«..ese soy yo.»
«Lo he encontrado por fin» Pensó Gold.
Hacía meses había empezado la búsqueda que muchos daban por imposible. La búsqueda de una leyenda. La búsqueda del Campeón que debía derrotar. Y eso desde su batalla contra Lance, hace casi un año...
-Cuando me avisaron de que alguien había derrotado a mis 4 del alto Mando, ya sabía que eras tú.
Gold se encontraba en un gran salón, el cual estaba decorado con estandartes rojos de la Liga Pokémon, y una alfombra roja iba desde la entrada hasta los aposentos del Campeón de la Liga, cubriendo parte del pulido suelo de piedra.
Al fondo de la sala había dos grandes columnas de piedra, en la punta de ambos dos Estatuas de Dratini, y en el centro de las columnas, el Trono perteneciente al Campeón. Justo al final de las escaleras que se usaban para subir, estaba Lance, un hombre adulto de unos 30 años, tenía cabello corto y negro, y el rostro de alguien que casi nunca está de buen humor. Siempre llevaba una capa negra, y nadie sabía por qué, aunque a Gold le parecía que le quedaba bien.
Lance abrió de nuevo la boca para hablar.
-Aunque, ya conocía tu talento, la verdad no creo que sea el suficiente...
Gold empezó a caminar por la alfombra.
-Y aunque hayas derrotado a mis amigos del Alto Mando, eso no quiere decir que puedas derrotar a su líder.
Gold ya estaba por la mitad del camino.
-Ya sabes que tus habilidades y experiencias no se comparan con las mías. Creo que no tuviste miedo de mi habilidad aquella vez sólo porque no la usé en tu contra.
Gold estuvo ahora a suficiente distancia para hablar.
-Lo cierto es que has tenido suerte -Dijo Lance-, no dudo que tengas talento, pero eso mismo también tuvieron los otros entrenadores que lucharon conmigo antes. Gold, sólo eres uno más del montón.
Silencio.
»Y además, vienes aquí ya sabiendo de antemano cuán grande es mi poder. Sólo eres un masoquista, un niño no puede ganarme, necesitas más experiencia.
Silencio.
»¿Por qué no das media vuelta, y olvidamos que viniste? Me ahorrarías muchas explicaciones, ya sabes, eso de que un niño vino y derrotó al Alto Mando. ¡Pobres! Mira que entrenar por años para que al final venga un crío y los haga polvo en segundos. Y eso de usar Pokémon Leg...
-Cállate- Objetó Gold- Sólo vine a luchar, no a discutir con un demente.
Lance, en efecto, tenía fama de ser un demente. En una revista que Gold leyó un tiempo atrás, un artículo que hablaba sobre gente importante contaba un poco de las extrañas manías de Lance. Como llevar capa en todas partes, sus salidas misteriosas en las noches, y además es el único hasta el momento que viaja sobre un Dragonite. Aunque hasta ahora era un misterio eso de que algo tan pesado como Dragonite se mantuviera en vuelo de milagro con esas alas tan pequeñas, y más aún cargando a un tipo de 80 kilos como Lance, él sólo respondió que los Dragonite podían hacerlo nada más porque eran místicos.
-Lo único que quieres es mantener la reputación de la Liga -Prosiguió Gold- ¿Cómo reaccionaría la gente, al saber que un «niño» vino y derrotó a 4 de los mejores entrenadores del país? Estoy seguro de que los periodistas tendrán de que hablar por mucho tiempo.
Lance frunció el ceño. No por ser llamado demente, ya estaba acostumbrado a esas críticas por parte de la prensa.
-Nada de eso, mi buen Gold -Dijo-. Te has vuelto un poco famoso estos años, famoso por tus victorias, famoso por tus estrategias en batalla. Pero esa fama desaparecerá en cuanto te venza. ¿No entiendes lo que te quiero decir? Puedes retirarte, y decir que eres muy joven para EL puesto, al igual que hizo...
-Tonterías -Interrumpió Gold-. No veo porque yo no pueda tener EL título. Mi edad no importa mientras sea el mejor. Y no me hagas perder más el tiempo, Lance, sabes que no soy muy paciente.
Lance quizo seguir discutiendo, pero hacer tal cosa con una persona así era casi imposible. Ya sabía del temperamento de Gold desde que se conocieron en el Lago de la Furia.
-Ojalá no te arrepientas de tu desición, buen Gold.
Pero Gold no dijo nada. Su postura y mirada permanecían firmes.
Lance decidió que entre más rápido acabara, mejor.
-Que empieza la batalla, entonces -Dijo.
Y sacó una Pokéball de su cinturón.
