La universidad, mi accidente (estoy bien, me voy recuperando) y otros temas no me dejan publicar tan seguido como me encantaría, además, me esfuerzo mucho en entregarles capítulos lo más pulcros posibles y eso me toma más tiempo. Por otro lado, sé que a todas nos encanta el lemon pero decidí que André debe pagar sus pecados jaja ni sus ojotes verdes lo impedirán. Disfruten de lo que les traigo y mil veces muchas gracias por el apoyo, adoro sus comentarios.
Capítulo XVII
Aún duele
Luego de escuchar la voz alarmada de David, André gritó algo con dificultad desde la posición en la que ambos se encontraban y con delicadeza salió del interior de Oscar. La rubia sintió un estremecimiento en el momento en el que se rompió su unión y como si de una muñeca se tratara André la puso de pie, la apoyó en el escritorio y comenzó a arreglarla.
El corazón se le encogió al verla así. Después de lo dicho por su amigo, Oscar no dijo nada más y solo miraba a un punto indefinido en el espacio mientras las manos de André acomodaban su ropa.
- Mi amor, escúchame…
- Tengo que ir a ver a mi padre. - Habló casi susurrando, Estaba a punto de salir del lugar pero sintió un mareo y se tambaleó. Tenía un mal presentimiento.
- Tranquila. – Besó su frente. - Yo iré contigo, no me sueltes. - La tomó de la mano con algo de fuerza para que no se soltara. La sentía frágil, de un momento a otro la sentía más débil que nunca.
Salieron y caminaron lento mientras ambos veían a mucha gente correr de aquí para allá. Al llegar a la puerta de la habitación del ex general, André tocó muy despacio y la puerta fue abierta por David. Repentinamente Claire salió de la nada y se abrazó a André, alejándolo de la rubia abruptamente y ella sintió que se lo quitaban para siempre.
- Lo siento mucho cariño, esto es una pena. - Dijo con genuina tristeza, refugiándose en el pecho de André.
Claire lo arrastró a otra parte y entonces Oscar se dio cuenta que nuevamente había sido un juguete para el padre de su hijo, por mucho que haya imaginado que la veía con amor, eso de seguro solo era parte de su propio amor que añoraba ser correspondido, pero ¡qué equivocada estaba! Sintió asco de ella misma porque una vez más había caído presa de su deseo. Respiró profundamente, tenía que ser valiente.
- Oscar…
La débil voz de su padre la sacó de sus pensamientos. Sintió un nuevo mareo pero afortunadamente unos brazos la rodearon e impidieron que cayera, eran los de David.
- Gracias. - Éste solo le sonrió con dulzura.
No supo en qué momento pero ya estaba sentada al filo de la cama mientras el médico solo le hacía una leve venia.
Todos salieron de la habitación a excepción del doctor.
- Lo siento mucho, cometí tantos errores Oscar, pero yo en verdad creí que lo hacía por tu bien.
¿Por qué su padre hablaba de eso justo en ese momento? El ex general quería seguir hablando pero un gesto de dolor apareció en su rostro y se llevó la mano al pecho.
- ¿Qué es lo que tiene doctor? – Preguntó en un hilo de voz.
- Su padre sabe que no hay más por hacer, su enfermedad está muy avanzada, sus pulmones y garganta ya están muy dañados.
Hasta ese momento su mirada había estado fija en la envejecida mano de su padre pero después de escuchar aquello lo miró fijo a los ojos, como hace mucho no lo hacía.
- ¿Desde cuándo lo sabes? - La voz se le quebró y no hubo respuesta. Su padre también posó la mirada en la de ella. - ¿Por qué no dijiste nada?
- No creí que fuera necesario. - Apartó la vista de su padre y ahora la fijó en el doctor.
Sin poder contenerse más comenzó a llorar.
