SUMARY: Todos saben que Sasuke y Naruto son rivales, pero también Mikoto y Kushina cuando se trata de la chica perfecta para sus respectivos hijos.

Parejas principales: Sasuke x Sakura; Naruto x Sakura; Sai x Sakura

Parejas secundarias: Fugaku x Mikoto; Minato x Kushina

Aclaraciones: En el fic, Itachi no se convirtió en criminal, y el clan sigue vive y coleando; tanto Minato como Kushina siguen vivos y Minato sigue siendo Kage de Konoha; Obito tampoco murió, pero por equis razón (a vuestra imaginación), Kakashi tiene su ojo.

Género: En este capítulo, Drama, Romance & Acción

La idea surgió de: En mi búsqueda de saber si el seiyuu de Mikoto en Shippuden era el mismo que en la primera temporada, descubrí que los seiyuus de Mikoto y Kushina comparten el mismo nombre. Pensando en eso, pensé en versus y después por arte de magia surgió la idea.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su creador Masashi Kishimoto


ELLA ES MI NUERA

By: Atori


Episodio 8

"Sentía que estaba haciendo un viaje hacia lo insospechado. Sentía que flotaba y que trotaba alegremente. No paraba de reír y de voltearse hacia atrás, donde detrás de ella se encontraba esa persona que tanto amaba. Sasuke corría con esa sonrisa suya tan característica, mientras ella no dejaba de reír y de invitarlo a que la alcanzara.

Su mano había sido cogida por la masculina y ambos cayeron sobre el verde pasto primaveral.

Tenerlo encima suya le seguía produciendo a Sakura risas incontrolables, pero también un claro sonrojo que al chico le parecía encantador. Para Sakura aquella escena era como un sueño, sin embargo, ahí estaba y se sentía inmensamente feliz.

Él comenzó a acariciarle sutilmente la mejilla, donde sintió ternura por su parte. Ella correspondió al gesto de la misma manera. Después, Sasuke delineó con los dedos aquellos labios carnosos entre abiertos. Sakura cerró los ojos cuando vio descender su rostro hacia el suyo buscando el contacto de sus labios contra los suyos.

Ella comenzó a levantar la cabeza para no prolongar el tan deseado beso. Lo había ansiado durante tanto tiempo, que solo se detendría hasta que necesitase el aire para respirar.

Sin embargo, por mucho que alzara la cabeza, Sakura no recibía aquel contacto. Al abrir los ojos, descubrió con horror como la imagen de Sasuke se convertía en pequeños fragmentos de luces brillantes y que desaparecían hasta quedar nada de él.

Estática ante esa escena, Sakura contempló como el campo verde desaparecía también, dando lugar a un paisaje desértico y tétrico lleno de cuervos que revoloteaban por encima de su cabeza, mientras que otros descendían hacia un lugar en concreto. Aquellos animales córvidos se cebaban sobre el cuerpo sin vida de Uchiha Sasuke."

.

Un sobresalto y el grito recorrieron el cuerpo de Sakura al despertar de su inconsciencia. Jadeando a un ritmo acelerado, Sakura sudaba frío y temblaba sin parar.

-¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun! –gritaba desesperada, buscándolo por todos los lados con la idea de que aquella pesadilla pudiera significar algo en el presente. Sin embargo, la chica se encontró con Sai que la observaba de extraña manera. Sakura ignoró aquella expresión. Más importante era averiguar que Sasuke estaba bien. Con aquel sueño, la chica había descubierto que no importaba cuántas veces Sasuke la despreciara o le lanzase indirectas ofensivas, ni siquiera por mucho que estuviera con otro, ella siempre amaría al Uchiha- ¡Sasuke-kun! –repetía asustada y llorosa- ¿Dónde está? ¡¿Dónde?! ¡Dímelo, Sai!

-Debe de andar por ahí o habrá regresado a su casa –respondió el chico secamente.

-¡¿En serio?! ¡Gracias a Dios! –suspirando aliviada.

A pesar del tono neutro que había usado, Sakura parecía no darse cuenta. Y a Sai le molestaba, así como el hecho de despertar y llamar primero a ese Uchiha que la había hecho sufrir y que ahora se dedicaba a conspirar con su madre para arrebatarle a Sakura, en un acto infantil y egoísta. Pues tras haber escuchado la historia, daba por sentado que Sasuke también estaba involucrado en las decisiones de Mikoto. No conocía la versión entera, por lo que desconocía, que el muchacho no estaba involucrado en aquellos planes.

-Sakura debo decirte algo muy importante –quizás porque creía que era en torno al Uchiha, que Sakura le había prestado demasiada atención-. Tanto Sasuke como Naruto se han valido de su familia para separarnos.

Recordar que estaba saliendo con Sai, con el único propósito de olvidarse de Sasuke, le hizo recordar todo lo que había sufrido durante aquel corto periodo que estuvieron juntos y sus mentiras. Pero sobre todo, recordaba las escenas de Sai con aquella chica, por lo que le resultaba una excusa barata, donde el mal humor comenzó a fluir por todo su cuerpo.

-¡Eres patético! ¡Es lo último que hay que oír en excusas! ¡Que tus infidelidades son por culpa de Naruto y de Sasuke-kun! ¡Para empezar, ellos jamás harían algo tan cobarde! –un ligero mareo la obligó a no seguir gritando y a llevar la mano a la frente. No debía exaltarse, sino volvería a recaer. Pero le enervaba la insinuación de Sai.

-Sabía que no me creerías, pero mientras venía para tu habitación, he visto a Naruto con su madre y a la madre de Sasuke. Curiosamente, también estaban el hermano de Sasuke y el resto que se encontraba en la concentración de hoy. Piensa Sakura, ¿no te resultó raro que estuvieran los más cercanos a las familias de Naruto y Sasuke? ¿Acaso no te resulta sospechoso que poco después de que empezáramos a salir, de repente te llaman esas dos mujeres para hablar contigo con el objetivo de que te fijes en su respectivo hijo? ¿No te parece mucha coincidencia que en esos momentos, nuestra relación comience a fallar?

-… -Sakura le lanzó una mirada cargada de desconfianza, aunque la duda la asaltaba, así como la lógica, donde si no lo comprobaba ella misma, no podría seguir durmiendo tranquila.

.

-Cuánto tiempo sin vernos, antigua jinchuriki –dijo Mikoto en un tono desdeñoso.

-Ya te digo, hija de Uchiha Madara –respondió Kushina en su mismo tono.

Y los dos descubrimientos supuso una gran sorpresa en los allí presentes, siendo Naruto el más expresivo de todos ellos.

¡ANTIGUA JINCHURIKI! ¡¿SU MADRE?!

¡HIJA DE UCHIHA MADARA! ¡¿LA MADRE DEL TEME?!

Era demasiado lo que estaba presenciando. Para Naruto era primera noticia que su madre fuese la jinchuriki predecesora. Eso lo hacía preguntarse, ¿por qué entonces llevaba él ahora aquel monstruo?

Luego estaba lo que su madre había dicho de la madre del Teme, "Hija de Uchiha Madara". Como aquello era algo tan imposible como surrealista, Naruto tenía la firme creencia que al dirigirse a la Uchiha con ese apodo, era como si le lanzara un insulto, tipo él y Sasuke cuando se dirigían "Teme" y "Usuratonkachi" respectivamente. Eso lo llevaba al tercer punto que lo dejaba de piedra, la relación que ambas mujeres tenían tan similar o incluso peor que la de él con Sasuke.

¿Por qué su madre se llevaba tan mal con la madre del Teme si era súper simpática y amable?

El rubio observó como Itachi también trataba de procesar lo ocurrido, aunque en su semblante había una confusión que lo hacía perderse en sus propios pensamientos.

-Veo que sigues con la lengua tan grande como siempre, Kushina –expresó Mikoto haciendo alusión al haberla llamado hija de Madara delante de los demás, cuando su propio marido había decretado ocultar su origen en el más profundo de los secretos.

-Mejor tenerla grande que viperina como la tuya, Mikoto.

Y Naruto no pudo quedarse más alucinado ante lo escuchado. En serio, ¿por qué su madre tenía una relación de odio con Mikoto? Con la curiosidad picándole, Naruto no tardó en formular la pregunta.

-Mamá… -se apresuró a rectificar a sabiendas cuánto odiaba que le hablasen con ese título- Kushina… -carraspeando- ¿Por qué le hablas así a Mikoto? Es demasiado fuerte lo que le dices a una persona tan gentil y cariñosa como ella.

Puñalada para la pelirroja y sonrisa arrogante en Mikoto. Con la furia rodeándole, le soltó la verdad para que su hijo supiera quién era realmente aquella mujer.

-Porque esa mujer tan gentil y cariñosa como tú dices, sedujo a tu padre para después dejarlo tirado con el único propósito de vengarse de mí

Si ya no habían más sorpresas que los mantuviera en alerta, descubrir como la correcta de Mikoto había hecho algo tan mezquino, les resultaba imposible de concebir, y señalar a la pelirroja como una loca que había perdido el juicio.

-¡¿Có…?! ¡¿Cómo que venganza?! ¡¿Cómo que sedujo a papá?! –repetía el rubio mirando a su madre y luego a Mikoto, para volver sus ojos azules a su madre, donde su mirada grisácea estaba puesta en la azabache de Mikoto compartiendo un duelo de miradas donde solo estaban ellas- ¡¿Por qué?! ¡Eso es imposible, Kushina!

