Disclaimer: Este capitulo ni los personajes me pertenesen, los personajes le pertenecen a Laura Gallego Garicia y el capitulo le pertenece a Pandora Lover



La cena transcurría tranquila, familiar. Como Do-Yin siempre había imaginado que sería, con los padres discutiendo sobre temas que no tenían importancia, los hermanos peleándose por las patatas fritas y un gato revoloteando bajo la mesa. Sí, todo era natural, sin necesidad de forzar, y aunque ella se sentía como una intrusa, pronto comenzó a participar en las conversaciones.

La única tensión que anidaba en el pecho de la idhunita, eran los sentimientos de Erik, el cual se mostraba silencioso y algo avergonzado, al igual que ella misma. Recordar lo que había sucedido hacía unos minutos la incitaba a suspirar, por lo que, por el bien de todos, trató de dejar de pensar en ello.

¿De dónde viene tu nombre, Do-Yin? – inquirió Jack antes de llevarse un trozo de filete a la boca.

Por lo que puedo recordar, mi abuela materna se llamaba así.

Un incómodo silencio reinó la estancia, y aunque Erik y Eva a penas lo había percibido, Do-Yin sabía que algo estaba sucediendo, porque el ambiente se tornó más tenso de pronto, inundándola de pies a cabeza. Y, no era para menos, la simple mención de la madre de Zaisei hacía saltar las alarmas en Kirtash, palideciendo su rostro más de lo normal. Simplemente recuerdos de una época pasada, que todos querían olvidar.

No podrás ir al instituto con ese nombre – rompió el silencio Eva -. No creo que en ningún país de la Tierra sea frecuente tu nombre.

La pequeña distracción produjo que el aire se calmara, lo que Do-Yin agradeció profundamente, pues su pecho estaba contraído.

Tiene razón – coincidió Victoria -. Si nos acostumbramos a llamarte Do, la gente podría pensar que viene del nombre… Doremi, Dolores, Donatella…

Me gusta Dorotea – murmuró Erik inconscientemente.

La medio celeste lo miró, y cuando sus miradas se encontraron Do-Yin sintió desfallecer por el cúmulo de sentimientos que habitaba en aquella mirada, por la intensidad que conllevaba, por la conexión que habían creado en a penas dos segundos.

Dorotea está bien – apoyó Kirtash -. Te buscaremos apellidos terrestres y te matricularemos en el instituto.

Do-Yin tragó saliva.

¿Qué es un instituto?

Es el recinto al que van los humanos de trece a dieciocho años para aprender – repuso Jack con una sonrisa.

¿Y qué se aprende?

De todo. Historia, matemáticas… Te preparan para un futuro, para trabajar de lo que quieras cuando tengas la edad adecuada – ayudó Victoria.

¿Como si quieres ser oyente y vas al Templo a estudiar?

Algo parecido – murmuró Kirtash suavemente, levantándose y recogiendo los platos.

Otro silencio tuvo lugar, pero aquella vez, Do-Yin percibió la impaciencia y la angustia de Victoria y Jack… Y supo que ya iba siendo hora de contar qué había sucedido en Idhún.

Los Nuevos Dragones se descontrolaron.

Todos los integrantes de la mesa la observaron, incluyendo a Kirtash, que se había acomodado contra la pared del fondo, en la oscuridad, clavo sus fríos ojos en ella.

Desde que tengo memoria, mis padres y yo hemos estado mudándonos cada poco tiempo – continuó rememorando tiempos pasados -. Cuando fui algo más mayor, me explicaron que era peligroso permanecer mucho tiempo en el mismo lugar, porque nos perseguían.

Le costaba recordar aquellos crueles recuerdos, le hubiera gustado poder arrancárselos del pecho, porque si no era suficiente con su propio dolor, podía sentir el de Victoria y Jack también, en grandes medidas, incluso el de Kirtash, para su sorpresa. La curiosidad, ansiedad, necesidad y tristeza que sentía en su interior (tanto por factores propios como externos) la ayudaron a continuar.

Hace poco comprendí del todo lo que sucedía, descubrí la existencia de los Nuevos Dragones, idhunitas desesperados por encontrar sheks que atacar. Pero como el último de ellos había sido fulminado hacía tiempo, los Nuevos Dragones cambiaron el rumbo de sus actividades, destinándolas a todas aquellas personas que habían ayudado o incluso apoyado la huída de los sheks.

