Y aunque ha pasado un tiempo desde la última vez que publiqué, les traigo otro Shot, como nota, este pertenece como precuela de mi otro fic "Cuán profundo es tu amor", aunque la línea del tiempo puede estar algo cuatrapeada, digamos que lo hice con el poder arbitrario de escritora que poseo (osea por mis huaraches xD)
Les recuerdo que LC se sitúa en el siglo XVIII, por ello los conceptos de mayoría de edad, corrupción de menores, entre otros términos no eran juzgados como los de nuestra época, y les pido de favor que traten de ubicarse en esos años.
Almohada
A veces te miro callada y ausente y sufro en silencio
Te abrazo a mi pecho me duermo contigo
Más luego despierto tú no estás conmigo
Solo está mi almohada..
Sus ojos azules siguieron las sombras que formaban por los guardias rondando cada una de las celdas de tiempo en tiempo, apretó suavemente su puño y alzó su rostro hacía la pequeña ventana donde podía verse la tenue luz de la luna, confundido se quedó mirando hacía el pálido astro tratando de entender con su inocente y joven mente lo que había sucedido un tiempo atrás en la Cámara del Patriarca.
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Tiempo antes…
Le contempló allí arrodillada frente a su Santidad, con la ropa hecha jirones, el cabello revuelto y la mirada perdida con lágrimas corriendo por sus mejillas coloradas al parecer por un golpe.
-¡Regulus de Leo! –le llamó el antiguo Santo de Cáncer
-Se…ñor Pa…triarca –tartamudeó con la lengua dormida, el propio muchachillo no entendía por qué no podía hablar correctamente –Mai…té… ¿Qué… te… pasó? –interrogó el cachorro de león alargando su mano hacía ella solo para verla
Sin embargo la figura femenina solo dio un respingo y bajo su cabeza hasta el suelo gimoteando lastimeramente. De inmediato el par de soldados que le habían sacado a rastras de su lecho en el Templo de Leo, le sometieron como si esperaran una reacción violenta de su parte, pero el jovencito no hizo nada más que fijar su mirada en ella.
-Señor, como lo temía, la habitación estaba revuelta y con un charco de sangre enorme –explicó uno de los soldados mostrándole una sábana manchada de color escarlata
La habitación se estremeció ante la explosión del Cosmos del Patriarca, todos los presentes se quedaron helados en el acto y sin decir otra palabra más el lemuriano hizo una seña para que le sacaran.
-¡Llévenselo a las mazmorras! Lidiaré con él al amanecer –ordenó el anciano
Y entonces le arrastraron fuera del lugar, sin embargo los orbes azules de Regulus no podían apartarse de esa mujer, tratando de escuchar de sus labios alguna palabra que le explicara lo que había sucedido.
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-¡Señor por favor! –rogó el sagitario arrodillado frente al lemuriano
-Lo siento Sísifo pero toda la evidencia condena a Regulus –explicó el Patriarca estricto
-Tal vez sea así señor, sin embargo Regulus aún es un niño –argumentó –no hay forma en que él… -negó enérgicamente el dorado -y de ser así es en parte mi responsabilidad, por no explicarle a tiempo lo que podría suceder si él… -arguyó Sísifo
Sage negó quitándose el casco y se acercó al joven sagitario, entendía a la perfección la angustia del Santo, pero la ley del Santuario era muy estricta además de que un asunto como ese se divulgaría rápidamente si no se tomaban medidas a tiempo.
-El castigo se ejecutará al alba, no hay forma en que puedas salvarlo de sus actos –sentenció el lemuriano –creo que será mejor que le veas en las mazmorras, tal vez así encuentres la respuesta a sus actos –dijo a modo de despedida el Patriarca dejándole solo.
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Regulus rememoraba cada uno de sus actos desde que había regresado de una misión al Santuario, esa tarde al crepúsculo, le había encontrado ahí, al pie de la entrada de su Templo esperándole cómo hacía desde hace un año que se conocieron, con su cabello cubierto por un velo blanco y su peplo color crema con una pequeña lámpara indicándole el camino, sonrió ampliamente y le abrazó con ternura, porque su corazón se sentía tan tranquilo a su lado, pero esa noche ella permaneció inexpresiva, tal vez estaba molesta porque no se había despedido antes de partir, sin embargo se había tratado de una orden directa de la señorita Atenea, una que no podía desafiarse.