Naruto estuvo a punto de llamarla desquiciada y chiflada, pero Mikoto confirmó las palabras de la pelirroja.

-Aunque es cierto que seduje a Minato solo para joderte a ti, no estoy aquí para pelearme contigo.

E Itachi se quedó tan sorprendido, que su mutismo había desaparecido ante las palabras de su madre dichas sin ningún tipo de arrepentimiento. Hasta parecía que había disfrutado con ello. Y si eso no fuera suficiente, su madre, tan educada y tranquila, había soltado un lenguaje que en su vida había escuchado.

Y ¿cómo es eso de que no estaba aquí para pelearse con ella como si lo hubiera hecho en un tiempo pasado un montón de veces?

La verdad, desde que la mujer del Yondaime se había dirigido hacia ella, como hija de Madara, algo en su mente le hizo pensar que no se trataba una simple metáfora en forma de insulto. Porque si era verdad que su madre era hija de Madara, eso explicaría ese mal genio que había sentido de niño y que tanto lo había acojonado, siendo él un ninja donde no temía a nada salvo a poderes descomunales.

-¡Pues lárgate de mi vista, que he estado viviendo muy feliz en estos últimos dieciséis años! –le espetó la Uzumaki rabiosa de ver que no se sentía arrepentida por lo que le hizo a su querido Minato.

-No te preocupes, Kushina, que desde la última vez que te vi, también he estado viviendo tranquila. Así que, con permiso. Vámonos –dirigiéndose a su hijo y al resto de Uchihas que estaban sin palabras, donde no sabían qué creer o qué pensar.

Mikoto siguiendo su paso hacia el frente, se topó con el cuerpo de Kushina interrumpiéndole el camino. Resoplando con gran paciencia, le dijo.

-Creía que habíamos dejado en claro que ya no nos queríamos seguir viendo.

-Por aquí se va al hospital y no hay ningún Uchiha herido.

-Cierto, no hay ningún Uchiha, aunque ella lo será muy pronto cuando se case con Sasuke.

Ahora la confusión sustituyó a la sorpresa de Naruto. Y aunque tuviera bastante de tonto, no tenía que darle mucho a la mollera para atar cabos y descubrir sobre quién estaba hablando.

Pero entonces, ¿eso significaba que el Teme había tratado de hacer lo mismo que él?

Entonces…

¡¿Cómo había tenido la cara de echarle una bronca cuando él jugaba al mismo juego que él?!

¡Y él permitiéndose humillar por ese Uchiha!

-¡Sabía que tenía razón! –expresaba Kushina con furia- ¡Si es que debía haber imaginado que tú también estabas metida en el ajo!

-Si te sirve de consuelo, comencé a sospechar recientemente que tú planeabas lo mismo. Así que, da la batalla por perdida, Kushina. Ríndete a lo evidente, Sakura solo ama a mi hijo.

-¡¿Y piensas que voy a rendirme solo porque tú me lo dices, Mikoto?! –poniéndose en jarras, sin importarle que a pocos metros estuvieran pacientes en condición terminal.

-Kushina, Sakura ha demostrado que ama a Sasuke.

-¡Por eso se ha ligado a un sustituto suyo que es más marica e imbécil que Danzo en sus años de juventud!

Mikoto tomó aquello como una gran ofensa contra su hijo y se rebajó al mismo nivel que Kushina.

-¡Mi hijo es algo torpe en asuntos del corazón, y por eso pasó esto! ¡Pero Sakura no ama a ese inepto!

-¡Bueno aunque estamos de acuerdo en lo que pensamos hacia Sai, eso no impide que Sakura se haya rendido con tu hijo!

-¡Por eso estoy yo aquí! ¡Para recuperarla sin importar que deba usar la técnica de mi clan contra ella!

-¿Es eso cierto?

Había dicho una voz masculina y apagada, rompiendo el tenso ambiente existente entre las dos mujeres.

Cuando Itachi vio a Sasuke, se lo encontró envuelto en un mar de sentimientos negativos donde la confusión y la decepción reinaban sobre él.

-¡¿Es eso cierto, madre?! –exigía saber Sasuke mirándola como nunca lo había hecho- ¡¿Has usado el sharingan contra Sakura para hacer que vuelva a mí?!

-No, exactamente. Solo lo he usado contra ese imbécil llamado Sai, para que Sakura se diera cuenta de que ese chico no se la merecía.

Naruto ahora estaba medio confuso. Había tenido preparado un discurso para soltárselo con el tema de hipocresía, pero debido a sus palabras y a su estado, parecía que había sido un ignorante en las decisiones de su madre. Entonces, ¿por qué Uchiha Mikoto se había metido? Pero el joven Uchiha formuló la pregunta que tanto le carcomía.

-¡¿Y quién te ha pedido que metas tus narices en mis problemas personales?! –una pregunta formulada donde no mostraba respeto por su madre y eso había molestado a la Uchiha.

-¿Quizás porque tú montaste una pataleta de niño pequeño sin hacer nada? –contestando con cierta ironía.

-¡SIGUE SIENDO MI PROBLEMA! ¡NO EL TUYO!

-Sasuke… -intentaba Itachi razonar con él.

-¡¿Y TÚ ITACHI?! ¡¿TÚ LA AYUDABAS EN ESTO TAN RASTRERO Y COBARDE?! –sintiéndose tan decepcionado de él, que ya nunca más podría verlo como alguien digno de respeto y admiración.

Sentir sus palabras eran como dardos en el blanco, porque llevaba toda la razón del mundo. Pero acaso, ¿debía desobedecer a su peligrosa madre?

-¡Cuida tus palabras ante tu hermano, Sasuke! ¡Yo se lo he pedido, porque los dos queríamos lo mejor para ti!

-¡¿LO MEJOR PARA QUIÉN?! –espetó Sasuke incrédulo- ¡MÍRALA! –señalando una de las ventanas del hospital, donde supuestamente estaba la habitación de la Haruno- ¡MIRA DÓNDE ESTÁ ELLA AHORA POR TU CULPA!

Un escalofrío comenzó a recorrer la columna dorsal del rubio al sentir un poderoso chakra que iba en aumento, y si sus genes uzumakis no le engañaban, ese chakra provenía de la mismísima Mikoto.

-Sasuke… -advertía Itachi, sintiendo también ese aura que lo había acojonado de pequeño.

-He ahí el poder de la hija de Uchiha Madara –murmuró Kushina con una ligera sonrisa y los brazos cruzados, aparentemente calmada.

Sus palabras solo fueron escuchadas por su hijo donde ya no consideraba aquello como un tipo de insulto.

Sin embargo, pese a que los demás también comenzaban a sentir esa presencia tan extraña como abrumadora, Sasuke seguía contrariando a su madre, cegado por la ira.

-¡SINO TE HUBIERAS METIDO DONDE NADIE TE LLAMA, SAKURA NO ESTARÍA HOSPITALIZADA! ¡SI MUERE, SERÁ SOLO CULPA TUYA POR TU ESTUPIDEZ DE DEVOLVÉRMELA CUANDO YO NO LA QUIERO!

La bofetada resonó tan fuerte que era normal que Sasuke cayera al suelo a varios metros desde donde estaba. Naruto se sobresaltó e Itachi quedó con los ojos agrandados, viendo aquella escena. Su madre sin ningún miramiento y con el chakra elevado, le había dado una tremenda bofetada por la insensibilidad de su hijo, no solo contra ella, sino por la poca delicadeza que había tenido en cada una de sus palabras, como si realmente la Haruno no le importara nada.

Medio atontado por el golpe y confuso por lo que su madre había hecho, Sasuke vio los pies de su progenitora acercándose a él.

-¡Deja de actuar como un mártir y afronta tus responsabilidades como un hombre! ¡¿Acaso crees que Sakura está así solo porque Kushina y yo hayamos intercedido por el bien de nuestros respectivos hijos?! ¡¿Acaso no crees que no puedes tener parte de culpa al haberla tratado como lo has hecho durante más de ocho años?! ¡¿Por qué crees que ella comenzó a salir con otro?! ¡Porque toda paciencia tiene un límite y ella no va a seguir siendo tu juguete con el que tú tengas el exclusivo derecho a romperlo y a arreglarlo para volverlo a destruir cuando se te antoje!

Sentado en el piso, con sangre cayéndole por el labio inferior y cabizbajo sin mirar a su madre, se encontraba Sasuke recibiendo todas aquellas verdades sin decir una palabra.

-¡Ella tiene derecho a ser feliz y yo creía que tras verla con otro, habrías sentado la cabeza y te portarías como un hombre! ¡Pero me equivoqué! ¡Tú no eres digno de merecértela! ¡Compadezco a la pobre mujer que tengas, si llegas a tener alguien que te quiera!

-… -que su madre le dijera eso, le afectó gravemente, porque si ella pensaba así…

-Sasuke… -escuchó a Itachi a su lado, queriendo ayudarlo no solo física sino emocionalmente, pero Sasuke la rehúso de un fuerte manotazo.

No hacía falta alzar la mirada para ver la sorpresa de su hermano o la compasión de Naruto. No quería verlas, porque eso significaría mostrar su dolor ante ellos y no quería que nadie lo viese. El golpe y las palabras de su madre lo hacían sentirse asqueado de sí mismo, sobre todo al haber proclamado ante todos que él no quería a Sakura, cuando no era cierto. Pero lo había dicho solo para darle el único beneficio de culpa, cuando era cierto que si Sakura estaba hospitalizada, era más por él, que por lo que su madre y la Uzumaki habían hecho.

