SUMARY: Todos saben que Sasuke y Naruto son rivales, pero también Mikoto y Kushina cuando se trata de la chica perfecta para sus respectivos hijos.
Parejas principales en este capítulo: Fugaku x Mikoto; Minato x Kushina
Parejas secundarias en este capítulo: Sasuke x Sakura; Naruto x Sakura; Sai x Sakura
Aclaraciones: En el fic, Itachi no se convirtió en criminal, y el clan sigue vive y coleando; tanto Minato como Kushina siguen vivos y Minato sigue siendo Kage de Konoha; Obito tampoco murió, pero por equis razón (a vuestra imaginación), Kakashi tiene su ojo.
Aviso: Capítulo con 30 páginas de word.
Género: En este capítulo, Drama & Romance
La idea surgió de: En mi búsqueda de saber si el seiyuu de Mikoto en Shippuden era el mismo que en la primera temporada, descubrí que los seiyuus de Mikoto y Kushina comparten el mismo nombre. Pensando en eso, pensé en versus y después por arte de magia surgió la idea.
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su creador Masashi Kishimoto
ELLA ES MI NUERA
By: Atori
Episodio 7
Sentado sobre la rama de un árbol, Sasuke todavía seguía incrédulo por lo que había descubierto. Sin embargo, otros sentimientos lo asaltaban, confusión y angustia.
Pensar que Naruto había llegado a hacer algo tan rastrero para conseguir a Sakura, le parecía repulsivo y sorprendente. ¿Por qué lo había hecho si después de él mismo, Naruto era el siguiente en tener todas las papeletas para conseguir el corazón de Sakura?
Era lógico pensar que con el tiempo, Sakura se cansaría de cómo la trataba y buscaría a alguien que la diese el cariño y amor. Y ese era Naruto. Durante muchos años, el propio Uchiha había estado esperando que Sakura abriera los ojos y le dejase en paz.
Sin embargo, aquella Haruno estúpida, no había eligido a Naruto, sino a Sai. Su sustituto en todos los sentidos. Eso le había supuesto un insulto y la odió aún más.
Pero, cuando la había visto en brazos de Naruto, en vez de sentirse aliviado de que sentara la cabeza, se había llevado una gran impresión. Aunque se sintiera concienzudo de que algo así acabaría ocurriendo, verlo en la vida real, le había sentado como una patada en el estómago.
Fueron segundos después, cuando descubrió lo que eso significaba. En algún momento de la vida, había llegado a considerar necesaria su molesta presencia diaria, encariñarse y sobre todo, aceptado los sentimientos que ella con tanta tenacidad le profesaba una y otra vez. Pero ya era demasiado tarde. La había perdido y ya no tenía el derecho a meterse. Eso era lo que había pensado, hasta que había descubierto lo que Naruto había hecho con la ayuda de su madre.
¿Cómo había podido hacerlo?
Le irritaba que le hubiera hecho eso.
¿Acaso el Uzumaki junto a su madre querían provocar a Sakura un impacto emocional eterno?
¿Ya había olvidado que con él había sufrido, para añadirle más dosis a su alma atormentada?
-¡Mierda!
Dando un golpe al tronco.
Lo peor de aquel asunto, es que si Sakura estaba así, era porque él había sido el origen de todo. Si hubiera dejado a un lado su orgullo. Si la hubiera correspondido en vez de tratarla mal.
¿Cómo iba a culpar a Naruto, si él había sido la fuente de todo su lamento?
Aún así…
Aún así…
El maldito del usuratonkachi no se merecía a Sakura si empleaba semejantes trucos tan bajos y ruines. Si Sakura acababa aceptando el corazón del Uzumaki, él no iba permitírselo.
¡Maldita sea!
Volviendo a golpear el tronco, donde la marca ya estaba impresa.
Si no hubiese sido tan estúpido y se hubiera dado cuenta antes de sus sentimientos, nada de esto habría ocurrido.
De repente, por aquellas calles de Konoha visualizó a su madre caminando con paso firme, escoltada por su hermano, su primo y Obito. Su presencia fuera del clan, le llamaba muchísimo la atención. Desde que tenía uso de razón, siempre había visto a su madre entre las propiedades Uchihas, como si el salir le supusiera un peligro. Ahora que lo recordaba, cuando era un niño le había preguntado por la razón, donde ella le había respondido que era para evitar que otros la pretendieran.
¿Cómo pudo haberse tragado semejante excusa tan estúpida?
Curioso de que estuviera por las calles de Konoha, en compañía de tres de los más fuertes Uchihas, decidió seguirles.
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Ino parada al lado de Tsunade, solo podía tener la boca abierta, expectante a la historia que la rubia adulta iba a contarle. Uno de los secretos que la gente mayor de Konoha había guardado, pero no olvidado.
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"Para entender mejor los hechos, remontaré hasta la época de guerras entre todas las naciones ninjas, donde yo todavía era una mujer joven.
Por aquel tiempo, Jiraiya, Orochimaru y yo, éramos conocidos como los Sannins, los tres ninjas legendarios que podían con todo. Si había algo peligroso que pudiera afectar a la villa, allí íbamos nosotros a detenerlo.
Tras haber batallado en la frontera de Amegakure, Jiraiya, Orochimaru y yo, regresábamos a Konoha. Todavía recuerdo el torrente de lluvia que caía sobre nuestros cuerpos cansados y heridos. En medio de aquella llovizna que parecía presagiar un terrible suceso, escuchamos el llanto de un bebé."
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Flash Back:
El chaparrón era tan fuerte como aquel sonido agudo que rompería los tímpanos del que estuviera cerca. Por lo que si aquel bebé lloraba como si pidiese ayuda, es que estaba solo con el peligro de sufrir una muerte lenta a tan corta edad. Sin embargo, aquel bebé no estaba solo. No.
Los tres Sannins se miraban mutuamente y luego a lo que habían encontrado en el suelo con gran sorpresa.
Ahí tirada bocabajo, encharcada en su propia sangre y en el barro que se había formado en el suelo con la mezcla de tierra y agua, se encontraba una mujer adulta vestida de negro y cerca de sus brazos, un bulto que no paraba de moverse y la razón de aquel sonido tan estridente. Era un bebé. Una niña para ser más exactos.
Impulsada por su instinto de mujer, Tsunade se agachó para coger a aquella niña de piel blanca y pelo oscuro como el carbón. La niña de no más de tres meses al entrar en contacto con alguien que le impartía seguridad, se calmó y miró a Tsunade con gran atención, para soltar una bella y adorable sonrisa. Llevada por ese acto, Tsunade sonrió con ella y le acarició la pálida y húmeda mejilla de aquella criatura. La niña pasó de sonreír a reírse como si le estuviera haciendo cosquillas y escondió su gentil rostro sobre su pecho y cerró los ojos, como si de repente el sueño hiciera mella en ella.
Sintiéndose tranquila sobre el estado de la niña, Tsunade se centró en la mujer que estaba tirada. Aunque a primera vista parecía que estaba muerta, de igual forma, comprobó su estado.
-Está muerta.
La afirmación frívola de Orochimaru había sido cruel. Daba la impresión que se lo había dicho como si resultase inútil comprobar el estado de aquella mujer, que por alguna extraña razón, se encontraba sola en un bosque aislado de toda civilización con una niña recién nacida.
-Pobre criatura –mencionó Jiraiya, refiriéndose a la niña que había quedado huérfana de madre.
Tsunade se levantó con la pequeña en brazos, quién ya dormida, se sentía despreocupada por la lluvia copiosa que caía sobre su pequeño rostro. La rubia se encargó de taparla con aquella mantita marrón que la cubría cuerpo entero y así evitar que cogiera un resfriado o algo peor.
-Debemos regresar de inmediato –propuso.
-¿Con la niña? –preguntó Orochimaru escéptico- ¿No sería mejor deshacernos de ella?
-¡Orochimaru! –le gritó Jiraiya harto de que a cada huérfano que veían, propusiera algo tan cruel y desalmado- ¡¿Quieres dejar de decir esas tonterías?!
-No es ninguna tontería. Es una niña que no tiene a nadie y que no pertenece a nuestra villa. Desde que tenga uso de razón, vivirá sola y marginada, sin saber qué ha pasado con sus padres. ¿Acaso vivir con ese sentimiento no es eso una crueldad?
Jiraiya apretó los labios, mirándolo desafiante. Aunque tuviera razón, seguía sin justificarse el hecho de que matasen a una niña, solo porque no tuviese familia. Además, ¿y si aquella mujer no fuese su madre? Debido al color verde que tenía aquella mujer, en contraste con el negro de la niña, no le extrañaría que la niña fuese secuestrada. Por lo tanto, puede que sus padres estuviesen vivos y llorando por su pérdida. O si al final resultaba que la niña era hija de aquella mujer, podía ser que el padre estuviese vivo.
-Si es necesario, me encargaré de cuidarla –señaló Tsunade decidida-. Así que como se te ocurra ponerle un dedo encima, Orochimaru, juró que te haré puré –amenazándolo con una mirada tan siniestra, capaz de intimidar al hombre de las serpientes.
Con las cosas bien claras, Tsunade se dispuso a reemprender el camino, pero Jiraiya, tan pervertido como siempre, no podía evitar soltar un comentario adecuado para la situación.
-Entonces, seremos unos papás maravillosos –colocando una mano sobre su trasero, donde los pantalones ninjas de la kunoichi lo resaltaban de tal manera, que era como si Jiraiya la tocase sin ninguna barrera.
¡PUNCH!
Y Jiraiya voló tan alto como los pájaros con la deformidad marcada en el rostro, gracias al puñetazo de la rubia.
Sin duda, no había que enfadar a la única miembro femenina del grupo, pero aún así, tanto Jiraiya como Orochimaru jamás aprenderían la lección.
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El comité de bienvenida que recibieron los tres Sannins en la entrada de Konoha, resultó sorprendente. Allí no solo se encontraba su maestro y Hokage, Hiruzen Sarutobi, sino que además se encontraban, el pesado y demente (como lo apodaba Tsunade) de Danzo. Los dos consejeros Homura y Koharu, y también la anciana Uzumaki Mito. Todos tenían expresiones serias y a Tsunade le daba la impresión de que todos aquellos ojos estaban dirigidos hacia ella. Justo cuando iba a preguntar la razón, su abuela, que ya tenía más de cien años donde la sangre Uzumaki le ofrecía una gran longevidad, se acercó hasta ella.
Su abuela, con su largo y ya canoso cabello, examinó a su nieta con cuidado y luego a la criatura que tenía en sus brazos. A continuación, arrugó la frente.
A la confusión de Tsunade, se le sumaban Jiraiya y Orochimaru. Como era de esperar, el impaciente de Jiraiya rompió aquel tenso silencio.
-Pero bueno, ¿qué pasa? ¿Acaso hemos metido la pata en algo o qué? Porque sino, no entiendo a qué vienen esas caras largas y serias.
-¿Dónde encontrasteis a esta niña? –preguntó Mito Uzumaki, con sus ojos medio cerrados sobre la pequeña.
-Pues… Estaba abandonada en el primer bosque que se divisa al salir de Amegakure. Su madre, seguramente sería, se encontraba muerta a su lado y no había nadie por la zona. ¿Es que pasa algo malo con esta niña?
-Mito-sama –fue Danzo quién habló, donde al nombrarla, pedía que confirmaran aquella sospecha que la mujer Uzumaki había tenido desde el primer momento en que había comenzado a sentir aquel chakra tan inusual como familiar.
Mito miró de nuevo a Tsunade y con el rostro arrugado por la seriedad, dijo.
-No hay ninguna duda. Esta niña es hija de Uchiha Madara.
Las bocas de los tres Sannins se abrieron de par en par y como si estuvieran sincronizados, observaban a aquella niña, que quizás porque se habían detenido o porque sentía a todos observándola, que abrió sus grandes ojos azabaches y comenzó a sonreír con gran naturalidad.
Tsunade se encontraba incrédula.
Aquella niña que tenía en sus brazos y con tanta inocencia encima, ¿era la hija del traidor y enemigo natural de su abuelo Uchiha Madara?
-¡Eso es completamente imposible! –exclamó Jiraiya- ¡Madara murió hace muchos años!
-Jiraiya, no deberías cuestionar las habilidades de Mito-sama –le dijo el Tercero en un suave reproche.
-¡Pero sensei, reconoce que es totalmente imposible! ¡Incluso es descabellado!
-Uchiha Madara era un ninja con un gran talento y un poderoso pero peligroso poder. No es descabellado pensar que por alguna razón, sobreviviese –puntualizó Koharu con aparente naturalidad.
-¡Aún así! ¡Esa niña solo tiene tres meses! ¡Es una recién nacida! ¡Me vais a decir que un vejestorio de casi cien años puede tener hijos! ¡Si esa niña es descendiente de Madara, entonces debe ser su nieta! ¡No su hija!
-Su chakra es demasiado cercano al de Madara –comentó Mito-. Imposible para ser considerada su nieta. Sin embargo, es mejor asegurarse mediante unas pruebas. Tsunade, ¿podrías encargarte?
-Claro… -contestó la rubia aún conmocionada de lo que tenía en sus brazos, la descendiente del enemigo de su abuelo.
-Jiraiya, Orochimaru, vosotros rastread la zona donde encontrasteis a la niña, en búsqueda de alguna prueba o algo, que nos ayude en la investigación –les ordenó Hiruzen.
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"Por supuesto, el sentido de chakra de mi abuela había sido certero. Ante mi sorpresa, descubrí que aquella niña era hija de Madara. La conmoción y el miedo que sentí, lo compartieron todos los que habíamos estado en la entrada de Konoha.
Sin embargo, también estaba el misterio de cómo era posible que sucediese algo así.
Afortunadamente, Jiraiya y Orochimaru volvieron con lo que parecía ser la respuesta a esa pregunta.
Cerca de donde habíamos encontrado a aquella mujer, había una cueva profunda y que había sido habitada por aquella mujer y por Madara. Todo eso lo supimos gracias a un diario que se encontraba entre las pertenencias existidas dentro de la cueva.
En aquel diario estaba escrito todo lo que necesitábamos saber.
La mujer muerta en realidad pertenecía a Konoha. Hace muchos, muchísimos años, aquella mujer perseguida por algún ninja desconocido, había acabado perdida en el bosque. La casualidad y el frío hizo que hallase aquella cueva, y en su interior, a un anciano pero vivo Uchiha Madara (Tsunade inspiró fuertemente y prosiguió con su relato). Al parecer, mi abuelo jamás le había dado muerte. Debido a la imposibilidad y a la amistad incondicional, acabó por perdonarle la vida.