Victoria lanzó una exclamación ahogada y rompió a llorar, incapaz de contenerse. Fue tal el dolor, tal la angustia, tal la fuerza y fatalidad de los recuerdos que la propia Do-Yin comenzó a llorar, lágrimas azules salían de sus ojos. El contacto de su mano con otra cálida la sobresaltó, y comprobó que Erik la acariciaba por debajo de la mesa, infundiéndole valor, alivio y calma. Y otra vez aquella intensidad de su mirada.

Mis padres fueron los primeros sospechosos – continuó impulsada por la fuerza que Erik le proporcionaba -. Muchos idhunitas conocían la verdadera historia de cómo habían huido los sheks, y ellos estaban en la lista de colaboradores… - cogió aire -. No tardaron en dar con ellos.

Las lágrimas salían a borbotones por sus ojos al recordar la situación, un escalofrío recorrió su cuerpo de puro horror.

¿Cómo fue? – preguntó Kirtash desde el otro lado de la cocina, con el rostro entre las sombras.

Victoria lo miró con reproche.

Cristian, ya es demasiado duro recordar todo esto… No lo hagas más difícil.

Sólo quiero saber por qué te dejaron con vida a ti – murmuró.

Do-Yin lo observó con el rostro destrozado, demacrado por el sufrimiento, y tras respirar varias veces, continuó con la voz temblorosa:

Mi padre me escondió. No sé cómo lo supo, no entiendo cómo advirtió que los Nuevos Dragones se acercaban… Simplemente, me encerró en la alacena y la cubrió con un hechizo invisibilizador e insonorizado – los recuerdos se agolpaban en ella, el sufrimiento era tan intenso que no podía dejar de hablar, ya no veía la mesa de la cocina de la casa de la Tierra, se veía a sí misma en la alacena presenciando la muerte de sus padres -. Grité cuando entraron, grité hasta quedarme sin voz, viendo cómo mi padre trataba de proteger a mi madre con hechizos, viendo que todo lo que intentaba era inútil. Había muchos, muchos Nuevos Dragones, al menos diez… No pudieron con ellos, yo lloraba, gritaba, pegaba patadas a la puerta. Quería abrir, luchar con ellos, morir con ellos… Pero mis gritos y lloros sólo quedaron patentes en aquella alacena… - su cabeza daba vueltas, se sentía mareada, demasiados sentimientos agrupados en poco tiempo, demasiado dolor y tristeza para poder soportarlo -. Registraron la casa, pero no me encontraron gracias a los hechizos de mi padre… Mi familia paterna llegó al cabo de unas horas, y me encontraron…

Su vista se nubló hasta tal punto de convertirse en un peso muerto. Erik la sujetó entre sus brazos, con lágrimas en los ojos a causa del aterrador suceso.

Llevémosla a su dormitorio – apremió Jack secándose las lágrimas -. Debe de estar agotada…

Y así, entre Eva, Erik y Jack trasladaron el inconsciente cuerpo de Do-Yin hasta el dormitorio. Victoria se acercó a Kirtash, el cual se enjugó las lágrimas rápidamente.

¿Cómo se te ocurre obligarla a contar semejante atrocidad, Cristian? – culpó Victoria con sollozos – No está preparada para soportar tanto dolor, es joven, ha sufrido mucho…

Sospecho que siente más dolor que ninguno de nosotros juntos – murmuró fríamente Kirtash, sospechando el don de Do-Yin para percibir los sentimientos.

¿Crees que hay algo más?

Creo que hay mucho más – pero aún no quiso revelarle a Victoria sus sospechas, en lugar de ello, apuntó -: Creo que estás olvidándote de algo, criatura.

¿De qué?

Dejaste tu cuerno en manos de Shail, ¿no es verdad?

Victoria palideció. Hacía tantos años que habían dejado aquel mundo atrás que había olvidado completamente la existencia de su cuerno en Idhún.

¿Crees que ella…?

Sí, creo que ella sabe dónde está – respondió franco -. De hecho, estoy convencido de que iba a contártelo justo antes de desmayarse…

Entonces debería…

Deberías dejarla descansar – interrumpió Kirtash -. Necesita horas de sueño y soledad… Son demasiadas aventuras y sensaciones para tan corto periodo de tiempo.

Victoria asintió, besó fugazmente los labios del híbrido y se concentró en recoger la mesa, alejando los crueles pensamientos de su mente.

__

¡No! – gritaba Do-Yin en sueños - ¡Mamá! ¡Papá! ¡Dejadme salir!

Era incapaz permanecer inmóvil, su cuerpo se convulsionaba violentamente, lanzando patadas al aire. Despertó de pronto, sobresaltándose, incorporándose de golpe, chocando contra una figura sentada en el regazo de la cama.