-Te extrañé -confesó colocándose de puntitas para depositar un beso en sus labios, pues por su edad ella era más alta
Y aún así permaneció inamovible contemplándole con sus ojos almendrados, no le dio mucha importancia y entrelazó sus manos, guiándole a la habitación privada de la Casa de Leo, donde se despojó de su armadura, mientras ella solo se recostó en la cama sin hacer el mayor ruido, una ligera angustia nació en el pecho del cachorro felino y comenzó a besar sus rizados cabellos, pidiendo por su calor y mimos, por esas caricias que le habían enseñado cuando se hubiese convertido en el Santo de Leo, tan bella y perfecta, tan agradable y comprensiva. Pero descubrió que estaba completamente dormida sin prestarle atención, entonces no hizo más y le abrazó por la espalda tratando de retenerle a su lado, deseando que no se separase de él como cada amanecer.
Su agudo oído casi felino descubrió de inmediato su presencia en las cercanías, ante sus orbes se dibujó su figura, se detuvo frente a su celda y sus delgadas manos apretaron los barrotes de hierro, lentamente se acuclilló para quedar frente a frente.
-¿Estás bien? –interrogó la vocecilla infantil de Regulus
Una mueca burlona se dibujó en el rostro pálido de la fémina y relamió sus labios, disfrutando de la imagen del chiquillo encadenado en la mazmorra.
-Después de tantos años nunca me había sentido tan bien –respondió con un tono ligeramente ponzoñoso
-¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué el Patriarca me ha mandado encerrar? –interrogó Regulus inocente
-¿No lo recuerdas Regulus? Tú mataste a mi bebé –dijo mordiéndose los labios y llevando su vientre
En el semblante del chico se dibujó una mueca de confusión
-¿Bebé? ¿Cuál bebé? –inquirió el mocoso sin comprenderla
Sísifo se detuvo en seco al escuchar la voz de su sobrino, se ocultó en la oscuridad y se fijó en la fémina, le reconoció a la distancia, era una de las Vestales del Santuario, se trataba de aquella joven que había conocido cuando era un aprendiz y que durante sus ratos libres trataba de pasarlos al lado de su hermano Ilias de Leo, cualquiera que la hubiera visto en ese momento juraría que la inocente chica se había enamorado del Dorado, pero el mayor impedimento para esa posible relación era el estatus de ambos, una Vestal del Santuario tenía que prestar sus servicios durante por lo menos 10 años, mientras que un Santo tenía explícitamente prohibido comprometerse con alguna mujer de manera formal y todo lo que ello conllevaba, o al menos esa había sido la Ley durante aquella época. Pero su hermano había sido inteligente al retirarse a un territorio lejano donde nadie le pudiera juzgar por sus decisiones. En todo ese periodo de tiempo Sísifo no había visto nunca más a la fémina, creyó entonces que ahora como mujer adulta se retiraría de su servicio y buscaría formar una familia, era esa la principal razón por la cual, cuando escuchó del propio Patriarca el supuesto romance entre su sobrino y esa mujer con semejantes tintes trágicos, se decidió a hablar con Regulus y escuchar de sus propios labios lo ocurrido.
-El que yo llevaba en el vientre –afirmó la fémina apretando la tela de su vestido
Los ojos de Regulus brillaron confundidos ante tal aseveración, a su corta edad no comprendía con exactitud las palabras de la mujer, sabía que las mujeres podían llevar vida en su vientre, pero no cómo era que eso sucedía, pero aún ignorándolo no seria capaz de dañar a una criatura inocente.
