SUMARY: Todos saben que Sasuke y Naruto son rivales, pero también Mikoto y Kushina cuando se trata de la chica perfecta para sus respectivos hijos.

Pareja principal: Sasuke x Sakura

Parejas secundarias: Fugaku x Mikoto; Minato x Kushina; Naruto x Hinata; Itachi x Izumi

Aclaraciones: Es un universo paralelo donde Itachi no se convirtió en criminal, y el clan sigue vive y coleando; tanto Minato como Kushina siguen vivos y Minato sigue siendo Kage de Konoha; Obito tampoco murió, pero por equis razón (a vuestra imaginación), Kakashi tiene su ojo.

Género: Comedia, Drama, Tragedia & Romance

La idea surgió de: En mi búsqueda de saber si el seiyuu de Mikoto en Shippuden era el mismo que en la primera temporada, descubrí que los seiyuus de Mikoto y Kushina comparten el mismo nombre. Pensando en eso, pensé en versus y después por arte de magia surgió la idea.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su creador Masashi Kishimoto


ELLA ES MI NUERA

By: Atori


Episodio 12

-¿Con permiso?

Itachi levantó la cabeza de la montaña de papeles que tenía por delante, Shisui a su lado, fue otro quién imitó su acción. La presencia de Uchiha Izumi fue suficiente para que Shisui sonriera picaronamente, y se excusara diciendo que aprovecharía el tiempo que el capitán Uchiha estaría con su mujer para tomarse un descanso, y de paso dejar asolas a la parejita.

El comentario a mayores había puesto roja de vergüenza a Izumi. Era una mujer adulta, casada y con un hijo, pero aún habían cosas que la ponían roja como una adolescente.

-¿Sucede algo?

Contrario a la mujer, Itachi seguía manteniendo su apariencia inexpresiva como si comentarios como aquellos no le surgiese efecto.

Para Itachi era más importante que su mujer se presentase de improvisto en la oficina de policía. No era muy usual que ella viniera a verle en horas de trabajo. Entendía que su esposa tenía demasiado tiempo libre, pero Izumi respetaba su trabajo y para no molestarlo, nunca se pasaba por la comisaría Uchiha.

Viendo cómo ella se recomponía del comentario de su mejor amigo, se sentó en la silla de enfrente con una cara extraña.

-Nada. Solo que la casa está muy silenciosa.

Itachi dejó los papeles que había estado viendo para acomodarse en su propio sillón. Echándose para atrás, Itachi asomó un rostro lleno de culpa. El que su esposa estuviera así, era por la idea que había tenido para animar a su pequeño hermano tras su larga estadía en prisión.

Con lo sucedido hace seis años, su madre había entrado en una profunda depresión, culpándose a sí misma de que aquella terrible tragedia sucediese. Ella era la que llevaba en sus venas la sangre de su padre Uchiha Madara. Por culpa de sus raíces, Sasuke había sido el objeto de experimento de aquel loco llamado Kabuto, que lo había usado para aniquilar Konoha.

Víctimas inocentes habían perdido la vida entre la batalla que su hermano pequeño había librado contra Uzumaki Naruto, el hijo único del anterior Hokage. En aquella batalla, tanto su hermano como Naruto no habían sido conscientes de lo que habían provocado a su alrededor. Pero el daño era tan irreparable, que las familias de las víctimas asesinadas, no aceptaban la justificación en que los dos adolescentes habían estado controlados por alguien ajeno.

La pena de cárcel había sido inevitable.

Su madre no había podido estar más disgustada sabiendo que su hijo pequeño, el que toda la familia adoraba, estaba en prisión sin derecho a visitas y sin poder ver el exterior.

Itachi había estado preocupado por su progenitora, donde le había aconsejado a su padre que le cediera el cargo para que así ocupara de ella. Solo su padre, sabía lo qué hacer para que su madre no decayera en las profundidades del inmenso vacío.

Sin embargo, sabía que cuando Sasuke regresase a casa, una gran culpa le invadiría, donde solo la inocencia de un niño podría servir para devolverle la sonrisa. Fue por eso, que había convencido a Izumi, para que su hijo Itsuki estuviese casi todo el día en casa de sus padres, junto a Sasuke. Sasuke necesitaba mucho a alguien risueño, a alguien abierto y cercano, para que se pudiera recuperar y se diera cuenta de que la vida continuaba. Que se diera cuenta de que aún existían personas que seguían queriéndolo, a pesar de su crimen.

Como era de esperar, Itsuki había logrado mucho, pero no daba conseguido a que su terco hermano saliese de las propiedades Uchihas.

Igual que su madre años atrás, su hermano había decidido en internarse en las propiedades del clan sin querer salir nunca más. La vergüenza, el miedo de las miradas de los demás y la culpa le invadían de tal manera, que por el bien de todos, lo mejor era quedarse entre los suyos.

Tanto Naruto como él mismo lo animaban una y otra vez a que saliera, porque lo que pensaba no era del todo cierto. Claro que habían algunos rencorosos que no le perdonarían, pero también estaba la otra parte, que estaban ahí para apoyarlo.

-Lo siento, Izumi –dijo Itachi con sumo pesar, sintiéndose culpable de pasarse fuera de casa tanto tiempo, y en consecuencia, solo por su hermano pequeño, que su hijo también lo estuviera.

No había pensado en cómo tenía que sentirse ella ante tanta falta.

-Oh, no, no. No te preocupes –negando con las manos nerviosa, haciéndole ver que malinterpretaba su cara larga-. Es normal y entiendo perfectamente que te encargaras del cargo de capitán por el bien de Mikoto san. También entiendo que la presencia diaria de Itsuki kun es por el bien de Sasuke kun.

-¿Entonces? –mirándolo con cierta curiosidad, sin entender su cara larga.

Ella soltó un largo suspiro y mirándolo atentamente con las mejillas ligeramente coloradas le preguntó.

-¿De verdad tenemos que esperar dos años más para darle a Itsuki un hermano?

Si había un momento en que Itachi podía descomponer su rostro impasible, ese era uno de esos.

Menos mal que Shisui no estaba presente, que sino, estaría dentro de una situación tan incómoda, donde su mejor amigo se lo iría restregando por el resto de vida, y hasta a sus descendientes.

Tosiendo levemente, para calmar el calor que sentía sobre sus mejillas, Itachi buscó algún documento para distraerse y que su esposa no le viera cómo había sido capaz de alterarlo.

-Le prometí a Itsuki que a no ser que Sasuke le diera un hermanito, tendría que esperar cinco años.

Izumi cruzó los brazos ahora molesta, y haciendo un pucherito, miró hacia otro lado.

-Es que solo a ti se te ocurre decirle que los niños vienen de un genjutsu para explicarle de donde vienen los niños.

-Itsuki quería un hermano. Y me parece muy pronto darle uno, cuando mi hermano puede dárselo antes que yo.

Izumi volvió a ponerse colorada por lo que iba a decir.

-A mí no me hubiera importado.

-…

-Además –mirándolo ahora desesperada-, si tu hermano sigue en sus trece de seguir en las propiedades, jamás le dará un primo.

-Hermano –la corrigió Itachi con una sonrisa. Una de las pocas que daba-. Hasta que Itsuki tenga un hermano, tendrá que considerar como hermano al hijo de Sasuke para que lo cuide –explicando porqué le había hecho creer a su hijo que el hijo de su tío sería su hermano, y no su primo-. Así habrán buenos lazos dentro de la familia.

