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No podía ver nada, sus manos se encontraban atadas y las únicas dos cosas que podía sentir, eran un goteo a su derecha y una humedad cogelante calándole los huesos. Trató de moverse, pero sus músculos seguían débiles por ese anestésico que le habían puesto. Trató de gritar, sólo para darse cuenta de que, lo que fuera que le hubieran echado, era más potente de lo que ella creía. Estaba indefensa y asustada, sólo le quedaba la esperanza de que alguien la encontrara.

Una puerta se abrió con un sonido metálico a su espalda. La luz que se colaba desde el otro lado le impedía ver la cara de su captor.

Trató nuevamente de gritar.

–No gastes fuerzas en vano –le dijo el hombre.

Hinata reconoció su voz a la primera palabra.

Cerró la puerta y prendió las luces del pequeño cuarto en el que se encontraban. Lucía como un sótano, sólo que un poco más musgoso. El goteo que escuchó descubrió que venía de una tubería en el techo. La luz del tubo fluorecente parpadeba constantemente, dándole a todo un tono aún más terrorifico a todo.

–Hinata-hime –la llamó para captar su atención–, tanto tiempo sin tenerte cerca –se acercó lentamente a ella, un brillo en la mano derecha de él le hizo darse cuenta del objeto que llevaba–. Bien... vamos a terminar lo que comenzamos hace tres años ¿Te parece?

Hinata estaba aterrada. Cuando ese sujeto fue mandado a prisión, pensó que todo terminaría, que nunca tendría que pasar por algo parecido otra vez. Sólo le quedaba esperar por un milagro, esperar porque las palabras de Itachi fueran verdad.

Esperar porque él sí la fuera a proteger, que él no la fuera a dejar sola de nuevo.

Esperar no ser tan estúpida como para creer en sus mentiras.

Sintió la cadenita colgando en su cuello y repentinamente tuvo un sentimiento de confianza.

No, él no la dejaría con ése hombre. Itachi vendría.

Kabuto ya se encontraba frente a ella, con una sádica sonrisa en sus labios.

–Comencemos.

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Capítulo 5

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–¿Desea algo, Señor?

Itahci miró indiferente a la moza que le ofrecía, con su mejor sonrisa flirteadora, alimentos del carrito para la primera clase. El poder de la belleza verdaderamente no hay que subestimado: Desde que llegaron al vagón de tercera clase, las mujeres a cargo lo habían tratado como a una celebridad e incluso le habían ofrecido combiarlo de vagón.

Por supuesto, tambien venía el contra de tener que soportar como se pegaban e intentaban tirársele.

–No –dijo secamente. Ya estaba más que cansado, esa era por lo menos la quinta vez en media hora que le iban a ofrecer algo.

–Si necesita cualquier cosa, no dude en llamarme –Insistió la camarera guiñándole el ojo.

–Hmph –se limitó a responder sin mirarla a los ojos. Como si él estuviera tan desesperado..

A su lado escuchó a Hinata murmurar algo entre sueños.

Cierto, la Hyuuga... ¿Qué demonios iba a hacer con ella?

Se maldijo mentalmente. La había salvado, había sido un caballero, había hecho la buena acción del día ¿Y cómo le pagaba el karma?

Entre el mar de gente, la chica se había desmayado, y su maldita educación no le dejaba simplemente arrojarla a la calle. Bien, había tenido que cargar a la chica desde la prisión hasta la estación de tren en donde Kisame y Kakuzu lo estaban esperando y eso no fue tan malo. Tuvo que buscar la forma de colarla a su vagón, ya que Kakuzu le dijo que ni aunque él fuera el mismísimo Itachi Uchiha, le regalaría otro pasaje; fue complicado y problemático, pero aguantable. Pero ahora la desgraciada seguía inconciente (Ya sería tres horas por Kami) y si no despertaba pronto, tendría que llevarla con él hasta Tokyo.

Si, claro. Primero la dejaría en el tren.

Para la suerte de ella, en ese momento comenzó a abrir los ojos.

–Dónde... ¿Dónde estoy?

–En un tren camino a Tokyo –respondió como si fuera lo más natural del mundo.

Hinata parpadeó confundida, obviamente preguntándose como rayos había llegado ahí. Repentinamente se sonrrojó.

–E-Etto... t-tú... –miró sus dedos como la cosa más interesante del mundo– m-me salvaste.

