Batalla

Ginny estaba sola en los camarines, porque ninguno de los miembros del equipo quiso bañarse (según ellos ¿Para qué? ¡Si ni siquiera estamos transpirados!). Se quitó la túnica y buscó entre los bolsillos el amuleto que Luna le había dado.

Mierda… no está. Malditos Slytherins ¡Apuesto que me jodieron los Desastreros!…y Draco Malfoy es mi mascota.

Y Ginny se rió de su chiste, se carcajeó de si misma y de su mala suerte. O de la buena suerte de Malfoy. Draco Malfoy le había quitado "limpiamente" el entrenamiento del día viernes, el último, quizás el más importante. Y además, por su culpa, el partido no había durado ni tres minutos.

¡Tres Minutos! Pateó lejos la túnica hecha bulto en el suelo. ¿Cuál es la gracia de jugar Quidditch si no puedes jugar?

Durante un segundo pensó en ahogarse en la ducha, como Oliver Wood al perder contra Hufflepuff cuando ella estaba en segundo. Respiró hondo, y decidió que si iba a ser un espectáculo por no saber perder, iba a buscar su propia manera. Continuó desvistiéndose, sacándose las botas y dejándolas tiradas al lado de la banca, mientras intentaba contener las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Volvió a inhalar pausadamente.

Es sólo un juego, un solo juego, uno. -Se decía al tiempo que se pegaba con una palma en la frente.

No quería amargarse por un partido, no quería perder las esperanzas en ganar la Copa. Se restregó los ojos y pensó en todos los juegos que podría ganar. Ella jugaba bien, lo sabía. Sus hermanos (menos Ron) siempre se lo decían, Harry se lo decía.

-¿Weasley? –escuchó una voz ronca que le llamaba. – ¿Estás ahí, Weasley?

- ¿Ah? –preguntó, sorprendida. Sólo atinó a buscar como una posesa la túnica que había lanzado lejos. –Un momento, no estoy lista.

Se puso la túnica para ocultar su cuerpo desnudo, pero lo hizo tan rápido que no alcanzó a anudarla ni nada. Como si fuese una simple bata la afirmó cruzando los brazos sobre su pecho. Y su labio superior se crispó al ver en los camarines a un sonriente Draco Malfoy, afirmado en el umbral de los camarines de mujeres.

- Creo que esto es tuyo, Weasley –dijo el chico al tiempo que sacaba de su túnica verde brillante el amuleto que Luna le había dado. –Se te resbaló del bolsillo después del comienzo del partido…es decir…recién.

Ginny miró en todas las direcciones esperando que llegara algún rostro amigable a salvarla de aquel momento tan incómodo, pero después se dio cuenta que lo prefería así, podría asesinar a Malfoy sin testigos que la delataran. Sin embargo sus mejillas se sonrojaron al preguntarse cuánto tiempo estaba Malfoy apoyado en la puerta.

- ¿Y vienes hasta aquí sólo para darme esta mierda?

Draco levantó sus cejas cuando le oyó. –… ¡Qué violenta, Weasley! –meneó la cabeza. –Pero para ser sincero, no, no vine sólo para darte "esta mierda" –río. –Quería ver la expresión de derrota en tu cara por última vez este día…antes de irme a celebrar…Y también quería contarte que Potter vino a ver tu primer partido como capitana. Ahora mismo debe estar lamentándose con sus amigos sangr… –Se interrumpió. -…de que su novia sea una perdedora.

Los ojos cafés de Ginny se hacían cada vez más pequeños bajo sus cejas fruncidas mientras la sonrisa de Draco se ampliaba.

- ¡Vete a la mierda, Malfoy! –farfulló Ginny y se acercó hasta él para quitarle de un tirón el colgante de Luna. -Ahora, ándate…Ya puedes irte a celebrar. –lo imitó a la perfección, pronunciando cada silaba marcadamente y retrasando el sonido en su garganta.

Draco la ignoró, y cruzando los brazos sobre el pecho, continuó:

- No, aún no, Weasley… ¿No vas llorar? –preguntó extendiendo cada una de las palabras y haciendo relucir sus dientes desnudos.

- ¿Por qué habría de llorar?, ¿Por qué ganaste un partido de Quidditch?, ¿Por qué un día Draco Malfoy tuvo suerte?...No, la verdad es que prefiero llorar cuando voy al cementerio a ver a mi hermano que murió asesinado por mortífagos, mortífagos como... –calló de pronto, y decidió darle la espalda, simulando que arreglaba las prendas de ropa que había dejado esparcidas sobre la banca.

Ginny se volteó bruscamente cuando la mano de Draco le sujetó el brazo con excesiva fuerza y la hizo girar sobre sí. Vio el rostro, perturbado, del chico que le decía en susurros roncos:

- ¿Por qué te callas, Weasley? Anda, dilo. –le instó, atropellando las palabras unas con otras. Frente al mutismo de Ginny, y sosteniéndole la mirada penetrante que ella le dirigía, le aclaró. -No tuve suerte…Esto se trata de jugar bien o no. Nosotros jugamos mejor que ustedes, ¡Yo jugué mejor que tú!

