2.-NO ES QUE MUERA DE AMOR
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Unas carcajadas inundaron el pasillo del quinto piso.
Una pareja de estudiantes caminaban mientras platicaban animadamente.
De vez en cuando se podía escuchar alguna carcajada.
Esa escena no habría tenido nada anormal si no hubiera sido por el pequeño detalle de que era Hermione Granger la que reía con las graciosas historias que Draco Malfoy le contaba.
Si, Draco-sangre pura-Malfoy y Hermione-come libros-Granger.
Exactamente dos meses, tres semanas y cuatro días habían pasado desde que los habían nombrado Premios Anuales.
Dos meses, tres semanas y cuatro días habían pasado desde que Malfoy se había transformado en Draco y Granger en Hermione.
-Y luego corrió a esconderse porque sabía que lo intentaría castrar- se oyó que decía el rubio a la castaña que apenas podía tomar aire entre carcajadas.
Una nueva carcajada llenó el pasillo mientras se detenían frente a la puerta de roble negro de su torre.
-"Calabazas Galopantes"- Susurró, si, Halloween estaba cerca.
Puso su mano izquierda en la espalda de Hermione y le dio un leve empujón invitándola a entrar.
La chica apenas y lo notó pues aún reía a causa del relato de Draco acerca de Zabini y su primera visita a la Mansión Malfoy.
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti amor, de amor de ti,
De urgencia mía de mi piel de ti
De mi alma de ti y de mi boca
Y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
De nosotros, de ese,
Desgarrado, partido,
Me muero, te muero, lo morimos.
Depositó los libros que cargaba con él en la mesa y se sentó en el sillón verde botella alusivo a su casa y observó a Hermione sentada en el sillón rojo de Gryffindor que a su vez lo observaba con detenimiento.
Las carcajadas se habían aplacado y el silencio reinó de nuevo en la torre.
-¿Qué pasa?- preguntó extrañado de que la chica no le quitara la vista de encima.
-Nada- respondió pensativa- Es sólo que, es…, raro-
-¿Qué es raro?- interrogó
-El hecho de que estemos aquí, riendo, descansando de tres horas de estudio en la biblioteca con Ron y Harry- contestó con una sonrisa nerviosa.
Si bien, Draco Malfoy seguía siendo el mismo frío y algo prepotente que antes, ahora se diferenciaba porque de un tiempo a la fecha, era más…accesible.
Los insultos a los niños de grados menores se habían esfumado, no se daban esos encontronazos con el trío dorado porque ahora se llevaban bien.
Eso era también sorprendente, Ron y Harry no habían puesto trabas al momento de saber que Malfoy estaba intentando cambiar.
-Si bueno, Potter y Weasley resultaron ser aceptables- comentó restándole importancia con un gesto de la mano-Por lo menos tienen cerebro y puedo hablar civilizadamente con ellos-
Una nueva sonrisa se dibujó en el rostro de la castaña ante el comentario del rubio.
-¿Y Crabbe y Goyle no?- preguntó risueña.
-Digamos que están regidos por su complejo de guaruras-Sonrió de medio lado.
-¿No son tus amigos?-
-¡No!-exclamó entre risas-Vincent y Gregory no saben lo que esa palabra significa.
No pudo evitar emitir una nueva sonrisa con algo parecido a la ternura al escuchar que Malfoy llamara a sus compañeros de casa por su nombre.
-Por lo menos los llamas por su nombre-
-¿Eso que tiene de especial?- preguntó ante el comentario de la chica.
-Bueno Malfoy, no se tú… Pero yo les llamo por su nombre a mis amigos… Sólo a las personas a las que les tengo aprecio- respondió cuidando de cada palabra.
El ojigris sintió algo de amargura al notar que lo llamaba por su apellido y después recitaba las condiciones para llamarle por su nombre. ¿Si le seguía llamando Malfoy quería decir que aún ni siquiera le caía bien?
-¿Me sigues odiando?- soltó sin miramientos.
-¿Qué?-
-¿Por eso no me llamas por mi nombre y a Potter y Weasley sí? – preguntó amargamente.
-No Malfoy…- se detuvo al llamarlo de nuevo así- Es sólo que es la costumbre- se intentó explicar.