- Quiero que perdones a tu viejo padre… sé que has sufrido todo este tiempo, pero yo no quise esto, quería que tuvieras lo mejor y ya lo tenías pero no lo entendía…
Pidió perdón mil veces pero ella no alcanzaba a responder, el llanto no le permitía pronunciar palabra. Después de varios minutos, solo pudo tomar una de sus manos y la besó. Aunque había mucho dolor, aunque él la había separado del único hombre que amaba, sencillamente no podía odiarlo, y aunque habían estado distantes durante mucho tiempo, sentía un profundo dolor por su inminente partida.
- Yo fui muy débil pero eso ya no importa. – Respiró. - Aprecio el gran afecto que tienes a una hija tan especial como yo, gracias por todo, padre…
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Fueron días muy dolorosos y difíciles para todos.
David se acercó a ella y apretó sus hombros amistosamente.
- ¿Cómo te sientes?
- No dejo de preguntarme qué sería de mí sin Simon, al parecer siempre me salva.
- Es un hombrecito maravilloso.
- No quiero que sufra.
- La muerte es parte de la vida y aunque es muy pequeño tiene que aprender a ser valiente.
- Tienes razón.
- Come algo. – Habló señalando el plato intacto frente a Oscar.
- No tengo apetito.
- Oscar… - David la tomó por el mentón y la hizo mirarlo. - Escúchame bien, no puedes permitirte ser débil ahora, tu hijo te necesita más que nunca.
Justo en ese momento André y Claire aparecieron y David apartó la mano del rostro de la rubia.
- Oscar, tu padre quiere vernos a todos. – Dijo André muy serio.
- Bien. – Dijo la ex comandante escuetamente.
André tuvo la intención de esperarla pero Claire se lo llevó rápidamente.
- Es tan difícil… - Oscar miró a David y éste la abrazó.
- Eres la mujer más fuerte que he conocido en mi vida, por favor no te rindas.
- ¿Cómo le explicaré a Simon?
- Tienes un hijo maravilloso y valiente como tú, tienes mi apoyo y el de todos en esta casa. – La soltó y la tomó de la mano. – Vamos.
Oscar se paró en frente de la puerta del cuarto de su padre y respiró profundamente, como armándose de valor. Al entrar a la estancia todos estaban presentes, menos su hijo. El doctor permanecía muy cerca de su padre.
Sus ojos azules buscaron a su querida nana.
- Simon está desayunando con una sirvienta.
Oscar le sonrió suavemente y se acercó a su padre.
Fueron unos minutos en total silencio hasta que el señor Jarjayes habló.
- Desde que estoy así te he pedido disculpas pero sé que nada será suficiente. – Tomó la mano de su hija y la besó con ternura, como jamás hizo. - Ahora, les pido a todos que se retiren, necesito hablar con André.
Oscar se sorprendió y justo en el momento en que se ponía de pie para cumplir con el deseo de su padre, sintió otro mareo. David se acercó a ella y la ayudó a salir del lugar. André solo sentía que se le revolvían las tripas al ver lo cercanos que se habían vuelto.
Finalmente todos se marcharon. Ambos se miraron por un largo rato.
- No tengo mucho tiempo así que debo comenzar. - Era extraño pero la voz del señor Jarjayes parecía más débil que antes. - Supongo que soy una de las personas que más odias en este mundo.
André levantó ambas cejas en señal de sorpresa y no hizo ningún comentario.
- Y digo una de las personas que más odias porque sé que sientes lo mismo por mi hija y por eso buscas lastimarla como puedes, incluso usando a esa mujer, pero también sé que la amas, se te nota demasiado, aunque temo que mi hija solo cree que la odias, sobre todo después de lo que pasó.
- Lo que pasó solo es entre ella y yo.
El señor Jarjayes sonrió amargamente.
- Te equivocas, fui yo quien le pidió a Oscar que te echara…
Un silencio largo y casi delirante.
