Mil disculpas por tardarme tanto, me han pasado mil cosas y lo más terrible es que mi disco duro murió y se llevó toda mi información, incluida mi historia de Lady Oscar. Afortunadamente estoy en mis vacaciones de verano, y hoy que no tuve muchas cosas que hacer, así que decidí escribir este capítulo, lo cual no fue tan difícil, pues gracias a Dios me acordé lo que ya tenía preparado. Muchas gracias por su apoyo.

Capítulo VIII

Otra vez

- No es grave pero debe cuidarse mucho a partir de ahora.

Oscar dormía profundamente mientras las otras cuatro personas que estaban en su dormitorio, la observaban con preocupación.

- ¿Cómo es posible que ninguna de ustedes me haya dicho que Oscar no estaba bien de salud?- André miraba con gran reproche a su abuela y Rosalie.

- André, no es hora de que las critiques, entiendo cómo te sientes, pero ahora más que nunca, Lady Oscar necesita estar rodeada de un ambiente tranquilo. – Dijo con sabiduría el médico de la familia.

- Tiene razón doctor, mejor explíqueme qué debo hacer para ayudarla.

André se veía muy preocupado y ofuscado. Llegar después de tanto tiempo y encontrarla así, no era algo que él hubiera deseado.

El doctor comenzó a dar instrucciones para los cuidados de la comandante.

- Primero que nada, deben saber, que la enfermedad que posee Oscar no es completamente un mal un mal físico. Intuyo que por alguna razón ha debido de estar muy tensa o preocupada durante un periodo considerablemente largo, esto ha hecho que su debilitado organismo llegara a su límite, imagino también que no ha estado comiendo adecuadamente.

- ¿Por qué no despierta doctor?- Preguntó temerosamente el recién llegado.

- Está sumida en un profundo sueño, se desmayó, está cansada y eso no hace más que indicarnos que no tenía más fuerzas, mediante el descanso su cuerpo trata de recuperarse. Pero eso no es suficiente, hay que ayudar a que este proceso de restablecimiento sea más rápido.

- No puede ser… - André estaba sentado en la orilla de la cama de Oscar sujetando su mano. La miraba con angustia. Mi amor… ¿Qué has estado haciendo mientras yo no estaba, por qué no has comido bien?... estoy seguro que yo me hubiera dado cuenta de que estabas descuidando tu salud.

- Madame… - Dijo el doctor dirigiéndose a la nana de Oscar. - Voy a darles los ingredientes caldos que le proporcionarán todo lo que ha perdido su organismo en este tiempo.

- No se preocupe doctor. - André interrumpió.- Yo mismo prepararé lo que tenga que comer… mi abuela debe encargarse de otras cosas en la casa, al igual que Rosalie.

- Está bien muchacho… por ahora tengo que decirte que lo más probable es que no despierte hasta mañana, en caso de que eso no ocurra, hasta la tarde como máximo, me llamas inmediatamente. Sin embargo, aunque ella esté dormida y semi inconsciente debes alimentarla, hoy comenzarás dándole sus primeras raciones

- De acuerdo.

Tal y como dijo el médico, Oscar no despertó durante todo el día, ni siquiera abrió un poco los ojos.

André subía las escaleras con sumo cuidado, para evitar que el contenido de la sopera que llevaba en una bandeja se volcara.

- Oscar, te traigo este caldo, te hará bien… - André hablaba con el corazón en la mano y sufriendo por que su amada ni siquiera abriera un poco los ojos.

Se acomodó a un lado de su cama para poder ayudarse con un brazo a sostenerla mientras la alimentaba. Oscar inconscientemente abría la boca y se tragaba el líquido que le daba. Fue un tanto difícil lograr que se terminara todo el caldo, pues en ocasiones, Oscar ya no abría la boca. Al terminar, André dejó la bandeja encima de una mesa y aprovechando que nadie estaba en la habitación, abrazó a Oscar.

- No tienes idea de cómo me siento al verte así… - Mientras hablaba su agarre se hacía un poco más fuerte. - Me imaginaba llegado y que tú saldrías a recibirme. Soñaba en como tu hermosa figura se acercaría a mí, pero lo que encontré… - Una lágrima cayó por su varonil rostro. - No puedo creerlo, me voy y mira lo que te pasa. Así te quejes, mientras estoy contigo, no te andas desmayando por ahí por no haber comido… mi amada Oscar…

André se soltó, ya no podía seguir abrazándola o su corazón explotaría. Tal vez puede escucharme. Cómo le dolía verla así, profundamente dormida, y tan pálida, aún así, le parecía el ser más bello sobre la faz de la tierra, al que no dejaría nunca más y a la que siempre cuidaría por el resto de sus días.

