Sé que esta tardanza es imperdonable, pero estuve muy mal, incluso internada y no he podido hacer nada por buen tiempo. En fin, gracias a Dios parece que todo está mejor ahora, y lo primero que hice fue ponerme a escribir. Por cierto, este capítulo va dedicado a paleanu. Mil gracias por tu apoyo, en todos los sentidos has estado ahí y no sabes como lo valoro, gracias por tus reviews y por tus ánimos, un beso enorme.

Capítulo XV

Aunque no me ames

No había podido controlarse, fueron demasiados años sin tenerla. Era todo muy confuso, pero aunque tratara de ocultarlo, la necesitaba con locura y desde que regresó a su vida solo había deseado volver a sentirla, y al mismo tiempo no podía olvidar el dolor, la humillación y la crueldad. Probablemente solo los locos lo entenderían, quizá solo alguien que haya vivido lo que mismo que él podría comprender.

Sin proponérselo, ya tenía a Oscar contra la pared mientras arremetía con una voracidad enorme. Sus labios se habían unido en un beso lleno de desesperación y necesidad, y no solo por parte de André.

Estaba muy lejos de ser un beso tierno, de hecho estaba cargado de sentimientos que Oscar no alcanzaba a comprender del todo, pero en ese momento no importaba más que el hecho de tenerlo nuevamente como tanto había añorado. Los brazos de la mujer se mantenían alrededor del cuello masculino y André la estrechaba cada vez más

El beso comenzó a teñirse de otro color. La lengua de André irrumpió en la boca de Oscar con algo de brusquedad, pero ella en ningún momento se quejó, dócilmente separó sus labios para permitirle la entrada.

Las grandes manos de André comenzaron a viajar a lo largo de su espalda y casi sin darse cuenta comenzó a acariciar sus nalgas sin ningún tipo de pudor, mientras ella emitía leves gemidos producto de sus caricias.

No sabía bien qué estaba haciendo, pero eran muchas las noches que había anhelado sus caricias, ese contacto íntimo con él, y había sufrido por no sentir su calor, por pensar incluso en la posibilidad de que estuviera muerto.

Y así de rápido como comenzó todo, terminó. André se separó de ella como si se hubiera quemado.

Estaba ofuscado, abrumado, porque ni él mismo sabía cuánta hambre tenía de ella. Por un momento sintió que nada había pasado, que todo ese tiempo sin verse no existía y que jamás lo había echado de su lado. ¿Por qué había correspondido a su repentino ataque, la seguía amando tanto como para olvidar todo e intentar recuperarla? No. Nunca olvidaría lo que pasó.

- Lo lamento, esto no… - Ni si quiera podía hablar bien, aún sentía entre sus brazos la tibieza de su cuerpo.

- No tienes que disculparte. - Habló Oscar entrecortadamente. Las sensaciones que se habían despertado en su cuerpo luego de los besos y caricias de André aún no se disipaban. - En ningún momento impedí que avanzaras.

Oscar sintió un nudo en la garganta. Solo el cielo sabía cuánto lo amaba y que hubiera permitido que llegara hasta donde quisiera, aunque ahora que tenía la cabeza un poco más fría se daba cuenta de que era un error porque era imposible que él siguiera amándola luego de echarlo de su lado. Quería llorar, él ya no era suyo y le dolía demasiado.

¿Y si lo confieso todo, si le explico? Una cosa era no saber de él y otra es tenerlo cerca y saber que no es mío... No me va a creer, es obvio que no confía más en mí…

André volteó a mirarla nuevamente. Estaba sonrojada, los dorados cabellos desarreglados y los labios hinchados producto de la brusquedad con que la había tomado. Se veía tan hermosa. ¿Por qué no había podido tenerla para él todo ese tiempo?

- ¿Él te besó así alguna vez? - Desde que había llegado a ese lugar y la había vuelto a ver se había convertido en el más torpe de los seres. Estaba actuando por inercia, por instinto, no pensaba antes de hablar y cuando abría la boca y las palabras salían, ya era demasiado tarde para arrepentirse. Tenía que saber si se había entregado a ese maldito.

¡Pero qué idiota era! Era obvio que ese mal nacido la había hecho su mujer, a ella, que solo había sido suya aunque nunca lo amó.

¿Por qué André le hacía preguntas como esa? No tenía ni idea de todo lo que había sufrido cuando se fue de su vida, no tenía ni idea de que si ella no se enteraba que estaba esperando un hijo habría caído en la desesperación.