Y eso fue suficiente para arrancarle la voz a Ginny.

- No seas ridículo, yo no estaba jugando de buscadora y lo sabes muy bien…Si hubiese estado en esa posición, te vuelo el trasero, imbécil. –Coronó sus palabras con una mirada desafiante hacia la mano de Draco, exigiéndole con los ojos ardientes de furia que le soltara.

Pero Draco no captó el mensaje.

- ¿Tú? ¿Volarme el trasero a mi?...No seas tonta, Ginevra Weasley. –y sin darse cuenta apretó más aún el brazo de la chica. –¿Qué puedes hacer mejor que yo?, ¿Cuál es el talento especial que yo no pueda superar?

"Bailar, cantar, utilizar la varita, soñar, amar, pensar, sonreír, caminar, correr, cocinar, escribir…"

Y Ginny sonriente por sus pensamientos, se acercó al cuerpo del chico unos centímetros, sólo los necesarios para parase sobre la punta de los dedos de los pies, y poder encarar el sulfurado rostro de Draco, y con una voz extremadamente dulce, susurró.

- Esa es la pregunta equivocada, Malfoy…la pregunta correcta es "¿Qué no puedo hacer mejor que tú?"

- Eso está claro…Es obvio que no juegas al Quidditch mejor que yo. –contestó Draco levantando las cejas.

- Sí y tampoco sé hacer un Imperius mejor que tú, no sé torturar y tampoco sé matar. Tienes razón, eres un verdadero genio, Malfoy. ¡Todo un aporte para la humanidad!

- ¡Cállate, Weasley! –le ordenó Draco, con la garganta apretada, y saliendo las palabras una octava más ronca.

- Cállame –le desafió Ginny. –Cállame con alguna de tus virtuosas habilidades, cállame si te atreves, Malfoy, ahora que no puedes esconderte detrás del dinero de tu padre o detrás del poder de Voldemort. Cáll…

Y Draco bajó la cabeza hasta que sus delgados labios chocaron con los de Ginny Weasley, los apretó con fuerza, con rabia, casi con violencia, impidiendo que los de ella pudieran articular ni una sola letra más. Sentía la respiración rabiosa de Ginny, las manos desesperadas de ella empujándolo hacia atrás, sin embargo la energía de aquellos pequeños brazos no eran suficientes para separarlo.

Draco soportó estoicamente cada uno de los golpes que ella le propinaba en el pecho, soportó los pisotones mientras él le estrechaba el cuerpo al de él, soportó los pellizcos y las afiladas uñas encarnándose en su piel.

Pero no soportó cuando Ginny entreabrió sus labios y paseó su lengua caliente por la boca de Draco, llenándolos de saliva y succionándolos suavemente una y otra vez, dejando a su paso una estela de sabores a medio probar, y una sensación de frío repentino, congelando su piel, y erizándole los vellos de la nuca. Sin pensarlo, él entreabrió sus labios también, e invadió la boca de Ginny con su lengua, jugando a enredarla y desenredarla como si fueran dos piezas de un puzzle que en ocasiones calza y en otras no.

Los dientes de Draco atrapaban, por momentos, los labios de Ginny con fugaces mordiscos, mientras una de sus manos se enterraba en la espesa cabellera de ella, liberando olores que él nunca había sentido en alguien. Con la otra mano la mantenía firmemente apegada a él, y abría, levemente, los ojos sólo para comprobar que ella aún los tenía cerrados.

Y Ginny lo imitaba. A veces entreabría los ojos y le veía con los párpados caídos, dándole un aura de paz y tranquilidad impropia de él.

Los dientes de Draco jugaban a esconderse en su labio inferior, y ella podía sentir como se le hinchaba la boca con aquel jugueteo. Ginny enterró los dientes con deliberada fuerza, sintiendo como la presión que aplicaba lograba atravesar la carne elástica y tierna de la boca de Draco y el sabor metálico de la sangre se pegó a sus labios.

- ¡Auch! ¡Bruta de mierda! ¡¿Estás loca?! –gritó, tras soltarla violentamente, para llevarse sus dedos a su labio sangrante.

Y a Ginny no le importaron los insultos, escupió con suavidad y se limpió los restos de saliva y sangre que quedaban en sus labios. Se sentó en la banca, y cruzó la túnica con firmeza, echándose a reír de él, mientras éste se dirigía al lavamanos más cercano para mojarse y lavar la herida.

Ginny por fin sentía que el día volvía a ser lo que debía, un día en que el sol, oculto detrás de las nubes, le sonreía a ella, y sólo a ella.

Draco al ganarle el partido de Quidditch sólo le había ganado una batalla, en cambio ella, ella era la reina de la guerra.

Llave

Draco abrió el grifo con las manos temblorosas de ira. Fruncía el ceño más y más, formándose un pequeño surco entre sus cejas. La risa de Ginny Weasley parecía molestarle más incluso que el labio dañado.

