Lamento mucho que la tardanza haya sido tan larga, pero ya saben lo que dicen, mejor tarde que nunca. Besos y gracias por leer y comentar.

Capítulo VI

La partida

- André y tú me tienen cansada con el mismo tema.

- Es que es muy notorio. – Dijo con sinceridad Rosalie. - Muchos hombres la admiran fervorosamente, aunque a usted eso no le importe.

Rosalie era una joven muy buena que llevaba varios meses viviendo en casa de los Jarjayes. Oscar había decidido ayudarla luego de conocer su historia llena de acontecimientos muy desdichados así que había decidido convertirla en su protegida.

Con el paso del tiempo, y gracias a la convivencia con su protectora y valet, había comenzado a sospechar que el actuar de André iba más allá de lo que el deber le demandaba. Infelizmente, Oscar no parecía percatarse de los verdaderos sentimientos de su fiel amigo, o tal vez había preferido ignorarlo, por otro lado, era muy evidente que André no quería que se supiera la verdad.

Rosalie era prudente y se dedicaba, la mayor parte del tiempo, a observar y aprender todo lo que Oscar y André se encargaran de mostrarle y enseñarle, pues quería retribuir, aunque sólo fuera con esfuerzo, la gran generosidad de Lady Oscar y toda su familia.

Ahora, protectora y protegida, se hallaban en la habitación de la primera, discutiendo de un tema que ya no podía guardarse más. Por muy prudente que fuera, no pudo contenerse y decidió hablar del tema, en especial porque presentía que los amigos podían llegar a ser algo más aunque las diferencias sociales y otros obstáculos no serían fáciles de vencer. Por alguna razón, quería tratar de cambiar el triste destino que le habían impuesto al hacerla vivir una farsa tan grande como esa.

- Exacto Rosalie, no me interesa.

- Pero es que yo… - Rosalie trataba de medir las palabras para no ser mal interpretada, sobre todo cuando el asunto era tan delicado. – Es que tal vez, no es tan tarde para…

- ¿Puedo pasar? - La voz de André la interrumpió.

- Pasa. - Contestó Oscar.

- Ya está todo listo, podemos irnos cuando quieran. - Dijo André con su típica sonrisa amistosa, y tratando de no hacer notar su deslumbramiento a causa de lo bien que lucía su amado tormento, que aunque vistiera el varonil pero muy elegante traje de gala de la Guardia Imperial, se veía increíblemente hermosa.

- Vámonos ya o los comentarios de Rosalie me terminarán causando una terrible jaqueca. - Oscar se levantó de la silla y caminó hacia la salida de su habitación. – Iré a avisarle a mi padre que nos vamos, quería enviarle una nota a alguien, espérenme afuera.

André y Rosalie se miraron con complicidad, aunque el joven parecía regañarla con la mirada. Mientras caminaban aprovecharon para conversar.

- Sé perfectamente que Oscar es muy reservada y solo te preocupas por ella, pero lo único que te puedo aconsejar es que no le insistas en hablar de temas que puedan incomodarla, en el palacio las cosas no van nada bien y tiene mucho trabajo. – Habló casi susurrando.

- Lo siento, solo quería ayudar, es que puede ser tan despistada en algunos casos. - André hizo una cara de sorpresa ante la afirmación de Rosalie y ella entendió. – No me mal entiendas, Lady Oscar es sumamente inteligente, pero el papel de hombre que trata de cumplir fielmente la terminan haciendo ignorar de muchas cosas que pasan a su alrededor.

- Comprendo perfectamente, y no sé si pueda ayudar en algo, o si puedas confiar en mí, pero estoy aquí para lo que necesites y créeme cuando te digo que doy mi vida antes de permitir que algo la lastime.

- Eres un verdadero ángel ¿lo sabías? – Dijo Rosalie conmovida y él le regaló una suave y gentil sonrisa - Deberías comenzar a pensar en aceptar a alguna de tus admiradoras, solo en la cocina ya tienes muchas y si no me equivoco, en el baile encontraremos otro grupo. – Rosalie sonrió, estaba tentando ese punto a propósito.

- No estoy interesado por el momento, el trabajo me tiene bastante ocupado.

- ¿No te gustaría casarte?

- No lo he pensado.

- Tienes todo lo que una mujer sueña, eres muy apuesto, noble, inteligente, y bueno, no sigo porque estoy segura que tus admiradoras te recuerdan a diario tu gran cantidad de virtudes.

- Pero no el dinero suficiente… - Lo dijo casi por inercia.

- ¿Dinero? – Claro, eso es lo que te detiene y lo lamento mucho, pero no dejo de soñar por ti André, estoy segura que ni eso te permites.