-¡Vamos Granger!- explotó-¡Yo te llamo así porque tu sigues siendo Granger, yo no sigo siendo sólo Malfoy!-
-¡Claro que no!-afirmó-¡Es sólo que ellos fueron mis amigos desde siempre, me trataban bien y tú… y tú….!-
"Te trataba mal" pensó Draco. La miró indecisa sobre seguir con esa discusión. No la culpaba por molestarse, ella siempre había sido el centro de su tiro al blanco de insultos y ahora que le interesaba no podía simplemente borrar esos momentos.
Después de unos minutos en silencio en que la chica desistió de su alegato no pudo más que bajar la vista y sentirse avergonzado.
-Perdóname- susurró.
-No, tú perdóname, se que estás haciendo un esfuerzo al intentar cambiar y yo te recrimino lo que ya no se puede arreglar- repuso.
El silencio volvió a llenar la torre, era interrumpido sólo por el crepitar de las llamas que habían aparecido cuando el rubio percibió el frío de la morena.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
En mi cama en que faltas,
En la calle donde mi brazo va vacío,
En el cine y los parques, los tranvías,
Los lugares donde mi hombro acostumbraba tu cabeza
Y mi mano tu mano
Y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
Para que estés fuera de mí,
Y en el lugar en el que el aire se acaba
Cuando te echo mi piel encima
Y nos conocemos en nosotros, separados del mundo
Dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
Los minutos pasaron y la noche comenzó a llegar, ellos simplemente permanecieron en silencio. Hermione se levantó por uno de los libros y regresó al sillón comenzando a leer inmediatamente. Draco sacó una pequeña esfera plateada de su bolsillo y comenzó a jugar con ella entre sus dedos.
La Gryffindor de pronto dejó su lectura y miró al chico escrutadoramente.
-¿Qué hiciste?- preguntó de golpe.
-¿Cómo?-
-Para que Harry y Ron te aceptaran, ¿Qué hiciste?- volvió a cuestionar.
-Yo… eh… nada- respondió.
-Si claro, Ronald despertó un día en la mañana y decidió que te quería como amigo- ironizó.
-Yo que se, ¿No sería mejor preguntarle a ellos?- repuso.
-Les he preguntado varias veces y me dicen que fue resignación ante tu cambio, pero no les creo-
-¿Crees que les di amortentia?- bromeó con una media sonrisa.
-No, pero es que cuando les comenté sobre tu cambio ellos simplemente lo aceptaron y aceptaron tu compañía por los pasillos y aceptaron tu presencia en nuestras horas de estudio, ¡Hasta bromean contigo!- puntualizó como si fuera lo más obvio pensar que algo pasaba.
-Pues no sé, simplemente ya nos llevamos bien y punto- cortó la discusión de tajo.
-Algún día descubriré qué les diste Malfoy-
-Si… si… como digas- le restó importancia con su mano.
Y de nuevo el silencio, ahora interrumpido por el ruido que producía el golpeteo de la esfera plateada de Malfoy, que para sorpresa de Hermione rebotaba y levitaba unos centímetros encima de su cabeza.
La castaña se enfrascó en su lectura sobre las runas y no se percató cuando Malfoy dejó de botar la esfera y se concentró en observarla.
¿Estaba enamorado de esa chica marisabidilla?
Nunca lo hubiera imaginado, ni en sus sueños más extravagantes hubiera pensado estar, así como ahora, embobado al verla pasar adictivamente las hojas leyendo cada palabra, fruncir el ceño mientras leía, morderse el labio inferior al repasar las claves de ese libro.
Y de pronto no soportó más y se aventuró a preguntar lo que tanto le carcomía.
-¿Tendré alguna vez una oportunidad contigo?-
-¿Perdón?-
-No hemos hablado de eso, pero sabes que éste cambio en mi actitud lo hice por ti, para tener una pequeña esperanza contigo, y quiero saber si lo logré-
La Gryffindor se congeló, no habían hablado de "las razones", como solía llamarle ella, que tenía Malfoy para ser amable, para cambiar, para ser diferente ante su persona.
Y la verdad era que no pensaba en eso porque le producía un hormigueo en el estómago, un temblor en las piernas y un enrojecimiento en sus mejillas.
Le gustaba Malfoy desde hacía unos días, quizá desde el primer momento en que comenzó a ser amable con ella pero no quería ni pensar en aceptar que ese hormigueo en su estómago era motivo de algún tipo de enamoramiento.
