Estamos en el penúltimo Shot de esta serie, espero que les parezca interesante, puesto que los anteriores no los han cautivado, en fin sin más los dejo con la historia...


Nada Personal

Entre tú y yo no hay nada personal,

Y sin embargo duermo entre mis sábanas soñando con tu olor,

Sacas a flote mis tragedias y de repente las remedias.

Me haces loco, me haces trizas, me haces mal.

Caminó con dificultad por el barro y lodo que se habían formado a causa de la lluvia, patinó un par de veces hasta llegar a ese desolado y apartado paraje. Sus ojos contemplaron el montículo de tierra, inconscientemente llevó su mano hasta su pecho, apretó con fuerza su camisa, mientras que su rostro se distorsionaba de dolor y se dejó caer de rodillas a su lado.

-Mine –murmuró con la voz entre cortada bajando su cabeza hasta el suelo -¿soy patético no es cierto? –afirmó apretando con más fuerza sus ropas

Gotas de lluvia comenzaron a caer de las nubes grises que cubrían el cielo, una a una bañaban ese pequeño claro del bosque. El joven muchacho ahogó un suspiro y contempló sus alrededores, conocía a la perfección ese lugar, sin duda el bosque había reverdecido como testigo del tiempo que había pasado desde aquel feroz incendio que estuvo a punto de acabar con sus vidas.

-Si hubiera sido más fuerte… -murmuró acariciando con sumo cuidado los brotes de pasto que rodeaban al montículo –pero fue Felser quien tuvo que rescatarnos –susurró tratando de no recordar el dolor que llevaba en el pecho

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Se detuvo cerca de la entrada de esa pequeña casita a la sombra de uno de los enormes pinos que marcaba el inicio del Bosque, observó curioso la huerta que rodeaba la vivienda, sin duda su dueña había trabajado tanto para tener tan abundante cosecha. Se cruzó de brazos esperando, más le sorprendió escuchar el sonido de la puerta abrirse y luego observar a una joven pareja salir.

-Finalmente –dijo el varón besando la mano de la muchachilla, quien solo le correspondió con una sonrisa

Sin más palabras el muchacho desapareció a la distancia y la joven solo arregló su cabello para salir a continuar con su cultivo.

-Cid –le saludó con tremenda naturalidad

Mientras que el aprendiz de Santo trataba de comprender lo que había pasado frente a sus ojos, conocía a aquel varón, de hecho todos en la comarca lo hacían, se trataba del hijo bastardo del gobernador, aquel que se decía trataba a sol y sombra de ser reconocido por su padre.

-¿Qué haces aquí? –le interrogó la joven tomaba una de las canastas y comenzaba recolectar su cosecha

El Cid solo se encogió de hombros, puesto que para él era más que obvio el motivo de su presencia, observó con atención la hermosa figura de la fémina, cómo deseaba tenerle en sus brazos y saborear sus dulces labios como ese día de lluvia en que se conocieron.

-Tal vez debería de ir al pueblo, no tengo ningún vestido que sirva para la ocasión –murmuró la muchacha limpiándose las manos con el mandil

-¿Deseas que te regale un vestido? –interrogó El Cid curioso por el repentino interés que la joven había puesto por su apariencia

-Se lo cambiaré a la costurera por una cesta completa de patatas –respondió encogiéndose de hombros –seguro que tendrá algo hermoso que ponerme, después de todo tengo que verme digna de una futura ama y señora –rió jugueteando con su cabello

-¿Ama y señora? –inquirió el joven aprendiz enarcando una ceja

-¡Claro que sí! Después de tantos años por fin podremos casarnos –una risilla dulce escapó de sus labios y se puso de pie llevando las manos a su pecho –su padre le ha prometido nombrarle el heredero tan pronto como estemos en su presencia –explicó entusiasmada

-¿De qué hablas? –

-¿No es evidente? Es nuestra oportunidad –sonrió llevándose las manos al vientre –nuestros hijos podrán vivir en la opulencia –celebró –finalmente dejaremos de ser pobres campesinos y por fin podré hacer lo que siempre he deseado –

El Cid le miró contrariado

-¿Ese muchacho, es el hombre al que amas? –señaló la vereda que conducía al pueblo y por donde se había ido el varón

-¡Sí! Él lo es todo para mí, pensé que lo nuestro no podría ser, pero vino una vez más por mí, dijo que su padre lo reconocería –se regocijó dando vueltas por el pequeño huerto

Una sonrisa amarga se formó en el rostro del joven aprendiz, quien solo llevó la mano hasta su frente.

-¿Siempre le has amado? ¿Nunca ha existido otra persona en tu corazón? –

-Siempre desde el momento en el que le conocí, desde ese momento me enamoré de él, nunca he tenido a nadie más en mi mente –respondió sin mayor miramiento, sin siquiera notar que sus palabras eran afiladas dagas que atravesaban por completo el corazón del joven Santo que tenía enfrente

-¿Cuándo… cuando es que partirás? –preguntó tratando de que su voz no se quebrase

-Pasado Mañana, en cuanto tenga mis vestidos listos él vendrá con los caballos para ir a ver a su padre –explicó arrastrando la canasta hasta la entrada

-Permíteme –pidió el pelinegro alzando el cesto para colocarlo sobre la carreta

-Gracias, tengo que irme, debo de conseguir ese vestido a como dé lugar –rió tomando las riendas de la vieja mula parda dejando atrás a un confundido El Cid

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Sacó de entre sus ropas una pequeña cantimplora, se acomodó a un lado del montículo y observó el paisaje a la distancia, soltó una carcajada irónica y luego miró el pequeño objeto en sus manos, ese había sido su primer regalo.