-Aún así –siguió quejándose con su pucherito infantil-, Sasuke kun nunca saldrá del clan para darse cuenta de la realidad.

Itachi asomó esta vez una pequeña risa y juntando las manos sobre la mesa, apoyó su quijada.

-Por eso, anoche pensé en algo y le dije a Itsuki que lo pusiera hoy en práctica para sacar al cabezota de mi hermano –agregó con una sonrisa.

Pedirle a su hijo que se pusiera insistente en algo que su madre no tuviese, y que le pidiera a su hermano que fuera con él a comprarlo, era algo que sabía que Sasuke no podía negarse.

-Cuando salga de las propiedades, será el gran paso y será cuestión de que nuestro hijo tenga un hermanito –recitándole a su esposa casi lo mismo que le había dicho a su hijo la noche anterior.

.

Parados en medio de la calle, Sasuke seguía contemplando atónito la figura de Sakura. No entendía cómo es que ella estaba viva. Empezó a pensar en que se había quedado tan obsesionado con el pecado que había cometido, que empezaba a ver fantasmas. Pero viendo cómo su sobrino se había echado a las piernas de Sakura, abrazándola y llamándola "tita", le hizo entender que aquella Sakura que veía real y no estaba muerta cómo había estado creyendo durante seis años.

Sakura viendo al niño Uchiha, abandonó su sorpresa, y trató de ignorar la presencia de Sasuke. Agachándose a la altura del niño, le sonrió y le preguntó qué tal estaba.

-¡Genial, ahora que vais a darme un hermanito como mi papi me dijo! –contestó el niño tan natural sin pelos en la lengua.

Sakura se sonrojó de pies a cabeza.

Mirando hacia otro lado, se sintió decepcionada de Uchiha Itachi.

Jamás se imaginaría que él siguiese los mismos que su madre de emparejarla con Sasuke, sin pensar en sus sentimientos. Y peor aún, que metiese al pequeño Itsuki en el tema. Empezó a entender que el que la llamase "tita" no era cómo los típicos niños que se dirigían así a las personas mayores, sino que la consideraba tía de forma oficial, porque asumía que era la pareja del hermano de su padre. Seguro que esa fue otra de las ideas que Itachi le habría metido a su hijo.

Con todo el cariño y delicadeza, trató de hacerle comprender al niño de su error.

-Itsuki kun, tu padre está equi…

-¡Itsuki! –interrumpió Sasuke con tanta rudeza y colocándose al lado de su sobrino, que asustó a Sakura-. Vayamos a comprar los dangos antes de que la tienda cierre.

-¡Vamos! ¡Vamos! –gritó el niño ilusionado, agarrando la mano de su tío y tirando de ella para ir antes de quedarse sin su dulce favorito.

Cuando su padre le había dicho que le pidiera para comer algo que su abuela no tuviera, no tardó en preguntarle si podía ser aquel dulce que tanto le encantaba, a lo que le había contestado con una afirmativa, añadiendo además.

.

-Pero tienes que prometerme que harás todo lo posible para que tu tío salga de las propiedades. De lo contrario, no te dejaré que vuelvas a comer dangos nunca más.

.

Eso lo había incentivado a empeñarse en que su querido tío lo acompañara, lográndolo con éxito, por lo que era justo que fuese recompensado con más de un palito de dangos.

Sakura veía cómo el inocente niño que seguía creyendo lo que no era. Feliz y contento tiraba de Sasuke para ir a paso apurado a la tienda soñada.

Y Sasuke…

No le había dicho nada.

Ni un mísero saludo.

Su actitud había sido más desagradable que cuando habían estado en el Equipo 7.

Mirando hacia el cielo, suspiró largamente, tratando de convencerse de que así estaba bien.

Era lo que ella había decidido.

Por el bien de todos, se alejaría de Uchiha Sasuke para siempre.

Se olvidaría de él para siempre.

Pero muchas noches, su corazón traicionero le hacía recordar lo que había pasado y que Sasuke estaba en Suna cumpliendo penitencia por un crimen del que no era del todo responsable.

Era cierto que había destruido vidas de inocentes, pero también…

-Sakura –lo escuchó y observó cómo él se había volteado, dirigiéndose a ella con una voz algo distinta-, ¿vienes con nosotros?

Sakura pestañeó varias veces. Sasuke nunca la había invitado a algo, y ahora, justo cuando no quería tener nada con él, tenía que comportarse de aquella manera.

La oferta de Sasuke, provino después por parte de Itsuki. Que soltase a su tío para ir a por ella, y tirar de su mano para que los acompañara, era una oferta que ya no podía rechazar.

El niño volvió a coger de la mano de su tío, recreando un ambiente familiar y tierno, que de no ser porque la gente sabía que aquel niño era hijo del capitán de la policía, jurarían que era hijo de aquellos dos que no se atrevían a mirarse mutuamente.

Ante semejante imagen, nadie se atrevía a murmurar por lo que el Uchiha había hecho. Era tan preciosa y tan bonita, que solo podían decir que se veían sumamente adorables.

Algo que Kakashi escuchaba tras haber visto por casualidad, como dos de sus alumnos habían vuelto a acercarse, gracias a aquel niño que rebosaba ingenuidad y luz.

Asomando una sonrisa bajo su máscara oscura, deseó que superasen esa oscuridad que acentuaban sus corazones y volvieran a ser lo que antes eran.

.

Con la compra hecha, el niño se sentía feliz. Ahora su prioridad era la de comer los seis palitos de dangos, ignorando el tenso ambiente formado entre sus tíos. Sasuke vio la oportunidad perfecta en saber cómo era posible que Sakura estuviera viva.

La había matado con sus propias manos, eso lo recordaba angustiosamente todas las noches, donde no paraba de tener pesadillas con ese momento.

-Creía que habías muerto.

Sasuke había dicho aquello en una extraña mezcla de sentimientos, donde se sentía aliviado de que así no fuera.

Sakura se giró a verlo sorprendida. Sin embargo él no compartía su mirada, sino que la tenía centrada en su sobrino. Obediente, educado y feliz, comía los dangos en la mesita que tenían al lado, mientras que ellos estaban de pie, apoyados contra el establecimiento a una distancia prudente del niño para que no escuchara su conversación.

-Morí –confesó ella con tristeza mirando ahora el suelo y jugando con sus pies-. Veo que no te acuerdas.

-¿De qué tendría que acordarme? –preguntó Sasuke siendo él que la miraba.

Sakura cerró los ojos, y apoyando la palma de sus manos contra la tienda, se dejó caer sobre ella.

-Cuando volví a la vida, tú aún seguías bajo el control de aquel monstruo –suspirando con pesadez-. O eso es lo que Naruto me ha contado.

.

Seis años atrás…

Kushina seguida de su marido aterrizaron donde estaba Naruto. La imagen de ver cómo Sasuke había atravesado a Sakura había hecho que recuperase el juicio. Las voces inquietas y angustiosas de sus padres, murieron al ver a su alrededor con sus propios ojos lo que había hecho al dejarse abandonar a la vida y que el Kyuubi tomase el control de su cuerpo.

Jamás se imaginó que aquello tuviera represalias muy grandes.