En el diario, aquella mujer (donde en ningún momento había puesto su nombre) había escrito cómo se lo había encontrado medio herido e incapacitado para muchas cosas. Ella, que en realidad era una ninja médico, movida por su profesión y compasión, no tardó en prestarle su ayuda. Sin embargo, algunas heridas infringidas a causa de la batalla contra mi abuelo, eran totalmente incurables.
Todavía recuerdo, que tras la batalla contra Madara, mi abuelo también había quedado bastante tocado. Fue por eso, que tuvo que ceder su puesto a su hermano, mi tío-abuelo Tobirama. Pero eso es otro tema que no tiene nada que ver con esta historia.
Con el paso del tiempo, aquella mujer acabó enamorándose de Madara, y por él, hacía todo lo que él le pedía.
Se ve que en los primeros años, Madara la trataba con desprecio y desdén. Luego, aunque la mujer relataba los hechos en su diario como si tratase de un avance en su relación, cualquiera que lo leyera se daría cuenta de que Madara se estaba aprovechando de su bondad para conseguir algún propósito desconocido. Pues una de las peticiones del Uchiha era que le buscase un remedio para que pudiera volver a ser el guerrero de antaño, para así vivir juntos como cualquier otra pareja. Debo confesar que a través de aquellas letras, sentí cierta compasión hacia esa mujer ignorante. Pero así es de ciego el amor.
Y ella intentó con todos sus esfuerzos conseguir una cura para Madara, pero se necesitaría una medicina muy avanzada para poder conseguirlo. Por lo que le propuso, alargar su vida. El cómo lo hizo no es algo que lo explique detalladamente, pero de alguna forma, usó las células de un Uzumaki. Antes de implantárselas a Madara, se lo hizo a ella misma, para garantizar el éxito. Años después, viendo que no envejecía, incluso que había rejuvenecido unos cuantos años, acabó por implantárselas a Madara. De esta forma, al igual que mi abuela, Uchiha Madara gozó de una vida larga y conservando su juventud hasta llegada cierta edad. Sin embargo, quizás porque cuando aquella mujer se encontró a Madara, era muy joven, cuando nosotros nos la encontramos aparentaba tener treinta años como mucho.
Los años fueron pasando y ella seguía esforzándose en curar por completo a Madara, ya que aunque tuviese células Uzumaki, todavía seguía estando incapacitado para pelear.
Fue entonces, cuando otro ninja cayó de casualidad en aquella cueva descubriéndolos. Lejos de atemorizarse o de correr e informar sobre lo que había visto, aquel joven, le pidió quedarse con ellos.
Según la mujer, aquel hombre también era un ninja médico, con más experiencia que ella, por lo que atrajo la mayor atención de Madara para que lo curara. Sobre todo, cuando aquel joven pidió ser su discípulo para vengarse juntos de la Hoja.
La confianza que existía entre ambos, inquietaba a la mujer, sobre todo porque veía algo en aquel joven que la aterrorizaba.
Los años pasaron y aquel joven tampoco pudo encontrarle el remedio a lo que Madara tenía. Lo mismo ocurría con la mujer, que seguía con sus propias investigaciones.
Parece ser que Madara acabó abriendo los ojos, rindiéndose al hecho de que jamás volvería a ser el que era. Además, tanto mi abuelo como mi tío-abuelo habían muerto y no tenía nada por lo que luchar o vengarse.
En una ocasión, le dijo a la mujer que tenía la sensación de que no duraría mucho más y quería agradecerle de alguna manera todo lo que había hecho por él.
Para alegría de Jiraiya, aquella mujer no solo contó lo que Madara y ella habían hecho, sino que lo había relatado con tanto detalle, que pasamos de un diario a un libro erótico (bufando con rabia al recordarlo). Lo más sorprendente de la historia es que gracias a esa escena, descubrimos que de alguna manera, Madara había llegado a amar aquella mujer.
Las noches prohibidas entre Madara y aquella mujer fueron varias, que ella quedó embarazada.
Durante el embarazo, Madara se volcó enteramente en ella, y en continuar con su vida con el único deseo de conocer a su hijo. Eso dejaba al joven ninja observando con un odio inmenso a la mujer, mientras que frente a Madara sonreía como si no pasara nada. Pero aquella mujer veía que una vez muerto Madara, aquel joven se encargaría de deshacerse de ella.
Todos esos temores se los consultaba a Madara, pero él creía que eran los miedos típicos de una embarazada.
Los nueve meses pasaron y así nació la hija de Uchiha Madara, que le puso el nombre de Mikoto."
Tsunade miró a Ino, donde cómo era de imaginarse, tenía la boca abierta de la sorpresa. Aunque, era lógico pensar que tras el comienzo del relato, uno se imaginara que la niña abandonada era la madre de Itachi y Sasuke, escuchar la confirmación sorprendía a cualquiera, incluso a la propia Tsunade mientras había leído el diario.
La rubia más mayor, continuó con el relato, donde todavía quedaba mucha historia por delante.
"Las palabras textuales que aparecían en cada entrada del diario posterior al nacimiento de Mikoto eran 'El enorme orgullo que Madara sentía hacia su hija'. Como cualquier padre ante su primogénita, Madara se sentía feliz cuando tenía a su hija en brazos. Algo que a cualquiera de nosotros nos resultaría algo imposible, pero aquella mujer lo afirmaba día tras días.
Aunque Madara notaba que no le quedaba mucho tiempo de vida, se esforzaba en seguir viviendo por la mujer que apreciaba y por su hija consentida.
El joven ninja seguía inquietando a la mujer, y por el bien de su hija, volvió a contárselo a Madara. Pero Madara seguía sin creérselo.
Tres meses después, Madara le propuso a la mujer que se llevara a la niña y que se la diera a alguien de confianza en Konoha para que la cuidaran. Pues aunque se sentía encantado con su hija, no quería que creciera en una cueva aislada de toda civilización y amargada. Por la felicidad de Mikoto, Madara le había pedido que la llevara a Konoha para que alguno de nosotros la criara como se merecía. Desde mi punto de vista, eso es una prueba irrefutable de que Madara en el fondo, no era tan malo como se decía, y que mi abuelo tenía parte de razón (suspirando).
La sugerencia de Madara es lo último que aquella mujer escribió, por lo que todos deducimos que aquella mujer murió a manos de aquel joven ninja que la aterrorizaba. En cuanto a Madara, Orochimaru y Jiraiya encontraron una sepultura cerca de la cueva. Se barajó que quizás, Madara sabiendo su final, le había pedido a la mujer que se fuera para que no fuera testigo de su trágico final. Aunque otra posibilidad era que el joven ninja, aprovechándose de su debilidad lo hubiese matado. Sin embargo, eso no explicaría por qué le había dado sepultura.
Por supuesto, después de saber que podía existir un discípulo de Madara con sus mismos ideales, nos pusimos en movimiento para localizarlo y deshacernos de él, antes de que cumpliera su objetivo de venganza.
Y lo encontramos. Él mismo se aseguró de decirnos que destruiría la Hoja por Madara y por haberle destruido la poca familia que le quedaba. Estaba tan loco, que no me extrañaba que la mujer se sintiera aterrorizada. Debo confesar que su locura me provocaba, incluso a mí, miedo y terror. Entre todos, logramos reducirlo, hasta que al final, él, en su locura, se suicidó clavándose el kunai en el corazón (cerrando los ojos con gran pesar).
Al día siguiente, se convocó una reunión sobre qué hacer con la niña. Aunque me había propuesto a criarla, saber que era la hija del enemigo mortal de mi abuelo, me frenaba y me sentía incapaz de darle la felicidad deseada, sin mirarla de otra manera. Creo que todo el mundo pensaba lo mismo, por lo que era lógico que los Uchihas se hicieran cargo de ella, pero…"
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Flash Back:
-Ahora que sabemos que la niña es una Uchiha, deberíamos hablar con Ryuhen-sama para que la cuide –fue la propuesta de Hiruzen.
-Supongo que estarás bromeando –interrumpió Danzo-. Darles a los Uchihas un arma tan letal como esa niña, es provocar mañana mismo una guerra civil.
-Danzo, esa niña es un ser humano, no un arma –corrigió Hiruzen molesto.
-Pero tiene razón –apoyaba Koharu-. En esa niña se encuentra la voluntad de Madara. Simboliza un peligro para nuestra villa y para el resto de villas shinobis.
-No, si se educa en el ambiente adecuado –protestó Tsunade.
-¿Acaso vas a hacerte cargo de ella? –cuestionó la anciana con frialdad.
-No, pero…
-Es una niña –fue la respuesta de Jiraiya-. Todo el mundo sabe que las mujeres Uchihas no desarrollan el sharingan y tienen menos chakra, debido a su constitución débil.
Sino fuera por la interrupción de Orochimaru, Jiraiya se habría ganado un guantazo por parte de Tsunade que Koharu y Mito habrían agradecido, por su comentario tan machista.
-¿Y qué me dices de su descendencia, Jiraiya? Lo que ella no lo herede, puede que lo hagan sus hijos. Además, tampoco podemos descartar la posibilidad de que debido a que es la hija de Madara, sea distinta al resto de mujeres Uchihas.
-Precisamente por eso deberíamos deshacernos de la hija de Madara –apoyaba Homura.
-¡Ya es suficiente! ¿Queréis dejar de referiros a ella como la hija de Madara? Se llama Mikoto, Uchiha Mikoto –respondió el Tercero harto de que la trataran como una niña sin identidad propia.
-Eso es una prueba indiscutible de que esa niña se verá reconocida como la hija de Madara, en vez de ser considerada como una niña normal y corriente –aseguró Danzo con una sonrisa maliciosa-. De todas formas, creo que aquí el debate principal es quedarnos con la niña y que se encarguen los Uchihas o deshacernos de ella sin que ellos se enteren. ¿Por qué no lo sometemos a voto? Estamos los representantes principales de Konoha para decidirlo –seguro de su victoria, a pesar de que podría haber empate de votos, debido a que eran número par. Pero estaba claro que la mitad de los allí presentes, estaban a favor de que aquella niña tenía que morir por ser la hija de Uchiha Madara.
-Estoy de acuerdo. Es algo diplomático –concordó Koharu.
-De acuerdo –apoyó Hiruzen con un suspiro, viendo que no habría otra salida para salvar a la niña-. Estoy en contra de que Mikoto muera.
-A favor –siguió Danzo de inmediato, neutralizando la consideración de Hiruzen.
-A favor –contestaron Koharu y Homura.
-Apoyo lo que dice mi sensei. ¡En contra! –rugió Tsunade de ser capaces de semejante atrocidad.
Jiraiya era el siguiente en votar. Sin embargo, se encontraba algo indeciso, porque por una parte, Danzo y los suyos llevaban razón. La niña era hija de Madara, y suponía un grave peligro para el futuro. Una mirada amenazadora de Tsunade, le dejó las ideas claras.
-En contra, por supuesto que estoy en contra de matar a una niñita pequeña e indefensa –sonriendo nervioso.
Sonriendo para sus adentros, Tsunade se centró en Orochimaru para infundirle el mismo temor y que votara en contra.
-A favor –pero parecía no temer la ira que le caería una vez terminada la reunión.
Cuatro votos contra tres, es lo que contaban Hiruzen y Tsunade. El voto de Uzumaki Mito decidiría si la niña debería morir o por el contrario, igualar la situación y buscar otro representante que decida, como por ejemplo el actual líder Uchiha, Uchiha Ryuhen.
-Tras la batalla –comenzó Mito con todos los ojos puestos en ella- contra Madara, mi marido quedó gravemente herido y desgraciadamente, no pudo continuar con su labor ninja y realizar los sueños que tenía para mejorar este mundo infestado de guerras que solo ocasionan muertes en ambos lados y muertes de niños inocentes. Me guiaría por el rencor de ver cómo por culpa de Madara, Hashirama no pudo cumplir con lo que deseaba, y diría a favor de destruir a esa niña. Pero es precisamente este rencor lo que llama a las guerras. Hashirama nunca lo ha sentido. Siempre ha velado por nosotros e intentando ayudar a aquel enemigo que todos siempre hemos visto como una persona cruel y sanguinaria –se detuvo unos momentos para tomar aire y continuó-. Hashirama no lo veía así, él veía al auténtico Madara. Aquel que conoció cuando era niño y que por eso perdonó muchas veces, como en su última batalla. A través de este diario –apoyando una mano sobre el libro verde que tenía delante-, esta mujer, que fue de los nuestros y que sabe lo que era Uchiha Madara, hemos podido apreciar que ese Madara en el que Hashirama confió, volvió a existir gracias al amor y la entrega que esta mujer le brindó. Así que, por Hashirama, que de haber estado aquí, habría estado en contra de esta atrocidad, por mi nieta aquí presente, por el Tercero que sigue la voluntad de sus mentores, y por esta mujer que confió en él de principio a fin, yo voto en contra de matar a Uchiha Mikoto, hija de Uchiha Madara.
Danzo arrugó la frente y soltó un pequeño bufido, fastidiado de que la Uzumaki estuviera de acuerdo en que la niña siguiera viva. La posibilidad con experimentar con ella y sacar el chakra que tenía en su interior, se había esfumado.
-En vista de que se ha desarrollado un empate –comenzó Orochimaru-, está claro que como representante al desempate tendrá que ser Uchiha Ryuhen?
-¡Estás loco! Eso sería una clara intención de que estamos actuando a sus espaldas –protestó Homura.
-Para los Uchihas Madara es el símbolo de la traición y del desprestigio. Ha decepcionado a los suyos y los ha deshonrado –siguió el hombre de la serpiente-. Puede que en venganza o por temor del poder de esa niña, no quieran hacerse cargo y acepten la idea de deshacerse de ella. O puede que la acepten y la críen con el objetivo de causar una rebelión.
-Tus opiniones causan de una u otra manera un futuro negativo y grave para los Uchihas y Konoha –comentó Hiruzen con seriedad.
-Sin embargo, lleva razón –apoyó Mito-. La presencia de esta niña puede ser perjudicial o beneficiosa para su clan. Nosotros somos los máximos representantes y es justo que el líder sea el que tome la última palabra respeto a Mikoto, aunque nos duela –terminando con el rostro serio.