- Mentira…
- Sí André, manipulé su voluntad, la amenacé, le juré que si no se casaba con Gerodere, tú quedarías en la completa miseria y que incluso sería capaz de desaparecerte…
Los ojos verdes de André se llenaron de lágrimas.
- Moriré André, y me iré al infierno por todo lo que hice, pero no podía llevarme esto a la tumba… créeme que no pensé que las cosas se darían así, mi pobre hija sufrió… estaba cada vez más débil hasta que se enteró que Simon llegaría… sin él yo se que estaría muerta, así que no te atrevas a lastimarla, está mucho más rota de lo que crees, mucho más débil y cansada de lo que demuestra… - Inhaló profundamente en busca de más aire. - Fui yo quien la rompió y lastimé tantas veces… No vayas al infierno tu también, por favor no la desampares… - Comenzó a llorar.
- Usted me quitó todo.
- Perdóname… - El señor Jarjayes comenzó a ahogarse y André solo atinó a gritar llamando al médico y haciendo que todos entraran.
Oscar se sentó al lado de su padre y mientras el doctor trataba inútilmente de detener la toz, el señor Jarjayes comenzó a asfixiarse y sin que nadie más pudiera decir o hacer algo, dejó de respirar.
Oscar calló arrodillada al suelo. David la alejó del lecho de su padre mientras trataba de calmarla. Ella se aferró a él mientras Claire y André miraban la escena atónitos.
No era el momento pero estaba a punto de lanzarle un golpe a su amigo.
- Vamos, es mejor que dejemos que se encarguen de todo. - Claire tomó de la mano a André y lo arrastró fuera de la habitación mientras dejaba que el médico y algunos sirvientes se encargaran del difunto.
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El viento soplaba fuerte y su pequeña mano se aferraba a la de su madre con fuerza. Saber que no volvería a ver a su abuelo le causaba un profundo dolor, pero lo peor era ver llorar a su madre.
Una cruz estaba clavada en una parte alejada de los terrenos aledaños a la casa, ahí había dispuesto André que fuera sepultado el señor Jarjayes. En ese momento no había nadie más que todos los integrantes de la casa, el doctor y Claire.
- Será mejor que vayas a descansar. – Le aconsejó David.
- Sí… - David le brindó su brazo para acompañarla hasta la casa.
Finalmente todo acabó.
- Mamá… - Simón se aferró a su mano mientras eran escoltados por David.
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No había podido comer ni dormir casi nada desde la muerte de su padre.
- ¿Quieres más?
Solo le dolía dejar atrás a su querida nana y ahora también a David. Definitivamente los extrañaría mucho.
- No nana, está bien así, gracias.
- Has estado muy débil, no has comido adecuadamente en muchos días, estás muy pálida.
- Estoy bien.
- Hija, por favor, debes comer algo, recuerda que Simon te necesita mucho.
Solo él, pensó Oscar.
- No quiero ni puedo ocultarte nada, y sé que es lo mejor; tengo que rehacer mi vida en otro lugar. - Oscar dejó de hablar al ver el rostro preocupado de su interlocutora.
- Mi niña…
- Hay muchas cosas que aún duelen, por eso es mejor que me vaya con mi hijo, David me encontró un lugar que puedo pagar con facilidad con lo que tengo ahorrado mientras encuentro un trabajo, no está muy lejos de aquí.
- André no…
- Él es el padre de mi hijo. – Interrumpió cortésmente. - Nunca lo separaría de Simon pero eso no significa que tengamos que fingir que somos una familia.
- Esta es tu casa.
- Esta ya no es mi casa.
- Piénsalo bien, André no lo permitirá.
- No te preocupes, hablaré con él ahora mismo.
Tocó un par de veces la puerta e inmediatamente la voz de André le dio permiso para pasar.
Al entrar lo primero que vio fue a Claire aunque afortunadamente estaba lejos de André.
André la observó por un instante y como no dijo nada, Oscar fue la que rompió el más que incómodo silencio.
