Primero me disculpo por la demora en continuar con esta serie, pero no había podido inspirarme para continuar correctamente, también sé que dije que iba a ser Sísifo, pero pues me pareció mejor que fuera Albafica
Mi unica advertencia, es que hay 2 guiños en esta historia que se relacionan con cierto shot que ya había subido de este mismo personaje xD...
Se me olvidó otra vez
Probablemente ya de mí te has olvidado
Y sin embargo yo te seguiré esperando
Probablemente estoy pidiendo demasiado
Se me olvidaba que ya habíamos terminado
Que nunca volverás que nunca me quisiste
Se me olvidó otra vez que sólo yo te quise
Se asomó de entre las cajas que habían llegado con el cargamento de esa mañana, sus orbes celestes trataron de encontrar su silueta entre todos aquellos hombres que desembarcaban las mercancías en el Puerto. Su pequeña mano apretó el improvisado pendiente que colgaba de su cuello, sonriendo por la emoción de reencontrarse una vez más.
Descubrió a la distancia al capitán y supo dónde se encontraría, se escabulló aprovechándose de su baja estatura entre todos los tripulantes e ingresó al camarote donde siempre se encontraban, silencioso cerró la puerta tras de sí, se asomó en la cama donde descubrió su figura descansando. Una risilla escapó de sus labios y se acercó sigiloso, mirándole más de cerca.
-Despierta –rió sentándose a la orilla
Le miró removerse, pero sus ojos se dilataron al ver su figura delgada y débil, su rostro rozagante de mejillas sonrosadas ahora estaba de color cenizo y grisáceo, sus ojos grises que brillaban con ilusión se encontraban apagados.
-Albafica –le reconoció con una débil voz dando vuelta en el lecho
Las sábanas casi translucidas le revelaron que sus piernas antes fuertes y firmes, eran ahora disparejas y endebles.
-¿Qué te pasó? –interrogó con su vocecilla estirando su mano hacia su rodilla
-¡No me toques! –gritó la niña de no más de 10 años
-¿Eh? ¿Por qué? –dijo el hermoso niño de cabellera celeste
Le miró respirar agitada, apretando con sus delgaduchas manos la sábana.
-¿Qué haces aquí? –apretó los labios cuando alzó levemente su rostro
-Vine a verte, te he extrañado –sonrió sincero demostrando que le faltaban los dientes del frente
Los ojos grises de la niña brillaron de enojo por esa inocente alegría y preciosa apariencia del chiquillo.
-Lárgate de aquí –susurró casi sin voz
-¿Eh? ¿Qué dices? –se acercó un poco más a la fémina
-Te odio Albafica… -murmuró apretando la mandíbula -¡Te odio! –gritó con todas sus fuerzas la ojigris antes de darle una bofetada que provocara la caída de aquel infante de no más de 6 años
Quien por reflejo se llevó su pequeña manita a su mejilla y se sobó el área rojiza
-¿Qué? ¿Por qué dices eso? ¿Te sientes mal? ¿Estás enferma? –ladeó su cabecita sin entender el enojo de su amiga
-¡Cállate! Te odio Albafica, ¡te odio desde el fondo de mi corazón! –gritó con lágrimas formándose en sus ojos –es tu culpa, ¡Tuya! –le señaló acusadora
-¿Eh? Pero… pero yo… -balbuceó el peliceleste confundido
-Me lo dijeron todos en el pueblo, me lo advirtieron –sollozó la fémina llevando la mano a su pecho –desde que te conocí tú acaparaste la atención de todos, con esa belleza… es injusto, los niños no deben de ser hermosos, ¡te odio Albafica! –
-¿por qué? –gimoteó el pequeño piscis con las lágrimas asomándose en sus inocentes ojitos celestes
-¡Vete lárgate! ¡No quiero ver nunca más tu lindo rostro! –gritó lanzando aquel jarrón de rosas que estaba a un lado de la cama
El objeto pasó tan cerca del infante quien asustado se puso de pie dando un par de pasos hacia atrás, provocando la ira de la chica que estaba en el lecho, sin dudar tomó otro de los objetos cercanos para lanzarlo nuevamente en contra de ese visitante. Albafica reaccionó a tiempo esquivándole y salió corriendo de la habitación, sin darse cuenta de que la ojigris en su desesperación había caído de la cama develando la debilidad y deformidad que aquejaban sus piernas.
