Disculpen la demora, aquí les traigo el siguiente capi, que admito me costó más trabajo que el anterior, pero espero que sea de su agrado.

Les recuerdo q toda la serie trata de como cada uno de los Santos Dorados de Atenea terminaron con el corazón roto.

Nota: los textos en "itálicas" son para acentuar que el personaje habla un idioma diferente al del protagonista


Mi historia entre tus dedos

¿Por qué esta vez agachas la mirada? Me pides que sigamos siendo amigos

¿Amigos para qué? ¡Maldita sea! A un amigo lo perdono, pero a ti te amo

Pueden parecer banales mis instintos naturales.

Y si no quieres ni decir en qué he fallado recuerda que también a ti te he perdonado

Y en cambio tú dices lo siento no te quiero y te me vas con esta historia entre tus dedos.

Cruzó sus piernas para tomar una posición de loto y juntó sus manos, sintió aquella aura poderosa que emanaba del anciano, sin quererlo observó parte de sus recuerdos y descubrió que no se trataba de una persona cualquiera, sino de un Guerrero.

-Eres un Guerrero –murmuró el rubio muchacho

-Así es mi joven amigo –respondió el anciano –mi nombre es Hakurei de Altar, soy un Caballero de Atenea –anunció en un cierto grado de orgullo

-No solo eso, eres un lemuriano –afirmó el chico

-Y tú eres Asmita, un joven Monje del Bosque de la Austeridad –sonrió Hakurei

El rubio muchacho guardó silencio, sabía que ya no se encontraba en la India, ni el mismo entendía el por qué había acabado en medio del Tíbet, hasta que Hakurei le había encontrado.

-Mi joven amigo ¿cómo es que terminaste en estas tierras? En Jamir –interrogó de buen humor el anciano

Sin quererlo enarcó una ceja dudando si contarle o no lo que le había sucedido hacía unos meses…

x0x

Unos meses antes, Bosque de la Austeridad…

Había sido una calurosa noche cuando sin quererlo se habían conocido, fueron unos extranjeros a las afueras del Templo quienes interrumpieron su sagrada meditación, exigiendo un "tributo", aunque al principio los Monjes se vieron renuentes a entregar a cualquiera de sus hermanos, la visión de Asmita sobre esos hombres arrasando sin piedad villas enteras le orilló a ofrendarse a sí mismo. Sin decir mucho más le llevaron con ellos, galopando a toda velocidad y por primera vez en su vida sintió el viento en su rostro así como el ritmo que aquel animal llevaba al galopar. No se detuvieron hasta que llegaron a una llanura llena de Tiendas enormes, le llevaron a la más grande que estaba resguardada por varios guardias y ahí le dejaron. Se sentó en ese lugar y comenzó a meditar nuevamente tratando de ignorar el aroma dulce que inundaba todo el lugar, luego escuchó unos suaves pasos sobre el piso acolchado, dirigió su rostro hacía allí, entonces notó su presencia, era una figura completamente diferente y la visión de una mujer de suntuosos vestidos, así como peinados extravagantes, pero no fue solo eso, era el rostro que distinguió, nunca antes en su vida había podido contemplar una mirada tan pacífica y amable, casi podía creer que reflejaba la felicidad.

-Es muy joven y está muy delgado –dijo una voz suave y femenina, por desgracia no pudo comprenderle

Sintió entonces una suave mano acariciar su hombro y una descarga eléctrica le recorrió por completo, pues no estaba acostumbrado a un toque de ese tipo

-¿Quién eres? –interrogó en un susurro

-Creo que necesitas un baño –rió suavemente al tomar su mano entre las suyas –Huanguan prepara el agua –ordenó una vez más en su idioma

-En seguida Gongzhu –le respondió otra voz masculina

No pasó mucho tiempo cuando el lugar se vio lleno de ruido y actividad, distinguió el sonido del agua y el vapor, ella le guió a ese cálido ambiente e hizo algo inesperado, le despojó de sus prendas y le hizo meterse al agua caliente. Con sumo cuidado limpió su piel, mientras Asmita respiraba pesadamente, porque en su vida nadie le había tocado o tratado de esa manera, en especial una mujer.

