perdonadme porque son las 23.57 y me ha dado por retomar esta historia que nunca pensé continuar, estoy dormida, confusa e intento expresar la historia que tengo en la cabeza como puedo así que sed comprensivos, como siempre espero que os guste :)
ANGUSTIA
Sirius Black andaba de un lado a otro enfrente del fuego en el salón de los Potter, llegaba hasta la esquina que hacía la alfombra persa y volvía hasta la mesilla. No podía estarse quieto y menos aún sentado. Manoseaba las figurillas de porcelana que adornaban la chimenea y miraba sin ver las fotografías que le saludaban. Movimientos mecánicos, casi espasmódicos
Solo se oía el crepitar del fuego, que le daba demasiado calor a Sirius, le asfixiaba para ser exactos. James y Peter se habían retirado a la esquina más alejada, junto a la ventana escarchada y murmuraban quedamente, mientras leían El Profeta. Lily en cambio no parecía tener calor, estaba hundida en el sofá, con una manta de lana cubriéndole las rodillas, leyendo un libro. Bueno, haciendo como que leía, si en algo se había fijado Sirius en la última media hora era la manera en que los ojos verdes de la pelirroja no se habían movido. Miraba ceñuda al libro, como si el tuviera la culpa de un crimen terrible y Sirius se sentía menos solo.
Llevaban sin reunirse casi un mes, a ver había visto a James casi cada día, coincidían en muchos cometidos de la orden. A Lily como mínimo la veía todos los viernes, comían o cenaban, una tradición que cumplían desde que se casaron Lily y cornamenta. Desde hacía tres años todos los viernes había reunión en casa de los Potter. Pero a Colagusano no se le veía ni en pintura, una vez al mes como mucho, pero esta era una ocasión especial. Como mínimo.
Era febrero, frío, seco, helador y cortante febrero,y Remus Lupin llevaba DOS meses fuera de casa. No hubiera estado tan mal si pudieran comunicarse con él, pero todo contacto estaba prohibido, menos aquella mañana; después de más de sesenta días de desesperante espera, de mañanas vacías y ganas de vomitar cada vez que se publicaba una nueva lista de víctimas de la guerra; un lobo plateado se había aparecido en la cocina del piso que ambos compartían mientras Sirius se tomaba un café, y le había susurrado lo que necesitaba oír por encima de todo.
Y ahora estaban todos ahí, tal y como Lunático les había pedido, y era media hora tarde, había dicho a las 5, y Sirius estaba muy nervioso.
Hacía ya medio año que se había dado cuenta de que estaba enamorado de Remus, como un niño que se despierta de un sueño, había necesitado pensar que iba a perderle para abrir los ojos. A eso le había seguido el periodo más feliz pero más complicado de su vida. Juntos le robaban momentos a la guerra, aquellos en los que se les permitía estar juntos, pero eran muy pocos, habían decidido que no se lo podían decir a nadie, había cambiado de tal manera la situación que no sabían en quien podían confiar, las intrigas y traiciones formaban parte de la orden del día y solo James y su esposa estaban al tanto del secreto.
Las misiones de Sirius eran más arriesgadas y peligrosas, pero él al menos estaba en contacto con sus compañeros, las desapariciones de Remus eran cada vez más largas y angustiosas, nadie de la orden preguntaba por su paradero, todos lo reconocían de manera omnisciente. Y la admiración que Sirius había sentido hacia Dumbledore antaño, se empañaba por la ira que sentía cuando mandaba a Lupin lejos de su lado, a cumplir con un cometido oscuro y secreto para todos.
Lo que si había disminuido eran los periodos de descanso, de tranquilidad sana y laxitud, cuando Remus regresaba de lo que fuera que hiciera con sus congéneres, volvía un poco más salvaje, un poco más desconocido, frío y vacío. Sirius lo notaba, lo leía en sus ojos y en sus palabras, que apenas pronunciaba. Pero se abrazaban y respiraban por fin. Cuando se volvían a besar todo era igual de fresco que antes. Unos labios ansiosos y suaves. Unas manos dulces y cálidas, que le recomponían el corazón roto cada vez que se marchaba. Se liberaba el nudo en la garganta y se era feliz hasta el próximo adiós.
Un fuerte ruido en la puerta le saca de sus profundos pensamientos, le da un vuelco el cuerpo y manda a Lily sentarse con un gesto. Sale del salón como un sonámbulo y abre como puede la puerta de madera. Y Lunático está ahí, quizás más cansado y flaco, con el pelo desgreñado y largo, sonriendo de verdad al verle. Se vuelve a enamorar otra vez.
- Hola Canuto.
Se abalanza sin pensarlo y le envuelve en un abrazo de oso respirando en su cuello, los pulmones no le duelen por primera vez en meses.
me despido y aviso de que me apetece continuarla, ideas, comentarios? lo que sea que serán bienvenidos. un saludo
