QUE ONDA A TODOS, AQUI BRAVETHUNDER REPORTANDOSE DESPUES DE UN LARGO TIEMPO, VAYA. SI QUE HE OLVIDADO COMO ESCRIBIR, BUENO. EL RITMO, ESTE CAPITULO LO PUBLICO CON LA ESPERANZA DE RETOMARLO ANTES DE ENTRAR A CLASES. (SI, SOLO TENGO UNA SEMANA) Y PUBLICAR O ESCRIBIR DE PERDIDO VARIOS CAPITULOS ANTES DE ENTRAR, PORQUE HAN PASADO BASTANTES COSAS QUE CADA VEZ MAS ME QUITAN TIEMPO PARA HACER ESTO QUE TANTO AMO. PERO ASI ES LA VIDA, REALMENTE ME ESFORCE MUCHO PARA TRAERLES TAN SIQUIERA ESTE CAPITULO TAN CORTO DEBIDO A MUCHAS RAZONES PERSONALES Y UNA QUE OTRA COSA REFERENTE A ANGEL FIGUEROA (SI, SIGO TRABAJANDO EN EL) PERO SOBRETODO COSAS DE MI VIDA COTIDIANA, REALMENTE ESPERO LES GUSTE ESTE CAPITULO TANTO COMO A MI Y ESPERO HACERLO MAS SEGUIDO Y CON ESTE CAPITULO TAMBIEN DOY INICIO A UN ARCO DE HISTORIA. EL CUAL MUCHAS COSAS SE VERAN TAMBIEN COMO EL CAMBIO DE ETAPA DE ARTURO JOVEN A UN ARTURO UN POCO MAS DESARROLLADO. YA ENTENDERAN POR QUE.
EN FIN, ESPERO LES GUSTE TANTO COMO A MI AL ESCRIBIRLO. LOS VEO HASTA LA PROXIMA AMIGOS.
—CAPITULO 7: MISTERIOS—
No podía decir lo que veía, o lo que sentía. Estaba fatigado. Estaba atolondrado. No creí que fuese tan complicado hacer esto. Trate de moverme pero mis músculos colapsaban en cada movimiento. Mis brazos estaban raspados y mis rodillas llenas de tierra. La ropa que me dio mi mamá estaba enlodada y mis zapatos raspados. Y esto fue antes del ocaso.
El capitán Armor estaba frente a mí usando una ropa acolchonada y un shinai. Que es una espada de bambú, que arde como el infierno. Rayos, sí que el capitán Armor es rápido. Mi tía había ido a descansar y me dejo con el capitán aunque a decir verdad. Estoy comenzando a dudar si hice la decisión correcta.
—Vamos joven Arturo, debe de mostrar su valía. Esta mañana fue solo un estudio pero ahora vengo listo para formarle una doctrina—El capitán Armor golpeo a mis pies y apenas logre esquivar. Salpicando tierra a mis pies. Retrocedí varios pasos—Sí que sus reflejos son lamentables. Tiene que ser mas vivo en sus reflejos porque en el combate verdadero no le darán el beneficio de pensar. Use su cuerpo por instinto, no con ideas.
—De acuerdo—Mire al capitán Armor por un rato, el me veía con una sonrisa inquietante. Llena de maldad, y sin vacilar volvió a embestir la espada pegándome en el hombro. Aunque no fue tan duro basto para hacerme mover dos pasos. Ardía el golpe tan horrible…
—¡Vamos! No piense que le dolerá, solo haga que su cuerpo haga lo suyo, libere sus músculos y vacié su mente. Sino nunca podrá esquivar un simple ataque—El capitán Armor puso la espada frente a él mirándome el brazo—Sino, tendremos que posponer todo esto hasta que su cuerpo madure.
—Seguiremos hasta que mi madre regrese. No le fallare—El capitán Armor sonrió.
—De acuerdo. Sigamos—Retrocedí un par de pasos, jadeando un poco. Limpiándome un poco la saliva, estaba meditando que hacer. Mi mente, era un revoltijo. Había muchas cosas que pasaban por mi mente, mas al sentir el ardor en el hombro. Rayos.