-¿Qué haces? –interrogó con una voz temblorosa

-Sshh –respondió ella pasando sus dedos sobre sus labios percibiendo el agua humedecerlos cuando de repente sintió algo más, una suavidad muy cálida –"Bianji" está vez no te dejaré ir, esta princesa no te dejará ir… -murmuró con voz aterciopelada

En ese momento todo su alrededor empezó a dar vueltas, porque su cuerpo se apegó al de él, porque él mismo se atrevió a tocar su suave piel, a acariciar su rostro dibujando en su mente ese semblante sonriente que había contemplado en sus recuerdos minutos antes, no solo eso su sangre empezó a arder de una forma desconocida y que hinchó su pecho.

-Espera –murmuró Asmita mareado sin embargo ella no respondió solo repitió la primera caricia pero en esta ocasión presionó suavemente su rostro provocando que abriera la boca e introdujera su lengua

Rodeó con sus brazos su cintura y se apegó a ella dolorosamente, deseando algo desconocido, algo impuro y banal, se separó dejó que esa boca mordiera todo su cuerpo, que aunque delgado ahora mismo se sentía vigoroso y fuerte, entonces sus manos llegaron a ese lugar, a esa parte que ardía de una forma impropia, le sintió tocarlo y luego le recibió en su cuerpo, quiso gemir por la inesperada sensación, pero fue acallado una vez más por sus labios, por ese arrebatador beso, percibió sus uñas clavándose en su espalda y las aguas que les rodeaban lentamente se vieron agitadas con el ritmo de sus cuerpos, con el vaivén de un placer inminente y cómplice. Asmita era consciente de que había sido ciego desde su nacimiento pero en ese justo momento pudo jurar que por primera vez vio una luz, cuando aquella ola de fortuito placer le recorrió el cuerpo completo y le dejó completamente exhausto en los brazos de esa mujer.

-Bianji, esta princesa jura por los cielos que en esta vida nadie nos separará nunca más –le murmuró palabras incomprensibles al oído

Asmita desconocía tantas cosas del mundo, ignoraba como "empatizar" con las personas que estaban a su alrededor, pero durante el lapso de tiempo donde concretaba con aquella mujer ese ritual candente podía percibir algo de ella que no había podido observar en sus memorias, era una calma inequívoca, una sensación de completo bienestar.

El tiempo transcurrió a su alrededor imperceptible, solo aquella mata de cabello dorado que ahora cubría su cabeza podía atestiguar ese intervalo, durante el cual su residencia fue cambiado regularmente, y la compañía de esa mujer se fue volviendo una costumbre, una agradable, que le provocaba una sensación que taladraba en su pecho mientras permanecía a su lado y un hueco se profundizaba en él cuando ella se ausentaba. Pero no por ello Asmita renunció a sus tradiciones y su forma de meditar, ahora con una paz agradable que casi podía afirmar se trataba de algo similar a la felicidad y por un momento pensó que en el mundo no existía solo el sufrimiento como antes creía durante su estadía en el Bosque de la Austeridad.

Fue una de esas tantas noches, cuando les escuchó conversar a las afueras de la Tienda, distinguió de inmediato su voz alterada, los pasos de los hombres serán erráticos, le sintió entrar y acercarse como era su costumbre, sin embargo ninguna palabra vino de sus labios, solo sintió su frente contra la suya.

-Lo siento Asmita –murmuró en su idioma acariciando su rostro

Un impulso le obligó a sostener su mano, deseando desde el fondo de su ser poder mirar una vez más sus recuerdos, grabar cada uno de ellos en su mente y poder recordar la sonrisa apacible que descubrió, en un acto inesperado abrió sus ojos develando el cristalino color de sus orbes. Anheló decirle algunas palabras pero el silencio se apoderó de él. En cambio solo le escuchó dar una nueva orden cuando los soldados entraron y le tomaron de los brazos. Fue cuando lo comprendió, lo que había sucedido era una banal pasión, algo pasajero que se borraría de su mente y su alma, lo único verdadero era el sufrimiento, en ese mundo ese era el único sentimiento.

x0x

Hakurei lo había encontrado gracias a que las estrellas de Virgo le habían anunciado al sucesor, por las marcas de sus ropas el pobre tenía ya varios días deambulando en medio de la nada; el anciano le observó incrédulo pues ese aparente maduro chico parecía no comprender lo que su corazón le estaba tratando de decir.