- Necesito que hablemos a solas, por favor.
- Claro, los dejo.
Esta vez Claire no se retiró del lugar con alguna de sus usuales muestras de cariño.
- Toma asiento. - Fue inevitable pasear sus ojos por la figura frente a él. La rubia llevaba un vestido rosa que la hacía ver preciosa. – Te escucho.
- Estoy bien de pie.
Ante esa respuesta, el hombre también permaneció parado.
- Solo quería decirte que agradezco mucho que hayas ayudado a mi padre en sus últimos momentos, gracias por el doctor y todas las atenciones…
¿Qué demonios era eso? ¿Una despedida? André se incomodó, tal vez se había tomado demasiado tiempo maquinando la mejor forma de explicarle y confesarle que no había podido dejar de amarla, y que aunque temía que ella no lo perdonara inmediatamente, se esforzaría hasta conseguir la vida feliz que siempre soñaron.
- Esta misma tarde me marcho con Simon, me voy a vivir a un pueblo no muy lejos de aquí, podrás visitarlo las veces…
- No digas más, sé que todo ha sido muy confuso, pero ni se te ocurra irte de esta casa porque no lo permitiré.
- Por favor, no quiero que discutamos, estoy cansada y entiende que no te estoy pidiendo permiso, te estoy informando que me voy.
- Exacto, no vamos a discutir, tú y nuestro hijo no se van a ningún lado, así de sencillo.
La palabra "nuestro" salió con rabia de los labios de André.
- No he olvidado que es nuestro hijo, pero lo que tú no pareces entender es que yo necesito rehacer mi vida, y viviendo aquí no puedo.
- ¿Rehacer tu vida? – Habló en tono irónico y tratando de contenerse aunque sin lograrlo del todo. – Entiende que tu vida está aquí conmigo.
- No estoy dispuesta a escuchar tus reclamos. - Oscar se iba a retirar pero la sujetaron del brazo. Se soltó como pudo y miró a André con rabia. - ¡Jamás vuelvas a tocarme! Estoy harta de tus maltratos, de tus reclamos y de tu descarada forma de vivir… ¿Para qué me quieres aquí? ¡Por Dios! Tú y yo a penas hablamos y para eso ya tienes a Claire.
- Ella se va mañana. - Trató de no alzar la voz, tenía que hacerle entender que la amaba.
- Ese no es mi asunto, me voy y punto, y por Simon no te preocupes, jamás impediré que lo veas las veces que desees.
- Oscar… - André respiró hondo. Sin poder evitarlo se acercó a ella dispuesto a besarla pero lo que recibió fue una cachetada.
- ¡Nunca más en tu vida, escúchame muy bien André Grandier, jamás te me vuelvas a acercar con esas intenciones, a mí no me vuelves a usar jamás, respétame al menos porque soy la madre de tu hijo! - Habló con rabia, y aunque no gritó, su mensaje fue muy claro.
- Puedes pegarme si quieres, lo merezco, dime lo que quieras, pero no te voy a dejar ir. - André habló con desesperación, de un momento acá, parecía haber perdido la compostura y esa seguridad que parecía mostrar desde que se volvieron a ver.
- ¿Qué es lo que buscas? - ¿Cómo era posible que a pesar de todas las humillaciones lo siguiera amando? ¿Qué clase de mujer era? Se odió por eso y aún así la desarmaba verlo desencajado y preocupado por su partida. – Estoy harta de todo, de tener que inventarle mil pretextos a mi hijo, estoy tan… - Oscar se tocó la cabeza con impaciencia y André intentó acercarse de nuevo, pero Oscar lo detuvo de un solo empujón. - No te acerques, no lo hagas o no respondo, por favor no compliques más las cosas…
- Claire no significa nada, nunca ha sido nada para mí, yo… - Ahora fue André quien se llevó una mano a la cabeza, pero lo que realmente le llamó la atención a Oscar fueron sus lágrimas que combinadas con su expresión de dolor y rabia la dejaron perpleja. - No hagas esto por favor, te lo suplico, te daré el espacio que necesites, lo que me pidas pero no te vayas, no creo que pueda soportarlo esta vez…
Oscar sintió una punzada en la cabeza, a caso ¿estaba viendo alucinaciones?
