Ni la historia ni los personajes me pertenecen, son de Jaclyn Reding y S. Meyer respectivamente


Capítulo 4

Durante los tres días siguientes, Bella intentó no pensar en el baile de Masen House. Se obligó a concentrarse en las tareas domésticas diarias, como preparar el menú o decidir qué muebles se tenían que limpiar, incluso mientras buscaba en el armario algún vestido adecuado para esa noche. El día del baile, cuando justo había salido el sol, Bella ya se había dicho tres veces que sería mejor abandonar esa locura, y seguía pensándolo mientras bajaba la escalera de la casa del brazo de su tío para dirigirse al baile.

Ahora ya no había marcha atrás. Llegaron a Masen House un poco después de las diez. Por un momento, Bella creyó que estaba soñando porque, cuando entraron en la casa, le pareció que era como Cockaigne, donde por los ríos fluía vino, las casas eran de tarta y el suelo de masa de miel.

Este escenario encantado estaba lleno de música y risas y, en realidad, sí que parecía un cuento de hadas. El salón de baile estaba bañado por la luz de las velas de unos candelabros cuyos cristales brillaban como diamantes. Por toda la sala había jarrones de porcelana llenos de flores que ella jamás había visto y que llenaban el aire de un aroma muy exótico. A un lado de la puerta había una hilera de hombres uniformados, esperando a que alguien solicitara su ayuda, mientras que otros muchos sirvientes se abrían paso entre la multitud de invitados con bandejas de plata llenas de todo tipo de exquisiteces. Las ventanas y las puertas estaban engalanadas con chifón brillante de colores alegres y se podría jurar que las mesas del comedor, preparadas para la cena, se quejaban por el peso de los manjares que soportaban. Las joyas que las señoras llevaban en el cuello, las orejas y los dedos relucían mucho. Los elegantes satenes brillaban a la luz de las velas. Mirara donde mirara, sólo veía alegría y opulencia. Bueno, excepto…

Bella bajó la vista, se miró y palideció.

El vestido de seda gris perla que llevaba puesto era uno de los mejores que tenía, pero el modesto diseño dejaba claro que era una chica de pueblo. Incluso el peinado que se había hecho, un sencillo moño del que salían unos tirabuzones que le caían encima de las orejas, evidenciaba más su falta de estilo. El tío Phil ya había quedado con el duque que llegarían deliberadamente tarde para que su entrada pasara lo más desapercibida posible. En ese momento, Bella le estuvo infinitamente agradecida.

Toda esa gente de la nobleza ya había nacido para una vida llena de privilegios, jamás habían tenido que enfrentarse a la decisión de qué ponerse o cómo peinarse. Ella era la hija de un marqués, sí, pero era algo que sólo quedaba reflejado en el apellido, porque la habían criado en el campo más como una lechera que como una señorita noble. Esme pensaba que la vida sencilla forjaba el carácter fuerte y decidido. Si todas esas damas supieran que ni siquiera tenía doncella, sino que, cuando no llegaba a cerrarse el vestido, la ayudaba el ama de llaves de casa de su tío, la señora Bennett, se quedarían boquiabiertas. ¿Cómo podía pretender asumir el papel de marquesa de Masen? Y mucho menos el de futura duquesa de Cullen.

Justo cuando iba a convencer a su tío para que la llevara de vuelta a casa y se olvidara de la boda, una joven de unos diecinueve años se separó del grupo y avanzó hacia ellos. Le sonrió a ella antes de presentar su mano, protegida por un guante, al tío Phil.

-Me alegra mucho de que haya podido venir, lord Dwyer. Es un placer volver a verle.

Tenía todo lo que una dama debía tener: era esbelta, quizás uno o dos centímetros más baja que Bella, y llevaba su precioso pelo oscuro recogido y adornado con una pluma de avestruz que se balanceaba ligeramente cuando se movía, como el ala de un ángel. Iba vestida de seda rosa palo con bordados blancos y brillantes que parpadeaban con la luz de las velas. Era el vestido más elegante que Bella había visto en su vida.