Ante el silencio de Oscar, André optó por retirarse.

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- ¡Por Dios! La verdad es que no quieres vengarte de esa mujer, lo que quieres es tenerla contigo de nuevo, ¡acéptalo! - El señor Lasserre habló con total seguridad después de enterarse de lo sucedido.

- No te permito…

- No sabes ni qué justificación inventar, querido amigo, no tienes ningún pretexto al alcance porque sencillamente no lo hay, tú la sigues amando, quizá más que antes.

- ¡Cállate! - No, eso no era posible, las cosas habían cambiado, él había cambiado y ella también. Ya no era el ciego enamorado, ella misma se había encargado de abrirle los ojos y lo que había pasado quizá solo fue una debilidad.

- No es para que te pongas así. - David sonrió de forma maliciosa. - Solo déjame recordarte que si la lastimas también lastimarás a tu hijo, es su madre, y si tu hijo es tan feliz y maravilloso es gracias a ella, está muy claro que lo ha cuidado con devoción, así que piensa muy bien lo que vas a hacer.

- Pero… - No. Tenía que romperla, destruirla, humillarla, provocarle un dolor tan grande como el que ella le había causado, y para hacerlo no involucraría a su hijo.

- Debe ser muy difícil resistirse, es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, merece toda mi admiración y protección.

André se abalanzó sobre David y lo sujetó por el cuello de la camisa.

- No hables así de ella, ni se te ocurra entrometerte…

David se rió interiormente. André no se veía para nada como un hombre que quería vengarse.

- No te pongas así. - Sonrió con sorna y se zafó del agarre de su amigo.

- Deja de decir tantas estupideces.

- Escucha André, mientras tú pierdes el tiempo pensando qué hacer para lastimar a la mujer que evidentemente adoras, otros pueden estar buscando la forma de conquistarla. – Sonrió al ver la expresión del rostro de su interlocutor. –¿Cuántos hombres crees que estarían dispuestos a dejar pasar a una mujer como ella, sabías que es muy popular en el vecindario?

¿Qué es muy popular? Era esa condenada belleza. Estaban locos si permitiría que alguien se le acercara. Él había llegado y sobre su cadáver tratarían de conquistarla.

- Incluso tienes celos del esposo muerto.

¿Cómo es que David lo podía conocer tanto a pesar de los pocos años de amistad, o es que era tan evidente?

- Te crees muy listo ¿no?

- Ella solo tiene un mundo y tiene nombre; Simon. ¿Por qué no vuelves con ella y aclaran las cosas? ¡Reclama la verdad!

- Hablas como si fuera muy sencillo. Para mí no hay más verdad que la que he vivido todos estos años y quiero que ella sienta lo que yo sentí cuando me echó sin piedad de su casa. Dime, si estuvieras en mi lugar, ¿hubieras regresado a sus brazos como si nada?

- Yo sé que ella te ama y que todo esto tiene una explicación. – Respiró. – No insististe en buscar la verdad cuando ella de pronto y de la nada, te pidió que te fueras, te fuiste llorando porque que en el fondo siempre tuviste miedo.

- Resulta que todo es mi culpa - Habló André irónicamente.

- Ella no es una mujer ligera que ande por la vida aceptando las atenciones de los hombres. Métete en la cabeza que se besaron solo porque ella también quería, y sé perfectamente que siempre temiste su rechazo, aunque nunca me lo has dicho, sé que la has amado durante mucho tiempo, mucho antes de que comenzaran su relación.

André se quedó de piedra; ese había sido un detalle que había preferido no contarle a nadie.

Cuando comenzaron a hacerse amigos, André le contó la mayor de sus desgracias, sin confesarle que había amado a Oscar desde que eran unos infantes. Pese a la confianza entre ambos, había obviado algunos puntos, pero nada parecía escapársele a David y su gran capacidad de análisis.

Su asistente continuó hablando.

- Eras un sirviente, su valet, solo en tus sueños podías tenerla, y cuando todo sucedió, precisamente eso creíste, que era un sueño, y sin embargo te aferraste y ella también ¿no?, ella también estaba en un sueño, incluso quería tener un hijo, y estoy seguro que su único propósito era evitar que algo o alguien los separara. Considero que hay muchos cabos sueltos y deberías averiguar, sino lo haces a tiempo podrías hacer sufrir a alguien que quizá ya ha tenido suficiente.