- André…
- Fui un maldito cobarde, aún lo soy… - André dejó ver con más claridad su rostro inundado por el llanto. Miró fijamente a la ex comandante. - Aquella vez debí rehusarme, debí atarte a mí, robarte, secuestrarte si era preciso con tal de impedir que te casaras con Gerodere. Estuve medio muerto por tanto tiempo y más de una vez pensé en acabar con todo pero algo me lo impedía, tal vez era que debía resistir para conocer a nuestro hijo
Oscar no podía creer que estuvieran hablando de eso después de tantos años.
- Ya es muy tarde para hablar de eso, nos hemos hecho mucho daño…
- ¡No! No callaré más, he callado desde niño, desde que entendí que te amo… comprende que me rompí en mil pedazos cuando me echaste.
- No… - Oscar comenzó a llorar de una forma más desconsolada, y en su intento por no escuchar nada más intentó salir del lugar, pero André la rodeó con sus brazos por la espalda y aunque ella luchó por soltarse su cuello no podía resistirse a la humedad que sentía producto de las lágrimas de André. - Suéltame…
- Esta vez no Oscar, no me alejarás otra vez, maldición… te he amado incluso pensando que no me amabas, y ahora que tu padre…
- ¿Qué? - Oscar trató de soltarse de nuevo pero esta vez el abrazo se hizo más fuerte. - ¿Qué has dicho? - Dijo con la voz quebrada tratando de soltarse inútilmente una vez más.
- Oscar… - André se las arregló para no dejarla escapar mientras le plantaba un beso en los labios.
La rubia aprovechó la situación y se separó de él tan rápido como se le presentó la oportunidad.
- ¿Qué intentabas hacer? ¿Crees que no me daba cuenta de que me humillabas y utilizabas? Eso no es amor André, ya no lo es, y aunque mi padre te haya dicho la verdad ¡eso no cambia las cosas que me hiciste desde tu regreso! Me usaste, te metiste en mi cama mientras lo hacías también con esa… - Hizo una mueca de asco.
- Tuve algo con ella hace muchos años pero…
- No quiero saber nada porque ya no me importa.
André se sorprendió de sus palabras, sabía que no podía ser, que ella lo amaba aún y lo aseguraba por la forma en la que se había entregado a él desde el momento en que se reencontraron. Pese a todas las confusiones se amaban el uno al otro y no aceptaría que se fuera jamás.
Una vez más intentó acercarse pero otra bofetada fue lo que recibió, aún así siguió avanzando, solo quería tenerla en sus brazos y escucharla decir que lo amaba pero justo en el momento en que la rodeaba sintió que ella se desplomaba, la tomó antes de que cayera al suelo y gritó pidiendo ayuda.
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- Su padre la obligó David… - André se lo contó con la peor cara de preocupación a las afueras de su habitación mientras esperaban que el doctor terminara de revisarla.
- Mereces el peor castigo del mundo. - Dijo David conteniendo su rabia. - Pero Dios te salvará solo para no hacerla sufrir a ella. – Lo miró fijamente. - Te lo advertí tantas veces.
- La amo, la necesito conmigo, no puedo permitir que se vaya aunque me merezca eso, no puedo…
- Debiste pensar en eso antes de aceptar las atenciones de Claire y exhibirte por toda la casa.
- Y tú te aprovechaste de eso ¿no? - Ahora ambos se miraban con rabia.
- Yo no podía verla en ese estado, tenía que apoyarla.