El capitán Armor se me abalanzo de nuevo, escuchando sus pisadas en la tierra. Colocando la espada detrás y yo retrocedí varios pasos con el shinai flexionando mi brazo para tener la vara de bambú apuntando al aire, sobresaliendo de mi hombro.
El capitán dejo caer la vara sobre mí y le esquive apenas, y le golpee por un lado pero su armadura le protegió del ataque, solo se escucho el metal resonar y el me golpeo el antebrazo, mi brazo crujió ante el golpe. Haciéndome caer de lado al suelo. Quería llorar del dolor. El capitán me veía con orgullo. Con una sonrisa, no tan marcada pero se notaba.
Me levante limpiándome un poco el moco que me escurría de la nariz por el llanto contenido. Me reincorpore sobándome el brazo y retrocedí un poco. Ignore por completo mi alrededor, ya no se escuchaban mas las aves, ya no podía sentir el brazo de tanto dolor. La cabeza era la que me dolía. Pero mi madre, debo de ser fuerte por ella. Solo para ella.
No dije nada, retrocedí varios pasos. Sin pestañear, estaba cansado, estaba molesto. No podía hacer nada contra el capitán, pero quería ganarle. Debía de ganarle al menos esta vez si quería seguir entrenando. Sino regresaría a esas aburridas clases. Quiero salir a explorar Equestria y vivir con mi madre con alegría.
Unas imágenes pasaron por mi mente, algo grande. Plateado, maravilloso.
Y me abalance hacia Shining Armor, con una mirada perdida. Con muchas imágenes en mi mente, quería vencerle, quería ser mas fuerte, adaptarme y vencer. Tenia un objetivo; proteger a mi amada madre, y así como lo dije. Se cumplió, agarre desprevenido a Shining Armor, y le di un fuerte golpe en la cabeza, escuchando el casco retumbar y moverse a los lados del impacto. Lo golpee tan duro que el casco se abollo y la ranura por donde salía su melena se deformo y su melena estaba toda aplastada por la abertura.
Shining Armor retrocedió varios pasos, aturdido por el golpe. Viendo al suelo tambaleándose a los lados dejando caer el shinai, me miro a los ojos sorprendido, incapaz de procesar lo que hice. Aunque es una satisfacción que se volvió duda. ¿Cómo lo hice? Shining Armor sonrió con un hilo de sangre cayendo por su frente. Y retrocedí otro par de pasos.
—Impresionante—Dijo quitándose el casco abollado—Reconozco que me sorprendiste joven Arturo, pero no creo que se repita.
Shining Armor se me abalanzo de nueva cuenta, lanzando golpes diagonales, oyéndose el aire cortarse con cada tajada. Por puro instinto retrocedía, pero tenía miedo. No quería salir herido. Ya no más, pero seguía allí por mi madre. Quería seguir solo por ella, porque la amo. Aunque no sé porque este sentimiento.
Y de nueva cuenta, imágenes pasaron por mi mente, cientos de imágenes como si fuera una película. Habitaciones, libreros, ventanas con un cielo azul. Un hombre con una cicatriz en la palma de su mano. Y recibí un fuerte golpe en la mejilla.
Otra imagen, una imagen. Era mía, estaba parado frente a un espejo, cubierto de un líquido negro, no me veía como yo. Me veía, diferente. Mi cabello estaba muy maltratado. La forma de mi cara era más alargada. Me veía más viejo, muy viejo. Hasta tenia barba. ¿En serio soy yo?
Un fuerte tan poderoso que me hizo perder el equilibrio, yéndome hacia la izquierda tambaleándome, incapaz de pensar otra cosa. Veía al capitán sorprendido, detrás de él. Mi tía, quien se quedó paralizada y yo perdía fuerzas.
Aunque, no quería caer. No, no caería por mi madre.
Y me reincorpore sin caer al suelo, apoyándome en el Shinai, viendo a Shining Armor con esa misma sonrisa pero mi tía tenía otra. Estaba entre enfurecida y preocupada.