- No creo que haya sufrido en absoluto.

- En medio de tu dolor has sabido distraerte, pero tú y yo sabemos que su esposo murió poco después de que se casaron, y que probablemente el único hombre que haya tenido en la cama sea su hijo.

André recordó las mujeres con las que había salido en su desesperación por arrancarse a Oscar. No logró tener algo de verdadera intimidad con ninguna, el fantasma de su amor lo atormentaba y eso sin contar con las confusiones que se generaban cuando pronunciaba su nombre en una noche de falso amor.

- Ríndete, no la lastimes, ahora puedes poner el mundo entero a sus pies como siempre deseaste, y lo más importante, piensa en Simon.

- Jamás lo lastimaría, ¿sabes lo feliz qué me siento de que exista? Es lo único que es completamente mío, es mi corazón, mi sangre y mi carne. - Lo único que me une a ella.

David se sintió conmovido al escucharlo hablar de esa manera. Comprendió que ni todas las propiedades ni todo el dinero del mundo se compararía a la dicha de descubrir que era padre.

- Si tocas a su madre para hacerle daño, él también sufrirá.

- Ya no quiero escucharte.

- ¡Eres más terco que una mula! - David salió del despacho.

¿Tan malo era querer hacerle pagar por toda la humillación?

Oscar…

André tocó sus labios recordando su último beso.

Luego de unos minutos tocaron la puerta.

- Adelante. - André tuvo que salir de sus cavilaciones.

- ¡Hola!

- Hola Simon. - El niño se acercó hasta donde estaba André y se sentó en sus piernas.

- ¡Ayer estaba muy cansado! No nos despedimos. - Hizo un pequeño puchero.

- Te llevé hasta tu cama ayer, de verdad estabas agotado.

- Sí, mi mami me dijo.

- Hemos jugado bastante, ¿te gustó estar conmigo?

- Sí, me gusta mucho. - Abrazó a André. - Quisiera jugar así con mi papi.

André sintió que el corazón se le salía por la boca.

- ¿De verdad?

- Sí, y mami no habla mucho de él, solo dice que somos iguales y se pone triste y llora.

- ¿Llora? – Tal vez el peso de su conciencia.

- Sí, en las noches, me pone muy triste.

- Es porque quieres mucho a tu madre.

- Muchísimo, es la más buena del mundo. - Simon se recostó en el pecho de André y éste comenzó a depositar cortos besos en su cabeza. Si no pudo tener a la madre, al menos quería a su hijo con él, muy cerca. Tenía que arreglar ciertos asuntos lo más rápido posible.

- ¿Te gustaría vivir aquí conmigo? - Al pequeño se le iluminaron los ojos tan verdes como los del padre.

- ¡Sí! pero… ¿mi mami y mi abuelito?

- También pueden venir.

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- Cariño, no es correcto molestarlo.

- Pero él quiere mami.

Oscar miraba a su hijo. Se había encariñado mucho con su "amigo", demasiado y muy pronto ¿sería la sangre? Sin embargo, tenía miedo, no sabía de qué era capaz de hacer si él volvía a tomarla de aquella forma, con tanta necesidad y ¿amor? Tenía que creer que aún la amaba, aunque fuera solo un poco.

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Era muy tarde, ya todos descansaban, pero él necesitaba un poco de aire ¿sería que ya iba a morir? No podía decirle nada a nadie, solo serían más tristezas para su hija y ya tenía suficientes, quizá en el fondo, ya quería acabar con su sufrimiento.

Estaba sentado muy cerca del lago, pensando en todo el daño que había provocado.

- Nunca podrás perdonarme, aunque diga la verdad, te separé de él tantos años... - El llanto del hombre era muy amargo. – André ¿qué piensas hacerle a mi hija? - Hablaba al viento.- Solo viniste a lastimarla pero no contabas con la presencia de Simon.

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Alguien tocó la puerta del despacho. André sonrió.

- Pasa.

- Me llamaste.

- Por favor, siéntate, es delicado lo que quiero hablar contigo. - Dijo seriamente.

Oscar se sentó en una silla frente a él. No pudo evitar mirarla por unos momentos. Llevaba puesto un vestido verde agua muy fresco debido a la estación. Estaba bellísima.

- Si es tan importante, mejor habla de una vez. – Habló incómoda por la mirada insistente de André.

- ¿Tienes prisa?

- Sí, he dejado al niño con mi padre, y a él no le resulta fácil controlarlo, estoy inquieta.