-De acuerdo –apoyó Hiruzen, donde aquel debate no le estaba gustando demasiado. La idea de que el líder Uchiha estuviera a favor de matar a la niña, no le agradaba. Era una niña inocente, después de todo. Y moriría solo por el hecho de ser hija de Madara. Era injusto-. Sin embargo, si el líder Uchiha acepta hacerse cargo de ella, se decretará que esa niña asistirá a la academia ninja y participará en los eventos de la villa, sin ser excluida en ningún momento y poder observar que no se la está tratando como objeto de poder para una guerra civil –estaba convencido de que si Ryuhen aceptaba cuidarla, Danzo o los dos consejeros, le saltarían a la yugular con la excusa de que los Uchihas la utilizarán para sus propios fines. Así, con aquel decreto no habría problemas y Mikoto sería la primera Uchiha en asistir con los demás a la academia y demás eventos, como el resto de los hijos de sus respectivos clanes. Siempre y cuando Ryuhen no dijera a favor de deshacerse de ella.
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La decepción y la tristeza estaban impresas en los rostros de tres personas al escuchar la decisión de Uchiha Ryuhen.
A favor de matarla.
Esas habían sido sus palabras textuales. Incluso había dado su razonamiento. El temor de que dentro de aquella niña estuviese contenido todo el odio y la ira, imposibles de atar y que se vengara de ellos, por haber abandonado a su padre a su suerte.
-No hay nada más que decir –sentenció Danzo con la sonrisa pintada en la mitad de su rostro-. Puedo ocuparme yo de la ejecución, si te resulta imposible, Hiruzen –sacándole un rostro molesto.
Todos se levantaron de sus puestos y se retiraron de aquella sala.
El malestar del Tercero, no se comparaba a la ira creciente de Tsunade. Mito por su parte, se encontraba cabizbaja, triste y culpable por no poder salvar a esa chiquilla. Si la vejez no empezara a hacer mella en ella, se habría propuesto voluntaria para cuidarla. Es lo que Hashirama hubiera hecho. Pero las manos ya habían comenzado a temblarle y las canas rivalizaban contra sus pocas hebras pelirrojas.
-Sensei, no podemos dejar que esto ocurra –protestaba Tsunade desesperada en buscar alguna alternativa.
-Si el líder no la quiere, no hay nada que se pueda hacer.
-¿Por qué no se ofreció usted a cuidarla? –seguía protestando la rubia.
-Quizás por lo misma razón que tú, Tsunade –respondió Mito-. Tú tampoco te ofreciste, cuando inicialmente, le habías dicho a Jiraiya y a Orochimaru que te harías cargo.
Tsunade se quedó con la palabra en la boca porque tenía razón. Sin poder replicar, sin poder dar excusa, sin poder hacer nada, Tsunade bajó la cabeza triste.
En su camino hacia la sala donde estaba la niña se encontraron con una sorpresa.
Allí ya estaban el líder Uchiha con Danzo y los demás, pero también había un niño de unos cinco años en una escena tan impactante para unos como para otros.
Sentado en el suelo, estaba el primogénito de Ryuhen, Uchiha Fugaku con aquella niña en su regazo. Fugaku mostraba un rostro sereno y casi alegre (debido a su tosco carácter Uchiha) mientras miraba a la pequeña de tres meses que estiraba sus brazos hacia él con dulces risas cantarinas.
El niño como si estuviera hipnotizado por la criatura que tenía en brazos, se percató de la presencia de los adultos y con un entusiasmo irreconocible, se dirigió a su padre.
-Papá, esta niña es una Uchiha, ¿verdad? ¿De quién es? ¿Y por qué está en la torre del Hokage?
-Eso no tiene nada que ver contigo, niño –fue la respuesta inmediata y fría de Danzo.
El niño se sintió extrañado por esa respuesta, y más cuando su padre le dijo lo siguiente.
-Fugaku, deja a esa niña donde estaba. Regresamos a casa.
-¿Y ella? –con creciente interés sobre el bebé y sin soltarla todavía. Y aunque quisiera no podía, ya que Mikoto había logrado su objetivo y le había cogido las manos tirando de ellas hacia su cara para que la acariciara. Aquel gesto hizo que Fugaku volviera a tomarle atención- ¿Cómo se llama?
-Mikoto –respondió Mito, ante el tenso silencio que se había creado ante la pregunta del niño- Uchiha Mikoto.
-Mikoto –repitió Fugaku, acariciando por voluntad propia la mejilla de la niña que cerraba los ojos encantada-. Es un nombre muy bonito.
-Fugaku, ya es suficiente. Nos vamos a casa –le preocupaba que su hijo se encariñara con ese bebé que no conocería el mañana.
Pero el niño parecía reacio a abandonarla, ya que no se movió del sitio.
-¿Y por qué no nos la llevamos? Así evitamos que sus padres pierdan el tiempo para venir a buscarla cuando ya estamos nosotros aquí.
Sin duda Fugaku estaba buscando maneras para pasar más tiempo con la recién nacida, y sobre todo descubrir a qué familia pertenecía para así volver a visitarla.
-No tiene padres, Fugaku-kun –comenzó Mito avanzando sobre Hiruzen y Tsunade. En el rostro del niño se dibujó la tristeza y la compasión que las dirigió hacia Mikoto que seguía sonriendo alegremente. Con una alocada pero buena idea, Mito se encaminó hacia el niño y apoyando con dificultades una rodilla en el suelo para estar a su altura, dijo- Pero si quieres, puede irse a tu casita, contigo.
-¡Mito-sama! –gritó Danzo mostrando claramente su desacuerdo.
-¡¿Sí?! –y el ánimo volvió a aquel niño de cabello largo que en un futuro heredaría su primogénito- ¡¿En serio?! ¡¿Podemos?!
-Claro que sí –asomando una cálida sonrisa-. Pero tienes que prometerme una cosa, que de ahora en adelante, tú serás su protector y su guardaespaldas –acariciando la pequeña melena pelinegra de Mikoto-. Te encargarás de cuidarla y de que viva feliz. ¿Me lo prometes?
-¡Sí! –asintió el niño con ganas.
Con nuevas dificultades, Mito se levantó y dirigiéndose a los opositores.
-No hay nada más que decir ante la promesa a un niño –mirando descaradamente a Danzo y luego a Ryuhen.
El líder miró a la Uzumaki, luego a su hijo, donde debería separarlo a la fuerza de esa criatura tan peligrosa. Por mucha promesa que hiciese la mujer del Shodaime, él seguía siendo el cabeza de familia, de su clan, por lo tanto, el mandamás sobre su hijo. Sin perder más tiempo, se dispuso a separar a ambos niños pero se detuvo paralizado ante lo siguiente que vio.
Fugaku como si adivinara el peligro que recorría a la pequeña, la apretó contra su cuerpo, haciendo gala de la promesa hecha a Mito y mirando desafiante a su padre con los ojos del sharingan activados por primera vez y le amenazó con frialdad.
-Si la tocas, te odiaré y te mataré.
Aunque sus palabras deberían ser consideradas como un delito, el hecho de que el niño la protegiera debido a la promesa hecha a alguien de vital importancia en Konoha, pesaba tanto que nadie podría decir nada, ni siquiera Danzo.
Ryuhen miró a su hijo con los mismos ojos del sharingan, pero con la experiencia adquirida, donde la única aspa del más pequeño no rivalizaba con las tres que tenía el líder. En su mirada rojiza existía el odio y el asco que sentía hacia esa niña.
Poco después, en vista de que nadie decía nada que le apoyase en su intención de deshacerse de la niña, desactivó el sharingan y se dio la media vuelta abandonando el lugar con brusquedad. Fugaku relajó los músculos y sus ojos volvieron a ser los negros de siempre para ver a Mikoto, que ajena al ambiente, seguía sonriendo dulcemente. Eso tranquilizó de nuevo al futuro líder del clan Uchiha.
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"Los años fueron pasando y a todo el mundo se le ocultó el hecho de que Mikoto era hija de Uchiha Madara. Exceptuando al clan Uchiha, que lo habían sabido por boca de Ryuhen, y por supuesto a los grandes líderes de Konoha. Por eso te lo cuento a ti, como futura líder de tu clan, tienes derecho a saber lo que se esconde y que por derecho tienes a saber. Ya no eres una niña, Ino.
Por supuesto que Mikoto tuvo una infancia bastante complicada pero que ante los miembros de Konoha trataba de ocultar.
Que su propio clan la marginase y se dirigieran a ella como la hija de Madara, no es algo que una niña pudiera sobrellevar, especialmente cuando en su casa de acogida, solo estaba el líder (su esposa había muerto hacía mucho tiempo), Fugaku y sus dos hermanos menores, que Ryuhen los había amenazado para que no tuvieran ninguna relación con ella.
Dentro de las propiedades Uchihas, Mikoto solo podía contar con su siempre protector Fugaku, que es normal que al final acabaran casando. Aunque claro, antes de eso, pasó lo que nos preocupa. Y fue con la llegada de Uzumaki Kushina a Konoha como futura jinchuriki del Kyuubi y también como una de las pocas supervivientes a la misteriosa destrucción de Uzushiogakure."
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Flash back:
-Por favor, atención, atención –pedía la profesora encargada de enseñar a la siguiente generación de ninjas-. A partir de hoy tendremos una compañera más. Pasa, pequeña.
Indecisa, temerosa y vacilante, una niña de doce años de largo cabello pelirrojo y ojos violeta-grisáceos entraba por la puerta hasta situarse al lado de la profesora, quién la presentaba ante los demás como Uzumaki Kushina. Mientras su maestra les recordaba que debían tratarla bien, Kushina miraba preocupada a todos esos niños que no paraban de mirarla como si fuera un bicho raro.
En su interior ya se sentía como bicho raro. Pues, ¿no había sido por eso que la habían traído a Konoha? ¿Para que le insertaran un terrible y poderoso monstruo porque la Uzumaki que lo tenía en su interior, estaba muy vieja y debilitada para seguir conteniéndolo?
Sus miedos e inquietudes murieron cuando escuchó a casi todos los niños reírse.
-¿Habéis visto? Con esa cara tan redonda y ese pelo rojo parece un tomate.
-¡Tomate! ¡Tomate! –repitieron muchos entre burlas.
-¡Basta! ¡Callaos de una vez! –pidió la profesora sin conseguir que le hicieran mucho caso.
El cuerpo de la niña comenzó a temblar, y sin poder aguantarlo.
-¡No os metáis conmigo! ¡En un futuro seré Hokage y os mandaré al infierno!
Y si su aspecto ya era objeto de burla, que dijera algo disparatado como defensa, supuso más risas que volvieron a hacer que Kushina temblara y la ira creciendo de forma que su larga cabellera pelirroja comenzara a elevarse como si de varias colas de animal se tratara.
Desde su sitio saltó en dirección hacia el primer niño que la había insultado, pero una presencia interceptó el golpe. La ira almacenada de Kushina se apagó y vio como una niña de más o menos de su estatura, piel clara, ojos negros y pelo negro, casi azulado, que hacía juego con sus vestimentas donde se combinaba lo oriental con lo occidental, la miraba con expresión neutral.
Kushina la observó durante unos momentos buscando algo que pudiera leer en aquella niña, pero no encontró nada, hasta que segundos después le soltó suavemente la muñeca que había sostenido para impedir que machacara al niño que comenzó la burla. Von educación y dulzura se dirigió a la pelirroja.
-Discúlpalo. A veces Kato-san es muy maleducado y no piensa en lo que dice, pero en el fondo es una gran persona. Por cierto, bienvenida, Uzumaki-san. Mi nombre es Uchiha Mikoto –extendiendo la mano.
Aún sorprendida por ese cambio de actitud, Kushina respondió al gesto. Observando al niño que Mikoto había salvado, pudo ver como este le prometía que jamás volvería a molestarla, como si Mikoto fuese alguien importante en aquella clase. El niño llamado Kato se presentó a Kushina pidiéndole disculpas y después lo hizo toda la clase.
Kushina seguía sin comprender nada. Solo sabía con certeza una cosa y es que aquella niña llamada Mikoto era la manipuladora de aquella clase y una kunoichi mucho mejor que ella.
No tardó ni dos días en descubrir que Uchiha Mikoto era eso y más cosas.
No solo pertenecía a uno de los clanes más prestigiados de Konoha, sino que además, era miembro de la familia del líder como adoptada, porque su familia había muerto en una misión cuando ella era pequeña (la excusa soltada a la gente de Konoha). Sin embargo, se decía que Mikoto vivía en un ambiente tan solitario donde la única persona con la que podía confiar era con el hijo mayor del líder.
Por otro lado, Mikoto era muy popular no solo en la academia sino en toda la aldea e incluso en las vecinas. Su atractivo y dulzura encandilaba a todos los niños y algunos hombres de la villa sin excepción. Aunque eso tendría que suponer envidia por parte de sus compañeras, lo que causaba era el efecto contrario. Admiración y deseo de ser como ella.
Luego estaba el detalle de la perfección. Era inteligente, sacaba las mejores notas en clase, conseguía a la primera todas las técnicas que se aprendían. Incluso durante las clases especiales para kunoichis, ella destacaba en todos los artes, desde la caligrafía japonesa hasta el ikebana, siendo la niña favorita de sus profesores.
Quizás porque Kushina no era una lameculos como sus compañeras o porque desde que sintió ese poder superior al suyo que la había interceptado, que la pelirroja no podía evitar verla con los ojos de la envidia.
Mikoto encantaba a todo el mundo porque siempre les andaba ofreciendo amabilidad y una bonita sonrisa, tenía que reconocer. Pero ella había visto, que detrás de aquella fachada, había una máscara que al parecer todo el mundo desconocía.
Aunque a Kushina le hubiese gustado consultárselo con alguien, no daba encontrado a nadie que pudiera darle la razón. Todos veían a Mikoto como una kunoichi excepcional como la famosa Tsunade, que si se decía algo malo de ella, todos saltaban en su defensa como abejas ante su reina.
A cada día que pasaba, Kushina sentía que iba a explotar. Y escuchar tanta adoración y verla tan perfecta en todo lo que hacía, alimentaba esa rivalidad porque ella era todo lo contrario.
Entonces, sucedió el momento que dio inicio a su pugna.
La clase era en el exterior donde tocaba entrenamiento tradicional shinobi, finalizándolo con el símbolo de la unión.