- ¿Te puedes callar? –le preguntó con voz imperiosa.

- Y si no lo hago…¿Vas a intentar callarme de nuevo?

- Por supuesto que no…-dijo Draco, llevándose las manos con agua hasta la boca una vez más. Desvió la mirada en busca de Ginny. –Estúpida, pobretona salvaje.

¿ESTUPIDA, POBRETONA SALVAJE?

A Ginny le recorrió el cuerpo un hormigueo que se alojó en sus manos. Tenía rabia y quería utilizar todos aquellos músculos que sentía tirantes. Era casi irresistible los deseos de hacer pedazos algo o de golpear a alguien.

Y no se resistió más.

Draco no vio cuando Ginny llegó hasta él como un rayo dejándole caer tantos golpes como si estuviese bajo una lluvia de puñetazos.

- Estúpida…-le golpeó en la espalda con un puño fuertemente apretado. –…es tu madre…Pobretona –dijo entrecortadamente –…Sí..¿Y qué si soy pobre?...Pero salvaje…salvaje eres tú, Draco Malfoy que atacas hipogrifos y finges inocencia, simulas estar lesionado y gimoteas por los rincones. ¡Tú eres despreciable!

Y para aumentar el malestar de Ginny, Draco sólo se rió de cada una de sus palabras. Daba la sensación que ninguna de ellas podía afectarle, que era inmune a los insultos de Ginny Weasley, y continuaba exhibiendo su sonrisa imperturbable sin desviar la mirada de ella.

Ginny estaba al borde de un ataque de histeria, se preguntaba cómo era posible que se riera si le estaba pegando tan fuerte como podía y llegó a la conclusión que Draco tenía una vena masoquista.

Pero Draco le tomó con determinación las muñecas y le dijo con la voz cargada de burla.

- Mira, Weasley. Nunca estuve tan seguro que eras una salvaje hasta este momento. –desvió los ojos hasta el cuerpo de Ginny, quien con los movimientos bruscos que ejecutó para pegarle a Draco, no se dio cuenta que su túnica sobrepuesta se había ido corriendo hasta dejar sus pechos descubiertos.

Ginny quiso deshacerse del agarre del chico, quería cubrir la piel expuesta, pero él cerró sus dedos con más fuerza aplacando cualquier intento.

- Pareces una tonta muggle…De esas que no ocupan ropa y se pavonean por la tribu mostrando sus senos caídos... Tan caídos como los tuyos.

Y Ginny sintió una explosión de furia derramarse dentro de ella, sus mejillas encendidas y los ojos brillantes revelaban que pronto iba a llorar de rabia. Respiró trabajosamente y le dio un rodillazo en la entrepierna a Draco, quien se dobló de dolor un segundo, sin embargo se irguió tan pronto como pudo, mientras un rugido ronco emanaba de su pecho, un rugido que se transformó en una risa entre dientes.

La chica no podía creer que él estuviera riéndose, y trató, infructuosamente, liberar sus brazos. Con movimientos frenéticos tiraba de ellos, pero no había caso.

Draco Malfoy tenía más fuerza que ella.

Y Ginny quería llorar y ya no de rabia, sino por la frustración y la pena de ser víctima de aquella humillación. Contra su voluntad, las lágrimas rodaron por sus mejillas dejando una estela caliente a su paso.

Y Draco supo que tenía la llave de la venganza en la mano, y aquella oportunidad no la iba a desperdiciar.

- ¿Sabes, Weasley? Nunca he entendido qué te ven…No tienes ninguna gracia especial, eres pequeña…demasiado delgada como si nunca comieras…Y ese pelo…rojo…es muy vulgar. Sin tener en cuenta tus modales, por supuesto. -Ginny inspiró profundamente para responderle a gritos a Draco, pero él la silencio con la mirada amenazadora que le dirigió. - Supongo, Weasley, que estás preparada para que Potter te abandone. Con toda la fama y dinero que tiene, le deben llover las chicas. Y me imagino que habrán muchas que son más guapas que tú, más educadas que tú…y con mejor posición social que tú.

Ginny Weasley pensó que las nubes de aquel día eran muy espesas y egoístas. Aquel día ya no era luminoso, no al menos para ella porque Draco Malfoy le estaba robando todas las victorias que ella podría tener.


Nota de Autora: Sí, por supuesto. No queda ahí, ésta historia "Continuará..." porque falta la última parte.

¡Wiiii! I luvs Draco, todo cabronoso y tal. Ahora, me encantaría saber que les parece a ustedes. Aps, lo siento por la tardanza. Soy una pava que había olvidado actualizar esta historia, ¡prometo que nunca más!

Por cierto, sé que es un acto descarado de mi parte, pero me encantaría que pudieran pasarse por mi profile y participen de la encuesta que coloqué ahí. Claro, si tienen ganas y les interesa.

Gracias por leer, gente. Y si te animas a comentar, muchas gracias más.