Ni la historia ni los personajes me pertenecen, son de Jaclyn Reding y S. Meyer respectivamente
Capítulo 3
"Cullen"
Bella, de repente, sintió que las piernas le fallaban y que la cabeza le daba vueltas, como si se fuera a desmayar. Se agarró a la silla que tenía detrás. Fue lo primero que se le ocurrió para evitar desplomarse.
«Dios mío, no. De todos los nombres, ¿por qué su tío tuvo que haber elegido ese?», pensó mientras luchaba por mantener la entereza.
Sólo el recuerdo de ese hombre en esa sala, sentado en esa misma silla, interrogándola sobre la autenticidad de su anatomía la hizo estremecerse. Le había costado mucho pasar el día sin ponerse enferma. ¿Yahora el tío Phil le estaba diciendo que tenía que convertirse en la esposa de ese hombre? ¿Vivir bajo el mismo techo? ¿Compartir su casa? ¿Incluso -y ante la idea cerró los ojos- su cama?
Bella agitó la cabeza y pensó que, sin importarle las consecuencias, nunca jamás accedería. Y así se lo dijo al tío Phil instantes después, con una voz bastante tranquila para el caos que tenía en la cabeza.
No me casaré con él, tío Phil.
Phil la miró muy serio, por encima del cuello de la camisa que le llegaba a las mejillas, y los dedos que instantes antes habían estado golpeando la mesa de palisandro, ahora permanecían quietos.
-¿Disculpa, Bella? Que yo recuerde, no te he pedido tu opinión.
Bella frunció el ceño, se quedó de pie. Contaba con la suerte de que la silla que tenía delante no permitía que su tío viera que le temblaban las piernas.
-No, tío, no me la has pedido, pero te lo repito: No me casaré con ese hombre. Es tan viejo que podría ser mi abuelo. No me importa lo que te haya ofrecido. No me casaré con él. Amenázame todo lo que quieras. Enciérrame en casa. Quítame todas mis cosas, si quieres. Pero sime obligas a casarme con él, te prometo que me negaré a recitar los votos. Me pondré a chillar como una histérica y tendrás que arrastrarme de los pelos por el pasillo para entregarme a él. Antes me iría a vivir a las calles de... de...
-Westminster -dijo Phil, que sabía que Bella tenía menos idea de las calles de Londres que un extranjero el primer día que llegaba a la ciudad.
-¡Westminster! Antes me iría a vivir a las calles de Westminster que casarme con ese hombre tan asqueroso.
-Teniendo en cuenta que las calles de Londres tienen nombres como Cut Throat Lane, Rogues Acres o Pickpocket Alley,* créeme, Bella, casarte con un Cullen es mucho mejor.
Sin embargo, Bella no sería fácil de disuadir.
-No me importa si es el hombre más rico de Inglaterra, o del mundo, me da igual. ¡No me casaré con él!
Phil, lord Dwyer, se quedó mirando a su sobrina, algo abrumado por su determinación. Le sorprendía esa actitud en ella, que siempre había aceptado lo que el destino le había deparado durante sus veintitrés años de vida. La miró hasta que los ojos se desenfocaron. Evidentemente, no iba a aceptar esa situación.
Entonces, el tío Phil, en lugar de discutir con ella, lo que seguramente esperaba su sobrina, hizo algo muy extraño. Se echó a reír; primero fue una sonrisa que, luego, dio paso a una carcajada. Se le saltaron las lágrimas incluso cuando vio a Bella con las manos apoyadas en la cadera, y la barbilla levantada. A medida que la incredulidad iba siendo más evidente en la cara de su sobrina, Phil se reía más y más.
¿Qué le pasaba? Bella esperaba una pelea, incluso amenazas... pero ¿burlarse de ella? No cuando el resto de su vida dependía de esa decisión. Independientemente de la situación económica en la que se encontrara, ¿es que no sentía nada por ella, su única sobrina, el único pariente de sangre que le quedaba?
Bella empezó a llorar desconsolada, lo que provocó que él se riera aún con más fuerza. Incapaz de soportarlo más, ella se giró para marcharse.
-¡Bella! Espera un momento. No lo entiendes.
Pero ya estaba en la escalera, preguntándose si el cochero conocería el camino más corto a Pickpocket Alley.
-Bella, no, estás equivocada. Tu futuro marido no es el duque de Cullen, es su nieto Edward, el marqués de Masen.
Bella se detuvo a mitad de la escalera. No le había sorprendido tanto el hecho que no tuviera que casarse con el duque de Cullen como el nombre que su tío había dicho.
Edward, oscuro marqués de Masen.
Masen.