Kushina rogaba que no le tocara con Mikoto. Pues ya era oficial de que sentía unos celos increíbles y la odiaba hasta morir. Sabía que tras esa máscara de perfección y tranquilidad había algo. De momento no sabía el qué, pero a pesar de todo, no se podía negar que Uchiha Mikoto era más falsa que un villano en potencia.
-Muy bien, siguientes, Uchiha Mikoto.
El solo mencionar su nombre causó ovación en todos los estudiantes menos en Kushina que se encontraba de brazos cruzados, molesta de que todo el mundo estuviese tan ciego.
-Y Uzumaki Kushina –la pelirroja agrandó los ojos, maldiciendo la mala suerte que tenía-. ¡Ah! No, perdona, estaba leyendo el siguiente grupo –y Kushina suspiró aliviada de que no le tocara con ella-. Namikaze Minato, tú harás el símbolo de la unión con Mikoto.
La Uzumaki volvió a abrir sus ojos de aquel tono gris violeta. Que Mikoto realizara aquel ejercicio con Minato no le gustaba nada de nada.
Desde que había llegado a Konoha, solo había interactuado con dos personas, teniendo distintas opiniones al respeto. La primera, por supuesto había sido con Mikoto, teniendo un odio creciente hacia ella. Y la segunda persona con la que había tenido conexión había sido precisamente con aquel rubio de ojos azules, muy popular entre las chicas no solo por su atractivo, sino también por su amabilidad, carisma y la promesa de ser un ninja con gran talento.
Durante el descanso del primer día que había asistido a la academia, Minato se le había acercado hasta ella, y con una bella sonrisa pintada en la cara, le había hecho feliz de que otra persona también tuviera el deseo de ser Hokage.
Si el resto de la clase no intercambiaba más de dos palabras con Kushina, Minato era todo lo contrario. Cuando estaba sola, ahí estaba él para hablarle de sus sueños y de un futuro donde no existiría la guerra.
Que confiara en ella, que estuviera siempre pendiente de su soledad para animarla, aquella amabilidad y su personalidad positiva, hizo que Kushina terminara enamorándose de él. Cuando estaba a su lado, podía olvidar que en su interior residía un terrible monstruo, capaz de destruir villas y ciudades en menos de un minuto.
Sin embargo, Minato estaba enamorado de Mikoto. Como enamorada, podía apreciar que el rubio no la miraba de la misma manera como lo hacía con Mikoto.
Si Mikoto sentía algo por Minato, era algo que desconocía. Pero estaba segura de que si Minato la cortejaba, caería irremediablemente. Y el símbolo de la unión era un paso para que se acercaran más.
Comiéndose las uñas, Kushina observaba cómo los futuros gennins se enfrentaban en un duelo, dentro de aquel pequeño círculo, haciendo gala de sus extraordinarios poderes.
Son la pareja perfecta, decía una niña rubia de ojos azules a su lado.
Seguro que Mikoto estará enamorada de Minato, escuchó decir a la hija del líder Inuzuka.
Solo hay que ver cómo lo trata, añadía una niña perteneciente al clan Yamanaka.
Kushina volvió a verlos y el temor de que Minato fuese correspondido, la alteró por completo.
-¡Basta! –gritó con fuerza.
Ante el grito, tanto Minato como Mikoto se detuvieron, observando con extrañeza a la pelirroja.
-¿Ocurre algo, Kushina? –preguntó la maestra sintiéndose igual que sus alumnos.
La niña se sintió avergonzada al sentir todos aquellos pares de ojos puestos sobre su persona, como si estuviese loca o le hubiera dado algo.
-Yo… -comenzó en búsqueda de una excusa, pero no se le ocurría nada-. Lo siento.
Detrás de ella escuchó risas burlonas y palabras hirientes, donde le daba ganas de hacérselas tragar de un puñetazo.
-Está bien, no importa –declaró la maestra-. Bueno chicos –dirigiéndose a Minato y a Mikoto-, aunque vuestro combate ha sido interrumpido, dejadme decir que habéis hecho un buen trabajo y ya es suficiente. Ahora, proceded con el símbolo de la unión.
Minato miró con una sonrisa a Mikoto, quién se la devolvió, al igual que el gesto de los dedos para enlazarlos.
Justo antes de que pudieran completar el ritual, Mikoto sufrió un empujón que la hizo caer de culo al suelo.
-¡Kushina! –la amonestó la maestra.
-¡Eres una hipócrita si haces el símbolo de la unión con alguien como Minato! –espetó sin poder aguantar más lo que sentía. Jamás permitiría que hiciese el símbolo de la unión con alguien tan benévolo como lo era Minato-. ¡Vas de buena con todo el mundo, pero en realidad no te importa nadie! Eres tan despreciable que por eso, ¡Te odio! ¡Basura! ¡Eres basura! ¡Hipócrita! ¡TE ODIO!
-¡Kushina! –volvió a reprenderla la maestra sin éxito, y que el resto de alumnos se sumaran a la marabunta en defensa de Mikoto, no ayudaba a tranquilizar aquel altercado.
-¡¿Cómo te atreves a decirle eso a Mikoto?! –soltó uno de los niños.
-¡Tú eres la basura, estúpida tomate!
-¡Basura! ¡Basura! ¡Basura roja y asquerosa!
De lo tan cabreada que estaba, Kushina ya estaba preparada para darles su merecido, pero antes de ello, sintió una presencia aterradora y que venía de Mikoto. A su espalda y de reojo, pudo advertir que solo Minato y la maestra percibían también aquel aura tan tétrico y que los había dejado boquiabiertos.
-Dices que me odias –siseaba la Uchiha-. Tú una recién llegada e ignorante.
-¡Podré ser ignorante, pero al menos soy sincera y me muestro tal como soy! ¡No soy una hipócrita como tú!
-Tienes razón –siguiendo con su siseo, sin escuchar las palabras de defensa provenientes de sus compañeros de clase-. No soy como tú. ¡Tú puede que tengas el Kyuubi, pero vives sobreprotegida por los grandes cargos! ¡Tú vives y vivirás feliz! –y con toda la ira que había acumulado a cada frase, Mikoto se abalanzó hacia Kushina, quién ya tenía un kunai preparado para defenderse.
-¡Basta ya! ¡Deteneos! –pedía la profesora con desesperación, intentando llegar a ellas, pero la concentración de sus alumnos delante con la boca abierta ante el poder que ambas mostraban, le impedía cumplir su objetivo. Aunque claro, la propia chuunin tenía miedo del poder guardado de esas dos niñas. Sabía que Kushina tenía al Kyuubi y era una Uzumaki, pero desconocía que Mikoto fuese tan hábil y diestra con las armas, donde realizaba el katon como si fuera un juego de niños.
En vista de cómo se habían complicado las cosas, Minato también pretendía interponerse para detenerlas. Pero las dos eran muy buenas adversarias y estaban decididas a matarse. Aunque en fuerza Minato fuese el primero de su clase, le seguían Mikoto y después Kushina. Pero ahora mismo, se encontraba dudando de su primer puesto.
Un kunai cargado de un pequeño explosivo aterrizó en el medio del espacio que ambas habían dejado para volver a abalanzarse sobre la otra con más potencia. Aquel kunai las frenó y atrajo la atención hacia el sujeto que lo había lanzado.
Fue Mikoto quién susurró el nombre de Fugaku, donde él con sus diecisiete años se encontraba encima de un tejado de pocas plantas.
-Mikoto, ya es suficiente. Acordamos que no mostrarías en la academia tu verdadero poder.
La niña agachó la cabeza mostrando un sinfín de emociones negativas. Algo perceptivo a los ojos de Fugaku. Desde que era un bebé, Fugaku había estado todo el tiempo, cuidándola y protegiéndola día y noche, donde había aprendido a interpretar sus sentimientos. Cerró los ojos un momento y luego se dirigió a la maestra.
-Sensei, siento mucho lo ocurrido. En vista de lo ocurrido, comprenda que debo llevármela a casa.
-Oh, claro, claro –asentía la maestra aún conmocionada.
Mikoto, callada y todavía cabizbaja, saltó desde el suelo hasta el tejado donde estaba Fugaku y ambos desaparecieron.
Kushina no entendía por qué aquel chico se había interpuesto y tampoco porque Mikoto le había obedecido igual que una sumisa remilgada. Aunque claro, a la hora de pelear, no había tenido nada de remilgada y mucho menos de sumisa.
Quitándose el sudor frío que resbalaba por su rostro, Kushina aún recordaba cómo había tenido que emplearse a fondo para defenderse del feroz ataque de la Uchiha.
-¿La viste? Tenía los mismos ojos que su padre –escuchó como murmuraba el hijo del líder del clan Yamanaka al hijo del líder del clan Nara.
-Menos mal que apareció Fugaku. Porque ni loco me meto a detener a Mikoto.
-Pero es verdad lo que dijo Kushina –dijo el hijo del líder del clan Akimichi-. Mikoto es una muy buena persona, pero en el fondo la sangre de su padre corre por sus venas y lo saca cuando se enfada.
-Como Fugaku es quién la crió, sabe cómo tratarla –apuntaba Inoichi con cierto desdén y envidia.
-¡Eh! ¡Vosotros tres! –interrumpiendo la pelirroja- ¿De qué estáis hablando? ¿Qué es eso de que ella es igual que su padre?
-Nada, no es nada –respondió Shikaku con una capa de nervios cubriéndole la frente.
-¡No me mintáis! –amenazándolos con la furia cubriéndole el rostro.
Choza el más miedoso de los tres, acabó por confesarle la verdad que rodeaba a Mikoto y del que solo los grandes líderes sabían y en consecuencia ellos también, para así actuar como vigilantes y espías de que Mikoto no era usada para destruir Konoha.
Tras enterarse de que Mikoto era realmente hija de Uchiha Madara y que vivía marginada por los suyos, excepto por Fugaku, Kushina sufrió una gran impresión. Ahora entendía sus palabras, incluso podía comprender su estado.
Entonces tuvo algo muy claro. Algo en lo que Mikoto estaba equivocada. Las dos eran idénticas en todos los sentidos, con algunas modificaciones, pero la marca de la soledad y de la marginación las perseguía como una horrible cicatriz de por vida.
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Aquella noche, entrada la madrugada, una única luz se encontraba encendida. Provenía de la mansión Uchiha, en la segunda planta, donde se encontraban las habitaciones privadas de cada habitante de la vivienda. La luz, aunque débil por la llama pequeña de la vela, iluminaba a las dos personas que se encontraban juntos. Siempre eran esos momentos donde Uchiha Mikoto abandonaba su sonrisa y su buen ánimo para desahogarse. No era de extrañar, ya que todos los días Ryuhen la miraba con desprecio y no se dignaba a hablarle, a pesar de todos los esfuerzos que la niña hacía para intentar agradarle. Al principio no entendía por qué la trataba así, pero no tardó en saberlo. A sus inocentes tres años, aprovechándose de que Fugaku no estaba presente, Ryuhen le había soltado toda la bomba. Ella era la hija del cruel y traidor Uchiha Madara y había estado a sentenciada a morir por los altos cargos de Konoha, de no ser por Fugaku y Mito. Aquel secreto que aunque solo conocieran aquellos altos cargos y los grandes líderes de Konoha, no lo era para el clan Uchiha, donde él mismo en persona se había encargado de difundir la noticia para que todos la despreciaran y la marginasen, en venganza por lo que había hecho su padre al deshonrarlos.
Aquel día lloró como nunca hasta que Fugaku había llegado. Enterado de lo que había hecho su padre, no fue a responderle, sino que hizo lo que consideró más necesario, quedarse con ella para animarla. Fugaku le había insistido en que siguiera mostrando ese carácter dulce que poseía desde que la conoció para así ganarse el corazón de la gente. Su padre era alguien sin remedio, porque así había sido desde niño. O eso es lo que le había contado su madre, la cual había tenido que casarse con Ryuhen a la fuerza. Pero sus hermanos pequeños y el resto del clan, sino fuera por la amenaza de su padre, los habría encandilado como había hecho con los habitantes de Konoha… como había hecho con él desde el mismo día que la conoció por primera vez.
Desde entonces, tomando como excusa la promesa de Mito, Fugaku se encargaba de protegerla y de animarla, como en aquel momento.
Escondiendo su bello rostro entre las piernas del chico, Mikoto trataba de reprimir aquellos sollozos ahogados. Él no decía nada, solo estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada contra la pared y con una mano acariciándole aquella larga melena pelinegra bien cuidada como único gesto de consuelo.
La pelea de Mikoto contra aquella pequeña Uzumaki había llegado a oídos del Hokage y en consecuencia a su padre, por lo que Ryuhen no había tardado en tener una excusa más para despreciarla y dirigirse a ella como una criatura malvada y cruel igual a su padre.
-Yo no soy como mi padre –decía de vez en cuando, como ahora.
-Lo sé –es lo único que podía decir Fugaku.
-Pero sí que es verdad… Que hay algo en mí… Algo malvado… Pero nunca lo usaría contra mis amigos o contra mi familia…
-Lo sé.
-Y ella… Esa Uzumaki me ha provocado… Ha conseguido que pierda la razón… … …Ryuhen-sama tiene razón. Acabaré siendo como mi padre y destruiré la aldea.
-Eso nunca –dejando de acariciarle el cabello. Ella con lágrimas en los ojos le miró confusa por esa seguridad-. Si esa Uzumaki es la que causa que pierdas la razón, ignórala. No vuelvas a tener contacto con ella. Mañana a primera hora, le explicaré al Hokage como te sientes para que te cambie de clase y estés lejos de ella. Él es una persona comprensiva y te ayudará. ¿Te parece bien?
Con aquellas gotas saladas inundándole los ojos, Mikoto asomó una pequeña sonrisa y apoyó la cabeza sobre su pecho.
-Gracias, Fugaku. Te quiero mucho.
-…
Y él también, solo que no de la misma manera que ella.
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"Al día siguiente, Fugaku se había encargado de hacerle la petición al Hokage. Hiruzen no había puesto ninguna objeción, y así Mikoto se trasladó de clase, donde no pudiera tener contacto directo con Kushina.
Los hijos de los líderes también se trasladaron de clase, siguiendo la petición de sus padres y del Hokage en vigilar a Uchiha Mikoto, sobre todo cuando sus hijos habían sido testigos del pequeño avance del poder de la hija de Madara.
La distancia que la Uchiha había marcado significó alegría para Kushina. Así no estaría cerca de Minato y ella podría reforzar los lazos con él.