Naruto volvió a recordar lo que había sufrido Sakura, y completamente alterado fue corriendo hacia ella.

-¡Sakura chan!

A pocos pasos, Naruto se detuvo, quedándose en shock. Sakura estaba tirada en el suelo, inmóvil, pálida y con un gran agujero en el abdomen. Naruto empezó a temblar y a caer de rodillas, como sus lágrimas que rondaban por sus mejillas.

No podía ser cierto.

Tenía que ser mentira.

Una presencia aterrizó frente a él.

Distinguiendo sus sandalias ninja, Naruto no tuvo que levantar la cabeza para saber que se trataba de Sasuke. Lo que obligó a que su cabeza se levantara, es al ver cómo pequeños charcos de agua caían al suelo.

No era lluvia, sino las lágrimas de Sasuke, que contemplaba más estupefacto que él cómo Sakura había muerto. Los ojos de Sasuke habían vuelto a ser los de siempre, y no dejaba de ver más allá de lo que tenía delante. Su mundo no era el que Naruto pisaba, sino otro, donde solo estaba el cuerpo inerte de Sakura y el propio Sasuke.

Sasuke había vuelto en sí, gracias al sacrificio de Sakura. Pero eso no aliviaría a nadie. Ni a ellos mismos.

Vio cómo la madre y el hermano de Sasuke también aterrizaron donde estaban y se acercaban a él, pero antes de que pudieran tocarlo, Naruto sintió cómo el chakra de Sasuke volvía a consumirse bajo el control de aquel enemigo que lo había secuestrado.

-¡Cuidado! –les gritó.

Quiso salvar el cuerpo de Sakura para que no se viera más afectada de lo que ya estaba, pero un grito colérico por parte de Sasuke, lo obligó a que se estrellara al lado de sus padres. Sus padres gritaron su nombre, pero ante la fuerte corriente de aire, Minato y Kushina solo podían cerrar los ojos y hacer fuerza para mantenerse en el sitio.

Cuando todo hubo cesado y pudieron visualizar el lugar, se llevaron una sorpresa al descubrir cómo la figura de Kabuto, libre del genjutsu de Itachi, se encontraba presente.

Todos se colocaron de forma ofensiva, preparados para luchar contra aquel tipo, pero temerosos de que…

-¿No me digas que fue Sasuke quién lo liberó del genjutsu y lo trajo hasta aquí, dattebane?

Fastidiados e incrédulos, todos estaban preparados para volver a enfrentarse a aquel mutante. Muchos shinobis, entre ellos, Tsunade y Shizune, se acercaron a la zona cero para prestar su ayuda y atención médica.

Kabuto estaba extrañado por encontrarse en un lugar distinto al que estaba. A su alrededor, no solo estaban Minato y los que le habían derrotado, sino que al lado de él, estaba su marioneta todavía bajo su control.

Los destrozos y las victimas que había sobre la Hoja, lo hicieron soltar una risa de locura total, clamando en alto una y otra el nombre de su maestro y la victoria por haber ocasionado la destrucción de la villa que lo había traicionado.

-¡Adelante, Sasuke! ¡Acaba con todos! ¡Destroza por completo Konoha!

Pero Sasuke no movía un músculo. De hecho, a Naruto le daba la impresión de que Sasuke no quería obedecer la voluntad de Kabuto.

No entendía nada.

Y Kabuto era otro, por lo que a punto de regañarlo por no obedecerlo, girándose a verlo, se lo encontró directo con sus ojos. Aquellos ojos donde ahora Sasuke usaba todo el poder de su abuelo para someter a Kabuto bajo su voluntad. La marioneta que usaba Kabuto se había vuelto demasiado poderosa para que ahora él fuese la marioneta y estuviese bajo su genjutsu, donde podría hacer lo que quisiera con él.

Naruto se quedó sin habla ante aquello, entendiendo cada vez menos lo que estaba pasando.

-Sálvala –escuchó cómo murmuraba en bajito-. Sálvala.

Repentinamente, Kabuto empezó a gritar cómo si lo estuvieran torturando, una tortura mucho más macabra que la que había tenido a manos de Uchiha Itachi.

Luego, todo se convirtió en silencio, y un quieto Kabuto, como si estuviera ido, se arrodilló frente a Sakura.

Naruto y otros estuvieron a punto de ir para detenerlo. Aunque Sakura estuviera muerta, no iban a ver con sus propios ojos como masacraban más el cuerpo de la chica.

Tsunade los detuvo, como si reconociese lo que Kabuto estaba haciendo, o más bien la obligación de Sasuke controlando a Kabuto para que lo hiciera. La sannin no tuvo ninguna duda cuando una fuerte luz apareció sobre las manos del mutante, transmitiéndolo al cuerpo de Sakura.

-¿Qué está sucediendo, Tsunade obachan? –preguntó Naruto ignorante y sin lograr apaciguar su inquietud.

La cara que tenía la rubia no le dejaba a que mantuviera la calma.

-Está… Está devolviéndole la vida… -comentó incrédula.

.

-Se ve que lo que hizo aquel monstruo sobre mí, es lo mismo que Chiyo sama hizo sobre Gaara sama.

A medida que Sakura le iba contando la historia, vagos recuerdos acudían a la memoria de Sasuke.

Podía recordar la ira que había sentido, al ver el cuerpo inerte de Sakura, negándose a creer que ella estuviera muerta.

Recordaba la orden que le había dado a Kabuto para que la salvara.

Y ahora mismo, había recordado cómo ella había abierto los ojos, llamándolo en un susurro bajo.

Luego, todo se había vuelto negro.

-Kabuto murió tras devolverme la vida, y cuando desperté, tú estabas con aquellos ojos y luego caíste agotado por el uso de un gran poder –continuaba ella, viendo cómo Itsuki ahora comía un helado.

El niño había terminado su dulce favorito a mitad de historia. Por lo que Sasuke le había comprado un helado para tenerlo ocupado, y así escuchar el resto de la historia.

Y tras saberla, tenía muchas preguntas que hacerle a la chica.

-¿Por qué no he sabido de ti? Ni siquiera el usuratonkachi me habló de ti.

Mirando hacia el lado contrario, Sakura confesó.

-Yo pedí que no te hablaran de mí –Sasuke se quedó helado-. Sé que te debo darte las gracias por haberme devuelto la vida. Pero encontrarnos, solo nos ocasiona problemas –y dolía decir eso. Pero, el estar cerca de él, solo ocasionaba inconvenientes muy serios.

El saber que por su culpa, por haberse hecho novia de Sai y haber jugado a ambas bandas con las madres de Sasuke y Naruto, a sabiendas lo que querían de ella, cuando sus sentimientos eran claros, era para castigarla a quedarse soltera como su maestra.

-Quizás –apoyó Sasuke para su sorpresa y despegándose de la pared de la tienda- Itsuki, si ya has terminado, regresamos a casa.

El niño contestó con un gran sí y con la boca manchada de helado, que Sasuke se encargó de limpiársela. Luego, lo cogió de la mano, pero la falta de Sakura, confundió al niño para mirar hacia atrás. Antes de que preguntara por ella, Sasuke le aclaró.

-Tiene cosas que hacer. Volvamos.

Sakura entendió la indirecta a través de sus palabras.

Era un adiós definitivo.