André se levantó casi al alba, no podía conciliar el sueño, se dirigió a la cocina en donde encontró a Mathilde.

- Te levantaste muy temprano.

- Sí, quiero preparar el caldo de Oscar de una vez y llevárselo.

- Estás muy preocupado ¿verdad?

- No puede ser de otra forma.

André le daba la espalda a su interlocutora, ya comenzaba a prepararlo todo en la cocina. Mathilde miraba con brillos en los ojos la espalda ancha de André, lamentándose de que su amor platónico no le hiciera el más mínimo caso.

- Bueno te dejo, tengo mucho que hacer André, si necesitas ayuda me avisas.

- Está bien, gracias.

- Nos vemos.

- Sí.

Terminó de cocinar y se fue a la habitación de Oscar. Con mucho cuidado abrió la puerta y depositó en la mesa la bandeja para abrir las cortinas del cuarto que estaba a oscuras.

- Oscar… ¿No has despertado?

- André…

- ¿Oscar?

- André ayúdame… - Oscar intentaba levantarse. Rápidamente André se acercó y se lo impidió.

- No Oscar, no estás lo suficientemente fuerte.

- No digas tonterías, claro que puedo… - Trató de hacerl pero un mareo la hizo desistir.

- Lo ves… nos seas caprichosa, por favor no trates de levantarte.

- Eso me dirás ingrato, caprichosa, eso me dirás después de que no te he visto por todos estos meses… - Oscar posó su mirada en la figura de André, se sentía cansada que verlo ahí, de nuevo a su lado, la llenaba de una dicha que no podía contener, quería levantarse y abrazarlo, saludarlo como se debía después de tanto tiempo.

- Oscar… - André se sentó al filo de su cama y ella con esfuerzo se acomodó.- Despacio no te esfuerces.

- André ¡qué felicidad me da poder verte! - Habló débilmente.

- Quisiera decir lo mismo, pero no estuve feliz de verte inconsciente en una cama.

- No sé qué pasó…

- No importa. - André se acercó al rostro de Oscar y depositó un beso en la frente de su amiga.

- André… - Su nombre se le escapó de los labios al sentir tanta calidez y ternura en su beso. Se sentía una niña, una pequeña niña que necesitaba de todos sus cuidados.

- Oscar, no quiero que vuelvas a jugar con tu salud, y ahora te vas a tomar todo este caldo.

- De acuerdo.

André hubiera querido decirle más cosas, hubiera querido besarla por todas partes, pero con todas sus fuerzas trataba de contenerse. Mientras le daba de comer, sus miradas se cruzaban y él solo podía perderse en el mar de sus ojos.

- Gracias, dile a mi nana que estaba delicioso.

- Yo lo hice.

- ¿Tú?

- Claro, tú eres mi responsabilidad, mi abuela y las demás tienen que hacer otras cosas, no quiero que cometan errores, y prefiero ocuparme de absolutamente todo con respecto a ti, sobre todo después de que nadie se diera cuenta de que no te estabas alimentando bien.

- André gracias, pero tú también tienes otras cosas qué hacer.

- Yo soy tu valet, y mis otras obligaciones no están siendo descuidadas, además tu padre me ha pedido que te vigile. Además, me siento más tranquilo si yo te cuido, no quiero que nadie más se entrometa, no después de que no te cuidaron bien.

- No te enojes con nadie… en todo caso… - Oscar quería reprocharle que él la haya abandonado tanto tiempo.

- Y no importa, solo quiero que estés bien, aún no tienes mucho color en la cara.

- Verás que en unos días estaré bien. - Lo dijo con un tono molesto, aguantándose las ganas de decirle lo que sentía.

- Bueno, te dejo porque tengo que darles de comer a los caballos. Regreso más tarde.

Oscar ya no estaba tan segura de si se seguía sintiendo feliz de tener a André de nuevo a su lado. Nuevamente su cabeza parecía sumida en sentimientos y sensaciones que la hacían cuestionarse más sobre ciertos puntos de su vida. Por más que trataba de comprender, su razón, su forma de ser, todo a su alrededor, parecía prohibirle y dificultarle entender sobre lo que su corazón y su mente le decían en ocasiones. Algo nuevo se descubría en ella. ¿En realidad sería algo nuevo, o quizá solo algo que ha estado oculto o dormido?

Tiempo, ella necesitaba tiempo, pero no es bueno demorarse, pensar demasiado sobre algo que está ahí, pero que de pronto no vemos. No es bueno tomarse más tiempo del que realmente debemos, alguien se nos puede adelantar, las cosas pueden cambiar de un momento a otro y ser demasiado tarde.