- Bien. Oscar… - Tenía que ser convincente.

Otra vez su nombre en sus labios. Esta vez se atrevió a mirarlo fijamente.

- Te escucho.

- No puedo explicar lo que siento por mi hijo, desde que lo vi, aún creyendo tontamente que era tu hijo con Gerodere, sentí tanta ternura por él, es un niño increíble, y saber que es nuestro hijo me hace sentir como nunca, solo quiero, necesito tenerlo conmigo y no acepto un no como respuesta, todos vendrán a vivir aquí.

Por un momento creyó que veía y escuchaba al André de antes, pero las cosas no eran tan simples.

- No creo que…

- He dicho que no quiero negativas. - André la interrumpió bruscamente. - Quiero que Simon sepa que soy su padre, comprende por favor, tú lo has tenido todo este tiempo y yo soy solo un recién llegado para él, no es justo.

- Pero es muy pequeño ¿cómo le explicaremos? – Dijo angustiada

- Ya se me ocurrirá algo, además es muy inteligente, sé que comprenderá, así que lo mejor es que estemos todos juntos. Te ruego que alisten lo necesario, aquí tendrán todo.

- No es tan fácil.

- Lo será por nuestro hijo. – Habló firme.

Oscar sintió un nudo en la garganta. Era evidente que André se había enamorado de su hijo y eso la llenaba de dicha pese al miedo que sentía.

- De acuerdo.

- Te lo agradezco.

- Hablaré hoy mismo con mi padre.

- Perfecto.

Se puso de pie y se marchó inmediatamente.

No podía negarle nada, era su padre, tenía todos los derechos, y después de haberse enterado bajo esas circunstancias que tenía un hijo era lo más normal que quisiera tenerlo lo más cerca posible.

Simon saltaba emocionado mientras guardaba sus cosas más importantes en una maleta.

- Mi vida, deja de brincar tanto o te lastimarás.

- Lo siento mami. - La apretó en un abrazo. - Estoy muy feliz ¡podré verlo todo el tiempo!

- Sí… - Acarició sus mejillas.

- Apresúrense, quiero tenerlos a todos allá de una buena vez.

- Nana, no tenías que venir a ayudarnos, no es mucho lo que vamos a llevar.

- Estoy tan feliz mi niña, allá ya están listas sus habitaciones.

Oscar sonrió, a pesar de los años seguía hablándole con tanto cariño, como si de verdad fuera una pequeña niña.

- Gracias nana, por todo y perdóname… - Se le hizo un nudo en la garganta.

Nana sabía a qué se refería y claro que dudaba que haya echado a André de su lado por voluntad propia. Instintivamente miró a su ex patrón mientras se acercaba a ella para estrecharla entre sus brazos.

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Oscar llevaba una blusa blanca que hacía ver su piel más clara y tersa. André estaba mirándola desde el marco de la puerta mientras terminaba de acomodar las cosas de Simon en los cajones de la cómoda que había en su nueva habitación. Su falda era celeste. André deseaba perder sus manos entre esa prenda mientras la besaba. Trató de no perder la compostura pero con sorpresa se dio cuenta de que su deseo por ella iba creciendo. Verla vestida de esa manera era demasiado para él.

- Listo mi amor. - Oscar se acercó al pequeño que ya estaba en su cama. - Si necesitas algo me buscas ¿de acuerdo? Estoy al lado.

- Sí mami.

- Buenas noches, te quiero mucho. - Besó su frente y mejillas con infinita ternura y se quedó mirándolo por unos momentos mientras acomodaba sus oscuros cabellos.

- Yo también, mami, mucho, mucho.

La escena dejó hipnotizado a André, pero pronto reaccionó y se acercó a despedirse también, mientras le contaba lo que tenía planeado hacer con él al día siguiente. De lejos, Oscar vio que su hijo abrazaba emocionado a su padre.

- Buenas noches Oscar. - Escuchó que la voz de André se despedía mientras se dirigía a la que imaginó, sería la habitación principal, la que por cierto estaba muy cerca.

- Buenas noches.

No podía dormir, solo pensaba en lo cerca que la tenía en esos momentos. De pronto la imagen de la última noche que pasaron juntos apareció en su mente. Estaba seguro que ese día concibieron a Simon. Podía recordar lo apasionada que había estado su mujer esa noche. Mi mujer.

