CAPÍTULO 5

LA PROPUESTA

Tan solo había transcurrido una semana del evento en la mansión de los Andrew relacionado con el compromiso de Candy y William
Albert Andrew.

Todas las personas que trabajan al servicio de la casa Andrew y de la familia de Candy comenzaban a preparar los preparativos de la boda que se realizaría en un mes pero como ambos eran de familia de sociedad alta querían que las cosas salieran perfectas y más que nadie la familia de Candy no aceptaría algo simple como a ellos les hubiera gustado hacer.

En ese lapso Candy se había ido con su familia a Europa a Amsterdam pues quería al mejor diseñador para su vestido de bodas y ahí se encontraba un amigo de la familia que era el que se encargaba de confeccionar la mejor ropa de primera calidad y por lo tanto el mejor diseñador. No lo había pensado dos veces y se en capricho en que quería que el fuera el que diseñara y confeccionará su vestido de novia no quería a otro que no fuera el y ante eso la familia no se negó y fueron a cumplir el capricho de ella después de todo su familia era una de las más ricas e importantes de toda Europa y el lujo y vanidad estaba reflejada en la mayoría de los integrantes de la familia.

Mientras que Albert se encargaba de los negocios de la familia pues en el día de su boda no planeaba atender ningún asunto y mucho menos en su luna de miel, en ese lapso de "vacaciones" quería estar solo y exclusivamente para disfrutar de la compañía de Candy, la sola idea de que faltaba poco para la boda lo ponía nervioso, pues no creía que realmente todo esto fuera real, todo lo creía un sueño el de estar junto a la mujer que ama y que ella le correspondía sin embargo tenía miedo de despertar de el y ver que todo no era real.
De solo pensarlo su cuerpo se estremecía ante esa idea pero prefería recordar las palabras de Ella "Se que ella te ama pero aún no se da cuenta esta aferrada al pasado y tú tienes miedo del presente" Ella siempre tenia palabras para el y saber que ella fue una de las personas que lo incitó a decir lo que había en su corazón y que en ese tiempo había preferido callar, pero ella no se lo permitiría, aunque se sentía realmente culpable ahora gracias a su felicidad a ella la había dejado en una encrucijada bastante peligrosa ya que ellos, trato de reprimir la melancolía que lo estaba comenzando a albergar y olvidar aquello aunque la ayudaría a escondidas de todos. Era una promesa aunque aun no sabia como pero lo aria.

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Mientras tanto.

Dos días después de la fiesta de compromiso Terry había regresado inmediatamente a Broadway para olvidarse de todo, trato de no mirar hacia atrás porque si lo hacía sabia que iba a terminar sufriendo aún más de lo que ya estaba en aquellos momentos, muy pocas veces de su vida se permitía llorar y en ese lapso de los dos días se desahogo todo lo que su cuerpo y alma pudo sin perderse esta vez en alcohol, decidido a olvidar todo y comenzar de nuevo mirando el presente con la cara en alto, ocultando a todos su dolor que trataba de cicatrizar con el tiempo.

Después de cinco días de trabajo en el teatro ese día 15 de febrero de 1976 una visita inesperada esperaba a Terry en el pequeño departamento en el que vivía.

— Terrence Graham Grandchester – dijo una voz cansada y agobiada por la ya avanzada edad que tenía.

Terry al verla se sorprendió mucho pues nunca imagino que aquella mujer de avanzada edad estuviera frente a el.

— Señora Zeyna

— Quiero pedirte un favor hijo mío – volvió a decir la mujer mirando a hacia su dama de compañía que esta asintió era, una mujer de unos 49 años aproximadamente y en la única en la que podía confiar, la mujer le era fiel a la señora Zeyna y si era de arriesgar su vía por ella lo haría sin pensarlo dos veces.

— En que puedo ayudarla señora Zeyna.

— Es sobre mi nieta ella hablará con usted, vendrá a pedirle su ayuda y quiero que acepte lo que ella venga a decirle, así estaremos a mano y ni usted ni yo nos deberemos nada.

