte de distintos proyectos que van más allá de su área designada.- Natsuki observó a la otra peliazul que hablaba con una mezcla de seriedad y admiración que no ayudaba para nada a la ansiedad que le empezaba a producir aquella mujer.
-La academia ha cambiado mucho desde que me fui a Alemania.
Nina se llevó nuevamente la mano al rostro y ante la mirada desconcertada de la mayor, Arika empezó a bombardearla con preguntas que consumirían el tiempo que restaba para su "reunión."
-Ara, ha sido una gran tarde, chicas. Espero que descansen mucho y piensen en ideas para la exposición de talentos.
-Igualmente, Shizuru-sama.
La improvisada salita se fue desocupando y entonces, un ringtone pachangoso inundó el aire. La mujer contestó sin mirar quién era y atendió la llamada sin darse cuenta que su invitada se acercaba reticente. La menor no estaba segura de por qué se había dejado convencer de Arika con su cháchara sobre lo genial que sería conocer a la excéntrica Shizuru Viola pero ahí estaba. Justo cuando la mujer volteó, su mirada atrapó los ojos verdes ofreciéndole una sonrisa diplomática.
-Ara, es un gusto verte.-Ante esto Natsuki frunció el ceño. No le gustaba que la trataran con demasiada familiaridad.
-Seré breve Viola-san, admiro el trabajo conjunto que hizo con Kuga-san en el diseño del sistema de riego del invernadero. Sin embargo no entiendo del todo la relación entre el club del té y el mismo. De cualquier manera, preferiría que no se dirigiera a mí con tanta familiaridad.- Sin parpadear siquiera, Natsuki soltó las palabras con el tacto de una esponja metálica y para su extrañeza, su interlocutor no alteró su sonrisa en lo más mínimo. Parecía como si no le hubiera dicho nada.
-Ara, pero qué gruñona es Kuga-han y pensar que su madre es una mujer tan amable y querida.-Natsuki siempre había sido alérgica al descaro y ahora le temblaba la ceja.
-¿Cómo se…
-Es de mala educación llegar a un lugar con tan mala actitud. Tampoco es muy bueno para aquel bello rostro.
-Es de peor educación interrumpir cuando alguien está ha
-Además, siendo tan joven quizás deberías darte la oportunidad de probar cosas nuevas. Después de todo eres la única persona que parece no disfrutar del club.
-Pero…
-Mira cómo te tiembla esa ceja, estás muy alterada. Quizás deberías tomar un poco de té.-Entonces, Natsuki empezó a ver como el verde era reemplazado por lila y aquella mujer se acercaba sin que ella pudiera hacer nada. Sentía que podía reaccionar muy mal en cualquier momento. Definitivamente era más desesperante de lo que había pensado anteriormente. Ya podía sentirse explotar cuando de repente…
-¿Sí ves? Así está mejor.-Con una suavidad absoluta, Shizuru posó su mano sobre la ceja de la peliazul y la repisó para que se calmara. Ante esto, las dos líneas se fruncieron a lo que la blanca mano volvió a depositar una leve caricia que dejó perpleja a la menor. Con la mirada totalmente anonadada, observó como la castaña se levantaba para desaparecer unos minutos para volver tras un tintinear con una tacita de color oscuro.
-Usted es una mujer bastante extraña, Viola-san.-Dijo mirando la taza que había sido ubicada al frente.
-Ara, no es extraño ofrecer té cuando se está en el club del té.- Los ojos verdes se cerraron un momento para oler el contenido del recipiente. Aunque ella siempre había sido una mujer de café, su madre siempre había procurado tener las dos bebidas en casa. No obstante, esta taza no olía a ningún té que recordara. De hecho tenía un olor muy suave como a algo conocido que no había vuelto a probar en años. Pensó en preguntar qué era pero quería descubrirlo por sí misma.
Ante los ojos de Shizuru, la joven parecía un perrito curioso. Quizás se le había pasado la mano un poco pero ya sabiendo que era hija de Saeko Kuga, podía ser más laxa. Se sentía algo tonta por no haberse dado cuenta de semejante parecido. Se preguntaba si la pequeña sería tan perspicaz como su madre. Lucía tan ingenua bebiendo de a sorbos pequeños de la taza de té. Era obvio que socializar no era su fuerte.
-Con permiso. Shizuru-sama, Kuga-sensei las solicita María-sama en su despacho.-Con las mejillas sonrosadas, una niña con aspecto de ratoncito anunció tomando grandes bocanadas de aire. Era obvio que había corrido hasta allí.
-Ookini, Erstin-chan.- Con eso, la rubia salió tas una pequeña sonrisa.-Kuga-han, puede continuar con el té mientras me cambio, si le parece. Nadie quiere que se pierda camino a la reunión.
Sin esperar respuesta, Shizuru salió de la salita a quién sabe dónde y Natuki se quedó ahí sin saber qué había pasado. Era la primera vez en todo el día que aquella mujer se había referido a ella como debía y a pesar de eso, había tenido el descaro de dejarla esperando. Ni galletitas le había dado, siquiera y eso que ya había logrado descubrir el ingrediente secreto del té.