Y así como me apoye en el Shinai, otras imágenes pasaron por mi mente, estaba parado sobre una plataforma metálica. Rectangular con una maquina apuntando a mi cabeza, teniendo un documento en las manos. Y después, un resplandor. Pasando el resplandor, estaba a un costado de Shining Armor, y le golpee con el mango del Shinai. Su rostro se deformo y en suave giro hacia mi izquierda tome la hoja de bambú con la otra mano golpee de lleno su frente con la punta de tela de la hoja del shinai.
Shining Armor retrocedió bastantes pasos tambaleándose hasta dejarse caer hacia le frente flexionando sus patas delanteras, mirando al suelo con un ojo abierto y el golpee entre sus ojos marcados con una cortada de medio dedo escurriendo poca sangre. Me quede estático.
—¿Pero que hicieron? —Llego mi tía atemorizada nos miró a ambos y Shining Armor jadeaba del dolor. Yo le mire cansado, confuso.
—No lo sé, simplemente reaccione y lo golpee tía.
—Pero esto es brutal, no creíamos que lucharían de tal forma tan salvaje—Mi tía conjuro un botiquín de primeros auxilios, saco unas vendas y alcohol.
—Ni yo, alteza. Pero quizás fue mi culpa, lo obligue tanto a luchar—Shining Armor se recostó en el suelo para recibir atención médica. Viéndome con una sonrisa—Y admito que supo calmar mis ansias.
—¡Estas demente Shining Armor! —Mi tía reprendió más al capitán, sacando más utensilios para curar sus heridas—Ambos pudieron haber sido gravemente heridos.
—Y por fortuna solo fui yo el que quedo herido. Me hubiera molestado mucho si el joven Arturo hubiera quedado como lo estoy ahora—Mi tía paso una gasa limpiando la sangre de la frente de Shining Armor y después paso una con alcohol, tuvo varios alaridos de queja por el ardor pero mantenía esa sonrisa—Supongo que es el precio a pagar por el aprendizaje.
—¿Aprendizaje? Si solo lo provocaste para hacer tal cosa.
—Y ese es el aprendizaje—Mi tía dejo la gasa en la frente, tapando parte de su frente y ojo izquierdo y lo envolvió en las vendas—Así sé que la fuerza del joven Arturo es formidable. Su fuerza se compara al de un guardia altamente entrenado. O más—Mi tía separo la melena ya algo maltratada de Shining Armor, su rostro se torció un poco por la sangre, supongo que no ven seguido sangre. Pero ¿Yo ya he visto sangre? Me siento tranquilo a pesar de recibir varios golpes y luego ver a Shining Armor así. ¿Dónde saque tanto?
—Pero no es lo correcto, antes de hacer una tontería se debe de consultar. Arturo, sobrino mío. ¿Accediste a esto? —Asentí limpiándome la tierra de la mejilla, sentándome en el suelo cruzándome de piernas—Ya veo, pero sigue sin ser suficiente justificación. Que tal si tu madre te ve así. ¿Qué le diremos? No puedo permitir que lleguen a estos extremos.
—Lo siento alteza pero es decisión de su sobrino. El quiere aprender a luchar, a defender a su madre. Es su deseo—Mi tía le había quitado parte de la armadura, mostrando algunos raspones que bastaron con solo pasar la gasa con alcohol—Y admito que el joven Arturo me venció de dos golpes, y yo le metí varios para apenas hacerlo tambalear—Mi tía me miro a los ojos, vio mis raspones y yo hice lo mismo. Tenia raspones en los antebrazos, muñecas y en mis dedos tenia varios raspones por el Shinai.
Deje el Shinai en el suelo y me senté, vi como mi tía atendía al capitán y en silencio pensaba en las cosas que vi, ¿Por qué vi esas cosas? ¿Por qué mi cuerpo reacciono así? ¿Habrá notado el capitán lo que me paso o se quedara con esa idea?
