Creo que esta vez no demoré tanto, les traigo este nuevo shot, recordandoles que toda la serie trata de cómo a cada uno de los Santos Dorados de Atenea les rompieron el corazón...
Insoportablemente bella
Y era orgullosa como una hiedra
Y me fingía un amor que jamás lo sentía de veras
Solo quería sentirse halagada y oír que era bella
Bella insoportablemente bella
Pero vacía, pero tan fría
Que al abrazarla pensaba que estaba abrazando una piedra
Corrió entre los caminos aledaños al Santuario cuidando que nadie le descubriera, ya había pasado la media noche, le preocupaba no tener noticia alguna de su compañero, así que decidió aventurarse a su encuentro. Se detuvo en la entrada del bosque, la lluvia dificultaba su andar, el camino estaba cubierto de lodo, pudo distinguir unas huellas pequeñas y ligeras, casi como si fueran femeninas, se apresuró a llegar hasta el centro de la floresta.
-¡Kadia! –gritó al descubrir un blanco pañuelo cubierto de sangre
En la lejanía escuchó un quejido, descubrió el cuerpo inconsciente del peliazul y se apresuró a ayudarle
-¡Kardia! ¡Despierta! –le llamó el acuario removiéndolo entre el lodo descubriendo que tenía fiebre y al parecer en esta ocasión había escupido sangre –Kardia por favor, despierta –le sacudió
-Degel –le reconoció con voz lánguida
-Vamos Kardia te llevaré hasta tu templo, tenemos que bajarte esta fiebre –dijo Degel ayudándole a incorporarse, pasando su brazo por sus hombros
La lluvia arreció enfriando un poco el débil cuerpo del muchacho de 14 años, sus ojos azules estaban perdidos con el horizonte, su respiración agitada trataba de ocultar ciertos gemidos que quería escapar de sus labios, llevó una de sus manos a su cabellera y cubrió sus ojos, negó reiteradamente al recordar cómo es que había terminado en esa situación.
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Había sucedido unos meses antes, escabulléndose de los terrenos del Santuario y exploró una de las Villas cercanas, se adentró en el mercado del Pueblo, en primera instancia todo parecía normal, el bullicio de la gente y los vendedores, hasta que repentinamente todos guardaron silencio y dirigieron su mirada hacía cierto lugar, sus ojos azules siguieron la directriz para descubrir una figura femenina, en su andar sus caderas se balanceaba de una forma cadenciosa que llamaba la atención de cualquier varón, su larga cabellera seguía ese mismo ritmo, su piel era de color porcelana y se mostraba tímidamente tras sus delicadas prendas, su bella sonrisa hipnotizaba a todo muchacho que cruzara su camino, sin embargo de sus labios no brotaba palabra alguna para ninguno de ellos.
Kardia pronto se enteró que ella era la hija de uno de los comerciantes más adinerados en ese Pueblo y que pronto cumpliría 16 años, que como era evidente le sobraban pretendientes a causa de su belleza pero que ninguno de ellos había logrado convencerla de cruzar más allá de unas cuantas palabras. Así que el joven peliazul se dio a la tarea de admirarle día tras día en el mercado a la misma hora, sin esperar nada más que verla pasar frente a sus ojos. Fue hasta una tarde donde sus ojos borgoña se fijaron en los suyos y se acercó a él, dedicándole una sonrisa que le arrebató el aliento e hizo que su corazón ardiera de una forma inesperada.
No hizo falta demasiadas palabras, era como si el fuego se hubiera encendido en ambos y se dejaron llevar por aquella pasión, contrario a la primera imagen aquella joven no poseía la inocencia de una doncella, mientras el inexperto Kardia fue aprendiendo de los placeres carnales en sus brazos, disfrutando esa vertiginosa sensación cuando estaban juntos, grabándose poco a poco en su pecho una emoción desconocida, agradable que parecía consumirle poco a poco.
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Hipó dolorosamente cubriendo sus ojos, allí siendo arrastrado por su mejor amigo de regreso al lugar donde pertenecía, donde aquellas emociones como el amor y la pasión estaban vetadas y ahora lo comprendía, comprendía las razones del Patriarca para prohibir semejantes relaciones, porque si en algún momento se había sentido el muchacho más afortunado del Santuario al poseer una mujer como ella, había pagado con creces su error, aquella belleza no poseía ni una pizca de bondad, porque al haberle confiado su más grande secreto ésta le había usado en su contra. Rió con amargura, apretó su puño y golpeó su pecho tratando de aumentar su malestar físico y olvidarse de esa manera del terrible dolor de su alma.
