Disclaimer: Naruto no es mío, aunque ojalá lo fuera TT sería la más happy
Pareja principal: Naruhina y alguna más.
Perdón por la tardanza!! aquí tenéis el capi 8, disfrutad de la lectura:3
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CAPÍTULO 8
Habían llegado a una ciudad de altos rascacielos los cuales se alzaban imponentes al cielo gris. Una lluvia torrencial acechaba a la gran ciudad y se podía oír el fuerte chasquido de las gotas al caer a las frías paredes de piedra. Naruto alzó la mirada hacia los soberbios edificios y una repentina emoción irradió en sus ojos. Sasuke estaba cerca, en esta ciudad y muy pronto le encontrarían. Una sonrisa afloró en sus labios.
- Akamaru me dice que ya no puede sentir el olor de Sasuke- Dijo Kiba mirando a los demás. Naruto sintió como sus anteriores esperanzas se desvanecían de golpe.
-¿¡Cómo que no puede!? – Exclamó mirando a Kiba enfadado.
-¡Pues que no puede! La lluvia le impide seguir el rastro- Contestó él con fastidio.
-¡Tiene que poder!- El rubio se acercó al perro y le cogió de la cabeza y empezó a balancearlo- ¡Venga chucho! ¡No me falles ahora! ¡Debes oler a Sasuke, venga!
-¡Deja a Akamaru en paz!- Gritó Kiba alarmado mientras intentaba separar a Naruto del pobre animal que gemía compungido.
-¡Parad de una vez los dos!- Ordenó Sakura mirando desafiantes a los dos ninjas mientras ponía sus manos en su caderas. Naruto soltó a Akamaru a regañadientes.
- Esta lluvia es un inconveniente para la búsqueda- Dijo Shino mirando al cielo- Mis insectos no pueden trabajar con este tiempo. Pero al menos sabemos que Sasuke se encuentra en esta ciudad, si nos separamos sería más fácil encontrarle.
-¡Muy bien! Si en tres horas nadie encuentra a Sasuke, nos reuniremos en éste lugar –Exclamó el rubio. Todos los demás asintieron y se separaron con paso veloz en busca del Uchiha.
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Por fin llegó a su destino. Era uno de los más altos edificios de la ciudad y en su entrada había dibujado un enorme kanji el cual significaba "fortuna". Dos enormes guardias estaban parados al lado de la grande puerta inmunes a la lluvia torrencial que caía. Era el gran banco central del país del rayo, lugar donde los más altos cargos del país confiaban sus fortunas. Pero no solamente tenían derecho poner su capital los nobles o políticos, sino también nombres importantes de la mafia guardaban allí grandes cantidades de dinero.
Gracias a la información que obtuvo averiguó que todas las ganancias de Akatsuki, y de Kakuzu en particular, estaban escondidas en una de las cámaras acorazadas del banco central. Pero no solamente guardaban allí todos sus ingresos, sino también escondían sellos de técnicas ocultas de importante poder aparte de armas de un gran valor, como tres espadas de tres de los siete espadachines de la niebla. Y eso era lo que deseaba Suigetsu.
Por desgracia no podría entrar a la cámara de la organización Akatsuki si no obtenía antes la clave para acceder en ella. Pero eso no era problema, ya que sabía dónde se hallaba tal combinación. Dirigió una última mirada al enorme edificio y se fue corriendo a un estrecho callejón. Estuvo andando durante diez minutos por el laberíntico barrio hasta que encontró un bar viejo y destartalado, unas luces de neón llamativas adornaban al pobre lugar. Suigetsu entró por la raída puerta dando tras de sí un sonoro portazo. Solamente había tres hombres y el barman que dirigieron una mirada feroz al recién llegado. El que parecía ser el jefe miró al ninja agua con sorpresa.
-¿¡Tú!? – Rugió mirando con furia al muchacho. Su rostro era moreno y una larga cicatriz cruzaba en su cara.
-Sí, yo- Saludó Suigetsu haciendo una mueca burlona. Los otros dos hombres se levantaron y alzaron sus katanas amenazadoramente.- Veo que aún no se os da bien dar la bienvenida.
-¿¡Qué haces aquí!? ¡Pensé que te habían matado! - Gritó el jefe mirando al joven con desconfianza.- Por lo que veo, desgraciadamente el rumor no era cierto
-Venga, venga. Seguro que me has echado de menos- Rió Suigetsu - ¿Cómo van las cosas ahora en la organización? – Preguntó.
-Mejor desde que desapareciste- Soltó el jefe haciendo una mueca- Pero ahora los asuntos de la organización no son tu incumbencia.- Sus ojos castaños miraron a los ojos del ninja- ¿Y tú qué? ¿Dónde has estado en todo éste tiempo?
- Por ahí, lo que haya hecho no te atañe- Dijo quitándole importancia al asunto. El jefe lo miró en silencio y una sonrisa torcida apareció en su rostro.
-Ya, seguro que te divertiste con Orochimaru. –se burló.