« night. »
« Knight. »
De repente recordó un día, meses atrás, poco antes de que su abuela muriera. Estaban sentadas en la terraza del dormitorio de la marquesa en Ledysthorpe, un rincón muy tranquilo y silencioso desde donde se veía la orilla del río Tees, unos cuantos kilómetros más al interior que las agitadas costas del Mar del Norte. Era una tarde fresca de verano; lo recordaba porque su abuela la había obligado a ponerse un chal. Bella le estuvo leyendo Los cuentos de Canterburyde Chaucer en voz alta mientras la marquesa permanecía sentada en una silla, con los ojos cerrados, escuchándola. Grace lo recordaba como si hubiera sido el día anterior, y ahora las palabras resonaban en su cabeza...
Era un caballero, un hombre honorable
que, desde el primer momento que empezó
a cabalgar, amó la caballería
la verdad y el honor, la libertad y la cortesía.
Y, aunque era honorable, era prudente,
y con su porte dócil como el de una doncella
jamás profirió infamia alguna
hacia ningún ser vivo.
Era un perfecto y gentil caballero.
Recordó que había levantado la mirada del libro para comprobar que Esme se había quedado dormida, como solía hacer casi siempre. Entonces colocó la cinta roja entre las páginas para marcar el punto donde se había quedado y pensó que, mientras durmiera, ella podría dibujar un poco. Pero justo cuando Bella se movió para dejar el libro en la mesa y levantarse, la marquesa se despertó, con una brusquedad que incluso asustó al perro que dormía en su regazo.
-Sabes que tendrás que casarte.
Bella recordaba haberse preguntado si su abuela había estado soñando.
-Sí, Esme, ya lo sé. Algún día me casaré, igual que tú, pero ahora no quiero pensar en eso. No quiero pensar que tendré que dejar Ledysthorpe. Ésta es mi casa. Adoro vivir aquí.
-Yo vine de mi casa cuando me convertí en una mujer joven recién casada, querida. Una mujer, cuando se casa, debe hacer suya la casa de su marido. El matrimonio del que te hablo no está muy lejos. Cuando yo me vaya, no podrás seguir dándole largas.
-¿Adónde vas? -preguntó Bella, sentándose junto a su abuela-.¿Un viaje por Europa, quizás?
La marquesa sonrió yacarició la melilla de su nieta con la mano.
-Mi niña, no me queda demasiado.Lo siento aquí, en el corazón. Y cuando me vaya no podré seguir protegiéndote. Phil se hará cargo de tu futuro, al menos hasta que cumplas los veinticinco años. Esperaba poder llegar a verte cumplir esa edad yestar contigo cuando recibieras la herencia, pero me temo que no podrá ser. Sin embargo, tienes que saber que aunque yo me muera antes de que llegues a esa edad yya no esté más a tu lado, haré todo lo posible para que consigas un buen marido.
-Pero, Esme, ¿Cómo sabré quién es el marido ideal si no estás aquí para aconsejarme?
La marquesa se limitó a sonreír ya decir:
-Lo sabrás, mi niña, porque eres como yo. A mí me bastó un baile con mi amor verdadero para darme cuenta de que lo querría el resto de mi vida. A ti te pasará lo mismo cuando encuentres a tu verdadero very parfit gentle knight.
Esas últimas palabras resonaron en los oídos de Grace como la suave brisa del verano. Gentle Knight. Knight...
¿Eraposible? ¿Sería el marqués de Masen el amor verdadero del que hablaba Esme? ¿Se lo había enviado ella, de alguna manera, para que la protegiera o simplemente era una coincidencia?
¿Bella?
Cuando escuchó la voz de su tío, se giró. Volvió a pensar en su abuela, cuyo matrimonio también había sido arreglado y, aún así, la había llenado de felicidad. Y sus padres se conocieron días antes de la boda y, según Esme, no podían estar más enamorados. Desde siempre, Esme le había explicado las vidas de los grandes amantes de la historia (Tristán e Isolda, Eloísa y Abelardo), cuyos amores habíansobrevividoa todas las adversidades. Esme le había prometido a su nieta que ella tendría lo mismo, que un día le llegaría su caballero de la armadura reluciente.
Luego, Bella pensó en qué pasaría si rechazaba el matrimonio. ¿Dónde iría ella si a su tío lo encerraban en la prisión por deudor? No tenía conqué mantenerse; muy pocas mujeres de su clase social podían mantenerse solas. Jamás había estado en Westminster pero, por lo que se decía, no debía ser un lugar demasiado agradable. Tal como estaban las cosas, era bastante evidente que no tenía otra opción. Tarde o temprano, tendría que casarse. Era el papel para el que la habían criado y lo que le habían enseñado a esperar. Entonces, ¿por qué no casarse con el nieto del duque? Como mínimo, debía tener su misma edad.
-Antes de aceptar el matrimonio, tengo que verlo en persona.
Phil la miró como si fuera a negarse. Se puso serio y frunció el ceño. Sin embargo, al cabo de un momento asintió.
-Veré lo que puedo hacer. Aunque no te prometo nada.
Unos días más tarde, cuando el tío Phil salía de casa, posiblemente para ir al club Brook's, se detuvo un momento en la puerta del salón donde Bella estaba tocando el piano. A menudo había oído decir que la música ayuda a levantar el ánimo y había descubierto que era cierto, sobre todo cuando uno desahogaba su ira con las teclas.