x0x
El pequeño niño se detuvo justo debajo de aquel enorme roble desde donde se podía observar el Puerto por completo, se sentó sobre una de las raíces tratando de recuperar el aliento de aquella carrera, notó entonces que en su pequeña manita no había dejado de apretar ese pequeño objeto, separó despacio sus dedos dejando ver el dije improvisado de nácar. Una mueca de tristeza se dibujó en el inocente rostro del peliceleste…
Y había ocurrido hacía 6 meses más o menos de su afortunado encuentro, a pesar de su corta edad Albafica ya poseía cierta fama en la Villa de Rodorio, pues su estadía en el Santuario estaba llena de rumores al ser el único candidato a aprendiz de Piscis, pero el infante no era consciente de ello, ni tampoco el resto de los niños del pueblo, quienes en su inocencia bañada de ignorancia se alejaban de inmediato del hermoso niño, o niña como lo creían por esa apariencia que deslumbraba a todos.
Pero fue ella, esa niña de mirada gris que se desembarcó en una de esas tardes calurosas por el Malecón y que con una sonrisa despreocupada se acercó al peliceleste y le extendió la mano sin ningún prejuicio, salvo tal vez el hecho de considerarlo de su mismo género, más eso no fue impedimento para que durante un par de días, mientras el capitán negociaba con algunos pobladores, entablaran una dulce amistad, y sin darse cuenta Albafica había quedado prendado de tan linda fémina, naciendo en su pequeño pecho un sentimiento a partir de la admiración de ese carácter aventurero e inquieto.
Había partido tan pronto como su padre, el capitán de aquella embarcación homónima al nombre de la niña, hubiera concluido sus negocios, pero se habían prometido volver a encontrarse cuando volviera de su viaje por el Mediterráneo.
Y emocionado como el niño que era, Albafica había decidido prepararle un regalo de bienvenida, durante varias semanas había llevado ciertas rosas no venenosas a aquella mujer florista de Rodorio, quien con mucho gusto las compraba por unas cuantas monedas e incluso ella misma le había ayudado a contarlas todas para adquirir aquella exótica pieza de Nácar, y durante unas semanas más el peliceleste se había dedicado a tallar en el fragmento de forma inexperta, lastimando sus deditos en el proceso, ese símbolo del alfabeto que tenía la inicial del nombre de ambos.
Las inocentes lágrimas empaparon esas líneas temblorosas e irregulares grabadas en el nácar, ni el mismo Albafica comprendía el por qué estaba llorando, o por qué había un hueco en su tórax, pero lo que sí sabía era que se trataba de algo diferente a todo lo que había sentido antes, era un dolor muy grande, uno que le hacía quedar sin aliento.
El caballero de piscis se acercó sigiloso a su pequeño aprendiz y sintió su alma quebrarse al verle llorar de esa manera, pero no podía culparlo, ni a él o a ella, esa pobre niña que sin darse cuenta se había convertido en el inocente primer amor de su discípulo, y que había destrozado su tan delicado y puro corazón.
Albafica no dijo nada cuando su maestro lo tomó entre sus brazos y le alzó permitiéndole ocultar su carita en su hombro, sin pedirle ninguna explicación, solo le acunó con delicadeza. Abrió sus ojos celestes para contemplar entre sus lágrimas por última vez ese nombre escrito en la proa del barco, apretó con fuerza el pendiente de Nácar antes de mirar su rostro reflejado en una de las ventanas descubriendo que a pesar de la tristeza aún poseía una piel blanquecina, que sus mejillas aún estaban sonrosadas y que su cabellera corta adornaban de una forma preciosa su rostro, a diferencia de aquel semblante enfermizo y frágil.