— Yo prometí hacer lo que usted me pidiera así le agradecía lo que hizo por mi cuando mi carrera se fue abajo si no fuera por usted y sus influencias yo no estaría aquí y mucho menos trabajando en el teatro. Pero que es lo que su nieta va a decirme. – pregunto con cierto tinte de curiosidad pues realmente le intrigaba lo que la mujer quería por la ayuda que ella le brindó en aquel tiempo, si tan solo no se hubiera deprimido y sumergido en el alcohol solo por olvidarla quizás no hubiera hecho todo lo que hizo aún así agradecía que la señora Zeyna confiara en el y lo ayudase a volver a retomar su camino en la actuación, era como un "Ángel caído del cielo" en aquellos momentos.

— Mi nieta, no hijo yo no tengo nietas mi hija aún es joven y no se a casado aún. – comenzó a decir la mujer haciendo que Terry se desconcertar a por un momento hasta que recordó la enfermedad de aquella mujer

— Mi señora vuelve en si muy pocas veces a la realidad, pero todo lo que tenga que saber lo sobra por la señorita la nieta de mi señora Zeyna. – comentó la mujer con la voz triste, realmente esperaba que el aceptara sino lo hacía la nieta de la señora Zeyna, no quería ni imaginar lo que pasaría si rechazaba la propuesta que le plantearían, no iba a negar que sería una locura aquella "propuesta" pero era la única solución que tenían en tan poco tiempo y en el único en el confiaban hasta estos momentos

— Esta bien, no te preocupes

— Tenemos que irnos joven, aquí está todo lo que tiene que saber aunque la señorita lo explicara mejor, por favor acepte lo que ella tenga que decirle. – dijo entregándole un sobre a lo que solo lo tomo, cuando tuvo el sobre en sus manos la mujer las apretó con fuerza como dándole confianza, apoyo no supo identificar esa acción de la mujer, ella al contrario le regalo una sonrisa melancólica quizás como una "súplica" se alejo de el y vio como las mujeres se iban.

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Por otra parte.

Una joven de no más de 19 años quien en algunos unos meses cumpliría 20 años se encontraba en el inmenso jardín donde veía a las personas cuidando las rosas y flores de aquel lugar, en un momento decidió ayudar así que con cuidado se acercó a una persona que estaba arreglando algunos rosales.

— Me permites ayudar – dijo inclinándose un poco y viendo a la persona que al escuchar su voz se sobresalto un poco ella le regalo una sonrisa haciendo que la otra persona se le tiñeran sus mejillas de un rosa apenas notable.

— No creo que sea lo correcto señorita – habló el hombre un tanto confundido y con miedo a que lo reprimieran por estar hablando con ella.

La joven hizo un pequeño puchero haciéndola ver adorable sin embargo su mirada triste de ella hizo que el hombre se sintiera mal por aquella reacción. Ella supo el porque no le permitió ayudarlo para tratar de calmarlo y que no se preocupara por su trabajo pues ella sabia que el tenia a su esposa a quien amaba y que estaba enferma de leucemia y necesitaba realmente el trabajo, el ya llevaba muchos años con ellos como jardinero y no quería que fuera despedido por su culpa.

— No te preocupes lo entiendo ...– iba a continuar hablando pero se percató que una mucama de la familia se acercaba a ellos, un escalofrío le recorrió la piel al sentir que alguien la observa va. Como si algo llamara su atención se giro hacia la residencia que estaba detrás de ella y allí lo vio, sabía que si no se alejaba lo suficientemente rápido metería en grandes problemas al señor y era lo que menos quería tal parecía que cada acción que ella quería hacer como buena con las personas que trabajaban allí terminaba mal y perjudicaba a las personas o eso era lo que ella creía porque realmente no era así.