Ya no solo por parte de ella.

Sino también por parte de él.

Lágrimas resbalaban por las mejillas de la chica.

Sabía que si algún día se encontraban, aquello acabaría por suceder.

Por eso, para evitar ese momento tan duro, que no quería verlo.

Sufrir por tener que alejarse de él, y que él estuviera de acuerdo, era más doloroso que el saber que Sasuke había estado en prisión durante años por algo que no era justo.

-Es por nuestro bien. No estamos destinados a estar juntos –dijo ella, agachándose y juntando sus piernas contra su pecho, llorando en silencio.

.

Los días fueron pasando, y la boda de Naruto se iba acercando.

Sasuke, más que nunca, seguía empeñado en no querer ir.

Pero lo que había sorprendido a todos, es que el ánimo que Sasuke había recuperado, había vuelto a perderlo y a decaer peor que antes.

Encerrado en su casa, sin salir ni siquiera por las propiedades de su clan, se dedicaba a mirar el horizonte con sus ojos perdidos, como si estuviese cansado de la vida.

La presencia de Itsuki había dejado de funcionar, donde el niño veía con tristeza y dolor, como su tío querido ya no jugaba ni hablar con él. Aquello hacía llorar al niño, donde ni ante eso, Sasuke se inmutaba.

Cuando Itachi se había enterado de que su hermano se había encerrado en sí mismo, y las consecuencias que pesaban sobre su hijo, había corrido a la casa de sus padres para tratar de averiguar qué es lo que había pasado.

Previamente, se había enterado por Kakashi que había visto a Sasuke y a Itsuki en compañía de Sakura, por lo que fue fácil deducir cuál era el problema.

-Sasuke, ¿qué te ha pasado?

-…

-Estabas yendo muy bien. ¿Qué te ha pasado con Sakura?

-…

-Sasuke, ni a mí me vas a decírmelo.

El círculo de confianza que tenía Sasuke sobre la gente era casi inexistente, que el único al que al final le contaba todos sus problemas, era a su hermano mayor. Su relación con él era tan estrecha, que no se comparaba a cualquier relación fraternal.

-Ha pasado lo que tenía que pasar, hermano –contestando finalmente.

-¿De qué hablas?

-Yo siempre supe lo que Sakura sentía por mí. La despreciaba, la alejaba de mí, la hería emocionalmente.

Itachi se sentó en el escalón que conducía la mansión Uchiha al jardín que la rodeaba.

-Pero ella seguía enamorada de mí. No sé si fue su constancia, sus sentimientos tan fuertes, que yo acabé sintiendo lo mismo que ella.

Itachi se sorprendió ligeramente, al ver cómo su hermano abría su corazón de forma sincera, revelando lo que durante tanto tiempo había imaginado. Quería preguntar si aún sentía lo mismo, y a regañarle en que fuera tras las Haruno, en vez de quedar como un idiota ahí sentado.

Por lo que sabía, la Haruno había abandonado su relación con Sai, poco después de la tragedia ocurrida en Konoha, y ningún hombre había conseguido volver a seducirla porque ella seguía enamorada de su hermano pequeño.

Lo cierto es que le había extrañado cuando le había pedido de que no le hablasen de ella a Sasuke, recordando cómo había sufrimiento y desesperación en su rostro, como si en el fondo le doliese aquello.

-Pero le hice mucho daño, hermano. Le hice demasiado daño. Y yo no soy persona tan abierta cómo para corresponderla como se merece.

Ahora Itachi frunció el cejo ante la estupidez que Sasuke decía.

-Por eso –prosiguiendo-, seguí actuando como cuando era niño. Pasando de ella, despreciándola.

-Y cuando anunció que salía con aquel chico, te pusiste celoso y no quisiste reconocerlo.

Sasuke observó a su hermano mayor con molestia de que le hablase en ese tono.

-Fuisteis madre a mis espaldas, los que provocasteis que se sintiera mal anímicamente.

-Reconozco que eso fue un error de madre y mío, pero si lo estábamos haciendo era por ti.

Sasuke suspiró con fuerza abandonando su molestia.

-Y lo agradezco –murmuró inexpresivo-. Solo así entendí que lo mejor para ella era el no estar a su lado nunca más. Ella también se ha dado cuenta de eso y está de acuerdo.

Así que de eso se trataba. Pensó Itachi con amargura. Levantándose del escalón, dio unos pasos al frente para cruzarse de brazos.

-¿Solo porque has sido un inmaduro cabezota y orgulloso Uchiha que por eso vas a destrozar tu vida y la de Sakura?

-¡Ju! Si solo fuese por mi comportamiento. He llegado a matarla, hermano –dijo como remate final de algo que nunca podría borrar de su corazón.

-Pero tú mismo la has revivido –con el cejo fruncido, Itachi se giró mostrándose por primera vez, enfadado con su hermano pequeño- ¡Te ofuscaste cuando la viste muerta que no quisiste aceptarlo, y obtuviste un poder más mayor que el de nuestro propio abuelo y quitaste el genjutsu que yo le había puesto a aquel tipo que os secuestró a Sakura y a ti, para meterlo en tu propio genjutsu y torturarlo para que la reviviera!

-…

-Por mucho que digas, ¡Tú no puedes vivir sin Sakura y Sakura no puede vivir sin ti!

-…

Ante el silencio y el no darle la razón, Itachi lo cogía del cuello de su camiseta oscura, obligándolo a que se levantara y estuviera a su altura.

-¡¿Vas a negarme en mi propia cara que si estás así, es porque Sakura te ha dicho lo que tú por miedo, nunca quisiste decirle, que es el adiós definitivo?!

Sasuke agrandó los ojos. Pero, luego los desvió hacia otro lado con algo de pena.

Itachi suspiró molesto. Soltando la prenda de su hermano, se dio la media vuelta.

-Ya estoy cansado, Sasuke. Si sigues con esa actitud derrotista, no pienso permitir que mi hijo siga llorando por alguien que no se quiere dejar ayudar.

Era una advertencia en que no volvería a tener la alegría de la casa rondando cerca de él.

Y era mejor.

Estaba claro que su sola presencia, hacía sufrir a quiénes lo rodeaban.

.

El día de la boda de Naruto había llegado.

Se notaba el ambiente sería festivo por toda Konoha. No todos los días se celebraba una boda, donde los protagonistas eran la hija del líder del clan Hyuuga, uno de los clanes más populares de Konoha; y el otro, el hijo del Cuarto Hokage, Uzumaki Naruto.

El nombre de Uzumaki Naruto era muy conocido. Tanto por la tragedia sucedida hace seis años, como por los logros importantes conseguidos a lo largo de su vida.

Era normal, que casi todos los habitantes de Konoha, y otros de otras villas fuesen invitadas al casamiento, siendo el Kazekage y sus hermanos, los primeros invitados ajenos a Konoha en ser invitados.

La familia Uchiha también había sido invitada, pese al pequeño temor que existía en la tercera generación, donde algunos aún recordaban la pelea que habían mantenido Uzumaki Kushina y Uchiha Mikoto hace años. Lo peor es que todo el mundo había descubierto que Mikoto era hija de Uchiha Madara, por lo que no era fácil ignorar ese dato tan importante.

Aún así, Mikoto tenía toda la intención de asistir al casamiento.