- No te fijes en mis palabras, ya no sé ni lo que digo, creo que yo también estoy muy cansado. - Hasta ese momento, la joven no se había fijado en lo bien que lucía en traje de gala.

- Acabo de caer en la cuenta de que te ves muy apuesto usando en ese traje ¿es nuevo?

- No tanto, la abuela me lo regaló en mi último cumpleaños.

- Muy buen gusto.

- Gracias. - Dijo sonriendo. – Tu vestido también está muy bonito.

- Gracias, me lo regaló Lady Oscar.

Rosalie llevaba un hermoso vestido color turquesa y el cabello recogido en un moño elegante. Ya en la salida, André la ayudó a bajar las escaleras tomándola de la mano galantemente, Rosalie sonrió y él hizo lo mismo inclinándose ante ella exageradamente, lo que arrancó una sonora carcajada a la joven.

Oscar veía dicha escena desde lejos. De pronto se dio cuenta que ambos jóvenes se entendían muy bien, que siempre conversaban y reían juntos, y si se ponía a pensar, ella podía ser la pareja perfecta para su valet. No supo exactamente el porqué, pero esa idea no le gusto en absoluto.

Más tranquila, les dio el encuentro en el lugar acordado.

- Siento mucho la demora.

- No te preocupes, nos vamos cuando digas. - André la miró con detenimiento.

- Lady Oscar, está muy pálida ¿se siente bien? – Habló Rosalie con preocupación.

- Sí.

- Te ves extraña. – Dijo André en tono preocupado.

Oscar les dio la espalda. Un silencio muy largo hasta que Rosalie se movió y quedó en frente de ella. André hizo lo mismo, la tomó del mentón para cerciorarse de su bienestar.

- No seas exagerado. – Se soltó. – Vámonos.

Los tres subieron al coche y enrumbaron al baile que se daría esa noche en casa de una duquesa de Versalles. André manejaba el vehículo, mientras Oscar y Rosalie, iban en silencio en el interior del mismo. La rubia miraba a un punto fijo, tratando de convencerse a sí misma de que la idea de que su valet y protegida estuvieran juntos no era mala.

- Lady Oscar, quiero disculparme por haberla importunado, no era mi intención incomodarla, yo solo quería recomendarle poner mayor atención en…

- ¿Insinúas que ignoro algo que es muy importante que sepa? – La interrumpió abruptamente.

- No es tanto así… - ¿Qué palabras son las correctas? - Mi bondadosa protectora… - Dudó tanto pero tenía que seguir, - ¿Alguna vez se ha enamorado?

Oscar no contestó y solo pudo pensar en Fersen. Hace poco había recibido una carta de él y saber que estaba a salvo la alegraba, además, el fantasma de su amor se iba a disipando, sobre todo porque aún con la distancia, su relación con la reina no se había roto.

- ¿Nunca se ha enamorado? - Insistió Rosalie con curiosidad.

- ¿Por qué tanta curiosidad, no serás tú quien está enamorada, necesitas que te de algún consejo?... – Lanzó una risa irónica. - Te advierto que soy la persona menos indicada para darlo. – Su incomodidad fue muy evidente.

- No es eso y la verdad con todo lo que ha pasado no hay espacio para el amor en mi vida, al menos por ahora.

- Comprendo.

Rosalie decidió no decir más, era más que obvio que algo la mantenía muy enojada así que mejor no perturbarla más. Pronto llegaron a su destino, y agradeció al cielo por eso, el silencio que se había generado entre ambas después de aquella corta e inesperada conversación fue realmente muy incómodo.

- Gracias André. – Rosalie agradeció la mano que André le tendía para ayudarla a bajar del carruaje.

André hizo lo mismo con Oscar pero esta decidió bajar sin su colaboración.

- Puedo sola, gracias. – Dijo más sería de lo normal.

En la mansión había mucha gente y todos voltearon al ver a los recién llegados. Rosalie se ganaba muchas miradas, su gracia y simpatía no pasaban desapercibidas. Estaba muy elegante y no era un secreto para nadie que fuera una bella mujer. Oscar también tenía muchos ojos encima, su tremenda elegancia llamaba la atención, sin embargo, ella mantenía la vista perdida.

Rosalie salió a bailar con un joven que después la invitó con su grupo de amigos a conversar mientras bebían vino. André se acercó a Oscar con dos copas de vino.

- Brindo por que pronto se termine esta fiesta, me siento agotado o es que ya me estoy volviendo viejo.

- Entonces estamos volviéndonos viejos los dos, también me siento cansada, pero al menos alguien se divierte. - Alzó su copa y señaló hacia el lugar donde Rosalie y otros jóvenes se encontraban hablando amenamente.

- Es verdad, está mucho mejor después de descubrir que Madame de Polignac es su madre.

- Te llevas muy bien con ella.