La mujer llegó a a ellos y haciendo una inclinación de cabeza y al mismo tiempo una reverencia hacia su persona comenzó a decir.
— Mi Lord quiere hablar con usted – la joven hizo un gesto de disconformidad al a ver visto a la mujer hacer tal reverencia realmente a ella le desagradaba que hicieran eso, sin más remedio lo paso por alto ya que no quería meter a alguien más en problemas.

— Lo entiendo – fue todo lo que se animo a decir sabia que la mujer no avanzaría si ella no decía algo más, aparte de que aún no se enderezaba ya que seguía inclinando la cabeza, todo aquel que trabajaba allí tenían prohibido mirarlos si ellos no se lo permitían así que sin más remedio decidió terminar de hablar – Me guía rías a donde está el por favor – aunque ella sabia en donde se encontraba no quería ir realmente sola hasta donde el se encontraba y también para que la mujer volviera a su posición anterior.

La mujer asintió y dejó de inclinar la cabeza para estar debidamente parada – Siga me por aquí mi Leidy – término de decir para comenzar a caminar, la joven miro el cielo para luego soltar un suspiro y comenzó a seguir la, la mujer entro a la residencia encaminándose por varios pasillos y mientras más caminaban la joven sentía sus piernas temblar siempre que hablaba con el no era para nada bueno y sabia que esa conversación iba a ser una de las peores conversaciones que hubiera tenido con el. Aunque ella ya sabia que era lo que quería el de ella y la sola idea hacia que la respiración se le fuera de los pulmones.
La mujer bajo unos cuantos escalones que no eran muchos en si pero para la joven al verlos se le hicieron una eternidad, se paro frente a una puerta de color blanco a la que toco tres veces hasta que escucho un "adelante" en ese momento al escuchar tanto los toques como la voz de esa persona la atrajeron a la realidad haciendo que recordará que tenía que respirar y soltara el aire que inconsciente mente había retenido y espero hasta que la mujer abrió la puerta a la cual entro.

— Aquí está mi Lord – dijo haciendo una reverencia al dirigirse a el, se colocó a un lado de la puerta a lo que la joven sabia que tenía que pasar, la idea de darse la vuelta y salir de allí corriendo sin mirar atrás era tentadora pero sabia que de nada serviría. Así que con paso decidido entro a aquel despacho.

— Me ha mandado a llamar mi Lord. – dijo con la voz segura de si aunque por dentro se sentía insegura no podía exteriorizarlo ante la presencia de el, haciendo la reverencia ante su persona como siempre lo hacía cada vez que se dirigía a el, tal parecía que la había ignorado y sin ver a ninguna de ellas habló.

— Puedes irte – habló, ambas sabían que aquella respuesta era para la otra mujer a la que solo contestó.

— Si mi Lord. – retrocediendo sin levantar la mirada para cerrar la puerta dejando a los dos solos en aquel despacho.

En la habitación se podía notar una atmósfera realmente incómoda, la joven sabía que tenía que hablar y abogar por el hombre al que no quería perjudicar así que tomando la fuerza necesaria al mismo tiempo que valor para que las palabras salieran de sus labios se atrevió a decir.

— Se que nos vio al señor Mushin y a mi hablar en el jardín le pido que no lo despida por mi imprudencia.

— Realmente eres una vergüenza para esta familia.

La expresión de la joven al escuchar tales palabras de el le herían en lo más profundo de su ser sintió como sus ojos amenazaban con soltar lágrimas, no era la primera vez que el decía aquello incluso le decía peores cosas pero aún así no quitaban el hecho de que le doliera.

Tomando valor se atrevió a decir.

— Lo correrás

— Para que haría algo como eso, no pienso contratar a algún inútil solo por tus faltas y mucho menos enseñarle desde cero solo para que cometa errores, no perderé mi tiempo en ello.

Ante la frialdad de la respuesta de el, la joven solo sonrió por lo menos no lo correrían de alguna manera se sintió aliviada.

— Esa no es la única razón por la que te llame aquí – comenzó a decir sin despegar su mirada de la ventana, la joven solo lo miraba con tristeza mientras que el la volteo a mirar con desprecio en ese momento no pudo resistir aquella mirada a lo que solo la bajo ante la presencia de el. — No te estoy pidiendo tu opinión ni nada por el estilo, te lo ordeno como Lord que te cases con...