- No te golpeo ahora porque estoy demasiado preocupado por ella.
- Eres un pobre y triste enamorado que debió dejarse vencer antes de lastimarla así.
La puerta se abrió y el doctor habló muy pausado.
- La señora está muy agotada, además, en su estado las cosas pudieron ser peor.
- ¿Qué tiene mi esposa doctor?
David se sorprendió de que la llamara así y sabía que Oscar iba a tener muchos problemas si intentaba marcharse nuevamente.
- No se alarme, lo que sucede es que está embarazada y a su edad los cuidados deben ser mucho más minuciosos.
André se quedó mirando fijamente al doctor en completo estado de shock.
- ¿Se pondrá bien? ¿Qué cuidados debe tener? - Preguntó David.
- Sí, estará bien y solo debe seguir mis indicaciones, los síntomas de los primeros meses son complicados y debe alimentarse bien, además, según lo que me manifestó, su primer embarazo no fue muy fácil de sobrellevar.
- Por favor doctor, dele todas las indicaciones por escrito al señor Lasserre. - Dijo André con premura, señalando a David. – Ahora necesito ver a mi esposa. - Sin pensárselo demasiado, irrumpió en la estancia.
Oscar tenía las manos en el rostro y la cabeza inclinada. Estaba llorando, ¿a caso no quería al bebé?
- Esto no cambia absolutamente nada. - Habló mientras se descubría el rostro.
- No te irás, necesitas las mejores atenciones y cuidados, estás agotada y no te has alimentado bien, no permitiré que mi mujer embarazada se vaya sola por ahí. - Habló de forma sobreprotectora y con un peculiar brillo en los ojos, como el de antaño.
- Dios… - Rompió a llorar y se cubrió el rostro nuevamente.
André se sentó al filo de la cama e hizo que la mirara.
- No temas, mi amor, déjame cuidarte, no te vayas, pídeme lo que quieras…
- Quiero ir a mi habitación. - Dijo casi en un susurro.
- Esta es nuestra habitación.
- Estás loco si crees que me quedaré aquí, de solo imaginar que… - Le dio nauseas pero las controló.
- Solo tú has estado aquí conmigo.
- Quiero estar en mi habitación o me voy en el momento menos esperado. – Amenazó y comenzó a secar sus lágrimas.
- ¡Mamá!
Simon ingresó a la habitación y de un brinco ya estaba acurrucado en el pecho de su madre.
- Mi pequeño… - Oscar le dio tiernos besitos en la cabeza.
- No te mueras mamá. - Simon lloraba contra su pecho.
- Cariño, estoy bien…
- No… abuelito se fue, yo no quiero que te vayas. - Oscar lo separó de su pecho e hizo que la mirara.
- Cariño, eso no sucederá, estoy algo débil pero todo estará bien.
- ¿Y con mi papi también? - Simón lo dijo con admiración mientras observaba a su padre.
Oscar se incomodó ante la pregunta pero André respondió por ella.
- Todo está bien y mamá se recuperará pronto.
- ¿Entonces mi mami y tú serán novios y esa señorita se irá?
- Se irá. - Simón se pasó a los brazos de su padre y Oscar solo pudo aprovechar ese instante en que su hijo no la veía para mirar con reproche a André.
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La noticia del embarazo de Oscar parecía haber levantado los ánimos en la casa luego de la muerte del señor Jarjayes.
La única que parecía no pasarla completamente bien era la rubia. Por desgracia su embarazo se había convertido en un asunto muy delicado, pues tal y como dijo el médico, su edad y haber estado en medio tantas tensiones le había jugado en contra. Se sentía fatal luego de tener que pasar casi a diario por una serie de malestares que no la dejaban en paz, pero aunque lo disimulaba estaba feliz, volvía a sentir esa calidez en su interior, la esperanza hecha carne.