- Sí, es una buena amiga y lamento mucho por todo lo que ha tenido que pasar.

- Ajá. - Oscar quería asaltar a su valet con mil preguntas. - ¿Qué es exactamente lo que sientes por Rosalie?

- No te entiendo.

- ¿La amas? Puedes decírmelo, somos amigos, y me preocupa que sigas siendo un hombre solo, deberías casarte y Rosalie es una gran candidata, la mejor. – Dijo todo lo contrario a lo que realmente pensaba.

- No comencemos con este tema, ya tengo bastante con que mi abuela no deje de empujarme a hacer algo que no podrá pasar. – Al valet le dolía que Oscar estuviera buscándole una pareja. – La quiero mucho pero solo somos buenos amigos.

- ¿Y Mathilde?

- ¿Mathilde?... ella también es mi amiga.

- Es muy bonita.

- ¿Es tan urgente para ti que me vaya de tu casa?... Si mal no recuerdo, en nuestra última conversación sobre esto, las cosas no terminaron nada bien.

- He reflexionado y no puedo ser tan egoísta, hace mucho que tienes edad para casarte y…

- ¡Ya basta! – André la interrumpió y afortunadamente, su casi grito, fue absorbido por la bulla del lugar.

- Quiero saber.

- No hay nada que decir y me voy a tomar un poco de aire, iré a ver a los caballos.

- Haz lo que quieras.

Nada más sucedió en la fiesta, y ciertamente la única que la pasó bien fue Rosalie.

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- Espero no haberte importunado André.

- Para nada general.

- Estoy muy preocupado, me acaba de llegar una carta de un gran amigo, acaba de perder a su único hijo en un terrible accidente.

- Lo lamento mucho patrón.

- Necesito que vayas a su mansión por un tiempo y lo apoyes en todo lo necesario. Era su hijo quien se encargaba de casi todos sus asuntos, y ahora con este duro golpe, no es capaz de hacer nada. Por favor, necesito que te quedes con él hasta que encuentre a alguien que pueda contratar.

- Lo que usted diga señor ¿cuándo debo partir?

- Esta misma tarde, un coche vendrá a recogerte. Prepara tus cosas lo más rápido que puedas, yo me encargo de darle la noticia a Oscar a penas llegue, no quiero que se moleste por disponer de ti de esta manera, pero la verdad es que no confío en otro criado de la casa para este asunto.

- No se preocupe, me retiro.

André, no tuvo más remedio que aceptar lo que se le mandaba. De pronto cayó en la cuenta de que sería la primera vez en separarse de Oscar desde que había llegado a vivir a esa casa.

La noticia desagradó por completo a la comandante, que acalorada por sus dudas y temores, discutió con su padre más de lo necesario.

- ¿Por qué tienes que ser tú? eres mi valet, y ni si quiera me lo consultó, simplemente me dio la noticia.

- No hubo más remedio.

- ¿Por cuánto tiempo te vas? – Hablaba muy fastidiada.

- Hasta que el Sr. Solier pueda contratar a alguien así que no sé bien cuánto tiempo me quedaré… en fin, solo vine a despedirme y no discutas con el general, dijo que su amigo está muy mal.

Oscar lo miró fijamente por unos segundos para luego rodearlo por la cintura. Apoyó su cabeza en el ancho pecho y André sintió un sobresalto ante el gesto de su amiga.

- No va a ser fácil, estos días en palacio han sido muy duros, y ahora tampoco estarás conmigo.

- Lamento tener que irme. - André la apretó levemente.

- Lo sé, pero está bien, solo escríbeme. – Oscar rompió su abrazo.

- Lo haré.

-Ten cuidado.

- Nos vemos pronto.- Se inclinó y depositó un corto beso en la frente blanca de la mujer que tanto amaba, y a la que tanto le dolía dejar, aunque solo fuera por un día.

Salió de su habitación para dirigirse a la salida, en donde ya se encontraba un carruaje esperándolo. Unos pasos se acercaban, volteó y era Rosalie.

- Me acaba de decir tu abuela que debes irte.

- Sí, por favor cuida mucho a Oscar.

- Así lo haré, no te preocupes que yo cuidaré tu más grande tesoro, querido amigo.

André sintió que se paralizó por unos segundos, y cuando estuvo a punto de decir algo, un dedo de Rosalie se ubicó en sus labios.

- A mí no me lo puedes ocultar, me di cuenta hace mucho que ella es la mujer más especial de tu vida, pero no te preocupes, yo guardaré tu secreto.

André se marchó con una mezcla de tranquilidad y nostalgia. Que Rosalie se haya dado cuenta de sus verdaderos sentimientos significaba que ocultarlos ya no era tan fácil como antes, pero eso no le importaba tanto como el hecho de regresar pronto a proteger a lo único que le daba sentido a su vida.