- Oscar… - Se sentía vacío, incompleto y todo era su culpa, ella le había robado el corazón solo para hacerlo trizas, le había quitado todo y por su culpa no había podido enamorarse de ninguna otra.

Fue un cobarde tal y como había dicho David, el día que fue vilmente apartado de la mujer que amaba solo había podido llorar de dolor, de desesperación, porque se sentía humillado, repudiado por él único ser que había adorado con el alma. Aún con toda su fortuna seguía siendo un desdichado ser porque le faltaba ella.

André se sorprendió de sus propios pensamientos. ¿Qué era más grande, su amor o su odio? Y ella, ¿lo amaría aún, qué habría sentido cuando se enteró de que esperaba un hijo suyo? Su precioso hijo siempre los uniría.

André se levantó de la cama súbitamente, sintió que se ahogaba, que el aire no estaba llegando bien a sus pulmones. De nuevo sentía esa necesidad, quería tenerla, poseerla y sentirse el dueño de todo su ser.

Oscar.

Caminó por toda la habitación esperando que esa sensación terrible lo abandonara.

Y ya no pudo más, tenía que verla, al menos verla.

¿Verla? Eso no era lo único que quería.

Era un nudo en la garganta que lo ahogaba.

Giró la manija de la puerta muy despacio, no quería despertarla. Estaba sin zapatos, así que sus pasos eran aún más silenciosos. Se paró a un lado de la cama y allí estaba, tan divina, una diosa dormida.

Sintió que el aire volvía a entrar a sus pulmones. Se sintió sereno hasta que algo llamó su atención; Oscar tenía el rostro contraído, como si su sueño fuera tenso. De pronto comenzó a moverse intranquilamente, estrujó las sábanas con sus manos y fue en ese momento que escuchó su voz.

- ¿Por qué?... André…

Sintió que su cuerpo se volvía rígido; estaba soñando con él.

Leves sollozos se escuchaban mientras seguía llamándolo.

André sintió que su corazón se rompía como aquel terrible día.

Oscar se retorció un poco y se colocó de costado mientras hundía el rostro en la almohada, y entonces se acercó.

Se echó en la cama y se puso detrás de ella. Por un momento se quedó muy quieto, observando la espalda femenina y los rizos dorados que se derramaban en ella, y entonces comenzó a oler sus cabellos y sus manos parecían tener voluntad propia. Acarició el contorno de su figura mientras su otra mano se encargaba de despejar su cuello de cabellos rubios para depositar ahí sus labios.

– Tranquila… shh…

La fundió en su abrazo, quería acariciarla, consolarla ¿y por qué ahora quería consolarla, a caso él no quería romperla? No quiso cuestionarse más, su corazón quería tenerla cerca, ese corazón que se resistía a cambiar de dueña.

Una vez más su nombre salió de sus labios, con angustia y con ¿amor?

Oscar comenzó a sollozar aún más y entonces André volteó su rostro para besarla. Ella pareció asustarse en un primer momento pero poco a poco fue correspondiéndole. De repente Oscar se zafó del beso y comenzó a temblar. André trató de calmarla con tiernos besos en su cuello mientras hacía su abrazo más firme para evitar que escapara.

- No te voy a lastimar, solo déjame estar contigo… - No importa si ya no me amas. - Me estabas llamando.

- Vete por favor, te lo suplico… - ¿Cuántas noches lo llamaba en sueños? Seguramente serían muchas, pero dada las nuevas circunstancias el delirio era mayor.

La situación fue más fuerte y entonces André decidió que la tomaría.

De nuevo acercó sus labios a su cuello y pegó su pecho a la espalda de la mujer mientras con sus manos delineaba su figura.

Oscar no fue capaz de levantarse al sentir el cuerpo de André a su lado, se sentía atrapada, quería sentirlo así, tan cerca, pero también tenía miedo.

Sin vergüenza, André subió el camisón que traía hasta su cintura para poder acariciar su vientre. No pudo contenerse, quería acariciar el lugar en donde su maravilloso hijo había crecido tan lejos de él. Con suavidad pasó sus dedos alrededor de su ombligo mientras sus labios besaban el cuello femenino sin prisas. El odio desapareció y solo tenía amor para ella.

Hasta ahora no había tenido contacto visual con él, y el cálido cuerpo detrás de ella le parecía un sueño. Sus besos, sus manos fuertes y grandes sobre su vientre, masajeándolo, acariciándolo con tanta ternura y delicadeza.