Cierto, y ahora era todo un caballero vestido de azul.

–Hmph –volteó su mirada. No fuera ser que la Hyuuga le tomara interés.

–T-Tokyo... –murmuró pensativa.

Itachi la miró un momento. Se veía confundida, como una niña de cinco años y el brillo lloroso de sus grandes ojos sólo acentuaba más ese aire infantil.

–P-Pero... ¿Que haré allá?

Él se encongió de hombros, nuevamente, no era su problema. Hita se limitó a asentir con la cabeza.

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El viaje en tren fue largo, pero tranquilo. Ninguno de los dos era un gran conversador... ahora bien, a ninguno de los dos le interesaba conversar con el otro. Ambos tambien continuaban teniendo sus propias preocupaciones, las que eran causadas precisamente por el otro.

Nada estaba a favor de que esos dos pudieran estar armonía.

–En diez minutos llegamos –anunció la moza.

Se miraron a los ojos.

¿Qué seguía ahora?

–Sólo sígueme y no molestes –anunció finalmente Itachi.

Hinata se sintió aliviada, al menos, no estaría sola en una ciudad a la que nunca había ido.

...Pobre e ingenua Hinata.

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–No los mires a los ojos –le ordenó por nuevamente vez Itachi.

Hinata, asustada, se encontró de nuevo desobedeciendo esa orden. Si pensó alguna vez que el hombre a su lado asustaba, era porque obviamente nunca había estado en el metro de Tokyo. Kami, ahí si se veían cosas que asustaban.

Su mirada esta vez se cruzó con la de un otaku, vestido como Majin Bu, que la fulminó con la mirada.

Como acto reflejo se apegó más a Itachi.

Él la miró fijamente con una expresión indescifrable.

Lentamente se alejó un poco de él.

Vio como Itachi se acercaba a la puerta, indicándole que en esa estación se tenían que bajar.

Al bajarse, él se quedó un momento mirando alrededor, como buscándo algo. Ella, distraída tambien comenzó a mirar.

–T-Tantas p-personas...

Escuchó el pito que indicaba que las puertas se iban a cerrar y cuando miró por última vez al metro se quedó congelada.

El Uchiha estaba dentro del vagón.

Comenzó a entrar en pánico. Corrió hacia el metro, antes de que se quedara abajo, cuando las puertas se cerraron en su cara.

Itachi sólo la ignoró.

Sintió lágrimas en sus ojos, ya lo entendía, él nunca pretendió que ella lo acompañara.

El metro comenzó a andar.

Se fue a sentar contra la pared. Tenía que hacer algo, tenía que salir de ahí, pero ¿Dónde estaba?

Takanawadai.

Perfecto, ni siquiera podía pronunciar en donde estaba.

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–Moshi Moshi

– ¡Itachi! ¡Dónde demonios estás! ¡Hace media hora que debías haber llegado yo...!

–Ya voy. Tuve que solucionar algo primero.

– ¡Pues no me interesa! ¡Sabes cuantos problemas...!

Itachi cerró el móvil, colgándole de paso a Deidara.

Por fin se había desecho de la Hyuuga, por fin era libre y hasta lo había hecho paracer como un accidente.

Aunque, se preguntó que demonios haría ella sola en una cuidad como esa...

No, no tenía porqué sentirse culpable ni mucho menos, no tenía porqué sentir algo raro cuando pensaba en la expresión que ella había puesto cuando las puertas del metro se cerraron. No era su culpa, ella lo había forzado a hacer eso, nadie la mandaba a meterse.

Todo era su culpa por seguirlo durante la fuga.

Itachi no era el responsable, ni pensarlo.

–Señor –lo llamó un niño a su lado– ¿Ha visto a mi mamá?

Como respuesta negó con la cabeza.

–Ella me dijo que estaría aquí, pero...

¿Acaso esto era una broma? Le frunció el ceño al cielo. No era gracioso.

–Ya vendrá –le dijo antes de voltearse.

–¿Usted cree? –dijo pensativo, sin darse cuenta de el esfuerzo que estaba haciendo Itachi por alejarse de él– Tiene razón –dijo de la nada–. Nadie es tan cruel como para abandonar a otra persona.

¿¡Qué demonios!?

–Kami-sama no dejaría que ella me abandonara así como así –siguió el molestoso niño.

Le dirigió una mirada odio al cielo. Mejor se volvía ateo.

