El matrimonio

Disclaimer: Todo pertenece a George R. R. Martin.

Esta historia participa en el reto 90 del foro Alas negras, palabras negras.

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No es mi padre, sino mi tío Oberyn, quien me lleva del brazo el día de mi boda. Me gusta que sea él quien me acompañe. Sin duda, la imagen que ofrecemos es mucho más hermosa. No obstante, también me hubiera gustado que mi padre pudiera presenciar este momento. Ver su mirada de contrariedad hubiera sido más que agradable.

Mi padre me presentó muchas propuestas de matrimonio a lo largo de los años, cada una con un tipo más viejo y repulsivo que el anterior. Eddard Stark no fue uno de esos tipos escogidos por mi padre seguramente con el único fin de humillarme. La propuesta vino del rey y mi padre pensaba rechazarla sin consultarme siquiera. Fue casualidad que sarella, intrigando como siempre entre las cosas del maestre, viera la carta y me lo hiciera saber.

La expresión de mi padre cuando se enteró de que había aceptado la propuesta de Robert Baratheon de casarme con su mejor amigo de la infancia es algo que ni siquiera puedo describir.

Eddard Stark había quedado viudo hacía pocos años tras que su esposa hubiera muerto en el parto de un niño al que habían llamado Rickon. No era un hombre joven, pero tampoco era viejo; y puesto que quizá mi derecho a Dorne se viera cuestionado, me vendría bien contar con el Norte.

Al principio mi futuro esposo se había mostrado renuente a casarse de nuevo. No obstante, el rey Robert opinaba que era lo mejor para él y prácticamente se lo ordenó. Así que aquí estamos los dos: él sereno y serio frente al árbol y yo cogida del brazo de mi tío caminando en su dirección.

Estoy a punto de casarme con un completo desconocido que si los rumores son ciertos tiene hielo corriéndole por las venas. Me encuentro en una tierra extraña alejada del hogar que siempre he conocido y en la que las costumbres no pueden ser más diferentes a las mías. Estoy más nerviosa de lo que pensé que estaría, pero sé que nada en mi gesto lo delata; siempre he sabido como disimular.

Al fin mi tío y yo nos colocamos junto al árbol y la boda comienza. Los votos son pronunciados y el matrimonio se hace oficial, aunque no será válido del todo hasta que sea consumado, hasta el momento en que descugriré si los rumores son ciertos y mi nuevo marido es verdaderamente de hielo.