-Cariño, ¿de verdad no vas a ir a la boda? Naruto kun se sentirá triste si no vas –intentando alentarlo una vez más.

-No creo que note mi ausencia entre tanta gente.

Mirando cómo a través de las pequeñas murallas que separaban las propiedades del exterior, el bullicio de mucha gente, acompañado de fuegos artificiales.

Se notaba que iba a ser una fiesta a lo grande. Idea de Uzumaki Kushina, supuso el joven. Así que menos razones para no ir y estropearla con su presencia.

-Eres su mejor amigo.

-Por eso, porque soy su mejor amigo, no quiero estropearle la boda. Sé cómo se comportará la gente cuando me vea.

-Cariño –sentándose sobre sus piernas, para estar a su altura y acariciarle las hebras con dulzura-, siento que por mi culpa, tengas que cargar con este karma. Pero, no estamos solos.

-Quizás tú no, madre. Pero yo sí –reconoció el chico.

-Sasuke –su madre resopló. Su hijo era igual de cabezota y terco que su marido. Quizás, incluso más-, no me gustaría que te quedaras solo de por vida.

-…

Mikoto vio cómo su marido aparecía y le hacía una seña para que se fueran cuanto antes a la celebración. Si algo en lo que destacaba Uchiha Fugaku, es que era un maniático de la puntualidad.

-Por favor, Sasuke. Piensa en lo que te he dicho y reconsidera tu asistencia, aunque sea a última hora.

Sasuke no hizo un comentario adicional. Continuó con su mirada perdida en la nada, y como los cielos se convertían en el escenario de aquellos fuegos artificiales.

Todos estarían presentes en aquella gran fiesta. Todos menos él.

Así evitaría más de un desastre.

Estaría solo en su casa.

Lo que su madre no deseaba.

Pero, era lo mejor para todos.

Descansó su cabeza sobre la pared y de repente, comenzó a sentir una punzada de dolor en los ojos que lo obligó a gritar desgarradoramente.

Sus padres ya se habían marchado y el bullicio de fuera, opacaba sus gritos, donde nadie escucharía la agonía que estaba sufriendo. Una agonía que le afectaba más al ojo izquierdo que al derecho. Una sensación que le resultaba muy familiar. Era cómo cuando Kabuto le había insertado los ojos de su abuelo, el Rinengan que su abuelo había obtenido de una manera, que a día de hoy seguía siendo un misterio.

El dolor se esfumó y lo siguiente que vio no fue el jardín de su casa.

El bullicio de la gente había desaparecido. Y la sensación de calor o frío había desaparecido. Así cómo la imposibilidad de controlar su cuerpo.

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?

Ante él solo había un mar de oscuridad, y tenía la impresión de que su alma había sido tele transportada a un lugar desconocido.

Incluso llegó a pensar que sin darse cuenta, alguien lo había metido en un genjutsu o que había muerto.

-Madara dono.

¡Aquella voz!

Lo siguiente que vio Sasuke era a una persona que se parecía muchísimo al tipo que lo había secuestrado e insertado los ojos de su abuelo, sometiéndolo a su voluntad para que destruyera a los Uchihas y Konoha.

¿Qué estaba pasando?

¿Y dónde estaba?

Lo único que podía visualizar era aquella cueva oscura, profunda y misteriosa.

-¿Sucede algo?

Y aquella voz había salido de dónde él estaba. Era una voz muy gastada y totalmente desconocida.

-Quería saber cuando piensa deshacerse de esa mujer.

Silencio por parte de su interlocutor.

-Madara dono, ya le he dicho muchas veces que esa mujer no ha aterrizado aquí por casualidad –dijo Kabuto levantándose, donde a contra de su voluntad, los ojos de Sasuke también se habían levantado para ver a su secuestrador directamente-. Estoy seguro de que Konoha habrá sospechado de usted al no encontrar su cadáver en su lucha contra Hashirma y la habrán mandado como espía o algo parecido.

-¿Acaso dudas de mis ojos, Kabuto?

La voz de aquel hombre aunque fuese gastada, sonaba aterradora, tanto que asustó a Kabuto, que retrocedió unos pasos y simulaba una sonrisa nerviosa.

-Nunca haría algo así, Madara dono.

Una idea empezaba a surgir en la mente de Sasuke, donde sería algo imposible de creer, pero todo apuntaba que él, se quizás por algún resto que había quedado al haberle devuelto sus propios ojos, que su alma había sido transportada al pasado, metiéndose en la piel de su propio abuelo y viviendo aquellos días en los que él vivía.

Pero, ¿por qué?

¿Cómo?

-Pero –seguía insistiendo Kabuto-, ha de reconocer que usted no se ve muy bien físicamente. ¿Acaso no le resulta que una mujer joven como ella le quiera. Eso sin contar que cuando llegó, usted la torturó durante cuatro años con su Tsukuyomi. Debe reconocer que no es normal que aún así se haya encariñado de usted y ande esperando un hijo suyo. Se nota que es una mujer frívola con una única misión –en aquel comentario, Kabuto dejaba entrever el deprecio y el odio que sentía hacia aquella mujer-. Seguro que lo que querrá es…

-¡Ya es suficiente, Kabuto! –cortó Madara secamente-. Ese niño será mi heredero y el futuro que salvará a los Uchihas.

Sasuke en el interior de Madara, solo podía pensar que aquel niño no nato, tenía que tratarse de su madre.

Recordando lo poco que sabía de Uchiha Madara, Sasuke imaginaba que su abuelo usaría a su hijo para convertirlo en objeto de venganza contra Konoha. Lo que él no había podido hacer por el obstáculo que representaba Hashirama.

Pero por azares del destino, su abuela había escapado, muriendo poco después, seguramente a manos del psicópata de Kabuto. Sin embargo, había logrado poner a su madre a salvo. Los de Konoha la habían encontrado y así, ella había podido vivir entre los suyos.

Sin embargo, por lo que estaba escuchando, parecía que estaba muy equivocado con su teoría.

-Como usted desee, Madara dono –dijo Kabuto con una inclinación de cuerpo, mostrándole el respeto más absoluto, aunque Sasuke podía ver que él no estaba de acuerdo con la mujer que también estaba allí, y mucho menos, con el niño que crecía dentro de su vientre.

Cuando Kabuto dejó a Madara solo, Sasuke sintió cómo este se levantaba con muchas dificultades como si apenas tuviera fuerza. Lo vio caminar con pasos lentos y torpes, y a través de ellos, pudo ver que lo único que tenía como ropa era una prenda única larga y gastada que le llegaba al suelo, donde no podía verse sus propios pies.

Sus ojos se volvieron borrosos por décimas de segundos, pero suficientes para que se tambaleara y agarrase lo que más cerca tenía, arrastrándolo al suelo. Su abuelo había evitado caer de bruces al suelo y respiraba fuertemente por la boca, cómo si le costase respirar. Sus ojos nuevamente cerrados, cómo si así pudiese evitar el mareo, se abrieron y se quedó estático ante la visión que ofrecía un espejo caído hecho añicos.

¿Aquel hombre era su abuelo?

¿Aquel hombre era el legendario Uchiha Madara?

