Disclaimer: Naruto no es mío por tanto esto es un puro hobby
Parejas: Naruhina, Sasusaku y Suikarin??
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CAPÍTULO 10
Los ojos negros como el azabache del pelinegro miraban absortos y atónitos a los fríos ojos de Suigetsu. Su pelo azulado caía lacio y húmedo en sus mejillas dándole un aspecto de lo más inquietante. Sai notaba como sus latidos resonaban en su pecho con fuerza mientras que su mente empezaba a dar vueltas y vueltas dentro de un mar de recuerdos. El azul claro de los ojos de Suigetsu miraban con impaciencia al joven ninja Anbu.
-¿Me dejas pasar?- Preguntó Suigetsu con un tono impaciente pero a la vez intentando ser educado.
-Tú…
-¿Qué?- Preguntó el ninja agua mirando ahora con extrañeza y hastío al joven pelinegro. Puso su mano en su bolsillo con gesto rápido y sus manos empezaron a toquetear la tarjeta que se encontraba en sus pantalones. ¿Por qué siempre cuando le falta poco para conseguir lo que quiere aparece un memo delante que le impide el paso?
Sai pestañeó y zarandeó la cabeza. Su boca entreabierta de la sorpresa fue substituida por una sonrisa afable. Sus ojos alargados miraron con amabilidad a Suigetsu.
-Perdone, le había confundido con otra persona- Dijo mientras dejaba pasar al ninja agua. Éste se dirigió veloz hacia las estrechas y sucias calles sin despedirse ni mirar atrás. No se dio cuenta de la mirada sagaz y enigmática del pelinegro cuando desapareció entre las gotas de lluvia.
Por fin llegó a su destino. Miró por segunda vez el enorme kanji que decoraba las altas paredes del Banco Central de la ciudad mientras una sonrisa de confianza apareció en su rostro. Pensar que estaba a punto de encontrar tres de las siete espadas de los famosos espadachines de la niebla hacía que su estómago se estremeciera de la excitación. Él era un coleccionista y saber que pronto tendría no sólo una sino tres de las piezas de su querida colección le hacía sentir como un niño pequeño esperando abrir los regalos de Navidad.
Con una sonrisa confiada en su rostro cruzó las grandes puertas del edificio que se alzaba imponente, inmune a las gotas cristalinas de lluvia.
Una gran sala oval decorada con grandes tapices de terciopelo rojo apareció al cruzar. Su capa empapada por la lluvia mojaba el liso parquet de madera de acebo que crujía a cada paso que daba hacia una de las mesas de cambio. En ella una mujer joven despachaba con una sonrisa a sus clientes bien vestidos y acaudalados, cuando Suigetsu se dirigió a ella pudo notar en sus ojos grandes una mirada de asco y desdén al ver las pintas sucias y magulladas del ninja agua. Por un momento tuvo unas enormes ganas de destrozar esa cara petulante, pero se contuvo y lanzó a la chica su mejor sonrisa.
-Buenos días- dijo con un tono meloso intentando ser amable- Me gustaría recoger un objeto muy valioso de la caja fuerte de mi jefe- sacó de su bolsillo la tarjeta dorada y la entregó a la dependienta. Ésta cogió la tarjeta con cuidado y la miró a la luz comprobando si era auténtica.
-Es extraño, es la primera vez que le veo a usted, siempre era el mismo hombre quien venía aquí- Dijo casualmente mientras tecleaba en el ordenador el número de la tarjeta. Suigetsu vio la desconfianza en sus ojos.
-Sí, bueno…-carraspeó incómodo- Es que se puso enfermo así que yo le substituyo.- Ella le miró fijamente durante un buen rato. Suigetsu empezó a impacientarse.
-Muy bien- Dijo ella al fin- Si puede hacer el favor de seguirme.
Caminaron hasta un gran ascensor de metal. Al entrar Suigetsu pudo ver que había un enorme cristal al otro lado que traslucía unas hermosas vistas de la ciudad. Mientras el aparato subía Suigetsu permanecía callado observando los grandes edificios y rascacielos grises que, al atardecer lluvioso, se asemejaban a las sombras oscuras y amenazantes de unos gigantes.
Su pierna empezó a moverse de la impaciencia mientras se mordía las uñas de su mano derecha con nerviosismo. Hacía años que deseaba ese momento. Junto a la espada de Zabuza, tendría ya cuatro espadas. Solamente le quedaría buscar dos y conseguir la Samehada, la espada de Kisame. Esa era la parte más difícil de su objetivo.