Mi tía termino de atender al capitán y ahora me atendió a mí, estaba detrás de mí limpiando mis raspones con la gasa y la tierra con un pañuelo. La servidumbre llego con carritos con comida; comida bien surtida, con muchos colores y olores. Frescos y muy agradables a la vista. Aunque todo era fruta y verdura, todo se veía delicioso.
Me sirvieron en un plato de porcelana y en un vaso de cristal. Como no tenía lugar donde dejar las cosas las puse a un lado mío en el pasto pero en el instante le pusieron un pañuelo rosado y me dejaron unas galletas.
Mi tía me había puesto una gasa en la mejilla, y me vendo la cabeza y el brazo por igual. Espero mi madre no se muera del susto.
Me veía a los ojos disgustada, aunque no parecía que me iba a reprender por lo que hice o por lo que pedí. Apretó la gasa y me dio un beso en la mejilla. Sonriéndome.
—Espero que no te quejes en un futuro de que te duele el cuerpo—Se alejó guardando todo en el botiquín y se emparejo al capitán Armor—Entiendo el interés de mi querido sobrino en aprender a defenderse, pero no es el método. Sigue siendo un niño. Y mi hermana me encargo su seguridad. Capitán Armor, le encargare encarecidamente que no provoque más heridas. Para ambos—Aun con ese tono molesto se notaba su preocupación. El capitán Armor asintió mirándome.
—De acuerdo princesa, no seré tan rudo para la próxima. Siento mucho mi actitud—Mi tía asintió, y siguió avanzando.
—Iré a dejar esto en la enfermería, la servidumbre se llevara los platillos. Así que no se preocupen—Seguí comiendo con tranquilidad aunque el cuerpo comenzaba a dolerme mientras masticaba, no creí que dolería tanto el practicar con esas varas.
El capitán y yo comimos mientras la servidumbre se retiraba apenas terminamos nuestro almuerzo. Solo nos dejaron una charola con panecillos y algo de té. Me gusta el té pero se me sigue siendo amargo, yo le pondría más azúcar. El capitán tomo un panecillo y le dio un mordisco pero su queja se notó al masticar el pan dulce. Yo tome uno y me serví un poco de té cruzándome de piernas, y comenzamos a comer en silencio.
Nuestras miradas se cruzaban de vez en cuando, aunque mi mente estaba por otra parte. Estaba pensando un poco sobre las cosas que pasaron por mi mente cuando "luche" contra el capitán, ¿Qué eran? ¿Era yo el que se reflejaba en el espejo? Además ¿Cómo se moverme? Porque me moví muy rápido, y pensándolo mejor. Hasta me mareaba al recordar.
—Capitán Armor, ¿Puedo preguntarle algo? —El capitán levanto la mirada viéndome a los ojos con unas migajas de pan.
—Claro, ¿De qué se trata?
—Cuando peleábamos, ¿No pasaba algo por su mente? ¿Imágenes sin sentido? —El capitán se limpió las migajas con el casco.
—No, para nada. No sé qué imágenes hablas. ¿Acaso tú viste algo? ¿Qué era?
—Bueno, cuando le golpee. O estaba a punto de pegarle, en mi mente. Me veía en el espejo. Con el cabello largo y maltratado—El capitán abrió los ojos un poco y se acercó apartando la bandeja de panes.
—Cuéntame más, ¿Qué viste?
—También vi una especie de máquina, no sé qué era. Pero, era grande y brillaba y me apuntaba. Y había una persona allí, pero no pasaba nada más. Solo eso.
— ¿Y qué sentías? —El capitán se me acerco más, tanto que podía verse en su mirada.
—Ligero, era como si supiera lo que fuese a pasar.
—Won, eso podría significar algo.
— ¿De qué se trata?