Lo reconocía. Él era el origen y el único responsable de lo que tenía Sakura.

-…

Humillado y avergonzado, se marchó del lugar.

-¡Sasuke! –gritó Naruto, queriendo ir detrás de él.

-Déjalo ir.

La voz de Mikoto lo hizo desistir y sentir más compasión sobre su mejor amigo. En su rostro había visto una expresión tan familiar, que era como verse a sí mismo cuando había sido un niño, por la rabia que había sentido de ser objeto de mumullo de todos los aldeanos al llevar al Kyuubi dentro de sí, por lo que podía imaginar cómo se sentía.

-Bueno Mikoto, visto lo que ha pasado, deberías retirarte de la competición. ¡Yo gano! Sakura es mi nuera.

-…

Naruto se quedó alucinado en cómo su madre había dicho aquello con tanta naturalidad, como si aquello fuese un juego y Sakura el trofeo de guerra. Además, un trofeo que había sido ganado con trampas, como Mikoto había pretendido hacer, tenía que reconocer. Pero ver como aún estaba de espaldas a ellos, sin decir palabra, como si le estuviera dando la razón, le parecía injusto.

Tenía que hacer como Sasuke, encararse con su madre y decirle todo lo que pensaba, así como recalcar que no sería pareja de Sakura de esa manera. Su madre había usado trucos sucios, y Naruto quería que lo amara de verdad.

Le tomó varios segundos decidirse, porque eso sería faltar al respeto a su madre, algo que iba en contra de su moral, pero era hora de hacerlo sin importar quién estuviera delante. Al girarse para comenzar su discurso, vio de reojo una mata de cabello rosado que reconocería en cualquier lugar.

-¡Sakura-chan!

Y ese nombre atrajo la atención de las dos mujeres y de sus seguidores, que la observaron ahí quieta con la bata del hospital y a su lado, el entrometido y al que todos odiaban, el seguidor de Danzo que tenía por nombre Sai.

Las siguientes palabras del pelinegro aumentó el odio que todos sentían hacia él.

-Te lo dije.

-Sai, ¡¿qué fue lo que le has dicho?! –quiso saber Naruto acercándose a la pareja. Pero la sonrisa despreocupada e irritante del pelinegro, lo enfureció, así que antes de que su querida y amada Sakura sacase sus propias conclusiones, Naruto comenzó a contarle la auténtica verdad y el temor hacia su madre, impulsándole a ayudarla en sus planes- ¡Sakura-chan escucha, no sé lo que te habrá dicho este imbécil, pero es que…!

Naruto no pudo terminar su oración y para miedo de unos y sorpresa de otros, observaron como la Haruno lo había cogido de la mano y lanzado contra la pared más cercana, dejándole totalmente KO.

Cuando después volvieron a ver a la responsable, vieron las lágrimas y la decepción dibujados en su blanco rostro, causado por la falta de cuidado que había sufrido durante los días anteriores.

-¡Me habéis engañado! ¿Habéis estado jugando con mis sentimientos para competir entre vosotras?

-No, Sakura-chan, eso no es así. No estábamos competiendo entre nosotras –se apresuró a aclarar Kushina-. Yo no sabía que Mikoto estaba haciendo lo mismo que yo.

-Pero, ¡¿os habéis valido de los vuestros para separarme de Sai y que me quede con vuestro hijo?! ¡¿Vas a mentirme en eso, Kushina?!

Y la pelirroja quedó con la palabra en la boca.

-Sakura, cariño –comenzó esta vez Mikoto, acercándose hasta quedar al lado de la pelirroja-, debes entender que Sai no te conviene. Tú no le amas.

-¡¿Y me lo dice la madre del hombre que ha roto mi corazón un millón de veces?!

Y jaque ahora para Mikoto.

-¡SOIS TODOS UNOS MENTIROSOS! ¡ME HABÉIS ENGAÑADO PARA VUESTRA CONVENIENCIA! ¡OS IMPORTA UN COMINO LO QUE SIENTA O CÓMO ME AFECTE! ¡OS ODIO!

E hizo lo mismo que Sasuke, se marchó corriendo con los ojos inundados en lágrimas, perdiéndose en la lejanía en búsqueda de la soledad para llorar y lamentarse. Lo peor de todo, es que Sakura creía que no solo Naruto había participado, sino también, Sasuke. Después de todo, solo había llegado a escuchar cuando Kushina le había dicho a Mikoto que se retirara de la competición. Por lo que saber que Sasuke, aquel que en el fondo seguía amando, se había compinchado con su madre para que volviera a él, para disfrutar haciéndola sufrir como si fuese una afición, le resultaba completamente doloroso. Aquel dolor era semejante a cuando a alguien lo están quemando vivo y apagado el fuego tras rozar su piel, para volverlo a encender y apagarlo en el momento justo en un ciclo interminable.

Sai no tardó en seguirla, pero el resto no lo hizo. No se sentían con el derecho de hacerlo, además, empeorarían la situación.

Justo en ese momento, llegaban Tsunade e Ino y detrás de ellas el Hokage Minato con su alumno Kakashi, el líder Uchiha y Yamato.

-Kushina, ¿qué has hecho? ¿Qué ha pasado? –viendo a Mikoto a un lado tan silenciosa como su mujer y al otro lado a su hijo tan demacrado como si recibiera la gran paliza de su vida. Tanto Tsunade como Ino, corrieron hacia él para prestarle los primeros auxilios.

-Mikoto –habló esta vez Fugaku mirando a la pelinegra con la culpa rodeándola, la misma culpa que envolvía a su primogénito. Vio también a Obito y a su sobrino nacha Shisui que lejos de sentirse culpables, se encontraban alucinados por las tantas revelaciones que habían escuchado. Tan fuertes habían sido, que no se habían podido recobrar de ello. Fugaku los ignoró, y se centró en su familia. Eso lo hizo preguntar por otro importante en el seno familiar- ¿Dónde está Sasuke?

La respuesta expresiva de su hijo, le hizo ver que algo malo le había sucedido a su querido retoño, y que por alguna razón, tenía la corazonada de que tenía que ver con el dichoso problema que a Fugaku le comía la cabeza y que desconocía.

¡Eso ya era demasiado!

No iba a seguir en la ignorancia.

-¿Qué está pasando aquí? –exigió saber.

.

Sentado sobre la rama de un árbol en las afueras de Konoha, Sasuke se sentía afectado por todo lo que había sucedido. Tras las palabras crueles pero certeras de su madre y la participación de su hermano en un plan que le parecía ruin y rastrero, había perdido a los dos únicos familiares en los que siempre había confiado, respetado y admirado. Le quedaba su padre, pero si su madre y su hermano habían estado metidos en el aquel paripé, seguro que su padre también.

Sin embargo, ese no era el único problema que lo atormentaba. Sino el hecho de haber descubierto sus sentimientos por la Haruno, para después clamar unas crueles palabras, con la posibilidad de que Sakura pudiera escucharlas.

¿Por qué lo hizo?

¿Solo con la idea de contrariar a su madre, culpándola de lo sucedido?

¿Acaso eso no era estúpido e infantil?

¿Qué tal si Sakura lo hubiese escuchado? ¿Acaso no le habría supuesto el remate final y empeorado su condición, de forma que jamás pudiera recuperarse?

Realmente, lo había jodido todo. Todo por orgullo y egoísmo.

Cabizbajo, también tuvo la certeza de que no podría mirar a su familia a la cara.

Quizás… Quizás… Quizás debería marcharse de la villa y no volver nunca más. Así con el tiempo, Sakura se olvidaría de él y dejaría de sufrir sus constantes rechazos.

Con esa idea en mente, Sasuke se levantó y al alzar la mirada al frente, su rostro descompuesto pasó a la seriedad y a la amenaza.

-¿Quiénes sois?

Ante el Uchiha, se encontraban tres hombres y una mujer de mirada maligna. Debido a su ropa y sus caretos extraños, Sasuke supuso que debían ser de alguna aldea pobre y de bajo rango, aunque no llevaban ningún protector en la frente que pudiera identificarles. Sin embargo, sí llevaban una serpiente alrededor de sus cuerpos, como si aquel animal fuese algún tipo de escudo.

-Somos unos mensajeros que hemos venido con el propósito de llevarte con nosotros, Sasuke-kun –dijo uno de cabello corto de un azul grisáceo.

Sasuke se sorprendió ligeramente de que supieran su nombre y también por su objetivo. De inmediato mostró su superioridad.

-¡Hn! No tengo tiempo para perder contra unos imbéciles como vosotros ¡Ahora largaos de mi vista! –soltando su amenaza con el enfado rodeándole.

Una risa escalofriante resonó en aquel bosque, como si viniese de todas partes. Sasuke la buscó con la mirada tratando de encontrar al responsable que lo ponía nervioso, pero cuando escuchó a las cuatro serpientes hablar al unísono con la misma voz, se quedó de piedra.

-No deberías ser tan desconsiderado, Sasuke-kun. Creo que te convendría venirte con nosotros, sino quieres que alguien muy apreciado para ti, sufra.

Y en aquel espeso bosque, al igual que aquella voz turbadora, Sasuke escuchó el grito de dolor y angustia de Sakura Haruno, llamándolo desesperada, pidiéndole que no viniera.