La verdad es que estaba
sorprendido de la facilidad y la suerte que tuvo al conseguir la
espada del ya muerto espadachín de la niebla, Zabuza, y la
tarjeta y combinación de la caja fuerte de Akatsuki.
Por
un momento llegó a temer que alguien hubiera cogido la espada
en la tumba del espadachín, que estaba desprotegida, y luego
estaba todo el asunto de la clave y Akatsuki. No sabía a
ciencia cierta si Kakuzu aún mantenía relaciones con la
organización y menos que una persona tan esquiva y tacaña
como Kakuzu confiara la clave a una persona tan traicionera como el
que fue su jefe. Pero, para su suerte, todo fue bajo ruedas, y
Suigetsu no tuvo ningún impedimento al conseguir lo que se
proponía.
Solo fue la aparición de Karin en el
bar cuando pensó que su plan se podía echar a perder.
Por ninguna circunstancia no quería que Sasuke se enterase de
lo que estaba haciendo ya que no deseaba dar explicaciones a nadie de
su objetivo. Y menos dar explicaciones a la pesada de Karin. Ya
estaba harto de que esa chica entrometida se metiera a donde no le
incumbía. La verdad es que había sido bastante
indulgente con ella, la debería haber matado allí
mismo. Pero a su pesar no pudo hacerlo ya que un mar de sentimientos
extraños le había traicionado.
Haberla tenido a su
merced, con su cara de terror, tuvo la rara tentación de
poseerla allí mismo y por un momento estuvo a punto de
besarla. Por suerte pudo contenerse y se alejó de ella con sus
sentimientos e instintos hechos un lío. Quizás si la
mataba ya no se sentiría tan vulnerable frente a ella…
El ascensor se paró en seco a la última planta. La mujer le acompañó hasta una caja acorazada de un gran tamaño.
-Debe poner la clave aquí- Dijo ella mientras señalaba a un pequeño panel que estaba al lado de la puerta.
Suigetsu se dirigió al panel y puso la tarjeta en la ranura. Espero unos segundos hasta que el aparato informático le pidió la clave. La chica se mantuvo a una distancia prudencial mientras el ninja agua escribía los números de memoria. Al rato la puerta se abrió ante ellos dejando ver una gran cantidad de armas extrañas y valiosas junto a una gran biblioteca de rollos que contenían un millar de técnicas ninjas y secretos de numerosos clanes. No le extrañaba que los Akatsukis guardaran todo este tesoro con gran recelo.
Se dirigió con paso rápido
e impaciente hacia una pared la cual estaban colgadas las tres
espadas de los espadachines de la Niebla. Sus ojos glaciales miraban
maravillados las hojas de acero pulido que brillaban a la luz de las
lámparas de neón.
Acercó sus manos
temblorosas a la empuñadura de la espada colgada más
abajo y miró asombrado los finos relieves del mango los cuales
dibujaban delicadas letras chinas.
Se quedó un buen rato
observando con detenimiento las poderosas espadas hasta que algo de
la cámara le llamó la atención.
A un lado se hallaba un enorme rollo de colores sepias y anaranjados que estaba posado encima de un manto de color carmesí a lo alto de un pequeño altar. A su lado se encontraba una libreta mediana de tapas de color rojo oscuro, unas letras negras y finas decoraban la misteriosa libreta. El ninja agua leyó en ella una palabra: Jinkuruchi
Suigetsu se acercó al altar y observó el cuaderno con cuidado. Abrió la primera página y se sorprendió al ver una foto del Kazekage de la arena, Gaara. Arriba pudo leer que se trataba el jinkuruchi Ichibi, el demonio de una cola y al lado vio una foto de una anciana, llamada Chiyo, según el libro, esa mujer fue quien selló el demonio dentro del cuerpo de Gaara. Ojeó más páginas y pudo ver fotos e información de los demás jinckuruchis y de las personas que sellaron los demonios.
Apartó la libreta a un lado y se acercó al enorme rollo. Por su tamaño y ubicación Suigetsu dedujo que dentro debería de haber miles de técnicas y al parecer muy poderosas. Pudo ver escrito en letras de color granate la firma del autor:
Namikaze Minato.
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Su pelo rojizo ondeaba al son del viento. Con un gesto acomodó sus gafas, observando con una mirada crítica a la kunoichi pelirosada.
Sakura observó con cuidado a la muchacha, que se erguía de forma autoritaria sin dejarla pasar.
