Gracias por los reviews dados, y por haber leído. Mis más sentidas disculpas por haberme tardado demasiado, hasta yo misma lo acepto y me doy cuenta. Espero no hacerlo de nuevo, no lo prometo porque sé que puedo fallar, pero nada aquí está el capitulo, disfrútenlo, y gracias nuevamente.

¿Nadie quiere chocolates virtuales?

Hetalia no me pertenece, estoy MUY corta de presupuesto

Que empiece el misterio :)

Advertencia: leves palabras, asecho (hahha)


La junta paso normal, Alemania, aun no sabe cómo, logro calmar a las naciones y a Italia, no sin antes recibir una bella y hermosa declaración de odio de parte de Romano, el cual ahora estaba con los brazos cruzados mirándolo fijamente. Ni siquiera las insistencias de España lo hacían reaccionar, era mejor dejarlo quieto como estaba.

Italia tenía los brazos cruzados encima de la mesa su barbilla descansando en ellos, mientras soplaba la pequeña bandera italiana frente a él. Todos pensaron que lo que le paso solo fue por falta de pasta, así que le trajeron, y al no encontrar nada más que hacer, Feliciano solo siguió la corriente, quizás de esa manera pueda cumplir con lo que él se comprometió hacer. Pero, tiene que ponerlo en marcha ya, porque sabe lo que va a suceder luego de esta junta. Sabe que es algo que no puede dejar suceder.

— ¿Ya terminamos la junta? — Feliciano miro a su derecha sin levantar su cabeza de la posición que tenia. Era Austria el que acabo de hablar. El italiano vio que el austriaco acababa de levantarse de su silla, lo cual lo puso algo inquieto y con ganas de salir gritando nuevamente, pero sabía que iba a ser inútil. Así que va a probar ser como el Feliciano normal y corriente, aunque ese en su mundo murió.

—Ve~ Fratello, quiero más pasta— dijo, saboreado el ve que se había borrado de sus labios hace tiempo. Le resulto algo difícil hacerlo y sumamente extraño volverlo a escuchar una vez mas aunque sea por pretender.

—Pues levántate y búscala, inútil ¿Qué soy? ¿Tu sirviente?— señalo Romano sin despegar la mirada de Alemania que estaba acomodando los papeles. Feliciano ni lo pensó dos veces, salió ligeramente de la sala y emprendió la búsqueda de la solución a este problema.

Ya fuera del lugar miro a todas partes, pero le resulto un golpe fuerte. Todo estaba en su sitio, habían personas caminando, corriendo, los carros pasaban, se detenían; lo dejo sin aliento.

—E-esto es l-lo que tengo que salvar— susurro entre dientes mientras caminaba por las calles.

Se perdía en cada cosa que veía mientras que en su mente todo estaba destruido. Las calles eran vacías, solo el eco del pasado bailaba y se burlaba de ellos mientras que ahí era tan lleno de vida y risa. En su mundo las flores ya no crecían, todo estaba marcado por bombas radioactivas mientras que ahí las flores eran fragantes y de muchos colores. El cielo era azul y soleado, mientras que en su mundo era la oscuridad perpetua. Cuanto daría por que los mundos se cambiaran…

— ¡Tengo que hablar con Arthur primero! —


Ya eran altas horas de la noche, la luna estaba en lo más alto del cielo azabache mientras que sus rayos bañaban la madera pulida del piano, de donde emanaba la más calmante melodía. Era Austria, que aunque parecía concentrado en lo que hacía su mente estaba ocupada en otras cosas que no era, exactamente, el piano. Todavía estaba pensando en lo que pidió Ludwig. Prusia… ¿de nuevo nación?

— ¡Por supuesto que no! — dijo mientras que la melodía se detuvo al dar una mala nota.

— ¿No qué?— Austria se levanto del asiento y al voltear su mirada se percato de unos ojos rojos y una sonrisa picara dirigiéndose hacia él, era nada más y nada menos de quien estaba hablando hace unos momentos atrás.

—Nada que te interese Gilbert— dijo el austriaco fríamente, dirigiéndose a la ventana de cristal mientras que sus oídos escuchaban la risa del albino.

—Tienes toda la razón, tus asuntos son aburridos— respondió el albino, pero en vez de irse lo que hizo fue acercarse al austriaco, el cual le dio la espalda al sentir una mano posarse en su hombro. —Pero, no vine para eso—

—Entonces, ¿para qué viniste a molestarme? — el austriaco ya le había dado la vuelta completa a la habitación sin darse cuenta tratando de huirle al persistente albino que seguía pisándole los talones. De verdad Austria nunca había visto a Gilbert tan persistente en su vida, y mira que lo es. — ¿Qué quieres? —

Austria volvió a sentarse en el asiento mirando al albino cuya sonrisa desapareció instantáneamente, lo que hizo que el austriaco sobresaltara de su silla. Lentamente uno pasos pesados hicieron eco, los ojos del albino nunca había brillado tan rojo antes.

— ¿Qué quieres? — repitió levantando el tono de voz para ver si el albino reaccionaba, pero este seguía hacia él.

— ¿De ti? — pregunto haciendo que el austriaco asistiera con la cabeza. —Nada que te interese. Solo hazle caso a mí y a mí solamente. El asombroso Prusia volvera a ser la gran nacion que siempre fue—


Perdónenme, se que está demasiado corto para mi gusto, pero es que no he tenido tiempo de sentarme a escribir detalladamente, prometo que el próximo será el doble de largo. Colegio me tiene hasta el cuello.

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