Por el rabillo del ojo vio a su tío en el umbral de la puerta, pero ella siguió tocando, golpeando las teclas con fuerzas renovadas. Cuando terminó, Phil entró en la sala, aplaudiendo.
-Maravilloso, Bella. Cada vez que te oigo creo que lo haces mejor.
Era todo un halago, teniendo en cuenta que la última vez que la había oído tenía doce años. Bella lo miró por encima de la partitura. Estaba sonriendo con una mirada llena de falso afecto.
-Algún día serás una duquesa excelente, Bella. Tu nombre lo presagia.
Ella no le hizo demasiado caso. En su lugar, giró la siguiente página de la partitura para empezar la próxima pieza. Ah, perfecto, un fortissimo.Y entonces, lo miró.
-¿Debo deducir por tus palabras que ya has concertado una cita para que conozca al marqués?
Phil asintió, obviamente satisfecho de sí mismo mientras se ponía los guantes de piel.
-En cierto modo, sí.
Bella levantó los dedos de las teclas y cruzó las manos sobre las piernas, esperando.
-La palabra «conocer» no es demasiado acertada. Verás, no os podéis conocer, ni podéis conversar. Su excelencia el duque lo prohíbe expresamente.
-¿Me prohíbe que conozca al hombre con el que voy a pasar el resto de mi vida? ¿Qué quiere ocultar?
-No hay nada que ocultar, querida. Lord Masen está considerado el soltero de oro de la alta sociedad y, al parecer, toda muchacha casadera lo persigue tanto por su fortuna y su título como por su belleza. Y precisamente porque es un hombre tan acosado, el duque no quiere que vuestro matrimonio se haga público hasta después de la ceremonia. También lo hace por tu bien, Bella. Un anuncio público sería una conmoción social. No tendrías ni un segundo de paz. Observarían todos tus movimientos, criticarían todos tus gestos. Incluso alguna muchacha desesperada podría intentar cualquier cosa para evitar la boda. Por lo tanto, celebraremos una ceremonia privada en alguna oscura iglesia de campo, y para eso hemos arreglado una licencia especial.
-¿Ni siquiera voy a poder celebrar una ceremonia tradicional?
De pequeña, siempre había soñado con una gran boda. En realidad, cuando la princesa Carlota se casó con Leopoldo de Coburg, ella y Esme habían leído todo lo relacionado con el enlace y observado detalladamente todos los grabados que les habían llegado a las manos. Bella siempre había sabido que llevaría el mismo vestido que Esme y su madre habían llevado el día de su boda en una iglesia que estaría llena de olorosas flores. Sería un día que jamás podría olvidar, el día que uniría su vida a la de su marido, ese caballero sin nombre y sin rostro que Esme siempre le había dicho que llegaría.
Ya sabía el nombre, sí, pero seguía sin conocer su rostro. Y si no podía verle, ni siquiera hablar con él, ¿cómo sabría que era «él»?
-Lo siento, tío Phil, pero ya te he dicho que no puedo casarme con un hombre que no conozco.
Phil agitó la cabeza.
-Al contrario, querida, dijiste que querías verlo antes de aceptar casarte con él, y lo verás.
-Ya sabes a lo que me refería cuando dije que...
Phil la interrumpió levantando la mano.
-En Masen House se va a celebrar un baile, Grace. Será la presentación en sociedad de la hermana de lord Masen y se reunirá lo más selecto de la sociedad. Y tú estarás allí; yo te acompañaré. Como todavía no has sido presentada en sociedad, nadie te conocerá. Iremos, verás al marqués, incluso podrás observarlo un rato si quieres, y luego nos iremos. Es lo mejor que puedo ofrecerte.
Bella miró a su tío, recordando las palabras de su abuela: «Me bastó un baile con mi amor verdadero para darme cuenta de que lo querría el resto de mi vida».
-Una última cosa, tío.
-Dime.
-Quiero bailar con él.
Phil agitó la cabeza.
-¡Imposible!
-¿Por qué? Sólo es un baile. Tú mismo has dicho que nadie me conocerá, ni siquiera lord Masen.
Phil se quedó callado, estudiando la petición de su sobrina, y después de unos instantes, dibujó una pequeña sonrisa.
-Creo que quizás al marqués le guste una pequeña sorpresa de su esposa.
-Potencial esposa.
Bella respiró hondo y se preguntó por qué, de repente, se le había acelerado el pulso, aunque pensó que un baile clandestino con su potencial marido sin que ello supiera bien merecía una ligera dosis de nerviosismo.
-Entonces, ¿lo harás? -le preguntó-. ¿Conseguirásque baile con lord Masen?
Phil dio media vuelta y se fue hacia la puerta.
-No sé cómo voy a hacerlo, pero sí, encontraré la manera de que bailes con el marqués.