Pero saber que ella estaba en peligro, que ese ser le estaba provocando un gran dolor, hizo que su ira se incrementara y perdiera completamente el juicio.

-¡No la toques! –exigió con los ojos rojos del sharingan.

.

En otro lugar, el sujeto que se comunicaba a través de las cuatro serpientes sonreía zorrunamente. Tras él, se encontraba Sakura con las muñecas y los pies atados con cuerdas de chakra, en forma de cruz, jadeando y en un estado lamentable. Durante su secuestro, había tratado de resistirse y su bata se había caído en el proceso, por lo que estaba medio desnuda.

Aquel sujeto cubierto de pies a cabeza, miró hacia el frente donde podía ver al Uchiha como si los ojos de aquellas serpientes se lo reflejaran en una pantalla.

-Tú me invitaste a hacerlo, Sasuke-kun –decía aquel sujeto-. Así que si no quieres que tu amiguita lo siga pasando mal, te aconsejo que sigas a mis subordinados.

.

-¡NO ME TOMES EL PELO! –gritó el Uchiha fuera de sí y abalanzándose contra aquellos cuatro ninjas.

.

Cerca del hospital, Naruto recobraba el sentido gracias al poder sanatorio de Tsunade. Medio atontado, el rubio distinguió a su padre que miraba serio a su madre.

-Papá, ¿qué haces aquí? –sobándose la cabeza, donde a pesar de haber sanado, aún le dolía el golpe. Sakura tenía una fuerza de mil demonios, y aunque lo había sufrido en anteriores veces, nunca de aquella manera.

La mirada seria de su padre la dirigió hacia su persona, y el adolescente se quedó parado. Nunca le había visto tan enfadado.

-Naruto, ¿es verdad que has estado manipulando los sentimientos de Sakura para que se quede contigo?

-Ehhh… Yo… -sí, lo había hecho, pero…-. Pero fue Kushina quién tuvo toda la idea –se defendía el muchacho.

-¡Eso no es excusa, Naruto! –protestó Minato enfadado con su hijo- ¡Has traicionado todos tus ideales y me has decepcionado al hacer algo tan vil y cobarde! ¡¿Crees que con esa actitud podrás ser Hokage?!

Y Naruto agachó la cabeza con la vergüenza rodeándole.

-Minato, por favor. Naruto tiene razón. Todo ha sido idea mía y…

-¡¿En qué demonios estabas pensando, Kushina?! –le cortó su marido, sintiendo también decepción de ella- ¡Yo os dejé hacer a Naruto y a ti, pensando que estaba bien que os pusierais de acuerdo en algo, pero no en algo como esto! ¡Mira lo que ha sucedido! –luego se enfocó en la otra mujer que estaba ligeramente apartada y sentada sobre una de las rocas. A su lado y de espaldas a ella, su marido con los brazos cruzados, tras saber por fin lo que su pequeño tenía. Pero no era momento, de celebrarlo, sino de sentirse incrédulo por todo. Su hijo enamorado de esa pelirosa. Su mujer preparando planes estúpidos que deshonraba a los Uchihas y a su propio padre. Definitivamente, se sentía igual que el Yondaime- ¡Y tú, Mikoto! ¡¿Tú también has participado en este complot?!

Pero la mujer Uchiha no tenía cara para ver a Minato.

El rubio adulto suspiró con fuerza, frotándose las sienes como si le doliese la cabeza.

-Lo único bueno es que tanto tú como Kushina habéis tenido suficiente cabeza para no repetir lo mismo que hace años. Sin embargo, eso no justifica el daño que le habéis hecho a Sakura. Quiero que cuando regrese, le pidáis perdón inmediatamente y que dejéis esa tontería de jugar con sus sentimientos para que se quede con vuestros hijos. ¿Lo habéis entendido?

Ambas mujeres asintieron en silencio. Suspirando nuevamente, Minato se dirigió a Tsunade y a Ino, donde la última se encontraba aliviada de que el encuentro entre Mikoto y Kushina no hubiese ido a mayores.

-Tsunade-sama –volvía a hablar el Hokage-, le agradecería que fuera a buscar a Sakura. Si es verdad que la internaron por estrés y ahora está sola por ahí más angustiada, necesitará la ayuda de alguien eficiente como usted.

-Enseguida, Hokage-sama. Ino, ven conmigo.

La rubia más joven tras asentir, desapareció con ella.

-Nosotros nos quedaremos aquí –sentenció el Hokage refiriéndose a su mujer e hijo-. Fugaku-san, eres libre de decidir si quieres que tu mujer se quede para que cumpla mi orden o marcharos y que lo haga más tarde.

-¡¿Por qué la hija de Madara se puede marchar tranquilamente y yo tengo que quedarme?! –protestó Kushina inconscientemente.

-¡KUSHINA! –la reprendió Minato- ¡¿Qué te he dicho sobre mantener el secreto de los orígenes de Mikoto?!

La sorpresa que todos se llevaron fue unánime.

Entonces, ¿era verdad que Mikoto era hija de Madara? ¿No se trataba de ninguna metáfora o de insulto?

Todos los pares de ojos desconocedores de ese secreto se dirigieron a la pelinegra, que lejos de verse afectada por la revelación, seguía en su propio mundo, reflexionando sobre lo que le había dicho a su hijo y hecho a Sakura, teniendo como consecuencia la decepción y enfado de su marido. En esos momentos, podría pasar el Kyuubi por su lado y soplarle en el oído, que ella ni se enteraría.

Con Itachi contándole todo lo sucedido, de vez en cuando los ojos negros de Fugaku la miraban fríamente. A medida que la conversación avanzaba, llegando a lo sucedido con su hijo, vio como la perplejidad se reflejaba en esos ojos tan parecidos a los suyos, para pasar a la molestia y la confusión.

Aunque Sasuke fuese el favorito de la familia, a Fugaku le disgustaba que le faltase el respeto a Mikoto. Pero al mismo tiempo, estaba de acuerdo con el joven en lo que había pretendido hacer Mikoto. Por eso mismo, no sabía cómo sentirse hacia Mikoto. Molesto con ella o consolarla en darle la razón al haber dicho aquello. Era una batalla entre amor incondicional hacia su esposa contra el amor que sentía por su querido retoño.

-Entonces… ¿es cierto? –murmuró Naruto sorprendido, rompiendo aquel silencio- ¿No es ningún tipo de insulto? –preguntó con los ojos puestos sobre sus padres.

-¡Vamos! Pero qué tonterías estás diciendo, sensei –habló Obito por primera vez con una sonrisa nerviosa-. ¿Cómo va a ser Mikoto-san la hija de Madara si murió en el combate contra Hashirama-sama?

La cara seria de su maestro y la de Kushina mirando para otro lado, indicaba que no se trataba de ninguna broma.

-¡No me jodáis! –protestaba el Uchiha y entonces se dirigió a Mikoto- ¡Tía Mikoto diles que eso no es cierto!

-Lo es –secundó Fugaku manteniéndose en su sitio, deseando que se callara de una vez. Ahora no tenía tiempo para lidiar con ese problema. Suficiente tenía con el duelo existente en su cabeza, sobre a quién apoyar.

La confirmación de su padre, dejaba a Itachi boquiabierto. Eso significa que tanto Sasuke como él, eran los nietos de Madara. Aquello suponía la respuesta a muchas de sus dudas, así como el hecho de que en su familia se veneraran a Madara y a su hermano Izuna como si fuesen seres importantes, cuando el primero había sido un traidor que había desprestigiado a los Uchihas. También explicaba la curiosidad que había sentido de pequeño al ver que su hermano mantenía un gran parecido con Izuna.

-¡Es imposible! –bramaba Obito- ¡Si Mikoto fuese la hija de Madara, él tuvo que tener más de cien años! ¡¿Cómo va a ser eso posible?!

-Mientras la mujer pueda concebir, no importa la edad que un hombre tenga –respondió Minato.

Obito miró a su maestro todavía incrédulo por la noticia. Se enfocó en Itachi tan o más sorprendido que él, donde para el joven también era primera noticia. Luego vio a Kakashi donde no le sorprendía tanto como a Yamato o a Iruka y finalmente al líder y a su esposa.

-¡¿Y por qué no habíais dicho un dato tan importante como este?! ¡Joder! ¡Hasta Kakashi lo sabía!

-Lo sabía porque soy el maestro de Naruto y Sasuke. Minato-sensei me lo confió para estar prevenido y evitar que sucediese la misma masacre que hace dieciséis años.

-¿La misma masacre? –repitió esta vez Shisui- ¿Qué masacre? ¿Te refieres al desastre que provocó el Kyuubi? –los ojos negros del Uchiha vieron como la pelirroja hundía tanto la cabeza, como una avestruz.

-Ya hablaremos de eso más tarde y en privado –cortó Minato, mirando de reojo a su mujer y a su hijo que se encontraba confuso-. Lo primero es lo primero. Fugaku-san –recordándole a su marido su petición.

El líder se giró y tras ver a su mujer brevemente, se dirigió al Hokage.

-Hokage-sama, considero estrictamente necesario que mi mujer reconozca su error ante esa chica de inmediato.

-De acuerdo –concedía el rubio.

-¡Pues mientras esperamos –exigía Obito todavía exaltado- quiero saber porqué habéis ocultado que la tía Mikoto era hija de Madara!

E Itachi también quería saberlo. Se había acercado y miraba seriamente a su padre, exigiéndole silenciosamente porqué le habían ocultado sus orígenes.