Más tarde de ese mismo día

La joven se encontraba ya en su respectiva habitación después de haber hablado como personas "civilizadas" y de la llegada de aquella mujer al despacho en donde se encontraban hablando con el sobre ese "asunto", había salido prácticamente corriendo hacia su habitación y no había querido salir de esta ni tan siquiera probar bocado ya que no quería encontrarse con aquellas mujeres según sus palabras de familia de sociedad aunque lo eran eso no quitaba el hecho en la posición económica en la que se encontraban que si no fuera por EL ya estarían pidiendo limosna en la calle, la sola idea de recordar lo que el le había dicho le provocó náuseas en el estómago, las lágrimas comenzaron a salir de aquella mirada desolada que tenía la joven.

Se encerró en su habitación por tanto tiempo que a los pocos minutos de aquella ya tarde/noche pudo escuchar el motor del carro se asomo desde la ventana de su habitación sin abrirla solo para observar como los cinco se subían a aquella limusina y el mayordomo subía las maletas en la cajuela del carro, podía notar lo felices que se mostraban en aquellos momentos y a los pocos minutos mirar como la limusina se alejaba de la residencia "Se han ido sin mi" pensó la joven aún mirando como se alejaban cada vez más, aunque en esos momentos era lo mejor no podía soportar la idea de ir con ellos y tratar de poner en su rostro una sonrisa falsa e hipócrita solo para no molestar más a su padre o mejor dicho Lord.
Soltó un suspiro y lentamente se retiró de la ventana, iba a comenzar a buscar su ropa para dormir pero los toques que escucho en la puerta de su habitación la hicieron temblar ante la idea de que fuera EL hasta donde recordaba esa persona se encontraba en Europa y regresaba un día antes de aquel compromiso que tenía la familia que hasta esos momentos no la involucraban a ella, con frialdad en su voz pregunto.

— Quien es?
A los pocos segundo una mujer fue quien le contestó

— Soy yo mi Leidy, Atice
La joven al otro lado de la habitación respiro más tranquila y fue hasta la puerta para poderla abrir.

— Que sucede Atice – dijo una vez que la puerta estaba abierta.

Atice era una mujer de unos 47 años, de estatura promedio tez morena y de unos simpáticos ojos grises, cabello quebradizo y muy corto, la que se encarga de que todo este en orden en la cocina y el aseo de la residencia, una mujer encantadora pero de carácter fuerte.

Noto como traía un carrito con comida ligera para merendar no consistía más que una taza de té y una rebanada de tarta lo que de inmediato aserto de que era el postre de esa tarde lo que comieron los demás, no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa ante tal gesto que la señora tuvo con ella.

— En el desayuno y almuerzo apenas si probó bocado y en la tarde no bajo a comer nada así que le he traído esto para que al menos tenga algo en el estómago y para informarle de que el Lord y los demás se han ido y no regresaran hasta dos semanas antes del compromiso de la hija de la señora Zeynep– terminó de decir

— Gracias – comentaba por la merienda – Los vi cuando se subían a la limusina – dijo con indiferencia aunque la mujer no era tonta y sabía que estaba disfrazando aquella indiferencia que en realidad lo que sentía era tristeza aunque no sabía si el motivo era de que todos se hallan ido sin ella o por otra cosa pero para alejar aquella tristeza de ella aprovecharía para entregarle aquel sobre que sabía que la pondrían feliz ya que muy pocas veces podía verla y al no estar el Lord en casa podía ir sin que el se entera se

— Por cierto mi Leidy esto es para usted – decía la mujer entregándole una carta que al principio sorprendió a la joven pero después una sonrisa adornaba sus labios inmediatamente comenzó a leerla, podía hacerlo ya que aquella mujer era de confianza y con la única con la que se llevaba bien en esa residencia de América.

— Esto es de...