Sin embargo, las cosas con André no iban bien. Claire se había ido pero la misma Oscar se había encargado de alejarlo poniéndole como condición para quedarse en su casa que solo debía acercarse lo estrictamente necesario y que además dormiría en la habitación que había ocupado hasta ese momento en su casa. Sencillamente no podía perdonarlo, no podía después de todo por lo que la había hecho pasar, quería castigarlo, pero ¿después qué? Él le había confesado que la ama en medio de amargas lágrimas, pero aún así no era suficiente y no se sentía preparada para perdonar.
Tocaron a su puerta e inmediatamente entraron, era Simon.
- Buenos días mami. - Se subió a la cama y le dio un beso a su madre.
- ¿Ya desayunaste?
- Sí, con papá. - A Simon se le iluminaban sus hermosos ojos verdes cada vez que mencionaba a su padre. - Me voy a pasear con él en su caballo, me dijo que te avisara para que no te preocupes. –
Tal y como se lo había pedido no se acercaba, ya casi había pasado un mes y él no intentaba nada.
- Está bien, cuídense mucho. - Se le hizo un nudo en la garganta, últimamente solo tenía ganas de llorar.
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- ¿No piensas hacer nada?
- No quiere que me acerque David, si lo hago se irá y yo solo quiero que mis hijos estén bien.
- Dale todo el tiempo que necesite, ¡aguanta hombre! Han pasado demasiadas cosas. – Trató de animar a su amigo y de pronto se percató de la intensa mirada de su interlocutor.
- Ni creas que he olvidado tu atrevimiento.
- Eres el hombre más celoso de toda esta tierra y deberías agradecerme haber sido yo quien la ayudara en los momentos difíciles porque soy el único que no trataría de quitártela.
André sintió rabia al escuchar eso. Era agonizante tenerla tan cerca pero sentirla tan lejos.
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Era imposible dormir en esa cama tan grande cuando podía estar acurrucado a su lado. Desde que se había enterado de toda la verdad extrañaba y añoraba más que nunca las noches que en un pasado habían compartido, la forma en la que se enredaban entre las sábanas, la manera en la que solo ella podía amarlo. ¡Maldita la hora en la que había decidido vengarse! Solo quería acercarse a ella, besarla con dulzura, acariciar su vientre y dormir apoyado en su pecho ¡ERA TANTO PEDIR! Furioso y de una sola patada arrojó las colchas que lo cubrían en aquella noche tan fría, lo único que quería era su calor, solo el calor de su cuerpo podría abrigarlo.
Salió de su habitación y comenzó a recordar que de niños habían pasado largas temporadas en ese lugar para descansar de la extenuante locura de Versalles, lejos de todo, pero siempre juntos. ¿Cuántos años habían pasado? Para ese entonces tal vez ya la amaba. Esa imperante necesidad por estar siempre a su lado, esos celos si alguien se le acercaba demasiado, él era su único amigo y siempre pensaba que quería serlo de por vida, sin que nadie le quitara nunca su lugar. En esa época su amor no dolía como ahora, ahora tenía un hijo de la mujer que amaba y uno más en camino, pero a ella no la tenía.
André, desvelado, caminaba por toda la casa, recordando los días en que ambos habían sido felices, en que corrían por todas partes haciendo travesuras y Oscar no cesaba de retarlo a un duelo de espadas.
Sin querer y como si estuviese en la casa Jarjayes, André se hallaba en las caballerizas. Se preguntó de pronto dónde estaría el caballo que siempre utilizaba en aquellos tiempos.
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Sus mareos en ese momento eran de los peores definitivamente, tenía miedo de desplomarse en medio del jardín cuando hacía tanto frío, había salido a tomar aire pero tal pareciera que no daba ningún resultado. Y entonces las caballerizas llamaron su atención, el padre de su niño había pasado gran parte de su vida en ese lugar y rodeado de los animales que tanto le gustaban, hablándoles como si fuera a recibir respuesta y durmiendo en medio de las matas de paja porque así se sentía más relajado. En esa casa había también mucho de ellos, y pensar que ahora el dueño era el mismísimo André.