El hombre soltó un suspiro pesado y le contestó.

-Lo haré en cuanto Sasuke esté presente –pues le disgustaba contar la misma historia más de una vez.

.

Sasuke, al igual que Itachi, desconocía por completo sus raíces, así como el hecho de porqué esa gente quería que fueran con ellos a toda costa. Lo único que tenía claro es que, aquellos tipos eran más fuertes que él. No importaba cuánto daño le hicieran o cuánto los partiese en dos con su chidori, que aquellos cuatro sujetos volvían a regenerarse como si estuviesen hechos de agua. Él por su parte, se encontraba muy malherido y aguantando a duras penas sostenerse de pie. Veía como su propia sangre caía en chorros al suelo, así como las perlas del sudor que aterrizaban en el suelo.

¿Quiénes eran esos tipos? ¿Qué querían de él?

Miró a la serpiente que mostraba su lengua burlona. Sino fuera porque se había entrenado con Orochimaru, pensaría en lo repulsivo que resultaba ese maldito animal.

-No hace falta que sigas sufriendo, Sasuke-kun –volvía hablar ese tipo tenebroso a través de las cuatro serpientes que usaba como médium-. ¿Por qué no eres buen chico y te vienes con nosotros?

¡Y una mierda! Pensaba.

-¡Y UNA MIERDA! –pero antes de hacer cualquier movimiento, un quinto personaje lo golpeó en un punto estratégico por detrás, haciendo que perdiera la consciencia.

Sakura desde su encierro, observaba aterrada cómo el chico caía al suelo.

-Sas… ¡SASUKE-KUN!

.

Repentinamente, Naruto alzó la vista hacia el cielo presintiendo algo extraño en el aire. Quizás fuese su imaginación o quizás alguna alucinación creada en su mente para tener una excusa para largarse. Pero tras ver cómo Itachi compartía ese mismo sentimiento de inquietud, supo que no se trataba de ninguna alucinación y que algo malo había sucedido.

-¿Sucede algo, Itachi? –le preguntó su padre.

El aludido siguió mirando hacia el lugar donde su hermano se había ido. Con ese mal presentimiento rodeándole, ignoró la pregunta de su padre y se dirigió al Cuarto Hokage.

-Hokage-sama, me gustaría retirarme e ir a buscar a mi hermano. Creo que le ha pasado algo malo.

Eso despertó a Mikoto de su trance y atrajo la atención de Fugaku.

-¿Qué dices? –cuestionó el hombre.

-¿Cómo que le ha pasado algo a Sasuke? –fue esta vez la mujer quién preguntó desesperada.

-No sé muy bien como explicarlo, pero he sentido una especie de opresión –explicando aquel sentimiento que lo mantenía intranquilo.

-De acuerdo –asintió el Hokage-. Kakashi, Obito, id con él.

.

-¡DESGRACIADO! –insultaba Sakura al encapuchado que sentado sobre una silla de piedra, sonreía maquiavélicamente. La peli rosada a cada insulto que profesaba, trataba de tirar de las cuerdas envueltas en chakra que la tenían presa, para darle una buena paliza, pero era inútil-. ¡Ya verás cuando su hermano se entere de lo que le has hecho a Sasuke-kun! ¡No te lo perdonará! ¡Ni tampoco Naruto!

-No te preocupes, querida –apoyando una mano en la mejilla como si fuera un señor importante-. No pienso hacerle nada malo a Sasuke-kun.

-¡MIENTES! –bramó fuera de sí.

-Créeme cariño, no pienso hacerle nada. Solo cumplir en él lo que su abuelo no pudo realizar.

-¡¿De qué hablas?! ¡¿Cómo que su abuelo?! ¡¿Quién rayos eres?!

El sujeto echó la capucha hacia atrás y si su sola presencia de tipo misterioso le ponía los vellos de punta, verle el rostro, le resultó repulsivo. Su pelo era corto de un gris oscuro. Su piel era escamosa y de un amarillo pálido y sus ojos parecían los de una serpiente, ocultos bajo unas gafas de culo de vaso.

-Me llamo Yakushi Kabuto y fui el primer y único discípulo de Uchiha Madara.

Sakura quedó boquiabierta, luego recuperó la compostura y volvió a insultarlo.

-¡¿Estás loco?! ¡¿Cómo que discípulo de Uchiha Madara?! ¡Uchiha Madara murió hace muchos años en la batalla contra el Primer Hokage!

-Mucho me temo que estás equivocada en dos cosas. La primera, Madara no murió en la batalla contra el Primer Hokage. El Shodaime acabó por perdonarle la vida y Madara vivió oculto en este lugar –extendiendo sus manos hacia el cielo, como si estuviesen en el mismísimo paraíso-, cerca de la frontera de Amegakure –tras haber vanagloriado el último lugar donde Madara había vivido, se centró en la chica que lo observaba como si estuviese loco-. Y segundo, Madara murió exactamente hace cincuenta y un años. El mismo año en que nació su asquerosa vástaga.

-¡REALMENTE ESTÁS LOCO! ¡MADARA NO TUVO NINGUNA HIJA! ¡DE TENERLA, TODOS LO SABRÍAMOS!

Kabuto soltó una gran carcajada.

-Pues claro que no lo sabéis. Puesto que fue un acuerdo al que llegaron el Hokage Minato y el líder Uchiha –dirigiéndose hacia ella, donde Sakura se echaba atrás, maldiciendo la pared y las cuerdas, que la impedían moverse. Kabuto se detuvo hasta que solo los separó unos pocos metros-. Como tendremos que esperar bastante hasta que llegue tu amorcito, te contaré una fantástica historia.

-¡UNA HISTORIA LLENA DE MENTIRAS!

-Una historia que la propia vástaga de Madara te la podrá confirmar. Eso si no mueres antes de preguntárselo –riendo maliciosamente.

.

El mal presentimiento de Itachi crecía a cada segundo. Aunque contaba con el perro rastreador de nombre Pakkun invocado anteriormente por Kakashi, para localizar a su hermano, sentía algo malo rondando en el aire. Nunca en su vida se sentía tan agitado como ahora.

El pequeño perro marrón se detuvo sobre un lugar determinado, obligando a los dos Uchihas y a Kakashi a que se detuvieran también en ese punto donde había un gran resto de sangre. Itachi comenzó a temblar, rogando no creer lo que se estaba imaginando.

-Oye Pakkun, ¿no me digas que este rastro…? –comenzó a preguntar el Uchiha más mayor compartiendo el mismo temor que su consanguíneo.

-Es de Sasuke –declaró Pakkun, tras haberlo olido a conciencia.

E Itachi activó el sharingan. Sea quién fuera quién le haya hecho algo a su hermano, lo pagaría con sangre.

-Kakashi-san, me llevo a Pakkun conmigo. Tú avisa a Hokage-sama.

Antes de que Hatake pudiera protestar, Itachi se había llevado al pequeño can para encontrar cuanto antes a su hermano.

-Kakashi, será mejor que le hagamos y vayamos a avisar a Minato-sensei para conseguir refuerzos. Si alguien ha podido con Sasuke, ese alguien no ha sido moco de pavo.

.

-Así pues querida, esta historia se remonta hasta hace bastantes años, durante la época en que Tobirama era el Hokage. Tras la batalla que Hashirama había mantenido contra Madara donde había quedado muy tocado tras la batalla, el Primer Hokage le cedió su cargo a su hermano pequeño. Seguro que no lo sabes, pero Tobirama desde siempre, sentía cierta desconfianza hacia los Uchihas, especialmente desde que Madara fue considerado como traidor a la villa y a su propio clan. Entonces, decretó que cualquier acto de rebeldía o simpatizante de los ideales Madara, sería apresado de inmediato. Eso me ocurrió a mí. Cuando descubrieron que quería cumplir la voluntad de Madara, intentaron apresarme, pero logré escapar, logré escapar del Segundo Hokage, el hermano pequeño del Dios de los Ninjas –clamándolo como si fuese un hecho milagroso-. Me vi obligado a huir de Konoha y preparar mi estrategia contra la villa y su Hokage. Pero Dios estuvo de mi parte cuando al buscar refugio, lo encontré a él, ¡a Uchiha Madara y vivo! –pausando unos segundos para mostrar, seguramente, la misma emoción que debió sentir al encontrarlo vivo-. Verle vivo y todavía joven me abría una puerta para cumplir juntos la destrucción de la Hoja y de los Uchihas que le dieron la espalda.

Sakura pensó de inmediato que ese tipo no estaba loco, sino que era un fan obsesivo de Madara. Y esa clase de gente eran realmente peligrosos, y lo supo cuando la miró de reojo de forma extraña a través de sus gafas anticuadas.

-Pero había dos inconvenientes: Madara se había quedado inválido para el arte ninja y el segundo… -su emoción pasó al asco y a la ira- ¡Aquella zorra asquerosa llamada Kaede, que era la amante de Madara! –Sakura contuvo la respiración cuando aquel tipo tan repulsivo se había acercado a ella-. ¿Sabes que te pareces muchísimo a ella? Ella también me miraba con esos mismos ojos de miedo como si me hubiera escapado de un manicomio. Fue por eso, que se pegaba a Madara día y noche, como si temiese que en cualquier momento pudiese matarla. Y pensaba bien, porque pensaba hacerlo. A la mínima, me habría deshecho de ella –cuando Kabuto se alejó de ella, Sakura se sintió algo más tranquila-. Madara no lloraría por su muerte, pues solo la tenía consigo para sus circunstancias naturales y para tener alguien más que pudiera curarle del todo y cumplir su venganza. Pero aunque yo también era eficiente en medicina y en extraños experimentos, nadie ni la medicina más avanzada podía hacer que volviera a ser el que era y para mi mayor decepción, se rindió y cayó a los brazos de aquella mujer, procreando y teniendo una hija llamada Mikoto.