Su larga cabellera supuestamente oscura estaba completamente blanca. Su piel estaba más arrugada que la del Tercer Hokage y eso que estaba entrado en años. Sus arrugas eran tan visibles cómo su estructura ósea, donde estaba demasiado delgado, que podía verse los huesos de la mano. Y estaba tan pálido, cómo si careciese de la luz solar en décadas.

Estaba tan demacrado, que le resultaba una horrorosa visión para quién lo viese.

¿Alguien así había embarazado a su abuela?

Era una locura lo que iba a pensar, pero tenía que darle la razón a Kabuto y creer que su abuela se había dejado embarazar por razones nada puras.

-¿Madara sama? –escuchó ahora una voz femenina y demasiado jovial- ¡¿Madara sama?! –exclamó ahora con fuerza y angustia.

Sasuke escuchó los pasos apresurados de aquella persona hacia él. A través del espejo, solo alcanzó a ver cómo sus hebras eran de un color verde cómo las hojas de arce.

-No debería levantarse –le dijo ella, ayudándole a erguirse.

Sasuke seguía sin ver la cara de esa persona, por culpa de su abuelo que tenía la cabeza gacha, como si de repente le costase mantenerla erguida. Caminaba, con la ayuda de aquella mujer. Sasuke podía ver las piernas de aquella mujer, observándolas igual de pálidas que el rostro de abuelo, pero fuertes y joviales.

Tras atravesar una larga cortina desgastada, se pudo ver una especie de cama hecha de prendas viejas y gastadas. La mujer, lo ayudó a acostarlo, pero Madara había vuelto a cerrar los ojos, dificultando a Sasuke el conocer la cara de lo que parecía ser su abuela.

-Ahora mismo le traigo su medicina.

Pero Madara, la detuvo sujetándola de la muñeca. Era como si pidiera que se quedara a su lado. Ella le obedeció y sujetándole su mano con las dos suyas, se sentó a su lado, velando por su salud.

-Mi vida ha llegado a su límite. Las células de Hashirama han empezado a consumirse.

-¡Madara sama! ¡No diga eso! –dijo la mujer apretándole la mano huesuda y arrugada.

-Lo siento, Kaede. No podré estar a tu lado para criar a nuestro hijo. Pero no pienso irme de este mundo, sin conocerlo.

-Claro que lo conocerá. Y lo criaremos juntos –dijo ella con ánimo y pegando su mano a su mejilla, que estaba fría por las lágrimas que empezaban a descender de sus ojos.

Sasuke sintió una extraña sensación en el corazón.

Aunque su abuelo fuese un esperpento, aquella mujer no se dejaba influenciar por las apariencias y lo amaba de igual manera, deseando que siguiesen juntos en el futuro.

Sintió pena por ella, porque él sabía cual era la realidad.

-Cuando el bebé nazca, yo moriré. Entonces, quiero que regreses a Konoha y le des a nuestro hijo la vida, que yo no pude disfrutar por mi codicia y mi venganza.

-Por favor, Madara sama, no diga eso.

Sasuke notaba la angustia en su abuela. Y ahora deseó más que nunca que su abuelo no abriera los ojos y ver aquella pena reflejada en el rostro de aquella mujer.

Pero su abuelo abrió los ojos, aunque no los dirigió hacia la mujer.

-Has estado encerrada aquí durante cuatro años. Llegaste, huyendo de unos ninjas que te perseguían, pero yo desconfié de tus palabras y te hice mi prisionera –suspirando-. Pensé que eras una espía mandada por Tobirama y te sometí a terribles genjutsus.

-Eso es el pasado –cortó ella, acariciándole la mejilla con ternura, una ternura que hasta Sasuke sentía-. Somos ninjas, pero ante todo somos humanos. Cometemos errores. Nadie es perfecto. Madara sama no podemos desear tener una vida tranquila desde nuestro nacimiento porque el sufrimiento es parte de la vida. Lo importante es seguir adelante sin mirar atrás.

Madara soltó una mueca irónica.

-Eso es lo que yo he hecho durante todos estos siglos. Si tú no hubieras aparecido y no te hubieses enamorado de mí a primera vista, seguramente, ahora me sentiría frustrado por morir solo y no aprovechar los momentos de la vida que Hashirama me ofreció en su día.

Las palabras de su abuelo calaron en Sasuke. No pudo evitar sentirse identificado con lo que su abuelo había vivido, a lo que él viviría si siguiese determinado en aislar a todos de él.

-Me alegra haber podido llegar a su corazón, Madara sama. Entiendo quién es y la desconfianza que pudo haber tenido sobre mí en nuestro encuentro, por eso, no tengo ningún resentimiento contra usted. Si usted no se percatara del verdadero amor que le tenía, habría sufrido más que cuando estaba dentro de su genjutsu. Pensar que no me quiere o estar separada, me produce un dolor y un vacío en el corazón. Sin ganas de vivir. Por eso, quiero que haga un esfuerzo para que siga viviendo y podamos criar a nuestra hija juntos. Usted y yo en Konoha. Aunque haya gente que no le acepte, yo estaré a su lado para apoyarlo. Se lo prometo –besándole con todo su amor la mano que sujetaba.

Madara cerró los ojos y dejó escapar otro suspiro. Éste no era cansado, sino uno más profundo y de agradecimiento.

-Una sola persona es suficiente para superar lo que diga la gente –comentó, donde a Sasuke le sorprendía que su madre le hubiese recitado lo mismo hace unos momentos, como si lo hubiera sacado de su padre-. Debí de haberlo aprendido con Hashirama. Él fue mi único amigo y yo le di la espalda, poco después de aliarnos. Pero –abriendo los ojos-, no es para tarde para arrepentirse y recordar esa sensación. Gracias a ti lo he recordado y no tendré una muerte solitaria y llena de arrepentimientos.

Y se giró a verla, donde Sasuke se quedó de piedra al ver la cara de su abuela.

Se parecía a…

.

Su frase había sido cortada, para que Sasuke abriera los ojos de golpe y descubrir que había vuelto a su casa. Volvía a sentir el frío sobre su cuerpo, sobre todo al haber estado parado y fuera de la casa.

Escuchó también el bullicio de la gente que asistía a la boda de Naruto, y cómo los cielos seguían haciéndose eco con los fuegos de artificio.

Llevándose una mano a los ojos, Sasuke ya no sentía aquel dolor tan punzante que lo había hecho gritar de dolor.

Todo había vuelto a la normalidad.

Sin embargo, había algo que era diferente y residía en la conversación de sus abuelos maternos.

.

Sakura observaba con una sonrisa triste cómo todos lo que le rodeaban estaban sumergidos en esa burbuja de felicidad, donde no esperaban amargura para el futuro, sino esperanza e ilusión.

Todos, excepto ella, tendrían un futuro donde no temían a la soledad, porque tenían alguien a su lado. Hasta los solterones cómo su maestro Kakashi que contaba con la amistad efímera de Obito, o la de su maestra Tsunade, donde tendría a Shizune para controlar que no se durmiera durante su trabajo como Godaime.

Se fijó también en cómo Sai, tras haber cortado con él, había encontrado el amor en Yamanaka Ino, su mejor amiga desde la infancia.

Sakura suspiró tranquila. Tras lo sucedido hace años, para no seguir haciendo daño a Sai, había decidido que lo mejor era que rompiesen. Había aceptado salir con él, solo para olvidarse de Sasuke, pero al final, lo que había hecho había sido empeorar las cosas, y vivir una situación tan extrema como peligrosa, donde había hecho daño a un montón de personas. Especialmente a Sasuke y a Naruto.