Phil aceptó la mano de la joven y le hizo una reverencia.

-El placer es mío, señora, se lo aseguro -dijo, y se giro hacia Bella-. Lady Ángela Masen, permítame presentarle a mi sobrina, lady Isabella Swan.

Bella inclinó la cabeza y pensó que ojalá hubiera tenido algo más sofisticado que el sencillo lazo que llevaba alrededor de los tirabuzones.

Es un placer conocerla, milady -dijo, tranquilamente.

-Bella -dijo el tío Phil-, lady Ángela es la hermana de lord Masen. El baile de esta noche se celebra en su honor.

-Sí, es mi presentación en sociedad. Es extraño, ¿no creen? Es como si hasta ahora hubiera estado recluida en algún lugar secreto y oscuro -dilo ella, cogiendo a Bella por el brazo y susurrando-. Tu tío me ha informado de tu deseo de bailar con Edward. Estoy segura de que no te importará que hablemos antes un rato para conocernos mejor -dijo, cogiéndola de la mano-. Sobre todo si vamos a ser hermanas.

De pequeña, Bella siempre había soñado con tener una hermana, alguien con quien poder hablar y compartir secretos, o intercambiar opiniones sobre libros a la hora del té como habían hecho ella y Esme durante años. Y ahora, de repente, allí estaba esa encantadora joven ofreciéndose para el puesto sin ni siquiera darse cuenta de que los zapatos que llevaba ella eran demasiado oscuros para el color del vestido.

Bella le sonrió, inmediata y completamente encantada. Phil se dispuso a dejarlas solas.

-Bella, si me necesitas estaré en el salón de juego-dijo, e inclinó la Ángela.

-Oh, lo siento mucho, lord Dwyer -dijo ésta, deteniéndolo-. Esta noche no hay salón de juego.

-¿No hay salón de juego? -repitió Phil, con una mirada horrorizada, como si la dama le hubiera dicho que sus sastres preferidos, Schweitzer y Davidson, habían cerrado la tienda aquella mañana.

-Fue por expreso deseo mío, milord. No quería que hubiera nada que distrajera a los caballeros de bailar con todas las damas del baile -dijo lady Ángela, sonriendo, sin dejarle otra opción a Phil que aceptarlo de buen grado.

-En tal caso, ¿hay algún lugar donde un caballero pueda tomarse una copa de oporto sin que se la tiren por la pechera?

-Por supuesto, milord-contestó ella, señalándole la el vestíbulo hay una sala donde se sirve oporto y coñac.

Cuando se marchó, lady Ángela se llevó a Bella paseando lentamente por la parte exterior del inmenso salón de baile. Mientras caminaban, le preguntó por su infancia en Ledysthorpe, por su vida en Londres y cómo es que vivía bajo la tutela de su tío.

-Mis padres murieron en un accidente de barco cuando yo era muy pequeña. Me crió mi abuela y viví con ella en Ledysthorpehasta que murió el año pasado.

-Lo siento mucho. Nuestro padre también murió de manera inesperada, aunque me han dicho que fue a causa de una enfermedad. Yo todavía no había nacido, pero Edward estaba muy unido a él y su muerte le afectó mucho.

Lady Ángela pronunciaba el nombre de su hermano con tanto afecto, que era evidente que estaban muy unidos. Antes de que Bella pudiera hacerle preguntas sobre su hermano, sus gustos para la lectura y otras curiosidades sobre su infancia, vio un trío de damas que la estaban mirando desde una esquina y susurraban su desaprobación detrás de los preciosos abanicos.

-No les hagas caso, Bella. Todavía no lo saben, pero cuando seas la mujer de mi hermano se desvivirán porque les tomes en cuenta. Imitarán cada detalle de tus vestidos aunque lleves un saco de harina y te rogarán que pases por alto su comportamiento de esta noche contigo.

