Nota:
Muuchas gracias por todos sus RR :D La mayoría le atinó a mi edad, que por cierto, son sólo 16 años :3
Capítulo 4.
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La brisa otoñal que acarreaba consigo las naranjas hojas era el único ruido en el ambiente, apenas siendo las siete, el sol ya se encontraba anaranjado, tiñendo con ese mismo color las pocas nubes en el cielo. Desde su asiento en un columpio, la plaza tenía un aspeco casi romántico. Una vista tan común y tan pacífica que no se podía dar el lujo de fotografiar. Su padre había roto su cámara otra vez.
– Hola –Saludó una mujer sentándose en el columpio de al lado. Itachi la ignoró, esto no pareció molestarla.
El sonido del columpio moviéndose se unió al ambiente. La mujer miraba pensativa hacia el cielo.
–Siempre te veo aquí –comenzó, sin apartar la mirada–, te quedas ahí sentado, pensado en quizás qué –esta vez dirigió su mirada haci él–. Hoy por fin me decidí a hablarte.
Itachi continuó ignorándola, casi molesto. Si esa mujer continuaba allí, tendría que buscar otro lugar en donde poder pensar, y para ser sincero, ése en particular le gustaba bastante. Ella seguía impertubable a su lado... sabía que de alguien como él no podría esperar exactamente una cálida bienvenida.
–Sabes, no espero una respuesta –repentinamente, se hizo un extraño silencio–. No eres la primera persona rota que conozco.
Finalmente, Itachi perdió la paciencia. Esa mujer no sabía de lo que hablaba. Si había algo que le enfuerecía, era que la gente lo mirara con lástima, o aún peor, finjiera saber que es lo que sentía. Ellos no sabían nada, nunca lo harían.
Ella miró triste como él se alejaba. Mas no le pudo pedir más, al menos no le había gritado. No pudo evitar sentirse mal, tenía una idea de lo que probablemente él estaría pensando. Lo había tomado equivocadamente.
Él creía que ella no sabía, no entendía nada. Pero si tan sólo supiera...
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Itachi despertó de golpe en medio de la oscuridad, maldiciendo a sus recuerdos.
Había algo que su hermano menor y él tenían en común: No soñaban –nunca fueron capaces de hacerlo–, en lugar de eso, todo los recuerdos, algunos ya casi olvidados del todo, volvian como en una película por la noches. Algunas personas podrían ver esto como algo bueno, el no olvidar, mas cuando se ha tenido una vida tan... única como la de los Uchiha, los recuerdos se tornan una pesadilla, otro motivo por el cual no sonreir. Sólo otra forma que tenía el destino para joderlos.
Miró por la pequeña ventada de su celda y dedujo que no podían ser más allá de las cuatro. Se masajeó las sienes, con la migraña que tendría por la mañana no sabía como iba a soportar a esa Hyuuga sin gritarle a la cara unas cuantas verdades. Kami, todo sería tantas veces más fácil si ya dejara de ser educado y le diera verdaderas razones para salir de su vida.
Nótese, desde el primer encuentro Itachi ha sido educado.
Decidió que ya no estaba de humor para soportar todo aquello. Ya llevaba semanas allí, tiempo más que suficiente para que la gente se calmara y dejara de prestarle atención. Tiempo más que sufiente para pasar inadvertido, o tan inadvertido como un Uchiha puede llegar a pasar.
Se recostó, intentando conciliar el sueño nuevamente. Por la mañana llamaría a Kisame.
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– Y te decía, tengo un mellizo. No somos muy unidos, menos aún ahora que está en alguna banda gangster o algo así –La rubia hizo una gesto con la mano, restándole importancia al asunto–. En fin, si lo llegas a ver lo reconocerás al instante –Le giñó el ojo–, se parece bastante a mi.
– ¿C-Cómo s-se llama? –preguntó Hinata intentando ser cortez. La verdad era que la enfermera –Ino, si no mal recordaba– le había invitado a tomar desayuno aprovechando lo temprano que había llegado y, siendo impulsiva e insistente como era de esperarse, no había tomado un 'No' por respuesta.
– Deidara –respondió, repentinamente triste–, pero no le mencines el apellido Yamanaka. Tiene... cierto resentimiento con nosotros.
– O-oh –Hinata bajó la mirada, sabía exactamente a lo que se refería –. A-Anou... es t-tarde... tengo q-que i-irme.
Ino levantó la vista, saliendo de su mundo – Eh, claro. Fue bueno hablar contigo, digo, con alguna mujer para variar –giró los ojos, con esa imborrable sonrisa en el rostro–. Te veo otro día.
–Hai.
Caminó hacia la celda a la que ya casi se encontraba acostumbrada. Le sorprendió ver en el camino, caminando en dirección opuesta a la de ella, a un joven en sus veintes, muy alto y con una piel de tono ¿Azul?. Se le quedó mirando en shock un momento y él le sonrió con sus dientes como de tiburón, le hizo un gesto con la cabeza y continuó con su camino. Ella miró el pasillo por del que el hombre venía. El único preso que podía recibir visitas en ese lado era Itachi ¿Quién sería ese hombre?