Al cabo de un rato, las dos salieron hacia la reunión. Intercambiaron un par de palabras sobre la academia y sobre viajes donde Natsuki descubrió que Shizuru conocía Europa mejor que ella pero que no sabía andar moto. La mujer resultó un poco menos fastidiosa durante su recorrido, incluso le contó un chiste sobre una berenjena y un pingüino. Todo iba bien hasta que le pidió un chiste de vuelta.
-Ara, ¿Qué acaso Kuga-han no dijo que le gustaba la simetría?-Natsuki la miró con sorpresa, esa mujer tenía una ocurrencia infinita.-Sería muy poco simétrico que habiéndole yo contado un chiste, ella no me ofrezca un poco de risa.
-No sé muchos chistes.
-No muchos es al menos alguno.
-Está bien, había una vez un oso que…
-Shizuru-san, luce tan bella como siempre.- Ojos grises, dientes blancos y cabello peinado estilo príncipe Disney, se acercó al par con una sonrisa y un abrazo instantáneo.-Usted debe ser Kuga-san, se parece mucho a su madre.-Ufff, cuánta originalidad. Si tan solo le pagaran por cada vez que la gente siente la necesidad de recordarle que es una fotocopia de Saeko, nadaría en dinero.
Aquel hombre vestido casi que igual que ella con su pantalón oscuro y camisa blanca con una corbata demás le ofreció la mano amablemente a lo que ella respondió tan diplomáticamente como su madre le había enseñado con un leve apretón. Si ella había pensado que Shizuru tenía pinta de Miss Perfect, he ahí el míster. Al parecer los japoneses se habían vuelto más guapos con el tiempo, ¿Dónde había quedado la gente cutre con la que ella había estudiado? Esos con barritos, cicatrices y que eran tan geniales que se pintaban la corona del pelo de amarillo y se dejaban el resto en marrón. Siempre había pensado que la razón de su soltería previa a Europa se debía a la madurez que había tenido durante sus años mozos pero ahora que miraba a estos dos, quizás el motivo había sido otro. En todo caso, el Ken japonés no le agradaba de a mucho, parecía que tuviera la sonrisa tallada al rostro y eso le revolvía el estómago. ¿Qué acaso la gente no podía admitir que su vida no era tan buena? ¿O era que solo ella estaba atrapada en un montón de pendejadas sin pies ni cabeza?
Cuando salió de sus cavilaciones, se halló sentada en una mesa larga junto a los que supuso serían sus colegas. Miss María se encontraba en un extremo mientras que el puesto del otro lado estaba vacío. La mujer parecía ser una gran amante de la madera pues en la sala la mayoría de ornamentos eran tallados elegantísimos que hicieron a Natsuki pedirle al universo que no fuera a regar el refrigerio que una mujer de cabello rosa estaba ofreciéndoles a todos.
-Agradezco su presencia aquí, hay varios puntos que deseo discutir con ustedes por lo que he convocado esta reunión.-La vieja hizo una pausa donde ojos verdes encontraron esmeraldas y Natsuki temió por lo que venía. "Que no lo haga, que no lo haga"
-En primer lugar, quiero presentarles oficialmente a Natsuki Kuga quien estará reemplazando a Saeko-san por un tiempo.
Todas las miradas se dirigieron a ella que con un tímido gesto saludó a los presentes.
-Gracias por permitirme estar aquí.-Aunque Saeko me haya chantajeado moralmente.-Espero poder dar lo mejor de mí y ayudarles en lo posible.-Aunque no tenga idea de lo que estoy haciendo.
-En nombre de todos los profesores te doy la bienvenida, Natsuki-chan.-Una mujer de cabellos rojizos con sonrisa felina la miraba de frente con una sonrisa amable y burlona. Cómo olvidarla si había sido su profesora de sociales hacía años. Se la pasaba diciendo que tenía 17 y aunque debía reconocer que era toda una comeaños, tenía una fama de parrandera que desacreditaba cualquier intento de seriedad de su parte.-Si necesitas algo, solo tienes que decirlo. Tenemos fiestas todos los viernes. – Y ahí estaba ella yal y como la recordaba. Pudo ver como Miss María reprobaba aquello último moviendo la cabeza de un lado a otro mientras miraba ceñido a lo que los profesores no pudieron contener una breve risa.
-También quiero hablarles de nuestro gran evento del semestre, la exposición de talentos. Como todos los años, estaremos invitando a otras instituciones para compartir lo que hacemos a nivel académico, deportivo y extracurricular. –Mientras hablaba, la directora iba pasando unas diapositivas con imágenes de lo que Natsuki reconoció como los eventos de años anteriores.-Como saben, es una celebración enorme en la que se realizan distintas tradiciones de la escuela. Es necesario que los docentes encargados de los clubes y de las diferentes materias organicen una demostración del trabajo en las aulas así como cada curso debe preparar un puesto de comida y otras actividades. Debido a que este año celebramos además los cincuenta años de la academia por lo que es importante no escatimar en esfuerzos y gastos.-Uhh… definitivamente Saeko escogió el mejor momento para irse de vacaciones.- Es por eso que decidí crear un comité encargado de la organización del evento. En los informes que Fumi-san les está diligenciando, podrán ver todos los detalles por escrito. Si alguien tiene alguna sugerencia o comentario pueden hablar ahora.