Ni el propio Acuario supo si era llanto o risa lo que escapaba de los labios de su amigo, él lo había visto, había sido el mudo testigo del cambio en el carácter del descarriado escorpión dorado, quien en ese tiempo se había dedicado a contemplar los hermosos detalles de la vida, disfrutándoles con serenidad, con verdadera esperanza, como si en realidad su vida no fuera a acabarse en un mísero instante. Era consciente de que cada tarde se aventuraba a salir a escondidas del Santuario para encontrarse con su compañera en el bosque aledaño y jugar como un marino hipnotizado por el canto de una de las sirenas.
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Ese día como los anteriores habían acordado encontrarse en el bosque al atardecer, para como cada sesión disfrutar la compañía del otro, abrazarse y besarse sin control, pero no sucedió así, ella le había recibido con una expresión de ironía dibujada en su rostro de porcelana, no había ni rastro de esa sonrisa coqueta, o de esos besos ardientes, nada.
-Llegas tarde –le dijo sacando un delicado pañuelo blanco para cubrirse la mitad del rostro
-Tal vez un minuto o dos –se encogió de hombros acercándose admirando su rostro blanquecino y su hermosa cabellera
Torció los labios cruzándose de brazos y dándole la espalda, Kardia rió al estrecharle suavemente, rogando por su compañía, disfrutando de su suave aroma.
-Odio que llegues tarde –respondió separándose de su cuerpo
Kardia se esforzó en poner una sonrisa en su rostro y tratar de ocultar el malestar que desde la mañana le había aquejado, porque su deseo era estar en sus brazos descansando.
-Mis tareas se prolongaron –explicó acariciando su rostro –no perdamos el tiempo y vamos a… -trató de tomar su mano cuando repentinamente su cuerpo tembló por completo -¡Argh! –
-¿Estás teniendo un ataque Kardia? –le interrogó con una voz melosa
Negó, sin embargo no pudo evitar llevar la mano a su pecho, sus piernas parecieron flaquear, por primera vez decidió permitirse mostrar ese lado suyo.
-Creo que sí –sonrió cansado y recargó su cabeza en el hombro de la mujer esperando que le reconfortara
Pero para su sorpresa, esas delicadas manos que le habían proporcionado tan dulces y agradables caricias, le apartaron de su cuerpo, le vio cubrirse el rostro con ese blanco pañuelo y por primera vez notó que su mirada borgoña estaba cargada de enojo.
-¿Qué sucede? –le interrogó buscando su abrazo, sin embargo ella le empujó al suelo y en su débil estado había caído irremediablemente-¡Argh! –gimió el peliazul
La fémina se agachó para acercar sus rostros levemente
-No deberías de haberte acercado a mí maldito mocoso enfermizo –murmuró con esa misma melosa voz
-¿Qué dices? –tosió confundido Kardia -¿por qué estás enojada? –le interrogó
Justo en ese momento el cielo grisáceo sucumbió al viento y una suave llovizna empezó a caer
-¡Ja! –torció la boca en señal de molestia y volvió a cubrir su rostro con el pañuelo –me das asco Kardia, mírate, eres patético, no puedes mantenerte en pie –se quejó -si bien en un principio me pareciste un chico interesante, de haber sabido que estabas así de enfermo ni siquiera hubiera posado mis ojos en ti –afirmó
-¿Qué dices? –balbuceó confundido porque nunca la había visto de esa manera –no tienes por qué enojarte, solo será esta noche –sonrió algo melancólico estirando su mano hacia ella
-¡No me toques! –exclamó la fémina golpeando su mano
Confundido el escorpión llevó la mano a su pecho tratando de contener el dolor que le debilitaba cada vez más.
-¿Por qué haces esto? ¿Ya no me quieres? –masculló tratando de respirar normalmente
-Mocoso estúpido, ¿qué mujer en su sano juicio querría quedarse con un lisiado como tú? –respondió con esa melodiosa voz y le tomó de la cabellera
-¿Qué? –le interrogó ingenuo a penas distinguiendo la expresión de sadismo en su cara porque su visión se nublaba
-Lo que escuchas, a ninguna mujer le gustan los enfermos, nadie soportaría estar con un mocoso tan patético que está enfermo del corazón –afirmó pasando su dedo índice por los labios resecos del escorpión
-Eso no es verdad… -trató de refutarle sin embargo se quedó callado al escuchar su carcajada
-En el fondo lo sabes, ni siquiera tu familia soportó la idea de cuidarte cuando eras un niño, ¿por qué habría una mujer de aguantar el cuidarte? –replicó sosteniendo su mentón
Apretó la mandíbula al sentir esa punzada en el pecho, ese dolor era peor que el mismo ataque que tenía en ese instante, cerró los ojos y negó con la cabeza.