-es solo una pasión más –respondió girando su rostro hacia la ventana para percibir el cálido viento nocturno –una que desaparecerá con el viento de esta noche -

-Asmita, me parece que no es tan fácil como tú piensas –comentó Hakurei

-¿por qué lo dice? –murmuró el chico

-Es que Asmita, estás llorando –le dijo sorprendiendo al rubio

-¿Llorar? ¿Estoy llorando? –interrogó suspicaz Asmita volviendo su rostro al del viejo

-Así es, parece que no te has dado cuenta pero por tus mejillas corren lágrimas –dijo Hakurei extendiendo su mano hacia él

El rubio llevó sus manos hasta su rostro solo para descubrir que el lemuriano tenía razón, que un cálido líquido descendía en sus mejillas y por primera vez en mucho tiempo decidió abrir sus ojos, en ese momento lo sintió, más lágrimas recorrieron su rostro provocando que involuntariamente hipara, porque de golpe vinieron a su mente todos aquellos sutiles recuerdos de su dulce voz mientras dormía, aferrándose a su mano como si en verdad no quisiera dejarle ir.

-Bianji, Bianji… esta vez nadie te separará de mí… -

Porque aún si no podía comprender sus palabras, podía percibir esa sensación, esa extraña necesidad de no separarse, de permanecer juntos.

Hakurei miró enternecido al inocente chico, se acercó a él y en una acción que pocos podrían esperar le envolvió en sus brazos, en ese momento Asmita el futuro Santo de Virgo necesitaba curar ese inocente y lastimado corazón.


Etto... no sé, como que no estuvo tan dramático como los demás, pero me resultó dificil manejar un personaje como Asmita que en sí mismo parece no poseer emociones, a primera vista, sin embargo después se descubre que es mucho más sensible que los demás al dolor ajeno.

Con esta historia quería retratar que a veces el enamoramiento llega por esas sensaciones nuevas que nos provoca aquella persona y que aunque no nos demos cuenta deja un hueco en nuestro corazon y aunq afirmemos que solo fue algo pasajero, a veces estamos mas dolidos de lo que nuestra consciencia nos permite ver.

El tema que usé homónimo del título, es de Gianluca Grignani, metaforizando que esas eran las emociones de Asmita que no puede comprender las razones por las cuales esa mujer le abandonó, además de q de cierta forma su "enamoramiento" evito que el mirara más en sus recuerdos, o esa es mi justificacion.

Otro detalle es que en sí me parece que en el budismo el sexo no esta prohibido, porque es para "hacer feliz al alma" por decirlo de algun modo y solo sería malo si se considera lujuria o solo obtener un beneficio egoista, pero no puedo afirmarlo porque no indagué más en el tema.

Siempre me pregunté cómo fue que Asmita terminó en Jamir, si él estaba en la India, digo no me imagino mucho que un buen día se levantara del Templo y dijera "bueno con permiso chavos voy a darla vuelta, chance y llego a Jamir", pero quién sabe, me gustó la idea de que lo sacaran de la India y "accidentalmente" terminara en el Tíbet.

Creo que es todo por ahora, sigo trabajando con el siguiente doradito, no me decido quién pueda ser, pero espero ser más dramático que este.

MCR77 off~

PD. En el capi anterior de Deuteros, la mujer no es la razón, es solo parte de ella, en sí la verdadera razón es el haber asesinado a su hermano, y solo confirma sus intenciones al darse cuenta de que no es lo suficientemente fuerte aún como para se reconocido por la mujer de quien se enamoró.

PD1. Edité el capítulo para agregar ciertos textos que le dieran mayor sentido a la historia y se entendieran mejor.