Caminó lentamente, estaba algo inquieta, sus mareos no la dejaban y lo más rápido que su malestar le permitió llegó a la puerta y la abrió. Fue algo pesada para ella, pero inmediatamente su olor la invadió, era como estar con él.
¿A caso era un sueño? Seguro había comenzado a necesitarla tanto que ya comenzaba a imaginársela. Ella cerró la puerta tras de sí y comenzó a observar el lugar. Su cabello dorado estaba más largo y su figura más contorneada, su vientre estaba algo más hinchado, era una imagen tan cautivadora y exquisita que André deseó acercarse y ver mejor.
- Oscar… - Sin querer su nombre escapó de sus labios con ternura y con una necesidad absoluta.
- ¿André? - Oscar que hasta ese momento no se había percatado de su presencia no podía creer que ambos estuvieran allí. Fue en ese momento que el hombre se dio cuenta que no estaba soñando, era ella, dulce y provocativa, hermosa y deliciosa con un camisón blanco que lo invitaba a tocarla. - ¿Qué haces aquí?
- Eso debería preguntar yo, es peligroso que andes por ahí sola.
André comenzó a acercarse y eso le dio miedo, sintió sus piernas temblar producto de su intensa e inquietante mirada y sus mareos que parecían haberse disipado regresaron de golpe.
- No te acerques… - Oscar habló con voz temblorosa.
- Oscar…- André puso una expresión dolida, ¡dolía demasiado su rechazo! - Solo déjame acompañarte hasta tu habitación.
- Yo puedo regresar sola. - Sus piernas le fallaron. André asustado reaccionó a tiempo y la sujetó en el aire evitando su caída.
Ambos estaban en el suelo del gran establo y fue inevitable para André apretarla contra su pecho mientras olía sus cabellos.
- Oscar, déjame conducirte hasta tu habitación.
- Está bien. – Dijo cansada.
- ¿Qué tienes? - André le levantó el rostro con los dedos haciendo que lo mirara y fue muy fácil para ella perderse en sus brillantes ojos esmeralda. – Estás muy pálida, necesitas descansar. - André tenía miedo, ¿por qué estaba tan pálida? Oscar cerró los ojos y aspiró el aroma de André que la relajó, aspiró más fuerte y no hubo mejor cura. Sus mareos desaparecían a medida que se llenaba de su aroma.
- Estoy algo mareada y por eso salía a tomar aire. - No quería moverse de esa posición, sentir a André rodearla con sus fuertes brazos era la gloria, quería dormirse allí mismo.
- Te llevaré a tu habitación. - André la cargó como si no pesara y se la llevó despacio a la casa.
Era tan relajante sentir su respiración, los latidos de su corazón y su aroma, todo eso la arrullaban y la hacían sentir tibia.
En su espalda sintió la textura suave de su cama y se sintió tan perdida y sola cuando los brazos de André la soltaron; pero él no se marchó y repentinamente la mano grande de André comenzó a acariciar su vientre. Oscar que mantenía los ojos cerrados decidió disfrutar de la caricia, sabía que si abría los ojos ella soltaría alguna palabra de amor, y no quería, al menos no ahora.
André la acarició suavemente mientras la veía con los ojos cerrados disfrutando de la caricia, se sentía tan tibio esa parte de su cuerpo que se sorprendió, pero él no quería solo eso. Sin poder contenerse se sentó a la orilla de su cama y se agachó en busca de los labios de la mujer que lo volvía loco. Su lengua se abrió paso tan rápido que ni él mismo lo creyó, no importaba si después intentaba matarlo, solo quería rozar sus labios y entrelazar sus lenguas un momento más, mientras su mano se preocupaba por acariciar el lugar donde su hijo crecía a salvo de todo.