—Estas recuperando tu memoria—Eso me dejo en Shock. Esas palabras me dejaron fuera de lugar. Todo se ponía borroso. Inclusive podía verme la cara y estaba confundido. Vaya, ¿será verdad? ¿Seré yo un chico o seré algo más? —O quizás eres el descendiente o reencarnación de un sujeto estúpidamente poderoso considerado héroe que vino a salvar Equestria de un mal mayor—El capitán Armor se encogió de hombros sonriendo y me golpeo en el hombro pero ambos nos quejamos del dolor. Mas yo—Tranquilo Arturo, simplemente pudieron ser alucinaciones, mírame. Me metiste un golpe tan fuerte que todavía veo estrellas, y digamos que no te hice lo mismo antes—El capitán Armor tomo varios panecillos y se puso uno en la boca—Si me disculpas, debo de ir a cambiarme. Mañana seguiremos con la práctica. Si es que la Princesa Luna no me manda al Imperio o peor. A la luna—El capitán se fue riendo pasando por los árboles y entrar al castillo.
Me quede un rato sentado viendo la bandeja. Pensando, ¿será cierto? ¿Habrán sido alucinaciones?
Tome un panecillo y lo apreté un poco, ¿Quién soy? ¿Quién soy en verdad?
Me recosté en el pasto comiéndome el panecillo de pocos bocados, mire al sol pensando lo que vi. Y mis sentimientos, sé que llevo poco tiempo en Equestria pero siento que aquí pertenezco. Siento que aquí es mi hogar y siempre lo será. ¿Y si en verdad soy un pony? Un pony que nació raro y lo fueron a desechar al campo. No, seria loco. Pero si, me siento identificado aquí en Equestria. Mi hogar.
El hogar de mi madre, cerré un poco los ojos. Suspirando, del cansancio, comenzaba a sentir el dolor de los golpes del capitán. ¡Si pega duro! Abrí los ojos y había una yegua frente a mí, de pelaje blanco como la nieve, y la melena multicolor similar al arcoíris ondulante. Tenía una gran corona de oro y tenía una pequeña sonrisa. Me levante poco a poco del suelo anonadado. No podía captar lo que veía frente a mí, tenía su alforja llena de cosas pero no parecía importarle. Arena en su collar pero no por eso dejaba de sonreírme. ¡Mamá!
Estaba pasando sobre Ponyville a unos cuantos kilómetros sobre el suelo, no podía apartar de mi cabeza esa horrible mentalidad. No puedo dudar de mi hijo, él me ha dado la felicidad que tanto anhelaba. Pero esta cosa, este aparato que llevo en mi alforja. Me hace dudar, ¿Por qué? ¿Por qué dudo? Yo nunca he dudado de lo que hago y si lo hago, lo resuelvo con el corazón. Pero ahora mi mente y corazón están en conflicto.
El o eso que haya arrebatado las vidas de mis viejos amigos, tiene una forma física similar al de mi querido hijo, y anda libre por toda Equestria. Si se repite otro caso así. Mi hijo podría estar en peligro y no podría vivir más aquí; ¡Las críticas y los prejuicios! Aunque este todo tiempo a mi lado ya no confiarían de lo que diga y mi amado reino podría peligrar. Peor que si yo faltase o mi hermana.
Estaba siendo paranoica, no podía pensar cosas positivas. Pero todo lo que me dieron en Saddle Arabia apuntaba a mi hijo. Un ser bípedo, sin pelaje solo en la cabeza y era de baja estatura. Fue casi la misma descripción que hizo Twilight cuando conoció a mi hijo. ¡Es una locura! ¡Piensa claro Celestia! La seguridad de tu pueblo y la de tu hijo dependen de lo que averigües. Todo un continente depende de lo que decida.
En mi alforja estaba el aparato escondido en el frasco de dulces y los proyectiles. Así como el sobre que describía el asesino. También tenía conmigo una copia con mis apuntes de lo que descubrí, el original se quedó con el consejero como prueba de mi visita.
Por otro lado más amable, estaba nerviosa. Vería a mi hijo después de días fuera. Sé que no fue mucho tiempo pero quiero estar con él. ¡Lo adoro! Quiero ver su sonrisa cuando vuelva. Solo espero que no se haya aburrido con mi hermana, no es por menospreciarla. Pero siento que debe ser difícil para ella tratar con un chico tan enérgico como Arturo. ¡Espero verlo pronto!