-No creo que jamás encaje en este ambiente -dijo Bella-. Siempre he vivido en el campo, donde he llevado una vida muy sencilla. Me temo que en Londres me siento como un pez fuera del agua.

-No te preocupes, querida. Cualquiera de ellas vendería las joyas de su abuela para que mi hermano las mirara una sola vez. Deberías considerarte una afortunada de no haber crecido en este ambiente tan falso. En cambio, yo siempre he estado rodeada por estahipocresía. Todas esas damas se ponen como ejemplo de refinamiento y luego, sin ninguna vergüenza, se lanzan a los brazos de Edward con la esperanza de conseguir que se case con ellas, como si a él le interesara casarse con alguien que hace cosas de esas.

Miró alrededor de la sala.

-Mira allí, junto a la puerta. ¿Ves ese grupo de señoras que están allí reunidas? ¿Sabes por qué están allí amontonadas en vez de estar con todos en el baile? Están vigilando la escalera para cuando baje mi hermano.

Bella observó el grupo de jóvenes damas que estaban junto a los pies de la escalera. Parecía que algunas luchaban con los codos para quitarle el sitio a otra mientras que otras lanzaban miradas furtivas hacia la escalera.

-Dios mío.

-Es una situación muy embarazosa. Una vez, en el teatro una chica incluso le puso un ojo morado a otra mientras se peleaban por conseguir un asiento libre que había junto Edward. Son situaciones conflictivas. Este juego se ha convertido en la mayor farsa de las últimas temporadas. Los invitados a cualquier baile al que se rumorea que él acudirá tienen que vigilar que no les caiga una bandeja encima y cosas por el estilo. Todo esto ha llegado tan lejos que apenas acude a eventos sociales. Ni te imaginas la cantidad de chicas que van diciendo que son mis «amigas íntimas» para conseguir acercarse a él. Me temo que cuando todas se enteren de que se ha casado contigo, no me quedará ningún conocido en la ciudad.

Lady Ángela soltó una risita, pero Bella no podía entender por qué el marqués había decidido casarse con alguien a quien no conocía, y sobre todo alguien tan poco refinado, cuando podía escoger entre lo mejor de la sociedad de Londres. También empezaba a entender por qué el duque había insistido tanto en mantener en secreto el compromiso. Si las mujeres salían con ojos morados por sentarse a su lado, ¿qué no le harían a ella si supieran que iba a casarse con él?

-En fin, como veo que mi hermano todavía no se ha enfrentado a sus incondicionales, tendré que ir a buscarlos para que puedas bailar con él. Debo admitir que voy a disfrutar mucho viéndolo bailar con la mujer que va a ser su esposa, aunque él todavía no lo sepa; sobre todo delante de todas esas «candidatas desesperadas» -dijo, inclinando la cabeza hacia el grupo de mujeres arremolinadas a los pies de la escalera-. Así es como las llamo. Muy apropiado, ¿no te parece? ¿Te puedo dejar unos momentos para ir a buscarlo?

Bella se limitó a asentir y luego observó a lady Ángela mientras ésta se alejaba entre la multitud. Cuando había solicitado bailar con el marqués, sólo había pensado en aquellas palabras que le había dicho una vez su abuela. Sería un romántico vals donde, con tan sólo mirar a los ojos del marqués, sabría si ese hombre era su very parfit gente knight, el hombre con el que estaba destinada a compartir el resto de su vida. Bella no había tenido en cuenta qué otras consecuencias podría traer ese baile y no tenía ni idea que toda la atención estaría centrada en ellos.

¿Y si lord Masen era horrible? Sin embargo, en tal caso, ¿por qué se pelearían las damas por captar su atención? No, tenía que ser perfecto y, si era así, entonces estaba claro que ella no era la mujer con la que debía casarse. Él debía casarse con una mujer refinada, alguien más parecido a su hermana, y no con una ratita de campo que nunca había puesto un pie en un baile hasta ese día y que a duras penas sabía bailar el vals. ¿Y si cometía un absurdo error y lo pisaba? O peor, ¿y si olvidaba los pasos de un baile que nunca había bailado con nadie, sólo con Henry, el sirviente de los Dwyer?

