Hola...
(no se que decir...)
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MI BELOVED DEVIL
(Capítulo 4: malos pensamientos)
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oOoOo
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"Qué dilema…
La lógica decía a gritos que no era ella, me exponía todas las razones por las que resultaba imposible, pero una parte de mi, más irracional, me obligaba a dudar de la razón"
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"¿Astrid?"
"Muy bien, los dejo para que conozca a los muchachos, señor Haddock" el director de la preparatoria hablo, sacando al castaño de sus pensamientos y haciendo que desviara la mirada de los ojos azules.
Hiccup quedo solo con el grupo de adolescentes.
"Bien, como ya lo dijeron, mi nombre es Hiccup Haddock y seré su profesor temporalmente, ¿alguna duda?" habló sereno, evitó mirar a la rubia de la ventana.
El que tuviera un parecido con su ex no quería decir nada, ¿que lo miraba como si lo conociera? ¡tonterías! Simplemente ridículo. Estaba tan sorprendido por su apariencia que imaginaba cosas.
Una chica rubia levantó los mano.
Hiccup hizo una seña para que hablara.
"¿es casado?"
Hiccup trato de no reír.
"No"
"¿pero tiene novia?"
"me parece irrelevante para la clase ¿porque no me dicen sus nombres? así los ubico mejor, empecemos contigo" señaló a la chica que había preguntado por su estado civil.
"Ruffnut Thorston"
"¿tu?" señalo a un muchacho de cabello negro y cuerpo fornido.
"Snotlout Jorgeson"
Señaló a otro chico rubio y regordete.
"Fishlegs Ingerman"
Señalo a otro chico, muy parecido a la primera chica.
"Tuffnut Thorston"
"gemelos" pensó.
Buscaba prestar atención a cualquier cosa que no fuera la rubia de la ventana.
Al final casi todos los chicos se habían presentado.
Casi.
"tu nombre" le hablo a la rubia.
Ella abrió la boca pero no dijo nada
"¿cuál es tu nombre?" Hipo volvió a preguntar.
¿Porque tenia el mismo rostro?
Mirarla le causaba un malestar en la boca del estomago y sentía una punzada en el corazón.
Dolía mirarla, porque le recordaba cosas que hace mucho había enterrado.
Aun así mantenía la calma, después de todo era un hombre realista, y sabia que aquello, por muy fantástico que pareciera, solo era una coincidencia, rara pero no imposible.
"a-Astrid James" Escucho una voz sorprendentemente familiar.
"¿me están jodiendo?"
"perdón, no escuche bien ¿podrías repetirlo?" pregunto el castaño.
La rubia se aclaro la garganta "Astrid James" repitió.
"imposible"
"¿eres algo de los Hofferson? Es que te pareces mucho a alguien que conocí de esa familia" Hiccup trato de sonar casual.
La chica negó lentamente con la cabeza.
"oh bueno... ¡comencemos la clase!"
Se escucharon aaaaaawww por parte del grupo.
"Profesor ¿puefo ir a casa? No me siento muy bien"
Otra vez esa voz.
Pero no era la voz de ella, ni ese su rostro, aunque se parecieran ¡no era ella! Porque era IM-PO-SI-BLE.
Era él quien veía cosas que no eran, trataba de engañarse así mismo.
Tal vez después de todo lo que había pasado ya estaba perdiendo la cordura.
"¿Que tiene señorita James"pregunto.
"Astrid es anémica, profesor" dijo el chico regordete llamado Fishlegs.
"¿necesita que la acompañe a la enfermería?" pregunto el castaño.
"¡no! Deja que se vaya a su casa" Hiccup se reprendió mentalmente.
"no"
"esta bien, puede irse"
Ella tomo sus cosas y se fue.
Hiccup sintió una punzada en el pecho al verla marcharse, casi sentía la necesidad de ir tras ella y decirle que no lo deje otra vez.