Las semanas fueron pasando y no hubo más altercados entre Kushina y Mikoto. Todos aquellos niños se convirtieron en genins y como manda nuestra tradición, fueron divididos en grupos de tres con un maestro a cargo.
Fue en esa época en que corrió el rumor por las aldeas vecinas de que la jinchuriki del Kyuubi residía en una niña pelirroja perteneciente al clan Uzumaki.
Los ninjas rebeldes o los ninjas pertenecientes a villas cargadas de rencor y conseguir el poder, no dudaron en ponerle el ojo a Konoha y secuestrar a la jinchuriki del Kyuubi aprovechando un descuido por parte de la Kushina.
Aunque el secuestro duró menos de un día, fue suficiente para que un nuevo y poderoso motivo surgiera para que Uchiha Mikoto jamás perdonase a Kushina."
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Flash Back:
En la intemperie del bosque, dos ninjas de la villa de la Roca descansaban tranquilamente tomando su cena, mientras que Kushina trataba de liberarse sin éxito. Aquellos ninjas habían tomado muchas precauciones para que la jinchuriki no usase su poder y así escapar.
Los ninjas veían aquello y soltaban risas burlonas, desanimándola de que era inútil, pero que no se preocupara ya que su vida era muy valiosa para que quisieran matarla (hasta que se hicieran con el poder del Kyuubi).
-¡Mi vida es valiosa solo porque tengo el Kyuubi, ¿verdad?! –gritó con la desesperación y el miedo de lo que pudiera ocurrirle una vez extraído el jinchuriki.
-Tú lo has dicho, preciosa.
-¡¿Por eso me habéis secuestrado?! ¡Bastardos! –pero los insultos solo provocaban carcajadas en aquellos hombres. Entonces, se le ocurrió otra idea que pudiera distraerlos y así darle tiempo a los de Konoha para que vinieran a rescatarla-. Pues sois unos idiotas descerebrados que no saben que hay otra persona más valiosa que yo como lo es la hija de Uchiha Madara.
Los dos hombres se rieron más, tomándola como loca por algo que cualquiera consideraría un disparate.
-¡No es mentira! ¡Es verdad! –bramó ella con una sonrisa autosuficiente-. Madara tuvo una hija que tiene mi edad y que vive con el líder Uchiha. Es fácil de comprobar si tenéis dos dedos de frente.
-Realmente estás loca –le espetó uno de ellos entre risas.
Sin embargo, el segundo lo pensó detenidamente. Soltar aquella estupidez en la situación que la niña se encontraba era tan ridículo como pensar un cambio de sexo. ¿Y si era verdad? De serlo podrían experimentar con la hija de Madara y obtener aquel inmenso chakra que había conseguido poner en graves aprietos al legendario Dios de los Ninjas.
-Iré a comprobarlo –decretó aquel hombre-. Pero si veo que esta niñita nos ha tomado el pelo, me importará una mierda que seas la jinchuriki del Kyuubi y te mataré sin contemplaciones.
-¿Estás hablando en serio, Tonatsu? –preguntó perplejo su compañero.
-Espérame aquí y no hagas nada estúpido –le ordenó Tonatsu y se marchó del lugar.
Kushina sonrió satisfecha. Al menos solo había uno, el otro seguramente caería ante los ninjas de Konoha que seguramente estarían de camino para rescatarla.
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"Sin embargo, las cosas no resultaron como Kushina esperaba. Aunque esa misma noche fue liberada gracias a la audacia y astucia de Minato, el otro ninja descubrió que efectivamente en Konoha residía la hija de Madara.
En vez de secuestrarla, informó de ello a su villa y el rumor de que Madara tenía una hija corrió por todo el mundo shinobi, incluso por los habitantes de Konoha que desconocían la situación.
A partir de entonces, Mikoto sufrió también la marginación de los aldeanos de Konoha, que la veían como si fuera un peligro y con el asco por ser la hija de un traidor.
Todavía recuerdo la cara que tuvo Mikoto cuando los aldeanos, sus propios compañeros de equipo, su profesor a cargo y el resto de compañeros de la academia, cuchicheaban entre ellos y la miraban con terror y odio. Afortunadamente, Mikoto desconocía que el hecho de que supieran sus orígenes era por culpa de Kushina.
Los altos cargos de las otras aldeas, acusaron a Konoha por haberles ocultado una información tan importante. Los que hasta entonces habían sido aliados nuestros, nos dieron la espalda.
Con la alianza rota, muchos ninjas intentaron secuestrar ya fuera a la hija de Madara o a la portadora del Kyuubi. Muchos de nosotros, tuvimos que hacer guardias extras para evitar esos secuestros. Quién sabe lo que podrían hacer aquellas aldeas codiciosas con un poder semejante.
Sin embargo, los días, las semanas, los meses iban pasando y los ninjas se encontraban agotados de patrullar día y noche. Y sucedió que lograron secuestrar a Mikoto. Pero ella volvió al día siguiente por su propio pie. Con sangre impregnada en su cuerpo y unos ojos, que de no ser por su constitución de mujer, habría tenido el sharingan en ellos.
En otras palabras, ella había descubierto que Kushina había sido la que desveló sus orígenes y el sentimiento de traición y venganza resurgieron en ella, liberando todo el chakra que había heredado de su padre."
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Flash Back:
Mikoto caminaba con paso firme por la aldea sin mirar a nadie, haciendo caso omiso de los rostros de miedo, debido a su cuerpo medio rojizo por la sangre de sus captores, y de odio por ser la hija de alguien detestable en Konoha.
Llegando a su destino, Mikoto vio a Kushina felizmente, hablando con el rubio Namikaze. Sintió el mismo asco y odio, que cuando había escuchado que habían descubierto que ella era la hija de Madara, gracias a la confesión de Uzumaki Kushina. Lo peor, es que habían agregado que Kushina lo había hecho para salvar su pellejo. Un pellejo que le había costado el destrozo de su vida. Aunque los Uchihas la marginasen, podía soportarlo porque el resto de Konoha la trataban como a una más. Eso la hacía sentirse dichosa y olvidar sus raíces. Pero aquella Uzumaki le había quitado los lazos que había hecho con Konoha. La había traumado para siempre y había provocado un sentimiento de desconfianza, donde ya no podría creer en nadie.
Y ella sin embargo, ahí feliz, sin ser considerada una especie rara a pesar de llevar un monstruo en su interior. Estaba claro que tenía más peso ser la hija de un traidor que un monstruo con el que aquel traidor podría domar.
-¡Uzumaki Kushina! –la llamó lo suficientemente alto para que todos los que estaban cerca lo vieran y fuesen testigos de que con la hija de Madara nunca se jugaba.
El rubio y la pelirroja se dieron la vuelta, y solo fue Minato el que se acercó hasta ella, aliviado de que hubiese vuelto sana y a salvo. Kushina por su parte, se sentía medio avergonzada por lo que había causado, aunque en el fondo se alegraba de que no le hubiera pasado nada.
-Mikoto, menos mal que has regresado. Estábamos muy preocupados por ti –pero la sangre era demasiado visible sobre sus ropas azules y negras-. ¿Estás bien? ¿Te han herido?
Con cierta brusquedad, Mikoto apartó a Minato de su radio visual para centrarse en su único objetivo.
-Kushina, fuiste tú, ¿verdad? –comenzando a acusar mordazmente- ¿Fuiste tú quién contó a aquellos ninjas que te secuestraron que yo era la hija de Madara?
Minato que no sabía de ese detalle solo pudo quedarse atónito y luego mirar gravemente a la pelirroja.
-¿Es eso cierto?
El color de la vergüenza rivalizaba con su larga cabellera. Que Minato la mirara con decepción era lo último que hubiera deseado.
-Yo… Es que yo pensaba que los ninjas de Konoha se librarían de los dos… Si supiera que no sería así, jamás lo hubiera dicho…
-¡Ja! –espetó Mikoto con un desdén que resultaba irreconocible para quién la conociese desde niña- ¡No me hagas reír! ¡Eres una verdadera tonta si piensas que todo iba a salir como tú esperabas!
El desdén y el insulto era algo con lo que Kushina no podía quedarse callada.
-¡Oye, imbécil! ¿Acaso dudas de la eficacia de los ninjas de Konoha?
-¡Ahora mismo puedo decir que sí, porque solo han podido secuestrarme cuando Fugaku está fuera de misión! ¡Tampoco puedo fiarme de la gente de Konoha si me tratan con desprecio solo porque soy la hija de Madara! –Minato se quedó mirando a la pelinegra con sorpresa y con cierta compasión, donde ella miraba a los aldeanos con el mismo odio que ellos-. ¡Todo por tu culpa! –dirigiéndose a la pelirroja- ¡Fuiste tú quién me ha destrozado la vida! ¡Te odio! ¡Y jamás te lo perdonaré!
Y con esas palabras, Mikoto sacó varios kunais lanzándolos hacia ella sin ninguna compasión.
Kushina lo esquivó de un salto hacia el cielo, pero algo la agarró de la pierna y la estrelló contra la pared más cercana.
Minato se encontraba con la boca abierta y temblando ligeramente por esa especie de busto con brazos de color transparente que había salido y rodeaba a Mikoto y causante de haber provocado la caída de Kushina. Mirándola a los ojos, se encontró con la frialdad y un instinto asesino que lo hacían temblar.
La pelirroja salió del escombro de piedras, enfadada y malhumorada comenzó a aumentar su chakra, sin importar que proviniese del Kyuubi. Si ella estaba dispuesta a matarla, ella se defendería con todo su arsenal.
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"A mitad de la batalla, mi maestro, Jiraiya, Orochimaru y yo tuvimos que intervenir para detenerlas. Por suerte, llegamos antes de que Kushina liberase el Kyuubi. Sin embargo, eso no impedía que ambas estuvieran dispuestas a matarse de verdad.
Debido a estos incidentes, cada vez que ellas se veían, se lanzaban al ataque. Por culpa de ello, mis compañeros de equipo y yo nos vimos obligados a quedarnos permanentemente en Konoha sin poder salir de misión o irnos por libre a cualquier villa.
Llegó un punto en que la aldea ya no quería acercarse a Kushina y a Mikoto por el temor de que la otra apareciera por casualidad y se entablara una batalla donde cualquier inocente pudiese salir herido. Y si no tuviéramos suficiente con esto, sucedió otro altercado importante que las distanció aún más (suspirando con fuerza).
Esta vez provino de Mikoto, que tras percatarse de que mediante la fuerza no podía cumplir con su venganza, lo hizo de otra forma para que sufriera el mismo dolor que ella padecía al ser marginada por Konoha."
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Flash Back:
Mikoto caminaba por las calles Konoha pendiente de cómo los aldeanos se escondían dentro de sus casas o cerraban sus establecimientos, temerosos de que se encontrase con Kushina y desencadenara otra feroz pelea.
Daba igual que Fugaku estuviese a varios metros de distancia vigilándola o que los Sannins tuvieran sus sentidos agudizados para evitar la batalle, que ella no dudaría en aprovechar la oportunidad de devolvérsela por haberle jodido la vida.
Sin embargo, debido a las intervenciones de Fugaku, en ocasiones también de Minato (quién se entrenaba constamente) y de los Sannins, no daba cumplido su venganza. Era por eso que tenía que cambiar de estrategia. Si no podía vengarse de la pelirroja mediante la fuerza, lo haría como mujer.
Cuando llegó a su objetivo, se lo encontró entrenando con su maestro Jiraiya y sus dos compañeros de equipo. Por lo que sabía, la pelirroja estaría por llegar, así que era el momento ideal.
-Hola, Minato –saludando con dulzura al único, que junto a los grandes cargos, no escapaba de la presencia de ambas rivales.
-Hola, Mikoto
Los dos compañeros de Minato se ocultaron tras la espaldas de un fastidiado Jiraiya que ya se imaginaba que tendría que detener de nuevo a las dos niñas casi adolescentes. Por unos segundos, la mente de Jiraiya voló atrás en el tiempo, arrepintiéndose de haber sido aterrorizado por Tsunade y no votar a favor de matar a la hija de Madara cuando habían podido hacerlo. Luego se dio cuenta de la atrocidad que había pensado, y se sintió culpable. Pero no era el momento de pensar en arrepentimientos y en el pasado, sabía que Kushina estaría al llegar por lo que avisó a sus dos alumnos para que fueran a buscar a Orochimaru y Tsunade.
Aunque claro, viendo como Mikoto había venido de muy buen humor, como si nada hubiera pasado, le daba que pensar que quizás ya no le guardaba rencor a Kushina. Sería un alivio para todos si así fuera, porque ambas se estaban destrozando la vida con la amargura y el desdén.
Si fuera en hombres no le daría importancia, porque era algo natural. Pero en jovencitas tan lindas de trece años como lo eran ellas, que de no ser por su rivalidad que afectaba a toda la villa, serían codiciadas por todos los hombres de Konoha, donde él sería el primero en la lista.
Y vaya que parecía que la Uchiha se había tranquilizado, porque hablaba con Minato con una inocencia y dulzura que cualquiera imaginaría que aquella niña era la hija del cruel y despiadado Uchiha Madara.
Entonces a lo lejos avistó el cabello rojo de Kushina. No tuvo que afinar sus ojos negros para comprobar que temblaba de furia. Ahí estaba Mikoto, su máxima rival y la que odiaba a muerte, hablando animadamente con Minato, el chico que tanto le gustaba. Sin duda era una escena desagradable para Uzumaki Kushina.
-Bueno, Minato, me tengo que ir. Pero antes quisiera decirte algo, ¿te gustaría salir conmigo?
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-¡¿En serio la madre de Sasuke-kun dijo eso?! –interrumpió Ino estando a cada segundo perpleja por lo que estaba escuchando. Aunque claro, que Mikoto coqueteara con el actual Hokage con la intención de herir el corazón de Kushina lo superaba.
-Así es. Jiraiya estaba presente –soplando con fuerza-. Por lo que me contó, no me extrañaría que Mikoto lo hubiese dicho justo en el momento en que apareciera Kushina.
-¿Y qué pasó? –instándola a continuar.
"Sin importar quién era o lo que había pasado, Minato continuaba enamorado de Mikoto. Por lo que su respuesta había sido una afirmativa llena de ánimo y emoción. Según Jiraiya, ver cómo Minato estaba feliz de que sus sentimientos fuesen correspondidos, había hundido a Kushina, que volvió sobre sus pies y desapareció.