Sakura contuvo el aliento al escuchar el nombre de la madre de Sasuke.

-Aunque Madara estaba encantado de que yo le apoyara, aquella mujer le envenenó la cabeza para que desconfiara de mí, y sin sospechar nada, cumplí con su voluntad de ir como espía hacia Konoha para saber si los suyos habían comenzado a recelar de las autoridades de Konoha. En menos de de seis horas, Madara había muerto y también había sido enterrado con todos los honores. Y aquella mujer había desaparecido con su maldita hija –Sakura tragó saliva, porque el peligro se asomaba por todo su rostro-. Enseguida supe que el mismísimo Madara me había traicionado. Sabiendo que su muerte se aproximaba y para proteger a su hija y a su amante, me había mandado lejos, para que tras su muerte, no pudiera hacerles ningún daño. No puedes imaginarte la ira que sentí en esos momentos –Kabuto estaba equivocado, Sakura la sentía porque la estaba concentrando sobre ella-. Busqué a esa maldita zorra que no debería estar muy lejos, y a pesar de que era muy habilidosa, la encontré y le di un golpe mortal –relamiendo su victoria, para terror de Sakura-. Aún así, a pesar de su estado, ella siguió empeñándose en jugar al escondite, todo para proteger a su querida hijita. Y ciertamente, tuvo éxito. Para cuando me la encontré, esa zorra ya estaba muerta y la niña en brazos de tres ninjas de Konoha. Les seguí con la esperanza de hacerme con la única descendiente de Madara, y vengarme de ella por lo que su padre me había hecho, pero cuando vi al nuevo Hokage con la esposa del Primer Hokage, Uzumaki Mito, entre otros cargos poderosos, supe que no podría acercarme a ella, hasta que la niña se descuidara. Sin embargo, tuve un problema y es que aquellos ninjas descubrieron los orígenes de esa niña gracias a un diario que esa zorra de Kaede había dejado. Por culpa suya, descubrieron que había una tercera persona en esta cueva. Así que para despistarlos, controlé a un ninja para hacerles creer que esa persona era el ninja que buscaban. Y funcionó. Cuando conoces el arte ninja, es tan fácil despistar incluso a unos ninjas tan poderosos como esos Sannin –riéndose burlonamente ante la irritación de la joven. Aunque detestaba a Jiraiya por ser un pervertido, aunque le repulsaba Orochimaru al sacar serpientes de su boca, su maestra era una mujer que se merecía todo el respeto del mundo, por lo que no le consentía que dijera que ella también era una ninja débil y despistada-. Aún así, no podía hacerme con la niña, ya que estaba bien custodiada bajo el ninja Uchiha Fugaku y algún que otro ANBU que estaba bajo la orden del Sandaime. Incluso también estaba custodiada por Uzumaki Mito. Pues un niño de cuatro años, no me suponía ningún peligro. Así que esperé pacientemente, hasta que la propia Mikoto diese un paso en falso. Mientras, me fui fortaleciendo con las enseñanzas que Madara me había dado, y logré alcanzar el modo senin –mirándola nuevamente, ante la repulsión de la muchacha-. Reconozco que estuve demasiado centrado en mi propio entrenamiento, y para cuando me di cuenta, habían pasado muchos años. La hija de Madara se había casado y había engendrado dos hijos.

-¿Y por eso quieres a Sasuke-kun? ¿Planeas secuestrarlo para atraer a Mikoto-san?

-Querida niña, eres más ingenua de lo que creía –se mofaba Kabuto-. Mis ambiciones son mucho más que una simple venganza contra la hija de Madara. Ya te dije, que mi objetivo principal era destruir Konoha siguiendo los ideales de mi maestro traidor.

Y de sus manos que debido a la larga capa no se podían apreciar, le mostró unos ojos que tenían el aspecto de haber sido arrancados de algún cuerpo viviente. Sakura dio gracias por trabajar en el campo de la medicina, porque sino, habría vomitado del asco al verlos.

-¿Sabes qué es esto?

-Los ojos de alguien –contestó arrastrando las palabras, observando que ese tipo era más escalofriante de lo que pensaba.

-¡Correcto! Para ser más precisos, son los ojos de Uchiha Madara –Sakura tembló al imaginar lo que aquel hombre pretendía-. Tuve que escarbar en su tumba y arrancárselos. Menos mal que soy un ninja médico y pude hacerlo limpiamente –cerró la mano donde tenía aquel par de ojos y volvió a guardarlos-. En ellos reside la fuente de poder del legendario Uchiha. Si se los implantas a alguien, éste podrá obtener el mismo poder que el que tenía Madara. Aunque solo es válido para Uchihas.

-¡¿Y pretendes que Sasuke-kun sea tu conejillo de indias?!

Kabuto rió maliciosamente.

-No te preocupes, que en él tendrá un resultado positivo a diferencia de sus antecesores.

-¿Qué quieres decir?

-Pues que querida niña, he probado estos ojos con Uchihas que he capturado y que han sido considerados como desaparecidos y muertos por Konoha. Sin embargo, ninguno de ellos, pudo soportar el tremendo poder que estos ojos portaban. Todos y cada uno de ellos se quedaron ciegos y se sometieron a la locura, al matarse a sí mismos.

Sakura tembló imaginando que algo así podría sucederle también a Sasuke. El pensarlo, le produjo desesperación y el forcejear agresivamente para liberarse de su agarre y detener aquella locura.

Kabuto rió con ganas, ante el estado de la Haruno.

-No te preocupes, que eso no le pasará a Sasuke-kun. Debido a que es familia directa de Uchiha Madara, podrá soportar el poder. Al decir verdad, quería usarlo con alguien más poderoso que él, como lo es Itachi. Pretendía usar a su novia como cebo para atraerlo, pero Itachi la tenía bien respaldada. Incluso debo reconocer que de vez en cuando, notaba que alguien lo acechaba. Sin duda, Itachi es un tipo peligroso y un verdadero heredero de Madara. Pero sabía cómo defenderse. Así que tuve que optar por Sasuke-kun. No me costó nada saber cuál era su debilidad –cogiéndole unos mechos de su cabello rosa-. Él mucho canta lo molesta y pesada que eres, pero a mí no me engaña. Lo sé, porque su abuelo actuaba igual.

¿Acaso aquel sujeto tan tenebroso estaba insinuando que…?

¡No!

Sasuke siempre le había dejado en claro lo que significaba para él. Y no iba a caer en su treta para confundirla.

-¡MIENTES! ¡SASUKE-KUN NO SIENTE NADA POR MÍ! –le costaba decirlo, pero esa era la verdad.

-Piensa lo que quieras –justo en ese momento, llegaban sus cinco subordinados cargando el cuerpo inconsciente-. Tienes tiempo para hacerlo, mientras yo convierto a tu querido Sasuke-kun en mi querido vasallo que destruirá Konoha y a su familia –acercándose a los cinco ninjas, donde habían depositado al joven Uchiha sobre una tabla alargada hecha de piedra.

-¡¿ESTÁS LOCO?! ¡¿CÓMO PUEDES PENSAR QUE SASUKE-KUN SE CONVERTIRÁ EN ALIADO TUYO TRAS IMPLANTARLE LOS OJOS DE MADARA?!

-Lo hará, porque –sacando nuevamente aquellos ojos para mostrárselos- los he modificado para que su portador me obedezca solo a mí –y desvió los ojos para concentrarse en el Uchiha-. Comencemos –frotándose las manos, como si estuviera ante un festín.

Cuando Sakura vio cómo comenzaba con su labor, gritó lo más que pudo para que lo dejara. Pero amarrada con aquellas cuerdas de chakra y con Sasuke inconsciente, solo podía quedarse sin voz.

-¡DÉJALO! ¡SASUKE-KUN! ¡SASUKE-KUN! ¡DESPIERTA!

.

Pakkun saltaba de rama en rama, con Itachi pisándole los talones. Al decir verdad, no le entusiasmaba estar con él, sobre todo cuando tenía una pinta de asesinar a cualquiera que tuviera de frente. Y si tenía algo que ver con Sasuke, no lo dejaría de una pieza.

Repentinamente, su olfato le alertó de algo que no le gustaría para nada al Uchiha. Se detuvo en la siguiente rama, con Itachi a su lado.

-¿Qué ocurre?

-Aquí desaparece el rastro de Sasuke –confesó el pequeño can, mirándole de reojo.

¡¿CÓMO?!

¡ESO ERA IMPOSIBLE!

-Lo siento, pero es como si se hubiera volatizado –agregaba Pakkun.

Sin darse por vencido, Itachi siguió su camino, ante un confuso Pakkun.

-Oye, ¿a dónde vas?

-A buscar a mi hermano –le contestó el Uchiha dándole la espalda-. Él tiene que estar en algún lugar, y pienso encontrarlo –decretó con determinación-. Tú regresa con Kakashi-san.

.