- Esto no está bien… - Tenía ganas de llorar. Sintió que André la volvía a tocar con el mismo amor que antes, pero tenía miedo, tal vez era un error creer que aún la amaba a pesar de que lo había lastimado. Eso probablemente era una fantasía o una artimaña que él usaba para humillarla.

- No me detendré.

Ahora los blancos hombros de la mujer eran el centro de atención de los labios masculinos. Leves mordidas y lamidas eran depositadas en ese lugar mientras su mano dejaba el vientre para acercarse a su lugar más íntimo.

André comenzó a deslizar un dedo por sus labios y fue un movimiento tan sensual que solo pudo atinar a abrir la boca. Introdujo su dedo y ella comenzó a chuparlo lentamente.

André hundió el rostro en el cuello de la rubia, si ella seguía respondiéndole de esa manera no estaba seguro de poder aguantarse mucho tiempo, podía sentir como su miembro latía excitado.

Supo en ese momento que no había marcha atrás y ya no importaba el miedo, ya no podía hacer nada para quitárselo de encima. Sentir sus caricias era la gloria y aunque después la destruyera en mil pedazos quería disfrutarlo.

La mano de André llegó a los labios vaginales y comenzó a frotar delicadamente. Con satisfacción se percató de que su cavidad ya estaba húmeda y lista para él.

La ex comandante solo podía mantener los ojos cerrados mientras mordía sin lastimar el dedo que André mantenía en su boca, el cual le impedía gritar de placer.

Aprovechando el estado de la rubia, André introdujo uno de sus largos dedos en su cavidad interna. Oscar se retorció de placer y de pronto se sintió el dueño de su cuerpo.

Una y otra vez se hundía en su interior, imitando los movimientos del miembro que ya deseaba tener el lugar de su incansable dedo. Casi había olvidado lo delicioso que era estar a su merced. Sintió morir en sus brazos en ese mismo instante.

La boca de André tomó con vehemencia su boca arrastrado por su propio deseo.

Oscar sintió crecer la erección de André muy cerca de sus nalgas y comenzó a frotarse ansiosa contra ésta. Necesitaba sentirlo nuevamente, ser su mujer una vez más aunque después le costara la sonrisa.

André mordió sus labios, los lamió, introdujo su lengua hasta su garganta y no se detuvo hasta que su dedo se calentó bañado por su placer. Oscar se retorció cuando sintió su primer orgasmo llegar y fue en ese preciso instante que André se movió para quedar sobre ella.

Sin pudor lamió el dedo que le había dado tanto placer; su sabor seguía siendo tan delicioso como lo recordaba.

Oscar mantuvo los ojos cerrados, seguía luchando contra los espasmos de su cuerpo. Su respiración seguía inestable cuando los labios hambrientos de André comenzaron a besarla nuevamente.

André trató de calmarse pero su miembro reclamaba su trono.

Dejó de besarla y se concentró en quitarle el camisón que usaba. Su figura desnuda apareció ante sus ojos con la misma belleza de siempre. Recorrió sus curvas con la mirada por unos instantes. Sus ojos azules brillaban, sus labios estaban muy rojos, sus cabellos alborotados, su cuello largo, sus senos turgentes, sus caderas más torneadas. Es lo más bello del mundo.

Oscar no pudo evitar dirigir sus manos hacia sus hombros para acariciarlos, sintió ganas de llorar y para calmarse comenzó a acariciar a André por todas partes, como tratando de recordar cada detalle de su cuerpo, como tratando de asegurarse de que no se trataba de un sueño.

André se sorprendió, la mirada que tenía Oscar estaba llena de amor, la conocía muy bien y por eso se sintió más confundido, peor aún cuando comenzó a desvestirlo.

André la detuvo, tomó su mano y la depositó en su pecho, sobre su corazón.

- ¿Me has extrañado? – Preguntó en un susurro agitado.

- Mucho. – Dijo sonriente aunque no pudo evitar soltar algunas lágrimas. No sabía si la amaba o no, pero quizá ella podría tener una esperanza, tal vez podría contarle la verdad y recuperarlo.

- No llores, estoy aquí.

- André, yo…

André la silenció colocando un dedo en sus labios. Sabía que trataba de ordenar sus ideas y hablar pero ese no era el momento.

- Solo quiero hacerte el amor.

- Haz lo que quieras conmigo.

En esa frase había más entrega que en cualquier acto físico.