- ¡Ay! – gritó la presencia contra la cual había impactado.

Cuando su vista se acostumbró a la oscuridad, distinguió la bella presencia de Erik a su lado, acariciándose la frente por el duro golpe que había recibido.

Lo siento – se disculpó él -. No imaginaba que te despertarías tan bruscamente.

Perdóname, Erik – repuso nerviosa, acercándose a su rostro para examinar la herida -. Como mucho te quedará un buen chichón…

A diferencia de ti.

Fue entonces cuando Do-Yin advirtió que estaba sangrando de la frente.

Llevo un día redondo – murmuró apesadumbrada mientras se examinaba la herida.

Erik sonrió.

Mi madre siempre guarda medicinas por aquí, espera.

Se movió con gracia por el dormitorio, dirigiéndose exactamente al punto donde estaba lo que él buscaba. Sacó una crema y un par de gasas y volvió a sentarse en el colchón, cerca de Do-Yin.

¿Te importa si…?

Adelante.

Con exquisito cuidado, fue limpiando la sangre de la idhunita con las gasas, asegurándose de que no quedaba ni un resquicio de sangre por limpiar. Do-Yin cerró los ojos y se relajó, dejándose llevar por las emociones que Erik le trasmitía.

¿Qué hacías aquí? – preguntó tras dar un pequeño respingo, cuando el humano rozó el punto más dolorido.

Quería ver cómo estabas… y disculparme.

¿Disculparte? ¡Ay! Erik, ten más cuidado.

Perdón – sonrió él -. Quería disculparme por lo que ha sucedido antes… Ya sabes, lo de mi dormitorio…

No pasa nada – repuso Do-Yin abriendo los ojos. Agradeció la oscuridad, de lo contrario hubiera sido más que vergonzoso que él hubiera visto su rubor -. No has hecho nada en contra de mi voluntad.

Erik sonrió con mayor intensidad, con la sangre agolpándose en sus mejillas, el solo recuerdo de lo que había ocurrido lo ponía frenético, con ganas de volver a repetirlo. Y Do-Yin lo percibió.

¿Qué me ha ocurrido en la cocina? – preguntó apartándose de la cabeza las ganas locas que ella misma tenía de volver a besar a Erik.

Te has desmayado. Mi padre dice que es por todo lo que has vivido en poco tiempo, y tiene razón.

Do-Yin permaneció en silencio, no estaba segura con a quien se refería cuando decía mi padre. Ya que dos hombres habitaban la casa, sin contar con Erik.

Cristian – respondió a sus mudas preguntas -. Para mí tanto él como Jack son mis padres, aunque biológicamente sólo lo sea de Jack… Supongo que es la costumbre.

Eso está bien. Es increíble el afecto que les tienes a ambos, sin distinciones.

La idhunita se maldijo por lo bajo, se estaba descubriendo a sí misma. Estaba contándole los sentimientos que percibía él respecto a sus padres… A este paso y si continuaba así, la iban a descubrir. No obstante, Erik pasó el comentario por alto.

Claro, ambos son importantes para mí. Me he criado con los dos.

Pasó la crema en silencio, dejando que el contacto de su mano con la frente de Do-Yin fuera el único sonido que llenara la habitación.

Bueno, será mejor que me vaya. ¿Estás mejor?

Sí, mucho mejor – sonrió la medio celeste.

Me alegro… Entonces, mañana nos vemos.

Sí… eso parece.

El silencio reinó el espacio. Ninguno de los dos quería moverse, ninguno sabía qué decir ante aquella situación.

Bueno… - se incorporó el humano.

Erik – lo llamó Do-Yin sujetándolo del brazo.

¿Sí?

¿Estarás conmigo en el instuto?

Instituto – corrigió con una enorme sonrisa -. Y sí, he repetido un par de veces por lo que estaré en tu clase… No soy nada bueno para estudiar.

Me alegro.

Do-Yin se sintió en la gloria por aquella intensidad en sus miradas, porque no hiciera falta hablar para comunicarse, porque Erik le trasmitía todo por sus sensaciones y sentimientos. Y Do-Yin supo que a él también le agradaba la idea de tenerla cerca.

Hasta mañana – se despidió ella justo antes de besarle la mejilla.

Erik jamás recordó haberse sonrojado tanto.

Hasta mañana.

Y, tras una leve vacilación, abandonó el dormitorio sintiéndose el hombre más dichoso del mundo, aunque no estaba muy seguro de por qué.