Suigetsu se abalanzó hacia el jefe con una inusitada rapidez. El hueco del filo de la espada rodeó el cuello del hombre que lo miraba aterrado y a la vez sorprendido. Los dos escoltas cayeron al suelo cubiertos de sangre. El barman se fue por la puerta trasera chillando asustado. Suigetsu lanzó una mirada helada al jefe.
-No vuelvas a repetir el nombre de ese desgraciado- Amenazó- Como ves ya no soy como el de antes, soy mucho más fuerte.- Apretó con más fuerza la espada, un hilo de sangre resbaló el cuello del asustado hombre- Ahora quiero que me digas la clave de la cámara acorazada de Akatsuki.
-¿Q-qué estás d-diciendo? Y-yo no tengo ni idea de qué me hablas- Tartamudeó.
-No mientas. Sé que tu te relacionabas con Kakuzu y sé que él te confió la clave- Empujó un poco más el filo de la espada.
-¡E-está bien! ¡Está bien!¡Té lo diré!
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Naruto corría por las húmedas travesías en busca de su amigo y compañero. Cada vez que giraba o cruzaba una calle deseaba con todas sus fuerzas encontrarse con la figura regia y altanera del Uchiha. Pero siempre acababa decepcionado al no encontrar nada. A cada segundo, a cada minuto, a cada hora las esperanzas de encontrar a Sasuke se desvanecían poco a poco hasta que una amarga desilusión le azotaba fuertemente en el pecho.
Con paso vacilante siguió andando por las vacías calles, su mirada estaba gacha y sus ojos humedecidos por la tristeza. Estaba tan sumido en sus pensamientos que al cruzar una esquina chocó sin querer contra el cuerpo de alguien.
-L-lo siento- Dijo una voz suave y dulce. Naruto abrió los ojos de la sorpresa. Delante de él estaba la frágil figura de la Hyuuga tendida al suelo a causa del fuerte golpe. Su capucha ya no cubría su rostro y las gotas de lluvia empapaban su pelo negro.
-¿Hinata?
Hinata miró al rubio con los ojos abiertos de par en par mientras un tenue rubor inundaba sus mejillas.
-¡N-naruto-kun! ¿Qué haces por aquí? ¿H-has hallado una pista de Uchiha-san?- Se incorporó gracias a la ayuda del muchacho y como siempre hacía cuando estaba nerviosa empezó a juguetear con sus dedos.
- No, no he encontrado nada- Respondió el rubio entristecido. Hinata al ver la mirada apenada del chico intentó animarle.
-N-no te preocupes, seguro que pronto le localizaremos, Uchiha-san volverá a Konoha y…
- No estoy muy seguro.- le cortó Naruto- Ésta es la tercera vez que voy en busca de Sasuke y seguramente volveré a fallar de nuevo. Otra vez no podré cumplir la promesa a Sakura-chan- Dio un largo y sonoro suspiro- Erosennin tenía razón, soy un idiota engreído. Debería de haberme olvidado de Sasuke hace tiempo.
-No digas eso Naruto-kun- Dijo Hinata con voz firme. Sus ojos blancos miraban sin vacilación a los ojos azules del chico- No eres perfecto y muchas veces fracasas, pero yo…yo creo en ti. – El rubor de sus mejillas se intensificó- Tu verdadera fuerza es la de seguir adelante, aunque te derroten o te humillen tú siempre te levantas con una sonrisa en la cara y a mi eso… me gusta mucho de ti.- Hinata notaba como le temblaban las piernas, temía que iba a desfallecer en cualquier momento pero una fuerza inusitada de su corazón la impulsaban a decir aquellas palabras con total sinceridad- Tú eres muy fuerte Naruto-kun y se que si te lo propones conseguirás que Sasuke vuelva contigo aunque él esté en el fin del mundo. Debes de tener más confianza en ti mismo.
El rubio la miró atónito, absorto en sus ojos grises que antes lo miraban con firmeza ahora volvían a bajar con vergüenza. Las mejillas del chico se tiñeron de un repentino rubor. Notó como su corazón latía con fuerza en su interior y suspiró aliviado de que el fuerte sonido de la lluvia impidiera a que ella se diera cuenta.
-Gracias Hinata- Le dijo mirándola con una mirada dulce y tierna- Lo has conseguido otra vez- Sonrió.
-¿Eh? – Miró dubitativa al chico sin comprender sus palabras.
- Hace ya casi tres años tú me animaste antes de mi combate contra Neji en el examen Chunnin- Hinata se ruborizó al recordar ese día y asintió.- Ese día también estaba muy abatido pero tú conseguiste que volviera a creer en mí…Y hoy también.
Se acercó a la chica y la tapó con su capucha. Sacó un pañuelo seco de sus pantalones y empezó a secar la cara mojada de la Hyuuga que lo miraba hechizada.
-La verdad no se que haría sin ti- Rió feliz mientras acariciaba las suaves mejillas de la chica.- Y digo lo mismo que dije aquél día. Me gustan mucho las personas como tú.
Hinata notó como una sacudida de emociones inundaba en su corazón. Observó que todo su cuerpo temblaba, cada vez con más violentamente, un pensamiento cruzó en su mente. Ese era el momento, el día tan esperado por ella, su vigoroso corazón se lo decía. Se iba a declarar. Hoy iba a declarar sus sentimientos hacía él.