-Mientes –balbuceó con voz entre cortada
-¿Mentir? Vamos Kardia no te engañes, nadie quiere soportar la vida patética de un enfermo, nadie quiere tener una carga como esa –respondió soltándolo bruscamente provocando que cayera al lodo
Se removió en la tierra húmeda, tratando de acopiar sus fuerzas y levantarse, pero no le dio tiempo cuando sintió una patada en su abdomen, lo que le provocó escupir sangre, trató de recuperar su aliento pero la lluvia hacía que su ropa se volviera más pesada dificultando sus movimientos.
-¡Si te vas a morir hazlo de una vez y no estorbes más! –gritó la jovencita pateándole de nueva cuenta pero esta vez en las costillas –¡no me quites más el tiempo! Si lo hubiera sabido antes, si tan solo… -exclamó colérica continuando con sus golpes
El muchacho se retorció en el lodo, recibiendo irremediablemente los golpes de la fémina, pero no era el dolor en su frágil corazón, ni los golpes que le propinaban lo que le mantenían tirado en el suelo sin poder defenderse, eran las palabras, las acciones, la cruel realidad que le había sacudido en ese momento.
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Sus ojos azules se volvieron cristalinos, su rostro se deformó en una mueca de dolor cubrió sus ojos con su mano y sollozó lastimeramente, recordando esa belleza sin par, esa gracia, era la envidia de cualquiera de las jóvenes de su edad, pero era orgullosa y vacía, era una mujer que en realidad no tenía corazón y eso era lo que más le dolía, que en realidad ella nunca había sentido algo por él.
Degel tragó sonoramente con un nudo en su garganta, el pobre escorpión no había pronunciado palabra alguna, pero cualquiera podría percibir su sufrimiento, la lluvia disfrazaba sus lágrimas y los truenos sus gemidos, arrastrando su cuerpo con las nulas fuerzas que poseía.
A la distancia sin que lo notaran se encontraba el Patriarca comprobando la sospechosa desaparición de sus flamantes Santos.
Ya saben que soy una quejumbrosa, no creo que tenga el drama suficiente, pero parece entenderse. Cabe destacar que Kardia es el personaje que más me gusta de todos, sin embargo no quería decir que por eso no iba a romperle el corazón, tanto físico como sentimental.
Como mencioné en el texto el bicho es un mocoso de 14 años, que se enamoró de una mujer realmente bella, pero destaca el hecho de que la belleza no es sinónimo de bondad, a veces es lo contrario; explicando un poco más Kardia se enamoró de una forma inocente por decirlo así entregando parte de sí mismo cuando le confió su enfermedad del corazón, en mi opinión algunas personas descubrimos nuestros lados más frágiles y débiles ante ciertas personas como muestra de amor y confianza. Pero como lo han notado hay quienes no ven mas alla de su propio ego y vanidad y consideran ese defecto una carga y molestia.
Tampoco es raro que en el siglo donde se desarrolla LC las personas poseyeran más prejuicios sobre las enfermedades, en base a la ignorancia y alguna vez estupides, el detalle del pañuelo es que esta mujer siente "asco" porque cree que podría contagiarse de su enfermedad, cosa q no puede pasar porque es un defecto genético de su propio cuerpo.
Los versos pertenecen a la canción "Insoportablemente Bella" la interpreta Emmanuel, que cómo dije anteriormente muchas veces se confunde la belleza con el bien
Creo q es todo, espero q les guste(?) o les haga llorar, pero ya lo veremos...
Bye bi!
PD. Del capitulo anterior El budismo depende de la estricta escuela a la que pertenezcan los monjes, la época y la región, además de que creo q sí me equivoque en la parte de que Asmita era un monje, además de q me entró la duda de si era completamente budista, porque no sé si el bindi (el puntito rojo q lleva en la frente) es hinduista o budista, so... xD creo q terminé peor con las dudas, pero lo dejaré a la imaginación como la autora original...
PD2. puede q siga Degel pero no sé porque dependera del drama q se me ocurra...