André la miró intensamente y comenzó a besar su cuello. Lentamente hizo un sendero de besos que lo llevaron hasta sus senos. Sus labios atraparon uno de sus pezones mientras el otro era atendido por sus manos.

Oscar comenzó a retorcerse y sus caderas por inercia trataban de rozar a André, de tener un contacto más íntimo, su cuerpo clamaba ser invadido por su carne.

Un leve roce de sus intimidades desnudas y mojadas fue suficiente para que André se decidiera a entrar. Su deseo y necesidad eran tan fuertes que incluso comenzaba a doler y si no se hundía en ella de una vez por todas estaba seguro que moriría inevitablemente.

Fue como un cuchillo caliente sobre mantequilla. Se hundió en sus entrañas y comenzó a arremeter con rapidez. Con sus manos abrió sus piernas para llegar más hondo y vio extasiado como Oscar cerraba los ojos y se mordía los labios para no gritar.

- Abre tus ojos, mírame… - Dijo como pudo en medio de su ardua tarea.

Oscar se esforzó por hacer lo que le pidió y sintió su cuerpo vibrar aún más cuando se dio cuenta del fuerte deseo en la expresión de André, que no dejaba de sudar a causa del esfuerzo.

Más embestidas, un poco más lentas pero más profundas. Las paredes de la intimidad de Oscar se estrecharon deseosas, lo abrazaron, su tibio y cálido interior explotó y juntos llegaron al cielo. La semilla de André se derramó infinitamente en su interior. Era tan delicioso sentir el néctar de su André nuevamente, podía recordar esa calidez a la perfección, pero tenerlo así, entre sus piernas, totalmente suyo, era algo que pensó que nunca más volvería a pasar, y sin embargo ahí estaba, totalmente extasiado sobre ella.

André se recostó con delicadeza sobre el cuerpo de Oscar manteniendo su unión, quería sentirla así un poco más.

Oscar lo rodeó con sus brazos y él no pudo evitar hundirse en su pecho como antes, su calor era especial y estuvo sin él demasiado tiempo. Comenzó a acariciar la cabellera negra con dulzura, sus largos dedos se paseaban con amor sobre las hebras oscuras, tan sedosas como siempre. Dulces besitos fueron depositados en la cabeza de André mientras éste se acurrucaba más. Nadie dijo nada, su unión aún se mantenía, y ambos cayeron presos del cansancio y emociones acumuladas.

Los rayos del sol que se colaron entre las cortinas lograron despertar a André del sueño acogedor en el que estaba. Aún se mantenía acurrucado en el pecho de Oscar. No podía creerlo.

Levantó el rostro y lo que encontró fue la hermosa expresión de la rubia, durmiendo completamente relajada debajo de su cuerpo y pensó que así se deberían ver los ángeles descansando.

Con cuidado de no despertarla acarició levemente su rostro, seguía siendo tan suave como siempre. Se movió un poco debajo de él y sin querer sus cuerpos se rozaron de forma muy íntima. André se sobresaltó un poco, sino se iba de ese lugar cuanto antes, probablemente terminaría por hacerle el amor de nuevo y él aún se sentía muy confundido, además, los motivos de su regreso eran muy distintos al camino que parecía haber tomado luego de lo ocurrido la noche anterior.

Lentamente se fue separando de Oscar y poco a poco fue apareciendo ante sus ojos la deslumbrante desnudez de la mujer. La posición en la que estaba lo invitaba a devorarla de nuevo. La tapó con las sábanas, le dio una última mirada y con todo el autocontrol que halló en su ser, logró salir de la habitación.

Ya completamente limpio y cambiado, estaba en su despacho hablando con un hombre sobre un negocio muy importante. Sonrió con satisfacción luego de recibir las mejores noticias y una buena cantidad de dinero. El hombre se retiró del lugar dejándolo solo.

Después de unos minutos apareció David.

- Luces muy bien, supongo que todo salió como querías con el último negociante.

- Sí y digamos que dormí muy bien.

- Ya veo y bueno, tu abu…

- Ayer hice el amor con Oscar. - Interrumpió abruptamente.

- ¿Qué? – Casi gritó.

- Lo que escuchaste.

- ¡Aleluya! Deberían casarse cuanto antes.

- No es tan sencillo.

- ¿Cómo? Supongo que sí fue muy sencillo hacerle el amor.

- En realidad sí. – Su semblante relajado cambió. - No sé qué pasó David, fui a verla a su habitación y ella comenzó a llamarme en sueños… no pude contenerme.