Por supuesto, como tú dices, si Mikoto le había propuesto salir con Minato, solo había sido por venganza contra Kushina. Pues, desde el mismo día que Mikoto descubrió que Kushina había desvelado su origen, nada ni nadie le importaba. Incluso por aquel tiempo, no podía decir si Fugaku también estaba incluido en esa lista. Puede que sí, debido a lo ciega que estaba por cumplir con su venganza. Lo que ocurría tras las puertas del clan Uchiha era un misterio para todos nosotros.
Sin embargo, algo tuvo que ocurrir para que Mikoto diese fin a su falso noviazgo con Minato.
¿Se habría cansado?
Quién sabe, ya que después de eso, a sus trece años, se anunció oficialmente que Mikoto se había comprometido con Uchiha Fugaku."
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Mikoto llegaba a la mansión tras haber pasado el día con Minato. Solo llevaba tres semanas de noviazgo, pero los suficientes para que Kushina se sintiera devastada por dentro y por fuera, donde cada vez que la veía, se sentía incapaz de provocarla. Al igual que un perro apaleado, se daba la vuelta con el rabo entre las piernas. Eso le producía una sonrisa de satisfacción. Su sonrisa no le duró mucho, ya que alguien la cogió por las manos y estampó su cuerpo contra la pared más cercana.
Al principio se puso a la defensiva, imaginando que un nuevo ninja había venido por ella para secuestrarla, pero al abrir los ojos se encontró con los ojos furiosos del único confidente que le quedaba, Fugaku.
-¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡¿Por qué andas con ese rubio?! ¡Te prohíbo que vuelvas a salir con él!
Mikoto tenía los ojos abiertos de la sorpresa. Era la primera vez que Fugaku la miraba con enfado. Era la primera vez que Fugaku le gritaba. Era la primera vez que la trataba con violencia. Era la primera vez que le prohibía hacer algo. Y era la primera vez que tenía miedo de él.
Ni siquiera en sus tantos momentos de pelea con la pelirroja le había recriminado por manchar el honor de los Uchihas ante Konoha, o por el miedo de que pudiera perder la vida.
El joven de dieciocho años tras percatarse de que su acto impulsivo había provocado un efecto indeseado, relajó las manos sobre las muñecas de ella, pero siguió sujetándola.
Estaba tan vulnerable, tan sorprendida que una parte de él le instaba a que se aprovechara y se dejase de tantos miramientos e hiciera lo que por mucho tiempo llevaba aguantándose. El tenerla en su casa todos los días y su proximidad hacía que una vez llegado a la adolescencia, tuviera que contenerse con grandes esfuerzos.
Lentamente y hasta indeciso se fue acercando a ella, pero ver cómo le contemplaba como si fuese un desconocido, lo hizo desistir.
Dejó libre sus muñecas y sin decir nada se retiró de la entrada.
Mikoto se quedó mirándolo con ligero temblor. Era la primera vez que él actuaba así, que no podía culparla de haber tenido miedo. Tan acostumbrada estaba a que la tratara con cariño (aunque a su manera), que la consolara, que la mimara, que siempre estuviera apoyándola, que todavía no daba crédito a lo que había pasado.
Su amenaza, el cómo se había aproximado como si quisiera besarla… le hizo pensar que quizás, que él quizás…
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En su habitación, Fugaku se encontraba pensando en cómo había perdido la razón. En cómo lo había mirado. No se lo daba quitado de la cabeza. Temiendo lo que se pudiera encontrar a la hora de cenar, se había quedado en su habitación, mandando a la mierda a su padre cuando había ido a verle. Incluso sus dos hermanos pequeños habían sido víctimas de su mal humor. Y es que seguía enfadado, pero consigo mismo. ¿Cómo pudo tratarla así? ¿Cómo pudo amenazarla cuando ella no era de su propiedad por mucho que lo deseara?
Si ella era novia de Minato, tenía que aguantarse y joderse.
La puerta corrediza que daba a su habitación se abrió lentamente y con cuidado, y allí aparecía Mikoto con expresión dolorida. Cerrándola tras de sí, se fue acercando a él sin romper el contacto visual. Luego se sentó de rodillas y le cogió de la mano. Se la llevó a la mejilla, sin saber lo que simbolizaba aquel gesto en el adolescente a punto de convertirse en hombre.
-Lo siento –dijo, repitiéndolo una y otra vez. Aquella mano comenzó a acariciarle la mejilla, y ella lo miró fijamente donde negaba con la cabeza, como si ya fuera suficiente. Aún así, ella se sentía en la necesidad de sincerarse-. Es que, nunca imaginé que tú sintieras lo mismo que yo. Nos llevamos cinco años de diferencia. Tú eres un hombre y yo una niña a tu lado. Pensaba que me veías como a una hermanita.
-Por eso decidiste salir con Minato.
-Solo lo hice como venganza hacia Kushina por destrozarme la vida. Quería que la suya fuese también un infierno.
-¿Usando a Minato?
-Sé que es cruel –reconocía-, pero no puedo confiar en él por ser uno de Konoha.
-Yo también soy de Konoha.
Mikoto apartó aquella mano más grande que la suya de su mejilla y la dirigió a su corazón.
-No, tú eres el que siempre estuvo a mi lado cuando lo necesitaba. El que siempre acudía de inmediato para apoyarme y consolarme.
-Y seguiré estándolo, no por la promesa que le hice a Mito-sama, sino porque realmente quiero estar contigo.
Ella sonrió y se echó a sus brazos.
-Yo también quiero estar contigo. Pero primero tendré que poner fin a mi falsa relación con Minato. Ya me siento satisfecha con ver cómo sufre. Es hora de que piense en mi futuro, a tu lado.
Al día siguiente, Mikoto terminó con Minato de la forma más fría y cruel con la intención de ser clara y no infundirle más esperanzas. Después de todo, nunca las había tenido, y era hora de hacérselo saber.
Tras terminar con él, en su retina quedó grabada la tristeza y el hundimiento que había sentido el joven y se sintió culpable de haberlo usado para su venganza. Pero ya era demasiado tarde para lamentaciones. Tenía que dejar aquel episodio atrás y rehacer su vida. Eso era lo único en lo que centrarse y estaba dispuesta a permanecer casi toda su vida dentro de las propiedades del clan con tal de proteger el futuro que tendría con Fugaku.
A sus dieciocho años, Mikoto se casó con Fugaku, y entonces, abandonó el arte ninja para dedicarse en cuerpo y alma a su familia.
Sin embargo, cuando Kushina se había enterado de lo que le había sucedido a Minato, provocó un odio tan intenso donde había jurado que jamás le perdonaría. Pues la Uchiha había puesto la justificación de que lo había usado para darles celos a Fugaku, el hombre del que siempre había estado enamorada.
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"Los años fueron pasando. Ryuhen Uchiha murió por muerte natural y a los veintidós años, Fugaku se hizo con el liderazgo. Al año siguiente se casó con Mikoto, quién desde la ruptura con Minato, nadie la vio salir de las propiedades Uchihas.
Durante los años de liderazgo y hasta el nacimiento de Itachi, Mikoto se había ganado el corazón de todos sus compatriotas, con la ayuda de Fugaku, quién había anulado la orden de su padre de marginarla.
Durante muchos años, Konoha había dejó de sufrir los altercados entre Mikoto y Kushina.
Más tarde, Minato se hizo Hokage. Aquel día era la primera vez en que Mikoto saldría de las propiedades, donde el hecho de que fuera hija de Madara, parecía haberse quedado en el olvido, ya que no sufrió ningún signo de desprecio por parte de la aldea. Ni siquiera hubo un enfrentamiento. Claro que ambas no se habían visto. Pero tampoco se habían buscado para matarse. Lo mismo había sucedido durante la boda entre Minato y Kushina.
Tras dejar a Minato con el corazón roto, Kushina había estado a su lado animándolo y apoyándolo en sus sueños. Creo que fue por eso, que Minato se dio cuenta de los sentimientos verdaderos que Kushina tenía por él.
Todo seguía en paz y armonía. Nacisteis todos los de vuestra generación, siendo Naruto el último.
Agachando la cabeza.
Tras su nacimiento, sucedió el último y peor altercado entre ambas, donde nos dimos cuenta que no importase cuántos años pasasen, ni la felicidad que ambas tenían con sus respectivas familias. El rencor, la traición y el odio jamás las abandonarían."
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Flash Back:
Mikoto se encontraba haciendo las compras para la cena de esa noche. Aunque dentro de la propiedad Uchiha disponían de sus propias tiendas de alimentación, no habían los ricas fresas de la tienda de Mariko-san que tanto le encantaba a Itachi. De lo tan dedicado que era con su pequeño hermano, Mikoto sentía que su primogénito se merecía un buen premio. Sin embargo, aunque debería estar de camino a su casa, se encontraba hablando con la verdulera, de nombre Mariko, amenamente.
Los años y la paz habían hecho que los aldeanos de Konoha hubiesen olvidado quién era ella realmente y volver a tener aquellos vínculos tranquilos con la gente de su villa. Lo mismo le ocurría con la gente Uchiha. Como los Uchihas que habían estado más en contra suya habían sido gente de la generación de su suegro Ryuhen, estos habían acabado por morir de muerte natural. Por lo tanto, estaba en un periodo de paz, donde podría decir que se sentía inmensamente feliz. Ya nadie la miraba con miedo u odio. Tenía buenas relaciones con sus cuñados y sus sobrinos la adoraban. La gente de Konoha y el resto de los Uchihas la trataban con aquel cariño de antaño. Y lo más importante, tenía un marido y unos hijos, donde muchas la envidiarían por ver cuánto era querida por ellos. Incluso tenía una buena relación de amistad con el Yondaime Minato, donde los años habían hecho que la perdonara y guardara el secreto a la nueva generación sobre sus orígenes.
Sin embargo, aunque se llevaba bien con todo el mundo, inclusive con gente de otra villa, desconocedora de quién era, en su interior sabía que no podría ver a Kushina. Jamás la perdonaría. Era solo pensar en ella para que un aura tétrica la rodeara y el deseo de ir donde estaba y molerla a palos.
Era por eso, que trataba de no pensar en ella y cuando alguien hablaba de la esposa del Hokage, ella desviaba la conversación de forma inteligente, para que no corriera el rumor de que entre ellas existía un odio que pudiese perjudicar la reputación de su marido como jefe de policía y la de Minato como Hokage. Al pertenecer ambos a cuerpos importantes en la villa, suponía que Kushina pensaba igual ya que no había corrido a los interiores del clan para declararle la guerra.
Por eso, jamás llegó a imaginar que aquel día, un día como otro cualquiera, la hubiese buscado expresamente con la cólera rodeándola.
-¡Uchiha Mikoto!
La conversación amena se dio por finalizada cuando Uzumaki Kushina había aparecido en lo alto del tejado más cercano a la tienda con la respiración agitada y gotas de sudor escapando por su rostro. Todos los vendedores que tenían sus puestos en el exterior, así como sus clientes, giraron sus cabezas viendo extrañados a la mujer del líder de la Hoja.
Mikoto arrugó la frente. Su instinto de matarla comenzaba a renacer, pero por su marido y dos sus hijos trataría de contenerse. Cerró fuertemente los puños, provocando que el daño sustituyera a la ira y el odio hacia la pelirroja, consiguiéndolo. Con amabilidad, se dirigió a Mariko la verdulera agradeciendo su atención y excusándose de que tenía que regresar a su hogar.
La pelinegra pretendía ignorarla, pero Kushina no estaba dispuesta a dejarla marchar. Del tejado saltó al camino que ella se dirigía en una postura poco femenina. Mikoto agarrando la bolsa con las fresas de una mano y su bolso del otro, los apretó en tensión. Aunque le extrañaba que la mirara con rabia y sus ojos grises violáceos empañados en lágrimas, en su rostro blanquecino se encontraba la máscara de la inmunidad.
-¡TÚ! ¡TÚ! ¡MALDITA SEAS!
-Kushina tengo prisa. No tengo tiempo para aguantar tus tonterías.
-¡¿Mis tonterías?! –repuso con ironía- ¡SUPONGO QUE PARA TI DEBE SER UNA TONTERÍA, PERO PARA MÍ NO LO ES! ¡ES UN GRAVE CASO DE DELITO! ¡TÚ Y TU MARIDO ESTÁIS CONSPIRANDO CONTRA MINATO PARA HACEROS CON KONOHA!
La grave acusación sorprendió a los aldeanos que comenzaron a cuchichear entre sí, temerosos de que eso fuera a suceder y lo que implicaría para ellos.
Mikoto apretaba tanto las bolsas que ya la sangre circulaba por ellas, llegando hasta los alimentos, donde ya no podrían ser usados para la cena. Aquella acusación se repetía en su cabeza como un disco rayado.
¿Cómo se atrevía a soltar semejante calumnia?
¿Cómo se dignaba a desprestigiar a su marido con falsas acusaciones?
Tomando aire, lo soltó lentamente.
-Mira, sé que el post parto hace que te sientas histérica, pero ni Fugaku ni yo pretendemos una estupidez como esa. Sería perjudicial para mis hijos y para nuestros compatriotas –antes de que siguiera provocándola, Mikoto con el mentón bien alto, prosiguió su camino, pero Kushina se lo impidió con un puñetazo que la mandó al puesto más cercano.
Los aldeanos que estaban cerca, comenzaron a correr despavoridos y alejarse lo más que pudieran, con tal de no correr el mismo destino que el vendedor del puesto caído, quién yacía gravemente herido al haberle caído su propia tienda encima.
-¡NO MIENTAS! –clamó histérica- -¡SÉ QUE ES VERDAD! ¡LO HE OIDO! ¡SE RUMOREA POR TODOS LADOS LO QUE TÚ Y TU CLAN PLANEÁIS! ¡JAMÁS PERMITIRÉ QUE TÚ Y LOS TUYOS TOQUÉIS A MINATO Y MUCHO MENOS A NARUTO!
-Realmente el parto te ha sentado fatal –dijo Mikoto secándose el hilo de sangre que caía del labio inferior- si ahora crees en supuestos rumores.
-¡RUMORES QUE DICEN LOS ANBUS! ¡¿ACASO PRETENDES QUE NO CREA A MI PROPIA GENTE?!
-Ahh, ¿entonces era eso? ¿"Tu gente" está espiando a los míos? ¡¿CÓMO TE ATREVES A INVADIR NUESTRA INTIMIDAD Y LA DE MIS HIJOS?!