Pero eso era ridículo, ella no era SU Astrid, y no se iba para siempre, mañana tendría que volver a verla.
Y ese pensamiento lo inquieto más de lo que desearía.
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Una joven rubia caminaba a paso apresurado, las lágrimas amenazaban con salir y respirar era casi doloroso.
Se suponía que algo así nunca debía pasar, estuvo años y años haciéndose a la idea de que el día que abandonó su antigua vida fue para siempre.
Y ahora su pasado golpeaba la puerta acompañado de unos ojos verdes que jamás olvidaría.
¿ahora que hacia?
¿irse antes de que las cosas se compliquen?
¿quedarse y fingir que nada esta pasando?
¿decirle...
No, eso nunca.
Pero ahora su vida no era del todo suya, y la decisión no estaba en sus manos.
"Hiccup..."
Diez años, diez años sin verlo...
Parecían una eternidad.
El no había cambiado mucho,pero ahora era mas alto, sus facciones mas maduras, y sus ojos...
Ya no eran los ojos de un muchacho, tenia la mirada de un hombre.
En cambio ella seguía igual.
¿aun así la seguiría queriendo?
No, no debía pensar esas cosas.
Han pasado ya diez años de lo que hubo entre ellos, el pudo enamorarse de otra, pudo olvidarla, puede que tenga novia, esposa y hasta hijos, puede que ya tenga su propia familia...
No, el dijo que no era casado.
"eso no prueba nada Astrid, ya no eres, ni puedes, ser parte de su vida"
¿porque seguía queriéndolo? ¿porque seguía aferrándose a los recuerdos de un pasado que jamas volverá?
Todos los días pensaba en su familia, si sus padres la seguían buscando, si se habían resignado a que no volverá, si tuvieron otro hijo, o si seguían vivos.
Si Hiccup y ella pudieron ir juntos a la universidad, casarse, formar una familia...
Sufría, odiaba sufrir.
Ella le dijo que las emociones humanas pueden llegar a ser muy duraderas, aprender a controlarlas podía llevarle años, décadas, hasta siglos...
Astrid se detuvo frente a una casa un poco lujosa, no era muy grande, pero si elegante.
Saco sus llaves y abrió la reja, había un jardín muy bien cuidado con rosas de distintos colores.
Escucho que se acercaban a la puerta asi que no se molesto en abrirla.
Una mujer de aproximadamente cincuenta años casi choca con ella.
"¡oh, querida, disculpa no te vi!" dijo la mujer.
"descuide, no hay problema" contestó Astrid de forma educada.
"tu debes ser la sobrina de la Doctora James ¿cierto?" preguntó la mujer.
"asi es, ella es mi sobrina, su nombre es Astrid, va en preparatoria" Una mujer bastante atractiva se acerco a ellas "Astrid, linda, ella es la señora Haze"
"un placer señora Haze"
"por favor niña, solo llámame Martha" dijo la mujer "bueno, yo ya me iba, nos vemos después Dra James, fue un gusto conocerte Astrid" después de decir eso la mujer se fue.
La Dra J. entro a la casa seguida de Astrid, tomo asiento en un sofá y ojeo un libro.
Sabine James era una psicoterapeuta de mas de treinta años, aunque muchos al verla creerían que es mucho mas joven, claro que al mirar sus ojos, que mostraban experiencia y madurez se darían cuenta que es mayor de lo que aparenta.
Era alta, de cabello corto castaño oscuro y de ojos grices.
"¿que paso? Llegas demasiado temprano, tu respiración es pesada y tu ritmo cardíaco apresurado, además evitas verme a los ojos. Habla niña" dijo tranquilamente la mujer.
Astrid dudo en contestar, pero era obvio que ella se daría cuenta.
"vi a alguien que me conocía... ¡Sabine tenemos que irnos!" Astrid parecía desesperada.
La Dra J. Cerro su libro y miro a Astrid, casi parecía aburrida.