La mayor esperó a que sus subordinados leyeran a sabiendas de que lo que se venía era un trabajo grande. Los años de experiencia le habían enseñado que la mejor manera de no recibir comentarios era ofrecerle a la gente la oportunidad de hacerlos y claro, acompañar la oferta de un par de alicientes. Fumi empezó la lectura del informe de manera que pudiera estar segura que todos tendrían la información quisieran o no y a medida que avanzó la lectura, Graceburt se dio el lujo de sonreír un par de veces con las expresiones de algunos de los docentes. El evento era sin duda una apuesta arriesgada pero confiaba en que, como siempre, el nombre de la academia quedara en lo alto, después de todo eran las bodas de oro de la ya prestigiosa Academia Fuuka.
-Como los docentes titulares de curso estarán encargados de supervisar las muestras del club que dirijan, de los proyectos de su materia y de los puestos de comida de su salón, se decidió que los docentes que no están a cargo de ningún grupo conformarán el comité de organización del evento. Esto incluye a Midori Sugiura, Sakomizu Kaiji, Shizuru Viola, Yukino Kikukawa y Natsuki Kuga.
Después de esa afirmación, Natsuki no escuchó nada. Ya se podía imaginar estresada corriendo de un lado a otro por ser la novata del grupo. Lo bueno es que tendría tiempo para hablar con afro-sensei quien había sido casi un padre para ella. Cuánta falta le había hecho aquel gordo bonachón. Probablemente la protegería de la explotadora de Midori.
Así transcurrió la reunión entre anuncios parroquiales y planeación de actividades. Al finalizar la misma, la peliazul se tomó un momento para hablar con sus antiguos maestros. Le alegraba mucho tenerlos devuelta sin tener que rendirles responsabilidades ni deberes. Los dos siempre habían sido bastante inortodoxos con sus prácticas por lo que ya se veía yendo de juerga con ellos. Hablando y hablando, la joven se dio cuenta de algo genial y era que aunque fuera un poco, su garganta sentía alivio. Entonces salió disparadas tras un par de adioses y llegó a la entrada donde encontró a la castaña. Esta movía sus dedos velozmente en la pantalla del teléfono sin voltear la vista ni por un segundo. El tipo de comercial de pasta dental se le acercó a despedirse y Natsuki alcanzó a oír cómo le ofrecía un aventón a lo que ella le contestó que ya había pedido Uber y el tipito se fue sin más. La peliazul reaccionó cuando ya estaba frente a la otra.
-Oi, gracias por el jengibre. Yo podría llevarte, ya sabes… como agradecimiento.- Sin mirar a la mujer que la observaba con suma curiosidad, Natsuki habló mirando hacia un lado mientras se acomodaba el cabello. De haber volteado un segundo quizás habría notado como las mejillas de Shizuru le hacían juego a sus ojos mas solo alcanzó a escuchar la respuesta sonriente de la otra.
-Ara, estaría encantada pero con una condición.- La castaña le sonrió con un gesto travieso y la miró esperando a que continuara.-Quiero que me cuentes un chiste.-Natsuki casi se cae hacia atrás ante aquello.
-Ya dije que no soy buena contando chistes.
-Si Natsuki no quiere llevarme, no debería ofrecerse. Natsuki-ikezu.
-Bueno, ya, ya. Solo déjame pensar en uno.- Entonces se dirigieron al estacionamiento y antes de que la más joven se diera cuenta que había caído con las palabras de la ojirubí, empezó:
-Había una vez un oso que se lanzó a una piscina... y a que no adivinas qué
-¿Qué?
-No se ahogó porque era panda.
Shizuru parpadeó un par de veces sin saber si reír o llorar ante aquel chiste pero cuando vio la cara de expectativa de Natsuki soltó una risita. Esta última se dio cuenta que la castaña no se reía del chiste si no de ella y trató de hacer valer su esfuerzo.
-¡No se ahogó porque era panda! La piscina era panda, pandita, bajita…- Pero entre más lo intentaba más se reía Shizuru. Quién diría que aquella rebelde malhumorada podía ser tan tierna.- ¡Es demasiado bueno!
-Solo espero que conduzcas mejor de lo que cuentas chistes.
-Ya verás.-Se acomodaron en la gran Ducati negra y sin decir más Natsuki arrancó siguiendo las indicaciones de la otra.
N.A:
Saludos a todos, agradezco que sigan esta historia. Lo único que puedo decir es que se vienen varias sorpresas y que prometo no tardar un año en actualizar nuevamente jajaja Espero hayan disfrutado el capítulo.