-¿De qué hablas? Yo jamás… –
-Lo sé, eres un mocoso ingenuo y estúpido –espetó la fémina –no sabes cuánto tiempo esperé para poder verte así, para por fin vengarme de ti –sonrió de una forma escalofriante
-¿Por qué dices eso? ¿Por qué estás enojada? –inquirió el ojiazul ladeando su rostro
-Te odio Regulus de Leo, desde el fondo de mi alma te odio –dijo con ese suave tono, el mismo que había usado para decirle que lo amaba -tú eres el único culpable de la muerte de mi señor Ilias, tú… -le señaló la vestal acusadora
-No… -negó con la cabeza el menor respirando pesadamente, si había algo que le dolía en el alma era el recuerdo de su padre al morir, el sentimiento de impotencia –mi padre murió protegiéndome, él… -
-¡Si el señor Ilias hubiera estado en el Santuario no habría muerto! ¡Si el señor Ilias se hubiera quedado a mi lado aún viviría! –le reclamó despechada
Regulus guardó silencio contemplando ese rostro lleno de odio y rencor, un escalofrío le recorrió de pies a cabeza, porque ya no sentía más esa calma ni tranquilidad en su presencia, esos ojos le taladraban de una forma aterradora, de una forma que le hacían sentir como el niño débil y desprotegido que lloraba por su padre.
-¿por qué? –articuló casi sin voz deseando saber los motivos, tratando de comprender ese cambio insospechado en tan bella mujer
-Porque yo lo amaba, porque yo amaba al señor Ilias, yo odié a mi destino cuando me enviaron a este lugar, cuando me condenaron a ser una Vestal de Santuario, pero fue el señor Ilias quien me dio esperanza, quien me dio una luz en toda esta oscuridad –explicó con voz melosa
Los ojos del cachorro de León contemplaron esa expresión, era mucho más dulce y apacible que cuando estaba a su lado, sonrió con amargura al reconocerlo, sin duda su padre era un hombre muy grande, capaz de conquistar el corazón de una mujer como ella.
-Pero tú te llevaste su vida, ¡tú me arrebataste la esperanza! –le acusó –esperé tanto tiempo para poder vengarme de ti, nunca pensé que fueras tan estúpido, tan ingenuo como para caer en mis brazos –presumió
El chico cerró los ojos como rogando no escuchar más de esas hirientes palabras, porque esa dulce voz le estaba torturando, mordió sus labios y con voz temblorosa interrogó lo que más le calaba el alma.
-¿Realmente puedes estar tan tranquila después de haber perdido ese bebé? –indagó Regulus pues después de todo su padre le había demostrado cuán fuerte podía ser el amor filial –aún si me odias, era tu carne y sangre, ninguna… -
-¿Ninguna madre mataría a su propio hijo? –interrumpió la vestal fijando sus ojos almendrados en el rostro pálido del Santo –eso es cierto, ni siqueira yo sería capaz de matar a mi propio hijo –una mueca torcida se formó en su cara –pero los dioses son benévolos, porque no tuve que hacerlo… -
-¿Qué? –murmuró Sísifo en las sombras, incluso si la mujer hubiera tenido un aborto espontáneo era algo muy difícil de predecir
-Aquel médico errante del lejano oriente me lo dijo durante el primer mes, lo que llevaba en el vientre no sobreviviría, porque la semilla del padre era muy débil, pero gracias a sus brebajes logré conservarlo hasta esta noche –confesó acuclillandose a la altura de Regulus –no hay forma en que el Patriarca o los demás lo descubran, después de todo para ellos ya no existe –se levantó dejando atrás al Santo de Leo con una última herida en el alma
Sísifo se recargó contra la pared tratando de controlar esa ira que quemaba el fondo de su ser, no podía dar crédito ante las palabras de aquella fémina, deseaba consolar a su pobre sobrino, sin embargo el tiempo apremiaba y debía de informarle al Patriarca la verdad antes de que la reputación de Regulus se viera manchada de forma irreversible.
Regulus maldijo por lo bajo esa condición de genio que poseía su mente al comprender por completo las palabras de la mujer, cerró los ojos tratando de suprimir esas lágrimas y aquel vacío que en su pecho reinaba, pero ese maldito sentimiento carcomía su alma, era como si le hubieran arrancado todas las fuerzas de su ser, miró por última vez a la vestal frente a él, deseando que esa imagen de dulzura no se borrara, pero no tenía caso sabía que no había forma de que las cosas volvieran a ser como antes. Bufó suavemente, parecía que solo había sido un sueño como aquellos que había tenido de su padre regresando a él.