"¿Irnos? Ya te lo he dicho niña, no me muevo de un lugar hasta después de cierto tiempo, seria imprudente y complicado, no es sólo... Tomar las maletas y larganos ¿lo entiendes?"
"no podemos quedarnos..."
"podemos deshacernos de esa persona y listo" dijo la oji-gris con indiferencia.
"¡No!"
"dejame adivinar... " la mujer la miro directamente a los ojos "es alguien importante para ti... mm... ¿uno de tus padres...? No, no son tus padres ¿el chico, tu antiguo noviecito? Si? Eso es, te reencontraste con tu primer amor, eso debió ser tan emocionante para ti" Sabine sonrió cálidamente, pero Astrid sabia que era una sonrisa falsa.
"el es mi nuevo profesor"
Lo mejor era hablar, de todas formas ella se enteraría.
"¡Fascinante! No solo un romance prohibido entre un mortal y un vampiro, también entre profesor y alumna, ja! Resulta casi erotico ¿no lo crees?" La Dra J. Parecía divertida.
"no hay, ni habrá romance y lo sabes" Astrid se sintió dolida ante sus propias palabras.
"oh, querida, a mi edad casi todo me resulta aburrido, dejame disfrutar de las pocas cosas picantes de la vida" Sabine sonrió.
"¿que harás?" pregunto casi con temor.
"¿que haré yo? Tranquila querida, La que hará algo seras tu, ya sabes que a mi solo me gusta ser espectadora, te dejo para que despejes tu mente y te relajes, yo iré a almorzar con la esposa del jefe de bomberos, es una mujer agradable y su casa es preciosa. Nos vemos linda" la Dra J. Se fue tras decir eso, dejando a Astrid sola.
¿porque todo parecía un juego para ella?
Astrid no lo entendía.
Tenia casi ocho años viviendo con ella y aun no se acostumbraba.
Aunque debía admitir que le debía mucho.
Ella fue el primer vampiro que conoció y que se ofreció a ayudarle.
La conoció en New York dos años después de haber abandonado Berk.
Astrid vivía huyendo, nunca se quedaba mucho tiempo en un mismo lugar, había aprendido a sobrevivir alimentándose de la sangre de hombres que al ver a una chica sola en los barrios bajos de una ciudad se les hacia fácil aprovecharse de ella.
Sin saber que ese seria su fin.
El que sus víctimas fueran bastardos pervertidos le hacia más fácil las cosas, pero eso no quitaba el hecho de sentirse como un monstruo.
Además su forma de matar no era nada discreta y después de cierto número de víctimas debía abandonar la ciudad antes de que la policía hicieran una conexión entre los crímenes y terminaran atrapándola.
Una noche después de dos semanas en N.Y. iba por su tercera víctima, en una ciudad tan grande era fácil, solo tenia que salir de noche y pasearse por una calle oscura, no faltaba mucho para sentir que la seguían.
El bastardo creía que el era el cazador cuando solo era una presa.
En algún momento era abordada y arrastrada a un callejón oscuro, ella fingía sorpresa, ella fingía miedo, y cuando estaba segura de que era el momento... Atacaba.
Ella se alimentaba después de dejarlo inconsciente y no paraba hasta que ya no escuchara ningún latido.
Esa noche estaba alimentándose cuando escucho una voz detrás de ella.
"Tus hábitos alimenticios son un desastre... ¿quieres que te atrapen?"
Astrid se giro rápidamente para ver a una mujer vestida como una "sexoservidora" común y corriente, una peluca azul, mucho maquillaje, tacones altos y mostrando demasiada piel con aquel vestido plateado.
Sus palabras y el no haberla detectado cuando se acercó la alertaron.
"¿cuantos años tienes?" le pregunto, Astrid estaba casi sorprendida con la indiferencia de su voz, como si la sangre en su boca y el hombre moribundo no existieran.
"...diecinueve" le contestó, sin bajar la guardia.
