Disclaimer:Naruto no es de mi propiedad!!
Pairings: Naruhina, Sasusaku, SuiKarin ^^
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CAPÍTULO 21
Ella estaba de pie, delante de un espejo de cuerpo entero, mirando su alta figura con extrañeza. Su piel pálida estaba tapada con un albornoz de satén negro, que se adhería a ella como si una segunda piel se tratara.
-Hinata.
Reconoció esa cálida voz en seguida. Notó como unos fuertes brazos la abrazaban por detrás. Los cabellos rubios de él rozaron su rostro. Ella sintió un escalofrío muy placentero. Miró de nuevo al reflejo del espejo y vio la imagen de ella y la de él, se ruborizó al ver que él estaba detrás de ella completamente desnudo.
-N-naruto-kun- Murmuró ella con voz muy baja poniéndose una mano en el pecho, que bombeaba sonoramente.
Él no respondió sino que acarició con su nariz su cuello blanco como el marfil. Ella profirió un gemido muy débil ante ese contacto. Sus dedos se entrelazaron a los dedos de ella, mientras que con su boca besaba con suavidad el hombro de ella e iba subiendo lentamente hasta llegar a su mejilla. Ella quiso girar el rostro para buscar urgentemente sus labios pero él no la dejó. Notó su aliento cálido en su oreja.
-Te deseo…- Dijo con un ronroneo. Ella notó como su piel se erizaba mientras que sentía un delicioso hormigueo en su estómago.
Él pasó la lengua por su oreja, con ansia, mientras la iba desnudando con cuidado. Ella notó como el roce suave de la prenda de satén desaparecía dejando percibir las sensaciones que provocaban al sentir la piel desnuda de él hacia la de ella, embargándola de un calor sofocante que curiosamente no la incomodaba para nada.
Sus ojos blancos miraron de nuevo al espejo. Su corazón latió aún con más fuerza al ver su reflejo, al ver a través de él como Naruto la iba besando por su clavícula mientras iba acariciando su cuerpo con avidez. Sintió una extraña vergüenza mezclado con un sentimiento algo morboso que hizo que sus ojos brillaran con más deseo.
-Naruto…-Dijo ella con un suspiro. Al notar como él mimaba sus pechos, pellizcando suavemente un pezón.
Naruto bajó su mano lentamente hasta llegar a su entrepierna. Ella abrió sus piernas instintivamente permitiéndole su acceso. Notó como sus dedos rozaban en una parte que hizo que su cuerpo se convulsionase, al sentir una ráfaga electrizante de puro placer.
Ella gimió.
Pipip pipip pipip pipip pipip.
Con una mano perezosa apagó el despertador. Se incorporó a duras penas en la cama. Su pelo estaba revuelto y sus ojos estaban entreabiertos, molestos por la luz del Sol que entraba por la ventana. Oyó a lo lejos el trinar de los pájaros que anunciaban un nuevo día.
Ella resopló contrariada. Normalmente no solía tener el deseo de quedarse a dormir un rato más, consciente de las obligaciones que la esperaban ya de buena mañana. Pero ese día en concreto deseaba echarse un rato más, con la esperanza de que ese sueño continuara.
Hinata se ruborizó al recordarlo. Notaba que su cuerpo ardía con un calor sofocante, igual como lo hizo en su sueño, pero esta vez sentía además una incómoda sensación en su entrepierna. Una sensación que a veces notaba imperceptiblemente cuando estaba a solas con Naruto. Normalmente nunca le daba importancia… hasta el día de hoy.
Hinata desayunó con fuerzas redomadas, comiendo con una rapidez inusitada que hizo que su hermana, Hanabi, la mirara con extrañeza. Incluso notó los ojos de Neji que la taladraban con la mirada, pero ella hizo caso omiso. Por suerte, ese mañana su padre no desayunaba con ellos, así no podía echar la bronca por su falta de modales.
Se formó un nudo en la garganta al recordar la sesión de entrenamiento de ayer con su padre. Como era de esperar, ella perdió contra él con una facilidad abrumadora.
-¿¡Es qué no has aprendido nada!?- rugió su padre con rabia- ¿¡No te das cuenta de tú papel en el futuro en la familia Hyuuga!?
Por supuesto que se daba cuenta, pensó Hinata con pesar, esa responsabilidad tan grande y no querida para ella hacía que su cuerpo se estremeciera con solo pensarlo. Tanta responsabilidad en sus hombros desde que era una niña la abrumaba.
-¡Fuiste la única que fue herida en la misión!-Siguió su padre mirándola acusadoramente- ¡Tu debilidad es una vergüenza para el clan! ¡Tu hermana nunca me ha dado un disgusto así!
Durante todo el sermón, Hinata pensó para cuando saldría alguna comparación con su hermana. Cada vez que su padre se enfadaba con ella siempre decía lo inútil que era y lo diferente que era a Hanabi, su hija preferida.