Naruto pudo superarlo gracias a Hinata, o más bien, al dar el empujoncito que la Hyuuga necesitaba, para que Naruto se diera cuenta que la que estaba hecha para él no era ella, sino Hinata.

Y en cuanto a Sasuke tenía a su familia y a un encantador niño que le estaría animando para recuperar los seis años que había perdido en la cárcel.

Mirando a la familia Uchiha, se sintió un poco aliviada de que Sasuke no asistiese a la celebración. De lo contrario, estropearía la boda de Naruto con su cara angustiosa.

Decir adiós y que Sasuke estuviera de acuerdo, había sido lo más doloroso que había afrontado durante toda su vida. Si ahora lo viese, se pondría a llorar hasta quedarse sin lágrimas.

No.

No debía pensar en él.

Tenía que sonreír.

Tenía que hacerlo por Naruto.

-Hola –escuchó cómo una voz masculina le hablaba a sus espaldas. Cuando Sakura se giró, se encontró con una interrogante al ver a aquel chico que no le sonaba de nada-. ¿Eres Haruno Sakura san, verdad?

Sakura se quedó un poco más desorientada de que aquel conocido, de otra villa (viendo su bandana), la conociese como si ella fuese alguien popular. Pestañeando varias veces, se encontró cómo aquel chico, aparentemente de su edad, se ponía algo colorado y nervioso.

-Verás… He escuchado mucho de ti… De que eres una kunoichi formidable y hoy no he podido quitar los ojos de ti…

La chica entendió por dónde iban los tiros. Agachando la cabeza con pena, le habló para que aquel joven no siguiera haciéndose ilusiones.

-Agradezco el gesto, pero estoy enamorada de alguien –y no mentía. Pero, aunque no quisiese estar con Sasuke, los sentimientos que tenía por él eran imposibles de olvidar.

-¡Oh! –algo cortado-. Lo entiendo. Vaya… Tu novio debe sentirse afortunado de tener a alguien como tú.

Sakura puso un rostro más angustioso, donde estuvo a punto de llorar. Aquel hombre, había malinterpretado todo y tocado una fibra sensible que tenía en su corazón.

-¿No estáis saliendo? –preguntó tras ver su rostro. Ignorante de todo, sin saber que eso hacía más daño a Sakura, el chico se animó a seguir intentándolo-. Pues entonces, ¿qué te parece salir conmigo? Te juro que te trataré como una reina y…

-¡OYE!

Para sorpresa de Sakura y dolor del hombre que cortejaba a la pelirrosa, Uzumaki Kushina había aparecido, colocando su brazo pesado alrededor de su pretendiente, estrujándolo con una sonrisa divertida.

-¡Ni se te ocurra acercarte a mi niña, dattebane!

Sakura se quedó perpleja por las palabras de la madre de Naruto. Aunque hubiese desistido en su empeño en convertirla futura mujer para Naruto, eso no quería decir que le hubiese cogido mucho cariño, y la tratase como si fuera su propia hija.

-Kushina –apareciendo Minato algo nervioso-, que lo vas a matar.

Naruto y Hinata, tras Minato, observaban la escena algo nerviosos y ligeramente avergonzados por la escenita que la pelirroja armaba, y de la que nadie se daba cuenta.

Estaban más concentrados en la comida, la bebida y el buen ambiente, que no tenían tiempo para enfocarlo en el de al lado.

-No te preocupes cariño, tebane. Ahora mismo, le voy a presentar a qué clase de chicas de Konoha tiene que encandilar este hombre.

Y con su brazo aún alrededor de su cuello, donde el chico pasó del blanco al azul, lo condujo hasta donde estaban todos los miembros del clan Akimichi. Minato se excusó de Sakura y los recién casados, alegando que iría tras su mujer para evitar que hiciera una locura en la boda de su hijo.

Tras un corto suspiro, Naruto se enfocó en lo que había sido su primer amor.

-¿Estás bien, Sakura chan?

Sakura adoptó una postura despreocupada. Era el día de su amigo, y no se lo iba a estropear con su cara larga.

-¡Claro que sí! ¡De no ser por tu madre, me habría librado de ese pesado con un buen golpe! –mostrando su puño, aunque no encajase con su vestido rosa de gala.

Naruto observó cómo ella reía tranquila, pero la conocía demasiado bien, para ver que aquello solo era una máscara.

-Por cierto –continuaba la Haruno-, aún no os he felicitado –adornando una sonrisa tierna-. Espero que seáis felices el resto de vuestra vida. Hinata, cuídamelo bien, ¿eh? –guiñándole el ojo.

-Gracias, Sakura san.

Por su parte, Naruto cruzó los brazos sintiéndose molesto.

-Si ese Teme hubiese venido a la boda y os encontraseis de una buena vez, tú también habrías sido feliz, Sakura chan.

Sakura se alteró por unos segundos, y volviendo a mostrarse despreocupada, no pudo hacer que la pena se entreviera a través de su falsa sonrisa.

-Ya nos hemos reencontrado hace un par de semanas –la pareja recién casada se quedó confusa sin saber aquello tan importante-, lo hemos hablado y arreglado.

-¿Entonces…? –preguntó Naruto con una sonrisa imaginando que ellos al final…

-Nos hemos separado definitivamente –comentó ella inexpresiva, luego se estiró cómo si se hubiese quitado un gran peso de encima-. La verdad es que me siento mucho mejor ahora –mintiendo descaradamente.

Naruto y Hinata se quedaron sorprendidos ante aquella tremenda revelación. La convicción con la que Sakura les hablaba, hacía que se tragaran aquella mentira como niños ingenuos.

-Pero, Sakura chan, ¿qué estás diciendo? ¡Tú amas al teme! Lo has amado durante tantos años que es imposible que te des por vencida.

-Oh, Naruto. No hablemos de mí, sino de ti –restándole importancia al tema con una mano-. Es tu día y tienes que estar feliz, no preocupado con problemas que han llegado a su fin.

-Pero, Sakura san… No entiendo. Tú me apoyaste y me animaste a que no me rindiera con el amor que le tenía a Naruto kun. ¿Por qué tú sí lo haces?

-Porque ese papanatas que tienes por marido, necesitaba a alguien que lo quisiese de verdad, hasta el punto de dar su propia vida –contestó con una sonrisa sincera y nostálgica, donde ella no podía pensar que haría lo mismo por Sasuke si algo malo le llegara a pasar-. Además –cerrando los ojos. Notaba mucho escozor y sentía que las lágrimas saldrían inevitablemente-, es mi mejor amigo, mi hermano, según Kushina sama, y prefiero que esté contigo, a que se desahogue con una cualquiera y arruine su vida.

-Pero –intentaba seguir protestando la que de ahora en adelante sería la señora Uzumaki.

-Entiendo –cortó Naruto demasiado tranquilo-. Si esa es tu decisión, entonces habrá que respetarla.

Hinata se giró a ver a su esposo como si hubiese hablado en chino.

-¡Ah! ¡Casi se me olvida! –comentó Naruto de repente con aire despistado-. Hinata, no había dicho Konohamaru que iban a lanzar unos fuegos artificiales especiales para la noche. Debemos ir a buscarlos para prepararlos.