-Mira Malfoy- titubeó y el rubio no pudo evitar sonreír al notar su nerviosismo al tocar el tema- He aceptado este cambio, y me gusta, debo admitirlo…-
-¿Pero?- la interrumpió.
-Pero es difícil para mí aceptar que lo hayas hecho por que te intereso- explicó con un leve sonrojo en sus mejillas.
-Entiendo- respondió.
Se levantó cabizbajo y se dirigió a su cuarto ante la mirada apenada de la chica.
De nuevo lo había rechazado y no podía reclamarle, porque aunque él se convirtiera en un ángel, jamás podría hacerla olvidar que antes había sido un demonio.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
Entre los dos, ahora, separados,
Del uno al otro, diariamente,
Cayéndonos en múltiples estatuas,
En gestos que no vemos,
En nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
Que no muerdo ni beso,
En tus muslos dulcísimos y vivos,
En tu carme sin fin, muero de máscaras,
De triángulos oscuros en incesantes.
Se dejó caer pesadamente en su cama, con sábanas negras, como su pasado.
Necesitaba descansar, aunque costara creerlo, había entrenado Quidittch con Potter y los Weasley. Después habían ido a estudiar y ahora estaba ahí tirado sin ganas, vencido.
Debía desahogarse pero no podía, Zabini y Nott habían desaparecido y sabía muy bien que había sido porque ahora estaban enfilados entre los vasallos del que no debía ser nombrado. Las únicas personas con las que podía hablar de su casa se habían ido, Pansy simplemente estaba enojada con él por llevarse bien con Granger y aunque sabía que algunas disculpas de su parte bastaban para que fuera su mejor amiga de nuevo no tenía ánimo ni tiempo para ir a hablar con ella. Tal vez mañana, tal vez mañana.
Se incorporó en la cama y se deshizo de su camisa y se quitó el cinturón, el cansancio lo estaba venciendo y no hizo más por detenerlo.
Sus párpados estaban cerrándose cuando escuchó unos golpes en la puerta. El sueño lo confundió y se levantó pesadamente pensando que estaba en las mazmorras de Slytherin.
Desperezándose aún abrió la puerta.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
De nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas, Inconsolable, a gritos,
Dentro de mí, quiero decir, te llamo,
Te llaman los que nacen, los que vienen
De atrás de ti, los que a ti llegan
No podía seguir negando que lo quería, se estaba enamorando de Draco Malfoy, así que se levantó del sillón quince minutos después y se dirigió a la puerta de su cuarto.
Tocó dos veces y no hubo respuesta.
Tocó dos veces más y escuchó al chico acercarse pesadamente.
Segundos después la puerta se abrió y por ella apareció un adormilado Draco Malfoy.
La morena no pudo evitar pasear su vista por todo el cuerpo del chico.
Desde su cara que estaba siendo tapada por sus manos que restregaban sus ojos, seguramente no se había dado cuenta que era ella.
Su cuello en el que resaltaba una vena, su clavícula marcada, su pecho descubierto, su estómago, con esos suaves cuadros marcados, el pantalón desabotonado, sin cinturón y descalzo.
Sintió sus mejillas encenderse con la vista, si unos momentos atrás tenía frío, ahora era todo lo contrario al ver a Draco Malfoy tan… tan… hombre.
El chico aún tallando sus ojos y con voz pastosa habló.
-¿Si?-
No obtuvo respuesta de la petrificada Hermione que lo miraba con la boca ligeramente abierta y aún roja.
De pronto recordó que no estaba en Slytherin, que estaba en el quinto piso en la torre de premio anual por lo que era obvio que la persona que había tocado la puerta era…
Quitó sus manos de pronto, eso hizo que Hermione reaccionara y se diera la vuelta tartamudeando cosas sin sentido.
-Yo… no… no debí- balbuceaba avergonzada.
El rubio corrió por su camisa y se la puso abotonando sólo los botones inferiores.
-No yo… lo siento…- contestó conciliadoramente.
-¿Ya puedo…?- dejó el resto de la frase al aire.
-Si, creo- contestó rascándose la nuca.
-Lo siento- murmuró con la vista en sus zapatos que se habían tornado muy interesantes.