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Abrió de golpe las puertas de la Casa del Patriarca y corrió a arrodillarse ante el trono de su Santidad.
-¡Sísifo! –exclamó sorprendido el lemuriano por esa actitud tan impropia del sagitario
-¡No lo haga por favor! ¡Tiene que escucharme primero! –rogó el ojiazul bajando su cabeza hasta el suelo
-Tranquilizate Sísifo –respondió con una voz serena el ex Caballero de Cáncer –porque parece que no eres el único que desea salvar a Regulus –agregó
El sagitario alzó su rostro para descubrir una figura pequeña vestida de blanco, arrodillada a su lado, sus ojos le escanearon por completo y quedó boquiabierto
-Un gusto conocerlo señor Sísifo, mi nombre es Connor –se presentó pasando su mano por el holgado, demostrando una redondez en su vientre.
Como primer punto voy a aclarar el título de este shot, q se inspiró en la canción homónima que canta José José, "Almohada", en este caso la protagonista es una "almohada" es decir un objeto inanimado, porque Regulus se enamora de ella, sin embargo aún estando a su lado, aún teniendole en sus brazos ella no le amaba, todo era una mentira, una farsa.
Este personaje femenino que decidí utilizar, me surgió a partir de que cuando planee esta serie en sacar lo peor de las mujeres (no diciendolo como misógina) porque tengo que admitir que todos, hombres y mujeres podemos ser extremadamente crueles con los sentimientos ajenos. En este caso la pobre mujer estaba enamorada de Ilias y en lugar de atesorar a su hijo, se dejo llevar por los rumores de que él había muerto por culpa de su hijo.
El término de vestal se supone que se usaba en Roma para las sacerdotisas a Vesta (Hestia) en Griego y que los castigos para ellas si perdian la virginidad eran lapidadas, decapitadas o enterradas vivas y al transgresor lo mataban tambien; tomé este concepto más como para las "mucamas" o Sirvientas del Santaurio, algo asi como las mujeres q hacian las tareas domésticas, alguien tenia q limpiar, lavar, cocinar y dudo que los caballeros lo hicieran, (acuerdense del siglo en el q estan)
Voy a aclarar lo del bebé, investigando un poco en los temas de concepción y embarazo, existen 2 casos el embarazo anembrionario (donde no existe embrión, es decir bebé, debido a una falla en la formación) o el embarazo molar (donde si pudo haber embrión, pero tiene un error genético que no le permite sobrevivir) en cualquiera de ellos el cuerpo naturalmente "desecha" el embarazo, es decir provoca un aborto espontaneo; ahora en China se cuentan leyendas de que con ciertos brebajes se podía perder o extender un embarazo así, (por lo menos en los dramas xD) de ahí que la Vestal lo use para prolongar su situación y q esa misma noche use un abortivo, además de drogar a Regulus para que su malévolo plan de marcha.
Como noté en el manga Regulus es algo despistado, pero muy inocente, rayando a veces en lo estupido, el dolor de Regulus radica en el engaño y la culpa que aun le provoca saberse como responsable de la muerte de su padre, por lo menos a los ojos de la vestal, además de que tiene un ligero complejo con respecto a su padre, porque como el lo dijo deseaba ser tan fuerte como para proteger lo que era importante. Aún si Regulus no entendía lo de cómo tener un bebé, no sería capaz de matar conscientemente a un niño pequeño, eso hacer que se sienta más miserable.
Tuve q incluir a Sísifo, porque dudo q él se quedara quieto ante tremenda situación, pero como es, dudo q dañara a la mujer, pero buscaria como librar a Regulus de ese mal, además de que agregué a alguien q puede dar fe de que el león no es malo.
Tambien, la edad de Regulus la dejaré en el limbo para que la idea funcione de forma correcta, así como la de Connor...
Creo q es todo y que fue más drama y locura más q otra cosa, pero me gusta experimentar con las tramas y sorprender al lector (posiblemente lo haga pero no de una forma positiva xP)
Nos leemos!
PD. el siguiente es sin duda el de Sísifo, porque... pues estan relacionados, por lo menos por la sangre...