-N-Naruto-kun yo… - Notó que su boca estaba seca y sus labios temblaban. El corazón le latía impetuosamente en su pecho. Apretó fuertemente sus manos.- Y-yo…- No podía, no podía pronunciar esas palabras que tanto ansiaba decir.
-¿Qué ocurre Hinata?- Preguntó el chico mirándola inquieto. Hinata tomó aire mientras lanzó una mirada intensa al rubio. Ella era valiente, podía hacerlo…
-¡Naruto-kun! La verdad es que yo te…
Un repentino chillido surgió de la oscuridad y obstruyó las palabras de la kunoichi. Naruto miró alrededor, alterado, con sus cinco sentidos en alerta, oyó otro grito pero éste era más débil.
-¡Es por ahí!¡Vamos Hinata!
Hinata siguió al rubio con una mirada triste y decepcionada.
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Juugo paseaba por las tranquilas travesías en busca de información. Las calles estaban casi vacías, solo pasaban uno cuantos transeúntes que corrían hacia sus hogares en busca de un refugio de la fuerte tormenta. Él no entendía a la gente que se escondía de la lluvia ya que se perdían de la agradable sensación de sentir las gotas de agua bajar en su piel. Ojalá no hubiera estado tanto tiempo encerrado en esa celda, se había perdido muchas cosas interesantes en su vida.
El grito de un niño hizo que se despertara de su ensoñación. Vio a un hombre rechoncho que apalizaba a su hijo que lloraba histérico intentado zafarse de los brazos gruesos de su padre mientras su mujer intentaba apartar, llorosa, al hombre de su hijo. Juugo al ver esa imagen un desagradable recuerdo inundó su mente.
Un Juugo de seis años lloraba desconsolado mientras un hombre lo atizaba con una vara. El niño pedía clemencia y suplicaba que le dejase en paz. El hombre todavía más enfadado empezó a golpearle más salvajemente hasta que el niño se quedó tendido semiinconsciente.
-¡Tienes suerte que no te mate, demonio!- Y le escupió en la cara. La sangre caía del rostro del chiquillo mientras sus ojos se cerraban poco a poco hasta caer a la inconsciencia.
La rabia de aquél repentino recuerdo le alteró hasta tal punto que se le nubló la mente. Miró al hombre rechoncho pero él sólo veía al desgraciado que le apalizó cuando era niño. El sello le inundó en todo su cuerpo mientras sentía una fuerza sobrehumana emanaba de su interior. El odio le nubló el juicio. Con una rapidez inusitada se abalanzó hacia el padre maltratador. Lo agarró por el cuello apretándolo con fuerza, ahogándolo. El niño cayó al suelo. La madre profirió un chillido desgarrador.
-¡Malnacido!-Rugió Juugo con furia contenida. Su piel era de color amoratada y de su cabeza le brotaron dos grandes cuernos. Sus ojos eran totalmente negros. El hombre profirió un débil gemido. Alzó su mano derecha dispuesto a atravesarle el pecho- ¡Morirás!
Su mano se arrojó al corazón del hombre pero antes de que pudiera matarle alguien se abalanzó hacia él y le dio un fuerte golpe que le impulsó hacia un lado. Se levantó a duras penas lanzando un bramido de furia y miró con odio al extraño que le había golpeado.
Era un muchacho de dieciséis años rubio de ojos azules, a su lado se hallaba una chica de pelo negro de unos ojos de un color blanquecino peculiar.
-¡Pelea con alguien de tu tamaño, engendro!- Rugió el rubio agarrando un kunai. La chica miraba alternativamente al chico y luego a Juugo. Éste profirió una sonora carcajada.
-Vaya, vaya. ¿A quién debo de matar primero? ¿Al chico o a la chica?
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Sasuke se hallaba a lo alto de un mirador observando las montañas que se hallaban cerca de la ciudad. Ya que Karin le había informado que su hermano se encontraba en esos grandes montes. Muy pronto cumpliría por fin su venganza. Una sonrisa cruel brotó en sus labios. La sensación de estar cerca del triunfo se le apoderó el alma, el deseo de cumplir su única obsesión lo consumía por dentro y la excitación lo embargaba.
Un chasquido a su espalda le interrumpió sus cavilaciones. Miró hacia atrás con una mirada amenazante, dispuesto a luchar contra el intruso que le espiaba a hurtadillas.
-Sasuke…
Una kunoichi de dieciséis años miró al Uchiha con una mirada suplicante. Su pelo mojado caía en su rostro, las gotas de lluvia le bajaban en su rostro como si lágrimas se tratasen. Sus labios rosados temblaban de la emoción y el frío.
Era Haruno Sakura.
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me encantaría agradecer a todos aquellos que me enviaron reviews, no sabéis la sensación de gratitud y alegria que provoca ver un review nuevo, es una forma de demostrar que la gente se lo lee y le ha gustado Por eso no olvideis de enviar reviews que me hacen muy feliz
Por eso, GRACIAS A TODOS y nos vemos en el próximo capítulo ;)
Besazos!!!!