–Y además, la gente mala se va al infierno y mi okaa-san no es mala, no señor.

A su lado, un anciano le sonrió burlón.

Bien, eso podría significar dos cosas: Uno, finalmente se había vuelto loco y estaba imaginando cosas o dos, a lo buena película americana, le estaban mandando una señal. O quizás tambien podría ser ese sake que tomó hace rato...

–Además, kaa-san no crió a ningún ingrato maleducado. Yo como niño bueno la esperaré o en el peor de los casos la buscaré.

Alguien que lo calle al condenado niño.

–Y tambien...

¡Está bien! ¡Iría a buscar a la tonta Hyuuga! ¿Feliz, kami?

–Mi niño, por fin te encontré –apareció una señora que tomó en brazos al niñito –Gracias por cuidar de él, señor –dijo dirigiéndose a Itachi.

–Hmph.

Miró al anciano que le había sonreído, que ahora le hacia el gesto de apuntar a sus ojos y después a Itachi.

Iría a buscar a Hinata, pero, sólo por si acaso, recordaría nunca más tomar sake antes de las seis.

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Subió al metro y el primer lugar donde buscó fue en la estación. Nada.

Buscó en los posibles lugares a donde podría hacer ido: locales de comida, hoteles, plazas, refugios e incluso a algunos bares. Pero ninguna señal de ella.

Se comenzó a preocupar, no sabía donde más buscar y a ese paso la encontraría en días. Tokyo era una ciudad muy grande ¿Y qué tal si alguien se la había llevado? Ella no podía cuidarse sola, no podía defenderse y no sobreviviría ni un día son dinero. No sabía en que estaba pensando cuando la dejó sola a su suerte.

Esperen, si sabía. Estaba pensando en que no le importaba y de hecho no le debería importar en lo más mínimo. Él no era tan buena persona como para preocuparse tanto... o no lo era desde que Akemi de había muerto.

Lo pensó un momento, si fuera ella la perdida y no Hinata ¿A dónde iría?

Un recuerdo vino a su mente, y dirigió su paso hacia las calles menos transitadas e intimidantes alrededor del centro.

Después de un rato de buscar la encontró en un pequeño callejón oscuro. Se acercó lentamente a ella y no le sorprendió encontrarla llorando y tiritando.

–Hinata –la llamó.

La aludida lo miró, pero no dijo nada. Itachi suspiró y se arrodilló junto a ella, realmente no podía dejarla votada en esa ciudad, esa joven parecía una niña atrapada en el cuerpo de una veiteañera más que una abogada. Puso su mano sobre la cabeza de ella, como hacía para calmar a Sasuke cuando era pequeño.

–Vamos –le dijo.

Hinata negó con la cabeza, aún desconfiada.

–Mira –se sacó la cadenita que Akemi le había regalado años atrás, el único recuerdo que no le habían quitado en la prisión–, ponte esto.

Ella no entendía el punto.

–Esta cadena... no puedes irte con ella –explicó sintiendose bastante ridículo.

En español, le estaba prometiendo que no la abandonaría otra vez.

–Y-Yo... gracias –dijo suavemente Hinata.

Se levantaron, y comenzaron a caminar hacia el centro de la cuidad, donde Deidara los estaría esperando bastante molesto por tener que esperar dos horas a que llegaran, aunque a Itachi eso no le preocupaba mucho.

–Itachi-san... –comenzó repentinamente la chica a su lado.

–Hmph

–... no eres un monstruo–terminó, avergonzada.

No entendió precisamente a qué iba todo eso, pero sí sabía que le estaba tratando de pedir perdón. Suspiró, más cansado que molesto, y nuevamente llevó su mano a la cabeza de ella (ese gesto parecía que la calmarla bastante).

–Hmph.

Y, aunque no lo viera, estaba seguro de que en ese momento Hinata estaba sonriendo.


Oop, esperemos que esta vez los errores mas desastrosos esten corregidos :)

Oh, el cap cinco nunca ha terminado ahi, pero quedaba muy largo para mi gusto si lo subia todo junto.

La primera parte quedó un poquito casi sádica :/ y en contraste la segunde muy ligera. Trataré de arreglar eso más adelante xD

Se acabaron los examenes finales, ahora por fin puedo subir mas seguido.

Y Por cierto, ¿RRs? harán felices a la autora :D

pD: Si entran a mi perfil & ven mi poll, repóndanla ;)