-Sal de mi camino- ordenó Sakura con voz amenazante. Karin no se movió ni un ápice, de sus labios finos surgió una sonrisa mordaz.
-No-respondió ésta con un tono de desdén- Sasuke ahora está ocupado y no tiene tiempo para perderlo contigo.- Karin hizo una mueca- Yo se quien eres- Dijo con voz altanera- Haruno Sakura. Tuviste la suerte de ser compañera de equipo de Sasuke durante un tiempo, seguramente siendo un estorbo para él. Orochimaru recolectó información de los amigos de quien sería su contenedor. Por lo que leí de ti tu nivel no llega ni a las suelas de los zapatos del mío.
Sakura vio la burla en sus ojos. Enfadada apretó sus dedos a un kunai, dispuesto a lanzarlo a la pelirroja.
-Te lo repito otra vez, apártate si no quieres que acabe contigo.
Karin profirió una risa cruel.
-¿Te crees tan fuerte para vencerme?- se mofó Karin - ¿Tan especial te crees?- De sus ojos brilló un destello de furia- ¿¡Tan especial te sientes para abrazar así a Sasuke!?- chilló con rabia- ¡No te lo mereces!
-Tú no eres quién para decidir quién merece o no a Sasuke- Dijo Sakura con voz fuerte- Eso es decisión de él, de nadie más.
-Es cierto- Admitió Karin- Pero que yo sepa soy yo quién está en su equipo. Es a mí quien ha elegido. No a ti
Sakura se mordió el labio mientras dirigía una mirada mordaz a la kunoichi de gafas. Con un rápido movimiento lanzó el kunai, pero Karin lo agarró al vuelo con suma facilidad.
-¡Ja! ¿Te crees que lanzándome un kunai era suficiente?¡Qué poco valoras a tu contrincante!
Sakura no dijo nada sino
hizo una mueca enigmática. El kunai empezó a emitir una
luz relampagueante y explotó produciendo una gran humareda de
polvo.
Karin se pudo apartar a duras penas en el último
instante. La nube de polvo le impedía ver y respirar con
facilidad. Notó como sus ojos lagrimeaban. Una sombra apareció
de golpe a su derecha con rapidez inusitada. Sakura se lanzó a
la pelirroja dispuesta a derribarle con un puñetazo, pero por
desgracia falló y dio contra una pared que se rompió en
mil pedazos. Karin observó atónita los destrozos
ocasionados por la fuerza sobrehumana de la pelirosada.
-Eres tú quien me subestimas.-Dijo Sakura poniéndose bien los guantes de lucha mientras un destello amenazador resplandeció en sus ojos turquesas.
Karin la miró con odio.
-Nunca…-dijo con resuello- No dejaré que te acerques a él ¡Nunca!
Se abalanzó hacia Sakura dispuesto a matarla. De su puño apareció una extraña luz blanquecina. La pelirosada se tapó la cara con sus brazos preparada para encajar el golpe.
Pero Karin sin motivo aparente se paró en seco. Sakura apartó los brazos y miró a Karin desconcertada. Vio temor y asombro en los ojos de la pelirroja.
-¿Que chakra es este?- Preguntó sin dirigirse a nadie.
Sakura cerró los ojos para poder concentrarse mejor para notar el chakra que sentía su rival. Primero la sensación fue muy floja pero al poco tiempo pudo sentirlo con intensidad. Con los ojos abiertos de par en par reconoció esa energía.
-Naruto…
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Sintió en su cuerpo una oleada de poder. Sus ojos antes azules se volvieron de un color rojo sangriento. Sus colmillos se afilaron y de sus dedos crecieron unas enormes garras. Las marcas de sus mejillas se hicieron más notorias.
Hinata miró atónita el ahora cuerpo resplandeciente de Naruto. Con su Byakugan pudo ver como un extraño chakra de color anaranjado le envolvía como si fuera un tifón. La gran inmensidad de la fuerza y el terrible poder del rubio paralizó su corazón. En su interior pudo notar dos sentimientos que combatían entre sí. Uno era admiración, el otro era terror.
Intentó luchar contra el miedo que se apoderaba de su cuerpo. Se sintió mal por el estremecimiento de temor que sentía hacia Naruto, la persona que ella tanto la importaba. Pero el cuerpo no la respondía. Nunca en la vida había visto a Naruto en ese estado. ¿Dónde estaban aquellos ojos azules que tanto le gustaban? ¿Dónde se escondía aquella calidez que siempre le embriagaba? Ya no parecía él, se asemejaba más a un…monstruo.