Minato martilleaba su dedo contra su antebrazo ante la tardanza de ambos grupos. Aún por encima, el joven Itachi Uchiha había alegado que había tenido un mal presagio, un presagio que su hijo también sentía, ya que no paraba de dar vueltas de un lado para otro, mirando por donde Itachi y sus alumnos se habían marchado. Si no fuera por la impaciencia que a él también le suponía, le habría dicho que se sentara y se mantuviera tranquilo. Pero si Naruto había heredado la agitación no había sido solo de su madre.

En muchas ocasiones, su hijo, se quedaba quieto y se disponía a decirle algo, seguramente quería pedirle unirse al equipo de ambos Uchihas con Kakashi, pero después de mirarlo fijamente, donde la seriedad y la decepción todavía adornaban su rostro, lo hacía desistir, imaginando que todavía seguía enfadado con él, siendo la primera vez en su vida.

Y es que era verdad que se había molestado con su hijo por apoyar y participar en la barbaridad de su madre, pero si algo caracterizaba a Minato, es que le resultaba imposible sentirse enfadado con la misma persona durante más de cinco minutos. Vale que se sentía molesto y decepcionado, pero como nadie traía ninguna noticia, no tenía motivos para cambiar su expresión.

-¡Hokage-sama!

Por fin alguien que regresaba, pero al ver a Tsunade y a su joven discípula cargando a un Sai inconsciente, tanto su hijo como él, se acercaron de inmediato.

-¡¿Qué ha pasado?!

-¡No lo sabemos bien! ¡Nos encontramos con Sai inconsciente en el suelo y a su lado, estaba la bata del hospital que tenía Sakura! –declaró Ino agitada y nerviosa.

Y antes de que pudiesen acercarse Kushina y Mikoto preocupadas por lo que pudiera haberle pasado a la peli rosa, el grupo compuesto por Kakashi y Obito también regresaba tan alterados como las dos rubias.

-¡Minato-sensei! ¡Pakkun ha detectado un rastro de sangre que pertenece a Sasuke!

No solo el matrimonio Uchiha quedó de piedra, sino que tanto Ino como Naruto también se quedaron en shock.

Primero Sakura y ahora Sasuke.

¿Qué estaba pasando?

¿Acaso podía existir alguna relación?

-¡¿Dónde está Itachi?! –se adelantó a preguntar el líder y padre del susodicho tan nervioso como su mujer, que comenzaba a invadirla la culpa y a recordar lo que había ocurrido hace dieciséis años.

Rogaba a todos los cielos, que no se repitiera la misma historia, siendo esta vez los afectados su hijo y Sakura.

-Itachi ha cogido a Pakkun y se ha ido él solo a buscar a Sasuke –explicaba Obito brevemente jadeante por la carrera que había hecho.

Minato se puso serio al instante y comenzó a impartir las siguientes órdenes.

-Tsunade-sama lleve a Sai al hospital y que alguien lo cure –la mujer asintió-. Iruka, avisa a todos los líderes de los clanes y a todos los jounins y anbus disponibles para que estén atentos ante una posible invasión –el ninja también asintió.

-¿Una invasión? –repitió Kushina con los ojos agrandados de la impresión.

-Si Sasuke y Sakura han sido derribados y están en paradero desaparecido, es posible que los utilicen contra nosotros –se dirigió al líder del clan, que apretaba los puños ante la idea de que alguien usase a su pequeño-. Fugaku, tú y Shisui reunid a los vuestros y estad preparados ante cualquier percance. Será mejor que pongas a tu mujer a salvo. Tú, Ino, te encargarás de los heridos existentes en el campo de batalla junto a Tsunade-sama –aunque la responsabilidad era mucha, Ino tragó su nerviosismo y asintió dispuesta a cumplir su misión-. Y vosotros dos –dirigiéndose a su mujer e hijo-, escondeos en algún lugar seguro. Kotetsu e Izumo os custodiarán.

-¡¿Papá, estás de broma?! ¡Mis mejores amigos han sido secuestrados! –protestó el joven Uzumaki- ¡DEBO IR A SALVARLES!

-¡Naruto! –le reprendió su progenitor- ¡Entiende que si ellos han sido secuestrados, hay muchas posibilidades que lo hayan hecho para capturarte y al Kyuubi que tienes en tu interior! ¡Deja de ser insensato y obedece lo que tu padre y Hokage ha dicho! ¡¿O quieres empeorar su situación?!

-Claro que no, dattebayo, pero… -pero eran sus mejores amigos. Aquellos con los que había compartido millones de experiencia.

-Kakashi, Obito –ignorando a su hijo-, llevadme al punto donde encontrasteis el rastro. Nosotros iremos a inspeccionar y rastrear la zona más a fondo.

Tan pronto como Minato se había perdido con sus alumnos, Kushina vio como el resto se ponía en marcha a ejecutar las órdenes de su marido. Se fijó en el matrimonio Uchiha en cómo Fugaku le había dicho algo a la mujer, que aunque veía el temor al imaginar lo que pudiese ocurrirle a su hijo pequeño, encontró otra expresión bien conocida para ella. Después de observar durante tanto tiempo a su rival, había aprendido a conocerla demasiado bien para su gusto. Sin embargo, ahora no era tiempo para eso. Una amenaza corría a dos de los suyos y posiblemente a la villa y a su hijo. Dejándose guiar por Kotetsu e Izumo, Kushina empujó a su hijo, que se encontraba cabizbajo y fastidiado de no poder hacer nada. Y lo entendía, porque ella se sentiría igual si cumpliese la orden de Minato. Pues aunque considerase su seguridad prioritaria, ella era una ninja y por encima de eso, una Uzumaki. Y si habían llegado a esa situación, ella tenía parte de culpa, así que lo sentía por Minato, pero tenía que hacer algo.

.

Kushina no era la única que pensaba aquello.

Una vez que habían llegado a las propiedades Uchiha, tras haber sido dejada en casa, mientras Fugaku comenzaba a alertar a los suyos sobre lo pasado con su hijo y la posible invasión, Mikoto abrió la puerta corrediza que daba al patio.

Sentía marcharse sin avisar a Fugaku, pero Sasuke había huido porque le había dicho unas palabras muy crueles, afectándole de tal manera, que seguramente había provocado su distracción y posteriormente su secuestro. Y aunque sus palabras eran ciertas, no era algo que una madre debía decirle a su hijo. Con el golpe físico tenía que ser suficiente para que dejara de faltarle al respeto, no tenía porqué rematar el asunto humillándolo, como si su hijo fuese un ser despreciable que no valía para nada. Porque por mucho orgullo que tuviera, su hijo pequeño era alguien muy sensible, que siempre había buscado la aprobación de su padre… … …Hasta que había conocido a Naruto y a Sakura, siendo su único objetivo, ser más fuerte que el Uzumaki. Y aquel objetivo se lo tomaba con una sana calma, donde vivía la vida sin tener la presión de ser el mejor, solo porque los demás comentaban que todos los Uchihas debían ser unos genios.

Y como madre y como hija de Uchiha Madara, donde su padre había deseado que ella y sus descendientes vivieran en paz y armonía, iría a rescatar y a ayudar a su hijo.

Justo cuando iba a saltar, la voz de su marido a sus espaldas la detuvo.

-¿No te olvidabas de esto? –mostrándole las sandalias ninjas que como tradición se dejaban en la entrada de cada casa.

De fondo, escuchó cómo la alarma se activaba en toda Konoha y el murmullo de los Uchihas, corriendo de un lado para otra, poniendo a algunos a salvo, y otros preparándose para una posible batalla.

Fugaku había actuado rápido al avisar a los suyos, o más bien, intuyendo lo que haría, le había pedido a Shisui que diera la voz de alarma. Sin embargo, si Fugaku lo hubiese intuido, en sus ojos se dibujaba la resignación.

-Fugaku –tomó las sandalias que él le daba y mirando al suelo unos momentos, levantó la cabeza mostrando su confusión- ¿No vas a detenerme?

-Desde que éramos niños siempre te he consentido en todo, excepto cuando se trataban de hombres –mirando para otro lado, mostrando un deje de vergüenza. Esa clase de conversaciones le darían vergüenza, sin importar cuántos años pasasen-. Quería compensártelo por los actos crueles de mi padre para poder ver una y otra vez tu sonrisa, y esta no será una excepción –mirándola, donde ella se sintió enternecida por sus palabras-. Además, te conozco, sé que haga lo que haga, nada te impedirá en ir a buscar a Sasuke y a esa chica.

-Es una chica estupenda, Fugaku. Si supieras como piensa, verías cuánto ama a nuestro hijo. Incluso más de lo que yo te amo a ti.

¿Aquello era un consuelo? Porque Fugaku no lo veía así, sino todo lo contrario. En una parte muy profunda de su alma, sintió celos de su hijo por tener a alguien que lo amase más de lo que su mujer le amaba a él.

Un beso lo rompió de sus pensamientos y miró a su mujer, que le sonreía dulcemente.

-Pero yo nunca te hubiera cambiado por otro –soltando una breve sonrisa.

Fugaku estaba a punto de recordarle al rubio Hokage, porque aunque fuese una relación de mentira, siendo usado para darle celos a Kushina, sin ningún sentimiento por medio, Fugaku no podía evitar recordar los terribles celos y el dolor que le había supuesto verla con otro hombre mejor que él y con una personalidad más agradable. Las cosas eran como eran, y sin duda, Namikaze Minato era mucho mejor persona de lo que él era.