-¡Si tanto prefieres a Hanabi por qué no declaras de una vez que ella sea la heredera!- Chilló Hinata en un arranque de furia, harta del tema. Luego calló al ver lo lejos que había llegado, nunca había contestado así a su padre.
Hiashi le dio un bofetón tan fuerte que hizo que ella cayera al suelo. Hinata se incorporó débilmente, su mano tocaba su mejilla colorada por el golpe.
¡Nunca!- Escupió él. Su cuerpo temblaba de la ira-¡Nunca oses responderme así!¡Nunca!
Después de eso, él se marchó del dojo dando un fuerte portazo que hasta se estremecieron los cimientos de la casa. Ella permaneció sentada en el tatami a solas, aún con su mano en la mejilla, mirando al suelo incrédula.
Después de eso, ya no volvió a ver a su padre, y se alegraba de que fuera así, ya que no tenía fuerzas para encararse con él.
Cuando acabó su desayuno se levantó sin ceremonia alguna y se dirigió con rapidez hacia la salida de la mansión.
-¿¡Adónde vas!?- la detuvo Hanabi- ¡Padre no le gustará que te vayas antes del entrenamiento matutino!
-Ya me da igual- Soltó Hinata, dejando bocavierta a su hermana. Neji la taladró otra vez con la mirada. Seguro que él había oído la discusión con su padre y no la sorprendía. ¿Quién no hubiera escuchado semejante reyerta? Les dio la espalda a su hermana y a su primo y se fue hacia el exterior.
Ya no aguantaba más. No podía, al menos hoy, estar delante de su padre como si no hubiera pasado nada. Deseaba tranquilizarse y sobretodo, deseaba estar con Naruto. El recuerdo de su sonrisa era lo único que la apaciguaba en ese momento.
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Como había esperado, encontró su figura erguida mirando con aire ausente el enorme monolito de piedra. Desde que conoció a su maestro, siempre le había visto cada mañana de pie ante la tumba. Su pelo gris le tapaba los ojos y su máscara le imposibilitaba ver su rostro. En esos momentos Kakashi-sensei parecía un elemento más del paisaje, inamovible e imperecedero.
Sakura se acercó insegura. Temiendo romper la mística aura de melancolía y nostalgia que siempre cubría a su maestro cuando éste observaba los nombres del sepulcro.
-¿Qué quieres Sakura?- Soltó de pronto Kakashi sin ni siquiera girarse. Ella sonrió, su maestro siempre la reconocía aunque no la viera ni abriera la boca. Él ya notaba su presencia enseguida.
-Maestro Kakashi…-Empezó a decir ella con un tono débil de voz. No sabía como empezar la conversación. Recordó la foto de él de joven con su grupo y se dio cuenta de lo doloroso que podía ser para él recordarlos. Que ella supiera, nunca había mencionado ni hablado de sus antiguos compañeros de infancia, y tampoco nunca los había visto. No eran como los padres de Ino, Chouji o Shikamaru, que siempre habían permanecido unidos. No, seguro que Kakashi aún hubiera estado con ellos… si vivieran.
-¿Qué ocurre?- preguntó su maestro preocupado al ver el rostro compungido de Sakura.
Ella meneó su cabeza, intentando sacar esa triste conclusión. Lo que importaba ahora eran los sentimientos de Naruto y su felicidad, y por eso, aunque sonara muy cruel, debía de hablar del pasado de su maestro aunque a éste le doliera.
-¿Kakashi-sensei, su maestro fue el padre de Naruto? –Soltó ella de sopetón, convencida que lo mejor era ir al grano y no irse por las ramas.
Kakashi la miró por un momento sorprendido, pero luego frunció el ceño algo contrariado.
-¿Por qué me preguntas eso?
-Vi la foto de tu antiguo grupo en el despacho de Tsunade-sama. En él aparecía el padre de Naruto…-Respondió ella.
-¿Hurgaste en los archivos de la Hokage sin su consentimiento?
Un rubor tiñó sus mejillas mientras unos horribles remordimientos le azotaron en el pecho.
-No lo hice queriendo, lo encontré por casualidad- se excusó ella.
Kakashi suspiró.
-¿Y por qué quieres saberlo?- preguntó él, otra vez dirigiendo su mirada al monolito de piedra.
-Es por Naruto.
-¿Te lo ha pedido él?
-No, no le explicado nada de la foto- respondió Sakura
-¿Entonces por qué quieres abrir viejas heridas, Sakura? Es mejor dejar las cosas como están. –Sentenció su maestro.
-¡Pero Naruto merece saber quienes son sus padres!-Exclamó ella- Él siempre ha vivido solo. Antes no me daba cuenta de ello, ni siquiera me importaba- Reconoció- Pero ahora me duele al recordar su cara triste en el parque, cuando un padre o una madre iba a recoger a sus hijos.- Sus ojos turquesa miraron a Kakashi con resolución- Él es mi mejor amigo, merece saberlo...