Sintió la mano del chico en su barbilla haciendo así que le mirara. En su recorrido del piso hasta su cara pudo ver que tenía puesta su camisa, aunque muy a su pesar no estaba abotonada por completo.
-Fue mi culpa no debí salir así- le dijo quedamente mientras una de sus sonrisas encantadoras aparecía en su rostro.
Su cara entera parecía un tomate cuando fijó sus ojos chocolate en los gélidos de él.
Algo en su estómago dio un vuelco al mirarla de aquella forma, sus mejillas y su frente sonrojada, esos ojos tan penetrantes, la nariz respingona, las pecas que la cubrían y esos labios que hacía suyos innumerables veces en sus sueños.
Ella se limitó a perderse en el hielo de sus ojos mientras él hacia lo mismo con los suyos, una mirada, sólo una mirada.
-Yo… yo…- murmuró cohibida ante la mínima distancia entre ella y Malfoy.
La miró esperando que hablara.
-Creo que si tienes una- dijo finalmente y el tono rojo reapareció.
-¿Una qué?- preguntó confundido.
-unaoportunidadconmigo- dijo queda y rápidamente.
Sonrió, a pesar de cómo lo había dicho, le había entendido.
-¿De verdad?- ella asintió.
-Gracias, te juro que no te arrepentirás- la atrapó en un abrazo sorpresivo, tanto que no le correspondió inmediatamente. Momentos después pudo disfrutar del abrazo y se acurrucó entre su cuello y su hombro.
La camisa entreabierta la dejaba disfrutar del tacto de su piel y se sentía tan bien.
La retiró un poco y la miró de nuevo.
-Hermione Granger, ¿Quieres ser mi novia?- susurró mientras tomaba sus manos.
La castaña le sonrió tímidamente y asintió.
No pudo contenerse ante la respuesta de la Gryffindor y se inclinó hacia ella.
La besó.
Un beso. Sólo un beso.
Sintió la sorpresa de la prefecta y después sintió como le comenzaba a responder tímidamente a la suave caricia.
Un escalofrío le recorrió la columna cuando la chica posó una de sus manos en su pecho y la otra en su nuca.
Ella se estremeció al notar una de las manos del rubio en su cintura y la otra acariciar su mejilla.
No fue sólo uno, un segundo beso, más apasionado, menos cohibido los hizo perder noción del tiempo.
No supieron cómo fue que llegaron a la sala común. El Slytherin tenía atrapada a la chica entre el respaldo del sillón blanco y su cuerpo, y se notaba que no quería ser liberada.
¿Cuánto tiempo llevaba deseando eso?, ¿Desde cuando esperaba besarle así?
No lo sabía simplemente se dejó llevar por los experto labios de aquel hombre que ahora la tomaba posesivamente de la cintura.
El ritmo de aquél beso fue bajando hasta que sólo fue un roce.
Sonrieron y se miraron.
El con el hielo de sus ojos derretido y ella con el chocolate de los suyos hirviendo.
Los labios de ella estaban hinchados y la respiración de él agitada.
-Te quiero, igual o más que cuando te lo dije en la lechucearía- le confesó directamente.
Y le sonrió, como nunca antes le había sonreído, porque se daba cuenta ahora que siempre había deseado estar así, sentirse así, tan querida como sólo con él podía sentirse.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
Sino morirnos más, hora tras hora,
Y escribirnos y hablarnos y morirnos.
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SEGUNDO CAPÍTULO.
BUENO, ESPERO QUE SEA DE SU AGRADO, ES MÁS LARGO, LA VERDAD ES QUE PENSÉ QUE A NADIE LE GUSTARÍA PERO RECIBÍ UN REVIEW, DE ESOS QUE ALIENTAN A ESCRIBIR CON SÓLO TRES PALABRAS Y DECIDÍ APRESURAR EL PASO A MI IMAGINACIÓN Y PUES ESTE FUE EL RESULTADO. ÉSTE POEMA ES "NO ES QUE MUERA DE AMOR" ME GUSTA MUCHO Y ESPERO QUE A USTEDES TAMBIEN.
UN BESO A QUIEN ME HA DEJADO REVIEW Y AL QUE NO, TAMBIÉN, POR QUE ES LINDO RECIBIR ALERTA DE LECTORES.
HASTA EL PRÓXIMO CAPÍTULO.
PATODIZATH