Mi mente era un revoltijo. Estaba feliz pero nerviosa por este caso, mi hijo podría peligrar si esto se hace público. Bueno, ya lo dije. ¿O lo pensé? En fin, ya podía ver Canterlot cerca, tuve que volar a toda prisa para llegar hoy mismo. Creo que la joven Rainbow Dash se molestaría saber que recorrí tantos kilómetros igual de rápido que ella ¡He he! Llegando tomare una ducha con mi hijo y comeré un poco, sí. Eso hare, y acabando iré a mi habitación a estudiar un poco el aparato. Le diré a Twilight y Starlight que vengan mañana para seguir investigando. Por el momento mi hijo es el objetivo.
Y dicho y hecho, pase sobre los muros de la ciudad viendo a sus habitantes y mis amados ponys, no podía contener mi sonrisa al verlos. Todos conviviendo alegremente con esa gran sonrisa, mi sombra llamaba su atención y al verme me saludaban con el casco y otros hacían reverencia. Y los pegasos se me emparejaban para regalarme obsequios. No era para tanto pero me sentía halagada. Querida.
Y por dentro, quería mantener esto. Cueste lo que cueste, mi amado pueblo lo vale sobre todas las cosas. Incluyendo mi vida.
Eleve vuelo una última vez hasta subir por las escaleras del jardín y vi sobre el pasto con los brazos extendidos a mi querido hijo. Descansando, cerca había un maniquí en forma de mi hijo, le faltaba un brazo y una pierna. Descendí lentamente para no llamar su atención, y tenía una bandeja con un par de panecillos y me puse sobre su cabeza sonriendo. Y el, despertó con una sorpresa.
—Hola hijo mío ¿Cómo has estado? —Mi madre sonreía al verme a los ojos y me reincorpore como rayo, parándome frente a ella. Limpiándome la tierra, ella sonrió riéndose y me limpio las migajas de la cara—Veo que has tenido un día muy productivo hijo mío. ¿Pero por qué tan lastimado? ¿Acaso te lastimaste jugando?
—Para nada mamá. Para nada—Y si, fue inevitable. Aun con el dolor en todo mi cuerpo, me abalance hacia ella abrazándola, apenas alcanzando su nuca. Y aferrándome a ella. Cerré los ojos sintiendo su hermoso pelaje, su suave pelaje blanco y pude sentir su casco pasar por mi espalda. Y un beso en la frente.
—Yo también te extrañe hijo mío—Nos separamos, tristemente. Y me volvió a besar en la mejilla mi madre. Ignore por completo el dolor—Y bien hijo mío ¿Qué hiciste en mi ausencia? ¿Cómo te fue con mi hermana?
— ¡Muy bien mamá! Al principio era muy distante pero luego luego nos entendimos. ¡Es asombrosa!
—Me da mucho gusto escuchar eso hijo, mi hermana puede ser algo reservada pero es una yegua muy asombrosa.
—Sí, lo es. Controla la noche muy bien como tu mamá—Mi madre sonrió y camino tomando la bandeja.
—Vamos hijo, vayamos adentro. Que tenemos que ponernos al corriente.
Y mi hijo y yo nos encaminamos hacia el interior del castillo, pasando por el pedestal vacío. ¿Cuándo pusieron este pedestal? Mire el pedestal y sentí un vacío indescriptible. En fin, debe ser por el viaje. Mire a mi hijo muy pegado a mí sonriendo alegre. Podría preocuparme por sus heridas, y realmente debo de preocuparme pero lo que tengo en mi alforja es algo que me ha quitado el sueño por días.
Pasamos por el primer arco hacia el interior del castillo y algo llamo mi atención, mi hijo entro sin notarlo. Regrese la mirada y entre los arboles podía notar una figura negra. Apenas podía ver sus ojos, eran ojos de color verde. Y cruzamos miradas por un largo rato y esa figura. Desapareció ocultándose detrás del árbol. Intente acercarme pero no podía dejar a mi hijo atrás. Pero lo que vi, no era paranoia. ¡Era alguien! Y ese alguien es un peligro. Debo de descubrir su identidad lo antes posible.