Se habían conocido un día lluvioso hace un par de años, justo después de que El Cid hubiera enterrado el delicado cuerpo de Mine en el único paraje de todo el bosque había quedado intacto por aquel incendio. En el preciso instante donde sus orbes cobalto se posaron en la figura de aquella pelinegra, perdió el aliento y es que de no ser por el color de ojos, la fémina guardaba un tremendo parecido con Mine, con esa apasionada forjadora, con su única y digna rival. Sin pensarlo el muchacho había corrido a su encuentro y en un impulso le había tomado entre sus brazos, aquella muchachilla solo rió por la reacción, acarició su rostro y depositó un tierno beso en sus labios. Sin mayor cantidad de palabras la joven le había invitado a su cabaña, al observar su hogar comprendió que no era la misma mujer que Mine, poseía todos los accesorios que una doncella normal pudiera tener en su casa, no había rastro de cualquier herramienta para forjar espadas, en cambio había cestas y pequeñas palas para cultivar el huerto.

El Cid sabía que debía de continuar con su entrenamiento para convertirse en un Santo de Atenea a pesar de que Felser y Mine lo hubieran dejado solo; pero la compañía de esa joven doncella le hacía desear por instantes abandonar y tener la vida de un hombre común, cuando por fin pudo amarla por completo deseo llevarla de blanco hasta la parroquia para poder darle todo aquello que deseara.

Se mofó de sí mismo ¿cómo había podido ser tan ciego? ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Es que aquellas dulces palabras solo eran mentiras, aquellos "te amo" solo era una forma de practicar para decírselas a alguien más, negó una vez más admirando el grabado de un jinete sobre la cantimplora de cuero. Es que aún podía escuchar su dulce voz cuando le dijo mirándole a los ojos: "es que creo que te amo, eres muy importante para mí, no te vayas a alejar de mí"; pero ahora todo estaba claro, ahora comprendía por qué había días en los que le pedía que no le visitara, ahora era claro porque no conservaba ninguno de los detalles que le había regalado.

Negó con la cabeza antes de dar un sorbo a ese amargo líquido y permitir que quemara su garganta para aminorar el dolor que se formaba en su alma, porque durante todo el tiempo que pasó a su lado había descuidado su entrenamiento y la promesa que le había hecho a su única rival.

Apretó con fuerza sus ojos, tratando de evitar a toda costa que cualquier lágrima corriera por sus mejillas, porque se sentía tan avergonzado de llorar por una mujer como esa y de no haber podido derramar ni una sola por la que más admiraba, por la que le pedía ser mejor.

El Cid se sentía como un estúpido, no, en realidad era un estúpido, que había creído en las dulces palabras de una jovencita que le había engañado descaradamente, se suponía que él era un hombre tan fuerte que sería capaz de rasgar el cielo con sus puños y partir la tierra de una patada, más había sido minimizado por una simple campesina…

-Soy un imbécil… te traicioné –murmuró recordando las discretas sonrisas que Mine le dedicaba de vez en cuando durante los entrenamientos, las veces en que se habían curado las heridas, los desvelos y los amaneceres que su deseo por crear una espada sagrada.

Abrió los ojos para contemplar una vez más ese montículo de tierra donde descansaban sus restos

-No te preocupes Mine, juro por los cielos que en mi corazón no habrá nada más que el deseo de perfeccionar la espada legendaria –pronunció colocando su frente sobre el suelo –nuestra espada –juró el aprendiz disfrazando sus lágrimas con las gotas de lluvia

Se puso de pie y de un solo golpe derribó un par de árboles a su alrededor para continuar con su entrenamiento y distraerse del dolor que tenía grabado en su pecho y su alma.


Admito que este ha sido uno de los fics más difíciles, porque no quería repetir la trama sobre la muerte como la culpable de separar a un par de enamorados, en cambio decidí que fuera la traición descarada.

Como nota creo que El Cid debe de tener como unos 15 años a lo mucho, igual que esa jovencita; sé que parece muy poco probable que alguien se deje engañar de esa forma tan vil, pero parece que la realidad supera a la ficción, cuántas personas no son el plato de la segunda mesa o juguete de ocasión de algún aprovechado(a), como sea nuestra protagonista es una mujer que puede que tenga sentimientos pero que no se da cuenta de que con sus mentiras cautivo y destrozó el corazón de joven Caballero. El dolor de El Cid es mucho más grande que solo la traición y el engaño, es la culpa de como lo dice él "traicionar" lo que le había prometido a Mine, a la mujer que verdaderamente respetaba y admiraba y muy en el fondo amaba; quise justificar de una forma algo estúpida y cursi, el hecho de que cuando Phantasos quiere ver su deseo más profundo descubre solo el filo de una espada, y es que creo que esa espada representa a la mujer que amaba y lo que le había prometido

El título es homónimo de la Canción de Armando Manzanero "Nada Personal", que como notaran si la escuchan habla de un par de amantes que están juntos en lo pasional y lo físico pero no en lo sentimental.

Creo que es todo por ahora, me disculpo una vez más por el retraso en mi otro fic, pero es que en serio quiero terminar con esta serie y luego solo dedicarme a mi historia mas ambiciosa.

MCR77 off~

PD Si ya lo notaron el único personaje que nos falta es Aspros y a mi opinión es el shot más doloroso, o quizas no, ya veremos que opinan