-Ya iré yo –se ofreció Sakura, así sería una oportunidad para quedarse a solas y llorar sin que nadie la viese-. Hinata y tú sois los invitados de honor y no debéis ausentaros.

-Thank you, Sakura chan. Te lo encargo –despidiéndose con una sonrisa risueña y agitando el brazo.

Cuando estuvieron asolas, Hinata no pudo contenerse con la preocupación de que Naruto aceptase de buena gana, algo que no se tragaba. Además, se había fijado en que la Haruno había estado a punto de derrumbarse. Señal que decir todo aquello le dolía hasta el extremo, que no podía aguantar más el sufrimiento de su corazón.

-Naruto kun, ¿cómo puedes aceptar su decisión? ¿Es que no te has fijado en cómo empezaba a sentirse? ¿Y a qué ha venido eso de los fuegos artificiales especiales?

-¡Shh! –haciéndola callar con el dedo-. No digas nada y ven conmigo –cogiéndola de la mano, arrastrándola hacia dónde estaba Konohamaru con sus dos amigos de toda la vida Udon y Moegi.

Tras hablar con ellos de algo muy importante, que los dejó boquiabiertos y una Hinata boquiabierta, Naruto volvió a arrastrar a su esposa y a gritar al nieto del Tercer Hokage.

-Por fa, Konohamaru. Hazme ese favor, te juro que te lo compensaré, tebayo.

.

La familia Uchiha se encontraba charlando con Kakashi y Obito. Mikoto, apenas atendía a la conversación. Miraba el suelo con tristeza, donde no podía alejar sus pensamientos de Sasuke y de lo solo que tendría que estar en casa.

Había tratado de convencerlo para que estuviera con todos, incluso le había pedido a Itachi que lo convenciera, pero el hastío que sentía su hijo mayor era tanto como el orgullo del menor, en no ceder y que la familia se viese rodeada de una nube negra, donde su sueño de pasar alguna festividad como nochebuena o Navidad en familia y felices, lo veía como algo imposible.

Por lo que Itachi le había contado, Sasuke se había reencontrado con Sakura. Ambos chicos habían finiquitado su relación de forma permanente.

Mikoto no entendía porqué había sucedido. Lo que tenía claro, es aquello había sido la causa de que su hijo empeorase. Y la chica, aunque le hubiera pedido que no le hablase de ella a Sasuke, se notaba que todavía tenía sentimientos por su hijo. Además, estaba lo que Itsuki le había contado. El pequeño había estado con ambos felizmente hasta que llegaron a la tienda de dangos, y después, cada uno se había ido por su lado.

Por mucho que hubiesen hablado, solo podía entender que ambos eran demasiado cabezones en no entender que aquello les estaba perjudicando muy seriamente.

En varias ocasiones, Mikoto había tratado de de hablar con la chica, pero ella siempre esquivaba el tema de conservación. Incluso le había llegado a pedir a Izumi que hablase con Sakura, pero lo mismo sucedía.

Podría pedirle a Kakashi que estaba relacionado con ella mucho más que ellas, y de que hablase con ella para que la convenciera de que ahí tenía que haber algún tipo de malentendido.

-Esto, Kakashi san, sé que no es el lugar apropiado, pero…

Kakashi prestó toda su atención a la mujer del líder Uchiha. Fugaku por su parte, que se había callado para beber de su copa, había observado a su esposa con curiosidad.

Pero en un visto y no visto, dejando a los tres hombres con los ojos como platos, la figura de la mujer Uchiha había desaparecido de su campo de visión de forma casi cómica.

Obito se rascó la mejilla viendo una masa de humo y delante de aquella masa a la desaparecida Mikoto arrastrada en contra de su voluntad por Uzumaki Kushina.

-Me parece que Kushina sama nos ha secuestrado a Mikoto sama –tratando de bromear.

Una vez que Kushina dejó de correr, llevándose consigo a una Mikoto casi a voladas, la Uchiha se recompuso, para mirar a su amiga quién le daba la espalda.

-¿Se puede saber a qué ha venido eso, Kushina?

-¡Shh! –callándola como su hijo había hecho con Hinata. Y como si hubiesen sido invocados, la pareja había aparecido poco después.

-¡Mamá! –la llamó Naruto algo molesto, el cual seguía sujetando la mano de su esposa- ¿Qué se supones que haces aquí? –preguntó a modo de queja.

La pelirroja se puso en jarras desafiando a su hijo.

-Supongo que lo mismo que tú, pequeño mocoso.

Naruto puso cara de rabia, desafiando a su madre en silencio de que no le insultara más. Ahora era un hombre hecho y derecho, y se sentía un poco más valiente para contestarla y que dejara de tratarlo cómo lo llevaba haciendo desde su infancia.

-¿Qué es lo que sucede? –preguntó Hinata sintiéndose igual que Mikoto.

Madre e hijo, se acordaron de la razón, y fueron los primeros en deslizar sus cabezas para ver el otro lado de la casa, como cotillas.

-Ven, Mikoto chan, ven –le pedía Kushina con la mano, sin dejar de observar lo que veía-. En cuanto lo sentí no me lo pude creer, pero está claro que soy una excelente Uzumaki porque es cierto –comentaba con una ilusión, como si ella estuviese vinculada a lo que había al otro lado.

-¡Eh! ¡No te jactes tanto que yo también me di cuenta! –y tras una pausa el hijo imitó el gesto de la madre- Venga Hinata, tú también, tienes que ver esto para tranquilizarte.

Mikoto casi le hizo gracia aquello. Sin embargo, no acató lo que su mejor amiga le decía. Era una Uchiha educada que había aprendido que no estaba bien visto cotillear. De hecho, suponía que la Hyuuga, ahora Uzumaki, sería una persona como ella, pero se sorprendió al ver cómo se unía al equipo de espías de madre e hijo.

-Vamos, vamos, Mikoto chan, que te lo vas a perder –seguía animándola Kushina, sintiéndose más emocionada.

Mikoto suspiró con fuerza. Por mucho que su mejor amiga le insistiera, aparte de ser una mujer de correctas maneras, era una Uchiha cabezota y terca, genes heredados de su padre.

-Kushina, ya sabes que no me gusta espiar.

-Ni siquiera cuando tu hijo, el teme está con Sakura chan.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Pretendía que este fuese el último capítulo, pero cómo habéis podido ver, el capítulo se estaba haciendo demasiado largo que tuve que dejar el final para el siguiente.

Muchos en reviews anteriores, habéis acertado al decir que la persona que había estado con Madara. Se nota que hay lectores de Unmei aquí. Aprovecho la publicidad para notificar que mañana lo actualizo.

Por otro lado, aquí está la explicación de lo de Sakura cómo os prometí. Donde al final, no los junté, simplemente porque me pareció demasiado apurado juntarlos así sin más, cuando Sakura no se ha presentado ante las propiedades Uchiha. Aparte, sirve para hablar un poco de Madara y Kaede.

Pues solo me queda por comunicar que si publico hoy y mañana el de Atarashii Unmei es porque hago trece años en esta página y por eso hago la tira de actualizaciones.

Espero que os guste el capítulo, y me alegra saber que hubo muchas personas que se congraciaron con Sasuke.

Nos vemos en el último capítulo.

'Atori'