-Tengo que irme. Hablaremos más tarde –se despidió, tras ponerse las sandalias ninja.

-Ten cuidado –fueron sus palabras de despedida.

-Tranquilo, recuerda que soy la peligrosa hija de Uchiha Madara –lanzándole una dulce sonrisa y un guiño.

.

Itachi se encontraba jadeante. Buscaba y buscaba y no daba encontrado nada. ¿Cómo era posible?

Nadie desaparecía sin más.

Había inspeccionado todas las zonas posibles, pero no daba encontrado nada que le resultara sospechoso.

¡Maldita sea!

Estaba perdiendo demasiado tiempo y su hermano, puede que estuviera sufriendo.

Volvió a correr y saltar, con el objetivo de ampliar más su radio de búsqueda. Si el rastro se había perdido porque había desaparecido sin más, eso significaba que tendría que haber algún ninja habilidoso que controlase el cambio instantáneo o que controlase las técnicas los genjutsus y cayera en él, sin darse cuenta.

.

Saltando de rama en rama, Mikoto seguía el camino que habían tomado Minato y sus alumnos. Tomaba en mano las habilidades de su padre, donde la rapidez era una de sus grandes virtudes, y para evitar que Minato y los suyos se percataran de sus intenciones, había tomado un rumbo ligeramente distinto al suyo. Y gracias a su velocidad, sentía que los había dejado a bastantes kilómetros atrás.

Una presencia frente suya, la hizo detenerse en una de las ramas de aquellos frondosos árboles que los ninjas tomaban mayor comodidad y eficacia.

-¿Kushina? ¿Cómo has conseguido adelantarme? –preguntó Mikoto con el cejo fruncido.

La pelirroja torció el gesto en una sonrisa misteriosa y apoyó una mano sobre su cintura. Ataviada con su traje ninja y su larga melena rojiza recogida en una coleta alta, observaba a la Uchiha con prepotencia.

-Soy una Uzumaki, ¿recuerdas? No me ha costado nada sentir tu presencia e imaginar el camino que ibas a tomar. Así que he cogido un atajo que solo los miembros ligados al Hokage conocen.

-… -Mikoto se sintió molesta por aquel tono tan arrogante que la pelirroja había empleado- ¿Has venido a detenerme para ser tú la única heroína?

-Aunque me gustaría hacerlo, si ese desconocido ha podido con tu hijo, por muy deprimido que estuviera, eso no justifica que lo hayan derrotado, a no ser que fuera alguien realmente poderoso –respondió borrando su arrogancia, para ponerse seria-. Así que necesitarás mi ayuda tanto para pelear contra ese sujeto como para encontrar a tu hijo y a Sakura-chan. Algo me dice que su secuestro ha sido por la misma persona. Y yo se lo debo a Sakura-chan por lo que hice.

-¿Estás intentando decir que solo me ayudarás para enmendar tu culpa con Sakura?

-¡Bingo! –asintió con énfasis.

-Al decir verdad, debería molestarme tus intenciones de cooperar conmigo, solo para redimir tu culpa. Pero reconozco que necesitaré de tus habilidades como Uzumaki y tu fuerza para detener al que está detrás de todo esto. Además, comparte tu idea de que quién está detrás de esto, ha tenido que ver con los secuestros tanto de mi hijo como de Sakura –pausó unos segundos para suspirar-. Está bien –aceptando-. Por el momento, te concederé una tregua por el bien de Sakura y también por el de mi hijo.

La pelirroja asintió con la cabeza, mientras que por dentro se encontraba sorprendida, que después de tantos años de rivalidad que había puesto en peligro a más de uno, acabaran aliándose. Quién las viera, se quedaría tan asombrado como ella misma.

-¡Muy bien! ¡Vamos a rescatar a Sakura-chan! –dijo la Uzumaki animadamente llevando el puño hacia el cielo, en un signo de futura victoria. Pero Mikoto ignoró ese entusiasmo, para seguir con su camino, dejando a Kushina sola y cortándole el rollo, por lo que se sintió molesta- ¡Maldita, Mikoto! ¡Espérame!

.

Sakura sentía la garganta seca y las lágrimas que rozaban sus mejillas se habían secado. Una y otra vez había gritado para que aquel tipo tan escalofriante detuviera sus acciones. También había llamado a Sasuke una y otra vez, para que despertara de su estado de inconsciencia. Desesperada, solo podía ver cómo Kabuto completaba su acto quirúrgico.

-Bien –había dicho Kabuto con una sonrisa tan siniestra que daba miedo-. Ahora, ¡despierta, Sasuke-kun, nieto y heredero de la voluntad de Uchiha Madara!

Y como si sus palabras tuvieran un efecto mágico, Sasuke abrió los ojos mostrando el sharingan de su abuelo en una expresión fría y apagada.

Sakura se fijó en cómo el pelinegro se levantaba sin mirar a ningún lado en particular.

-¡Sasuke-kun! ¡Sasuke-kun!

El joven Uchiha se giró a verla, pero Sakura quedó soqueada. En aquellos ojos rojos con un sharingan que jamás había visto, no había alerta por cómo se encontraba, tampoco había ese desprecio y odio que tantas veces había visto, sencillamente no había nada. La miraba, como si le resultara una completa desconocida sin tener en cuenta el peligro que corría. Eso hizo que más lágrimas asomasen sus ojos verdes.

-¡ABRE LOS OJOS, POR FAVOR! ¡NO DEJES QUE TE CONTROLEN! ¡NO DEJES QUE TE USEN! ¡SASUKE-KUN! ¡ABRE LOS OJOS!

Pero Sasuke la miró por unos segundos más, para después voltear hacia el otro lado, continuando con su expresión neutra, como si fuese una marioneta que cualquiera podría manipular.

-¡MALDITA SEAS! ¡ERES UN ESTÚPIDO Y UN COBARDE SI TE DEJAS MANIPULAR SIN MÁS! ¡CREÍA QUE ERAS EL GENIO SASUKE DEL QUE ME ENAMORÉ! ¡PERO ERES PEOR QUE NARUTO! ¡NARUTO JAMÁS SE DEJARÍA CONTROLAR! –palabras dichas entre la furia que le producía de ver cómo pasaba de ella y por otro lado, con la esperanza de que así pudiese recuperar el juicio. Sabía cuánto odiaba pensar que Naruto era mejor que él, y de alguna manera, Sasuke sacaba fuerzas de flaqueza para demostrar que él no era ningún cobarde. Pero en esta ocasión, sus palabras no surtieron ningún efecto.

-Es inútil que te esfuerces –le decía Kabuto entre risas-. Sasuke-kun solo obedece lo que yo digo. Ya te he dicho que he modificado los ojos de Madara con mi chakra. Su cerebro solo atiende a lo que yo le digo. Todo lo que le rodea, le resulta desconocido e indiferente –se centró en el joven Uchiha que lo miraba con esa expresión apagada, provista de sentimientos-. Ahora, Sasuke-kun, tú y yo nos iremos a Konoha. Primero acabaremos con ese amigo Uzumaki que tienes para arrebatarle el Kyuubi y que arrase toda Konoha, tal como hizo tu abuelo en su lucha contra Hashirama. Y mientras, tú aniquilarás a todos los Uchihas que dieron la espalda a Uchiha Madara.

Sasuke no asentía. Solo se dejaba guiar por las palabras dichas por Kabuto, que resonaba en su cabeza, igual que una máquina que funcionaba con distintos botones para realizar esta u otra función.

-¿Y nosotros? –había preguntado uno de los cuatro ninjas que habían comenzado su ataque contra Sasuke, y que parecía ser el líder de ese pequeño grupo.

-Vosotros os quedaréis aquí. Me basta Sasuke-kun para cumplir con mi venganza –mirando al chico con orgullo, como si fuera alguna obra maestra hecha por él.

-¡Ehhh! ¡Yo no pienso quedarme aquí, aburriéndome como una ostra y escuchando las tonterías que esa chica dice! –espetó el que parecía más expresivo de los cuatro.

-Podéis distraeros deshaciéndoos de ella como más os apetezca –y al mirarla con esos ojos serpentinos, Sakura tembló de miedo por las palabras seseantes que agregó después-. Ya no la necesitamos para nada.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Y la historia dio un giro inesperado. La verdad, cuando comencé con el fic, no tenía ni idea de cómo iba a hacer cuando Sakura se enterara de las intenciones de Mikoto y Kushina. Así que cuando planeé que Mikoto fuese la hija de Madara, esto apareció en mi mente. Un enemigo conocido para nosotros y que en este fic le ha tocado ser el malo, malote (como no hay muchos fans de Kabuto, así que supongo que no recibiré muchas regañinas) de la historia.

Por otro lado, cuando en el anterior hice una descripción sobre la mujer que estaba con Madara, en vuestros reviews agradecisteis la participación de Kaede (Personaje que aparece en mi fic de Unmei: Uchiha to Haruno), así que en vista de vuestra aprobación, decidí ponerle el nombre a modo de confirmación.

Bueno, pues estamos en el antepenúltimo capítulo de esta historia. En el siguiente habrá acción y como adelanto, Kushina y Mikoto peleando codo con codo. Y como últimamente estoy haciendo, lo veremos a final de mes. Así que a finales de abril volveré con el penúltimo capítulo de esta historia.

Espero que me deis reviews para saber lo que has parecido. Recordad que eso anima a un escritor.

Muchos besos y saludos.

'Atori'