Juugo, poseído también por sus demonios internos, miró con júbilo y gozo al rubio.
-Tú eres como yo- Dijo riéndose a carcajadas. Su piel oscura temblaba de la emoción- ¡No estoy solo! ¡Tú también eres un monstruo!
Los ojos, de un rojo centelleante, miraron a Juugo con irritación. Apretó su mandíbula intentando controlar el poder del kyuubi.
-¡No me compares contigo!-Rugió el rubio-¡No se lo qué eres!¡Pero lo que sí sé es que yo nunca intentaría matar a nadie a sangre fría como tú lo haces!
De los labios de juugo apareció una mueca irónica
-Esto lo piensas ahora-Dijo mirando a los ojos al rubio- pero más tarde notarás que no podrás luchar contra la bestia de tu interior. Él te poseerá y te engullirá con su poder. Controlará tu cuerpo y luego tu mente. ¡Créeme! ¡Yo pensaba como tú! ¡Yo también creía que lo podría controlar! Pero es imposible…
Al oír las palabras de Juugo, Naruto miró al castaño atónito.
-¿Acaso tú también eres un Jinkuruchi?
Hinata miró a Naruto confundida ¿Jinkuruchi? ¿Qué diablos es eso? ¿Por qué ese hombre se comparaba con el rubio?
Juugo no
respondió sino que profirió una sonrisa sarcástica.
Naruto lo miró con compasión. ¿Este hombre había
sufrido igual que él?
Recordó la pelea de hace tres
años contra Gaara. Recordó el dolor y sufrimiento de
sus ojos que se resignaban a tener una vida feliz. Sintió la
misma pena y rabia de entonces.
¿Por qué? Se
preguntó ¿por qué deben de tolerar tales
congojas? ¿Por qué la vida les daba un trato tan cruel?
Sus ojos antes inundados de tristeza se llenaron de convicción.
-No- habló Naruto mirando a Juugo con emoción contenida- No dejes que la pena que sientes en tu interior te someta. Tú puedes controlarlo.
Juugo lo miró sorprendido sin saber que decir.
-Yo no dejare que me domine. ¡Eso nunca!-continuó hablando el rubio- Si te dejas llevar por la tristeza solo consigues que la oscuridad que hay en ti te avasalle igual que le ocurrió a Gaara. Lucha para salvaguardar a los demás, usa ese poder para proteger no para destruir. –Hubo un minuto de silencio en que ninguno de los dos dijo nada- Al menos eso es lo yo intento hacer… ¡Ese es mi camino del Ninja!
Hinata miró absorta al joven rubio. Su mano apretó su pecho mientras un rubor le teñía las mejillas. Que tonta había sido ¿Cómo podía haber sentido temor hacia él? Daba igual su aspecto salvaje y sus ojos rojos, Naruto seguiría siendo el mismo. Da igual lo que le deparaba en el futuro, las palabras del rubio le demostraron una vez más el porqué tanto quería y amaba a Naruto. No era su aspecto, ni sus ojos azules ni su pelo rubio resplandeciente al Sol, sino era su corazón puro vacío de toda maldad.
Aún así una duda y desazón surgió en su corazón mientras en su mente se formulaba una y otra vez la misma pregunta.
¿Qué era realmente Naruto?
Juugo miró consternado al rubio incapaz de decir palabra alguna. Sus ojos ya no irradiaban odio ni locura alguna sino profirieron un destello de esperanza. El cuerpo de Naruto se relajó al ver la expresión de paz de su rival. Quizás ya no era necesario luchar… Sus ojos volvieron a su color natural.
De pronto el rubio sintió un chakra familiar. Ante sus ojos apareció la figura erguida y orgullosa de un ninja. Su pelo negro caía en su rostro como una cascada, sus ojos negros rasgados miraron imperturbables al joven rubio.
-Nos volvemos a encontrar…
Naruto sintió como su corazón se había paralizado de la impresión.
-Sasuke…
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Aquí está el décimo capítulo, reconozco que es un poco corto pero el siguiente es más largo así que no os preocupéis . Este es un capítulo de transición, lo importante y muy interesante ocurrirá en el siguiente episodio.
Ante todo daros las gracias por los reviews, ya sabéis que me animan mucho y como dice ese dicho " Historia con reviews es una historia feliz" xDDDDD bueno, almenos me haceis feliz a mi, eso seguro :3
Jeje gracias y hasta la próxima!!!!