Cuando bajo la mirada y vio que se le estaba deshaciendo la costura del guante y que el recogido del pelo se estaba viniendo abajo, sólo consiguió sentirse más fuera de lugar que al principio. En ese instante, supo que no podía seguir adelante con aquello. Encontraría al tío Phil y le rogaría que retrasara el matrimonio. O mejor aún, le diría que fuera a hablar con el duque para que reconsiderara la decisión, pero que declinaba el ofrecimiento de matrimonio y que le pedía mil disculpas. ¿Ella, Bella de Ledysthorpe? ¿Una futura duquesa? Era demasiado ridículo para pensarlo siquiera.

Bella dio media vuelta porque recordaba que su tío había ido hacia el vestíbulo y empezó a bordear el salón. No le resultó nada fácil. Al parecer, se había llenado de gente desde que ella había entrado. Los músicos estaban sentados y preparados para empezar a tocar. El baile iba a empezar y la gente había comenzado a hacinarse en el salón.

No importa los esfuerzos que hiciera para avanzar, el implacable muro humano se lo impedía. Se dejó llevar por los demás y, al cabo de unos minutos, descubrió que estaba al otro lado de la estancia. Miró a su alrededor, mordiéndose el labio. Tenía que haber otro camino para llegar al otro extremo de la casa, así que se puso de puntillas para estudiar las diversas puertas que veía. Sin duda alguna, la mejor opción era salir por la más cercana, así que se deslizó por delante de dos hombres que estaban enfrascados en un intenso debate y, sin dejar de sonreír, se dirigió a la puerta.

No llevaba al vestíbulo, sino a un estrecho pasillo que servía para que los sirvientes fueran de un lado a otro sin que los vieran. Aunque perfectamente podía servir para su propósito. Empezó a caminar y buscó una puerta que, con suerte, la llevara hasta el vestíbulo. Sin embargo, cuando estaba a mitad del pasillo, la puerta por la que había entrado se cerró, a sus espaldas. A continuación escuchó desesperada cómo cerraban el pestillo. Oh, Dios, pensó, aquello no pintaba bien.

Bella se quedó un momento en la oscuridad, pensando qué haría ahora. Sólo tenía dos opciones. Podía volver atrás, golpear la puerta y esperar que alguien la oyera, aunque entonces no estaría más cerca de encontrar a su tío de lo que estaba antes. Peor, parecería una tonta que se había quedado encerrada en un pasillo para los sirvientes. La otra opción, claro, era seguir un poco más y ver adónde conducía aquello.

Muy prudente, escogió la segunda opción.

Siguiendo a tientas la pared, avanzó lentamente en la oscuridad. Sin embargo, no podía encontrar ninguna abertura, sólo un pasillo que parecía que a cada paso que daba se hacía más oscuro. Tropezó con unos escalones y los subió lentamente. Cuando llegó arriba, apoyó las dos manos en la pared y las movió hasta que, por fortuna, los dedos encontraron una abertura en la pared. Parecía una especie de panel. Recorrió el borde pero no encontró ningún mecanismo para abrirla. Se acerco a la pared, pero no escuchó nada. Intentó abrirla con los dedos en los bordes, pero estaba muy bien sellada. Al final, apoyó las palmas de la mano en la puerta y empujó. La esquina superior pareció que cedía un poco, así que puso las manos más arriba y volvió a empujar, y luego otra vez, aunque ahora ayudándose con todo su peso, hasta que...

El panel cedió y cayó de cara, aterrizando sobre las manos y las rodillas. La caída provocó que el pelo le cayera todo hacia delante. Miró a través de los tirabuzones y vio las brillantes puntas de unas botas que la miraban de frente; unas botas que lo más probable era que fueran unidas a un cuerpo.