-¡ERES LA HIJA DE MADARA! –y con eso ya decía todo, aunque tampoco afirmaba que los Uchihas estuviesen vigilados por orden suya o de su marido. Pero Mikoto no lo veía así y que la volviera a señalar como la hija de aquel desterrado delante de la gente con la que había entablado buenas relaciones, fue el detonante final.
-Sin duda, mis hijos jamás podrán crecer en un ambiente donde no paras de desprestigiarme solo porque soy la hija de Madara. ¡Tú, maldita jinchuriki que tienes un monstruo en tu interior! ¡Provocarás la caída de tu propia familia!
Desde luego meter a su amado marido y a su querido hijo Naruto en el tema, fue suficiente para no pensar donde estaba y poner de una buena vez punto y final a aquella pelea que por culpa de los Sannins no habían podido liquidarla cuando ambas eran jóvenes.
Con los dientes apretados y la cólera invadiéndola, un aura anaranjado comenzó a envolverla y atacó a Mikoto.
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Colocando el sello en los impresos que tenía en su mesa, Minato levantó la cabeza al sentir una presencia tan peligrosa como familiar. Luego escuchó un fuerte estruendo y el suelo se movió, donde todos los informes cayeron al suelo irremediablemente. Dirigiéndose a la ventana, contempló con horror como el Kyuubi se encontraba en la aldea sembrando el caos y la destrucción.
-Kushina –murmuró con la preocupación puesta sobre su mujer.
-¡Hokage-sama! –entrando varios jounins a su servicio- ¡Es terrible! ¡Doña Kushina ha liberado el Kyuubi!
-¡¿Qué le ha pasado a Kushina?! –preguntando con cierto temor.
-¡No lo sabemos muy bien! ¡Ella se encuentra absorta peleando con doña Mikoto sin importar la catástrofe del Kyuubi! ¡Muchos de los nuestros han intentado detenerlas, pero han caído en el intento!
¡¿Estaban de guasa, verdad?!
¡¿Por qué?!
¡¿Por qué habían vuelto a pelearse si ambas vivían felices?!
Abandonando su impresión, asomó el rostro de la seriedad y confianza. No había tiempo para pensar en una razón. Tenía que hacer que el Kyuubi volviera al interior de Kushina, y eso era algo que solo la Uzumaki podía conseguir. Pero si la pelea mantenida con Mikoto las había cegado de tal manera que no les importaba atentar contra uno de los suyos, necesitaba pararlas de otra manera más eficaz.
-¡Que evacuen a todos los civiles a un lugar seguro! –comenzando a andar hacia el exterior, repartiendo las órdenes, sintiéndose fastidiado de que ninguno de los Sannins estuviera en la villa para ayudarlo. En esos momentos, solo podía contar con una sola persona-. ¡Avisad a Uchiha Fugaku para que se reúna conmigo! ¡Hiruzen-sama ya deberá estar preparado para el ataque contra el Kyuubi, que todos los jounins y Anbus estén con él para ayudarlo! ¡Y que Biwako-sama se encargue de proteger a Naruto! –no le sorprendería nada que el Kyuubi en venganza por haber estado encerrado en el cuerpo de dos Uzumakis la tomase con su hijo.
Tenía que detener a Kushina y a Mikoto antes de que la muerte se llevara a más personas inocentes.
¡Dios!
¡No quería pensar en lo que sucedería después de eso!
¡Los altos cargos se cebarían en ellas con Danzo en el frente!
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La batalla que libraban Mikoto y Kushina era encarnizada y brutal. Sin Sannins de por medio para detenerlas, las dos mujeres habían liberado sus grandes poderes ignorando las consecuencias que eso había traído para muchas familias. Habían tenido algunas interrupciones, pero no tenían el poder suficiente para detener a dos de las kunoichis más poderosas que la Hoja había tenido tras Tsunade.
Detenidas con la distancia prudencial de por medio para tomar un descanso, para recuperar el aliento, para evaluar la situación sobre por dónde atacar, o cómo hacer para tumbar a la otra, Mikoto y Kushina se observaban mutuamente. Era la primera vez que llegaban tan lejos y eso se apreciaba en sus ropajes de amas de casa ligeramente rotas o con algún apaño que ambas habían hecho a sus faldas para poder batallar mejor. El rojo de sus heridas bañaba por sus rostros y por sus extremidades haciendo que perdieran aquella belleza por lo que eran tan populares.
A lo lejos, el Kyuubi atacaba y destrozaba todo lo que tuviera a su alcance, pero ellas estaban más enfrascadas en buscar algún movimiento que la otra diese en falso que no tenían en mente que sus propios hijos pudiesen ser víctimas del zorro de nueve colas.
Entonces, Kushina sacó varios kunais de modo que sus dos manos estuvieran cargadas con aquel arma. Mikoto la imitó y también imitó el movimiento de lanzarlas.
El sonido de clavarse sobre carne fresca llegó a oídos de las dos mujeres, que al ver al implicado se quedaron paralizadas, temerosas y asustadas por lo que habían hecho.
Aquel cuerpo que se había interpuesto en el medio, cayó como peso pesado al suelo donde la muerte ya había sido anunciada.
La espina dorsal de Mikoto tembló enteramente mientras que con la boca abierta contemplaba aquel asesinato que no solo Kushina había hecho, sino ella también.
Luego por todo aquel campo de batalla se escuchó el sollozo desgarrado de Kushina gritando desesperada:
-¡MINATO! –corriendo hacia él, tropezando en el camino por el miedo y el terror de lo que estaba viendo.
¡No podía ser cierto!
¡No podía ser!
-¡MINATO! ¡MINATO! –llamándolo desesperadamente tirada en el suelo, intentando levantarse, hasta que alguien la detuvo y la abrazó con fuerza.
-Tranquila Kushina, cálmate. Es solo una ilusión –liberándola-. Estoy aquí. ¡Mírame!
La pelirroja miró aquel cuerpo inerte que supuestamente había sido Minato desaparecer lentamente, luego al real, a la nada y de vuelta al real. Más lágrimas se agolparon sobre sus ojos viéndolo borroso y se descargó sobre su pecho, aliviada de que estuviera vivo, temerosa por haber pensado que lo había perdido para siempre.
Mikoto al ver al Minato vivo soltó un pequeño suspiro de alivio. Sin embargo, si aquello había sido una ilusión, sabía quién había estado también tras aquel teatro. De reojo, con pena, observó a su marido con rostro inmutable.
-Tranquila, Kushina, tienes que calmarte. Por favor, regresa al Kyuubi a tu interior, antes de que pueda llegar a Naruto y hacerle daño. ¡Vamos, Kushina! –animándola.
Escuchar que su hijo, su único hijo pudiera estar en peligro, fue lo que motivó a Kushina a calmarse y enfocarse en atar al Kyuubi.
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"Pero el daño ya se había hecho.
Aquel día hace dieciséis años, más de la mitad de la población de Konoha había muerto. Tal accidente provocó un juicio, donde no solo los altos cargos, Jiraiya, Orochimaru y yo incluida estábamos presentes, sino también el resto de Kages, siendo la primera vez que los cinco se reunían en un mismo lugar. También estaban presentes los señores feudales y los líderes de los clanes de gran prestigio, así como otros ninjas de vital importancia como Sakumo Hatake o Tetsuya Yuuhi.
En el exterior, las decenas de familias que habían perdido los suyos, proclamaban la muerte de ambas (suspirando con pesadez al recordar el desprecio y las culpas que ambas mujeres habían pasado). Durante el juicio, Minato a pesar de que era el Hokage, no pudo estar en la tribuna como votante y consejero. Como marido de Kushina, solo pudo actuar en su defensa, al igual que Fugaku había hecho con Mikoto.
Sin duda jamás olvidaré aquel juicio donde muchas culpas recayeron sobre ellas, quiénes atadas con cuerdas de chakra solo recibían aquellas verdades como kunais clavándose sobre sus cuerpos."
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Flash Back:
-¡Esto no tiene precedentes! ¡Hombres, mujeres, ninjas, niños han muerto por culpa de estas dos mujeres! ¡Aunque la responsable de todas es Uchiha Mikoto! ¡Desde el principio sabía que esa Uchiha traería la desgracia a Konoha! –acusaba Danzo, aprovechándose de la situación-. ¡Si la hubiéramos matado hace años, esto no habría pasado!
Levantando un poco la cabeza, Kushina miró de reojo a la pelinegra donde aquellas acusaciones no le resultaban nuevas. Incluso para su marido. Volvió a mirar al suelo con la vergüenza rodeándola como a su contrincante, culpables por haber provocado muertes inútiles.
-¿Por qué no se la ejecutó entonces? –preguntó el Tsuchikage Onori.
-Mito-sama, la esposa del primer Hokage Hashirama concedió el perdón, creyendo que si ella crecía en un ambiente de paz, nada podría suceder –respondió Hiruzen sintiéndose apenado.
Aquella batalla no solo había hecho que la gente comenzara a desprestigiar a los Uchihas y a Minato y su familia, sino que además, en su intento de proteger a Naruto, su mujer Biwako había muerto. Era parte de la misión de un ninja, pero nadie podía negarle el derecho a llorar por la mujer que tanto había amado.
-¡La escoria como Madara siempre se llevará en la sangre de sus congéneres!
Y aunque habían insultado a su padre y a sus hijos, Mikoto siguió callada, aguantándose su deseo de protestar y defender a su familia.
-Ya es suficiente –dijo uno de los señores feudales-. Aquí nos preocupa más el hecho de que Kushina atacó a Mikoto liberando al Kyuubi. Según los pocos testigos que quedaron vivos, se dice que Kushina acusó a los Uchihas y la propia Mikoto de un golpe de estado contra Konoha.
-También dicen que han sido rumores –aclaró Hiruzen en defensa de los Uchihas-. Mis hombres y yo hemos investigado eso, y hemos descubierto un infiltrado en nuestra villa que buscaba crear una guerra entre nosotros. Kushina lo escuchó y como el infiltrado iba de Anbu, actuó como la mujer de un Hokage debería actuar –defendiendo esta vez a la Uzumaki.
-Pero ha hecho caso de un rumor –fueron las palabras del Raikage moreno-. Ha sido un acto muy precipitado y esta ha sido la consecuencia para tu villa, Sandaime. No podemos fiarnos de ella para que siga manteniendo al Kyuubi.
-¡Están equivocados! ¡Yo he actuado en defensa de mi pueblo y de mi familia!
Inesperadamente, y para sorpresa de Mikoto, Kushina recibió una descarga eléctrica que procedían de las cuerdas de chakra y que la hizo caer de rodillas.
-¡Kushina! –la llamó Minato preocupado- ¡Por favor, deténganse! –pedía el rubio desesperado-. ¡Compréndanla! ¡Acaba de tener un niño y tiene las hormonas alteradas! ¡Ella se sintió preocupada por lo que pudiera sucederle a nuestro hijo! ¡Por favor, entiéndala! –dirigiéndose a todas las mujeres.
Tsunade miró a la quinta Mizukage, Mei Terumi, quién parecía comprender la situación. Entonces, las descargas cesaron.
-Más razón para no confiar en ella y que lleve el Kyuubi –seguía el Raikage.
-El tema que más nos importa es el castigo que las dos mujeres se merecen –cortó Danzo, retornando a lo más importante, según el anciano decrépito-. El pueblo clama las muertes de las dos mujeres, y en compensación con los asesinados inocentemente, yo estoy de acuerdo.
El terror invadió a Mikoto y a Kushina, pensando al unísono en que jamás podrían ver a sus hijos crecer. Los líderes de los clanes no tardaron en mostrar su desacuerdo. Las opiniones entre los cinco Kages diferían, donde unos apoyaban la moción de Danzo y otros no. Incluso los Sannins discutían aquel veredicto con los dos consejeros Koharu y Homura. Por supuesto, que Minato y Fugaku también defendían a sus respectivas mujeres, alegando que aunque era cierto que merecían un castigo, aquello resultaba una crueldad, sobre todo porque ambas tenían hijos de tres meses y tres días respectivamente.
-Aunque el pueblo las sentencie a muerte, no es toda Konoha. Y nosotros tenemos leyes pacíficas impuestas por el primer Hokage que nos impiden realizar semejante ejecución.
-Hiruzen tu manera de pensar es lo que ha hecho que estas dos mujeres hayan estado en discordia desde el primer momento en que se conocieron. No pueden verse la una a la otra. Tus alumnos han tenido que estar continuamente deteniéndolas y cuando no están, esto es lo que sucede. Orochimaru y Jiraiya, supongo que estaréis de acuerdo, en que vigilarlas constantemente no es justo para vosotros que sois ninjas que os gusta la libertad.
Tsunade se mordió el labio inferior frustrada. Danzo no la había mencionado, porque sabía de antemano que ella, no solo por llevarle la contraria, sino por la defensa hacia aquellas dos mujeres, habría dicho que no le hubiera importado.
-No es necesario la vigilancia de nadie –habló Mikoto con firmeza-. Está claro que la presencia de Kushina es más indispensable en Konoha que la mía –suspirando con fuerza dijo-. En ese caso, me quedaré internada en el interior del clan sin salir en ninguna ocasión. También me abstendré de eventos principales y de ser evacuada como una más con el resto de civiles de Konoha.
La sala tuvo un momento de gran murmullo sopesando aquella idea, donde algunos la veían como buena, y otros mostraban su desacuerdo por el hecho de que eso no solucionaba lo de Kushina. ¿Qué tal si ella la volvía a buscar por algún tonto rumor y volvían a pasar por lo mismo?
Fugaku también mostró su desacuerdo hacia su esposa. Quedarse internada era privarla de muchas cosas. En otras palabras, era tratarla como si estuviera en una cárcel. Y eso no le gustaba.
Kushina estaba sorprendida por la propuesta de Mikoto. ¿En serio estaba dispuesta a sacrificar su libertad para evitar que aquello volviera a suceder?
-¿Crees que esa proposición es grave para servirte de castigo? –la pregunta frívola de Danzo calló a todo el mundo-. Pero me parece justa con una condición. Si sales aunque solo sea una vez de los dominios de tu clan, correrás el mismo destino que tu padre, y tu clan y tú seréis desterrados y desprestigiados –la perplejidad corrió por todos los miembros de la sala-. Si alguna aldea fuera de Konoha o familia os diese cobijo, serán tratados como criminales de rango S.
