IV
No podía evitar la sonrisa que se apoderaba de su rostro mientras contemplaba el regalo de la sirena. Ahora que sabía qué era ella, saber poco de quién era había perdido importancia. Aunque nunca hubiera reconocido sentirse en desventaja, parte de lo que le molestaba de Thetis era que ella parecía saber mucho sobre él, mientras que él ignoraba a quien se enfrentaba. Al salir librado de la trampa que ella le había tendido, también había obtenido el objeto que ella pensaba utilizar en su contra. Además, ahora sabía que esperar de ella, y nunca más lo tomaría desprevenido.
Era él quien ganaba la partida, y esta vez las cartas estaban a su favor.
Sí, tenía razones para reír, y entre ellas estaba que por primera vez en mucho tiempo no sentía que el tedio consumía sus días. Estaba comenzando a tomarle gusto al peligroso juego de la sirena, y decidió que ahora que sabía las reglas ya no tenía por qué abstenerse de tomar parte.
Admás, si él ganaba, la balanza podría inclinarse a su favor. Tenerla de su parte podría traerle grandes beneficios en el futuro. El problema era que para ello debía asegurarse de que la lealtad de la beldad embustera estuviera con él.
Sin embargo, una idea no dejaba de zumbar en su mente… molesta como los mosquitos, que gracias a los Dioses no existían en este mundo submarino.
Y si no fueran mentiras…
Por vez primera contempló la posibilidad de que le hubiera dicho la verdad. Ella le había asegurado que estaba a su servicio, pero nunca intentó hacerle pensar que le sería incondicional. Desde un principio le dejó claro que Poseidón era el amo a quien ella servía.
Si acaso era posible…si al menos había algo de verdad…
Aun así, él sabía mejor que creer en las palabras de una sirena.
Creer o no creer…
Ahora esta incógnita formaba parte de su juego, y de aquí en adelante todo lo que ella le dijera sería tomado de igual forma por verdad o por mentira.