"¿hace cuanto que eres un vampiro?" le pregunto mientras se miraba las uñas.
"dos años"
Entonces la mujer mostró un leve gesto de sorpresa.
Y le sonrió casi de forma maternal.
"pero mira si aun eres una chiquilla, hace tiempo que no veo a un vampiro tan joven, eso explica tu inexperiencia, ¿quieres venir conmigo? "
Astrid no sabia que decir, era obvio que esa mujer era un vampiro, pero la situación y la repentina propuesta le era demasiado extraño.
La mujer se acercó, Astrid retrocedió, saco una pequeña navaja de su bolso y se la clavo al tipo en el cuello sin ninguna expresión.
"ya tomaste lo suficiente, si no lo matas rápido puede despertar como uno de nosotros, y no queremos eso ¿cierto?"
Astrid negó.
"¿cual es tu nombre?"
"Astrid"
"bien Astrid, puedes llamarme Sabine. disculpa mi atuendo, pero mis métodos para conseguir sangre son menos peligrosos que los tuyos querida, y no tengo que matar a nadie, lo que me ahorra un gran trabajo, no es tan diferente a lo que haces, mmm... ¿vienes o no?"
¿que podía perder si la acompañaba, en esos momentos necesitaba a alguien que le explicara como lidiar con su condición y esa mujer era la única que podía hacerlo "
"perfecto, veras que nos vamos a llevar muy bien"
Y desde entonces ha estado con ella.
Sabine resulto ser una maestra del engaño y una gran "mentora."
No era una mala persona, bueno, ella ya no creía en el concepto de bien o mal, pero le resultaba estupido quebrantar las leyes, además no encontraba ninguna fascinación por el asesinato o la tortura.
Aun así parecía tener un deleite casi morboso por las emociones humanas.
"hace mucho que deje de sentir, así que me divierten los conflictos emocionales de los humanos, es casi adorable" solía decirle.
Decía que perder la humanidad era casi imposible, pero con el tiempo se aprenden a controlar los sentimientos hasta que estos dejan de interferir en tus decisiones y tu vida, al punto que parecen dejar de existir.
Pero convertirte en un robot sin emociones no era divertido, y la inmortalidad se volvía aburrida después de mucho tiempo.
También le dijo que hace mas de un siglo que el transformar gente en vampiro se volvió una practica poco común, la sobre población de inmortales no era algo bueno para ninguna especie.
Así que encontrarla a ella fue algo como encontrar una criatura que se creía extinta.
Si le preguntaran a Astrid como es su relación con Sabine, diría que se siente como un perrito que fue adoptado por una niña caprichosa que lo encontró en la calle.
Cada vez que Sabine llegaba a un lugar adoptaba una personalidad e identidad distinta, eso le resultaba divertido.
Ahora eran una Psicoterapeuta que acogió a la hija de su fallecido hermano después de que este muriera con su esposa en un accidente automovilístico.
Que gran mujer...
Pero a Astrid lo único que le preocupa en esos momentos es que hará respecto a Hiccup.
Sabine no quiere irse, así que tiene que encontrar otra solución.
¿pero cual?
Tal vez se preocupaba demasiado, tal vez Hiccup no la descubra, Sabine no esta en lo absoluto preocupada, y ella suele ser cuidadosa en todos los sentidos para mantener su identidad a salvo.
Pero Astrid no sabe que creer, solo piensa que mañana el estará ahí, y al día siguiente, y al siguiente...
Una idea peligrosa paso por su cabeza.
¿y si lo recuperaba? Después de mucho tiempo y de todos los lugares en el mundo se volvieron a encontrar ¿no significaba eso algo?
"no Astrid, no, deja de pensar tonterias"
Pero la idea no se iba de su mente.
Era una idea ridícula y egoísta, pero demasiado tentadora.
¿podía recuperarlo?
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Ve por él tigresa :v
ok no.
¡hasta la próxima!