-¡Danzo, ya es suficiente! –rugió el Tercero harto de sus intenciones malévolas- ¡Para empezar, estoy en desacuerdo en que Uchiha Mikoto esté interna de por vida dentro de su clan!
-A mí me parece bien. Excepto lo del destierro para todos los Uchihas –apoyó el Tercer Kazekage-. No tienen que pagar justos por pecadores. Quizás el destierro a la implicada sea más acertado y suficiente castigo.
Las palabras del pelirrojo, padre de Gaara, fueron aprobadas por el resto de miembros, que dieron su voto a favor.
Así quedó el castigo para Mikoto, pero todavía faltaba el de la pelirroja quién seguía mirándola con atención. Lejos de sentirse satisfecha y gritando de alegría de ver que ella estaría encerrada en las propiedades de su clan como si estuviera en una cárcel, la Uzumaki sentía una pequeña pena que no podía remediar.
-En cuanto a Uzumaki Kushina –seguía el padre de Gaara, donde parecía ser más razonable a la hora de dar un veredicto sensato y justo-, en vista de lo inestable que es, sugiero que se traslade el Kyuubi a otra persona.
-¡Asumo esa responsabilidad! –se ofreció Minato como voluntario.
-Eso no sería castigo suficiente –comentó el Raikage-. Creo que sería más doloroso para la implicada que quién tenga el Kyuubi sea su único hijo, Uzumaki Naruto.
Y por supuesto que era doloroso, ya que Kushina gritó desesperada en que no lo hicieran. Sabía que ser el jinchuriki acarrearía una soledad y un dolor, donde solo el amor y la amistad podrían con ese vacío de soledad que embargaba a cualquier jinchuriki.
-Estoy de acuerdo –apoyó el Tsuchikage.
También votaron a favor el Kazekage y muy a su pesar la Mizukage dio voto positivo.
El veredicto había quedado de esta manera.
Uzumaki Kushina y Uchiha Mikoto no volverían a establecer contacto de ningún tipo. Para ello, Mikoto quedaría encerrada en el interior del clan Uchiha, dejándola asistir por un corto tiempo limitado a los eventos principales, como mujer del líder del clan. Inmediatamente, volvería a su hogar. Si alguna vez, Mikoto rompía su parte, sería considerada como una desertora y los Uchihas sufrirían el desprestigio de por vida por parte de Konoha. Por la otra parte, Uzumaki Kushina trasladaría el Kyuubi al cuerpo de su hijo, responsabilizándose de criar correctamente a Uzumaki Naruto para que nunca libere el poder del Kyuubi. De liberarlo o de ir a las propiedades Uchihas, Kushina sería considerada también desertora y Minato perdería su cargo como Hokage.
Aparte de aquel veredicto que tendrían que llevar como cicatriz encima, tanto Mikoto como Kushina tendrían que pasar seis meses encerradas en sus respectivos hogares, sin poder tener relación alguna, salvo con su familia directa. Varios shinobis se encargarían de que cumpliesen aquel castigo preliminar.
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De vuelta a las propiedades Uchihas, Mikoto seguía con la cabeza gacha. De reojo observaba como la gente trataba de recomponer sus negocios o sus casas. También estaban los que lloraban amargamente por las perdidas. Desde madres que habían perdido a sus hijos a hijos que se habían quedado sin padres.
Gracias al cielo que sus cuñados habían puesto a salvo a Itachi y a Sasuke. No quería imaginarse pensar que por su culpa habían muerto sus dos queridos retoños.
Una mujer al percatarse de que era observada vio a Mikoto escoltada por su marido y por varios jounins. Llena de rabia cogió un tomate que estaba en el suelo y se lo lanzó a la cara.
-¡ASESINA! ¡ESCORIA! ¡POR TU CULPA MI MARIDO Y MIS HIJOS HAN MUERTO! ¡OJALÁ MUERIERAS! ¡ASESINA! ¡MONSTRUO!
Y aquella mujer entrada en años sin importarle nada, trató de abalanzarse hacia ella con desesperación, pero los jounins la detuvieron.
Mikoto con el corazón destrozado, se arrimó a Fugaku.
-Por favor, llévame a casa. Llévame con Sasuke e Itachi. Por favor, no me dejes salir de allí.
El Uchiha asintió y pasándole un brazo por los hombros para que le sirviera de apoyo, siguieron la marcha.
Al llegar a las propiedades, solo Itachi con el pequeño Sasuke en sus brazos estaban para recibirles. Cuando Mikoto vio al más benjamín, corrió para abrazarlo y llorar desconsoladamente.
-Madre, ¿qué pasa? –preguntó Itachi desconcertado.
Pero en respuesta recibió también el fuerte abrazo de su madre.
Fugaku observaba aquello con tristeza. Ver así a su mujer era tan doloroso, que no podía imaginar cómo llevaría un encierro de por vida.
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Al día siguiente, Fugaku acudió a la torre Hokage. Tenía previsto hablar con Minato sobre el asunto. La sorpresa que recibió cuando unos ninjas habían acudido a él con lo mismo.
-Perdona por molestarte, Fugaku –comenzó Minato con las manos cruzadas bajo el mentón-. Pero quería pedirte perdón por haber llegado a esta situación. Lo haría también en nombre de Kushina, pero a pesar de esta terrible desgracia, ella sigue guardándole rencor a Mikoto.
-Ayer hablé con Mikoto, y siente lo mismo hacia tu esposa.
-Está claro que no importa cuántos años pasen, que ellas se odiarán de por vida.
-… -el Uchiha asintió.
-El traspaso del Kyuubi se ha realizado –comentó con cierta pena-. Pero no me gusta que este veredicto dure para siempre. Como Hokage soy muy joven e inexperto, por lo que no puedo hacer más tanto por Kushina como por Mikoto. Sin embargo, sabes que este veredicto lo han decidido los más ancianos, exceptuando a Hiruzen-sama.
-¿Tiene algo en mente que sirva de solución?
-El tiempo –suspirando-. Esperar a que los grandes cargos se jubilen y que no tengan derecho a opinar en un nuevo juicio. Así yo también acabaré teniendo más poder y sabiduría para guiar a las siguientes generaciones de lo que es correcto.
-Pero aunque pase el tiempo, Mikoto y tu mujer seguirán odiándose.
-Respeto a eso, he pensado que quizás tu hijo y el mío si tuviesen lazos de amistad, haga que renueven el de sus madres. Cuando se gradúen como genins, los pondré en el mismo equipo bajo la supervisión de mi alumno más eficaz y preparado, Hatake Kakashi. Su lazo de amistad puede que hagan que Kushina y Mikoto piensen de otra manera y recapaciten. En realidad, esto es una idea de mi maestro Jiraiya, Orochimaru y Tsunade.
-¿Orochimaru? –repitió el Uchiha sin encajarle bien ese nombre en aquel plan.
Sabía que Tsunade y Jiraiya, ya fuese por voluntad propia u obligado por la nieta del Shodaime, estaría de parte de la rubia, pero Orochimaru todo lo contrario.
-Sí, bueno… Parece ser que Tsunade no quedó muy contenta con el juicio y pidió ayuda y consejo a sus compañeros de equipo. Con Jiraiya-sensei no tuvo problemas, pero por lo que me contó, con Orochimaru tuvo que recurrir a las apuestas.
¿Y Tsunade, la perdedora compulsiva, había ganado?
No se lo creía.
-Pues parece ser que sí –contestó Minato con una gota como si le hubiese leído la mente-. Parece ser que cuando Tsunade-sama se pone seria, es capaz de ganar a cualquiera.
Fugaku solo agrandó los ojos por unos momentos. Sino fuera porque se lo contaba Minato, jamás lo creería.
-Volviendo al asunto que nos preocupa, está claro que el tiempo no curarán sus heridas, pero quizás lo hagan los buenos lazos que mantengan nuestros hijos. Sin embargo, no pienso dar carta verde al equipo compuesto por tu hijo y el mío, sin tu consentimiento.
Fugaku no tuvo que pensárselo dos veces. Solo tenía que recordar la cara de su mujer, para imaginar que estar encerrada de por vida le provocaría una gran depresión. Con el único contacto de los Uchihas, privándola de hablar con aquellos que aún creían en ella, era demasiado cruel.
-De acuerdo, pero con una condición.
-Dime.
-Todo esto se deriva a que Mikoto es la hija de Madara. Quisiera que todos los ciudadanos de Konoha, inclusive de las villas vecinas que lo saben, mantengan esto en estricto secreto. Lo mismo va para la nueva generación de los otros líderes de clanes. Hasta que no tengan una edad responsable, no se les confesará los orígenes de Mikoto, así como los de Itachi y de Sasuke. De hecho, ellos y el resto de jóvenes Uchihas desconocerán este dato.
-Me parece bien. Me aseguraré personalmente de que Kushina no diga nada al respeto. Tú te encargarás de los Uchihas y yo del resto, ¿te parece bien?
El Uchiha asintió con la cabeza, sintiéndose un poco más tranquilo al respeto.
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"Con el paso de los años, Danzo fue perdiendo la cabeza y encerrado en el loquero, como digo yo como burla. Poco después, se celebró un nuevo juicio con los mismos representantes o con sus descendientes (era el caso de Kakashi que sustituía a su padre fallecido) y sin la presencia de Kushina y Mikoto.
Como Minato ya no era el mismo Hokage novato de entonces, pudo arreglar la situación y romper aquel veredicto donde se decía que Mikoto y Kushina serían desertoras si una nueva batalla se desencadenaba.
Sin embargo, a pesar de que Mikoto era libre de salir de las propiedades, siguió cumpliendo su palabra de quedarse encerrada. Supongo que por miedo de que la casualidad hiciera que se encontrara con ella y sus hijos corrieran peligro. Kushina tampoco trató de buscarla ya sea para echarle en cara algo o para perdonarla. El trauma que habían sentido ambas por lo que habían hecho era demasiado grande para ser curado."
-Jamás imaginé algo parecido –decía Ino alucinada por aquella historia-. Pero, ¿por qué se siente preocupada? Si Mikoto-sama no piensa salir de las propiedades Uchiha…
-Por la sencilla razón de que Mikoto intuirá que Kushina está planeando lo mismo que ella. La concentración de hoy con Itachi, Obito, Shisui, Iruka, Izumo y Kotetsu es la prueba evidente. Ambos grupos son los más cercanos a Mikoto y Kushina respectivamente. Eso quiere decir que Kushina también llegará a la misma conclusión.
-¿Piensa que a Mikoto-sama no le importará salir de los dominios del clan por esto?
-Claro que no si es por Sasuke.
Ino no pudo evitar sentir algo de miedo. Entonces, ¿eso significaba que el hospital podría convertirse en un campo de batalla?
Cerca de las dos rubias, Sai había escuchado toda la conversación.
Entendiéndolo todo, desapareció del sitio con el propósito de contárselo a Sakura.
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Naruto seguía parado con el alma por los suelos. Todavía podía escuchar las palabras del Teme… de Sasuke, tan certeras como dardos sobre el corazón.
Y es que tenía razón. Esas no eran maneras de conseguir el amor de una chica, sobre todo si la amaba desde que eran críos. Tenía que encararse a su madre y decirle que lo que hacían no era correcto.
-¿Qué haces ahí, imbécil?
El rubio se sobresaltó, observando cómo era pensarlo para que Dios lo castigara y tuviera a su progenitora a pocos metros de distancia.
"Pues mira Kushina para de marear a Sakura-chan. Soy un hombre y no necesito de tus ridículos planes para conquistarla."
Eso es lo que le tendría que haber dicho al principio. Porque ahora, decirle:
"Kushina estoy cansado de que hagas sufrir a Sakura-chan. ¿No te das cuenta de que por tu culpa lo está pasando peor que con el Teme?"
E inmediatamente recibiría un sopapo.
¡No!
Si estaba dispuesto a plantarle cara para que se detuviera lo haría con la seguridad de su padre presente, y no de los acojonados Iruka, Kotetsu e Izumo.
-A ver, ¿estás sordo o qué? ¿Qué haces ahí?
Pero si lo pensaba bien, si le contaba aquello, tan pronto como no estuviera su padre delante, su madre le haría una cara bonita. ¿Para qué retrasar el momento cuando tenía al lado el hospital?
-Oye, Kushina… -tragando saliva-. Creo que debemos dejar tranquila a Sakura-chan. Mira cómo ha quedado por nuestra culpa.
Y por acto instintivo se cubrió la cabeza, esperando el fuerte puñetazo de su madre. Pero pasó un segundo, dos, tres, cuatro, cinco… treinta segundos y nada sucedía. Extrañado, la miró donde su madre tenía la cabeza girada hacia un lado. Curioso, miró en su misma dirección encontrándose con la familia de Sasuke, donde la mujer Uchiha miraba de forma extraña a su madre.
-Cuánto tiempo sin vernos, antigua jinchuriki –dijo Mikoto en un tono desdeñoso.
-Ya te digo, hija de Uchiha Madara –respondió Kushina con su mismo tono.
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
Honestamente, no pensaba que el Flashback fuese tan largo, y aquí me encuentro con casi 30 páginas de Word. Increíble.
Como hice un borrador para no olvidarme de las escenas (ya que la primera de todas, la de Sasuke, estaba prevista para ir en el anterior capítulo), concluyo de manera definitiva que este fic solo tendrá 10 capítulos.
En el flashback, como podéis ver me he enfocado más en la relación entre Fugaku y Mikoto que en la de Minato con Kushina. Eso es debido a que soy muy pro de la primera pareja. Además, ya hay muchos fics y muchas cosas de la segunda pareja. Que conste, me gusta el minakushi, pero no me apasiona como el fugamiko.
Bueno, ahora con el misterio desvelado entre ellas, ha llegado el frente a frente. No os voy a dar detalles, porque lo que vendrá a continuación, será drama como en este capítulo.
Por cierto, que la historia de Madara con la mujer no puse el nombre porque os lo dejo a vuestra imaginación. Sin embargo, como puse el detalle de que tiene el cabello verde, muchos que han leído Unmei, imaginarán que yo me refiero a cierta persona.
Otra cosa muy importante y es que este fic contendrá diez capítulos. No habrán más.
Como siempre, actualización del fic a finales de mes, aunque esta vez, por motivos de trabajo y de tantas páginas fue a primeros de mes. De todas formas nos vemos a finales de marzo. Reviews ya sabéis. Y un saludo y un beso a los que me dejaron sus comentarios y a los que están encima de mí para que lo continúe.
'Atori'