Lugonis acarició con cuidado los mechones de Albafica; el Santo sonrió con amargura, porque parte del sufrimiento actual de su discípulo sin duda era su culpa, porque cuando se había enterado de que el niño había entablado amistad con una chiquilla, pensó que tal vez éste podría tener en el futuro una razón para permanecer en el mundo y no sucederle como Caballero de Atenea, pero los destinos eran implacables, porque no solo le habían arrebatado la esperanza a su aprendiz, sino que habían castigado la soberbia del padre de esa niña, con la tragedia que le había ocurrido a la chiquilla, quien durante uno de los viajes había contraído cierta enfermedad que la había dejado en ese estado tan mísero y deplorable. Porque paradójicamente el nombre que ella niña llevaba significaba "eternidad".
Alguien me dijo hace tiempo que no podría existir una forma de romperle el corazón a Albafica... puesto que todos sabemos que Albafica es uno de los Santos más solitarios, cualquiera pensaría que era imposible que tuviera contacto con alguien más, sin embargo tomé ese lapso previo al ritual de "Vínculo Rojo" o "Lazos rojos" (depende de la traduccion xD)
Si bn al principio quería que esta chica fuera un personaje que envidiara la belleza de Albafica, me fui por un argumento distinto, uno en que las circunstancias fueron las que obligaron a esta niña a odiar al pequeño Piscis, como comenté en el shot de Kardia, la gente era muy ignorante con respecto a las enfermedades en aquella epoca, lo que ella adquirió era "polio" una enfermedad que hasta hace poco se logró controlar (no sé si está erradicada) pero que trae consecuencias severas para las extremidades inferiores, que fue lo que le sucedió a ella, sin embargo el trauma de esta chica fue tan grande que le nace un odio mezclado con envidia hacia nuestro pobre e inocente Albafica...
Al mismo tiempo presento una explicación del por qué Albafica detesta su belleza, porque la considera culpable de que su única amiga se alejara de él, eso antes de saberse "peligroso" a causa de su sangre; porque al ser tan pequeño no entendió que se trataba de la enfermedad.
Ahora el titulo es homonimo de la canción de Juan Gabriel, así como la selección de los versos fue porque Albafica siente dolor de que esa persona especial lo tratara con semejante desprecio y durante un tiempo se mantuvo melancolico por esa razón. (Ah, no les había comentado, pero ya tengo todas las canciones y verso de cada Santo nwnU)
En fin, aunq me quejo como en los anteriores de que le faltó más sentimiento, lo dejo a su consideración...
Ahora respondiendo a los comentarios del shot anterior, xD pues sí, ese personaje estaba pensado en ser una persona enfermiza, que se aprovechó de alguien tan inocente como el leoncito, se supone que Sage es una figura de autoridad y por lo menos se le nota cuando está con Manigoldo, tanto cuando lo encontró como cuando lo lleva al Yomotsu, además si Arles mandaba matar a los Cabelleros que se oponian que Sage no castigara la supuesta muerte de un bebé... ah... bueno...
Claro que Regulus será feliz! Y si quieren saber qué le pasó a esa mujer estense pendientes de mi fic largo xD (yo haciendome publicidad jojojo) porque sí les voy a develar eso...
Nos leemos espero que pronto
MCR77 off~
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Pd. por si no supieron cuáles son los guiños, les recomiendo leer "Veneno Mortal" y notarán que Albafica llora su pena debajo del mismo árbol donde Agasha le daría una respuesta a sus sentimientos...
Pd2. El segundo guiño es la florista de Rodorio, sin darse cuenta Albafica ya conocía a su futura suegra, quien en mis calculos ya debía tener a Agasha de bebita xD
Pd3. xD solo en esta ocasión develé el detalle de que no todo fue tristeza para los Caballeros... hay un par más que poseen uno q otro detallito de ello ;P