David sabía perfectamente que su testarudo amigo estaba debatiéndose entre vengarse de Oscar o amarla como antes. Pero esa verdad a medias estorbaba, él sabía que ambos se querían y uno tenía que ceder.

- Quizá es hora de que vuelvas a replantear tu plan. - Miró fijamente a André. - Llegaste a este lugar solo por ella, porque según tú, querías vengarte pero no hay coherencia, aunque quizá Oscar piense que te estás burlando de ella, de alguna manera u otra le has demostrado que sientes algo muy fuerte, además, no contabas con que tenías un hijo. - David sonrió recordando algo. - Él día que llegué aquí yo me acerqué a ella. - André lo miró con celos. -Tenía curiosidad por conocerla, no mal interpretes, quería presentarme y Simon me lanzaba las mismas miradas que tú ahora, supe inmediatamente que era tu hijo, incluso ahora me mira con recelo, será un niño muy pequeño pero siento que con su actitud quiere proteger a su madre. Lo que trato de decirte es que si la lastimas, tu hijo no solamente se verá perjudicado sino que te odiará y yo no creo que quieras eso.

- ¿Qué voy a hacer David? cuando vi a ese niño pensé que todo había cambiado, incluso si no fuera mío no me hubiera atrevido a lastimarlo, pero es mi hijo y claro que no quiero que me odie, pero sí quiero que ella pague.

- Quizá ella ya pagó y no lo sabes. Piensa, ella está sola, y ten por seguro que no le habrán faltado hombres que le hayan ofrecido el mundo entero a ella y a su hijo, pero sigue sola, desprotegida. Reflexiona, aquí hay algo que no cuadra. - Los ojos grises de David lo miraban firmemente.

- No sé, nadie dice nada, ni si quiera a mi abuela he podido sacarle algo por miedo a que se dé cuenta de lo que quiero hacer.

- ¿Y qué quieres hacer André?

Por un largo rato los ojos verdes de André se perdieron en algún punto de la pared.

David pasó una mano por sus cabellos castaños con algo de desesperación.

- No vas a contestarme ¿o qué?

- Ya no sé qué hacer y creo que hubiera sido más fácil discernir si…

- Sí no te hubieras acostado con ella, pero lo hiciste y lo disfrutaste, tienes el rostro muy fresco, déjame decirte. - Sonrió con burla tan solo para molestar a su amigo.

- A veces eres muy impertinente.

- Sí, pero también muy bueno y trabajador, querido patrón.

- No me llames así.

- Relájate y atrévete a preguntarle algo a tu abuela, y hablando de ella, me mandó a decirte que ya estaba listo el desayuno.

- Antes mira esto. - André le estiró un sobre y él se sorprendió un poco al ver el nombre del remitente.

- Claire.

- Sí, dice que viene a visitarme.

- ¿Cuándo viene?

- Dijo que estaría aquí muy pronto pero no me dijo exactamente el día.

- ¿Y qué harás con ella o tampoco sabes?

- Imagino que con esto podría saber si Oscar aún siente algo por mí.

- Tú si eres estúpido. - André lo miró furioso. - Si ella no sintiera nada por ti te hubiera echado a patadas de su habitación.

- Pudo ser una simple debilidad.

- Entonces le darás celos utilizando a Claire, es decir, no solo lastimarás a la mujer que amas sino que usarás a otra que al final también puede terminar herida.

- ¡Necesito saber!

- ¡Esa no es la forma!

- Pues no tengo otra…

- ¡Me cansé, haz lo que quieras, pero ya te advertí, estoy cansado de hacer de tu conciencia, húndete en tus errores y ojalá que Oscar pueda perdonarte, porque acuérdate de mí, IRÁS A SUPLICARLE DESPUÉS!

David tenía el rostro completamente rojo. Le lanzó una última mirada y se marchó del despacho dando un portazo tan fuerte que pudo ser escuchado por toda la casa.

André se quedó mirando fijamente la carta de Claire. Ella no había sido nada importante para él pero con ella podría averiguar muchas cosas y estaba dispuesto a usar todo lo que tenía a su alcance.

Oscar.

Mordió su labios deseoso, aún sentía sus besos, su cuerpo, necesitaba verla, pero ¿qué le diría después de lo sucedido? Mejor hacer como si nada porque quizá eso había sido para ella, solamente una forma de quitarse las ganas como lo había sido en el pasado.

Salió de su despacho directo a la habitación de su hijo.