Los dos estuvieron un buen rato en silencio. El viento cálido mecía los cabellos de Sakura. Kakashi suspiró con cansancio.
-¿Y no crees que decirle la verdad causaría una nueva herida en su corazón?
Sakura le miró sin entender.
-¿Qué quieres decir?
-Al igual que tú, yo también pensaba que debía de decir la verdad a Naruto- Dijo él- Pero Sandaime me pidió que no lo hiciera… y tenía razón. Si Naruto se hubiera enterado a la edad de los doce años quién era su padre lo más seguro es que hubiese ocurrido dos cosas, y las dos igual de contraproducentes. Podría haberle subido los humos, algo nefasto para un ninja en periodo de aprendizaje. Saber de quién era hijo no le hubiese ayudado en su entrenamiento- Sakura frunció el ceño, sin comprender lo que decía su maestro- Por otra parte –Siguió él- y lo que seguramente hubiese ocurrido fuera que… Si le hubiese dicho quien era su padre, justo después de saber de que tenía el Kyuubi en su interior, lo más seguro es que le hubiera odiado.
-¿Por qué le habría…? – Preguntó Sakura en un murmullo, sin acabar la frase, totalmente desorientada.
Kakashi la miró a los ojos, con un semblante triste.
-Quería mucho a mi maestro, Sakura…No me hubiese perdonado nunca si por mi culpa Naruto le odiase. Él era una gran persona, la mejor de todas… No se merece algo así.
Ella agachó la mirada, sus ojos turquesa brillaban, al borde de las lágrimas. El tono amargo de Kakashi de esas últimas palabras le llegó al corazón. Pero aún así…
-Sensei… -empezó a decir ella, aún dubitativa- No solamente vi la foto del padre de Naruto. También descubrí que…-Tragó saliva- Kushina Uzumaki…. -Vio como el cuerpo de Kakashi se estremecía, ella continuó.- Se que ella aún está viva y Naruto debería de saber …
-Olvídalo, ya. -la cortó, tajante, Kakashi. En sus ojos había temor y tristeza a la vez- Hay cosas que es mejor no saber nunca.
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Estaba agazapada entre un mar de polvo y de pergaminos viejos. Buscando algo que sirviera de ayuda para el juicio que habría dentro de unos días. Aparte del Consejo y de Danzou, ella era la única que podía entrar en la Biblioteca secreta de la villa. Ya que como Hokage que era Tsunade tenía derecho de entrar allí.
En dicha biblioteca, se podía encontrar toda clase de documentos secretos, información que no era conveniente que se publicara ya que podría abrir otra vez antiguas rencillas entre clanes, que en teoría ahora ya estaban arregladas, además que se ensuciaría la reputación de Konoha.
Tsunade nunca tuvo interés de hurgar la biblioteca, ya que sabía de sobra que había secretos que era mejor no conocer. Y no deseaba descubrir los trapos sucios de Konoha, que conociendo a Danzou, seguro que había. Pero no tenía otro remedio. Quería encontrar todo lo relevante a los Uchihas, cualquier cosa que podría demostrar la inocencia de Sasuke y sobretodo, la importancia de su clan. De lo que ella recordaba de su abuelo, el primer Hokage, fue que le contó, cuando era muy pequeña, que los Uchihas fueron un pilar fundamental a la hora de crear la villa, y sin la participación de ellos, eso no hubiera pasado. Tsunade recordaba con toda claridad los ojos tristes al decir aquello, sabedora de que seguramente recordaba en ese momento a Madara, el Uchiha en que él mismo tuvo que eliminar por el bien de la villa.
Si pudiera demostrar la importancia de los Uchihas en el origen de Konoha a los Jueces, seguramente tendría más posibilidades de ganar y Danzou debería morder el polvo.
Al final encontró un sobre, con las letras rojas de Top Secret debajo del apellido Uchiha. Tsunade suspiró, aunque hubiera encontrado algo no sabía si sería algo bueno o malo para Sasuke. Y más teniendo en cuenta que en el sobre estaba adherida la firma de Danzou. Ella frunció el ceño.
Fue a coger el sobre, pero encontró otro documento a su lado que le llamó más la atención. En él reconoció la letra de su maestro Sarutobi y su sello, pero lo que más la extrañó fue el nombre del cuarto Hokage en él. En su mente apareció la imagen de Naruto. Y sin pensárselo dos veces, cogió el sobre y lo abrió.
De las hojas de papel se desprendió una foto que cayó al suelo cubierto de polvo.
Tsunade abrió los ojos de sorpresa al ver en el retrato un sarcófago vacío con el kanji de Cuarto adherido con tinta roja en la madera.
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Perdón, perdón , perdón.
Esta vez me ha costado continuar, ya que últimamente ando MUY POCO inspirada. Me cuesta escribir, ains …
Este capítulo ha sido corto, pero he intentado hacer lo mejor que he podido, y espero que os haya gustado el Lime, es un anticipo para el Lemon ;)