Pasó frente a la celda treinta y dos y un destello llamó su atención. Volteó a ver como de entre las sombras salía un hombre bastante raro. Su pelo era gris, a pesar de no ser tanto mayor que ella, tomado en una cola y usaba anteojos. Tenía en su cara una sonrisa más bien tétrica; en sus ojos podía ver ese brillo tan único de tener dobles intenciones.
Su respiración se detuvo y comenzó a temblar.
Ella concocía a ese hombre, conocía esos ojos y ese brillo malicioso. Lo conocía demasiado para su propio bien, pero nunca esperó volver a verlo, al menos, no después de tantos años.
–Hinata-hime –dijo en un tono más bien repulsivo.
Hinata se excusó con el sujeto antes de salir corriedo.
¿Por qué? ¿Por qué su pasado insistía en perseguirla? Más aún, por qué en ese maldito palsillo en particular.
Llegó a la celde treinta y siente pálida y con la respiración entrecortada. Vió a Itachi un momento y lo que pasó después la dejó anonadada.
Extrañamente, se sentía segura.
Sí, segura, protegida, calmada. Ahí en esa celda con ese hombre.
Lo observó como si lo viera por primera vez en su vida. En ese estado de shock, sin los prejuicios por el asesinato a su familia, sin recordar como le había hablado esas últimas semanas, mirándolo sólo como Itachi, se sintió incluso atraida por el aire misterioso y pacífico que lo rodeaba, por sus profundos ojos y finos rasgos.
Itachi alzó las cejas, pero eso no la despertó de su trance. Se preguntaba si talvez, en otra vida, en otras circunstrancias, sólo talvez ese hobre incluso pudiera llegar a ser su amigo. Desechó la idea, Itachi siempre sería Itachi. Incluso, estaba segura de que en su vida pasada tambien fue el causante de la muerte de sus padres.
Volvió de nuevo a la realidad, pero le extrañó que sus pensamientos no se fueron del todo. Sí, lo seguía viendo como el monstruo de sus pesadilla y un asesino, pero tambien lo vio como el hombre que alguna vez pudo amar y que incluso, la protegía de su tormentoso pasado.
Se sentó en su lugar de siempre, sonriéndole amistosamente.
– Hola –le saludó. Bastante orgullosa de no haber tartamudeado.
– Hmph –le respondió Itachi, un tanto incrédulo ante la actitud de la chica.
Cuando Hinata abrió la boca para decir algo, una explosión sonó en el ambiente.
Todo se había vuelto un caos en unos segundos: El humo estaba llegando hacia el pasillo donde se encontraban, Itachi se había parado se golpe y comenzado a andar, listo para salir. Hinata siguiendo su instinto, corrió tras él. Se escuchó otra explosión, esta vez más cercana a ellos que la anterior y la alarma comenzó a sonar. La fuga se había masificado, todos los presos habían entendido que aquello era una oportunidad para escapar. Todos se movian a empujones, los guardias estaban muy desorientados para hacer algo y finalmente, Hinata se encontraba metida entre el río de gente, yendo con los demás a causa del movimiento.
Itachi vio como la Hyuuga se movia entre la gente y estuvo a punto de seguir en su camino, mas se percató de la figura que se acercaba a ella, Kabuto, el de la treinta y dos, quien llebava en sus manos un cuchillo y un pañuelo. Sabía lo que iba a pasar, sabía lo que le iba a hacer a la chica, y una voz en su cabeza le gritaba que la mandara al demonio y siguiera con su camino. Y estuvo muy tentado a hacerlo, estuvo casi seguro de que sus pies se moverían en la dirección opuesta...
Maldita educación dijo por lo bajo de pasar entre la gente.
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La vida nunca ha sido, nunca será, sencilla.
Porque para la vida sólo existe el presente, porque el aleteo de una mariposa puede cambiar todo y porque nada es predecible ni controlabe. Para el futuro no existen los 'Que tal si...', porque el destino es jodido y porque no nos queda más opción que aceptarlo de la manera que venga. Ni siquiera podemos remediar nuestros propios errores, menos podemos arreglar algo más grande que nosotros mismos.
El problema de estas dos personas, es que aún no se percatan de aquello. Ella sigue atrapada, no puede avanzar. Sigue siendo atormentada por el pasado, sus recuerdos la atrapan por las noches, y sus fuerzas y voluntad se van en cuanto abre los ojos. Él aún vaga por los 'Que tal si', sigue tratando de controlar lo incontrolable, sigue tratándo de luchar contra el destino. Aún no acepta que el futuro pueda controlarlo tan fácilmente.
Estas dos personas no se percatan de sus problemas, pero se percatan de lo rotos que están. Se percatan de algo que sí pueden solucionar, mas siguen atrapados y no pueden permitirse pedir ayuda.
Estas dos personas aún no se percatan de lo mucho que se necesitan.
Pero ya lo dije, el destino es jodido y nos controla como se le da la gana. Esta vez, incluso para mejor.
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